domingo, 29 de marzo de 2009

En la calle Independencia.

para la Papa frita Más guapa que cualquiera.

Si mal no recuerdo era jueves. Las cosas más felices han sucedido en jueves.

Cristina y yo nos fuimos al centro de la Ciudad muy temprano, casi desde la hora de la comida. Veríamos un gran concierto en el Teatro Metropólitan. Para mi era la cuarta vez con Fito Páez en vivo y para ella, la segunda.

Hicimos tiempo en la calle de Dolores y aprovechamos para comer comida china. Estábamos muy emocionadas por el concierto y un cuarto antes de las veinte caminamos hacia el Teatro.

Como la ocasión lo ameritaba, íbamos re guapas. Siempre un concierto es un gran acontecimiento para nosotras dos.

Cristina traía puestas una blusa negra y una chamarra de mezclilla, unos jeans pitillo, unos calentadores color negro por fuera de los pantalones cubriendo de la mitad de la pantorrilla hasta el empeine y el tacón de unos zapatos hermosísimos, de punta redonda y trabita, color negros también. El pelo se le veía de vértigo.

Yo traía mis jeans predilectos, las botas favoritas sobre los jeans, una camiseta y mi chamarra ajustada de pelo color café. Mi pelo iba suelto, y la sonrisa también.

Caminábamos ya sobre la calle Independencia, sacábamos los boletos de los bolsos, ibamos riéndonos e imaginando el siguiente encuentro cuando una esquina antes de llegar al Teatro se orilló un coche lleno de chicos, se detuvo y uno de ellos les gritó a los demás: "¿esas son las teiboleras? ¡¡entonces sí nos metemos al teibol!!"

Cristina y yo reventábamos a carcajadas mientras los chicos arrancaban el coche de nuevo entre chiflidos y piropos.

Quién hubiera sabido que caminar usando nuestros outfits por esas banquetas nos daría pinta de teiboleras. Cada que lo contamos reventamos en carcajadas una y otra vez.

Como todos los días, extraño mucho a mi hermana. Y la extraño un poquito más cuando quiero platicar las anécdotas de la Ciudad y no está ella para escucharlas.

Hoy leyendo una revista me acordé de cuando nos confudieron con teiboleras. Una de dos: o de plano si nos veíamos re bien o de a tiro nos caímos por el barranco sin fondo que se llama "fashion victim".

Qué más da. Lo bailado nadie nos lo quita, y la risa que traigo ahorita, tampoco.

Te amo hermanita.

sábado, 28 de marzo de 2009

Corazón en venta

Llegando al consultorio le llamé. Sentí de inmediato la alegría en su voz, me hizo sonreír. Quedó de regresarme la llamada en cinco minutos -que esta vez sí fueron cinco- y quedamos para tomar una copa.

Salí diez minutos antes de las diecinueve horas. Las dos cuadras cotidianas, paralelas a las Torres de Satélite, me parecieron más largas que de costumbre. El chico del sur de la Ciudad me esperaba en Polanco por ahí de las 19:45.

En la primera parte del trayecto el Periférico se puso de mi lado, pero pasando el Campo número 1, la cosa se puso fea. Me quedé bien dormida abrazada de mi bolso. Me despertó el ring ring del móvil que me avisaba que mi cita se había adelantado al lugar.

Casi pierdo la razón cuando de Conscripto a Legaria pasó media hora de camino. Me bajé del microbús y comencé a caminar, casi a correr. Crucé el periférico en Ejército Nacional y seguí caminando hasta que abordé el taxi que me llevó a Pabellón Polanco.

Llegó por mi espalda cuando buscaba la Glamour de España. Se veía muy bien. Traía puesto un traje gris y una camisa color blanco, ya se había quitado la corbata y no importaba, se veía muy bien. Quizá esto de no vernos tan seguido nos va, o quizá sólo era la alegría la que nos hacía vernos bien.

Nos dimos un abrazo y planeamos qué hacer. Yo quería entrar al cine, pero él no quería. Él quería tomar un café, pero yo no quise. Caminamos y nos encotramos de frente un restaurante bar. Lo acordamos y entramos, se registró para el bar, y bien porque desde un principio habíamos dicho que nos tomaríamos una copa.

Olvidar es divino...
Hablamos de tantas cosas, tan conocidas y tan diferentes. Omitimos algunos temas que antes solíamos tocar. Un rato después pidió una mesa en el restaurante y pasamos a cenar. Fue un gran detalle, luego de ser habitual sólo botanear en el bar.

Alli la conversacion cambió. Me habló de sus amigos, de lo que le gusta y lo que no, de su comida favorita y de sus pasatiempos predilectos. Por primera vez en mucho tiempo, sólo escuché. También fue la primera vez que sentí que conectábamos de diferente forma. Estuve muy contenta, lo pasamos muy bien.

Y es que es sorprendente cómo todos los corazones están en venta pero no se ofrecen de la misma manera.

Muchas otras citas y otros recuerdos tuvieron que invadirnos y desvanecérsenos para vernos así. Hemos cambiado muchísimo desde que nos conocimos y, para serles sincera, no pensé que una reunión de este tipo llegara tan pronto.

Y fuerte es la fuerza del destino.
Estábamos cansados. Al día siguiente él tenía que salir de la Ciudad y yo tenía que ir a trabajar.

Pidió la cuenta y me trajo de regreso a casa. Platicamos en el coche estacionado en mi banqueta poco más de media hora. A la hora de la despedida siempre salen todas las recomendaciones y bendiciones del mundo. Y nadie se fue del país, pero como nunca se sabe cuándo nos podremos volver a ver, tampoco está demás decir algunas palabras, dar algunas palmadas o procurarnos varias veces.

