lunes, 31 de diciembre de 2012

Aquí voy.

Acabo de leer un mensaje que hoy por la tarde me dejó una de mis grandes amigas. No puedo parar de llorar de la emoción. Soy una mujer muy afortundada. Si hace un año me hubieran dicho que hoy las cosas iban a estar como están, no lo hubiera creído.
El 2012 estuvo lleno de retos importantísimos que llevé a cabo, perdí a una amiga que dejó un hueco muy profundo en mi corazón, pero también gané sentimientos puros y experiencias inigualables.
Durante el 2012 me empeñé en rodearme de personas que me enriquecieran el alma y el corazón, y lo logré.
Soy una mujer sumamente afortunada. Tuve la oportunidad de seguir adelante, crecer como ser humano y tomar buenas decisiones. Cerré los círculos que tenía pendientes. Alcancé los éxitos que me propuse y he seguido adelante sin rencor y mirando mi historia con mucho amor y reflexión. Tuve la oportunidad de aprender a vivir sin violencia y con sinceridad.
Muchas gracias a todas las personas que estuvieron conmigo, a mi familia, mamá, papá, hermanitas y sobrinos; a mis compañeras y mis guías en el CAVI; a mis lectores de tesis de Maestría; a mis colegas y amigos del Instituto Mora; a los amigos que hice durante mis viajes a Guanajuato; a mis amigos de la carrera; a mis amigas del alma que se convirtieron en mis hermanas; a los chicos del Starbucks que se volvieron mi familia; a las personas que conocí en la protesta; a los amores y cariños que Chaly me heredó; a los que conocí en mis fotos y a los que se cruzaron en mis hashtags...
Gracias por hacer de mi una chica feliz, plena y afortunada. Gracias por contribuir a que el 2012 haya sido un gran año. Gracias por caminar tomados de mi mano. Dios nos bendiga, siempre.

Que el 2013 nos llene de mucho amor y nos permita seguir agregando anécdotas a nuestra historia.
Gracias, gracias.

Los amo con todas mis fuerzas.
#SigoAdelante
#TodoEsPosible

viernes, 2 de noviembre de 2012

Yo sí se mañana.

De un tiempo a esta parte, no apoyo las reconciliaciones. No me gustan. Ya no era partidaria de ellas.
Hasta que, claro, vino una gran pelea. Y después de un par de semanas, varias charlas, tres acuerdos, dos comidas, una noche, y darnos cuenta que esto es verdadero amor, vino una gran reconciliación.
Pienso de pronto, que lo importante no es la pelea o si hay o no reconciliaciones, sino si la otra parte tiene un buen corazón.

De pronto me siento llena. Feliz. He aprendido mucho en estos tres meses.

No todo termina después de una gran pelea. No todas las personas van a rompernos el corazón. Sí se sabe acerca de mañana. Sí podemos decir lo que esperamos de la vida y del corazón, para aprender a compartirlo todo.
Me siento muy feliz.

Y definitivamente, no todos los hombres son iguales.

jueves, 11 de octubre de 2012

Otro día en el que cae la tarde y yo todavía no termino de escribir.
Que Dios me ampare esta noche, por favor. Tengo que terminar ya.

miércoles, 10 de octubre de 2012

Tesis pasadas, tesis presentes.

Después de mi examen profesional, comencé a demeritar en cierta forma, a mi trabajo de titulación. Mi tesis de pronto se mostraba ajena y lejana a mi. Hablar mal de mi tesis profesional era al mismo tiempo estar demeritándome a mi misma, siempre creyendo en el fondo que alguien iba a llegar "salvarme" o a decirme que yo y mi carrera sí valíamos la pena.

Casi tres años después, estoy terminando mi segunda investigación académica, una tesis de maestría que me ha costado muchísimo trabajo, pero que también ha sido satisfactoria.

Y de pronto, he tenido la necesidad de regresar a leer mi tesis profesional, y me he dado cuenta de que es un trabajo muy bien hecho, muy bien escrito y dirigido de manera excepcional. Ahorita, por ejemplo, me siento más perdida en el tema que cuando escribí esa tesis.

Y la tengo que acabar. Las tesis se terminan, caray, no pueden ser tesis eternamente presentes. Tienen un destino como todos nosotros, y ese es convertirse en objeto del pasado, en el mismo instante en el que se terminan de escribir.

martes, 9 de octubre de 2012

Martes nueve de octubre de 2012.
Apenas hace un día me ha caído el veinte de que el otoño me está enfriando las piernas todas las mañanas. Apenas me está cayendo el veinte de que el año está por terminarse, y el resto de los ciclos que quedan, están por cerrarse.

Me siento muy feliz por tener en mis manos las decisiones venideras. No puedo creer que por fin, dos años después, estoy terminando mi tesis de maestría. Tengo muchas preocupaciones encima, estoy muy cansada de todo esto y del jaleo del posgrado, de toda la competencia... pero ya nada importa porque estoy por terminar.

Es otoño y el viento revuelve mi cabello como si fuera las olas del mar.
Es otoño y estoy feliz, porque todo esto pronto va a acabar.

martes, 28 de agosto de 2012

Viva la vida

Hace un año viví una de las noches más angustiantes de toda mi vida.
Me alegro sobremanera de que todo eso haya quedado atrás, que haya podido tomar nuevas decisiones y haya podido salir adelante. Muchas gracias a toda mi gente, que se convirtió en mi red de apoyo para salir adelante. Gracias a mis hermanas, a mis amigas y amigos, a mis colegas, mis compañeras mujeres del Centro de Apoyo contra la Violencia Intrafamiliar, y a toda la gente que nunca dejó de confiar en mi.

Si hace un año me hubieran dicho que hoy las cosas iban a estar así, no lo hubiera creído; pero gracias a Dios la vida tomó otro camino y hoy soy muy feliz.

Di no a la violencia.
No más violencia contra las mujeres.
Mujer, no estás sola. Busca la otra forma de vivir. Sí es posible.

jueves, 16 de agosto de 2012

Con todo y miedo, vas.

A pesar de lo difícil que fue sobreponerme de mi última relación, ahora me alegro de haber contado con la ayuda que me brindaron para salir adelante. Gracias a eso, ahora puedo ver todo en un plano horizontal, un mapa completo, rompecabezas para armar, o digamos, las cartas sobre la mesa.

