martes, 3 de marzo de 2009

Camión a casa, digo camino a casa.

Una vez más la ciudad es cruel con las solteras.
Venía de ver a Janis con mis tres ejemplares de última edición y uno anterior de revistas de moda. Como cualquiero otro inicio de mes, me distraigo revisando las revistas para ver qué proponen, y aprovechando que me regalaron una suscripción a Vogue, que mi hermana me dejo su suscripción a Glamour y que el chico más ocupado de la ciudad me regaló la Vogue de España, Janis y yo nos sentamos a platicar y a ver revistas.
De regreso, me subí a un camión que venía a medias, todos sentados y yo era la única persona de pie. Traía en los brazos como seis kilos de peso: cuatro revistas, dos botellas de agua de litro y medio, mi bolso que de por sí pesa un montón y mi chamarra de mezclilla. Como pude y haciendo malabares caminé el pasillito del camión con las miradas de todo mundo encima. Rogué por que algún buen samaritano me cediera su lugar pero no sirvió de nada.

Un par de paradas siguientes se subío una señora joven, con un niñito como de seis años y un bolso del tamaño del mío pero de pañales y de biberones. Frente de mi, moviéndome al ritmo del acelere del camión ¡tres personas le cedieron el asiento al mismo tiempo! La señora se sentó en el que le quedaba más próximo y los otros dos pasajeros volvieron a tomar su lugar.
A ver, ustedes díganme ¿no se nota el peso que cargo en los brazos porque no hace "cuñaaaa-cuñaaaa"? Quizá es una babosada y no debería invertir tiempo escribiendo de ello, pero no es la primera vez que me sucede y me parece injusto que no se ceda el asiento en función de la incomodidad del que está de pie, sino de la situación moral o civil.

La moda, el intelecto y no tener bebitos ¡también pesan!

1 comentario:

copo dijo...

Mariposa, ya sabes que soy fan y que siempre te echo flores, pero esta vez no lo hare porque esta entrada esta poca madre y no tengo como aplaudirla!
Es redonda, el titulo te quedo increible y estoy de acuerdo contigo. Debo confesar que yo a veces no cedia el asiento, sino que le pregunataba a la gente si queria que le ayudara con su carga, a veces aceptaban, a veces les ganaba la desconfianza.
Eso si, hay que aceptar que ya es ganancia que le cedieran el asiento a la senora, no siempre pasa. La verdad mas contundente es el final, tienes razon mariposa, todo eso tambien pesa y a veces no se arregla con un asiento.
Besos y aplausos