Puso el contador de kilómetros del tablero del coche en ceros para saber cuántos recorrería de regreso a casa. Me reí mucho, y bromeamos con que era como atravesar un estado entero. Se fue y yo entré a mi casa a aprovechar los latidos de mi corazón y a desear que mi muñeco vudú pudiera encontrarse.

Me quedé dormida muy rápido. Soñé muy lindo, profundo y nítido.

Hoy me desperté y el día fue notablemente bueno. Qué buena evidencia deja en mi rostro haber tenido una buena velada. Qué bien le hace a mi corazón salir de la vitrina aunque sea por un par de horas.

***

La hora de la tierra la pasé en la Facultad, viendo las estrellas. Había partido de fútbol así que se sentía buen ambiente familiar. La luna estaba linda, en esta fase que me fascina, cuando parece una gran sonrisa de gato. Cada vez fumo un poquitín más y estoy durmiendo mejor. Y tendría que ser al revés, dejar de fumar y dormir bien o seguir fumando y dormir mal, porque solía fumar cuando no podía dormir. Hoy espero que esas costumbres se me quiten pronto y que no se vuelva normal dormir unas 3 horas y media al día. Estoy muy contenta.

viernes, 27 de marzo de 2009

Líneas paralelas

No aprendo tarde, más bien me resisto a hacerlo así como algunas veces me he resistido a creer en vidas pasadas.
Estoy escribiendo en un seis ventanas al mismo tiempo. Parece que todo va saliendo bien. Estamos hablando de vidas pasadas, de vacaciones de verano, de nacionalismo mexicano, de canciones de Fito, de la reorganización política después de la Revolución Mexicana y de esto, de mi blog.

Los años pasaron, vos y yo sabemos que hay algo alli.
Hay que tener cuidado con lo que se desea. Me da cierto coraje verme un tanto fría, no soy indiferente y sin embargo parezco indiferente. En un montón de líneas formadas una tras otra, llegará un momento que dejarán de ser paralelas. Hay líneas que van al mismo ritmo, que continúan para la misma dirección o que vienen del mismo punto.

Algunos procesos históricos son más fáciles de comprender si se les ve como líneas paralelas aunque no se recomienda porque suele causar confusión. Cuando hacía historiografía, me sentía tentada a hacer una lista de líneas paralelas pero nunca lo hice. Las líneas paralelas las hice en otros contextos, en la vida diaria por ejemplo; en historias de familias, de herencias emocionales y en amores repetidos. De amantes que no se pueden encontrar, de perfectas parejas que no saben que lo son.

Esta noche, después de muchos años de haber comenzado a escribir así, me estoy dando cuenta que mi línea paralela ha comenzado a chocar con otra.
Por eso la conversación de vidas pasadas, de almas viejas, de demasiada -o no suficiente- experiencia. Y entonces no soy una piedra... al contrario, tal vez he sentido demasiado.

Cuando menos te lo esperas, aparece de entre las aceras.
Había visto sus fotos, había escuchado su voz. Sin embargo, no le reconocería. Muchas avenidas, demasiadas luces encendidas y unos tres taxis nos aproximarían. Ese día trajo muchas respuestas, (el nombre del taxista aquel), las confesiones de tres desconocidas y el currículum del hombre en común; un concierto al aire libre... más respuestas y luego llegó él.
Mi patética escena se desvaneció. No me gusta pensar que las personas vienen a salvar a otras, pero debo admitir que algunas veces así sucede. El chico vino a salvarme de una de buró y de otra conversación con mis pies.

Me encanta recordar. Me encanta recordar también que estaba una vez más en el Starcoffee, en esta colonia que me gusta tanto. El mesero tenía un gripón de terror y me preguntó si era yo la amiga de Uriel; le dije que sí y le pregunté por él. Comenzamos una conversación. Como dijera Ornelas: de pronto apareció de entre las aceras, mi chico apareció. No sé si sabía que estaría allí, algunas veces siento como si supiera cada cosa que pasa por mi cabeza...
Nos dimos un gran abrazo, le gustó mi perfume. Cada uno hizo sus cosas. Me gusta la compañía, me gusta estar con él en silencio. De hecho no sé cómo es de otra manera, así me gusta. No necesito demasiados detalles para saber que así estaría con él.

Un poco de tristeza não tem fim, un poco de felicidade sim
Y tampoco necesito muchas calles para construir el perfecto encuentro con él. A pesar de haber tenido muchas oportunidades, y de haberme resistido a un nuevo chico, comencé a entender que mi línea y la suya se han comenzado a hacer perpendiculares. Y ya no me ocupo más: mi alma debe ser un tanto vieja, eso me ha traído cosas buenas.
Lo dijimos bien clarito: las mejores cosas llegan para el que sabe esperar.

Espero poder dormir.
Que sueñes lindo.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Historias de kilómetros

Todo el tiempo estuvo allí, allí cerquitita y yo no me di cuenta. Todo el tiempo pude verlo u olerlo, pude haberlo sentido si hubiera querido y no me di cuenta.
No me es suficiente soñar con él. He vuelto a fumar y a prender velas como cuando no sabía que existía. Ahora que lo sé, ahora que lo conozco de un día, ahora no puedo dejar de pensar en él.
Hacía mucho que no lo veía entrar así, con el pelo rojizo echado para atrás, recién bañado, apurado, enfundado en el traje de jefe autoritario. Llegó -como siempre lo hace- mientras yo estaba frente al chico que me vió salir de su bañera la última vez. Entonces me doy cuenta que no es tal malo recordarlo todo. La visita, el reencuentro, la bañera, su pelo en una gorra de hule; las risas y después el amor. El amor que hizo que después no fuera nada igual. El amor que hizo que conociera al chico que ahora se sentaba frente a mi. ¿Habrá recordado en dónde me había visto? Hubiera sido ridículo. Los años pasan por nuestros cuerpos y las memorias se empolvan y se saturan de cosas que no tienen importancia. Ojalá no me haya registrado.
Ojalá no hubiera sabido dónde dar con él.

