Gabriela Bernal Carrera
No hay violencia más maquillada, más sutil y perversa que la enseñanza del miedo. Encubierto de seguridad, de protección, de cobijo, de certezas, el peor enemigo de nosotras las mujeres es el miedo. El miedo que atenta contra los sueños, contra las preguntas, contra el deseo. El miedo que socava cualquier posibilidad de autonomía. Hoy, 25 de noviembre no deben ser rechazados solamente los golpes en el cuerpo, las miradas abusivas o las palabras obscenas; hoy día de la no violencia contra la mujer, debemos evidenciar las otras formas de violencia, y de entre ellas, como la peor de todas, la enseñanza del miedo.
Miedo a salir sola, miedo a hablar en voz alta y en público, miedo a mostrar amor, miedo a la soledad. Miedo a mirar con la frente alta, un horizonte ancho, pero no ajeno. Miedo a descubrir el cuerpo, miedo a descubrir los otros cuerpos. Miedo a ir a otra ciudad, viajar sola y mirar otras formas de vivir. Miedo a lo que los demás van a pensar si nos descubren riendo a solas, conversando con un hombre que no es el novio o el marido. Miedo a no ser lo suficientemente buenas para un trabajo, o para establecer una relación que valga la pena ser vivida.
¿Cómo aprendimos a tener tanto miedo? ¿Cómo es que el miedo se ha vuelto nuestra segunda piel? Como si del vientre de nuestras madres hubiésemos llegado recubiertas de miedo y no con los ojos curiosos, los oídos atentos y la boca llena de sonidos.
Aprendemos el miedo con el cuerpo. Con el cuerpo femenino que explora y es sancionado con buenas costumbres: las niñas no se trepan a los árboles, no salen a jugar a la calle. Aprendemos el miedo con el cuerpo que no cabe en las medidas ideales y que se quedará abandonado como prenda con falla a la espera de un comprador que no alcance a notar las deficiencias: las mujercitas tienen que estar bonitas, ¡¡en un mes tendremos a la princesita de Navidad de la escuela!!
Pero también aprendemos el miedo con los cuentos de princesas que esperan encerradas e inútiles en un castillo/prisión, sin aventurarse jamás más allá de los límites; sin atreverse a explorar el bosque, porque serán devoradas por ogros, lobos y cuánto malvado ser cabe en la imaginación.
Aprendemos el miedo con la trampa de la desolación, como si la soledad no fuese la primera y única condición para el verdadero encuentro con una misma y con los otros/as.
¡Cuánta violencia hay en cada amenaza! No hay ejercicio más brutal de la violencia que la amenaza, porque está destinada a minar la confianza en nosotras en los y las otras. El dolor del golpe pasará, la herida sanará, pero el miedo, la amenaza se adentran en el cuerpo, en el corazón, en la cabeza con el solo objetivo de paralizarnos. Como si estuviéramos totalmente indefensas. Como si no pudiéramos cambiar el rumbo de las cosas. Como si la única forma de estar seguras fueran la obediencia y la casa. Como si no nos hubieran parido para la aventura. Como si no pudiéramos sacar las uñas para defendernos. Como si no pudiésemos levantarnos tras la caída.
No hay violencia más encubierta que cortarnos las alas, a cuenta de una falsa seguridad que nos priva del más elemental derecho al gozo de descubrir y descubrirnos, como sujetas de este mundo ancho y tan propio.
Campaña por una educación no sexista y no discriminatoria
CLADEM - ECUADOR
jueves, 25 de noviembre de 2010
25 de noviembre: contra todas las formas de violencia
martes, 23 de noviembre de 2010
No todavía.
Literal, tengo la página en blanco.
Supongo que eso no representa un gran problema, pero me causa mucho estrés.
Me quedé pensando en la forma en la que la chica hablaba de su antigua pareja, es forma que tenemos las mujeres de expresar que "nada está pasando" cuando en realidad ha pasado de todo... ¿También yo fui así cuando hablaba del soltero tóxico? ¿También me hacía que no pasaba nada? La verdad ya no me quiero acordar, pero ahora sé que puedo hacer que no pasaba nada mientras recorro cada una de las calles que recorría con él.
Cada vez que tengo que atravesar la Calzada México-Xochimilco, o que tengo que dar vuelta en Arenal para tomar Insurgentes sur cuando vamos a punto de tomar carretera hacia Cuernavaca. El fantasma de su auto blanco, o de la señora de pelo de maíz, siempre ronda por esos lares.
Me encontré de frente al embajador, cuando ambos salíamos de la conferencia de Carlos Fuentes. Creo que el chico tóxico no volvió a verlo, lo que creo que representa una enorme falta de atención y lo hace ser un malagradecido aunque no lo haya sido. Las relaciones nunca se pierden, eso hasta yo lo sé. No estoy segura de si me reconoció, en realidad se veía muy diferente a la última vez que estuve cenando en su casa, pero se me erizó la piel, y me acordé también de los sillones de su casa que se iluminaban siempre a través de la cortina de la ventana.
