domingo, 21 de noviembre de 2010

Lo que cuesta sacarse un 9.0

No sabes lo desmoralizada que me siento desde la última semana. Es como si a un panadero le dijeran que su masa de bolillos está mal hecha, que así no es, porque no nutre ni alimenta. Yo, sinceramente, he comenzado a considerar dedicarme a otra cosa que no sea a escribir historia. Escribir las tarjetas de felicitación para Hallmark, por ejemplo, o poner una boutique de zapatos, con estantes para vender también lentes de sol, bolsos y pañoletas.

No sé. Tanto qué hacer y tan poco tiempo. Tanto qué hacer y sin saber cómo realizarlo.

No soy una persona a la que le gusten los problemas, no suelo tener problemas, suelo resolverlos cada que se presentan. Y ahora mírame, tengo muchos problemas, y algunos que no sé de dónde vinieron. De todos éstos, ninguno es historiográfico. Ése es el verdadero problema.

Nunca me imaginé que la gente fuera tan intransigente. En parte ahora entiendo que los estudios de posgrado tengan tanta mala fama, tantas plazas "vendidas", bien "recomendadas", cucharas grandes que de pronto sirven y sirven sólo para una persona. Nunca imaginé que la gente fuera tan falta de tacto, tan falta de valores, egoísta, soberbia... ha habido veces en que me recuerdan a la actitud de María, y creo que eso es lo que me da tanta tristeza.

¿La verdad? Me siento profundamente decepcionada, triste y desilusionada. Por más que trabajo y por más que me esfuerzo, no es suficiente. Las cosas no son suficientes cuando las hago a mi manera. Estoy muy cansada. Si siempre me he portado como una dama, no me merezco que me traten así.

Ahora viene lo más difícil. Si no tengo plan B, ¿qué es lo que voy a hacer?

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