martes, 30 de septiembre de 2008

Vale

Qué onda.
Yo por acá trabajando todavía. Ya pasa de la 1 y me tengo que acostar para levantarme temprano mañana. En fin.
Leí tu correo. Me reí. Pura joyita efectivamente. Así es esto.

Lindo día el sábado. Terror cuando decidí no vestirme inmediatamente después... ¿Repetirlo? Supongo que sí. Lo pasé bien y no tengo por qué no decirlo. La noche continuó linda linda... de esas que no se deben olvidar. El domingo me recordó que la noche anterior había tomado cerveza y que había habido mucha diversión entre mis piernas. I told you: "mañana no podré caminar".

Me río otra vez.

Ya estás para la que sigue; nada más hay que estar seguros de que esta vez sí estaremos solos.




...Que se puede interpretar de muchas maneras. Así estaba escrito. Así lo leí pero nunca sabré si así lo pensé. Vale, todo está bien.

Estos días me siento fuerte

Tanto, que he decidido ponerme a pensar en cosas difíciles sin sentir el riesgo de sentirme un hoyo en el pecho.

Casi estoy segura de que el domingo pasado fue la primera vez que no vino a recordarme que me partieron el corazón. Tuvo mucho que ver el día anterior. Lo pasé muy bien, y aunque no hubo nuevos conocidos, tal pareció que la que hizo que la gente se viera diferente fui yo.
He venido buscando los reencuentros sean como sean. Se me han comenzado a conceder y me he sentido bien.

Hoy no tengo ganas de leer las "noticias de la semana". La academia puede esperar. Total, casi siempre son noticias sobre hallazgos antropológicos de nuestro pasado mesoamericano.
Mejor noticia fue la del hallazgo que hice yo. Los solteros comienzan a no ser tan tóxicos.

¡Pero si ya lo conocía desde hace dos años y medio!
Todo empezó -una vez más- en Ciudad Universitaria: hermoso lugar para una chica del norte, como yo. Y si, debió ser la edad o la formalidad... pero me llamó la atención. Vale recordar que el soltero tóxico #1 era mi pareja, y como dice Calamaro: "Cuando te conocí me dijiste que no ibas a cambiar, ibas a seguir siendo igual, ibas a seguir siendo igual". El pasado se pisó. Y de qué manera. Sin embargo, esa pequeña línea entre amigo amigo y amigo-pretendiente nunca la crucé. Quizá hasta ahora esté dando frutos.

Una vez más, el tránsito de la Ciudad hizo de las suyas. Nos encontramos en el Auditorio Nacional pasadas las quince horas. Te veías bien a pesar de que ahora usas la barba. Regresamos, una vez más, a Ciudad Universitaria y nada más fuimos a hablar de lo que hacía mucho no hablábamos: de ti, de mi, del amor, la compañía, la soledad y la vida en común. Luego fuimos a tu departamento. Todo se veía diferente. A pesar de que ya lo había visitado en algunas otras ocasiones, esta vez me pareció que estaba en otro espacio. Escuchamos música, tomamos jugos de frutas y todo olía diferente. Eso me pareció particularmente especial. Quizá fue el hecho de que tu hija estaba con su abuela (o eso creímos) lo que me hizo percibir un aroma distinto. Quizá fue la atracción.
Hubo una cosa que no cambió pero que hubiera dado cualquier cosa porque así fuera: la fotografía de Borges todavía está sobre tu cama, en el lugar donde debería haber una cabecera. Y lo peor del caso es que ahora la acompaña un póster del sagrado corazón de jesús. Vaya combinación. Qué manera de volverse católico de un día para otro. Qué ganas de quitarme las ganas. Esta vez sí lo confesé, y espero que hayas entendido lo mucho que puede intimidar a una mujer que diferentes personajes la miren mientras se quita la ropa.

No pasó lo que tenía que pasar -o lo que yo misma estaba temiendo que pasara-. Tuve miedo. Últimamente mucha gente me ha dicho que tengo una actitud muy fuerte y poco ordinaria; bueno pues esa gente debe saber que todavía hay cosas que me dan miedo. Todavía me causan ansiedad los besos de primera vez y los abrazos que abarcan más partes de mi cuerpo. Después de tantos años, creo que he perdido la costumbre de estar con un hombre que me lleva más años que el promedio. Ahora pienso que tal vez fue todo junto: el reencuentro, tu barba, mi cuerpo, otro aroma, el departamento...

Te vi los pies y tu me examinaste las manos. Estas manos que escriben, aman y también llaman por teléfono. Las mismas manos que ya no se acordaban que podían sentir vibraciones al tocar a otra persona. Mis manos que no tienen memoria.

El móvil no dejaba de sonar. El tuyo, el mío... es igual. También me sonaba el corazón, pero en lugar de sonar en pedazos, comenzó a sonar diferente. Entonces pude respirar al fin. Los ciclos se cierran, la ropa se tira, los zapatos se regalan (o se mandan a reparar para que parezcan nuevos) y las medias se ponen a secar.

