jueves, 23 de diciembre de 2010

En torno a un vestido de novia.

Lo mejor de elegir vestidos de novia, es que uno puede sorprenderse hasta de lo que nunca se imaginó: juro que eso que vi en el maniquí, era un vestido de tin-tán.

Lo mejor de elegir vestidos de novia, es que no lo estoy haciendo sola como pensé que sería, sino que los ojos verdes están junto a mi. Hay muchas cosas con las que quiero sorprenderlo, pero no con un vestido que me haga ver como piñata, o como barril, y que la sorpresa no sea agradable. En fin, son muchas cosas, y algunas pueden parecer vanales.

No es fácil. De todos los vestidos que una se puede probar, nunca uno será suficiente, ni será el indicado, ni es el que imaginamos. Falta que termine poniéndome uno como el de mi madre, enorme, largo, con un ensamble encima que despierte muchas tentaciones. O terminaría por comprar aquel antiguo, de quién sabe qué marca, o quién sabe qué estilo, de muchos años atrás.

Planear una boda y elegir un vestido blanco, no ha sido como lo imaginé. No tiene ningún parecido a mi realidad, ni a los planes que tenía en mente.

Me he llenado de sorpresas, y también me he llenado de amor. Ni siquiera el hecho de hacerlo oficial ha sido como me lo esperaba; la reacción de la gente, las lágrimas de algunos, las risas de otros, el nerviosismo de todos. Todo está de cabeza, uno nunca está listo para comprometerse, ni para comenzar una nueva vida, o siquiera estamos listos para terminar todos los pendientes.

No estoy segura de que en otras circunstancias esto hubiera sido distinto.

Estas mierdas de "qué hubiera pasado si" ahora resulta que están de moda. Resulta que es válido inferir qué hubiera pasado con algún hecho histórico, si las circunstancias hubieran sido distintas.

Lo mejor de elegir un vestido de novia, son las opciones que existen de tener varios vestidos para un sólo día, el que será mi día.

En torno a un vestido de novia, está lo maravilloso de haber visto la cara de las chicas cuando me lo vieron puesto. Un ejemplar que no me esperaba. La cara de la vendedora, la emoción de la chica que sostenía el espejo para que me lo viera por detrás.

Cuando lo recibí, envuelto en una bolsa de plástico, me hice como si nada, no, ya sabes... uno que es una piedra, que no importa que sólo en ese local se crea todavía en el amor. Salí, di la vuelta, caminé hacia Hans. En torno a un vestido de novia, están también las lágrimas que no pude contener más.

Yo te prometo que no sabía como era, pero para mi así fue.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Monterrey, Marina Nacional y el coche color plata.

Bien hubiera podido aceptar una cita con el chico del coche de al lado.

Acababa yo de tomar Monterrey, de regreso a casa, y sonaba en mi oído izquierdo la canción No se puede vivir del amor, cuando coincidimos un coche plateado y yo, casi todo el camino. Y ya sabes, ¿no? Sonrisas, radio encendido, ventanillas abajo. El chico -que no era tan chico-, tenía unas canitas que le iluminaban la frente, el dedo anular izquierdo desnudo, y bebía coca-cola light, ¿qué más se podía pedir en ese momento? Me muero de risa. De entrada, y acordándome de las técnicas de ligue que usábamos mis amigas y yo hace algún tiempo, el escaneo del chico del coche de al lado, fue suficiente para darme cuenta que quizá pude haber aceptado una cita para salir con él.

Luego, más adelante, cuando en mi oído sonaba una Lila Downs que me puso de buenas, con su canción Arenita azul y cantando a todo pulmón "soy maripoooooosa", el chico bajó la ventanilla para querer decirme algo, pero yo avancé. Se emparejó conmigo, e hizo ademán de querer decirme algo, y yo miré de frente. El siguiente semáforo me jugó una trampa, no me permitió avanzar, y el coche plata volvió a quedar parejo conmigo, "¿hacia donde vas?" Me preguntó, le respondí que a casa, sonreí, le dije también que estaba cansada. Todo en un segundo. Rápido. Muchas palabras para un sólo instante.

La luz roja todavía, apenas el ámbar del otro lado, ganándole al semáforo metí el clutch para meter la velocidad, le sonreí otra vez y seguí la marcha.

Por ahí por donde se decide ir hacia Tacuba o hacia donde hay más Invierno, me desvié a la derecha, con la direccional tintinéandome en la cara. El tablero también palpita como lo hace mi corazón. Seguí mi camino, pensando cómo le iba a hacer para terminar todos los pendientes, saldar las deudas y entablar una conversación con mi madre. Antes de la Glorieta de las Américas me detuve a comprar coca-cola light, encendí un cigarro, encendí el coche otra vez.

Cuando iba llegando a casa me dije, ¿pero qué te pasa? Porque digo, en otras circunstancias quizá hubiera terminado cenando o tomando un café con el chico del coche color plata, o compartiendo la coca-cola light en lugar de estarla bebiendo yo sola.

Y demonios, ¿qué me pasa? ¿Que qué me pasa? Pasa que me enamoré, que ahora las mariposas ya no las traigo en la panza, sino en la cabeza, a través de mi cabello, y también salen de mis dedos mientras hablo, mientras conduzco a Hans, y se la viven iluminando el camino que transito, que ya no necesita que nadie me venga a coquetear.

martes, 7 de diciembre de 2010

De regreso al punto de partida

Cuando el soltero tóxico se fue para nunca más volver, escribí en un post-it que pegué en mi espejo del tocador, la frase: "El hombre que se quiera casar conmigo sí existe".

Y heme aquí, justo en el lugar donde empecé, en mi habitación frente al sillón blanco, con el gato que se lame las patas y ronronea rozando suavemente mis pantorrillas. Mi pelo hecho un desastre, cada vez más blanco, cuando plata quisiera que se pusiera. Fumando otra vez mentolados lights, con un cenicero menos, unos kilos de más, mucho trabajo por delante, la ansiedad que regresó para pasar las fiestas de fin de año con nosotros, y esa gran diferencia: "nosotros".

Ahora ya no estoy sola, pero de veras que uno como está acostumbrado a vivir de cierta manera, y qué dificil es acostumbrarse a una vida en común, sin importar el domicilio que exista, los domicilios pendientes, los que compartimos todavía, después de muchos meses.

De regreso a pegar post-its por todos lados, porque todo se me olvida, porque los ojos verdes se desesperan -pero creen que yo no me doy cuenta- de que todo se me olvide, de que confunda las palabras; porque afortunadamente para mi, él ha sabido tenerme toda la paciencia del mundo. Y entonces sí, debería ponerme a escribir un libro sobre el estrés y su manejo en la vida moderna, contemporánea y real de mi generación; porque para escribir sobre eso, no necesito ningún posgrado que me avale.

Y regreso entonces. A correr como loca en esta podrida y sucia ciudad, que huele a alcantarilla, que llena de pelusa los cabellos y todo el cuerpo, que ensucia los autos más de lo que los autos la ensucian a ella. Regreso a correr con mis tacones de nueve centímetros, aunque Ro se ría de mi cuando le digo que no puedo seguir de pie, sólo caminando. Sólo caminando en las banquetas de la Ciudad.

Regreso a contar y anotar las comidas que hago al día, a intentar llevar la cuenta de las calorías por cada 24 horas, a no comer trigo, embutidos, hormonas, y a hacer mi mayor esfuerzo para volverme vegetariana. No sé cómo le voy a hacer, pero en ese vestidito corto de flores yo vuelvo a entrar a como dé lugar.

Regreso a manejar horas y horas en el congestionamiento, buscando un Starbucks para tomarme un puto Cherry Mocha antes de que se acabe la odiosa temporada navideña. Regreso a sentirme más sola que nunca, en medio de las filas de esta Ciudad, en el banco, en el supermercado, todo producto de las navidades que me hacen mal, que me ahuecan el corazón, que me hacen sentir que todo está mal cuando sorprendentemente todo marcha sobre ruedas.

Porque encima, la pinche temporada decembrina trajo consigo una carga inmensurable de trabajos, investigaciones cortas y disertaciones. Ahora sí, no sé ni por donde empezar.

¿Por qué nunca nadie confiesa que comenzar una relación o terminarla es difícil tanto cuanto sucede?

El hombre que se quiere casar conmigo sí existe. Duerme más de cuatro noches a la semana conmigo, quiere al gato tanto como lo quiero yo, el gato lo adoptó como parte de la manada, y se quiere quedar con nosotros para siempre.

Y Hans... bueno, se porta bien cuando alguien intercede, porque a veces se cansa de que yo -como siempre- le exija tanto como suelo exigirles a los demás.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Circuito Interior, Flores Magón y el coche azul.

En esta deslumbrante y soleada ciudad, llena de gente, llena de coches, llena de obras viales que no nos consta que vayan a funcionar, pocas veces se encuentran gestos de gentileza; o peor aún, pocas veces se encuentran cuando en medio de un congestionamiento terrible, los cláxons suenan al mismo tiempo, peleando por ganar cinco centímetros más de espacio.

Salí de casa de los ojos verdes en la mañana, era jueves, y como siempre, se me estaba haciendo tarde para llegar al primer seminario del día. Tomé Flores Magón rumbo a Eje 2 Norte Eulalia Guzmán, y por fin di vuelta a la izquierda en el Circuito Interior.

Ahí uno hace malabares, y un poco de magia, para poder incorporarse a carriles centrales, pero esta mañana, de marchas de protesta, de ipod cantando en mi oído izquierdo, de llamadas por el móvil que a veces ya no puedo responder, todo comenzó a complicarse un poquito más. De hecho es una vueltota la que se tiene que dar, para entroncar nuevamente en Flores Magón, la misma avenida de la que salí en la mañana, pero donde inicia, en sentido opuesto.

Así que justo cuando en la lateral del Circuito me estaba peleando mis cinco centímetros para no obstruir un paso de autos, cuando el semáforo se puso en rojo en el entronque (¡por fin!) con Flores Magón, los autos comenzaron a esquivarme con todo y refrescadas de madre y lo que ustedes se puedan imaginar, una mujer que manejaba un Jetta color azul marino, con placas del Distrito Federal 369MJS, se hizo para atrás, y con sus luces altas me hizo señas para que la siguiera en reversa, todo por ganar unos cuantos centímetros.

La mujer, insistentemente avanzó en reversa lo más que pudo, para que yo en mi Hans protector la siguiera, hasta dejar libre el paso. Me hizo la seña de pulgar hacia arriba. Dejé libre el paso el resto del tiempo en que el semáforo estuvo en rojo. Después, cuando fue nuestro turno de avanzar, ella, más hábil que yo, se adelantó entre los autos y la perdí de vista.

En la siguiente entrada a carriles centrales, como pude me metí. Les sonreí, chiflé y les aplaudí a las sobrecargos de Mexicana de Aviación que hacían protesta en los puentes peatonales. Los ojos verdes me llamaron por teléfono un par de veces más. Seguí el camino por Circuito Interior.

Luego de Calle 10 todo se mejora. La circulación va como siempre debe ir, fluida y constante. Metí cuarta como si Hans fuera un auto de carreras. Me quité el ipod. Sonreí. Llegué al seminario en punto, justo cuando el ponente comenzaba a charlar.

Más tarde, cuando todo el morning rush había pasado, me acordé de la mujer del coche azul. Y yo, siempre tan solidaria con mi género, pero pocas veces correspondida por mi mismo género, me puse feliz de acordarme que una chica en un coche azul, me ayudó en medio del pinche tránsito de esta histérica ciudad.

Día a día

Todos los días libro una batalla conmigo misma. Todos los días intento ser mejor persona. Al paso del tiempo me volví una guerrera; aprendí a ganar y a veces a perder esas batallas con mi pasado, con lo vivido, con los recuerdos.

Todos los días libro una batalla con la ansiedad. A veces acepto y comprendo que vino para quedarse, que vive en mi. Ella es amable la mayor parte del tiempo, me deja pensar, me deja escribir, me deja tener una vida. A veces no me deja dormir, y entonces odio estar muerta de frío en la noche, o me gusta quedarme despierta mientras los ojos verdes me miran escribir.

Pero como todas las batallas, a veces se pierde.