Y ahora que puedo dormir como bendita y que no me interesaba propiciar el encuentro, justo ahora fue que sucedió. Sigo soñando con él, sigo pensando en la ropa que trae puesta (en el perfume que recuerda que yo no registré), en el poco cabello que le queda, en el niño que no he podido conocer... y me llegan historias de kilómetros al subconsciente que me obligan a vivir dos vidas de una vez, y por fin me quedo dormida pensando en el lugar que vivo con él, en su ausencia y en el pasado que -no me di cuenta- pudo suceder.
Los chicos hacen preguntas y el cartero entrega la correspondencia. Y mis dedos obedecen ciegamente a mi cabeza.

Me siento bien.

lunes, 23 de marzo de 2009

En mi nariz

Parezco Rodolfo el reno. Con todas las cosas que me gustan y no de la primavera, encima me dio gripa otra vez.
Ahora se supone que quizá no sea gripa sino una mega alergia al cambio de temperatura, al polvo y al polen (también pienso que a la estupidez). Chale y yo que pensaba revolcarme en la hierbita pensando en el chico que ahora me acompaña en mis sueños. Ni modo. Hace calorcito pero también hace airecito frío.

Tengo mil cosas que hacer. Tengo que entregar el artículo en ocho días, el capítulo en quince y encima tengo que hacer unas compras, no me alcanza el tiempo. A partir de hoy tengo que organizarme en función de mi horario de la tarde. Presiento que Clío está regresando poco a poco, pero de noche. Justo ahora cuando he comenzado a dormir bien.
Mi carnalita oaxaqueña ya me estaría encomendando a San Martín Caballero, a ver si su caballo hace que me alcance el tiempo.
Me uuuurge un vodka tonic (o mínimamente un antihistamínico).

Feliz semana.

sábado, 21 de marzo de 2009

Primavera, sólo primavera

Oficialmente la primavera entró ayer por la mañana.
Oficialmente me siento diferente, no te quiero ver y quizá desde hace mucho que no he querido. No sé porqué no me he acostumbrado a que las cosas sean así, insisto. Yo me histerizo, sabes que lo hago, sabes que algunas veces me pasa que pierdo el control (a todos nos pasa) y que comienzo a llorar (eso ya no tan seguido) y que no confío en nadie y entonces es cuando te llamo por teléfono y te quiero decir que no te quiero ver más y no me atrevo, que no soporto escuchar la voz de tu mujer detrás de tu propia voz (diciendo que me cuelgues de una vez) y que es injusto que no estemos juntos.

La primavera llegó. Así como el otoño me recordó que hacía un tiempo habían luchado por mi, la primavera me susurra que es mejor estar así. La gente no cambia, nunca cambia. Y yo, por el contrario, me esforcé porque las cosas funcionaran. Las personas a lado mío supieron valorar mi esfuerzo, mi carácter, pero comenzó a hacerse todo un tatuaje falso que se cae. Con lo mucho que odio los tatuajes falsos. Con lo mucho que odio los domingos. Con lo mucho que odio que te guste el drama. Con lo mucho que odio que me llames a escondidas y que creas que puedo confiar en ti, que me das tu palabra, que me juegas al revés, que no hablas de mi y que me haces creer que me quieres. Y no sé si me quieres. Y no sé si podrás estar sin mi.

Y en el fondo siento que no me conoces, que no me sabes nada pero ah qué bien te salía jugar al moralista. Y todos se hacen moralistas y hablan de ética y formación cívica y de buenas costumbres y de excelentes relaciones y de conocer maridos y de familias ideales... Encima tu mujer cree tener la familia del siglo, la que no se equivoca, la que toma buenas decisiones, la que no se emborracha ni tiene deslices, la que no fuma, la que tiene buenos oficios y profesiones... la que debió haber sido sin tener que haberte tenido casado.

La maldita primavera me hace escupirlo todo de una vez. Porque me da calor, porque me arde la piel de la cara, porque no puedo usar mis guantes de piel, porque mi liguero no aparece, porque las medias color piel me pican los muslos, porque se me hinchan los tobillos, porque necesitaba este exorcismo.
Porque tus gritos por una estupidez me taladraron los oídos. Porque no soporto que no me crean que no eres un santo.
Porque la puta Ciudad me pone bien tal como es, y no entienden que así me queda.

Un frapuchino de té verde me reconcilió con la cafetería. Los hotpants de mezclilla van bien con las botas altas, y los ojos del chico sobre mi piel ámbar.
Quizá nada cambie. Quizá me deba acostumbrar. Pero me acabo de dar cuenta que es lindo comprender que no estoy del todo acostumbrada. Sería darme por vencida. Y estoy lista para muchas cosas, pero no para tirar la toalla.

viernes, 20 de marzo de 2009

Gané, ¡les gané!

Me lo van a pagar, me van a reembolsar el valor de mi coche. Por fin la aseguradora me avisó hoy en la tarde que el asunto se resolvió a mi favor.
Ahora a reunir los documentos y comenzar los trámites.

Debería estar celebrando, pero al contrario estoy en casa leyendo las noticias y corrigiendo un aparato crítico.
Siento un ligero sueñito que me está llegando. No lo dejaré escapar.

Sigo contenta.

jueves, 19 de marzo de 2009

Sin más

Estoy notablemente contenta. Las cosas siguen igual: la bronca con el seguro del coche no se resuelve, los proyectos no fluyen y encima me enteré de que el escándalo del ex secretario de comunicaciones y transportes hizo que un proyecto no fuera aprobado. En la casa... siempre la misma canción: sigo yendo todas las mañanas al mismo café con el mismo compañero, a veces me quedo a escribir, otras veces voy a la Facultad. Poco a poco me estoy sintiendo tranquila y más como los meses anteriores. San Román cree que en poco tiempo estaré en onda, no en vano ha intentado tirarme un cable a tierra muchas veces.