De noche piel de hada, a plena luz del día Cruella De Vil.
Tu madre iba a llegar. A punto estuviste de que te encontrara como no debía. Tu departamento dejó de ser tuyo (no volverá a ser nuestro).
La Ciudad todavía tenía sorpresas preparadas. Recorrimos grandes distancias en coche, de noche, de la mano. Nuestros amigos ya nos estaban esperando. Olíamos diferente, quizá a niños que no quieren hacerse adolescentes. Bailamos y me sentí princesa. Hacía mucho tiempo que no podía ser Mariposa de noche, ahora lo logré, esa noche lo lograste. Mi sonrisa te iluminó, tus abrazos me dieron alas; y a pesar de haber dejado la gabardina en la silla y de traer minifalda, no tuve frío. Te preocupaste, me abrazaste otra vez.

Mis manos a veces pierden la memoria, pero la historia no me olvida. Esta vez sí tomé el papel de historiadora y ya sabía, que el lejano futuro entre nosotros dos, terminaría en una noche de Ciudad callada. El pasado tan real que vivimos me dio muchas pistas. Yo no iba a cambiar, tu tampoco. A ti te gustan las chicas de mi edad y a mi me gustas tu. Lo que no puedo recordar es el breve presente que hoy lo registro como pasado. Aunque no haya querido, el pasado se pisó una vez más.

Llegué a mi casa muchas horas después. Hoy sé que me dio terror el beso de despedida. Mañana querré saber si eso te importó y si viajaremos el año que entra.

Fuimos dos en la ciudad. Gracias por llevarme de noche.

lunes, 29 de septiembre de 2008

Tal vez ya no tenga mucho que decir

"Mientras la estabilidad caracteriza a la máquina, el dinamismo caracteriza al organismo". Pero qué profundidad para irla leyendo en el vagón del metro. Una vez más doy gracias por vivir en una de las Ciudades más grandes del mundo. Cada viaje es una sorpresa diferente.

Las palabras -ya no digamos las de color rosa- se me están acabando. Cada día es más difícil continuar con esto. El tiempo me está alcanzando y de pronto todo se vuelve la peli de terror.

Ya le perdí el miedo a la página en blanco, ya investigué todo lo que tenía que ver, ya agoté las fuentes, ya perdí la cabeza...

Ahora también resulta que la gente cambia de puesto, los conocidos se van y los nuevos no saben dónde están los expedientes. Es una locura.
Woody Allen se hace presente. A lo largo de las 24 horas del día, me convierto en un personaje de uno de mis directores favoritos: o vivo un periodo de drama casi chusco, o tengo una crisis de terror. No seré más Melinda&Melinda, seré Mariposa&Mariposa. Todavía tengo ganas de reír.
Disculpe usted, mis chistes tan forzados.

Ya me voy a dormir.
(La redacción de informes me ponen mal).

jueves, 25 de septiembre de 2008

Llegó el otoño

...y con él, viejos recuerdos.

Tuve que sacar mi agenda del año 2004 para estar segura de qué día es tu cumpleaños y total que sí le atiné porque es hoy, ya decía yo que el día 25 me decía mucho más.

La ciudad está completamente empapada. Tengo frío. Necesito un abrazo.

Hace rato estaba pensando que tú no eres de los que pasan estos días solo, eso me intimida y no me siento con la confianza de llamarte por teléfono. Mejor así.

Este mismo día pero cuatro años atrás, escribí que quería que un hombre luchara por mi. Gracias a dios que fui una histérica histórica que escribió y guardó memoria de casi todas las cosas que sucedían a su alrededor, ahora puedo saber -pero aún no puedo recordar- que tu me respondiste que habías luchado por mi un año completo; estabas acongojado porque no lo habías logrado. Habías luchado por una chica que no pudiste lograr.
Que triste. (Ahora puedo tener una idea de cuánto me quisiste).

Creo que tengo frío desde hace cuatro años. Yo era muy chica y no podía comprender todo lo que pasaba por nuestras cabezas. Me da pena y siento miedo. Necesito un abrazo.

Hoy es el día del Rey Sol y ha estado nublado. La chamarra y las botas de agua me han acompañado todo el día desde que desperté. He tomado todo el café que debí tomar durante cuatro días. Quiero un pan de chocolate y cuando fui a comprarlo ya no había. Te debería cantar las mañanitas. Debería salir a la Ciudad con mi pelo alborotado y mi impermeable amarillo, tal vez así pudiera repeler la nostalgia de nuestro recuerdo.

Hoy estoy segura de que no quiero que luchen por mi. Antes no sabía lo que quería. Hoy es mejor así. Ya no tengo el corazón roto pero sigo teniendo frío.

(¿Me querrás todavía?)

domingo, 21 de septiembre de 2008

Un domingo más, un domingo menos

...en el que he decidido dejar de tirarme para que me levanten. Hoy me enteré de muchas cosas que siguieron en las sombras por algunos meses. Por su boca muere y mata el pez. El que busca, encuentra. Y yo encontré, ahora debo aceptar que estoy muriendo por la boca de otro.