Hace dos días que no le pude ganar. Luego de tantas cosas que hay que solucionar, que hay que decidir, dilucidar, reflexionar, dar para sí, para mi, y para todos... me di por vencida. No fue como las últimas veces había sido, ahora estuve batallando mucho tiempo, la estuve reprimiendo, la semana pasada quiso hacerme explotar y me negué, preferí reportarme enferma y ganar un poco de horas de sueño, comer mejor, comenzar con una dieta más decente. Pero hay veces en que me canso de luchar.

Y aquí voy otra vez, al remedio dentro de un mini frasquito de vidrio, que nadie puede ver, que nadie puede oler, pero que yo sé que viene dentro de mi, y dentro de mi bolso de charol color negro. Y aquí voy otra vez, a llorar y llorar y llorar parada en una banqueta, a perder la ubicación de donde estoy, a no saber qué es lo que tengo que escribir para mañana. A llorar mientras manejo mi coche sin saber a donde voy, sobre una vía rápida, o esperando semáforos en verde.

Aquí voy. A quedar al descubierto frente a las personas que más amo, frente a las personas que no me conocen, frente al médico que no puede creer que haya ganado seis kilos en nueve meses.

Todos los días lucho por ser una mejor persona, no importa no saber qué es lo que tengo que escribir mañana, porque una vez más lo intentaré.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

JURAMENTO DE AUTOESTIMA

Hey, psst, cht chtt, Mariposa, ¿por qué te deprimes? ¡Si por primera vez en muchos años, esta navidad vendrá con las mejores cosas del mundo, un hombre que te ama y un proyecto para el futuro!
Sí, tu familia es sumamente difícil, pero... ¿qué familia no lo es? Tus amigos, por el contrario, cada que lo necesitas te sacan a flote, y a ellos les debes mucho, por eso no te debes dejar caer.
Y bueno, es verdad que a veces no quieres levantarte de la cama, no te bañas en varios días, y comes como troglodita... pero aún con eso, los lazos que creas siempre son de amor, con tus amigas te une el amor, y el chico al que amas está dispuesto a recibirlo todo.
Eres muy inteligente, prueba de ello es la plaza de posgrado que estás ocupando ahora, y no debes dudar ni titubear al dar a conocer tu opinión, y al defender tu punto de vista.
Nadie dijo que sería fácil, pero por eso no estás sola. Quieres, te quieres, y te quieren.
¡A vivir la vida! Que es una sola, y aún con eso, todo empieza siempre una vez más...

Sacúdete la ansiedad, y grita ¡Feliz Navidad y próspero año nuevo!

jueves, 25 de noviembre de 2010

25 de noviembre: contra todas las formas de violencia

Gabriela Bernal Carrera

No hay violencia más maquillada, más sutil y perversa que la enseñanza del miedo. Encubierto de seguridad, de protección, de cobijo, de certezas, el peor enemigo de nosotras las mujeres es el miedo. El miedo que atenta contra los sueños, contra las preguntas, contra el deseo. El miedo que socava cualquier posibilidad de autonomía. Hoy, 25 de noviembre no deben ser rechazados solamente los golpes en el cuerpo, las miradas abusivas o las palabras obscenas; hoy día de la no violencia contra la mujer, debemos evidenciar las otras formas de violencia, y de entre ellas, como la peor de todas, la enseñanza del miedo.

Miedo a salir sola, miedo a hablar en voz alta y en público, miedo a mostrar amor, miedo a la soledad. Miedo a mirar con la frente alta, un horizonte ancho, pero no ajeno. Miedo a descubrir el cuerpo, miedo a descubrir los otros cuerpos. Miedo a ir a otra ciudad, viajar sola y mirar otras formas de vivir. Miedo a lo que los demás van a pensar si nos descubren riendo a solas, conversando con un hombre que no es el novio o el marido. Miedo a no ser lo suficientemente buenas para un trabajo, o para establecer una relación que valga la pena ser vivida.

¿Cómo aprendimos a tener tanto miedo? ¿Cómo es que el miedo se ha vuelto nuestra segunda piel? Como si del vientre de nuestras madres hubiésemos llegado recubiertas de miedo y no con los ojos curiosos, los oídos atentos y la boca llena de sonidos.

Aprendemos el miedo con el cuerpo. Con el cuerpo femenino que explora y es sancionado con buenas costumbres: las niñas no se trepan a los árboles, no salen a jugar a la calle. Aprendemos el miedo con el cuerpo que no cabe en las medidas ideales y que se quedará abandonado como prenda con falla a la espera de un comprador que no alcance a notar las deficiencias: las mujercitas tienen que estar bonitas, ¡¡en un mes tendremos a la princesita de Navidad de la escuela!!

Pero también aprendemos el miedo con los cuentos de princesas que esperan encerradas e inútiles en un castillo/prisión, sin aventurarse jamás más allá de los límites; sin atreverse a explorar el bosque, porque serán devoradas por ogros, lobos y cuánto malvado ser cabe en la imaginación.

Aprendemos el miedo con la trampa de la desolación, como si la soledad no fuese la primera y única condición para el verdadero encuentro con una misma y con los otros/as.

¡Cuánta violencia hay en cada amenaza! No hay ejercicio más brutal de la violencia que la amenaza, porque está destinada a minar la confianza en nosotras en los y las otras. El dolor del golpe pasará, la herida sanará, pero el miedo, la amenaza se adentran en el cuerpo, en el corazón, en la cabeza con el solo objetivo de paralizarnos. Como si estuviéramos totalmente indefensas. Como si no pudiéramos cambiar el rumbo de las cosas. Como si la única forma de estar seguras fueran la obediencia y la casa. Como si no nos hubieran parido para la aventura. Como si no pudiéramos sacar las uñas para defendernos. Como si no pudiésemos levantarnos tras la caída.

No hay violencia más encubierta que cortarnos las alas, a cuenta de una falsa seguridad que nos priva del más elemental derecho al gozo de descubrir y descubrirnos, como sujetas de este mundo ancho y tan propio.

Campaña por una educación no sexista y no discriminatoria

CLADEM - ECUADOR

martes, 23 de noviembre de 2010

No todavía.

Literal, tengo la página en blanco.

Supongo que eso no representa un gran problema, pero me causa mucho estrés.

Me quedé pensando en la forma en la que la chica hablaba de su antigua pareja, es forma que tenemos las mujeres de expresar que "nada está pasando" cuando en realidad ha pasado de todo... ¿También yo fui así cuando hablaba del soltero tóxico? ¿También me hacía que no pasaba nada? La verdad ya no me quiero acordar, pero ahora sé que puedo hacer que no pasaba nada mientras recorro cada una de las calles que recorría con él.

Cada vez que tengo que atravesar la Calzada México-Xochimilco, o que tengo que dar vuelta en Arenal para tomar Insurgentes sur cuando vamos a punto de tomar carretera hacia Cuernavaca. El fantasma de su auto blanco, o de la señora de pelo de maíz, siempre ronda por esos lares.

Me encontré de frente al embajador, cuando ambos salíamos de la conferencia de Carlos Fuentes. Creo que el chico tóxico no volvió a verlo, lo que creo que representa una enorme falta de atención y lo hace ser un malagradecido aunque no lo haya sido. Las relaciones nunca se pierden, eso hasta yo lo sé. No estoy segura de si me reconoció, en realidad se veía muy diferente a la última vez que estuve cenando en su casa, pero se me erizó la piel, y me acordé también de los sillones de su casa que se iluminaban siempre a través de la cortina de la ventana.

Cuando paso cerca de esa casa, el soltero tóxico se sube a mi auto, y a veces me acaricia la pierna mientras conduzco. Y ahí vamos otra vez. A desayunar en la mesita de jardín, bajo la sombrilla con el gato sobre las rodillas. A recoger el periódico mojado por la lluvia, a que la bolsa de plástico que lo recubre nos moje los dedos, y comentemos en el garage las noticias mientras nos metemos a la casa. Ahí vamos a arrebatarnos la Proceso todos los domingos en la mañana, domingos que adoraba, pero que luego de él aborrecí, que no me daban lugar, no tenía un espacio, y me hacían sentir asfixia pura.

Luego, como siempre los domingos, caminábamos Santa Margarita hasta Tlacoquemécatl, él con la ropa del día antes, yo con la ropa de él. Los dos con el aroma de la noche que acababa de pasar, los guantes de piel y los lentes obscuros, sandalias de plástico, al más estilo layer cake. De regreso, siempre, bebíamos porque parecía que no podíamos hacer nada mejor. A veces no ibamos a mi casa, y pasaba mucho tiempo hasta que yo regresara para allá.

Uno se puede hacer que nada está pasando, en eso nos hacemos expertos. El problema es cuando nos acostumbramos a vivir así. Como salía por un café por las noches, o pasaba a la San Borja a comprar cualquier cosa que no me hacía falta, pero que en ese momento me hacía falta.

No sé si lo extraño. Es una cosa rara. A veces siento que anda por ahí, cuando camino Cuicuilco viendo escaparates. Viendo, otra vez, todas las cosas que no me hacen falta, y que ya no compro, porque en verdad, de lo que me hacía falta ahora estoy llena.

Las placas, los números, la combinación de las letras, se han de seguir paseando alrededor de los campos de béisbol; junto con utópicos días de campo, comidas al aire libre, siestas debajo de la puesta de sol. ¿Hace cuánto que no veo una puesta de sol? ¿Cuántas puestas de sol vimos juntos? ¿Te acuerdas las que tenían de telón de fondo tus lentes YSL y mi bikini de crochet tejido color negro?

Fui muy feliz. Y espero no estar contándolo como si no pasara nada... pasó mucho, de todo, más de lo que mi historia podría contar. Pero no lo extraño, no [todavía].

lunes, 22 de noviembre de 2010

Soy lo que quise ser.

Ahí estaba la Barbie novia, la modelo, la corredora de coches, la veterinaria de la selva que cura pandas y koalas, la que vive en la playa y se llama algo así como Malibú, Hawaii o Bora Bora. Pero de pronto, mis ojos siguieron explorando el anaquel de la juguetería, y ya no vieron muñequitas rubias, sino al mismísimo Jesucristo dentro de una cajita de cartón.

Ya sabes, al borde de la quinta chilla, a punto de mandar a la fregada la frase de "sé lo que quieras ser" o "¿qué quieres ser hoy?", Jesucristo vestido como la iconografía lo ha descrito, me hizo darle un giro a toda esta interpretación de capitalismo del siglo veintiuno, en mi visita más bizarra a un supermercado.

Yo fui una niña Barbie y algunas veces lo sigo siendo, como cuando moría por tener en mi colección la réplica que Mattel sacó el año pasado de la Barbie original de 1959. O como cuando moría por tener la Barbie con su colección de zapatos que el Rey Sol me regaló una vez. Sigo siendo una niña Barbie, porque dentro de la más dura exigencia académica, me sigo presentando al posgrado con mi montón de libros, la disertación más confusa que nunca en mi vida había hecho, mis botines de tacón, y un starbucks en la mano izquierda.

No ha sido fácil defender mis propuestas ni mis calificaciones. No ha sido fácil mostrar de una sola vez cuál es mi personalidad. Muchas cosas que nos hacen sentir como en un gran big brother, cuando menos te das cuenta te intimidan. No es sencillo presentarse frente a gente que no te conoce, con una nueva propuesta de investigación que nadie se hubiera imaginado, que ahora resulta que revolucionaría hasta a la más radical vieja guardia de cualquier institución.

Fui una niña Barbie, y a veces quisiera que eso imperara en mi estilo de vida, más que la historiografía misma.

Si, según la filosofía Barbie, uno puede "ser lo que quiere ser", ¿por qué shit la Barbie nunca quiso ser escritora, doctora en Humanidades o historiadora? ¿En qué momento se me movió el switch? ¿Cuándo vi en algún fotocuento la historia de una Barbie al estilo Indiana Jones? Que yo me acuerde, nunca. El argumento de esas historietas era la fiesta en el club, o la despedida de soltera de una amiga de Barbie, o una fiesta en el salón de juegos de un kinder, ahhh por que eso sí, la Barbie siempre ha tenido tiempo de hacer obras de caridad, beneficiencia pública, y vestir al último grito de la moda.