A pesar de lo difícil que es darse otra oportunidad para conocer, confiar y querer a otra persona, en esta ocasión me propuse intentarlo desde la génesis de un noviazgo. La primera cita, conocerse a través de una conversación. Cine, cena, abrazo de despedida. Llamada por teléfono antes de empezar el día. Mensaje a la hora de la comida. Llamada antes de ir a dormir. Fotografías. Nuevos recuerdos. Nuevos planes. Un nuevo proyecto.

Estoy ilusionada.

Es la primera vez en mi vida, a punto de cumplir 29 años, en la que pude explicarle claramente a un pretendiente qué es lo que espero de mi misma, de una relación, y de mis planes a futuro. Me entendió. Hablé alto y claro, sin pena, sin titubeos. Una noche antes de esa cita, estaba acostada en la cama dando vueltas, aterrada porque no sabía qué iba a pasar en la cita del día siguiente. Y con todo y miedo, me levanté por la mañana, me arreglé y estuve lista para que el chico pasara por mi. Con todo y miedo, fui. Me siento orgullosa de haberlo hecho.

No se sabe nada, pues, como en toda relación que inicia. No se sabe siquiera, si vamos a llegar a fin de año... pero eso no importa. Me siento viva, caray, bien viva. Con todo y miedo, lo estoy intentando y me estoy permitiendo vivir la experiencia de conocer a un chico como si fuera la primera vez.

Y en realidad es la primera vez. Primera vez que puedo expresarme así, frente a una persona que me propongo conocer, y confiar en él. Primera vez que pongo límites, que proyecto seguridad, y que logro mostrarme tal cual soy. Estoy contenta.

Es la primera vez que sin miedo, salgo a la calle tomada de la mano de un chico, sabiendo que mi corazón está tranquilo. Es la primera vez que no siento aquella ansiedad recorriéndome las manos, hacia los codos, los hombros y parte del cuello. Es la primera vez que me tomé el tiempo suficiente para pensar las cosas, para tomar decisiones y para elegir, sin esperar que eligieran por mi. Es la primera vez que le digo a alguien que me gusta, sin arrebatos ni impulsos.

Es la primera vez que me siento feliz, después de haber aprendido a vivir con el alma rota.

lunes, 30 de julio de 2012

Tengo todas las razones para seguir creyendo.
Tengo todas las fuerzas para que mis palabras sigan reflejando amor.
Tengo todo para salir adelante.

Debo rescatar este espacio, y quiero seguir leyendo.
Tengo todo para seguir escribiendo sobre esta histérica Ciudad.

miércoles, 20 de junio de 2012

Con fecha de caducidad.


Es como estar jugando a brincar la cuerda en la orilla del precipicio.
Tarde o temprano me voy a caer hacia el vacío.

¿Qué es el amor? Nadie está seguro de eso.
Y aquí vengo yo, a enamorarme hombre que tiene un encanto maravilloso, que me ha hecho entenderme a mi misma como nunca imaginé. Y todo está en nuestra contra: los estados civiles, los estados políticos, las fronteras geográficas, las delimitaciones religiosas e ideológicas… y aun así esto sucedió.

Destino, ahora realmente no creo en el destino. Mírame, me senté a tomar una copa de tinto en ese restaurante que se encuentra sobre un puente, y me encontró, literalmente el chico me encontró. Como dice la canción de Fito Páez, él no buscaba a nadie y me vio, buscando margaritas del mantel… Y toda una historia ha venido detrás de nosotros. Hemos dejado maravillosos recuerdos en cada una de las ciudades en las que hemos estado; hemos aprendido más en 25 días que en años de estar viviendo en las grandes capitales del mundo.

Y así, como si nada, se fue a un país del cono sur. Y yo, con todo y mis recuerdos, me quedé en la Ciudad de México, a donde pertenezco.

De pronto me veo envuelta en papeles viejos de 75 años de antigüedad, en periódicos que casi ni siquiera se pueden leer. Me veo metida en textos que tengo que terminar de escribir, pero que no quiero. Me veo metida en unos jeans talla 5, sin saber que bajé 3 tallas. Me veo frente a este espejo, escribiendo en el teclado como si me pagaran por ello… bueno, de hecho me pagan por ello; escribiendo en el teclado con todo el ánimo del mundo, por primera vez sé como acaba la historia, sé cómo debo de escribir, pero esta vez no quiero hacerlo.

Así pasan los días, y me lleno de buenas noticias. Las cosas se han puesto mucho mejor desde que me mudé de casa. Mis amigos se han convertido en mi verdadera familia. Ayer recibí el número del Boletín en el que me publicaron un artículo. Vine de regreso al lugar en donde toda la historia comenzó…

Y la mensajería llegó para dejarme regalos que el chico no puede venir a entregarme. Y su guardarropa se dispersa entre mis manos, dejándome camisetas de rayas azules que huelen a Old Spice, y que envuelven cartas de amor con letras de canciones en un idioma que no puedo comprender... ¿Cuál es el punto? Esto nació con fecha de caducidad. El plazo ya se cumplió, y todavía no llega la verdadera despedida.

Taxis, muchos taxis; Metrobús, Metro, camiones, Terminales de Autobuses, aviones, dos aeropuertos; un Autobús que te abraza mientras viajas, un coche que me sostiene al manejar. En la gran ciudad, todos los medios se han puesto de nuestra parte.
 

lunes, 21 de mayo de 2012

Pero a cambio...

Puede que haya habido muchas pérdidas, porque de hecho las hubo, pero también hubo ganancias y  maravillosas experiencias aprendidas. La vida me ha puesto en el camino a gente maravillosa, gente que me ha ayudado mucho más de lo que imaginé que alguien podía ayudarme.

Manejé la ruta de siempre, intentando engañar a mi cabeza, repitiéndome una y otra vez que no era la última vez que iba a manejar a ese destino.