Cuando todo terminó, el sabor que me quedó en la boca fue de decepción y de que había perdido. Hoy, retomé el tema en mi cabeza y otra vez me llegó la decepción, la incertidumbre y la nostalgia. Nada es lo que parece. Quizá debí comenzar el ranking de solteros tóxicos con su nombre. Ah, pero ahora se me ocurre que tal vez su ranking debiera ser "caballero-soytóxico y no lo puedo disimular". Risas. No hay nada más que hacer.
En vez de que me dé mucho coraje mi pasado, le he comenzado a sacar provecho a la situación y a lo -poco o mucho- que gané. Y puedo comenzar: mi biblioteca personal se hizo enorme, gané una amiga (y un arma contra él) para toda la vida, viajé mucho, comí delicioso, me bebí todo el tinto del mundo, comí todas las fiambres del continente, fui al cine hasta dos veces al día, escuché las temporadas completas de la OFUNAM en la Sala Nezahualcóyotl, conocí los lugares más lindos de mi Ciudad, estuve repleta flores, de joyas, de perfumes, de detalles. Fui Maja por tres años, la Luna también y la mujer más feliz de México. Aún así, el maltrato siempre imperaba en la conversación. Aprendí a ser feliz a medias, me daba mucho miedo volverme conformista. Espero que no haya sido así.
No siempre el oro brilló. Yo también tuve mi dark side. Paralelo a mi efímera felicidad, no me privé de las compañías que me hicieron sonreír dos veces. La entrañable amistad que tuve con el Rey Sol nunca la pude terminar, y por muchos meses me fui a refugiar a su departamento y a su cabeza, con su gato, en sus brazos. Otro tipo de flores adornaban mi mesa de trabajo y, sobre todo, el excesivo respeto, cariño y cuidado que me tuvo este hombre, me hacían ver radiante. Tiene unos modales tan exquisitos, que hasta los días después de las discusiones me llamaba por teléfono para saber cómo había dormido (ahora imagínense los días después del amor). No hacían falta las joyas, los perfumes y los detalles. Cuando esto sucedía, el cielo se abría e irradiabamos felicidad y complicidad. Luego podía venir el eclipse. (Sigo sonriendo cuando lo recuerdo).
San Román vino a salvarme de que me rapara la cabeza. El estrés que me producía mi trabajo en esos meses, hacían de mi un monstruo. Con él me refugié de la mentira que vivía con el primero. Rey Sol se fue. San Román se convirtió en mi confidente. Entonces bebí litros de café y me metí a hurtadillas al cine. He pasado días enteros en carcajadas.
Y bueno, que creo que no debo hablar ya de las furtivas salidas a comer, a cenar o a tomar una copa cuando se iba de viaje. De las breves compañías que tuve cuando me sentía muy sola. Las escapadas, las mentiras y las carcajadas. Benditas fotografías, me hacen recordar que yo también me esforzaba por ser feliz.

No estuvo tan mal. Después de tener el corazón roto por mucho tiempo, he podido hacer un balance. Confieso que me ha costado mucho trabajo confesar. Yo también jugué mis cartas y cambié de partenaire varias veces.
Ahora como ustedes saben, la vida y la Ciudad me han regalado bellísimas historias de casualidad. Los encuentros se han hecho presentes y me han hecho muy feliz. He entendido que las cosas suceden por una razón y que no todo es para siempre.
La velocidad con la que vivo ahora, me hace vivir varios géneros al día: el drama y el terror son los que generalmente imperan. Hoy, el domingo, me sirvió para aprender que los balances son buenos. No siempre tendré la compañía que solía tener, pero muchas nuevas personas y muy agradables han llegado a mi lado.

Creo que no estuvo tan mal -insisto-. Finalmente yo no perdí el estilo (he perdido muchas cosas, pero el estilo jamás), el que lo perdió fue él. Del millón y medio de maneras que existen para decir las cosas, él sólo se sabe las peores. Eso sí es una peli de terror.


Feliz -y optimista- inicio de semana.

viernes, 19 de septiembre de 2008

Amor mortal

'Mis manos son de tu color;
pero me avergüenzo de llevar un corazón tan blanco.'
Shakespeare.

Las cosas deben ser así. Para que el amor no muera, debe quedarse en proyecto o en mera ilusión. Ahora sé que los amores platónicos nunca mueren, y que, cuando consumamos el amor lo hacemos mortal.

¿Lista para el reencuentro, Mariposa Tecknicolor?
Juntos eramos dinamita pura, mejor era que estuviéramos separados. Pensábamos muy parecido, analizábamos las cosas de la misma manera y, por lo general, estuvimos de acuerdo en las cosas que sucedían o que hacíamos juntos.
La última vez me dijiste que te portaste mal, no tienes problema en reconocerlo. Es mejor así, y de hecho, creo que no viene mucho al caso recordarlo. El tiempo pasó y nuestra etapa se superó, nuestro pasado se pisó.
Paralelamente, reconoces también las cosas que hiciste bien; y sabes, por otro lado, que así estuvieron bien. Buenas o malas, mejores o peores, las cosas así tenían que ser.
Los años han pasado, gacho que sí. Utópicos encuentros nunca se han realizado. Todavía nos extrañamos.