La semana pasada, que me encontré al editor de la revista en la biblioteca, que alguna vez me invitó a salir, me dijo muy serio: "Mariposa, acuérdate que no se puede hacer todo al mismo tiempo". Y nada más porque estábamos en un recinto en silencio no le grité "¡y por qué carajos hay mujeres que han podido ser todo y hacer todo al mismo tiempo!" No se lo grité, pero lo pensé, y seamos sinceros, es verdad. Hay mujeres que lo siguen haciendo.

Dilucidar entre escribir las tarjetas Hallmark o seguir con la carrera de Historia, es cosa seria. Quizá no se entienda a la primera, pero de veras que causa mucho conflicto.

Ayer Cristina me decía que el destino no estaba escrito, que nosotras lo ibamos escribiendo. Y bueno, la Barbie tiene un destino escrito a través del márketing que registra un publicista, y se ve muy feliz, y sigue siendo espectacular, y tiene un gran clóset. ¿Y yo? ¿Te acuerdas cuando salías con el publicista, que te decía que escribieras y escribieras y que él se encargaría de llevarte a la cima en las obras de divulgación? Bueno pues elegiste otro destino Mariposa Tecknicolor, siempre más complicado que venir calzada con tacones en una cajita de cartón.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Lo que cuesta sacarse un 9.0

No sabes lo desmoralizada que me siento desde la última semana. Es como si a un panadero le dijeran que su masa de bolillos está mal hecha, que así no es, porque no nutre ni alimenta. Yo, sinceramente, he comenzado a considerar dedicarme a otra cosa que no sea a escribir historia. Escribir las tarjetas de felicitación para Hallmark, por ejemplo, o poner una boutique de zapatos, con estantes para vender también lentes de sol, bolsos y pañoletas.

No sé. Tanto qué hacer y tan poco tiempo. Tanto qué hacer y sin saber cómo realizarlo.

No soy una persona a la que le gusten los problemas, no suelo tener problemas, suelo resolverlos cada que se presentan. Y ahora mírame, tengo muchos problemas, y algunos que no sé de dónde vinieron. De todos éstos, ninguno es historiográfico. Ése es el verdadero problema.

Nunca me imaginé que la gente fuera tan intransigente. En parte ahora entiendo que los estudios de posgrado tengan tanta mala fama, tantas plazas "vendidas", bien "recomendadas", cucharas grandes que de pronto sirven y sirven sólo para una persona. Nunca imaginé que la gente fuera tan falta de tacto, tan falta de valores, egoísta, soberbia... ha habido veces en que me recuerdan a la actitud de María, y creo que eso es lo que me da tanta tristeza.

¿La verdad? Me siento profundamente decepcionada, triste y desilusionada. Por más que trabajo y por más que me esfuerzo, no es suficiente. Las cosas no son suficientes cuando las hago a mi manera. Estoy muy cansada. Si siempre me he portado como una dama, no me merezco que me traten así.

Ahora viene lo más difícil. Si no tengo plan B, ¿qué es lo que voy a hacer?

sábado, 13 de noviembre de 2010

De pronto me dieron unas ganas inmensas de que sea navidad.
Prometo que este año no seré tan grinch como los anteriores, just a little grumpy!!

martes, 9 de noviembre de 2010

Viniste a mi vida a hacerme feliz

Eran las diecisiete con quince cuando tomé Periférico Norte a la altura de San Antonio. Sorprendentemente estaba muy fluido, me metí a carriles centrales en la primera oportunidad, y seguí manejando mientras escuchaba a Alizée a través del audífono izquierdo.

No sé qué es lo que tienen estos días, estos fríos, este calor que no se me quita de adentro. Todo me parece tan nostálgico, a veces todo me conmeve tanto... La música fue la gota que derramó el vaso, y haber visto el inicio de la puesta de sol sobre Periférico, terminó por darle el toque final.

Lloré sin darme cuenta, hasta que las lágrimas me empañaron los lentes de sol. Pensé que de todas formas, como sea, era un día muy bonito como para llegar a guardarme a la casa cuando todavía quedaba tiempo para disfrutarse. El congestionamiento de la lateral de Periférico a la altura de Echegaray me pudo volver loca. Luego, al estar llegando a la Facultad supe que debía entrar a llenarme otra vez de lo que me llenó la Universidad.

Le llamé a mi amigo Presidente de la Nueva República de Babel. Le dije que estaba buscándole un lugar a Hans en el estacionamiento, y que iba para su Colegio, a platicar. Se puso muy contento, me dio muchísimo gusto escucharlo y saber que lo iba a ver.

Entonces recordé que en estos momentos, justo hace un año, jamás me hubiera imaginado que mi vida fuera a cambiar como lo hizo. Yo era una chica triste, lo acepto. Sí, siempre he sido optimista ante el amor y ante la familia que he elegido, pero me sentía muy sola; date cuenta pues, que ahora podemos platicar, que de verdad estaba muy sola.

Pero el 9 de noviembre conocí a personas maravillosas. El último regalo que recibí de esas manos largas, fue un empleo que otra vez me mandó a las nubes, que me hizo dejarme llevar, que hizo que dejara de pensar en todo lo que me afligía, y que en el fondo me hizo olvidarme de tanta soledad.

El cenit de mis malas decisiones y de mi ansiedad por buscar una compañía que por lo menos me hiciera reír dos veces por semana, tuvo lugar a finales del 2009. Eso, como puedes ver, ya lo olvidé y ni siquiera me di cuenta. No recuerdo fechas exactas, ni historias encontradas en las calles de esta ciudad. Sólo me acuerdo de mi, de las pésimas fiestas decembrinas, y de que para mí el año nuevo sí trajo una vida nueva.

Personas maravillosas llegaron a mi vida el 9 de noviembre. Llegaron a mi vida amigos maravillosos, una nueva familia que se ha gestado desde esos días. Noches locas en la ciudad, días de cine, de escritos interminables que se logran sobre una mesa de cryztal. Sabios consejos, cafeteras rebosantes que no siempre saben bien, mamuts a las cinco de la tarde para el monchi vespertino, una copa de whisky con soda los jueves por la tarde, estrés inmesurable completamente controlable, noches de grúa porque Hans ya no quería andar.

Historias de noches estrelladas que se cuentan desde el piso de parquet. Frío, mucho frío. Calor que proviene de los calefones de gas. Un sillón azul, que pronto estará en nuestra casa.

Obtuve mi grado profesional. Concursé para una plaza de posgrado, la obtuve justo cuando pensé que no podría más.

Luego, dejé de recordar, y vi de lejos a mi amigo el Presidente. Caminé hacia él y nos dimos un abrazo fuerte y lleno de risas. Comenzamos a caminar. Fuimos por café, a platicar para ponernos al corriente.

La ansiedad de venir manejando con todo este cansancio encima, de pronto comenzó a disiparse. El Presidente me llenó de regalos, muchos que me hicieron sonreír. Y entonces me di cuenta, tanto que deseé, tanto que busqué, tanto que soñé con que nada más haría falta, y todo sucede, todo vuelve a empezar. Me siento muy bien. Es real.

Y tu, ojitos verdes, viniste a mi vida a hacerme feliz.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Mantener viva la especie en extinción llamada lectores equivale a conservar el sentido de la escritura: lograrlo dependerá de un ingenio mayor que el necesario simplemente para escribir. La pregunta "¿para qué escribir?", que significa "¿para quién escribir?", se ha transformado en la grosera pregunta "¿cómo escribir para ser leído?".
Esta miseria es la que está en el fondo del desánimo que nos lleva a preguntar ¿para qué escribir? Es una pregunta vulgar, ruin, utilitaria, pero antes que nada es una imposición de nuestro tiempo, y el escritor, como cualquier otra persona, nunca elige su tiempo.
Uno, a lo más, decide qué hacer con lo que le ha tocado.
Óscar de la Borbolla.

Último ensayo.

Último ensayo de esta materia, de todo el semestre.
Último mes del semestre. Resta sólo la investigación de trabajos finales.

Haber vuelto a la investigación de tiempo completo ocasionará que me quede calva.

Ayer comencé a tomar vitaminas para la concentración, el estrés y el cansancio extremo. En el fondo, lo que me gustaría tomar es una pastilla para dormir porque ya me cansé de que aún con tanto cansancio, me cueste mucho trabajo conciliar el sueño.

A pesar de contar como seis, todos sabemos que sólo han sido tres.
Y esto, señores, parece que por fin se acaba.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Cada noche a la misma casa.

Hoy manejé sobre Pilares desde Insurgentes hasta Gabriel Mancera. Hacía mucho que no tomaba esa ruta para llegar, o para irme, o para ir a donde sea. Creo que fue más o menos hace un año, cuando iba a por mi a González de Cossío a la hora de mi salida, que era a las 20. Era divertido. Su cochesote estacionado en la banqueta de enfrente, las papitas fritas escondidas detrás de su chamarra gris, sólo para hacerme reír. Quiero muchos chocolates, le decía en días como hoy... en días en los que hacía mucho frío.

Hoy fue la primera vez que me metí a una boutique a buscar un vestido de novia, y no tuve éxito. Las mujeres, chicas o grandes, medianas o pequeñas, jóvenes o mayores, que nieguen sentir emoción ante los planes de una boda, que tiren la primera piedra.

Mi hermana Cristina regresó. Tal parece que la vida nos está llenado de regalos a todos. Tal parece que se sabía que no debía vivir yo esto sola, que necesitaba a alguien con quien compartirlo para sentir que todo es de verdad.

Estoy muy contenta. Hace mucho frío.

No importa qué divertido era ver un auto esperándome en la banqueta de enfrente, ahora el carro que se estaciona es el mío, como será siempre, como me hace feliz, como ahora que conduzco cada noche a la misma casa.

lunes, 1 de noviembre de 2010

JURAMENTO DE AUTOESTIMA

Venga, reconócelo Mariposa Tecknicolor, eres lo mejor que hay en la tierra. Es verdad que a veces te deprimes y no quieres hacer nada porque todo te da flojera, pero el resto de las veces eres muy optimista, perfeccionista y dedicada. Nadie sabe hacer investigación histórica como tu. Si ya lo dice tu madre: eres la mejor historiadora del mundo. Por eso, a partir de hoy vas a quererte por ser responsable, persistente e inteligente.

viernes, 22 de octubre de 2010

Definiendo, descubriendo, comprobando.

Hans no anda bien. Estoy preocupada. No se está sintiendo igual subirse a él, y dejarse llevar por las venas de asfalto de esta Ciudad.

Desperté lo más temprano que pude, fui a tomar un café que no estuvo nada bueno, y luego fui a la gasolinera. Tira aceite. Gasta mucha gasolina. Se le atora el chicote del acelerador. Le suena el clutch. Tiene bajísimos los frenos. En fin. A un año de estar viviendo con él, Hans comienza a ser una calamidad. Y creo que no es su culpa, mejor dicho: tengo que tenerle paciencia, tengo que comprender que no todo va a andar tan acelerado como ando yo.

La crisis vino a estarcionarse en mi, y a estacionar mi vida. No he podido reponerme todavía, pero pronto lo haré. Y entonces el carburador de Hans volverá a rugir como auto de carreras. No es divertido que me deje tirada pasadas las 21 horas sobre Conscripto, sola, cuando todavía no llego a mi destino. Esta vez no fue sólo una, no hubo grúa que viniera a rescatarme, ni maxi bolso de charol donde él estuviera escondido hasta el fondo. No fue una sola noche, fueron dos; pero la siguiente, los ojos verdes ya estaban conmigo.

Luego de la factura de la gasolinera, tomé Periférico sur y me subí al segundo piso. Me puse contenta. De hecho, hasta me dio frío todo el aire que se metió por la ventanilla. Traía puesto mi vestido de gráficos rojos y naranjas, y mis botas color café.

Cuando llegué al entronque con Eje 10, me puse más contenta de ver que los circuitos de Ciudad Universitaria ya no tienen los hoyos que tenían hace dos años, cuando la manejaba con Andrés. El Centro Cultural Universitario ha cambiado tanto... que me sentí como si fuera mi primera vez allí.

El nuevo desarrollo arquitectónico hace que la Sala Nezahualcóyotl se vea pequeña; pero basta recordar la acústica en su interior, y la distribución que tiene por dentro, para saber que sigue siendo enorme, y que lo será por mucho tiempo.