De haber sabido que efectivamente, era la última vez que iba a manejar hacia allá, y de haber sabido que no iba a volver a amanecer en las entrañas de las ruinas de esta Ciudad, le hubiera tomado una foto al rayo de sol que se hace entre la rendija del edificio 11 a las nueve de la mañana y hasta las 9:10. Esa luz maravillosa que me hacía sentarme en medio de la cancha, en la banca terriblemente maltratada por los años y por la gente; la luz que me hacía calentarme la cara cuando más frío tuve el cuerpo. Era increíble ver como de edificios viejos, de concreto ahumado y roto, podía salir tanta cosa que me podía llenar de vida y hacer feliz.

Usualmente las mudanzas dejan pérdidas, olvidos, encargos... pero no ganancias. Bueno pues en esta última mudanza, gané una bicicleta elíptica, un lazo muy fuerte con mi hermana y una familia que se convirtió en mi protectora. Conocí a un señor que junto con su familia, se hizo cargo de todo sin pedirnos nada a cambio. Yo estaba en contra de perderlo todo, de dejar mis pertenencias y mis muebles en manos de un desconocido para no volver a saber de ellas jamás, pero finalmente entendí que son cosas que se ganan o se pierden, que se tienen o no se tienen. Mi hermana me hizo darme cuenta de que yo estoy bien, finalmente no me hace falta nada y no tengo ninguna cicatriz en el cuerpo que me haga recordar todo lo que pasó. Tuve que aprender a vivir con el alma rota, sin artículos materiales y con la mitad de mis efectos personales. Me siento terriblemente mal por haber olvidado mis botas color azul, esas también me duelen en el alma...

Puede que haya habido muchas pérdidas, pero a cambio me encontré a mi misma.
Ahora soy una persona muy feliz, perdí muchas cosas pero recuperé mi vida y la confianza en mi misma. Soy feliz de haberme decidido por la opción de seguir adelante.

sábado, 19 de mayo de 2012

Terminal 2

No creo en el destino. No creo que las cosas un día se hayan escrito, y estemos condenados a que así vayan a suceder. Creo firmemente en que cada uno de nosotros va buscando lo que desea, y va haciendo su historia acorde con las decisiones que toma o las oportunidades que deja pasar.

Estoy muy feliz. No estoy segura de qué fue lo que pasó para que yo estuviera ahorita, sentada en la sala del abordar, maleta en mano, esperando subirme a un avión en nombre de "todas las románticas del mundo", como lo dijo mi amiga Copo.

Sé perfectamente qué tuvo que suceder para tener una casa nueva, o tener una cama nueva... Sé qué tuvo que pasar para volver a estar con mis amigos, para regresar al bajío... Pero no estoy segura de como fue que comencé a hablar en otro idioma, de cómo le hice para seguir con esta seguridad tratando de masticar una lengua desconocida.

Blue jeans, tenis, foulard nuevo al cuello. El cabello plateado parece que va a volar; too much freedom for my hair. Café en mano, dona glaseada y labios color crema. Estoy en la Terminal 2, y esto apenas comienza.

Sí pude salir adelante. Sí pude encontrar otra forma de vivir.
Ahora soy muy feliz, y estoy orgullosa de mi misma.

jueves, 17 de mayo de 2012

Bueno, es del 79.
Por lo menos ya salí de mi propio vicio del año 1977.

Esto es cada vez más interesante.
Gracias a Dios, que la Ciudad ha venido a ser mi telón de fondo.
Esto sólo podía suceder aquí, yo sabía que no podía serle infiel a mi Ciudad...

jueves, 26 de abril de 2012

Esta vez es primavera.

Me quedé dormida pensando en ti, y afortunadamente soñé contigo. Entonces de pronto es como si en el corazón se prendieran unas cuantas velas, como si encendieran el calefón. Como si le dieran algo de esperanza a un condenado a muerte. Y te acordaste de mi, fue maravilloso entrar al local, formarme como cualquier persona, y de pronto ver tu cara de sorpresa cuando me viste allí, ¿pensaste que no iba a volver? Pues volví, y mejor que nunca.

Fue hoy, al mediodía, cuando comencé a sentir el calor de los papeles de hace 75 años, que me acordé que este viaje es idéntico al anterior, lo único que es diferente es mi corazón.

Estoy en la misma ciudad, en el mismo departamento, voy al mismo café, he frecuentado los mismos lugares para comer. Llegué a conversar con la misma gente. También llegué a trabajar con la misma gente, al mismo lugar, con los mismos papeles viejos que me marchitan las manos y me resecan el cabello. De pronto es como si el tiempo no hubiera pasado, como si todo fuera exactamente igual; como si el autobús hubiera viajado de regreso conmigo adentro, con todo y maleta, con todo y soledad.

Y entonces la gente intuye y comienza a esbozar preguntas, intenta articular argumentos y más y más preguntas... y entonces es una  maravilla no tener historia, no tener memoria y hacerse como si no hubiera pasado. Como si lo pasado, en efecto estuviera pasado. Y sonrío, me alboroto el cabello plateado y me cubro con mis raybans. Ni siquiera ha sido necesario decir mentiras o negar algo, simplemente hago uso de mi derecho a reservar mi opinión y a comunicarme. ¡Zip! Me quedo callada.

No hay motivo entonces para recordar la angustia que me invadió cuando supe que venía por mi. ¿Te acuerdas que llegué con él al café, en la penúltima noche que me quedaba acá? ¿Recuerdas su aspecto? ¿Recuerdas mis palabras entrecortadas? Que bueno que no. Yo me acordaba de ti, pero no de tu pelo largo, ni de tu complexión, y tampoco me acordaba de tu nombre. Hasta hoy por el mediodía me acordé que me hizo llorar frente a mi plato de enchiladas mineras, que nada le satisfizo, que la experiencia no le fue suficiente para despertar su capacidad de asombro.

Es incoherente e inaceptable que mi madre se ponga de su parte.

Y si no era el dinero, era que yo externaba las cosas que me hacían feliz, que me causaban placer o que simplemente me gustaba elegir. No puedo creer que llegué al punto tal de olvidarme de mi misma. Me alegra que la vez pasada no me hubieras pedido mi número de teléfono para salir, porque hubiera sido doble la pena.