Te odio porque te amo.
Es el mejor motivo para odiar. Ojalá pudiera saber si también te amaría por odiarte.
Parece que fue ayer cuando nos vimos por última vez. Dices que has cambiado, que has subido algunos kilos y que traes el pelo muy corto. También, en contra de todos los pronósticos, has comprado otro coche. Y bueno, que el tiempo también ha pasado por mi cuerpo: ya no soy la esquelética de seis años atrás, y suelo arreglarme el pelo para salir. Ya no le tengo miedo a la Ciudad y ahora puedo vivir con mi soledad. La tinta siguió corriendo por mi piel y cada día soy más singular. Lo ordinario no figura en mi vocabulario.
Parece que has podido comenzar una relación formal. Me da gusto. A veces te fastidiabas con tu soledad. Un gato nunca es suficiente. (Y ahora resulta que hasta el chico de la cámara ha vuelto. Mis palabras se han cumplido una vez más).

Yo no sé por qué sigues queriendo escuchar mi opinión de las cosas. Cuando hablamos, sigues diciendo que tienes mil broncas para resolver y en el fondo sé que quieres que te pregunte más. Las utopías se hacen presentes. Utópica primera cita, utópico reencuentro, utópica mujer, relación, vida, comida en deuda... Gracias a dios que leímos filosofía.
Hoy, que mi memoria me ha vuelto a hacer una jugada, una vez más me has salvado en mis recuerdos. Y ya deberías comenzar a creerme que no soy la Histérica histórica que solía ser. Me sigo esforzando y te sigo queriendo; la diferencia está en que últimamente, me he querido más a mi que a cualquier otra persona. Me había olvidado de los pericos de Colón, de la Invención de América y de los repuestos de pluma Pilot. Ahora, este real futuro de nuestro pasado juntos, me ha regalado muchas nuevas imágenes y otras perspectivas de aquel efímero presente. Sé que veías por mi, pero nunca supe cuanto te importé. Recordar los errores no viene al caso, quisiera saber si dar las gracias queda en mi papel.

Quizá ya se murió (o comenzó la peli de terror) y yo no me di cuenta.
Total que se consumó. Siempre fuiste un caballero y los dos, muy conscientes, nos dimos a la tarea de hacerlo mortal, le dimos final y hasta le pusimos fecha. Casi casi que hicimos la crónica diaria del desenlace.
Quisiera poder afirmar que hubo -o habrá- un hombre que se porte mejor que tu. Tengo mucha fe en que pronto podré hacer esa aseveración. Pero ¿qué se puede hacer contra una cortesía casi enfermiza? Digo, porque al hombre que haya venido -o que vendrá- le corresponde superar un arduo camino: no todos están acostumbrados a llamar el día siguiente de las peleas, de la alegría o del amor.

Tuvimos la oportunidad de crear una situación platónica, y la desaprovechamos. Para el efecto de inmortalidad se echó a perder. Para el efecto de inolvidable... lo hicimos al pie de la letra.



No me juzgues, pues, de tener las manos de diferente color.
Ambos sabemos que aún tenemos el corazón blanco.

Historia

Me tapé los ojos para no mirar y maldije a mis oídos por no tener párpados.

Mejor no saber lo que ya supe.
Bendita sea mi profesión: con ella me entero por mis propios medios, no por accidente.

lunes, 15 de septiembre de 2008

La moneda cae siempre como tiene que caer

Si desde el principio me di cuenta que el hombre era un loco... qué va, debí seguir mis instintos. El ranking de solteros tóxicos va en aumento. Me muero de risa de que estas cosas todavía sucedan. De cierto modo creo que es bueno, porque cuando esto se acabe, querrá decir que también la magia desaparecerá. Acá lo que cuenta es la sinceridad: esos solteros tóxicos todavía tienen una función, la de hacernos reír y gritarle al mundo que estamos vivas.

Malo sería, si esos fueran los hombres para toda la vida. Entonces sí comenzaría a preocuparme y gritaría otra vez "bienvenida ansiedad".

Lo bueno de estos encuentros citadinos, es que todavía se puede dar marcha atrás.
La ciudad es noble, ella también envejece. Y muchas veces, se siente como me siento yo: rodeada de multitudes, llena de mar de gente, y completamente sola.

Nada que se cruce, cambiará mi rumbo.
...si bajaba, sube y cambia tu mundo. Ver para creer. Los años todavía no se me vienen encima pero hoy siento que el tiempo ya me alcanzó.

domingo, 14 de septiembre de 2008

Y después del amor, nunca nada es igual

(de cualquier manera, el domingo fue benévolo conmigo).

Y si. Debo aceptar que estoy sorprendida porque no me ha vuelto la ansiedad. Tampoco siento un hueco en el pecho y el frío sólo me visita en las madrugadas. Y eso que ayer estuve a punto de llamarte por teléfono, pero me contuve. Tenía dos opciones: llamarte a ti o llamarle a tu madre. Ninguna de las dos es viable. Afortunadamente mi memoria no me traicionó, y pude recordar que trabajas de noche (o trabajabas, hasta donde yo supe).

He vivido muy rápido, ahora sé que para todos las cosas han sido así, hay quienes lo han sentido como un huracán y aún así, todos seguimos adelante.

Puede ser que ya no tenga tanto tiempo libre como antes. Ahora hasta pienso dos veces lo que tengo que pensar. Y también he aprendido que no debo pensar tanto lo que tengo que escribir. Y mi sorpresa viene porque las presencias han sido también fugaces, pero esta vez, no me he sentido del todo sola.