Ya no hay lugar de estacionamiento en la Hemeroteca Nacional, ni siquiera en la banqueta, ni para meterse furtivamente como lo hacía casi siempre. Ahora me mandaron al Estacionamiento 3 que cuesta quince pesos. Estaba abarrotado, cómo no, si eran horas de trabajo. Lo bonito de todo eso, aún cuando uno se estaciona muy lejos, es que nos obligan a atravesar el Centro Cultural Universitario, con sus fuentes, sus explanadas y sus foros, la Neza, los cines, el nuevo museo de Arte Contemporáneo.

La gente camina. Ya no me siento familiarizada con la gente de por allí. La terraza del restaurante Azul y Oro se veía bellísima, con sus sombrillitas blancas y la fuente que salpica. Me dio tanto gusto y ternura saberme de regreso en Ciudad Universitaria, que me llené de ganas porque los ojos verdes me acompañen la próxima vez. Quisiera que pudiera ver, todo lo que mis ojos pueden ver.

Así es cuando uno se pone a investigar, o llega a los archivos o a la Hemeroteca, para comenzar a empaparse de la Historia del pasado. Porque sí, bienvenidos ahora que sabemos que puede haber historia también del presente y del futuro.

La Hemeroteca Nacional, con sus personas que todavía se acuerdan de mi y de mi computadora portátil, es majestuosa e imponente. Se me había olvidado el olor de los periódicos viejos, la base de datos Nautilo, y las conexiones de luz que están pegadas en el techo.

Me acomodé en una mesa de enmedio, ¿por qué no? Para que todo mundo me viera. Me instalé. Abrí mis archivos. Preparé mi mesa. Acomodé mis cosas. Caminé hacia el Nautilo para registrarme y solicitar el primero de varios ejemplares: diciembre de 1936.

Ya se me había olvidado lo que pesan esos ejemplares, y que los atriles nunca los soportan. Lo cargué, como pude, y me instalé para comenzar a revisarlo. Me dijo muchas cosas, primero me habló al oído, pero en enero de 1937 me habló de frente.

Yo no sé si siempre se tiene esta suerte de investigador, pero me dijo lo que quería escuchar, lo que necesitaba en ese momento, y lo que me hacía falta. El tiempo pasó muy rápido. Mi regreso a la fuente primaria fue en ese orden: definir, descubrir, comprobar. Me hizo sentir bien, los ojos verdes supieron de eso.

Ciudad Universitaria, con sus jardines imponentes, siempre tan verde, siempre tan llena de gente, siempre tan acogedora... tan que nunca me siento sola.

De regreso en la mesa, de golpe me acordé de muchas cosas. Ese olor a periódicos viejos me hace mucho bien, pero también me da tristeza. No cabe duda que uno guarda en la memoria las primeras impresiones, y los amores están hechos de primeras veces, de primeras sensaciones, tal vez por eso ahora esté más enamorada que nunca.

El frío de estar sentada allí leyéndo los periódicos viejos, me hizo acordarme cuando yo me sentía tan polvorienta como esos papeles. Me hizo recordar aquella soledad tan penetrante, tan aguda, como el frío que sentía en el pecho. Es inevitable no sentir nostalgia al estar allí. Y ahora pienso que no siempre es nostalgia por buenos tiempos, sino por tiempos tristes y amargos, obscuros y grises, que nunca fueron amarillos.

De pronto el móvil suena, me llena de risas y de alegría. La voz del otro lado comparte conmigo esta experiencia y me sabe feliz, me sabe contenta por estar en ese lugar otra vez.

Hay tantas cosas que quisiera que hiciera conmigo... pero la búsqueda hemerográfica creo que siempre será mejor en solitario.

De regreso a Mixcoac por Insurgentes, vuelta en Eje 10 para tomar Revolución. Toreando coches que vienen rapidísimo, hoyos en el pavimento, carriles sin definir, sin rayas, sin semáforos. Con microbuses espantosos que se te echan encima. Con señoras feas en camionetas enormes que no te dan el paso. Con mi Hans que se defiende, que me protege... que poco a poco me define, mientras yo descubro a mis ojos verdes, y ellos vienen a comprobarme.

Esta es la novedad, que el amor impera, que ahora no se quiere ir, y que en ese caso me quiere llevar. No es nueva la rutina, no es nueva la actividad, es mi circunstancia que me hace creer que todo esto es de verdad.

martes, 12 de octubre de 2010

Saldo: una espalda contracturada.

Ya no tengo a quién platicarle ciertos secretos que a veces urgen salir de mi garganta, de la jaula de mis demonios, de mi corazón.

Antes, sin pensarlo mucho, otros chicos o el mismo Rey Sol, me decían que bebiera lo que fuera suficiente, lo que yo necesitara, que tomara lo que quisiera tomar, que probara todo lo que se me antojara... ahora mis ojos verdes insisten en que debo dejar de tomar cualquier tipo de medicamentos que a veces ni siquiera sé para qué son.

De esta contractura muscular que tengo ahorita, que tuve ayer muy fuerte, no tengo a quien contarle la verdadera razón de mi mejoría, el remedio que tengo siempre bajo la manga, o guardado dentro de un frasco de cristal.

A veces mi vida cambia tan rápido, que me cuesta trabajo darme cuenta de hacia dónde va este camino, estas vías de tren y nuestros caminos paralelos.

Compromiso. Commitment.
Nunca me imaginé que conocer a mi familia política me hiciera tan feliz. En algún momento pensé -debo confesarlo-, que la experiencia iba a ser como las anteriores, que mi familia política no tenía por qué venir a donde vivo, a conocer a mi gato, o a compartir conmigo. Pero la vida, con todas estas sorpresas fabulosas que nos tiene preparadas, me ha hecho cambiar de opinión.

Luego de las pésimas experiencias que tuve al convivir con las familias de los chicos con los que salí, ¿qué podía esperar? ¿De plano fue tan malo tirarme al drama y pensar que otra vez sería una película de terror? Pero a ver, intentemos ser objetivos y pensemos, cómo demonios no me iba a sentir tan insegura, si alguna vez me sucedió que el padre más tóxico de un soltero tóxico habló mal de mi en mi entorno profesional, y me negó rotundamente llenándome de malas referencias, a lo que mi jefa sólo respondió: "la vida nos pone a cada uno en nuestro lugar, y nos da lo que nos merecemos".

Y además, cómo shit no me iba a estresar, si otra vez, la toxicgranma de otro soltero tóxico, se atrevió a decirme en el living de su casa: "niña, tienes que saber que siempre será mejor opción un aborto a tiempo, que un error del que te arrepientas toda tu vida".

Wow. Shit. Pero yo no sé cómo pude seguir respirando luego de tanta presión.

Ay pero aquí les va la mejor, tan soez y tan falta de clase, que risa me da acordarme de cómo fue. La señora de pelo de maiz se atrevió a decirme que seguramente yo quería formalizar con su hijo no por amor, sino porque no tenía donde vivir, no tenía dinero o estaba esperando un bebé que no le constaba que fuera de su pichoncito. Re shiiiiit. Y ya no voy a seguir redactando, porque verdaderamente que he tenido experiencias mierdas en esto de las familias políticas.

Pero el amor es la verdad. El amor es real. El amor da muchas oportunidades. El amor vino a inundarme, me hizo feliz, me hizo querer vivir otra vez, y me rebasó con sus demostraciones maravillosas. Esta vez, el amor es oficial.

Los ojos verdes me han llenado de primeras veces, me han enseñado a mirar la vida diferente. Me han enseñado a mitigar dolores con otras fórmulas, a conciliar el sueño llena de besos, sólo con la luz de su computadora encendida.

Mi familia política es hermosa, y poco a poco se ha comenzado a convertir en mi verdadera familia. Estoy muy contenta, pero debo confesar que la entrega de avance de trabajo final, el ensayo semanal, las lecturas diarias, y la búsqueda de la perfección en una comida sabatina, me dejaron el saldo de: una espalda contracturada, dos noches maravillosas que implicaron dormir con los pies calientitos, un primer rastreo de vestidos lindos, desayuno, comida y merienda en la misma casa (¡yupi!), y haber caído en cuenta de golpe -y mientras nos comíamos un helado de yogurt-, que el otoño ya llegó a nuestro año 2010.

El remedio que utilicé para combatir mi enfermedad es inconfesable. Muchos tés, muchas horas de sueño, algunos robaxifenes, las llamadas de los ojos verdes...

Ya no tengo a quién contarle los secretos de las pastillas que tomaba sin necesitarlas, porque estoy haciendo el intento por dejarlas, porque ahora tengo una razón de peso para hacerlo, porque no importa qué tan severa sea la contractura muscular o la crisis de ansiedad, el chico está conmigo y yo quiero saber qué se siente vivir sin tantos analgésicos.

De caligrafías

Y como dice mi papá:

Cuando empieza a escribir mi hijo, sólo Dios y mi hijo.
Cuando termina de escribir mi hijo, sólo dios, porque ni mi hijo.

Busqué desesperadamente mis apuntes de Historia de Estados Unidos de mis clases en la Universidad. Encontré las carpetas empolvadas, busqué los papeles, mis hojitas y todas mis anotaciones. No pude leer nada, porque no me entendí nada.

Ni modo. Escribo tan rápido, que... ejem ejem, debería dejar de escribir tan rápido para poder leerme algunos años después.

lunes, 11 de octubre de 2010

¿Dónde estaban mis ojos verdes?

Hacía mucho tiempo que no tenía un sueño de terror, y esta noche lo tuve. Fue una pesadilla rara, quizá un sin sentido, pero me dio muchísimo miedo.

Soñé que me casaba con el soltero tóxico. Que pasaba todo lo que pasó, igualito, con todo y el hermano que a la mera hora sí quería ser hermano, y con la señora de cabello de maíz.

Yo venía sentada en el asiento de atrás de un coche negro, con un vestido blanco de fiesta, de muchos listones color lavanda, me acuerdo que me preocupaba que no trajera crinolina porque el vestido se me aplastaba.

Volteaba a la ventanilla, y veía venir al soltero tóxico vestido de traje, con la corbata desamarrada, y bebiendo, ¡qué raro! Venía con el dichoso hermano y otro hombre que no me acuerdo quién era. Caminaba junto al coche en el que yo venía y pasaba de largo, no me veía o no se quería detener; yo tenía la sensación de que no había querido detenerse.

Me daba mucho miedo que me fuera a dejar plantada en el altar, ah porque además, he de decirles que me iba a casar por la iglesia en una boda comunitaria. Algo me causaba ver a las otras novias alrededor mío, ellas acompañadas, muy felices e ilusionadas, y yo, sumamente angustiada, por mi lado, y el sotero tóxico por el suyo. Cuando yo lo veía pasar a un lado de mi auto, sentía cierto alivio porque ya había llegado, y entonces yo me bajaba del coche, me levantaba la falda de mi vestido, y me iba caminando a la entrada de la iglesia.

Me casaba, así, sin más. Me acuerdo de mi hermana y de mi papá, estaban también mis amigos y muchas personas de mi familia. Yo estaba triste, me sentía muy angustiada, y no había ninguna persona que lo fuera a acompañar a él.

Salíamos de la iglesia y él se iba, me dejaba ahí parada. Yo me levantaba otra vez la falda de mi vestido y comenzaba a caminar, y los listones color lavanda se comenzaban a arrastrar en el pavimento. Me veía mi anillo de casada y pensaba que todo había sido un error gravísimo, que me había equivocado otra vez, que cómo demonios había aceptado casarme con él si me había tratado tan mal y había faltado a sus promesas y se había burlado de mis planes. Comenzaba a llorar y me iba caminando por la calle.

Vestida de novia, llegaba a unos escaparates de unas tiendas de zapatos. Veía muchos zapatos, botas, sandalias, tacones de colores, y entonces me ponía feliz.

Llegaba a un departamento de alfombra color hueso, muy bonito, con elevador. Ahí tomaba yo mi móvil, que me acuerdo perfectamente que era una blackberry color negro, y le llamaba, marcaba su teléfono de memoria, y lo que más miedo me dio ¡es que me acordé del puto número! O sea, llevo meses perdiendo datos en mi cabeza, y en una noche todo regresó. Total que me respondía el afamado hermano, me decía que ese no era el número del chico tóxico, que él se había ido de la Ciudad, y que ni modo, pero no podía estar conmigo en esos momentos.

