Fue después del cinco de julio pasado, justo cuando fueron las elecciones intermedias, que comencé a comunicarme con él por el correo electrónico. El asunto del correo era "votaste en blanco?", y pronto le respondí y comenzamos a tener una conversación en correspondencia.
Nos conocimos hace poco más de un año, si mal no recuerdo, en un evento sobre la Historia de la Radio en México. El chico fue conferencista, y yo espectadora. Al finalizar la mesa redonda, me acerqué a presentarme y a intercambiar correos electrónicos. En todo el transcurso del año, nos habremos escrito unas tres veces. Y hace dos meses reavivamos el contacto.
Hemos escrito de política, de nuestras profesiones, del trabajo que yo tenía, de las investigaciones de él. Y poco a poco hemos comenzado a escribir sobre nuestra vida privada o nuestras decisiones personales.
Todos los lunes, o los domigos por la noche, nos enviamos los respectivos buenos deseos para los días venideros de cada uno. A mitad de la semana conversamos sobre cómo van los días, el clima, nuestros lugares, y es fascinante cuando intercambiamos las impresiones de la Ciudad, y como la vemos cada uno desde nuestros contextos.
Este finde el tema fue mi cumpleaños, el mole con arroz y el moretón que tengo en el pie izquierdo gracias al pisotón que me dieron en la pista de baile el viernes por la noche. El chico cree que la uña se me desprenderá del dedo debido al golpe, pero en el fondo no desea que eso me suceda. Le gusta el mole rojo o verde indistintamente, cuando yo prefiero mil veces el rojo. Y cuando le dije que soy buena en la cocina y que la comida me sale muy bien, me escribió que seguramente las cosas van bien en mi vida por eso, por que sé cocinar y que eso era todo, que ya me lo había ganado como amigo y que por favor después le cuente más sobre los guisos que sé cocinar.
Qué felicidad me trajo su último correo electrónico. Oficialmente tengo otro amigo, lo que me hace setirme muy afortunada aunque sea por correo electrónico. No estoy segura en qué zona de la Ciudad vive, ni si nos concederá vernos otra vez en alguna de sus plazas, facultades o ejes viales.
No estoy segura de su edad ni del proyecto en el que trabaja actualmente. Sé su nombre completo, conozco sus primeras obras, sus trabajos sobre la Radio, su visión de la Historia de mi país y su pluma de escritor. Ah, y que firma diciendo "qué viva el mole rojo o verde". Ya está, ¿necesito algo más? Me basta que la vida me haya dado este regalo, ¡tengo un amiguis más!
1 comentario:
Un amigo, ya sea en tu misma ciudad o en el mismo país o con que sea de este mundo es padrísimo. Que bueno que existen los correos electrónicos.
Un saludo Mariposa, espero que estes de lo mejor.
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