Al parecer todo es igual, el viaje ha sido el mismo. Nada más pasaron nueve meses, viví trece días de juzgados, hice cinco mudanzas, perdi los muebles completos para poner una casa, olvidé un par de botas azules, me deshice de un vestido de novia, pasó un día biciesto, falleció mi mejor amiga; fui a la playa a revolcarme en las olas del mar, perdí ocho kilos, dejé de fumar, comencé a dormir de noche, tomé condición física, tuve un accidente, aprendí a vivir con el alma rota, me hice cargo de mi misma, le menté la madre al miedo, tuve el valor de seguir adelante. Tuvo que pasar todo esto, para que pudieras verme entrar  a la tienda con mi portafolios en el hombro y mi pelo alborotado, para que pudiéramos conversar una semana más, y pudiera yo ubicar mi domicilio conocido en el Jardín Unión.

Por eso me alegro muchísimo de haberme quedado dormida pensando en ti.

Todo es igual, el viaje ha sido el mismo. Lo único que cambió es que esta vez es primavera.

martes, 27 de marzo de 2012

115 días.

A lo mejor parece que no, pero vaya que me he esforzado para superar todo esto. Hoy que me animé a enviarle el mensaje "casual" a ese chico que me llama la atención, y que hemos sostenido una charla un poco atropellada por un chat, me estoy dando cuenta de que no tengo ánimo, ganas ni fe, para coquetear con un chico. De pronto pienso cosas como ¿y de qué vamos a hablar cuando nos veamos? ¿Qué le voy a contestar cuando me pregunte a qué me dedico? ¿Le parecerá aburrido?

Y mientras esos pensamientos se revuelcan en mi cabeza, mi estómago se hace nudo, se me duerme la mano derecha y mis ojos se llenan de lágrimas. Entonces no puedo seguir adelante. No puedo seguir enviando mensajitos, no puedo responder las llamadas, no puedo responder las palabras que debería responder para planear una cita... Simplemente no estoy lista.

¿Volveré alguna vez a ilusionarme por estar con una persona?

Sólo hay una compañía con la que me siento bien. Por eso le llamo para contarle las cosas que me pasan, la alegría que me da verlo, la felicidad que tengo al día siguiente de nuestros encuentros. No estoy segura de poder hacerlo con otra persona: subirme a su auto, dejarle mi bolso a un lado, dormirme plácidamente junto a él... confiarle ciegamente quien soy y lo que tengo.

115 días y tenía una sensación intensa por subirme a mi coche y manejar rumbo a la que era mi casa, a entierrarme con todo el polvo del andador principal, a enmohecerme entre las paredes de ese sucio departamento del sótano del edificio que se hunde. Y me aguanté. No tengo a donde volver, porque de lo que había ya no queda nada.

El tiempo está haciendo su labor, y me está pasando encima como agua limpia. Sólo que quisiera que por favor, se dignara a pasar un poco más aprisa.

lunes, 26 de marzo de 2012

Muy

Tanto odio, tanto amor y tantas cosas...

Yo creí que no todo estaba perdido. Tomándote de mi mano, con el corazón te digo que yo pensé que todo esto se iba a salvar y que ibamos a salir adelante.

Siempre he pensado que hay momentos en la vida que sólo se viven por algo, para tener alguna enseñanza o simplemente porque no había nada más que hacer. Que hay momentos en que se tienen que pasar como si fueran requisitos en una época, probablemente algunas crisis, o sobre pueblos enteros en forma de dictaduras militares o regímenes políticos que cumplen procesos. Hay personas que de igual forma llegan a nuestras vidas a hacer "mosca", a hacer que no pase nada, que perdamos el tiempo o que le saquemos todo el provecho posible.

Yo era muy feliz. Las imágenes pueden hablar de ello. Y ahora, cuando le cuento al Rey Sol como era mi vida en ese entonces, me doy cuenta de que no todo estaba perdido, y de que hice lo que pude, y de que el dolor se me ha dispersado a través de los acontecimientos.

Ahora puedo afirmar que la relación que viví fue Muy. Fue una relación muy corta, absolutamente pasional, sumamente amorosa, y totalmente falsa. Fue una relación violenta por naturaleza, agresiva por costumbre y conveniencia. Cariñosa a madres, porque vivíamos un círculo de violencia perfecto. Determinante. Envolvente.

A esta fecha, en la que puedo ver los últimos dos años como una película que pasa frente a mis ojos, y puedo ir y venir por la línea del tiempo a mi antojo, me doy cuenta de que aún cuando yo haya creído que las cosas podían salvarse, era imposible seguir viviendo de aquel modo. Todo dura hasta que se acaba, ¿o no? No hay mal que dure cien años, ni mujer cuerda que lo soporte.

***
Ayer fui a desayunar con mis amigas. Nos la pasamos de lujo. Y en uno de esos brincos de tema en tema, una de ellas me preguntó: ¿no habrá un hombre que repase al cien por ciento las cosas que nos gustan, y se las aprenda, para convertirse en una persona absolutamente compatible con nosotras? Hicimos una pausa. Le pregunté que si eso significaba no dejar nada al azar ni a la espontaneidad, me dijo que sí, que todo fuera premeditado, literalmente hacerse compatible a fuerza a una persona. Me quedé callada. Sí, eso fue lo que el hombre de los ojos verdes vino a hacerme a mi; en algún momento lo pensé pero no dudé, pensé que era increíble la forma en la que habíamos encajado.

Luego de la película de terror, de las pérdidas y del dolor, me doy cuenta de que no fue casualidad, sino que así planeó las cosas para que sucedieran. Era muy perfecto, muy lo máximo, muy increíble, muy, muy, muy... muy desolador.

Y así como llegó, me fui y se terminó. Yo le dije al Rey Sol que perdí todo lo que tenía, y el me respondió que no, que me quedé conmigo misma y aprendí a escuchar a mi cerebro.

Qué difíciles son los síndromes de abstinencia.

jueves, 15 de marzo de 2012

Una mañana cualquiera

Sólo fue una mañana simple, cualquiera.
Una mañana como siempre, en la que me desperté muy temprano, me alisté para salir de casa. Sin desayunar y sin un café en la panza, tomé mis libros, mi bolso de tela color morado que trae dentro años y años de documentos históricos. Tomé mi radio portátil, que no sirve, pero que viene conmigo para poder escribir con él. Me colgué en el hombro mi bolso color turquesa, tomé las llaves, y manejé directo al Instituto.