Estoy consciente de que la mayor parte de las veces soy un tanto gris, triste y nostálgica; sin embargo, no siempre me pasan cosas malas. El 2009 ha sido muy duro y me ha pasado algunas facturas, Copo dice que todo pasará... y siento que ya está pasando.

Los días han estado buenos. El finde sensacional, conocí a personas fuera de serie y estuve muy contenta. Quizá sea eso, que el "de buenas" me ha durado más que de costumbre.
He dormido poco y mal y ayer poco y bien. Supongo que me debo acostumbrar.
Literalmente estoy escribiendo por encargo, el artículo deberá estar listo el miércoles que entra y el último capítulo más pronto de lo que puedo planear.
Volví a fumar. He tomado mucho más café del que es mi límite y por fin comencé a tener buen apetito. A Maricarmen a veces se le va la mano y echa sus pedradotas porque odia su complexión y no estará contenta hasta que baje unos ocho kilos, pero a mi ya no me interesa. Más bien me preocupan mis ojeras y la piel seca.

Y entonces me preocupo de neta: en la cirugía ambulatoria que no debo posponer, en el check up semestral y en el asunto del coche, again. En lo que escribo que no puedo terminar, en Clío que no quiere volver y en mi corazón que poco a poco ha vuelto a respirar. Y ya no quiero que sea esto, el subibaja insomne que quita y da estrés. Mauricio hizo re bien su trabajo, por mi parte no quedé mal, simplemente debo recordar...

Cristina me envió una tarjeta desde Lake Park, simplemente quiso hacer lo que me hacía acá: llenarme de risas y de amor. Lo logró re bien, reí a carcajadas y luego abracé la tarjeta. La extraño tanto y la siento tan cerquita... Y la sangre es tan cabrona que parece que literalmente estamos conectadas, entonces sentimos lo mismo y supongo que las líneas se deben iluminar.

Hoy estoy contenta. Notablemente contenta.

miércoles, 18 de marzo de 2009

De la Puerta de los Leones a la Fuente de Petróleos

La luz del sol atraviesa las copas de los árboles del Paseo de la Reforma. De repente, me obligó a dejar de leer para voltear hacia arriba. Intenté ver al fondo el cielo azul, que estaba limpio y lleno de nubes voluptuosas y espesas.
Que bueno que para ver ese escenario haya tenido que levantar la cabeza.

martes, 17 de marzo de 2009

Novedosa soledad

La semana pasada desayuné con Janis. Entre tanta plática, hablamos de los proyectos futuros y del amor. El primer tema duró un par de horas: propuestas, oportunidades, cambios de giro. El segundo tema se comenzó a agotar. Terminé diciéndole: "no me importa si estoy perdiendo la esperanza o se me está acabando la fe".

Hoy fue la primera noche, después de muchos meses, en que me recosté tranquila a leer un libro de obsequio. En mi cumpleaños pasado, mi padre me regaló La Tregua de Mario Benedetti, y no lo había empezado a leer por mi afán de no buscarme distracciones. Lo encontré entre mis demás libros y me animé a leerlo después de descubrir la dedicatoria que mi padre escribió en la primera hoja. "Finalmente es mi padre -pensé- y me conoce bien".

Casi lo devoré. El gusto me duró cinco días. La mágica soledad que me regaló el cambio de decoración de mi habitación me ha hecho inundarme de letras y me ha parecido novedosa, diferente y agradable.
Hacía fácil unos cinco años que no leía a Benedetti. A veces me hacen enojar algunos juicios que hace (no es mentiroso, es escritor) pero en general me pone bien. Luego comprendo que estoy reaccionando justo como él hubo querido que reaccionara, y cuando me sitúo en el lugar social de enunciación del personaje y de él todo es miel sobre hojuelas.

La mágica soledad de madrugada me hizo encender la vela otra vez. Creo que no la he perdido toda. La soledad me ha hecho encender la velita de fe.
Me acompaña el último concierto de Fito. Olvidé decirte que en el fondo del bolsito de papel que olía a humedad había una cuchara de plata, la encontré llegando a casa. Luego entonces, esa fue la ocasión especial.

...la misma calle, el mismo bar,
nada te importa en la Ciudad si nadie espera.

sábado, 14 de marzo de 2009

En el andén (todavía).

La camisa violeta se supone que sería para ocasiones especiales.
Suponiendo que así fue, ¿cuál fue para él la ocasión memorable? ¿Una probable reconciliación o la formal despedida?

Reencuentro o despedida ¿qué hubiera construido una leyenda?

En el andén.

No hizo falta la pastilla borramemoria porque poco a poco las imágenes se me han desimpregnado de la memoria como los aromas de la piel.

La última vez que lo vi fue a causa de fuerza mayor porque me era necesario recuperar un documento que olvidé en su departamento. Nos encontramos en el Auditorio Nacional como es mi costumbre, pero esta vez (a diferencia de mis últimos prospectos) el encuentro no fue agradable.
Se veía mal: muy subido de peso, con el pelo largo, la barba muy crecida, los ojos bien chiquitos detrás de las enormes gafas y los dientes amarillísimos. No olía mal a pesar de verse desaliñado, pero tampoco era agradable a la vista.