De pronto, el tóxico descolgaba la otra bocina del teléfono, me decía ¿hola, Mariposa? Y yo comenzaba a llorar, y en lugar de reclamarle nada, le decía que iba a estar en mi departamento, por si quería venir a verme. No me decía nada más. Yo pensaba que había sido todo un gran error porque el chico de pronto había vuelto para pedirme que me casara con él, pero yo ya no lo amaba, entonces ¿por qué le había dicho que sí, si yo tenía una pareja maravillosa y amorosa? ¡Y era cierto! ¿Dónde estaba mi novio?

Comenzaba una búsqueda desenfrenada para dar con mis ojos verdes, y no los podía encontrar, maldita sea, yo me acordaba de ellos, de que eramos muy felices, y de pronto no aparecían más y yo estaba haciendo puras estupideces. Hablaba con mis amigos, con mi hermana, con mi papá, y nadie me sabía dar razón de los ojos verdes, eran un hermoso recuerdo en mi cabeza, pero resultaba que ¡yo no los había conocido todavía!

Comencé a llorar y me desperté.

Fui a tomar un Starbucks donde la bebida caliente de otra persona me cayó encima, en lugar de hacer corajes, mi padre y yo nos reímos mucho. Regresé a casa. De pronto me acordé del sueño, y me dio mucha tristeza. Los ojos verdes están trabajando, muy ocupados como siempre, quiero hablar con ellos.

Pienso que el sueño sí sucedió, en el sentido de que cuando todo pasó, los ojos verdes todavía no llegaban a mi vida. Lo dramático de todo esto, es que yo me acordaba que estaban conmigo, pero nadie me sabía dar razón de ellos.

La vida nos tiene preparadas cosas maravillosas, personas maravillosas que vienen a hacernos el camino feliz, ameno, completamente pleno. La vida me tenía guardado a un hombre maravilloso, que vino a que el amor se hiciera.

No importa todo lo que sueñe o no sueñe, o si sigo viviendo en la misma Ciudad. Hay personas que se borran de la memoria para siempre, que sólo cuando está abierto mi subconsciente pueden aparecer; pero las reales, las que abrazo todas las noches para dormir, las que me llenan de besos por las manañas, las que me dicen que me aman tanto como las amo yo, no se irán a vivir al país de los sueños nunca.

viernes, 8 de octubre de 2010

La maravilla de escribir historia

Lo maravilloso de mi profesión no va a llegar, no lo estoy esperando.
Me dí cuenta hace unos días, de que lo maravilloso de mi profesión ya llegó, lo estoy viviendo.

Ahora sólo espero que el que mi cuerpo se acostumbre a trabajar desde las cinco de la mañana, en completa paz, calma, y el silencio de mi habitación con mi mesita de trabajo, o con la mesa ratona sobre los pies de mi cama, sea una realidad.

Y también espero que el que mi cuerpo se acostumber a trabajar con pocas horas de sueño, despertando radiante antes de que amanezca, echando mano de estas maravillosas fórmulas para la piel de mi rostro, sea una realidad.

Esto es real. Soy historiadora y es real.

Bienvenida al mundo de la investigación histórica formal, Mariposa Tecknicolor.

Juntos por la mañana

Suena el despertador, nunca puedo abrir los ojos. Estás a un lado mío, cama pequeña, cama grande, como sea, estás a un lado mío.

Encender la radio, volver a escuchar el despertador, apagarlo para siempre, o por lo menos hasta la mañana siguiente. Encender la estufa, calentar el agua para tu primer café del día. Despertar contigo, salir juntos por la mañana.

Si el tiempo lo permite, un baño con agua caliente. Si la chicharra se hace larga y lenta, lejada y ajena... entonces un regaderazo de prisa, como todo lo que hago antes del penúltimo seminario de la semana. Primero yo, luego tu, así te gusta, así estoy organizada. Si el azar se pone de tu lado, la ducha puede ser nuestra aún cuando durmamos como separados.

Mi pelo que se enreda, el tuyo que no cede. Lo primero que saco del clóset, es tu rastrillo que me espera en el primero de los cajones. Todo parece mío cuando completamente es tuyo. No sé a qué se deba, que de pronto la gente ya no opine nada, y eso me gusta y entonces no te importa nada.

El otoño entonces hace su primera aparción, y el cielo se comporta como si todo el tiempo fuera media tarde. Los coches se arremolinan, yo no tengo hacia donde hacerme. Siempre me desespera pasar tanto tiempo sentada en mi coche, moviendo los pies acorde con mis manos, con las mirada de frente, girando la cabeza hacia todos lados.

De un tiempo a esta parte, me he dado cuenta de que no me da miedo acostumbrarme a volcar mi rutina hacia donde tu, volcarla sobre lo que tú haces. No me importa tener que despertarme más temprano, quizá porque estoy segura de que no te causa problema dormir menos horas, o despertarme a las cinco, o que yo te llame a las cuatro treinta.

Primera parada: Benjamín Franklin. Y aún cuando el Circuito Interior nunca cede, el semáforo donde te bajas para que yo siga hacia mi trabajo, siempre nos espera en rojo, se pone de nuestra parte, nos damos un beso en la mañana, y entonces ahí te ves hasta dos noches siguientes.

La Ciudad necesita más otoño, menos rojo, más verde, y muchos de estos besos en cada crucero que tiene.

Curiosamente, las imágenes de vestidos blancos que revisé la noche del sábado ya no aparecen más. Fue muy emocionante hacer esa búsqueda, averiguar cómo se siente escoger vestidos para una ocasión especial. No discernimos mucho en nuestros gustos, en realidad casi siempre queremos las mismas cosas, y casualmente ahora, que es en serio esto de elegir un vestido y de ponernos de acuerdo, mi memoria visual se esfumó. puf!

miércoles, 6 de octubre de 2010

Prefiere las calles rotas

Te amo, sabes que te amo. Te lo he dicho y me has visto convencida de ello.

La Ciudad, como las personas, cambia como las estaciones el año. A veces es gris, otras es totalmente obscura, y así yo suelo estar radiante o lluviosa cuando se trata de ti.

Las personas, como la Ciudad, cambian como lo hacen las estaciones del año. Parecen caprichosas, parecen sentir... a veces no quieren nada, y prefieren quedarse con sus calles rotas.

Caminamos de la mano la Avenida Cinco de Febrero, comíamos helado blanco, hacía mucho frío. De pronto lo supe: había entrado el otoño y yo no tuve tiempo de pararme a respirar y a observar el pasado veintidós de septiembre. Tengo miedo.

Estoy tan ocupada, que tengo miedo de olvidarme del saco gris. Tengo miedo de olvidar lo que iba a hacer mañana, lo que tenia que entregar escrito el pasado 29 de agosto. No tengo tiempo de nada. Tengo miedo de manejar de noche, de despertar de día, de estar sin mí, contigo, sin mí cuando estoy contigo.

Creo, ahora, que debo seguir a como dé lugar. Mis planes, mis metas, tu y yo como líneas paralelas.

Extraño el frío del otoño caminando sola por la calle. Es sensacional venir de tu mano, sentir cómo me tomas por la cintura, pero también era maravilloso hacerlo en solitario. Mi bolso al hombro, mi abrigo largo, las botas altas y mis guantes de piel.

Esta nostalgia en la garganta, guardada para los meses de invierno; esperando que llegue algún diciembre que me haga verdaderamente feliz.

viernes, 1 de octubre de 2010

JURAMENTO DE AUTOESTIMA

Venga, reconócelo Mariposa Tecknicolor, sin contar con tu hombre ideal, eres lo mejor que hay en la tierra. Es verdad que a veces te deprimes y no quieres hacer nada porque de pronto te parece que nada vale la pena, pero también hay que reconocer que el resto de las veces eres muy optimista, perfeccionista y dedicada. Nadie sabe investigar Historia como tu. Si ya lo dicen tus amigos, eres ejemplo de constancia y de buenos sentimientos. Por eso, a partir de hoy vas a dejar de torturarte por no saber cómo le harás para pagar tus deudas, y comenzarás a quererte por ser responsable, persistente e inteligente. Y si alguien llega y te dice que eres una persona equivocada, dile que puede coger y largarse a la fregada.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

El amor llegó para quedarse

Crecí escuchando a mi madre decir que las mariposas le traían a uno mala suerte en el amor. Mi hermana mayor pensaba lo mismo que mi madre, lo que no es de extrañarse. Yo, en cambio, me aferré a pensar que las mariposas me traerían suerte y buen augurio siempre que las trajera conmigo.

Siempre que vinieran conmigo.

Siempre que quisiera convertirme en una de ellas.

Ahora sé que mi madre no tenía razón. Ahora sé que soy muy afortunada. Hoy estoy segura de que lo que uno desea verdaderamente, se hace realidad. Sé que puedo cumplir todo lo que me propongo, que lucho por mis sueños, que logro hacer lo que siempre soñé. Las metas están allí para alcanzarse.

Y escúchenme bien: el amor llegó para quedarse.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Veinticuatro horas despierta.

A punta de letras, aprendí a expresarme escribiendo mejor que cuando lo hacía cuando me ponía a hablar o a debatir. En noches como estas, que parece que nunca terminan, y que yo tengo tres escritos pendientes que pintan para volverse malditos, es cuando pienso que quizá sea yo más literata que historiadora.

Nunca pensé usar ese vestido para tomar clase. Es uno de mis vestidos favoritos, y creo que es el favorito de él. Éste, el color obispo, con mis botas color negro y mi abrigo corto jaspeado que parece casi color gris.

Y lo logré. Un boost a las veinte 30 horas y heme aquí, casi diez horas después, sigo despierta.

Sólo me falta ya una reseña y un ensayo. ¿Qué más se acumulará?

Extraño a mis ojos verdes, aquí, acostados junto a mi. Ha sido maravilloso que aún con el ritmo de trabajo que tenemos los dos, hemos logrado pasar el mayor tiempo juntos. Cuando más me pongo a hacer historia, más pierdo la noción de la realidad, del tiempo y de mi vida personal. La crisis del extravío del móvil fue superada. Espero que la del fin de año y los nuevos planes que vienen, también lo sea.

Lo extraño. Debería de una vez decidirme a dedicarme sólo a escribir historias; o darme cuenta que investigar Historia también es lo mío, aunque tenga que comenzar a planear mi vida a partir de septiembre de 2012, antes es imposible.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Mañana dormirá aquí

Okey, es oficial, hoy por estar haciendo mil cosas a la vez, leyendo, bebiendo agua, un vaso con café, y hablando por teléfono, prendí un cigarro al revés. Oficialmente se me va el avión, o el aeropuerto entero...

Si no es un panic attack es cualquier otra cosa, pero a veces se me van los pensamientos.

Cuando era chiquita, me dije a mi misma que la vez que esto me sucediera me iba a reír mucho porque oficialmente iba a ser como mis tías grandes, o sea, vieja.

Hoy confirmo que me he reído mucho, yo sola, ahorita frente al espejo, pero que de grande vieja no tengo nada. Y aunque así fuese, y cuando así sea, recordaré que en estos días fue cuando un chico vino a decirme que me ama tal como soy y que encontró con quien querer compartir el resto de su vida.

Wow. Por algo se empieza. Yo, por ejemplo, acabo de prender un benson por el filtro jajajaja Luego, después, supongo que podré comenzar a tener la estabilidad de una "old lady" con todo el "retro style" que eso requiere.

Tengo frío. Estoy feliz. Hoy está lloviendo. Mañana dormirá aquí.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

El congestionamiento.

Debo recordar no usar mis botines de tacón de diez centímetros de alto, cuando salgo tarde de casa y tengo que correr las tres cuadras de donde se quedó Hans hacia el Instituto.

