miércoles, 30 de septiembre de 2009

Estimado Andrés Neuman:

Espero que estés muy bien, soy Mariposa Tecknicolor y escribo desde la Ciudad de México.

Del mes de abril al mes de agosto pasados trabajé en una agencia de análisis de noticias y me correspondió cubrir las entrevistas que viniste a dar en la Ciudad de México a un programa de radio y al programa de televisión Conversando con Cristina Pacheco, así fue como te conocí. Fíjate que hubo muchas noticias sobre novelas y escritores que cubrí mientras trabajé allí, pero algo muy peculiar tuvo tu voz, tu risa y la descripción que hiciste de tus personajes; y me sentí identificada contigo cuando dijiste que más allá de la suma económica que trajo el Premio Alfaguara, lo que no se compraba ni con todo el dinero del mundo era que te fueran a leer en todos los países de Iberoamérica, y entonces mencionaste las aquellas capitales con las que te entusiasmabas de pensar que tu libro estaría en las estanterías de las tiendas de libros. Dijiste, asombrado, que era algo que no podías haber imaginado.

Eso, mi querido Andrés, y los comentarios de que cada lector hiciera el mapa de Wandernburgo, que sea una ciudad itinerante, el amor que se funde entre Hans y Sophie, la Plaza y el organillo del organillero que va acompañado de Franz, y el arcón que parece que trae "unos cuantos" muertos, me hicieron imaginar y comenzar a hilar una historia en mi cabeza. Eso de que la ciudad no deje que Hans se vaya, "mañana agarro mis cosas y me voy", y ese mañana no llega, y hasta donde voy no ha llegado.

Aproximadamente un mes después de haberte visto y escuchado en el que ahora es mi anterior empleo, en una tarde de café y revistas con mi amigo San Román, me preguntó sobre la novela que estaba leyendo en ese momento y sobre el montón de libros que tengo por leer, y me dijo, "¿hay algún libro que quieras leer y todavía no tengas?" Y sin pensarlo dos veces le dije que sí, que necesitaba leer El viajero del siglo de un escritor muy joven que se llama Andrés Neuman, premio Alfaguara de Novela 2009, y de quien me quería hacer total fan.

Los días pasaron y llegó mi cumpleaños número 26. Al día siguiente, San Román llegó a verme para invitarme un café, y cuando me subí a su coche estiró su brazo bajo mi asiento y sacó un gran paquete envuelto en papel color dorado y un enorme moño color rosa, era un libro de Sanborn's por supuesto, y se me salieron las lágrimas cuando vi el título y tu nombre escritos, que además me sorprendió porque no sabía como era la portada.

Comencé a leerlo esa misma noche. No tengo el ritmo de lectura de antes porque mi actual trabajo me absorbe muchísimo tiempo, pero siempre que regreso a casa, me recuesto en los dos sillones en forma de media luna de mi habitación, levanto las piernas sobre dos cojines y mientras mi gato se acurruca en mi panza, yo continúo imaginando Wandernburgo y las facciones de la cara de Hans, su pelo y su estatura.

La semana pasada terminé el capítulo "I Aquí la luz es vieja", y me satisfizo sobremanera la conversación entre el grupo de hombres, la última vez que se reúnen en la cueva del organillero. No quisiera escribir sobre tu novela porque me tardaría muchísimo y terminaría contándola aquí mismo, pero sí quiero que sepas que tus letras llegaron a darle mucha ilusión a mi corazón y muchas ganas de seguir escribiendo a mi cabeza y a mi alma.

Me acabo de comprar un coche, y como siempre tuve que escogerle un nombre. Pensé de inmediato ponerle Andrés en tu honor, pero mi anterior coche se llamaba así porque la primera vez que lo manejé fue para ir al concierto de Andrés Calamaro en el Auditorio Nacional, y no quise repetir el nombre porque además, me pareció mala suerte ya que a Andrés me lo robaron del estacionamiento del supermercado. Nunca apareció, yo estuve muy triste, pero me repuse pensando que había cumplido conmigo.

En tu honor, de igual manera, mi nuevo coche se llama Hans. Pensé llamarle Neuman o viajero, pero sin pensarlo, cuando mis amigos lo vieron y me preguntaron su nombre, de mis labios salió "Hans, se llama Hans porque así se llama el viajero del siglo", personaje principal del libro que estoy leyendo y que todas las noches me hace la mujer más feliz del mundo.

Gracias, otra vez.
Un cariño,
Mariposa Tecknicolor.

sábado, 26 de septiembre de 2009

Sobre el escenario

Las horas para dormir no han sido suficientes. Pareciera que soy una sonámbula que camina por las calles con el rumbo bien fijo, pero que a veces olvida cómo regresar de donde vino. Viajé dos horas en coche, dos y media en Metro, tres y poquito más de regreso, pero el chico ha estado de mi lado conmigo de alguna u otra manera.

Oficialmente el otoño entró el miércoles pasado y junto con él, mi corazón también ha ido cambiando de color. Las cosas no han salido como se planearon hace unos meses, pero tampoco tengo mucho de qué quejarme, sigo haciéndole de camaleón y propiciando buenos encuentros, y el optimismo no ha decidido dejar de estar conmigo.

Su departamento es diferente cuando es de noche, él no viste con los jeans negros que tanto me gustan, ni con la chamarra de cuero color azul con gris. Esta vez usa pantalones deportivos, hace café en un pocillo, y se pelea con el marco de la ventana del comedor, la que nos regala la vista de la Ciudad iluminada cuando nos sentamos a cenar. Casi no hay ruido, tampoco hace frío. Llegué directa a sacarme las medias porque me lastimaban las corvas luego de tantas horas pisando el clutch y el freno al mismo tiempo, y también me saqué los calcetines y las zapatillas.