Me preguntó cómo estaba y para qué necesitaba el documento. No le dí razón alguna. Ni siquiera me preocupé en echarle una mentira. Me entregó un bolso de papel que olía a humedad y pesaba mucho, lo que me causó extrañeza porque los papeles no pesan. El bolso traía una pijama mía -que no recordaba que existiera-, un cargador de celular y tres botellas de loción de lavanda que nunca quise y que fueron un regalo de su hermano y su cuñada; cuando salí de su departamento la última vez le dije que me llevaba lo mío, no lo que quería ser mío. Y ahora, en el bolsito, las botellas estas de gel de ducha, loción corporal y loción de tocador, fueron más insoportables que la primera vez.

Mientras las metía a su chamarra a como diera lugar, hice dos llamadas y luego le dije "me voy hacia el metro ¿vienes o te quedas?" Sin responderme caminó junto a mi. Y entonces me dio un poco de lástima verlo mal, sin saber si era verdad su situación o estaba fingiendo. Caminamos al metro, bajamos todas las escaleras para llegar al andén y nos separamos. "Bueno pues, muchas gracias", "Cuídate, deseo que estés bien" -me contestó. Subí entonces las escaleras para cambiar de dirección (él iba a Barranca del Muerto, yo hacia el Rosario) y sin pensar en más caminé hasta el principio del andén.

Los trenes de la línea 7 del Metro de la Ciudad de México tardan mucho en pasar, siempre es lo mismo. Es una línea relativamente corta, que comunica al poniente de la capital combinando muchas conexiones en poca distancia. Cuando tuvo que suceder, el tren llegó con el pitido que anuncia que estará deteniéndose en unos momentos en la estación. Subí entonces la mirada y lo vi: parado frente a mi del otro lado de las vías, en el andén contrario; con las piernas abiertas y los brazos a los lados; con el pelo sobre la cara cubriéndole los ojitos entrecerrados y entonces sin esperarlo capté una señal: traía puesta la camisa color violeta que le regalé, la que sólo usaría para ocasiones especiales.

El mismo error...
Procuro no cometerlo dos veces. En un instante sucedieron muchas cosas; lo miré una vez más y justo cuando el tren se paró frente a mi, el tren de su lado llegó a la estación. Abordé, me recargué en una agarradera y lo vi. Cuando intentaba despedirse con su mano los trenes iniciaron marcha.

La ciudad es noble, pero también es cruel. Me llevo bien con ella porque me cubre, me protege y a veces me echa la mano. También nos caemos bien porque nos decimos la verdad. Esta verdad era que yo no lo quería volver a ver.

No es la primera vez que hago historia en un andén. Una vez memorable fue cuando iba rumbo a la casa del Rey Sol, de mañana, a ponerlo bien, a ponerme de buenas, a echar en marcha al amor. Tiempo después, con diversas reglas de honor, otras personas intentaron conectarme sin éxito. Y luego tuvieron parte las historias tristes y de terror. Y luego la historia cotidiana, la misma que me fastidia cuando tengo que caminar hasta la letra K en Cuatro Caminos. Así es, así debió haber sido.

Otro juego.
Y en contra de todo mi itinerario, tuve que presentarme en mi antiguo Colegio. Antiguo para mi, actual para mi sobrino. Mi hermana no estuvo en la Ciudad, así que estos días estuve a cargo del niño, de su casa, de un perrito chihuahueño, el coche y tres tamagotchis. Fui a recoger a mi hijo postizo a la escuela y lo acompañé en el entrenamiento de volibol. Me divertí de lo lindo recordando mis años en aquella escuela, a mis amigos y a mis profesores. Me dio gusto comprender, que de alguna manera cuando uno es chico y va al colegio, también es libre.

Platiqué un largo rato con Mario el paletero, me comí una paleta de arroz y luego compartí una congelada de rompope con mi sobrino. Mario me preguntó muchas cosas, intentando ponerse al corriente de mi vida pasados diez, quince o veinte años. Hicimos muchas cuentas, contamos muchas anécdotas y pronunciamos nuevos personajes.
Entonces recordé la despedida del andén. Te prometo que yo no quería, no quería acordarme más de ese día, ni de él, ni del departamento. Como no quiere la cosa acepté que así tiene que ser: de pronto hay momentos en los que uno recuerda, recrea y sana. Esta vez fue el estimado paletero quien jugó el papel de exorcista.

Y dale, que está bien.
Qué más dá si mi corazón vuelve a sentirse como esponja seca, igual las lágrimas no han logrado salir.
Haber estado con mi sobrino me puso bien. He dormido poco (lo que no es novedad), comido mal y compartí en los partidos de volibol de hoy por la mañana. Estuve contenta y me reí mucho.

Hoy, al salir del CDI luego de los partidos, me quedé mirando a unas niñas un par de años mayores que mi sobrino. Una iba de la mano de otro chico, él la abrazaba contra su costado y le acariciaba el pelo; la otra la miraba y mientras le contaba de un tal Luis.
Dos preguntas me llegaron a la cabeza: ¿qué tenemos en la cabeza para comenzar a salir con chicos siendo tan pequeñas aún? ¿Qué ganas o qué ideas pasaban por nuestras cabezas a esa edad para sentirnos atraídas por un chico? Cogí mi bolso, el equipo del voli, la mochila y mi suéter, volteé a ver a las chicas por última vez y sonreí, no pude evitar decirme a mí misma: No saben lo que les espera.