Sigo creyendo que los domingos son nocivos (hasta ahora). Sin embargo, también debo aceptar que hoy fue un domingo singular. El concierto de sinfónica estuvo excelente. Me hizo llorar varias veces, pero de emoción. El hueco del pecho se me llenó de alegría, por unas horas dejó de existir.

Eso también me gusta. Ya me curé de música clásica, de conciertos de sinfónica y de Ciudad Universitaria. Probablemente sería bueno que estuvieras leyendo esto, así tal vez me podrías decir si ya te curaste tu también. Pero qué va, en el fondo creo que tu nunca estuviste enfermo. A mi, muchas veces, me enferma el amor. Es muy cierto, después del amor nunca nada es igual.

He pasado más tiempo con mi familia y con mis amigos. Espero que se note que me he esforzado por que el domingo sea un día diferente. El ritual comienza desde el sábado por la tarde, cuando mentalizo que el día siguiente tiene que ser diferente. La noche, por sí sola, es mi amiga. Bendita noche, ¡me olvidé de todo ayer!

Todo empieza siempre una vez más.

viernes, 12 de septiembre de 2008

Ok, perdón

Yo no quise lastimarte
solamente te dije que no
no estaras acostumbrada
a sentirte rechazada
ok, perdón fue sin querer
yo no quise lastimarte
y llegó el momento de correr
hay que salvar el alma
pero con calma vas a poder

¿dónde lloran las gaviotas?
vamos juntos a llorar
no te preocupes, no se te nota
que no sabés encajar
supongo que dolió un poco
si fué la primera vez
pero hay que ser fuerte
contra la corriente también
cuantas veces me dijeron que no
a mí y sobreviví
dame la mano y vení
que te enseño a perder

¿Por qué? ¿Por qué? te pusiste así
la próxima vez, te digo que si
igual somos amigos
porque para enemigos hay un monton de gente.

No nos hagamos, sabías que diría que no.
(risas)

jueves, 11 de septiembre de 2008

A otra cosa mariposa

No todo lo que es oro brilla o no todo lo que brilla es oro. Digámosle como queramos. No se puede tener todo en la vida y... no se puede vivir del amor. Las sorpresas de todo tipo se hacen presentes.
Como ya lo platiqué, muchas personas han llegado a mi vida, pero desafortunadamente hoy tengo que escribir que una, que me duele mucho, se ha ido para siempre. Las lecciones que la vida me ha mandado -así como los buenos ratos- me han hecho reflexionar mucho. Ahora pienso que tal vez debería quedarme como estoy y dejar de buscar cosas que no vienen al caso. Mi carnala dice que en mí ha habido un progreso y una evolución severa, ahora me arriesgo más y le dedico más tiempo a otras cosas. El gurú dice "Tienes dudas sobre darle prioridad a tu carrera o a tu pareja, y te cuesta demasiado esfuerzo tomar decisiones difíciles. Estáis llena de optimismo pero sois inconstante". ¿Qué se hace, pues, en estos casos?
(Descansa en paz, querida amiga).

Quizá deba dejar las cosas como están. Mi familia, como sea, siempre ha estado conmigo. Tengo amigos, diversión no me falta. Las ausencias son las que a veces me matan.

Por otro lado, los encuentros con viejos conocidos me han dado tanta alegría como los encuentros con gente reciente. El gato no deja de acompañarme y todo se vuelve a acomodar. Una vez más, mi carnala me ha dicho que es bueno que tenga amistades con esos viejos conocidos; este hombre solía bautizarme -pero nunca me cambió el nombre- y también solía quererme mucho. Aunque nuestros caminos se hayan bifurcado, de alguna manera se vuelven a juntar. Tengo ganas de verlo. Quiero que me vea como creo que no me ha visto: bien. (Quizá ya no quiero tener un amante, ¿me oíste?) Ya no quiero que me vea como si tuviera que venir a arreglarme. Una vez más se comprueba que he tenido mucho progreso. Cinco (benditos) años no pasaron en balde.

Sólo placer vs amor divino
(o de cómo aprender a tener sólo sexo cuando se está acostumbrado a hacer el amor).
"No lo eches a perder enamorándote". El mensaje que recibió fue contundente. Puede ser que P no supiera lo que R estaba haciendo. O, por el contrario, lo entendía perfectamente, mucho mejor de lo que lo R pudiera imaginar.
Había mucha diversión, sin embargo, a pesar de que ambos (R y U) hablaban castellano parecían no entenderse. Aun cuando habían superado la distancia geográfica, muchos kilómetros -intelectuales y culturales- los separaban. Y aunque es bien sabido que todas las cosas suceden por una razón, esta vez no puedo entender por qué se encontraron.
R es una chica a quien la vida la ha tratado mejor de lo que ella misma pudiera imaginarse. Nosotros, que lo vemos desde afuera, nos damos cuenta de que ha tenido muchos motivos para ser feliz; tan es así, que ella siempre estuvo acostumbrada a hacer el amor, hasta que U apareció. Lo que pienso de repente es que quizá R no ha tenido la voluntad para decidir ser feliz.