Me sirvió el café, sin azúcar como me gusta, y se lo preparé con dos de splenda como lo toma él. La peli duró unos ocho minutos, lo que tardé en quedarme dormida en el sillón, recargada sobre su hombro izquierdo. Cuando desperté casi una hora después, ya tenía echada encima una cobijita color chocolate, y tenía puestos unos calcetines deportivos, como él. Entonces sí nos pusimos al corriente, y platicamos todas las horas que hacían falta, poco antes del amanecer, justo cuando tuve que volver a mi casa.

Nunca te había visto tan de cerca, le confesé mientras su brazo pasaba por detrás de mi cabeza. Me incorporé y le miré la barba cerrada, los ojos color miel redonditos y protuberantes, las cejas despeindas, las pestañas largas y enroscadas que se enredan en el párpado superior. Tienes una boca pequeña, volví a confesar, los dientes alineados, la piel de la cabeza suave. He tenido la sensación de que tu aroma ha venido conmigo todos estos días, desde que salimos la primera vez, y él me respondió que nunca su aroma se había querido ir con alguien, hasta que llegué yo.

Más tarde pensé que quizá sea que los recuerdos que comienzo a construir con él tienen aroma, y no es al revés, cuando un aroma es lo que nos hace recordar. Tiene una memoria casi como la mía, fotográfica, obsesiva, y también recuerda cada una de las palabras que salen de mi boca y los detalles de mis movimientos, de los pasos de mis piernas, de las ondas de mi pelo. También me di cuenta de que el café sabe diferente, los panes de chocolate no engordan, la suprema de toronja es dulce y las ensaladas me alimentan de verdad.

Nunca me habían llevado a mi casa en dos coches, y esta primera vez me hizo muy feliz. Aún cuando las cosas han cambiado desde que Hans llegó, el chico no ha dejado de acompañarme hasta la puerta, manejando su avispón verde tras de mí, mirándole el trasero iluminado. Hacía mucho frío -como siempre lo siento en las manos y en los pies-, y dormí el tiempo mínimo para irme a trabajar. Otra vez fui una noctámbula, hasta que el texto de la tarde siguiente me dijo que todo estaba bien, que las horas de madrugada nos hicieron felices.

Y no tengo prisa. Ninguna prisa. Ya no me preocupa que no haya besos en los labios y que no haya calles de la mano. Esta vez me siento bien cuando me da el brazo, o sujeta mi codo cuando desciendo un escalón o toma mi muñeca cuando bajo del coche. Así es su estilo, y mientras no presione el estilo que tengo yo, no tengo prisa y seguiré moviendo mis alas.

Ayer nos encontramos en la lateral de Periférico norte, yo venía harta de tanta gente en el transporte colectivo, y todo el malestar desapareció con el piropo que me dijo al subirme al coche. Me invitó el latte por el que moría desde el martes pasado, y como no teníamos plan terminamos asistiendo a la noche colonial que María nos propuso.

Bailamos como si nos conociéramos de años, la gente nos aplaudió, la banda nos invitó a subir al escenario. Junto a él me veo mucho más bajita de lo que soy y mucho más delgada. Bailamos sobre el escenario dos piezas, bajamos a la pista a bailar las lentas y la gente volvió a aplaudirnos. Fue otra cita que quiero recordar. Nos reímos tanto que me dijo que le dolían las mejillas, a mi se me quitó el frío y me quité los guantes de piel.

Me gusta que baile, me gusta bailar con él y que llevemos el ritmo como si lleváramos mucho tiempo bailando juntos. Me gustan estos nuevos recuerdos y que su aroma algunas veces se venga conmigo.

No había bailado antes sobre un escenario, con la banda detrás. Nunca antes había bailado de puntitas. Este chico me está llenando de primeras veces. Supongo que otros escenarios nos esperan, y hay algunos que él me quiere enseñar; sin embargo todavía no estoy segura de darle paso al backstage del escenario de mi corazón.

Gran semana. Grandes noches. Feliz domingo el que vendrá mañana. Los planes vienen, nos incluímos los dos. El otoño tira las hojitas, pero hace receptivo a mi corazón.

viernes, 25 de septiembre de 2009

Es el otoño

Ahora no sólo no te invitan a salir, sino que cuando lo hacen te piden que no te enamores de ellos. Es mejor que yo no entienda nada. ¿Por qué cuando uno comienza a salir con un chico, se tienen que empezar a tomar decisiones? El chico fue quien comenzó esta vez. No te enamores, que nada cambie, ¿y si de cualquier forma no me hubiera convenido enamorarme? Sé que no es el chico de mi vida, ¿pero por qué presionarme?

Veinticinco de septiembre ya, estoy metida en un archivo de concentración con el pelo de leona atado bajo una pañoleta negra con flores azules, uso guantes de látex, cubrebocas, bata y mis lentes de pasta color negro. Hoy me puse mis jeans ajustados y las botas estilo cordobés porque veré a Mateo, tenemos la invitación a una fiesta en el colegio de María, no sé si quiero que me acompañe, no sé como me siento de que me haya dicho que sólo somos amigos, que nada progresará y es por eso que quizá es mejor que no conozca a mi familia.

Veinticinco de septiembre ya, y hace frío. Comí pan con queso, llueve, y el archivo parece que concentra corazones desolados. Muero por un latte, y necesito que alguien me haga caso.

Un año más, el tiempo no se detiene. A veces me parece inverosímil que sigamos siendo amigos. Yo no sería la misma sin el contacto que tengo contigo, sin tu apoyo, sin tu carácter serio. Deseo tanto que estés bien, que tus proyectos se realicen, que seas feliz para siempre. Te lo mereces. Eres de los pocos que se lo merece. En un año supongo que estaremos acá, y nos reiremos de las decisiones que tengo que tomar, y de los días que tienes mal humor.