En el camino escuché las noticias, todas, comenzó la transmisión desde las 5:45, la música de Fito Páez no dejó de sonar porque en la estación de radio celebraron su cumpleaños. Fue una mañana cualquiera, en la que escuché a Fito mientras dilucidaba sobre qué poner en mi lista de prioridades del día. Fito sonó, yo soñé, la radio me entretuvo.

Llegué a la biblioteca pensando que debía regresarme para tomar el desayuno, y justo cuando me decidía para ordenar en el comedor, el Rey Sol, como si atravesara el éter de mi radio portátil a la silla que estaba junto a mi, se puso en contacto conmigo. Y después de hablar los minutos necesarios, y de tratar de convercernos el uno al otro de que debíamos quedarnos haciendo lo que cada quien estaba haciendo, nos decidimos a vernos.

Y entonces fue una mañana cualquiera, en la que caminamos pasillos de centros comerciales que todavía estaban cerrados y en la que hablamos sobre lo mucho que pueden alejarnos nuestros celulares con tanta tecnología a la mano. No es que no te quiera ver, le dije, sólo pasa que no lo tenía planeado. Tomé todas mis cosas de sobre la mesa de la biblioteca, empaqué literalmente mis historias y unas memorias usb; corrí hacia el coche, conduje, me estacioné junto a él. Fui a desayunar a un restaurante amarillo, justo antes de la persona que viera todo el horizonte color turquesa fuera yo misma, al acostarme junto a él.

Pedimos una mesa con dos sillas, me dejé el bolso en el auto y él se dejó puesta la camisa azul, que lo hacía verse muy guapo. No estamos seguros de cuánto tiempo pasó desde la última vez que compartimos el desayuno. Años, muchos años. ¿Te acuerdas cuando te ibas de pinta en la Universidad? Me dijo. Sí, me acuerdo. Generalmente eran los lunes, cuando yo tenía uno de esos seminarios que no se quieren cursar, porque definitivamente no se sabe para qué van a servir; entonces yo decía que iba a clase, y en realidad me subía al Metro para hacer un transbordo, y llegar a donde estaba él. ¿Y dónde estaba él? Esperándome, en pijama, metido entre las sábanas, a punto del segundo rato de sueño reparador, después de las siete de la mañana.

El tiempo pasó. Mucho tiempo, dejando pocas huellas. El tiempo pasó, y casi no nos dimos cuenta. Semestres que se terminan, autos que se destruyen, viajes que no regresan... Personas, otras personas que tampoco dejaron huella. Y entonces las mañanas seguían siendo como cualquiera. Yo bebiendo mucho café, él con un hambre atorada que a veces no quería salir. Periódicos, muchos periódicos de media página, color gris y color melón, siempre venían conmigo y yo se los leía en voz alta.

La Ciudad se ha encargado de regresarnos a los mismos sitios y de darnos algunos nuevos. El restaurante amarillo está en una zona que antes no hubiéramos frecuentado jamás, pero definitivamente los tiempos han cambiado.

Casi todo sigue como siempre, pero muchas otras cosas son nuevas para mi. En las noches a veces hace su presencia, se retoca, se acaricia la cabeza; no es que pueda verlo pero casi siempre puedo sentir su olor.

Y después de todas esas noches, y de cada uno de esos sueños, al día siguiente siempre es una mañana cualquiera. Café sin cigarrillo, radio sin despertador. Coche con gasolina, Ciudad congestionada. Periódicos, libros. Coches que se siguen hasta que encuentran el destino. Él y yo dejando a un lado lo deberes matutinos.

sábado, 25 de febrero de 2012

"La felicidad fue un lugar hermoso que hicimos juntos".

Era soltero el inventor del cinematógrafo.
--Cinemática, Germán List Arzubide.

Era soltero, y supongo que siempre lo fue, lo continuó siendo por voluntad propia. Yo era soltera y así me mantuve, me mantengo, y así seguiré por voluntad propia. Estoy hecha un capullo, enroscada en mi misma y sobre mi espalda, tengo que desenrollarme, y no tengo la menor idea de cómo se hace eso. Debo aprender, así como aprendí a comer todos los días.

Quiero acordarme cómo fue el día exacto en que lo conocí, justo allí, sentada en esa mesa raquítica de cuatro patas con cuatro sillas enormes. Pero entonces recuerdo solo eso, el lugar, la silla, el salón lleno de mesas, la gente caminando entre ellas, y nada más.

Ahora entiendo que no tiene sentido recordar los detalles, y que no tuvo sentido guardar en mi memoria cada una de las cosas que creí que me iban a poder servir en un futuro próximo. No fue así. Debí desechar todo, como finalmente sucedió, terminé perdiéndolo todo... hasta los recuerdos.

Es por eso que ahora quiero nuevas fotografías, quiero nuevos recuerdos y nuevos viajes. Es por eso que te vuelvo a ver, es por mi, es por nosotros, por lo que siempre hubo y por lo que ahora sé que habrá. No creas por favor que estás siendo sujeto de una artimaña maravillosa para sacarme a flote, no. Eres ahora lo que siempre has sido, que paro de llorar porque está saliendo el sol.

"No debí intentar, no debí pensar, no debí olvidarme, que el pasado irrumpe sin protección y sin presentarse"... Y sucedió, el lazo mágico que hemos creado volvió a brillar, y entonces los horarios se ponen de nuestra parte, y el 25 de febrero viene con recuerdos maravillosos. La salida del instituto que tiene sentido, unos estacionamientos que de pronto saben dónde encontrarnos, lugares silenciosos, mi música, la tuya, el disco que antes no podía escuchar porque le molestaba a mi compañero, la música... que nos ha permitido ser quienes somos, entre cuatro paredes con mesa o sin mesa, con mesero o sin mesero, con un par de cosmopolitans que me saben super bien.

Y pasan los días. No sé cuántos van, no me importa. Es mi amor, mi cariño, son mis sentimientos, te dije la última vez; que no me importa si no los quieren tomar en cuenta, pero son míos ¡carajo! Eso lo sé, y no me corresponde averiguar si las otras personas lo consideran o lo tiran a la basura. Eres tu y soy yo, y no me importa nada más en este momento. No sé qué es lo que va a pasar mañana, ni la semana entrante, ni siquiera si va a existir una próxima vez. Me importo yo, y me importas tu, pero nada más.