U es un hombre que viene del antiguo continente. La historia que trae a cuestas nos puede parecer inverosímil junto al drama cotidiano que vivimos en la Ciudad. Debería ser su deber entender que no es cualquier cosa estar acostumbrados al ritmo de la ciudad más surreal del mundo: donde una mayonesa te da los buenos días en el almacén, y un payaso limpia los pisos del taller automotriz. No se puede. (Tampoco se puede vivir del amor; digo yo, dice Andrés).

U cree que el físico todo lo puede. R asegura que es lo interior lo que rige al mundo. Y en contra de todos los pronósticos, R y U se han acoplado y lo pasan bien.
R ya no tiene esas ganas incontrolables de hacer el amor, que también implica ceder y atender. Ella ha aprendido a disfrutar y a decir que sí o que no sin que le cause conflicto. U sabe ella es lo más parecido a su hogar, quizá por eso se esfueza en no dejarla ir y en hacerle el amor.
Ahora llueve. Él le dice que quiere estar con ella. Ella tiene que dormir.
En otros años, yo le diría "a otra cosa mariposa", pero es ella la que lo tiene que decidir. Yo pienso que no se puede tener todo en la vida, más bien tenemos que acoplarnos a las cosas que lleguen.

Que los planes se vuelvan proyectos, y que éstos se lleven a cabo. La vida puede ser lo que sucede mientras la historia se escribe. La historia sucede sin que muchas veces la vida continúe. Si yo me ciño a mi proyecto quizá todo salga bien. Si R sabe lo que hace, que más da, todo le saldrá bien.

Ahora resulta que U tiene otras mujeres. ¿Por qué entonces no la deja ir?
Según el escritor, este manuscrito no debe ser publicado hasta que esté completamente tenso, porque sólo así podría ser perfectamente legible. Si yo me acatara a ese consejo, no terminaría nunca porque no lo dejaría de releer y no lo dejaría de corregir. Más me vale entonces darle punto final. (Más me vale también, darle conclusión a mi radionacional).

¿Me escribes una carta de amor?
Digamos que Suárez quiere que le escriba una carta de amor. ¿Cómo explicar entonces, que dos personas pueden ser complemento aunque ellas mismas no crean en ello? Irónicamente el amor se ha hecho presente. Francamente, ese amor será el complemento que ellos no están buscando.

El futuro, del efímero presente al que me refiero, pudiera ser un desastre. En este momento estoy pensando que los complementos no son siempre los mismos: vida y muerte, ying y yang, blanco y negro, día y noche... (sexo y amor, mejor imposible).
Es más, ¿qué tal si Suárez lo único que quiere es compañía y yo me lo estoy tomando a la tremenda? Más me vale, en ese caso, escribir la mentada carta de amor. Total, no sería la primera vez que me pusiera a escribir por compasión.
(Ahora, de pronto, no sé si deba conservar el amante. ¿Me escuchaste?)

Buenas noches Gato azul, Mandarina, chico Villegas, Suárez, Luna sistemas y Ojos verdes. Disfruta la noche, siente la lluvia y vive. Ya no estamos acá para hacer otra cosa.
¿Amor? Dime pues que lo sientes. Tal vez ahora sí pueda pagarte la utópica comida que en otro pasado no pude.

lunes, 8 de septiembre de 2008

JURAMENTO DE AUTOESTIMA

Venga, reconócelo Mariposa Tecknicolor, sin contar con tu hombre ideal, eres lo mejor que hay en la tierra. Es verdad que a veces te deprimes y no quieres hacer nada porque todo te da flojera, pero también hay que reconocer que el resto de las veces eres muy optimista, perfeccionista y dedicada. Nadie sabe hacer investigación histórica como tu. Si ya lo dice tu madre: eres la mejor historiadora del mundo. Por eso, a partir de hoy vas a dejar de torturarte por no tener pareja y comenzarás a quererte por ser responsable, persistente e inteligente. Y si alguien llega y te dice que eres una persona equivocada, dile que puede coger y largarse a la fregada.

domingo, 7 de septiembre de 2008

Hoy le sonreí al día de ayer

(pero le seguiré sacando la lengua al domingo)

El día fue lindo. Ayer fue mejor.

La resaca que me recordó que el viernes fue uno de los días más divertidos de los últimos meses, por fin desapareció casi a las 19 horas del sábado. Gracias pues que existen las aspirinas.
En mi cabeza, sólo rondaba la idea de ponerme a escribir como enajenada para poder tener la entrega lista el día 17. De cualquier forma, no había mucho que pensar. Tenía resaca y esas personas son medio raras. Pareciera que viven una pésima película mexicana. Más me valía quedarme sentadita en el sillón hasta que la reunión terminara.
Mi móvil sonó y corrí a responder creyendo que me llamaba otra persona. El chico de los ojos verdes me buscó porque tenía varios problemas: me extrañaba, se iba de viaje y quería despedirse de mi y no sabía usar el lava ropa. Estallé en carcajadas. Le dije que por eso me encanta, por simple y por directo. Él me pidió que no fuera mala con él y que le ayudara a lavar su ropa. Quedamos pues para las 20 horas. El segundo encuentro se llevó de calle al primero.
Comenzó a llover como si la Ciudad no quisiera que nos encontráramos. Afortunadamente tomé un taxi cuyo chofer me hizo una plática muy amena. Los que se pusieron difíciles fueron los policías del lugar. Cuando por fin pude llegar a la torre Milán, el destino me regaló una buena jugada: los ojos verdes me esperaban al abrirse las puertas del elevador. Me dijo entonces que había un problema más: se sentía mal y necesitaba que alguien le pusiera un poco de atención. Así que, además de acudir a poner una carga en la lavadora, le hice de doctora a domicilio y le curé el brazo derecho. Él se puso feliz y se esmeró sobremanera cuando me dio las gracias. La noche transcurrió como siempre: con fútbol y galletitas ritz, esta vez también hubo avena con leche y pomada para dolor muscular. También hubo conversación, cariño y lo más importante: hubo sinceridad.