Te extraño tanto, y luego pienso que quizá es porque siempre te he necesitado. Acabo de describir un expediente que contenía tu nombre, así es, en 1986 alguien que se llama igual que tu, tuvo un proyecto en la DEH. Te apareces, como sea te apareces.

Veinticinco de septiembre y oficialmente estamos en otoño. No tardan en caérsele las hojitas amarillas a mi corazón, y a este nuevo encierro que quiere hacerse romance. Quiero aprovecharlo como si fuera el último día, y el domingo tal vez será.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

101 Ciudades

Cien veces he escrito de mi Ciudad o me he referido a la vida que llevo en ella. A veces no es como me la he imaginado en mis letras, en mis estudios o en mis sueños, pero siempre me hace feliz, me sigue protegiendo y me sigue dando oportunidades.

Cien veces y todavía no se me acaba lo que tengo que decir de ella.

Cien veces, y es la primera vez que la tengo completa enfrente, esta vista maravillosa que me regaló la casa de Mafka, vista panorámica de mi fabulosa Ciudad.

Y no necesito más, a veces me sobra el coche, a veces me faltan los tacones, siempre están mis amigas acá, algunas otras es mejor cuando ando sola. ¿Los chicos? Es lindo cuando me acompañan, pero no siempre son imprescindibles. La zona que he frecuentado esta semana es peligrosa, es húmeda y seca a la vez, es hostil, pero sigue siendo mi Ciudad y se merece que la conozca completa, que sepa moverme con ella, que haga un transbordo diario por sus venas de trenes, que cruce sus ejes viales, y que sienta que me resbalo sobre los segundos pisos de sus arterias vehiculares.

Gracias Ciudad de México, nací aquí y aquí me gusta vivir.
Ahora ya son 101 ciudades.

Y sí, me acuerdo...

Te extraño un rato, cuando leo los expedientes que hablan de la dependencia en la que trabajaste tantos años. Cuando salen nombres de conocidos tuyos, desconocidos míos, recién presentados a nosotros.

Te extraño cuando paso por el Vip's y veo la mesa en la que desayunábamos. Cuando Jazmín me cuenta de ti, y me dice que sigues comiendo de tres a cuatro. Cuando me acuerdo de cómo hueles y del largo de tus brazos.

Te extraño cuando mido el tiempo, y atravieso corriendo Eje 6 sur, cuando paso con el coche por la Glorieta Insurgentes, cuando camino bien lento la explanada del Museo que me compraste. Te extraño cuando veo que alguien toma Sol bien fría, cuando me dicen que no hay tehuacán con hielos, y que los de a lado comen tacos de carnitas con doble tortilla.

Te extraño cuando manejo periférico sur y tomo el distribuidor vial de San Antonio, y en lugar de tomar para Tintoreto, me desvío para Viaducto. Pienso entonces que quizá podríamos vernos, si las horas coincidieran, si tu mano me esperara, si la Ciudad lo permitiera.

Quisiera caminar por el pasillo y verte de frente, sentado en tu escritorio, a través del cristal. Con esa camisa azul de rayitas que era mi favorita. Soñar contigo me hace acordarme de cosas. Quiero verte de frente, ya no me acuerdo bien de como son tus ojos, de frente y de pie, con tu traje negro y sin corbata.

jueves, 17 de septiembre de 2009

No te preocupes

No te preocupes, no me voy a enamorar. Y tu dijiste que las cosas las haces funcionar, pues a ver si puedes echarme a andar pasada esta noche.

A todos nos ha ido mal, no sólo a ti te han roto el corazón. La última vez que me lo rompieron, fue con heridas de muerte y no lo hizo él solo, sino que encima me echó a toda la caballería. ¿Sabes? Creí que nunca me recuperaría de esa. Pero heme aquí, aprendiendo cosas nuevas, saliendo contigo aunque nadie nos hubiera apostado, invirtiéndole al amor, aunque no me asegure que esta vez no me hará daño.

No te preocupes, no me voy a enamorar, te dije en el coche cuando me despedía para irme a casa. No me gustan las etiquetas, no me gustan los adelantos. Como amigos, como amigos. Y a ver qué pasa, si después quien se enamora eres tu.

No te preocupes, que el amor lo busco todos los días, todas las noches, en el Metro, en el camión, en la Facultad, en el camino a la verdulería, en la cafetería, en la fila del cine, en la entrada del teatro y en toda la Ciudad. No te preocupes, que si tu no traes amor, alguien me lo vendrá a entregar. No te preocupes, que me sé manejar en soledad, no me va mendigar amor ni ganas, todo siempre llegará.

Lo bueno tarda, las mejores cosas de la vida llegan para quien sabe esperar, y la soledad ahora me quiere mucho como aliada.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

Mientras tanto.

El Instituto Nacional, a pesar de que titubeó, me recibió con los brazos abiertos y me demostró que es de sabios cambiar de opinión. De cualquier forma, las medias tintas siguen sin dar conmigo.

Quizá fue la lluvia, o todo el frío que me llegó a los pies cuando salí de bañarme, lo que me hizo sentir que me daría pulmonía. No podía quedarme en ese lugar, mi pecho no podía llenarse más. Cogí un taxi, hice las compras necesarias, y luego no supe más que hacer. Aún cuando la Ciudad tiene infinitas maneras de hacerme feliz, esta vez no tuve motivo ni siquiera para pintarme la pestaña. Encontré dos opciones, entrar al salón a que me hicieran los pies y las uñas o entrar a una tienda de zapatos. Elegí la segunda opción.

Me probé unas alpargatas divinas, unas sandalias planas de tiras color dorado, unos tacones negros y así... casi me bajaron todo el aparador. No los necesito, reconocí, igual voy a estar sola y nada cambiará tener una caja más, o una caja menos, de zapatos en el clóset. Escribí un mensaje de texto rapidísimo, que decía que si era demasiado comprarme un par de sandalias más, Rey Sol nunca respondió. ¿Y cómo iba a responder si ya no somos de ese tipo de amigos? ¿Cómo le pido respuestas a mis preguntas bobas, a un chico en cuya vida no tengo ni cinco minutos de sus 24 horas al día?