Feliz y reflexivo fin de semana.

jueves, 12 de marzo de 2009

Mojada

Tronó el cielo como si fuera a llover. Me dieron unas ganas inmesas de salir a mojarme ¿quieres venir a mojarte conmigo?

lunes, 9 de marzo de 2009

Quiero inundarme de amor

Me siento como si la gente a mi alrededor creyera que no sé lo que significa pecado. Ahora resulta que todos son moralistas, y encima se creen con el derecho de decirte lo que debes hacer.
El otro día escribí que cuando las palabras me salen directas de la cabeza, tal como las pienso, me da una especie de cruda moral y el Rey Sol dice que de alguna manera tengo que comprender que mi carácter y las preguntas -así como las respuestas que hago- han cambiado. Me tengo que tener paciencia para no sentirme mal, al fin y al cabo no suelo ofender a la gente.
Pero cómo me hacen enojar cuando desacreditan mi profesión o los estudios de humanidades. Primero me quedo muda (lo que es muy raro) y luego me da mucho coraje. El problema -o la ventaja- entre mi padre y yo es que no somos padre e hija, más bien somos amigos y entonces nos portamos re bien como grandes amigos y después se acuerda de que soy su hija y me dice que hay cosas que "no debieron haber sido". Ahí ya no me cuadró, porque si yo respeto que me trate por abajo del agua, de a escondidas, de a "te estoy llamando de carrera" cuando escucho el eco de que me llama desde el baño... ¿me lo merezco?
Yo sólo quiero llenarme de amor y he comenzado por mí misma, lo otro vendrá después. ¿Porqué no puedo tener su amor a pesar de que seamos más amigos que padre e hija?
¿Porqué no vino él a inundarme de amor?

domingo, 8 de marzo de 2009

Hace diez años

Mis quince años fueron hace diez y casi ya no me acuerdo. No tuve fiesta, tenía pocas amigas, mi cabeza sólo pensaba cómo devorar libros...

Hoy hice una radical remodelación de mi cuarto. Donde antes cabía solo una habitación, hoy caben tres áreas: recámara, lounge y estudio. Quedó linda aunque todavía no sé dónde cabrán tantas cosas que ya no necesito. Muchos zapatos tienen que circular, un abrigo, dos sacos, otros tantos pantalones de mezclilla... la sorpresa fue por las cosas que aparecieron: muchas fotos que no quería ver, cartas que no creí que existieran, perfumes, joyería, muchísimos escritos y dos cajas de recuerdos que no reconocí porque antes no solía ser una histérica histórica.

En la época en la que las chicas sueñan en enamorarse, en estudiar una carrera, en vivir la fiesta del siglo con un vestido de falda de tul enorme acompañadas de damitas de honor, yo estaba viviendo la primera y una de las más severas depresiones de mi vida. Casi no me acuerdo de cómo era, después de la mayor crisis, comencé a tener algunas lagunas en la memoria. Fumaba mucho, leía mucha filosofía y tenía la profunda intención de convertirme en escritora aunque no supiera qué tenía que hacer para lograrlo. Pasaba mucho tiempo sola y si, también hablaba con las estrellas y la luna.
Dejé de creer en dios y comencé a creer sólo en mi misma. Dejé de comer y dejé de dormir. También dejé de reir.

No me acuerdo en qué momento -o cuántos años después- me comencé a sentir repuesta, sólo sé que no todo el mérito ha sido mío.
Con mucho esfuerzo comencé a subir de peso, comencé a leer, a escribir y a cumplir mis metas. Poco a poco comencé a palomear una larga lista de cosas por hacer, metas por cumplir y sueños por realizar. Comencé a convertirme en lo que soy, con fracasos, amores, desamores y dolores. Con nuevos sabores, nuevos quehaceres, nuevas cosas por aprender, nuevas personas que conocer y diferentes hombres que amar.
La Universidad vino a hacerme y vino a cambiarme la vida. Cuatro años después la Universidad se acabó y comenzó otra etapa; luego cuando todo se ha acabado se me han acabado también las opciones para palomear.

Bloody sunday, again.
Ayer fui a un fiestón de quince años. No conocía a la chica, ni a nadie, sólo a mi hermana que fue quien me invitó. No tenía muchas ganas de ir, no he dormido bien todavía, sin embargo fui optimista y escogí un vestidito corto color cobrizo, mis tacones negros de trabita y lo mejor de todo fue que encontré unas medias buenísimas: las clásicas negras con una costura vertical por detrás. Bailé mucho aún cuando el broche sujetador de la media derecha me hizo una mala jugada. Disfruté la fiesta aún cuando no me gustan las fiestas de salón. Intenté conectar aún cuando no tengo ganas.

Hoy me encontré cosas que no quería. El domingo me intentó escupir que debí tener fiesta de quince y baile de salón y damitas de honor y viaje de término y proyecto de carrera comercial y trabajo en una cafetería rápida... y quizá una vida normal.
Luego, no me dejé y me limpié en el domingo. Y en los comentarios de mi padre, y en la actitud de Pancho y en los comentarios familiares y en la ropa que no me queda y en el peinado que nunca me gustó.

El domingo está terminando. Hice muchas cosas, cargué muchos muebles, aspiré necesariamente... y me puse a hacer lo que mejor sé hacer: prendí un cigarro y me puse a escribir. Y a veces vuelvo a sentir que mi corazón se hace una esponja seca, que mi pecho alberga un hueco más grande que el de mi cama y que el espejo no me reconoce.

Arriba la redecoración, abajo los domingos.
Arriba los besos en los labios, abajo los domingos.
Arriba yo, abajo tu (hoy le prendí una vela al amor... y si, también le saqué la lengua a los domingos).

viernes, 6 de marzo de 2009

Ana Cristina



Feliz cumpleaños hermanita.

Deseo que seas muy feliz y que pasemos todavía muchos años juntas, que cuando estemos viejitas todavía seamos fashion y usemos plataformas con medias de red y hablemos por horas de las tendencias y de tu arquitectura londinense, tu militancia en contra del calentamiento global y las utópicas reformas sociales que yo desée que hubieran sucedido; que nuestros hijos se hagan compadres, nuestros esposos (ejem ejem el tuyo y el que todavía no tengo) se hagan también carnales y el mundo entienda por fin que no habrá otra Más guapa que cualquiera ni otra Mariposa Tecknicolor en la Ciudad.
Los días no han sido fáciles, pero tampoco son cosa de otro mundo. Muchas veces deseo que estés aquí conmigo porque me haces mucha falta, pero luego me acuerdo que no importa la distancia que haya entre nosotras porque siempre nuestro corazón late al mismo compás, nuestra piel tiene el mismo color y moriremos al mismo tiempo. Sin embargo, si te me adelantas espérame en nuestra Ciudad, con nuestros perros y nuestros coches. Si me voy antes que tu, prometo ver por Leia y por Indiana, y darme mis vueltas en el Ramiro para preparar tu llegada.

