Esta mañana, antes de meterme a bañar, decidí abandonar mi tema de investigación.
En la idea de que uno nunca termina por agotar un tema a partir de una fuente primaria, desde que me dediqué a mi primera investigación, me había hecho a la idea de que continuaría alargando o extendiendo ese tema hasta que se pudiera publicar una obra terminada. En el momento en el que decidí inscribirme al doctorado, estuve segura de que debía continuar explotando toda la información que conservé de la investigación anterior, y sabía que de paso, debía terminar de llenar las lagunas que me habían quedado por no haber tenido tiempo para completar ese trabajo. Era natural, pues, darle continuidad a una historia que empecé hace siete años.
De pronto me di cuenta de que algo no iba bien, cuando me vi frente a la computadora con la página en blanco, tratando de terminar una ponencia para un evento que no me interesaba en lo más mínimo, y que acepté participar sólo por cuestiones protocolarias pero no porque me hubiera latido el corazón. Y entendí que la historia de la radiodifusión me dio mucho, pero ya es tiempo de hacerla a un lado. Entendí también que fue un tema que me heredaron, no fue un tema que yo escogí; y que al haberlo aceptado y explotado, también asumí las responsabilidades y las consecuencias que traería consigo.
Era demasiada presión para llevar jalando, respondiendo mil preguntas que ni siquiera sabía de donde venían, quién las hacía, hacia donde iban las respuestas... Poco a poco me ha vuelto la calma, y ha ayudado mucho saber que en la bibliografía, el único "Martínez" que aparece no se refiere a mi.