El pasado fue duro conmigo. El tiempo transcurrido me dejó moretones, y una enorme cicatriz en el alma que por fortuna no se ve. Sólo sé que me gustas más ahora que hace nueve años, y que me hiciste reír hoy más que la vez anterior. Sé que estoy contenta, que me alegra todo lo que está pasando, y que me da fuerza para seguir hacia la vida, y no en retrospectiva.

"No debí intentar, no debí pensar, no debí marcharme. Que el pasado irrumpe sin protección y sin presentarse". Tal y como lo hicimos tu y yo.

Me he propuesto muchas cosas, algunas no sé cómo le voy a hacer para llevarlas a cabo. Entre ellas, me propuse hacerme responsable de mis sentimientos. Por eso no quiero volver a desamarrar este lazo, porque es importante, y porque quizá no esté en mis manos determinar qué es lo que viene en el tiempo futuro. No es mi responsabilidad determinar si hemos de seguir o hemos de parar. Pero hoy, demonios eso sí lo sé, me siento muy feliz.

jueves, 9 de febrero de 2012

¡Gracias a Dios, a la vida...!
¡Gracias a mi y a ti!
¡Gracias a nosotros mismos que hemos zafado y anudado este lazo mágico que nos une, sin cortarlo!
Gracias que estás aquí, haciéndome reír.

viernes, 3 de febrero de 2012

La gente que no tiene afanes de dominio está en lo suyo, está resolviendo su vida material o afectiva y esta gente es mucha, siempre, en todos los tiempos. Los pueblos brincan, se rebelan, se van a la guerra, cuando hay que tirarr a un dictador o poner otro, pero luego quieren tratar de trabajar en lo que les gusta, buscan ser reconocidos en su comunidad, desean hacer el amor, distraerse con la televisión y comer sabroso.
Fátima Fernández Christlieb, La radio mexicana. Centro y regiones.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Sólo un televisor en casa.

La llamada de San Román me despertó. No me acuerdo muy bien qué día era, pero estaba muy cansada; seguía vestida como desde en la mañana, y al regresar a casa había ido derechito a dejarme caer boca abajo sobre mi cama.

San Román quería que lo acompañara a hacer unas compras y a tomar un café, le dije que sí pero le quería decir que no, estaba muy cansada. Luego me acordé que estaba vigente la campaña número uno del año de ofertas en un supermercado, y que bien podía aprovechar a hacer las compras de la semana. Así que me levanté, en lugar de ponerme otra vez los tacones me puse mis botas azules, me pinté los labios, y esperé que San Román pasara por mi.

Las compras fueron como todas las compras semanales, dar una visita rápida a las frutas y legumbres, pasar por queso panela, galletas integrales, un cuarto de jamón york, yogurt bajo en grasa, coca-cola light, quizá un par de red bulls para ponerme de buenas, y entonces pasar a dos de los departamentos que más me gustan en un supermercado: las revistas y la perfumería.

Tomé la revista Glamour edición española, la Vogue de México y el Hola para ir chismorreando mientras empujaba el carrito, e intenté investigar dónde estaba San Román, a quien le perdí los pasos justo cuando yo terminé de meter las espinacas y los jitomates en una bolsa de plástico. No tuve éxito.

El supermercado estaba hasta el tope de ofertas que abarrotan a la gente como en un lugar que regala alimentos o medicinas. Pero no, acá ofrecían unas promociones para enloquecer. Ese día estaban arrebatándose los dvd's y los cd's, y después supe que San Román entró en una discusión con un tipo que se estaba llevando el BluRay que él había sostenido por la última media hora. Yo una vez me peleé por la bota izquierda de un único par en toda la zapatería, yo tenía la derecha y una señora no quería soltar la izquierda. San Román lo hizo por una película, y yo me moría de risa.

Llegué al área donde estaban las ofertas de televisiones de pantalla plana, de lcd o de plasma, que hasta ese momento supe cuál era la diferencia entre una y otra; también observé, entre un mar de gente, las televisiones en 3D maravillosas, que hacían que me mareara más la pantalla por mirar los objetos fuera de ella, que los tacones que traje puestos esa mañana.

En uno de los pasillos, frente a una de esas televisiones, me idioticé frente al vídeo que allí estaba. Era una guapísima mujer cantando mientras caminaba y bailaba sobre una pasarela. Traía puesto un hermoso vestido de tafeta color verde botella, un corset completo, y un ensamble de cola, que propiamente hacía forma de vestido, por detrás. Los zapatos plateados de plataforma, me volvieron loca; no podían ser menos que unos Christian Louboutin.

San Román fue y vino entre los Bluray's y los televisores varias veces. Me veía de lejos. Pasó frente a mi, y yo recargada en mi carrito del super como si fuera toda una señora en miniatura, no le hice caso por estar mirando el vídeo de la chica rubia en la pasarela. Y cómo no me iba a quedar ahí, si la chica que cantaba se veía mucho más linda, atractiva y real, que el resto de las modelos para quienes estaba hecho ese desfile. Puede que no pueda dar una opinión exacta sobre estética, pero creéanme que de moda sí puedo hablar.

Dejé las compras, me acomodé el bolso en el espacio pequeño del carrito, perdí la cuenta de las veces que miré a la chica cantar en la televisión. San Román no pudo hacer más, que acercarse a donde yo estaba y ponerse a mirar a la chica en la pantalla gigante mientras cantaba y recorría el escenario con su vestido de cola color verde. A las quinientas, cuando los ojos comenzaron a llorarme, le dije "ya vámonos, que tengo sed". Nos reímos. Le dije que estaba fascinada con el tamaño en el que se veían las figuras humanas en esa pantalla. Los muslos de la chica se veían tán nítidos, que no era necesario adivinar que eran reales.

San Román y yo avanzamos a las cajas, pagamos nuestras compras, y abandonamos el lugar.