Me preocupo, una vez más, aún con todo lo que tengo para preocuparme, me preocupo por él. En otra circunstancia no hubiera cambiado la ruta de regreso a casa, pero verdaderamente que lo vi cansado y desganado, así que tomé Eje Central Lázaro Cárdenas hasta Av. Hidalgo, en lugar de hasta Viaducto Miguel Alemán para irme hacia Periférico Norte Manuel Ávila Camacho. ¡Pero qué bárbara! Estos nombres de mi Ciudad, me hacen sentir estar leyendo una plana de reseña de El Nacional de los años 1946-1948.

Todo lo que adoro Río San Joaquín en las mañanas, con sus seis carriles reversibles sólo para mi, de poniente a oriente, lo odio en las noches de regreso a casa.

Y así es vivir en esta Ciudad, un eterno congestionamiento que nunca se acaba, que no se para más. A veces el congestionamiento está en todos lados, en la fila del súper, del banco, del restaurante; en la fila del baño, para servirme un café o para salir de seminario. Es necesario que me lleve bien con Hans, porque paso dentro de él más horas de las que imaginé. A veces los ojos verdes y yo comenzamos en él las conversaciones, nunca las podemos terminar.

Eje Central hacia el Norte, completamente libre por las noches. Viaducto Miguel Alemán hasta el copete, hacia Periférico Norte, a todas horas, por todos lados, en cualquier coche. ¿Qué voy a hacer?

Botas de piso, sandalias de plástico para el desayuno; botines de agujetas con tacones de nueve centímetros que se usan con unos levi's twisted, se quedan enojados dentro de una bolsa en el coche, y los ojos verdes donan a la causa sus zapatillas azules para caminar, de Dr. Vértiz a Nápoles, de Insurgentes a Rodin sobre Porfirio Díaz, de regreso, sin escalas, hasta el Sanborn's de Eje Siete.

No es lo mismo en solitario. No es lo mismo fumar sin tu mano, sin tu periódico gris, tus ojos verdes y la camisa azul. No es lo mismo la Ciudad con veinte minutos por trayecto, que salir de casa tan temprano que se está entrando a Periférico antes de las siete y media.

Boinas que se quedan en el coche, abrigos que no se bajan más; no se sabe cuándo se puedan ofrecer, la próxima vez los autos detenidos no nos dejarán regresar.

Hojas maravillas

Llueve, llueve, no se detiene. Quiero que ya venga el otoño a hacer con sus hojas amarillas, maravillas en mi cuerpo. Te extraño mucho. Te extraño más de lo que te imaginas. Te extraño más de lo que imaginé.

Puede ser que te hagas dependiente de mi, que yo me haga dependiente de ti, o que seamos completamente codependientes. Sin embargo, afortunadamente tenemos nuestras noches, las horas por la tarde que no compartimos con nadie más. Te extraño, demonios. Ayer fue la primera vez que me dijiste que estoy deprimida, que no quieres dejarme, que no sabes qué se debe hacer cuando no quiero hablar con nadie.

Gracias. Algo bueno debí haber hecho hace algún tiempo, para que ahorita tú estés llegando a estacionarte en mi vida.

Soy afortunada. No soporto tanto estrés, no puedo vivir bajo tanta presión, y sigo escribiendo hojas maravillas; y el puto verano no trae más que agua, y el otoño me promete hojas amarillas.

Te extraño mucho, no sé qué hacer para estar más sin ti.

martes, 7 de septiembre de 2010

Puta crisis.

Ahorita ya empezó a llover. Ojalá ayer hubiera caído la mitad del agua que ahorita está mojando mi casa, la ropa, el pelo del gato, mis zapatos, mi abrigo.

Este verano que no termina... estas vacaciones que no se llamaron así. Este trabajo que no se paga, que no deja, que me desespera.

Tus palabras cuando discutimos, tus labios intentando besar mis manos en el coche. Eso, cuando dices que soy dependiente, que te da miedo que yo no pueda separarme de ti; y no sabes que yo sé, que aunque me cueste mucho trabajo, soy más fuerte de lo que te imaginas, soy más fuerte de lo que me imagino yo.

¿Y si me muero? ¿Qué va a pasar contigo si me muero? ¿Qué va a pasar con nuestro hijo si muero durante el parto? ¿Qué va a pasar con todo lo demás? ¿Huirás como han huido todos? ¿Querrás que te espere allá?

Y justo cuando se supone que las cosas no deben suceder, mi teléfono se pierde para siempre. Detrás de todo esto están dos noches sin dormir, un par de documentos que llegaron a mis manos, un pánico escénico que hizo que mi mente se pusiera en blanco, dos discusiones con mi madre porque no quise volver. El chico que trabaja como siempre. Yo, que intento volver a la soledad que ya se fue, que la extraño más que nunca, que quisiera que me acompañara como lo hizo los últimos meses.

De pronto todo se pierde. No es mi móvil, ni su cartera, ni mi coche ni la Ciudad. Es mi cabeza, es el cable que no quiere volver a tierra. Llueve, demonios ¡qué frío hace! Llego a desayunar, el chico sale a despedirse, a recibirme, a meterme a su casa otra vez. Luego lo propio de domingo, lo que no se puede evitar. Las risas, la chica que no acaba de regresar y que cree que nunca se fue.

Eje Central en contraflujo, dinero que no se ve más. Lluvia que llega, que no se va, que tampoco se siente, pero que me moja los pies. Banqueta de Eje Central, entre Tacuba y Cinco de Mayo, que huele a alcantarilla recién destapada, Cinco de Mayo que ahora resulta que está al revés, que se vuelve reversible como lo son mis medias sin liguero, como lo es mi piel cuando él dice "ya no quiero".

Y sucede. Camino de su mano y siento que ya no es su mano. Enciende un cigarro, entro al Sanborn's a buscar carteras de vinyl, de piel azul eléctrico o de rosa mexicano, de este plástico maravilloso que me hace sentir que todo es perenne, hasta la comezón que me da mi abrigo de lana gris. Entonces mi cabello se alborota, mi mechón de canas abre los ojos y estira las manos, recibe a todos.

Tengo ganas de llorar y no puedo. Tengo hambre, frío, ganas de estar con él. Tengo ganas de irme, no me quiero quedar, no quiero estar aquí, ni contigo. Como, todo es delicioso, las tortillas del comal, la harina que ya queda, que me hace babear, las quesadillas que el chico me prepara.

Y entonces lloro, comienzan a salírseme las lágrimas y a rodar por mis mejillas. Hace mucho que no me sentía tan sola, tan nada, tan así.

Intento dormir.

No puedo.

Al día siguiente todo se pone de cabeza. Todo sigue de cabeza. Confieso que me dan ganas de morirme para siempre, sin volver, sin preocuparme por ti o por cada una de tus cosas. Lloro más, el móvil se perdió y derramó mi vaso como si fuera una ligera gota que no va a caber nunca. Me pides tranquilidad, te grito por teléfono. No puedo más, ¿sabes? No puedo más.

Es la primera vez -dentro de todas estas primeras veces- que me sabes con una crisis de ansiedasd. Es la primera vez que sabes que puedo estallar, y que aún cuando no escuchaste que quería quedarme dormida por muchos meses, estás seguro de que puede ser que lo desee de verdad.

Luego otra vez suena el teléfono, me siento a comer sin ganas, me doy un baño que me hace tiritar de nuevo. Me pongo los jeans que son tus favoritos, mis botas de hule porque me da miedo mojarme los pies. El pelo se alborota por completo. Las muñecas me duelen, los dedos no se quedan quietos. Me siento mal y tengo miedo.

Duermo poco, bien pero poco. Luego vienen los seminarios que me hacen sentirme misionero. Las chicas que con su apoyo hacen que el sol salga detrás de la construcción de hierro.

Ya no me siento tan mal, pero las manos me siguen doliendo todavía para las cuatro de la tarde. Ni modo. No me dí cuenta que también me dolía la boca, y un poco el cuello. ¿Cómo voy a manejar así de regreso a casa? Pues así, como siempre, como si nada, como le haces de experta, haciendo que no pasa nada.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Tengo una frase para ti:

La sabiduría llega cuando no nos sirve para nada, no se puede evitar. Y todo lo que pasa conviene, son las reglas del destino, son las reglas del amar.
Si es amor, Fito Páez.

Y ¿sabes? Ese nombre con el que ahora intentas referirte a mi para dejarme un mensaje, deberías saber que no existe más.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

JURAMENTO DE AUTOESTIMA

Venga, reconócelo Mariposa Tecknicolor, sin contar con tus ojos verdes, eres lo mejor que hay en la tierra. Es verdad que a veces te deprimes y no quieres hacer nada porque de pronto te parece que nada vale la pena, pero también hay que reconocer que el resto de las veces eres muy optimista, perfeccionista y dedicada. Nadie sabe investigar Historia como tu. Si ya lo dicen tus amigos, eres ejemplo de constancia y de buenos sentimientos. Y también lo dice tu pareja: eres una chica que vale la pena. Por eso, a partir de hoy vas a dejar de torturarte por no saber cuándo llegará el primero de tus salarios, y comenzarás a quererte por ser responsable, persistente, inteligente y por ser amorosa. Y si alguien llega y te dice que eres una persona equivocada, dile que puede coger y largarse a la fregada.

domingo, 29 de agosto de 2010

Veintisiete años, prácticamente 30.

Hay una broma en mi familia que dice: "27 años, prácticamente 30". Pues digamos entonces, que hoy cumplí "casi" 30 años muy felices.

Nací hace 27 años en la Ciudad de México, el lunes 29 de agosto de 1983, a las 13 horas, en la Clínica Londres que estaba en la calle de Londres 34 en la colonia Juárez. Los primeros meses de mi vida, mi familia vivió en la calle Rubén Darío en la colonia Moderna; poco tiempo después, regresó a vivir a la zona metropolitana de esta enorme Ciudad.

Y aquí sigo. Hoy, aún cuando casi me vuelvo loca ayer porque no me gusta que me feliciten, ni que me abracen, ni que me digan "que cumplas muchos más", me siento absolutamente feliz porque ha sido un día maravilloso.

Alguna vez escuché que el cumpleaños es raro en el sentido de que inconscientemente se hace una regresión al día en que nacimos, y sentimos algún malestar o enfermedad. Yo no sé si sea completamente cierto, pero sí estoy segura de que me abruman los festejos en casa, me desespera no tener el control de la situación, y me entristece que se malentiendan mis actitudes. En pocas palabras, me gustaría poder decir o hacer exactamente lo que mi cabeza piensa.

Bueno pues creo que por primera vez en muchos años, lo logré.

Desperté muy temprano, antes de las ocho de la mañana, me metí a bañar, me arreglé el pelo, me puse un minivestido negro similar a una enorme camiseta que se encarga de definirme el derrièrre y las botas vaqueras que los ojos verdes me regalaron hace algunos meses. Calenté el coche, me preparé para conducir, y entonces me fui. Manejé y manejé, dilucidando si debía pasar por un Starbucks para desayunar, o si debía seguir para compartir mis galletitas con él.

Tomé Periférico Sur a la altura de Echegaray, seguí hasta Río San Joaquín, quien me enamoró porque estaba completamente libre. Manejé hasta Circuito Interior, bajé los pasos a desnivel, esquivé las luces en rojo, le guiñé el ojo a los semáforos en verde, al auto que venía de mi lado izquierdo, al camión Optimus Prime rojo que venía a toda velocidad por la lateral, y salí justo en la avenida Ricardo Flores Magón.

Amor entre las sábanas, café negro para el desayuno.
Reí a carcajadas, y luego le llamé por teléfono. No estoy segura de que los ojos verdes hayan sabido que ya habían despertado, todavía titubearon si debían bajar a abrirme la puerta del edificio, o si debían seguir soñando entre las sábanas.

Y ahí estaba yo, con mi pelo alborotado, sin una pizca de maquillaje, con mi bolso negro cruzado a la altura de la cadera y mis botitas vaqueras. Nos besamos como si hubiéramos vuelto de la guerra. Te amo tanto... me dijo, le dije, nos repetimos y no paraba de abrazarme sobre mis hombros, en su cintura, dentro de mi boca, sobre su pecho.

Ahí estaba él, con un perro que también lo acompañaba, que me saludaba, que parecía que había venido de carretera. Nos abrazamos como si no nos hubiéramos visto por mucho tiempo. Te extraño tanto... me dijo, le dije, nos repetimos, y no paraba de besarme sobre mis ojos, en sus orejas, en mi cadera, dentro de su boca, sobre la nariz.