El destino se ha puesto de mi lado y la vida me ha dado muchos regalos. Conocer a una persona de esta manera es algo que ya me merecía desde hace tiempo, bastaba con que tuviera paciencia; pero como se dice, sólo el historiador sabe el futuro del pasado. Y en este caso yo no fungí como historiadora, sino como personaje. Yo no sabía qué era lo que iba a suceder.
Si hace dos meses yo hubiera sabido que iba a vivir esta historia, no me hubiera preocupado tanto y le hubiera sido indiferente a la ansiedad. La vida ha sido buena conmigo.
Existen muchos factores que hacen que esta historia se escriba. Ser un extranjero en una Ciudad desconocida no debe ser cosa fácil. Nuestros encuentros han ido de acuerdo a la circunstancia personal de cada uno de nosotros. Me he portado bien y él ha estado dispuesto a entregarse.
Lo pasé muy bien, me reí muchísimo y, aunque fuera por unas horas, me sentí feliz.
Puede que el chico regrese a la Ciudad o puede ser que se quede en la playa. Tal vez no nos volvamos a ver. Tal vez vivamos juntos para siempre. El futuro de este presente y de nuestro pasado, todavía no lo sé.
Él asegura que no se irá del país. Dice que acá está feliz, tiene trabajo y está encantado de haberme conocido. El futuro en mi país, del pasado en el suyo, ya lo conozco. Ahora quisiera poder investigar el futuro que tenemos en común.

Histérica histórica vs los domingos.
El futuro del día de Mariposa Tecknicolor con el chico de los ojos verdes ya lo vivimos. Lo pasó caminando por la Ciudad y organizando las ideas que trajo en su cabeza.
Mariposa Tecknicolor tiene una cómplice. Esta compañera también está en contra de los domingos y ahora le ayuda a llevar una campaña contra ellos. Esta chica también sabe trabajar con las manos: Mariposa le enseñara que con ellas también se escribe y juntas trabajarán para un fin común.
Ahora saben que los domingos pueden engañarse. Están dispuestas a vivirlos como si fueran cualquier día de la semana para confundirlos. Ellas le harán la vida pesada al domingo y se burlarán de él.
Al fin y al cabo, son sólo veinticuatro horas que se pasan en un respiro. Mariposa Tecknicolor está contenta porque ya tiene una compañera.

Abajo los domingos, arriba las amistades duraderas.
Abajo los domingos, arriba los besos en los labios.
Abajo los domingos, arriba los encuentros citadinos.

(Abajo tu, arriba yo. Si quieres podemos compartirlo).

viernes, 5 de septiembre de 2008

Palabras rosas

Los ultimátums llegan cuando menos uno los espera. Hay veces en las que el tiempo se me pasa como si estuviera dormida; así, todo lo veo como si lo soñara.

Afortunadamente, las motivaciones han llegado a mi vida en el momento preciso. He hecho nuevas amistades, he conocido personas, lo he pasado bien. No puedo quejarme. Desafortunadamente el tiempo siempre me apremia.

La historia a la que me he dedicado durante los últimos dos años y medio tiene que concluirse en menos de quince días, todavía no sé verdaderamente cómo debe terminar. Me sé el final pero no quiero que se acabe.

¿Cómo concluir cuando en este justo momento me fluyen las palabras rosas?
La lectura amena, como las charlas, me han llegado periódicamente. Me he sentido bien (o no me he sentido tan mal) y continúo escribiendo palabras rosas; en el fondo creo que es lo que sé hacer mejor.
Las palabras rosas son aquellas que sobresalen en mi texto. Las que pongo en color diferente para que sean leídas de modo alterno, en paralelo. Siempre me han gustado las líneas paralelas y continuamente me valgo de ellas para construir mis ideas.
Bajo otros parámetros, las palabras rosas serían el contexto o los lugares sociales de enunciación de las mismas ideas o de los hechos. Las palabras rosas pueden ser también, desde otro punto de vista, el complemento sentimental de la idea.

Últimamente, estas palabras rosas se han convertido en la columna vertebral de mi construcción del conocimiento. He dejado de tenerle miedo a la página en blanco. Las palabras rosas equilibran los colores en mi escrito.