Me vi reflejada en el aparador y me dije en voz alta, qué patética eres, ya sabes que no tienes con quién platicar, ¿por qué entonces te esfuerzas en tender lazos donde no los habrá más? Mis amigas si no está trabajando están con sus parejas, mis amigos igual. María trabaja casi 12 horas al día, Cristina no está acá. Mis problemas disminuyen pero no cesan. Mi pluma me comienza a identificar. Ya respetan mi estilo en la redacción, y mi historia ya tiene final.

San Román me hace llorar. Sigo sola, qué más da.

No compré ningún par de zapatos, no me hacen falta. No entré al salón, los pies me los hice regresando a casa. Fui al cine a ver una película malísima, tanto que parecía mexicana. Por lo menos me reí, comí palomitas y saliendo cené una hamburguesa con papas.

En la noche me puse a escuchar la Canción de amor mientras tanto. Mientras tanto, quise seguir escribiendo pero ni eso salió. Es oficial, trabajaré en un Instituto Nacional y mañana empiezo con otra faceta de hacer historia. Me pagarán bien, y conoceré una parte de la Ciudad que todavía no me ve caminar. Me da mucha emoción, pero también la ansiedad se apodera de los dedos de mis pies.

Lo grave, supongo, es que me empiezo a acostumbrar a esta soledad. La que a veces no me interesa, pero que otras me sorprende de lo cómoda que me hace sentir. Mientras llega la gran oportunidad, escribiré un poquito por encargo, a mano esta vez, seguiré ganando dinero, prepararé el siguiente proyecto. Mientras la lista de cosas por palomear no termine, supongo que no importa que siga habiendo soledad.

Tengo la sensación de que su aroma me ha seguido todo el tiempo, y esta vez siento que necesito llorar pero no puedo.

lunes, 14 de septiembre de 2009

La lluvia, otra vez (y tengo frío).

Tengo la sensación de que su perfume me ha seguido todo el día,
desde la noche de ayer.

¿Qué va a pasar cuando no se tengan historias que escribir? ¿Cuando mi teclado no sea suficiente? ¿Cuando mi pluma fuente no quiera recargarse más en mi dedo medio, mientras el resto de mi mano le abraza todo el cuerpo?

¿Qué va a pasar si se me olvida el oficio completo? ¿Si dejan de venirme las ganas de crecer y de cambiar? ¿Qué va a pasar si me acostumbro a las cosas malas? ¿Si creo que todo está bien, si dejo de esforzarme por que las cosas pueden ser diferentes?

¿Qué va a pasar si las cosas no salen como es debido? ¿Si al revés, tengo que escribir por encargo todos estos años, no llega el chico que me quite el aliento y el perfume sigue siendo el mismo?

domingo, 13 de septiembre de 2009

Un perfume diferente

No me gusta utilizar la palabra supongo tan a menudo.

Su aroma me ha seguido no sólo las últimas horas, sino los últimos días, la última semana. En mis manos, el olor de sus manos ha encontrado un nuevo motivo, una nueva luz, un nuevo soporte.

Me gusta mucho que lo que diga lo cumpla, que viva conforme habla, que no haya medias tintas. Frente a él tuve que cancelarle a San Román, quien me llamó tres horas después de cuando se suponía que tendríamos una cita.

De unas semanas para acá, las citas con San Román ya no son citas, ya no son encuentros, ya no son amistades. Me da miedo esta sensación de que perdemos la chispa, fue lo que le respondí cuando dijo que me extrañaba, que no podía dejar de pensar en mi. La perdemos... ¡pum! La perdí.

Me gusta que los lugares que suelo frecuentar, junto a Mateo tomen otra perspectiva, otro aire, un perfume diferente. Nunca me había sentado en la mesita del fondo, en el café de todos los días. No había pedido ese sandwich gratinado, y hacía más de un año que no compartía un pan de chocolate. No sabía tampoco cómo era el frapuchino de grosella, ni cómo era ser los últimos en salir del lugar y mucho menos del brazo de un chico, que me cubre para que la lluvia no humedezca mi pelo, y que va despacio para que mis botas no se mojen con los charcos.

No sabía que podía haber un perfume diferente, y que éste se queda en mis manos, en mi gabardina color azul rey, en mis ojos y nariz, hasta al ratito en la noche cuando concilie el sueño, cuando entre mis cobijas mi cuerpo se enrosque en medio de la cama, y dicho perfume me acaricie la cara como Mateo lo hace, cuando le digo que es mi talismán.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Simples bagatelas

Me ha dado por andar más en los rumbos de ciudad Satélite. No está tan mal, a veces no me acuerdo por qué dejé de andar de sateluca, y entonces me acuerdo que María vive allí y que tanto blof al que le da importancia, me hace estornudar. Y María así es, y así la quiero, no la podré cambiar. Pero no puedo comprender todavía que una chica de su edad, siga viviendo en una pompa de jabón. ¿Qué va a pasar cuando la burbuja se reviente? ¿Por qué no aceptar que la gente que es diferente también es feliz?

¿Por qué no ser feliz con lo que se tiene en la vida? ¿Por qué escupir palabras estúpidamente, sin soportar la repercusión que puedan tener? ¿Por qué hacer que no pasa nada?

Conocí un chico con mesura, y él agradeció que yo fuera igual. Las palabras salen como toboganes de las bocas de la gente que no piensa, por eso yo no desperdicio las palabras más.