Más tarde me acordé entonces de por qué sólo tengo una televisión en casa, y por qué no está dentro de mi habitación. Crecí entre el periódico Novedades, El Día y la revista Vanidades, crecí escuchando la radio de mis abuelos y la de mi madre al despertar y mientras manejaba en el coche. Crecí creyendo que en las casas de las personas, sólo había un televisor que toda la familia veía al mismo tiempo, en la misma habitación, mientras compartían ese rato... tal y como sucedía en mi casa.

Me acordé también de cuando fuimos todos los chicos de la oficina a comer comida china, y volví a idiotizarme con la televisión que mostraba el noticiero de la tarde. Y no pude más que analizar, que en la casa del Rey Sol siempre había una reina que me miraba encendida, apagada, desnuda o vestida, dormida o de malas, de buenas o en ropa interior. Esa reina se llamaba televisión.

Podía yo idiotizarme con mis periódicos grises y de doble página, color melón o de letras color azul. Pero el Rey Sol veía su televisor con tal detenimiento, como yo miré repetirse el vídeo de la cantante rubia en la televisión del supermercado.

Primer día del mes.

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martes, 31 de enero de 2012

¿Quién te crees?

Yo voy a desafinar, es mi bien desafinar.
Pero es que me ofende tanta, tanta vulgaridad.
Fito Páez, Música para camaleones.

No tengo ni la menor idea de qué es lo que mueve a una persona para comenzar a escribir un blog; para leerlos, seguirlos y comentar, o simplemente para ser lectores anónimos. Conocí el mundo del blogger leyendo a mi amigo Presidente de la Nueva República de Babel y a mi amiga Copo, que se decía ser una víctima casi perfecta. De ahí conocí a personas maravillosas. A un lobo que era hermano de un monstruo. A una chica con un nombre pequeñito. A Lilith, cuyo relato de los preparativos de su boda me arrancaban de puritita emoción algunas cuantas lágrimas. Y entonces me puse de nombre Mariposa Tecknicolor, y empecé a escribir en este espacio para mitigar mi ansiedad, e iniciar un nuevo camino.

Tuve que haber hecho algo, que en realidad ahora no me acuerdo, para que personas gratas y no gratas de mi pasado, me hayan encontrado en la blogósfera y en el mar de información que emana de la internet. No estuvo mal, de hecho, que comenzaran a leerme. Pero tiempo después, mensajes anónimos comenzaron a llenar la bandeja de comentarios de este espacio.

No estaban mal. Algunos comentarios eran constructivos, otros hacían peticiones sobre temas para escribir, hubo algunos que hacían propuestas... Pero entre ellos, también dejaron comentarios ofensivos y agresivos; hubo personas que me pedían que de inmediato eliminara mi blog o que eliminara algunas entradas porque mi escritura estaba "llena de ficción, fuera de la realidad". Así también llegaron burlas, y descrédito para mis letras. Hubo tres personas que escribieron diciéndose llamar soltero tóxico, pidiéndome cuentas, preguntando quién me creía yo para haberles robado la identidad.

Me cansé de dar explicaciones. Llegó un momento en que me cansé. Quizá eso explique un poco el que me encuentre viviendo otra vez en el mismo lugar, escribiendo sobre mis rodillas, tratando de terminar un trabajo que pareciera que he estado escribiendo durante toda mi vida.

Nunca le di la importancia a esos comentarios de lectores nongratos. Nunca me senté a considerar que tal vez debería dejar de escribir en este blog, con este nombre y con esa foto en mi perfil.

Hubo muchos otros comentarios, muchas personas que construyeron estos relatos con su presencia y con su ausencia. Que con los paseos que me regalaban por la Ciudad, con sus días o con sus noches, llenaron mis ojos de dramas que me permitieron seguir escribiendo. Hubo personas, más de las que puedo mencionar aquí, que alimentaron el otoño para que yo pudiera seguir escribiendo en primavera.

Las calles siempre se ponían de mi parte. ¡Qué me importa si no querían que yo mencionara el lugar exacto de nuestros encuentros! Siempre había una esquina, algún semáforo que se ponía a mi favor con su luz color verde, u otro que jugaba a ser necio con su color rojo, que estaba de mi parte. No me importa que no hayas estado de acuerdo, tú o cualquier otro lector que por morbo, afición o simple ocio, se acercó a esta columna escrita con tanta agua entre las manos.

Hubo un lector, sólo uno, que me escribió diciéndome que era el Rey Sol. Imposible, ese al que tú llamas Rey Sol no existe, le respondí. De hecho lo sabrías, si realmente fueras el Rey Sol que protagoniza mis relatos; a menos que te digas ser Luis XIV de Francia, no hay ninguna posibilidad de que seas mi Rey Sol. Cerré el diálogo.

Durante algunas noches le di vuelta al asunto. El tiempo ya no me alcanzaba para serguir escribiendo como lo había hecho los años pasados, ahora mis prioridades habían cambiado, y de entrada había dejado de fumar y de dormir de día. La Ciudad se convirtió en mi domicilio, en lugar de ser una añorada utopía. El amor se convirtió en una cosa que desconocí, que me asustó y que me hizo correr más de una vez, por conveniencia.

¿Por qué entonces me habían pedido una explicación sobre un post del mes de agosto del 2009? ¿Por qué se atrevía a ponerse el nombre de uno de mis personajes, pidiéndome que eliminara el nombre de su mujer de mi relato? Comencé a enojarme. ¡¿Quién carajos te crees para decirme de qué puedo y no escribir?! -No se lo dije, pero lo pensé.

Tendrías que saber, mi estimado lector ignorante de la sociedad moral mexicana de la primera mitad del siglo XX, que Dolores García Téllez fue la organizadora del Movimiento Familiar Cristiano en Monterrey, y fundadora asimismo de la Unión Neoleonesa de Padres de Familia. De ahí viene el sarcarsmo con el que escribí ese texto. De ahí la burla que hice, a las amigas de mi madre, cuando me criticaron por continuar mi amistad con un maravilloso Rey Sol que nunca existió. También deberás saber, que Andrés Neuman es un escritor argentino, de padres músicos y criado en la península ibérica, con el que no me ha unido nada más que la afición y deleite que he encontrado en su novela. Y que mi amigo el Presidente, me ha llenado de más momentos memorables y felices que ninguna otra persona en esta demarcación, haciendo de sus charlas simplemente, un oasis en mi desierto.