Yo soy tu columna vertebral y tu eres lo mejor que me ha pasado en la vida.
¡Salud! Amor, éxito y felicidad infinitos, para siempre.

Te amo con todo mi corazón.

jueves, 5 de marzo de 2009

Sólo nos dijimos cosas al oído

En tres semanas tengo que entregar el artículo sobre Radionacional. No es que no sepa, pero he estado algo dispersa. Para situarme en el contexto, me puse a leer sobre cultura mexicana del siglo veinte. Lo he pasado bien, estos autores me quieren y me reciben bien, nada más tengo que ponerme a recordar, a recordar.

Sólo sé que no sé nada de tu vida, sólo me colgué una vez en el pasado.
Mi cabeza ha sido un maremagnum. Necesito ver el mar o por lo menos sentir otro clima. Nada más es cuestión de que el recuerdo se quede conmigo.

¿Cómo fue que me situé en la historia de la radio la primera vez? Seguramente me habló al oído, como cada noche lo hace, y me abraza, y me posee. Ese sonidito, esa interferencia, los cables, la frecuencia... Me habla tan fuerte y de tantas cosas al mismo tiempo, que es cuando no sé cómo debo hacerle las preguntas.
Ya no quisiera preguntarle más nada. Bueno, una última ¿como quieres que escriba de ti? Quisiera decirle también que no es justo que a veces se vaya, yo le he sido fiel y he intentado mantenerme al día, es necesario que siga respirando historia de la radio. Te lo voy a proponer una vez más ¿puedes venir, a que te acuestes en mi cintura y en mi pelo enredado, otra vez?

Y ahora, a empezar a ordenar lo que le rasqué a mi memoria. Las canciones que me acompañaron en esos días se convierten entonces en las embajadoras de Clío. Y si, es que las confundo con la gente.

Mi querida Radio y si un día te encontrare una mañana fue hoy, será posible, será dormido.

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miércoles, 4 de marzo de 2009

Nunca más el néctar de la flor

Una noche más que paso a su lado porque volví a soñar con él. Estoy segura que debió haber sido por la utópica ducha que tomamos juntos... a través del mensajero. (Y aquí es cuando debería volver a la cama a soñar con otra cosa, porque qué bárbara al darme cuenta que lo más cerca que estoy de una ducha en pareja es el ordenador).
Sin embargo, no fue él quien despertó mi memoria. Luego de haberme duchado con él, me arreglé para vestirme. Me puse un chorro de crema Hind's en todo el cuerpo, mi crema Active C en el rostro, el desodorante Nivea y una nube de loción Endless love de Victoria's Secret me impregnó toda la piel y me llevó de regreso tres años en el tiempo.

Y así como cuando ví la foto del minúsculo pastel en mi mano hace algunos meses, así otra vez de golpe me vino el flash back completito y sin errores: me acordé de su coche gris, de su calle entre los ejes viales, de su pelo lacio, de mi pelo larguísimo casi a la cintura, de mis sandalias con tiras y plataforma color café, del Instituto de Investigaciones Sociales, de su viaje a Panamá, del Aeropuerto, del pésimo café, del reencuentro all night long, de la reconciliación, del perfume Armand Basi, de la navidad con mi hermana Maricarmen, de mis panties rosas con cristales en el trasero... Me acordé de él y de cuánto lo quise.

En otra circunstancia hubiera cogido el teléfono y hubiera marcado el 11076964 hecha una loca para escuchar su voz, pero haciendo caso a eso de no cometer dos veces el mismo error me contuve (no en vano su nombre es soltero tóxico). Al contrario, me volví a sentar frente al ordenador a terminar la buena charla sobre barritos en la espalda con mi lejano compañero, luego bajé a hacerme un café decaf y me puse a ver las noticias.
Antes de dormir leí un poco y me volví a acordar del chico del ordenador y del aceite para el cuerpo en aerosol. Así me quedé dormida.

Desperté hace rato, pensando en los perfumes del pasado, en mi pareja de hace años y en las decisiones que tomamos que nos dan resultados años después. Algunas de esas decisiones han comenzado a dar frutos.
Sin querer, y con otro significado, he seguido escuchando la canción que suena en mi Teatro Metropólitan. Y qué gusto me da ponerme a cantar a todo pulmón -y con toda razón- es posible que me traigas un perfume del pasado, pero nunca más el néctar de la flor. Porque así fue. Hace algunos meses intentó traerme el perfume del pasado, ese que me trajo de Los Ángeles en su último viaje, ese que le gustaba tanto que me pusiera y que nunca me gustó. Y qué va, ¿cómo decir que no? Pues así, aunque duela y aunque, como sucede, me quedara pensando en el final de la historia que no pudo haber sido.

No se llama ni Armand Basi, ni Glow, ni Prada, ni Endless Love... se llamaba amor y no pudo traerlo de vuela, sólo el perfume y no más la esencia.

Mi memoria de Histérica histórica quiso olvidar, y Victoria's Secret me pasó factura.

martes, 3 de marzo de 2009

Camión a casa, digo camino a casa.