Y resulta que el chico es sateluco, como fui yo hace algunos años. Y que vamos los lugares que estaban de moda y que ahora caen de novedad. Y resulta que no me importa, sólo me enoja que quienes no tienen que hacer se fijen en la vida de los demás. ¿Y qué si no me parece, o si a mi me funciona diferente? ¿Y qué si el chico vale la pena, y por tu prejuicio no te detuviste a averiguar?

¿Y por qué te enojas de que el chico me haya llamado al día siguiente, si para ti esas son simples bagatelas?

No se puede ir por la vida rompiendo corazones, burlándose de los demás, haciendo que no pasa nada. No señor. Por eso me abstengo, y me dan flojera las bagatelas de las que te crees alimentar.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Tres de agosto de 2005


Pero qué basura. Me encontré en una nota de una agenda electrónica el link anterior, y de inmediato pensé que quizá sería una sorpresa del destino, una información olvidada, o algún detalle que debía recordar. La nota es sobre el año del Quijote, me parece razonable. La fecha es la que es una basura.

Fue el tres de agosto de 2005, no sé por qué yo estaba tomando sola unas cervezas suecas, Cristina estaba conmigo como siempre, el nene de vacaciones con nosotras, y la Facultad se lee prometedora en las anotaciones que hice ese día, y los días alrededor de ese.

¿Por qué guardé ese link? ¿Por qué hice anotaciones? Pues porque mi locura no era suficiente, y tenía que estar sujeta a la vida del soltero tóxico, ciega de amor, ciega de pesares, sorda de malas decisiones. Gorda por tanto tinto y tantas fiambres. Gorda por floja, por desamor a mi misma. Me la pasaba escribiendo que el mundo se iba a acabar, pero que no importaba porque él y yo eramos eternos, y bla bla bla.

Me causa un poco de repulsión que una agenda me grite a la cara la realidad, lo dependiente que fui de un chico, que para todos los males no valía la pena. Algo debió haber tenido, supongo. Lo quise muchísimo, me dolió cuando se fue. Me dolió más cuando decidí no volver. Y así fue, no volví.

Si la locura no era suficiente, ¿qué tanto es tantito? ¿Por qué no encontraba yo el equilibrio? Y hoy me siento bien, las noticias buenas no han dejado de llegar, la buena ventura me llena hasta los oídos. El tiempo me ha sabido curar.

Las personas necesitan un poco de locura. De otro modo, nunca se atreven a cortar la soga y liberarse.
Nikos Kazantzakis.

Okey es oficial, aumentaron los impuestos

Me da coraje que las cosas en mi país sucedan de esta manera. El presidente y el secretario de Hacienda creen que todo el país son las Lomas de Chapultepec, el Pedregal de San Ángel o el complejo Santa Fe.

Es una tristeza. ¿No se supone que iba a ser el presidente del empleo? ¿Y toda esta gente que se ha quedado sin empleo, y que no tiene para cuando tener una oportunidad?

Hay que pensar bien si el sistema funciona, si es efectivo tener paciencia para esta incipiente democracia, si valdrá la pena seguir haciendo caso del sufragio o de los partidos políticos que se abanican con el poder.

Estoy triste. Estoy preocupada.

Bajo el mando de Mercurio

Yo creo y con eso basta.

Tengo la sensación de que su aroma me ha seguido todo el día, desde la noche de ayer. Y no me gusta no saber, si efectivamente es su aroma o algún perfume que está confundiendo mi nariz.

Muchos cumpleaños se festejaron en quince días, el último terminó el domingo pasado a las cuatro de la mañana. Desfilamos por el Mama Rumba en la colonia Roma, mi casa, el departamento de la chica, Zydeco de la Condesa, el insoportablemente kitsch barecito de la colonia Juárez, y cerramos con broche de oro en My Coffee Cup en Satélite. Esta vez sí tuvimos necesidad de circular del sur de la Ciudad, hasta Satélite.

En Mama Rumba las cosas sucedieron sin mayor novedad, salvo que un pisotón en la pista de baile me ocasionó un grave moretón en el pie izquierdo, lo que causará que se me caiga la uña del dedo gordo, sans commentaires. Llegamos re bien por Thiers hasta que se hizo Sevilla, y atravesando Insurgentes dimos vuelta a la derecha. Yo bailé toda la noche con un antropólogo con cara de oficinista, de pelo chino como el mío, y largo como el de la otra chica. Bailaba bien, no me puedo quejar, y la lluvia de las tres de la mañana nos intentó hacer pesado el resto de la noche.

Mis salones color piel quedaron color cemento. Cómo es divino que un par de zapatos me de tanta magia.

Las chicas se quedaron a dormir conmigo. Al día siguiente fuimos por barbacoa, y el día y la noche trascurrieron sin novedad pero con mucho ambiente, alrededor de la mesa de mi comedor. Bastaron unos tequilas derechos, como se deben tomar, y dos sixes de cerveza para convertir la comida en toda una fiesta. Y aprovechando que cumplí años, que la chica cumplía dos días después, que la otra cumplía el día 3 y así, seguimos brindando, y seguimos bailando.

Esa noche las sandalias altas de piel de pitón me sacaron una ampolla en diagonal, larga como de cuatro centímetros, justo en donde una tira de piel rozaba con el empeine de mi pie derecho. Sólo eso faltaba, porque ya el otro pie traía un enorme cardenal.

No he sido muy asidua a creer lo que los pronósticos del zodiaco nos deparan a cada uno de nosotros, sin embargo, de un tiempo a esta parte he comenzado a creer que los que nacimos bajo el mando de Mercurio tenemos un aire peculiar y también tenemos una manera particular de relacionarnos. Como un regalo del destino, desde hace un año he conocido a muchas personas que cumplen años en fechas muy cercanas a la mía, y he podido hacer una observación de la personalidad de quienes nacimos bajo este signo zodiacal.