Entramos, era lo que nos faltaba. Subimos y comenzamos a hablar, interminable como siempre, maravilloso como no lo recordaba. Con mi vestidito negro y sus ojos verdes. Con su pelo alborotado, y mi perfume recién rociado. Y ya sabes como es todo esto de los cumpleaños, de felicitaciones y de sorpresas, de galletitas con chocolate que se comen dentro de las sábanas, con café caliente, con sonrisas que recién despertaron, con miradas que no pudieron quedarse dormidas.

Luego el desayuno, compartir con personas que no se esperaban, que hacen reír, que tosen cuando sale destapado el vapor de la regadera. Los perros ya no ladran, el agua ya no hierve. Mis pestañas se rizan, mis labios se definen. El chico se termina el CKIN2U, termina suspirando el doble porque me provoca, y toma mi mano para salir de regreso a la calle.

Cumpleaños feliz, tinto sin soda para la comida.
Hans que ruge como si fuera un auto de carreras, mientras esquivamos los baches de este asfalto sin control, del concreto hidráulico que por fin está destrozado. Casi llegando a Paseo de la Reforma, los ojos verdes me preguntaron si quería El Universal, lo compraron y lo leímos en el trayecto de casa a Coyoacán.

Perdí la cuenta del tiempo que reí feliz. No perdí la cuenta del tinto que bebí, porque la que tiene que conducir soy yo, derecho, dando vuelta a la izquierda, en sentido contrario, cazando valet parkings para que acomoden a Hans en algún lugar. La mano sobre la suya, la otra sobre mi regazo. Los ojos de frente, sentados de lado como novios, como bromeáramos hace muchos años. Lo mejor fue la sobremesa, los planes que vienen para el futuro, el plan para el resto del día; las felicitaciones que aunque no me gustan, logran hacerme sonreír.

Nunca antes había perdido la cuenta del tiempo transcurrido, de las palabras dichas, del amor recibido. Es la primera vez que tengo conciencia que se me quita el miedo de realizar cosas, de vivir sin planearlo todo obsesivamente; y mis ojos verdes han logrado hacer que me deje llevar.

Jarocho mata Starbucks.
Después, su mano sobre la mía, sus brazos sobre mi cintura, mis botitas vaqueras reflejadas en una vidriera. Qué bueno que no pasé por café en la mañana, porque me compró un Jarocho para el postre, y en lugar de que fuera light latte para mi y soya chai latte para él, llegaron sorpresas maravillosas.

Me lleva por café de olla, me toma fotografías hermosas. Nos reímos mucho, nos besamos como si fuera la última tarde de Coyoacán. Habla con mi madre, bebemos café y fumamos mentolados rumbo al coche. Regresamos a casa, a compartir pastel de chocolate y coca-cola light; a recibir a la diseñadora de modas y a San Román, a pasarla bien como hacía muchos cumpleaños no pasaba.

Y todo transcurre como en una linda noche.

Veintisiete años. No sé si prácticamente son treinta, pero sí estoy segura de que en los últimos seis meses he aprendido más cosas de las que imaginé, me sucedieron más cosas de las que planée, y mi lista de propósitos de año nuevo prácticamente se cumplió toda. Obtuve una licenciatura, obtuve un lugar para estudiar un posgrado, me abrí al amor y a un compromiso real y estable, obtuve un empleo que me organizó los horarios... en fin. ¡Lo logré!

Un año nuevo comienza para mi, y los retos se hacen más difíciles, las decisiones más relevantes, y la compañía más placentera. Estoy enamorada... ¡Felices 27 Mariposa Tecknicolor!

miércoles, 25 de agosto de 2010

La cereza del pastel.

Él dijo "Bloch", y mi cabeza pensó: "Los Reyes Taumaturgos". Me sorprendí de acordarme de mis clases de Historiografía General II. El Premio Edmundo O'Gorman estaría orgulloso de mi si me hubiera escuchado.

Hoy aprendí que la frase de Joaquín Sabina que dice "vamos a estar juntos los próximos 30 años", tiene sentido sólo cuando pasan los 30 años. También comprendí que la historia de los movimientos indígenas cobró sentido luego del movimiento zapatista de 1994, esto se cuenta pre Marcos y post Marcos.

Hoy es realidad que soy resultado del contexto histórico en que me he desarrollado.

Por fin tengo "los pelos de la burra en la mano" para decir que Fidel Castro como figura, sólo tiene sentido cuando pensamos en el bloqueo económico -que instauró Estados Unidos- en el que ha vivido Cuba desde su revolución.

Hoy, luego de conocer a las personas que serán mis guías por los siguientes seis meses, comprendo que se guarda lo mejor para el final. Que la Teoría de la Historia no tiene mucha relevancia si la persona que la imparte no es excepcional por sí mismo, que para ser el último día de la semana, literalmente nos guardaron la cereza del pastel para el final.

Y si tenía duda de no tener tiempo ni para dormir, ahora basta leer mi lista de pendientes la cual incluye dos reseñas para entregar martes y miércoles, una exposición sobre el Imperio Británico y sus colonias, un avance de investigación particular, comentarios a la obra de la ilustración reflejada en las colonias españolas, Paul Ricœur y la pregunta de ¿qué es un texto?, y por supuesto, mi esfuerzo para tener el próximo domingo un cumpleaños feliz.

Estoy hecha para estar en silencio.

Un científico mira puntitos a través de un microscopio, disecciona ranas o bichos, despanzurra moscas. Un historiador descubre documentos y compara elementos. Todos los hechos históricos son iguales o parecidos, se necesita saber cuáles interesan según la relevancia que tuvieron. Creo que así es, o podría ser...

A veces pienso que quizá sería muy agradable dedicarme a lo mismo que los ojos verdes, o que ellos se dedicaran a lo mismo que yo. A veces pienso que sería más fácil escribir todo lo que tengo que escribir si estuviéramos juntos, o que sería más ameno leer juntos; o que compartiríamos de distinta forma el tiempo si yo estuviera junto a él mientras se pone a editar el vídeo o se queda trabajando en la oficina.

A veces me pregunto si estoy consciente de lo solitario que puede llegar a ser el trabajo de un historiador. Debo cuestionarme si estoy lista para llevarlo a cabo, si manejo los elementos, si comprendo las generalidades.

Luego me acuerdo de los celos profesionales de los de mi mismo ámbito. Luego recuerdo los debates sin sentido que teníamos el soltero tóxico y yo. Me acuerdo de cómo intentaba ayudarme, que verdaderamente no me acuerdo que lo haya hecho de verdad, porque se enojaba, se desesperaba, o cuando tenía que trabajar en casa o tirada en la cama porque tenía que guardar reposo, prefería no visitarme después de algunos días.

Entonces caigo en la cuenta de que me gusta mi profesión, de que no me importa que los ojos verdes no analicen contextos como lo hago, no me importa no saber la edición de QT como lo sabe él, la negociación, la asignación de presupuestos, el manejo de la gente, la mesura del carácter.

Él está hecho para eso, yo estoy hecha para estar en silencio.

Discúlpame por favor, si a veces no me río de los chistes que dices o que dicen tus amigos; debes estar seguro de que siempre me río luego.

lunes, 23 de agosto de 2010

Día 12. Hempel, tarde lluviosa y el restaurante argentino.

Ciertamente hay días en que siento que se me fríe el cerebro. Es más, que me lo fríen sin que me de cuenta.

Con tantas cosas nuevas que ahora tengo que aprender, me cuesta trabajo creer que todavía puedo darme tiempo para otras cosas. No todo es sencillo, pero me esfuerzo para no descuidar a mis ojos verdes, y mientras leo sobre Teoría de la Historia, intento hacer un símil de la escritura de ésta y el amor que se vive en una gran Ciudad. No siempre me sale, insisto en que no es sencillo, pero sigo intentándolo.

En medio de mi cabello revuelto, el café que se enfrió y una discusión que no termina, el verano me recordó que todavía está aquí, y comenzó a llover. Los ojos verdes llegaron empapados, fueron por mi al instituto y me llevaron una flor color rosa de regalo. Mis ojos fueron los que imitaron a la lluvia, casi tan tupida como la del cielo.

Era el día doce, carajo, otra vez casi lo olvidé. Quizá no tenga tiempo de una llamada a la hora de la comida, o al revés, no tengamos tiempo de comer juntos, pero siempre la noche nos cobija, es amable, y aún cuando todas las calles están encharcadas, Hans se empaña completamente, y los frenos amenazan con derraparse, la Ciudad me ayuda.

Entonces manejo sobre Porfirio Díaz hasta Pilares, y todo derecho hasta avenida Universidad. Ahí una mesa para dos nos espera, con soda -sin tinto- y coca cola light. Una cena también nos espera desde hace muchos meses, desde que a una primera cita no la supimos esperar.

Muchas conversaciones, su trabajo, el mío. Las horas que nunca alcanzan, el tiempo que siempre nos rebasa. Sus ojos que de pronto se miran rayados, casi color café. Mis ojos que ya están húmedos, pero que quedan brillantes. El tema del amor que siempre compartimos. La noche que se prolonga hasta la mañana siguiente.

Y entonces todo esto de soltería o de es complicado comienza a darnos risa. Me entiende cuando mis ideas se parecen a las de Walt Disney, y yo lo entiendo con la practicidad de una mente masculina. La pareja perfecta, se le sale opinar a mi madre.

Lo demás es lo de menos. Lo de menos es lo que nos hace feliz.

Demonios, me estoy enamorando...


martes, 17 de agosto de 2010

¿Qué es una mentira?

No sé en qué momento pasaron siete meses. Mañana justo los cumplo de tener un poco de estabilidad. He conocido a personas maravillosas, de esas que nos hacen olvidar que hubo experiencias desafortunadas en la vida. He hecho nuevos amigos, he comenzado a confiar en la gente, y me di cuenta de que hay personas que no valen la pena.

Mi mejor amigo ya no fue más mi mejor amigo.
Tengo más deudas de las que tenía, y a veces me siento más sola de como estaba. Creo que me venía mejor la soledad, que sentirla estando acompañada.

Iba a escribir una carta de amor, pero la verdad es que ya se me olvidó cómo son esas.

Todavía no puedo entender que las personas mientan así como si se hablara de cualquier cosa. Digo todavía, porque quizá en algún momento pueda llegar a entenderlo. También me refiero no sólo a las mentiras, sino a las palabras, ¿qué pasa cuando una persona nos da su palabra y vuelve a faltar en ella? ¿Qué pasa cuando oculta las cosas porque teme que nos enojemos, cuando ni siquiera sabemos de qué se trata?

Me siento muy triste. El día comenzó gris, no pude dormir, tengo unas ojeras tamaño infierno y un nudo en la garganta que no se me quita para nada. Mi desempeño no es el mismo, mi concentración tampoco, hasta se me ha quitado el apetito.

Me da mucha tristeza que se me oculten las cosas. Lo hace mi madre, lo hacen las personas que no están interesadas en mi, y me da muchísmo miedo que lo haga el chico que me ha robado el aliento. No sé qué hacer, demonios. Ya estoy en el mismo punto en el que empecé, con las mismas lágrimas atoradas porque no sé siquiera si debería sacarlas. No sé qué hacer.

Una vez le pregunté al Rey Sol que cuál era el motivo para que un hombre siguiera siendo infiel, a lo que me respondió sin reparos: "¿que sea hombre?" No pues bonita la cosa me salió, digo, por ser mujer.

Entonces, ¿todos los hombres, de alguna u otra forma, hacen lo mismo?

domingo, 15 de agosto de 2010

Todo inicia, me haces falta.

Se acaba el fin de semana, yo regreso a mi casa, tu regresas a la tuya, como sea comenzamos un nuevo día el uno sin el otro, los ojos sin verse, la piel sin olerse, las ganas que se quedan allá, mi alma que sabe que anda con la tuya.

No está mal. A ti te espera la oficina, a mi me espera el Instituto. Todo vuelve a la marcha.

Mi vestido azul huele a tu cocina, y puedo identificar que al olorcillo maravilloso que se queda entre las cortinas. Mis botas de cordones se mojan por dentro, ¿por qué eso sucede justo cuando voy a verte, lo que te permite secarme los pies y ponerme otros calcetines?