Una vez más la ciudad es cruel con las solteras.
Venía de ver a Janis con mis tres ejemplares de última edición y uno anterior de revistas de moda. Como cualquiero otro inicio de mes, me distraigo revisando las revistas para ver qué proponen, y aprovechando que me regalaron una suscripción a Vogue, que mi hermana me dejo su suscripción a Glamour y que el chico más ocupado de la ciudad me regaló la Vogue de España, Janis y yo nos sentamos a platicar y a ver revistas.
De regreso, me subí a un camión que venía a medias, todos sentados y yo era la única persona de pie. Traía en los brazos como seis kilos de peso: cuatro revistas, dos botellas de agua de litro y medio, mi bolso que de por sí pesa un montón y mi chamarra de mezclilla. Como pude y haciendo malabares caminé el pasillito del camión con las miradas de todo mundo encima. Rogué por que algún buen samaritano me cediera su lugar pero no sirvió de nada.

Un par de paradas siguientes se subío una señora joven, con un niñito como de seis años y un bolso del tamaño del mío pero de pañales y de biberones. Frente de mi, moviéndome al ritmo del acelere del camión ¡tres personas le cedieron el asiento al mismo tiempo! La señora se sentó en el que le quedaba más próximo y los otros dos pasajeros volvieron a tomar su lugar.
A ver, ustedes díganme ¿no se nota el peso que cargo en los brazos porque no hace "cuñaaaa-cuñaaaa"? Quizá es una babosada y no debería invertir tiempo escribiendo de ello, pero no es la primera vez que me sucede y me parece injusto que no se ceda el asiento en función de la incomodidad del que está de pie, sino de la situación moral o civil.

La moda, el intelecto y no tener bebitos ¡también pesan!

Love, i can believe in.

Barack Obama ha seguido papaloteando en mi cabeza y me he puesto a analizarlo desde una diferente perspectiva. De entrada, el slogan de su campaña: Change, we can belive in siempre me llamó mucho la atención por esta cuestión del cambio que se anhela, de la esperanza que no muere y de tantos principios que se pueden vender para que la gente se los crea toditos. También me puse a pensar en todo lo que me repito para creer que las cosas pueden funcionar de otra manera o de hecho, funcionan y no me doy cuenta. Como sabes, el juramento de autoestima se publica el primer día de cada mes y las cosas del amor no paro de repetirlas.

Hoy me dieron ganas de escribirle a la ansiedad que muchos años vivió conmigo pero que afortunadamente he decidido que no vuelva más. Me ha costó mucho trabajo lograrlo y siempre reconozco el esfuerzo de las personas que han estado a mi lado para poder haberla superado. Todo también pasará, él ya pasó hace mucho, yo pasaré y la ansiedad pasó hace unos meses.

La ansiedad dejó muchas cosas en mi: un diente roto, una muela estrellada, muchas medias lunas bajo mis ojos, algunos kilos más en mi cuerpo y at last but not at least: una autoestima como asta bandera. Gracias a la ansiedad me pude dar cuenta de que la soledad no era un prietito en el arroz y por el contrario me podía valer de ella para combatir a la primera. Cuando pasaba más tiempo sola (digamos sin pareja o sin ver a mis amigas o a mis hermanas) mejor podía controlar la ansiedad, pero me costó mucho tiempo darme cuenta de eso.

A pesar de que había noches que pasaba sin dormir y de que hubo capítulos que no pude terminar de escribir porque la ansiedad llegaba a morderme los dedos de los pies, ahora agradezco haberla sentido y haberla tenido de huésped porque sé cómo reacciono -y como debo reaccionar- ante diferentes cuestiones.

No hay próxima vez y procuro no cometer el mismo error dos veces.
Estas máximas también me las enseñó el manejo de la ansiedad: a no regalar mi guardarropa, a no tirar mis zapatos a la basura, a no volver a arrancar los cables de luz que alimentaban a mi casa desde la cajita de fusibles, a no comerme una bolsa de bombones de una sentada o a no atragantarme tomando coca light. Son cosas que jamás volví a hacer, luego de comprender que me podían poner mal. Por el contrario, la toma de decisiones me puso bien y así entendí que me va bien ir al cine sola, sentarme a comer sólo con la radio encendida, apagar todas las luces, dejar algunas puertas o cajones abiertos, confiar en los demás, confiar en mi misma. La última vez que hablé con el Rey Sol de la ansiedad me dijo que cuando me conoció le tenía mucha paciencia a todo mundo menos a mi misma, me dijo que la única persona que no me toleraba era yo y que le daba gusto saber que ya no es de cristal cortado mi sistema.

Todo también pasó.
Y después de recuperar algunos pares de zapatos y dos abrigos que regalé deliberadamente, de haberme arreglado la muela estrellada y el diente roto, de poder dormir bien y de muchísimas otras cosas que pude volver a hacer, fui entonces a inventarme otro nombre y a probar otros sabores de paletas heladas y de cafés batidos. El resultado de una serie de esfuerzos es lo que hoy pueden leer, y me siento orgullosa por eso.

Hoy voy a creer en el amor y voy a intentar vender la propuesta como slogan de campaña:
LOVE, I CAN BELIEVE IN.

domingo, 1 de marzo de 2009

JURAMENTO DE AUTOESTIMA

Venga, reconócelo Mariposa Tecknicolor, sin contar con tu hombre ideal, eres lo mejor que hay en la tierra. Es verdad que a veces te deprimes y no quieres hacer nada porque todo te da flojera, pero también hay que reconocer que el resto de las veces eres muy optimista, perfeccionista y dedicada. Nadie sabe hacer investigación histórica como tu. Si ya lo dice tu madre: eres la mejor historiadora del mundo. Por eso, a partir de hoy vas a dejar de torturarte por no tener pareja y comenzarás a quererte por ser responsable, persistente e inteligente. Y si alguien llega y te dice que eres una persona equivocada, dile que puede coger y largarse a la fregada.