El sábado en la noche, en el bar de la Condesa, conocí a Mateo. Tengo la sensación de que su aroma me ha acompañado todos estos días, todas estas horas. Ha sido una situación peculiar, porque a pesar de que tuvimos una química formidable desde que nos sentamos juntos en el mismo sofá, las famosas mariposas no han aparecido por mi panza, las chapitas no han iluminado mi cara, y los piropos no me hormiguean las manos. Ha sido distinto. Me he sentido bien, sin el arrebato pasional que hace que necesitemos estar con alguien.

Cada pareja de hermanos en su respectivo auto, volvimos por la ruta que escogió su hermano mientras llovía como llovió el sábado anterior; dimos un par de vueltas que mi hermana y yo hubiéramos evitado, pero resultó bien. De coche a coche persiguiéndonos y cantando a viva voz, ellos con canciones de amor y nosotras con Elvis Presley.

Al llegar al siguiente bar, donde acabaríamos la noche, nos cedieron el lugar de estacionamiento y ellos se fueron a buscar uno que quedó un tanto retirado. Nosotras nos alistamos y al bajarnos del coche, Mateo ya estaba esperándome junto a la portezuela de mi lado. Tan alto, con esa chamarra de cuero que me hizo sonreír, me ofreció el brazo y lo tomé, enfundado en mi abrigo de doble botonadura, y mi mano con mis guantes de piel bicolor. Caminamos hacia el lugar, y una vez más los tacones de 12 centímetros de mis botines negros me hicieron una buena jugada, me hicieron llegarle, por lo menos, unos centímetros arriba del hombro.

Ayer, que lo volví a ver y oficialmente tuvimos una cita, mis botas largas estilo cordobés delataron mi verdadera estatura. No está tan mal medir 1.60, me dijo. Te sienta bien porque tú mides casi 1.90, le contesté. Cuando me abraza el aroma se mezcla, las ramas de los árboles con todo y hojas dejan de moverse, mis 59 kilos y mi melena de leoncita entonan alegres, en la misma estampa que él.

El chico nació el 24 de agosto, algunos años antes que yo. No había conocido a un chico virgo tan agradable, tan elocuente como él. La cita de casi siete horas, pareció que duró sólo dos. El verano me regaló una de las mejores lluvias que han caído sobre mi pelo, del brazo suyo, enfundado en su chamarra de cuero y el mío en el abrigo de doble botonadura color negro.

Viene el fútbol, la Cineteca, el partido de rugby, la peli que queremos ver en el cine, la cita de la mañana del próximo sábado, los trámites que tengo que hacer yo. Las clases de francés, el entranamiento para la maratón, los viajes al Caribe, los cafés de prensa francesa. Vienen todas estas cosas que tenemos en común, que todavía no sé si tendrán parte, pero planearlas resulta divertido y prometedor y buena vibra.

Buena vibra que me tranquiliza, que me pone muy bien.

¿El destino se estará acordando de mi? ¿Habrá sabido que iríamos al mismo bar, acompañados de nuestros hermanos, a la misma hora, a ver el mismo partido de fútbol, que nosotros no queríamos ver pero nuestros hermanos sí? ¿Es aquí cuando se empieza a creer?


(Just remember please: fuck what others think, and do your own thing).

martes, 8 de septiembre de 2009

Don't forget

Expect the best, be prepared for the worst, fuck what others think and do your own thing.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Gran piropo

La mejor distancia es la mayor.

Y confieso que algunas veces sueño con que vienen a arrancarme el vestido. Con lo que me dan ganas de que vengas para acá, a sacarme todo lo que tengo encima, la ropa, la piel y los tacones con todo y medias. La distancia no ayuda, o quizá sí y las cosas tienen que ser tal cual son. Yo ya dejé de renegar del destino, nada nos asegura que si ahorita estuviéramos juntos las cosas serían diferentes. Los años no pasan en balde, y quizá la foto del mensajero no ayuda para refrescarte la memoria.

Pasaron muchos inviernos, veranos para ti, kilos para mí, ausencias en tu país. Y hoy que miras mi fotografía y yo miro la tuya, confiesas que lo primero que te vino a la mente fue que te hubiera encantado quitarme el vestido corto color blanco, que uso con mis botas color piel. Ni los viajes relámpago nos sacarían de este apuro. Ni siquiera sería apuro, si estuvieras acá otra vez. Los kilómetros que nos separan supongo que están bien, no creí que quisieras quitarme ese vestido, pero lo comenzaré a creer.

Gran piropo. Por eso te quiero tanto, por estos detalles siento mucho que no te hubieras venido conmigo. Hacía mucho tiempo que no me decían un piropo tan convincente, por estas pequeñas cosas es que fuimos lo que fuimos. Gracias por empezarme la semana con el pie derecho. Okey es oficial, todavía conservo el charme.

domingo, 6 de septiembre de 2009

En Insurgentes y Eje 6

Empecé escribiendo estas líneas con mucho empeño y de una manera diferente, pero finalmente no ha habido motivo para hablar de los encuentros que tuve en Insurgentes y Eje 6. A veces me canso de afirmar que la gente no cambia, que los chicos tóxicos, tóxicos serán hasta el final de los tiempos, que las chicas que nos tienen envidia no dejarán de demostrarlo, y que si de uno no depende nunca nada cambiará.

La Ciudad me dejó encontrarme con él, y no permitirá que tengamos otro encuentro. Tenía tan revueltas las ideas ayer en la noche, que no estuve segura de si lo que quería era llorar o reír, ya hace algunos días que la ansiedad me ha sorprendido con ganas de vomitar, y supongo también tiene que ver que la persona se tarde en definir conmigo y me contagie su nerviosismo.