Mi historia no está hecha propiamente de palabras rosas. Mi historia es diferente. Las palabras rosas son para mi y mi escrito es para mi lector. A través de las palabras rosas, me he dado cuenta de que puedo construir el conocimiento que me permite enamorar a las personas. Me fascina poder llevar a cabo mi tarea con el amor de bandera. Bendito amor. Queridas palabras rosas.

Las Fantasías en carrusel fueron cambiadas por Los orígenes del nacionalismo mexicano y eso me puso triste. Pita Amor está guardada junto a J.K. Rowling. Cristina Rivera Garza me sigue esperando en casa de Rosalía. Ellas también me están esperando. Ellas también están esperando que la construcción de este conocimiento termine.
Debo ser muy lista. Debo canalizar mi entusiasmo por las palabras rosas para un fin distinto. Siempre pienso en mi lector y también pienso en las personas que estoy segura de que me leerán. Pero absolutamente no soy como aquel que les platiqué, el que tenía pegadas las fotos de Cortázar, García Márquez, Borjes y Paz frente a su escritorio: lejos de inspirarlo, le intimidaban y a mi me molestaba en absoluto que me observaran mientras me quitaba la ropa. No puedo dormir mientras otra persona observa. Que ganas tenía este hombre de hacerse la vida pesada (suficiente tengo yo con los domingos).

Yo pienso en Fito Páez, en mi madre, en Itzamar, en Vicky, en Mauricio, en David... Pienso en quienes estoy segura me leerán y me darán comentarios y me pedirán explicaciones. Pienso en los que me aman y en los que -algunas veces- no me entienden. Pienso en los que no me dejarán de querer. También en los que siempre me acompañan. A veces las palabras rosas están escritas pensando en ellos.
Las palabras rosas no tienen que ser siempre leídas.

Las palabras rosas se quedan acá.
Las fechas pasan y pasan por mi cabeza como rollo de película. Día 17, día 22, día 26. Bendito Septiembre. Tres escritos, tres interpretaciones, tres.

Tres fechas y un millón de domingos.

martes, 2 de septiembre de 2008

Buena suerte y hasta luego

Ella dijo que tuvo problemas y le dije que esté preparada para mucho menos
ella quiso saberlo todo de mi, pero no hubo palabras...
Dijo que era mala, que no arriesgue ese momento junto a ella
que era lo mejor olvidar todo, por un tiempo.

Ese manicomio estaba lleno de problemas de frontera
se hizo de día y los varones lentamente caminan.
Dicen que todo se sabe pero tal vez no quieras saberlo
Era lo mejor olvidar todo, por un tiempo.

Ella dijo "que te vaya bien", y le dije "buena suerte y hasta luego"
y nunca mas la volveré a ver, o tal vez sea en algún tiempo.
Yo pensaba que estaba todo bien, que seria sin problemas como un juego
y nunca más la volveré a ver, o tal vez sea en algún tiempo.

Dicen que todo se sabe, pero tal vez no quieras saberlo
que era lo mejor olvidar todo, como si no hubiera sido.
Y ella dijo "que te vaya bien", y le dije "buena suerte y hasta luego"
y nunca mas la volveré a ver, o tal vez sea en algún tiempo.

Yo pensaba que estaba todo bien, que seria sin problemas como un juego
y nunca más la volveré a ver, o tal vez sea en algún tiempo.

Andrés Calamaro






Que linda canción. Que cierta. Gracias Andrés.

lunes, 1 de septiembre de 2008

Septiembre

Todos sabemos amar, pues hemos nacido con ese don. Algunas personas lo practican naturalmente bien, pero la mayoría tiene que reaprender, recordar cómo se ama y todos, sin excepción, tenemos que quemarnos en la hoguera de nuestras emociones pasadas, revivir alegrías y dolores, malos momentos y recuperación, hasta conseguir ver el hilo conductor que hay detrás de cada nuevo encuentro; sí, hay un hilo. Y entonces, los cuerpos aprenden a hablar el lenguaje del alma.

Once minutos

PAULO COELHO


No lo hubiera podido leer en mejor momento.
Histérica histórica no pierde la fe.

No pierdo la fe

El domingo fue como casi todos los anteriores.
Desilusionada porque no pude ver a mi última conquista y triste debido a que mi mejor amiga tuvo que empacar una casa, me disponía a quedarme dormida cuando la canción "El amor después del amor" sonó. De pronto en la boca del estómago sentí el impulso de levantarme de la cama y sacarle la lengua al domingo; dije muy fuerte "no me harás pasar el mal rato" y me puse linda, me alboroté el pelo y me salí a la Ciudad.

Después de caminar un rato, decidí que por más feos que sean los domingos y por más sola que yo me sienta, no me dejaré vencer y no me permitiré sentirme derrotada otra vez.

Siempre hay algo que hacer. Siempre hay un lugar que visitar.

Seguiré sacándole la lengua la domingo porque él me la saca a mi, pero no dejaré que me intimide una vez más.
Siento que pronto también habrán otras bocas que besar y otros idiomas para platicar.

Insisto también en que los besos no deben estar vetados. Deberíamos besarnos cada que ganas nos dieran o que nos sintiéramos atraidos por alguien. Besar, tocar y demostrar cariño es darnos cuenta de que estamos vivos.
Abajo el domingo. Arriba los besos en los labios.