Así, también deberás saber que la mayor parte del tiempo me he sentido marchita. Que hay veces en que estoy segura de que no me voy a volver a enamorar, y que entonces no podré volver a escribir del idílico romance que existía entre el Rey Sol y yo, y entre mi y los ojos azules, y entre un chico que vestía un traje casi perfecto que combinaba a la perfección con sus armoniosas manos. No podré volver a escribir de los solteros tóxicos, porque no pretendo volver a conocer a ninguno jamás.

Tendrás que saber que estoy enojada, molesta, y a veces llena de rabia, porque no podré volver a escribir de todas las cosas que me satisfacían, que me hacían feliz y que me llenaban de maravillosos recuerdos.

Hay veces en las que estoy cansada de seguir aprendiendo día a día, mes con mes. Ya no quiero seguir siendo punto de referencia, ni ninguna histérica histórica que se recuerda cada cosa que sucede como si de eso dependiera su propia vida. De nada significó, es verdad, que yo memorizara cada uno de los detalles que inundaron mis romances, mis relatos y mis encuentros.

Quise hacer de mi misma una escritora, y con mucha satisfacción afirmo que lo intenté. Y que hice de mi misma una mujer con un hábito maravilloso.

No te ofendas, pues, de que haya hecho o no aclaraciones pertinentes. Puedes, por supuesto, seguir acercándote a este espacio para reírte, entretenerte, o simplemente para mitigar tu ansiedad, como yo lo hice cuando decidí adoptar mi maravilloso nombre.

Café 24 horas.

Estoy en un café, sobre avenida Juárez, que abre las 24 horas. De hecho vengo del Starbucks que está sobre Ignacio Ramírez, entre Reforma y Antonio Caso, del que me acaban de correr porque ya pasan de las 23 horas.

Este lugar, que encontré abierto, con café fresco, cena saludable, y que abre las 24 horas, parece sacado de una película de ciencia ficción. Es muy común que en la Ciudad de México, la realidad supere a la ficción.

Está frente a mi, en la mesa a mi mano derecha, un travesti sin peluca, con uñas largas y pechos crecidos debajo de una sudadera color gris, leyéndole las cartas del tarot a un señor que al contrario del travesti, parece que no se ha lavado el cabello como en cuatro días. Es un tipo como cualquier otro, en un lugar peculiar.

Al fondo del salón, en una mesa entre los gabinetes y la ventana hacia la calle,  está un señor vestido de color azul, que se quedó profundamente dormido sobre un periódico doblado, frente a una taza de café y un vaso con agua.

El santaclós de pelo blanco, laaargo, descuidado, de piel tan rosada que me hace recordar a un lechón recién nacido, y cuyo aliento huele a alcohol de caña, se pasea por todo el lugar, entre las mesas.

Y yo, que tengo mi computadora abierta y pedí un café americano con crema, estoy intentando poner en marcha un plan de trabajo que me quitará de estos gustos de sentarme en los cafés por los próximos seis meses. Se supone que no debo decir que viene un "camino difícil" por recorrer, porque no hay caminos difíciles sino circunstancias distintas. Tengo mucho trabajo, y muchas cosas que olvidar.

lunes, 30 de enero de 2012

Un impulso que da lástima (y que me da vergüenza).

Como si fuera un cadáver dentro de una bolsa de plástico, colgado de un gancho en una habitación a la que no pertenece, yace el que iba a ser mi vestido de novia.

Durante mucho tiempo estuve posponiendo la situación, y ayer finalmente fui a recogerlo al taller de la diseñadora. Entré y lo vi allí colgado, en la pared del fondo. Ya no estaba puesto en el maniquí alto, como lo dejé cuando fui a verlo la última vez. Estaba dentro de la bolsa de plástico blanco, de cierre largo, y no quise revisarlo hasta que lo traje de vuelta a casa.

Es un vestido muy hermoso, strapless, con el talle salpicado de pedrería bordada y la falda ampona, llena de pliegues que me hacían ver como si flotara en una nube de raso color almendra. Es un vestido que compré inyectada por el impulso, tal y como acepté la propuesta de matrimonio en la acera de enfrente del antiguo edificio de la SCOP.

Así, he tenido el impulso de tirarlo a la basura.

Tuve el impulso de no ir a recogerlo nunca, pero mi mejor amiga me animó a hacerlo.

Tengo el impulso de echarme a llorar sobre él, para arruinarlo por completo, para limpiarme con él las lágrimas llenas de rímel waterproof que se derrite y del delineador color negro con el que llevo meses iluminándome los ojos. De limpiarme con él el pasado, de ponérmelo y meterme a bañar para sacarme todo lo malsano de adentro. Tengo el impulso de ponérmelo y subirme a mi coche, y manejar como loca por toda la ciudad, y mostrárselo a todo el mundo, para que las personas piensen "mira a esa pobre loca, manejando un Volkswagen vestida de novia, ha perdido la razón".

Quisiera ponérmelo y tirarme al mar, para perderme en la espuma como Alfonsina.

Quisiera tallarme los ojos hasta borrar mis pupilas, encender la radio para crear un mundo distinto, y entonces imaginar que traigo puesto el vestido de una reina, o que estoy esperando a mi hermana para que me lleve a una fiesta.

Tengo el impulso de arrancarlo de su percha, para que deje de ser parte de una farsa, para que me deje seguir adelante, y que de él sólo quede una fotografía en color sepia.


lunes, 23 de enero de 2012

Y de pronto sucedió lo inesperado: me vi en el espejo y me reconocí. Ahí estaba yo, justo en el lugar donde sabía que me iba a encontrar.

domingo, 15 de enero de 2012

Necesité de mucho valor para empacar mis cosas. Ahora no sé de donde sacar valor para desempacar.
Deshacer maletas significa haber llegado al destino, y yo estoy segura de que mi barco todavía no encuentra en donde encallar.
No me quiero establecer aquí, pero encontrar un departamento en esta ciudad es tan difícil como encontrar al amante perfecto.
¿Alguien tiene alguna sugerencia?

miércoles, 11 de enero de 2012

La semana pasada me robé una cuchara hermosa, redonda y brillante, de un restaurante al que fui a tomar una taza de ponche.
Creo que estoy regresando a ser yo misma, otra vez.