Respondí el último correo electrónico que me envió a las 10:20 horas, veinte minutos después yo iba camino a la Fuente de Petróleos. Luego de las citas que tuve en Reforma y Gandhi, salí despavorida hacia la calle de Córdoba en la colonia Roma. Me fui hacia Insurgentes, en Reforma222 me bajé del autobús, atravesé el centro comercial para salir a la estación Hamburgo del Metrobús y de ahí caminé y caminé hasta atravesar Avenida Chapultepec y llegar a Córdoba 32.

Al salir de allí caminé hacia la calle Durango, y luego derechito a Insurgentes. Atravesé el parque de la fuente del David, y en Durango y Jalapa me detuve a comprar un licuado de papaya y una empanada de atún en la panería de la esquina. Continué caminando hasta la estación Durango del Metrobús y lo abordé dirección Indios Verdes, para bajarme en la estación Hamburgo. Caminé Reforma para ir de regreso hacia el Auditorio Nacional para por fin encontrarme con él, pero me llamó para pedirme que fuera como la vez anterior, hacia Insurgentes y Eje 6. La línea 7 del Metro fue la mejor opción, porque sólo son cuatro estaciones en dirección Barranca del Muerto.

Y en este momento no sé de qué encuentro valdría más la pena escribir. Quizá del primero, porque una vez que sucede corro el riesgo de que pierda la cuenta de los encuentros que he tenido. Después fuimos de regreso a la Glorieta de Insurgentes, justo donde anduve en la mañana, atravesando Avenida Chapultepec. Hasta recordarlo me da un poco de flojera, pero como le dije a Jazmín, un intento más y ya no vuelvo a apostar.

Y los días han pasado, y su tiempo se ha terminado, y las cosas así son. Es evidente que el chico es casado, aún cuando se niega a afirmarlo. El estado civil de un chico hasta se puede oler. Para los chicos tóxicos lo más sencillo es suponer que uno es débil mental o que vamos a caer por simples ganas. Se necesita más que eso para que yo ponga atención. Quizá lo que más me molesta es el intento de verme la cara, cuando es evidente que no me la van a ver.

A veces sería más sencillo si supieran que el mismo error no lo cometo dos veces.

Los domingos sirven para muchas cosas, para reponerse del desvelo de ayer, para ver lo que faltaba de la serie de tv, para cocinar con mi madre como si toda la vida hubiera sido así, para lavar la ropa. Este domingo sirvió para borrarlo del móvil, del correo electrónico, para borrar de mis pies los pasos di para encontrarlo esta semana, un par de veces, en la colonia Del Valle. No hay medias tintas, lo he dicho muchas veces, los tacones te matan las pantorrillas o te ves horrible con zapatos bajos, o viceversa. Y cuando dije que me perdería al dejarme plantada, debió estar seguro de que así sería.

La Ciudad es mi mejor aliada, me cuida procurándome o negándome los encuentros que tienen la intención de suceder.

Y las malditas mentiras nunca tienen lugar, no caben, no van conmigo. El sol no se puede tapar con el puto dedo, eso hasta yo lo sé.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Okey es oficial, somos amigos

Fue después del cinco de julio pasado, justo cuando fueron las elecciones intermedias, que comencé a comunicarme con él por el correo electrónico. El asunto del correo era "votaste en blanco?", y pronto le respondí y comenzamos a tener una conversación en correspondencia.

Nos conocimos hace poco más de un año, si mal no recuerdo, en un evento sobre la Historia de la Radio en México. El chico fue conferencista, y yo espectadora. Al finalizar la mesa redonda, me acerqué a presentarme y a intercambiar correos electrónicos. En todo el transcurso del año, nos habremos escrito unas tres veces. Y hace dos meses reavivamos el contacto.

Hemos escrito de política, de nuestras profesiones, del trabajo que yo tenía, de las investigaciones de él. Y poco a poco hemos comenzado a escribir sobre nuestra vida privada o nuestras decisiones personales.

Todos los lunes, o los domigos por la noche, nos enviamos los respectivos buenos deseos para los días venideros de cada uno. A mitad de la semana conversamos sobre cómo van los días, el clima, nuestros lugares, y es fascinante cuando intercambiamos las impresiones de la Ciudad, y como la vemos cada uno desde nuestros contextos.

Este finde el tema fue mi cumpleaños, el mole con arroz y el moretón que tengo en el pie izquierdo gracias al pisotón que me dieron en la pista de baile el viernes por la noche. El chico cree que la uña se me desprenderá del dedo debido al golpe, pero en el fondo no desea que eso me suceda. Le gusta el mole rojo o verde indistintamente, cuando yo prefiero mil veces el rojo. Y cuando le dije que soy buena en la cocina y que la comida me sale muy bien, me escribió que seguramente las cosas van bien en mi vida por eso, por que sé cocinar y que eso era todo, que ya me lo había ganado como amigo y que por favor después le cuente más sobre los guisos que sé cocinar.

Qué felicidad me trajo su último correo electrónico. Oficialmente tengo otro amigo, lo que me hace setirme muy afortunada aunque sea por correo electrónico. No estoy segura en qué zona de la Ciudad vive, ni si nos concederá vernos otra vez en alguna de sus plazas, facultades o ejes viales.

No estoy segura de su edad ni del proyecto en el que trabaja actualmente. Sé su nombre completo, conozco sus primeras obras, sus trabajos sobre la Radio, su visión de la Historia de mi país y su pluma de escritor. Ah, y que firma diciendo "qué viva el mole rojo o verde". Ya está, ¿necesito algo más? Me basta que la vida me haya dado este regalo, ¡tengo un amiguis más!

miércoles, 2 de septiembre de 2009

"I'm fed up!", Borrego Viudo y la última reconciliación

La noche que se perdió en mi memoria sucedió hace mucho tiempo, cuando pensé que el amor entre el soltero tóxico y yo se podía salvar, y vino a buscarme para hablar, para decirme que todavía me quería y que no podíamos vivir sin vernos.