Algunas de tus prendas se vienen conmigo, otras prefieren quedarse sobre mi piel como si siempre hubieran vivido ahí. Esos pantalones de mezclilla que ahora usaré con tacones de charol, y las zapatillas de lona que me encanta usar con tus pantalones deportivos y la sudadera color gris. Todo es tuyo, todo siento que es mío, ahora me hace sentir bien.

Y llego a discutir lo que verdaderamente no me compete. Llego a mi cama, perfectamente tendida, que parece como si fuera de cuarto de hotel, a inventarme cosas que hacer; a pensar qué me voy a poner mañana, cómo me voy a arreglar el pelo debajo de esta boina color púrpura que me regalaste hoy por la tarde.

Regreso a la maravillosa soledad de grillos que cantan detrás de las paredes, de un gato que me mira desde la esquina de mi tocador, o que camina y se echa a un lado de mi computadora. Vuelvo para revivir las líneas muertas que dejé, los textos a medias que tengo que terminar, los pendientes revueltos e interminables que siempre olvido cómo resolver.

Luego lunes, quizá martes, miércoles que vendrá, y jueves que me dará suerte para la Teoría de la Historia. El viernes, si tengo oportunidad, dormiré hasta tarde. Seguro el sábado, podré volverte a ver.

Carajo, es apenas el inicio, y ya me haces falta.

lunes, 9 de agosto de 2010

Podré estar en desacuerdo con todo lo que digas, pero defenderé hasta la muerte tu derecho de decirlo.

Voltaire.

domingo, 8 de agosto de 2010

Está conmigo.

Los ojos, ¿cómo son sus ojos? Los ojos de la Ciudad, me parece, que como los míos, son hundidos. Pero no, luego, de pronto, los miro como los suyos, claros, grisáceos, que a veces parecen profundos como el color del acero; duros como el color de la madera, esos marmoleados que no se deciden cómo ser, cómo sentirse, cómo mirarme desde lejos detrás de esos cristales ahumados.

Y así, la maravilla radica en que despierten junto a mi; en que de pronto estén mirándome mientras yo duermo, mientras no sé que están aquí.

Hoy, de repente, poco antes de meterme a bañar, se los vi de frente. Y aquí estaban, con esta maravillosa forma de almendra que cae hacia sus sienes, como si fueran una perla redonda, una canica de colores que quisiera atesorar tener.

Es cuando sucede. Me hago que no sé que me miran. Me transformo un poco altiva, sonriente, coqueta; disimulo que estoy mirándolo mientras me lavo el pelo, hago la cena y me tiro de los vellos.

Es cuando me doy cuenta que no sé qué forma tienen, pero que están conmigo.
Es entonces un maravilloso domingo.

lunes, 2 de agosto de 2010

Se invade mi cuerpo.

Salí de casa a las 8:45 horas. Me subí a su coche azul eléctrico y fuimos por el Starbucks de siempre. Nos reímos mucho. Mis ojos verdes tuvieron razón, él estaba más nervioso que yo. Antes, mi madre y yo comentamos las noticia de la mañana, hablamos sobre las dietas de sopa de col, me dio la bendición y nos despedimos.

Hoy, sin ponerse de acuerdo, mis padres me escribieron una carta en la que me dicen lo orgullosos que están de mi.

Hoy, sin haber amanecido juntos, ni cerca, ni haber sido lo primero que nuestros ojos vieron, mis ojos verdes me dijeron que me aman, que están enamorados de mi; y entonces todo sucede: el pelo se me acomoda maravillosamente, las crisis de estilo no tienen parte, las botas de pronto están boleadas, y la Ciudad se pone siempre de mi parte.

Decidí no hablar mucho, sólo lo suficiente. Era obvio que la mañana me pertenecía completa, con la ruta que yo eligiera, con los vendedores ambulantes sobre la Ribera de San Cosme, pero con una maravillosa vista de Paseo de la Reforma mientras la cruzo sobre Insurgentes, y con una sonrisa enorme de David Alfaro Siqueiros, cuando me guiña el ojo al pasar frente al Poliforum.

Hace ya un mes que me regalaron flores. Hace un mes ya que las puse en un florero de vidrio, en mi mesa de trabajo, y puedo asegurar que no han querido marchitarse.

Me marée un poco, de pronto fue asumir muchas responsabilidades de golpe, saberme oficialmente historiadora que busca un conocimiento para ser mejores. Me marée un poco, abrí una coca-cola light, y aún cuando mis amigos me invitaron a visitarlos para comer con ellos, decidí regresar a casa. Tengo un poco de sueño, todavía tengo mucho qué hacer.

Estoy feliz. Y en esta ocasión me faltan palabras para describir la sensación de tranquilidad y emoción que invade mi cuerpo.


domingo, 1 de agosto de 2010

JURAMENTO DE AUTOESTIMA

Venga, reconócelo Mariposa Tecknicolor, sin contar con tu hombre ideal, eres lo mejor que hay en la tierra. Es verdad que a veces te deprimes y no quieres hacer nada porque de pronto nada vale la pena, pero también hay que reconocer que el resto de las veces eres muy optimista, perfeccionista y dedicada. Nadie sabe investigar Historia como tu. Si ya lo dicen tus amigos, eres ejemplo de constancia y de buenos sentimientos. Y también lo dicen tus lectores: la Historia que escribes vale toda la pena. Por eso, a partir de hoy vas a dejar de torturarte por no vivir sola, y comenzarás a quererte por ser responsable, persistente, inteligente y amorosa. Y si alguien llega y te dice que eres una persona equivocada, dile que puede coger y largarse a la fregada.

miércoles, 28 de julio de 2010

Ciudad espejo

Cada que llueve, la Ciudad se transforma casi como me transformo yo todas las mañanas luego de tomar la primera ducha del día. A veces voy de carrera, algunas otras termino por despertarme, por ponerme lo primero que encuentro, por organizar mis cosas y untarme lo que salga de las botellitas altas y largas que tengo en el tocador.

Con la lluvia la Ciudad despierta, se transforma, avisa que algo mejor viene para acá, algo que todos no esperamos pero que nos esforzamos porque suceda. La Ciudad cambia, se viste de colores, se llena de grises y de azules magníficos que nos obligan a entrecerrar los ojos.

A la Ciudad le aparecen imperfecciones, se desespera. Intenta organizar lo que ya no tiene remedio, lo que se esfuerza a acomodar aún cuando no tiene sentido, cuando sabe que hay cosas que no van a cambiar, porque la gente no cambia, las personas nunca cambian.

A esta Ciudad le cuelgan cosas, se unta de lo primero que sale de los bolsillos de los demás, de los autos de los que sí pueden, de los bolsos de las personas que automáticamente saben lo que tienen que hacer pero nunca atinan a hacerlo a tiempo. Intentan reparar los hoyos, los baches, cada pedazo de pavimento que se desmorona, cada letrero que se cae, cada coladera que ya no sirve más. No siempre tiene remedio.

Las cremas de mis frasquitos no son mágicas, ni los pefumes carísimos que me regaló mi padre pueden hacer que este olor característico se me salga de la piel, que este suero que sale por mis poros deje de salir. No logran hacer que deje de oler a cuando estoy con él, a cuando está conmigo, a su ropa sobre mi cuerpo cuando sólo lo que traigo puesto de mi propiedad, es mi corazón.

El aerosol de la botella plateada no logra domesticar a mis cabellos rebeldes. La pasta del tubo de aluminio no puede hacer que mis canas desaparezcan. La espuma blanca de la botella gorda, no doblega a los rizos que siempre se quieren emancipar. El chapopote con grava, sobre el asfalto de mi Ciudad, no siempre la puede callar.

Estas máquinas que le pasan por encima de sus ejes viales, de las avenidas sin curso, de los circuitos que no avanzan más, y que al transitar aprovechan para succionarle las venas, el torrente acuoso que dicen que no se podrá llenar más, no siempre logran su objetivo. No pueden hacer que la Ciudad respire distinto, que aprenda a hacer cosas que no está diseñada para hacer.

El gel del tarro de plástico, este chaparro que tiene una tapa blanca, y que huele a romero combinado con éter, plátano macho y alguna otra hierba que se supone hará que mis pantalones talla siete me vuelvan a entrar, no es "milagroso" como se lee en la etiqueta. Mi piel es como es, mi cuerpo se siente libre, suave, eterno y sustancioso como debe ser. Ningún producto hará que deje de ser redonda, y quizá ni cien líneas de Metrobús harán que la gente se organice para transitar, para llegar a donde vayan, no lograrán que la gente llegue a la Ciudad a establecerse, no controlarán su crecimiento desmedido, como el gel "maravilloso" no hará que mis medidas me conviertan en talla cero, o en talla dos.

Quiero bailar, y ella baila conmigo. Los estilos son únicos, y el de ella también lo es. No se le puede pedir a la rubia que se vuelva morena, a la morena que de pronto no sea rellenita, o al infiel que nos vuelva a querer.

Finalmente en ella vive quien le aguanta el ritmo, quien cuya histeria puede doblegar a la de ella. Y asimismo se queda acá quien sabe cómo es como vivo, cuando el insomnio llega y no se quiere ir, cuando la ansiedad hace su acto de presencia. No se le puede pedir que sea una ciudad modelo o de primer mundo, cuando no está diseñada para eso, cuando no se tiene la suficiente infraestructura para convertirse en algo que no estamos acostumbrados a ser.

No voy a caber en un vestido talla cero, ni en un negligé talla dos. No voy a dedicarme de pronto a superficialidades, ni voy a hablar como si hubiera nacido ayer. Quise hacer de mi misma lo que soy, y no de pronto seré algo que no estás acostumbrado a ver.

martes, 27 de julio de 2010

Quizá extrañe mi larga cabellera.

Ahora entiendo cómo es que uno se puede enamorar de su mejor amigo. Ahora entiendo por qué hay amigos de toda la vida, que al llegar al punto en el que deciden compartir su vida, se deciden por hacerlo con el compañero o la compañera que ha estado a su lado por los últimos diez, quince o veinte años.

Ahora entiendo lo complicado que puede ser tener un cambio de vida radical, dejar de ser soltera para estar comprometida, dejar a tus amigos para conocer nuevas personas o a la familia política. Ahora entiendo por qué me siento así, porque siento como si no tuviera casa o no tuviera una mesa donde sentarme a comer; ahora me queda más clara esta sensación, de sentir como si el par de zapatos favorito no me quedara, como si mi café por las mañanas supiera diferente.

Creo que no había tenido antes conciencia de todo esto. Creo que es la primera vez que intento analizar la situación de convidar con otra persona.

Sigo -y seguiré- siendo la chica optimista ante el amor, ante los cambios y ante las cosas nuevas, supongo que eso no se me quitará. Aún cuando "la burra no era arisca, los palos así lo hicieron" es una realidad, todavía me aventuro a deshacerme de mi enorme melena para sentirme mejor, para mirarme desde otra perspectiva, como de pronto se comienza a mirar el camino de frente.

Quizá extrañe mi larga cabellera, quizá me sienta más feliz en unos días con el corto cabello que ahora adorna mi cabeza; y supongo que así también uno se aventura a enamorarse, a mirar la vida tomada desde la mano de alguien, a vivir acompañada a pesar de que la soledad se quede tan sola como ella misma.

El tiempo no se detiene, no regresa más. Los amigos aquí se quedan, somos los que estamos y con esto basta. Muchos cambios de estilo vendrán, muchas nuevas mañanas en diferentes camas, en distintas habitaciones, con sábanas nuevas o con las mismas de hace unos diez años, no importa. Se queda lo que se tiene que quedar, y en mi camino anda conmigo, quien poco a poco conoce mis pasos, mi ritmo, mi quehacer.

No importa si no es mi mejor amigo, quizá el tiempo mismo me lo sabrá decir. Tampoco importa si los caminos de pronto divergen y ya no podemos seguir el ritmo de otras personas, pero se sabe que allí estarán, que cerca o lejos seguirán al paso que llevaban, que teníamos, y que poco a poco otras personas se unen a la misma carrera.

Ahora entiendo cómo es que uno se puede enamorar de su mejor amigo, y entiendo por qué no pude enamorarme del mío.