Yo me recuperaba de la difícil enfermedad de mis piernas, la misma que me ha hecho usar liguero con medias todos los días, y justo me acababa de comprar las botas de agua que ahora me gusta tanto calzar; ese día se lo pasó lloviendo muchísimo y yo no paraba de escribir ni de escuchar a Alizée.

Era sábado, y yo pasaba el tiempo sola como siempre, como ahora, la diferencia era que el hueco de mi corazón se había vuelto perenne, y yo estaba más sola que nunca, porque supuestamente el chico estaba conmigo pero el abismo cada día se hacía más grande entre nosotros dos. Un día ese abismo no pudo cruzarse más. Y mientras, mi convalecencia detrás del cristal en donde la lluvia golpeaba y se escurría, me hacía tener esperanzas, estirar al amor y escuchar a Alizée.

La canción I'm not twenty! me hizo llamarle al móvil, se salió del restaurante en el que trabajaba, y vino a mi casa. Preparé el bolso, mis zapatillas converse de corazones rojos, y mis levi's. Mi madre sólo nos deseó felicidad y amor, ¿qué más podía hacer? Bebimos una cerveza en el auto, luego decidimos entrar al bar de la esquina de la Facultad. Nunca habíamos ido allí, y lo pasamos de maravilla. Hubo música en vivo, bailamos muchísimo, yo fumé todos los marlboro que quise, cantamos, brindamos hasta perder la cuenta, lloré de amor, lloré de esperanza. Y al final nos pusieron I'm fed up! de Alizée.

Salimos cerca de las tres de la mañana, y lo lógico hubiera sido que volviéramos a mi casa porque estábamos a cinco minutos, pero en vez de eso, manejó directamente todo Periférico Sur hasta Viaducto, lo tomó para salir en Revolución y entramos a los tacos del Borrego Viudo para cenar. Siempre lo hacíamos así, salvo cuando cambió de domicilio y se fue a vivir frente al Estadio Azteca. Cenamos viuditos y continuamos el camino hacia su departamento.

No puedo escribir lo que pasó el resto de la noche, porque en realidad no pasó nada. Dormí, desfilé en ropa interior, lo de siempre, lo de nunca. Él durmió, se abrazó a mi cintura, desfiló su corazón frente a mi, lo de nunca.

La mañana siguiente se nos fue en desayunar, fuimos por barbacoa no me puedo acordar a qué lugar; volvimos a mi casa mirando Periférico pero de regreso, como siempre, como nunca debió ser. Mi madre lo supo desde que nos vio entrar al salón, había habido reconciliación, por eso volvíamos hasta el día siguiente, por eso la borrachera, por eso la cena de madrugada y el desvelo del día siguiente. Por eso el amor, que obligábamos que sucediera, que no se fuera, que no me hiciera sentir más sola de lo que ya estaba.

Y no duró más. Fue un domingo magnífico, de los primeros que empecé a odiar. El amor no nos duró ni para el miércoles, pero puedo ponerme la mano en el pecho para decir que lo intenté, no esa vez sino muchísimas más. Hoy la película Un buen año me gritó que debía escuchar a Alizée, y las microbocinas me gritaron que cantara a todo pulmón la canción que me hizo echar toda la carne al asador.

Los meses siguientes a esa frustrada reconciliación los pasé bajó una neblina gris, que no supo cuando se volvió lluvia otra vez, que al empaparme me refrescó el corazón. Muchas lágrimas se mezclaron con esas gotitas, caprichosas y sencillas. Lluvia que ahora no quiere volver, ni a mi Ciudad ni a mi corazón.

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Le guste o no.

Llegó el momento en mi vida de soltera, en que efectivamente soy la única chica soltera. Mis amigas tienen pareja. Mis amigos tienen pareja. Hoy me insinuaron que soy un peligro para los matrimonios de mis amigos, que al seguir la amistad con él, lo presiono y que efectivamente el que yo sea soltera y que no pretenda nada más conmigo, es lo que hace que su matrimonio peligre.

Maldita la hora en la que acepté salir a tomar ese café. Lo peor de la situación es que quien insinuó que soy un peligro es una amiga de mi madre, y para acabarla de regar toda, mi madre le hizo segunda en el comentario. ¿Acaso tengo escrito en la frente la palabra "promiscua"? Pues que me avisen, porque yo no me he dado cuenta. ¿No es obvio que la base de mi amistad es el respeto que nos tenemos el uno con el otro? ¿Por qué la amistad entre hombre y mujer se malinterpreta y se cree que las mujeres solteras somos unas rompematrimonios?

Todavía traigo un nudo en la garganta. Voy a ir a comer con mi mejor amigo, le guste a quien le guste o aunque no le parezca a la Sra. Téllez. Es tristísimo que las mujeres -de la edad que sea- nos metamos el pie unas a otras.

Y si sencillamente, yo decidiera que es mejor seguir como estoy a aventarme un matrimonio o una relación que no valdrá la pena, ¿mi madre y sus almas gemelas me dejarían de criticar?

Y resulta que creen que la puta Ciudad necesita una limpia, y a mi me fascina tal como es.

martes, 1 de septiembre de 2009

JURAMENTO DE AUTOESTIMA

Venga, reconócelo Mariposa Tecknicolor, sin contar con tu hombre ideal, eres lo mejor que hay en la tierra. Es verdad que a veces te deprimes y no quieres hacer nada porque piensas que nada vale la pena, pero también hay que reconocer que el resto de las veces eres muy optimista, perfeccionista y dedicada. Nadie sabe hacer investigación histórica como tu. Si ya lo dice tu madre: eres la mejor historiadora del mundo. Por eso, a partir de hoy vas a dejar de torturarte por no tener el empleo de tus sueños y comenzarás a quererte por ser responsable, inteligente y constante. Y si alguien llega y te dice que eres una persona equivocada, dile que puede largarse a un sitio maloliente.