Cuando paso cerca de esa casa, el soltero tóxico se sube a mi auto, y a veces me acaricia la pierna mientras conduzco. Y ahí vamos otra vez. A desayunar en la mesita de jardín, bajo la sombrilla con el gato sobre las rodillas. A recoger el periódico mojado por la lluvia, a que la bolsa de plástico que lo recubre nos moje los dedos, y comentemos en el garage las noticias mientras nos metemos a la casa. Ahí vamos a arrebatarnos la Proceso todos los domingos en la mañana, domingos que adoraba, pero que luego de él aborrecí, que no me daban lugar, no tenía un espacio, y me hacían sentir asfixia pura.
Luego, como siempre los domingos, caminábamos Santa Margarita hasta Tlacoquemécatl, él con la ropa del día antes, yo con la ropa de él. Los dos con el aroma de la noche que acababa de pasar, los guantes de piel y los lentes obscuros, sandalias de plástico, al más estilo layer cake. De regreso, siempre, bebíamos porque parecía que no podíamos hacer nada mejor. A veces no ibamos a mi casa, y pasaba mucho tiempo hasta que yo regresara para allá.
Uno se puede hacer que nada está pasando, en eso nos hacemos expertos. El problema es cuando nos acostumbramos a vivir así. Como salía por un café por las noches, o pasaba a la San Borja a comprar cualquier cosa que no me hacía falta, pero que en ese momento me hacía falta.
No sé si lo extraño. Es una cosa rara. A veces siento que anda por ahí, cuando camino Cuicuilco viendo escaparates. Viendo, otra vez, todas las cosas que no me hacen falta, y que ya no compro, porque en verdad, de lo que me hacía falta ahora estoy llena.
Las placas, los números, la combinación de las letras, se han de seguir paseando alrededor de los campos de béisbol; junto con utópicos días de campo, comidas al aire libre, siestas debajo de la puesta de sol. ¿Hace cuánto que no veo una puesta de sol? ¿Cuántas puestas de sol vimos juntos? ¿Te acuerdas las que tenían de telón de fondo tus lentes YSL y mi bikini de crochet tejido color negro?
Fui muy feliz. Y espero no estar contándolo como si no pasara nada... pasó mucho, de todo, más de lo que mi historia podría contar. Pero no lo extraño, no [todavía].
Supongo que eso no representa un gran problema, pero me causa mucho estrés.
Me quedé pensando en la forma en la que la chica hablaba de su antigua pareja, es forma que tenemos las mujeres de expresar que "nada está pasando" cuando en realidad ha pasado de todo... ¿También yo fui así cuando hablaba del soltero tóxico? ¿También me hacía que no pasaba nada? La verdad ya no me quiero acordar, pero ahora sé que puedo hacer que no pasaba nada mientras recorro cada una de las calles que recorría con él.
Cada vez que tengo que atravesar la Calzada México-Xochimilco, o que tengo que dar vuelta en Arenal para tomar Insurgentes sur cuando vamos a punto de tomar carretera hacia Cuernavaca. El fantasma de su auto blanco, o de la señora de pelo de maíz, siempre ronda por esos lares.
Me encontré de frente al embajador, cuando ambos salíamos de la conferencia de Carlos Fuentes. Creo que el chico tóxico no volvió a verlo, lo que creo que representa una enorme falta de atención y lo hace ser un malagradecido aunque no lo haya sido. Las relaciones nunca se pierden, eso hasta yo lo sé. No estoy segura de si me reconoció, en realidad se veía muy diferente a la última vez que estuve cenando en su casa, pero se me erizó la piel, y me acordé también de los sillones de su casa que se iluminaban siempre a través de la cortina de la ventana.
Cuando paso cerca de esa casa, el soltero tóxico se sube a mi auto, y a veces me acaricia la pierna mientras conduzco. Y ahí vamos otra vez. A desayunar en la mesita de jardín, bajo la sombrilla con el gato sobre las rodillas. A recoger el periódico mojado por la lluvia, a que la bolsa de plástico que lo recubre nos moje los dedos, y comentemos en el garage las noticias mientras nos metemos a la casa. Ahí vamos a arrebatarnos la Proceso todos los domingos en la mañana, domingos que adoraba, pero que luego de él aborrecí, que no me daban lugar, no tenía un espacio, y me hacían sentir asfixia pura.
Luego, como siempre los domingos, caminábamos Santa Margarita hasta Tlacoquemécatl, él con la ropa del día antes, yo con la ropa de él. Los dos con el aroma de la noche que acababa de pasar, los guantes de piel y los lentes obscuros, sandalias de plástico, al más estilo layer cake. De regreso, siempre, bebíamos porque parecía que no podíamos hacer nada mejor. A veces no ibamos a mi casa, y pasaba mucho tiempo hasta que yo regresara para allá.
Uno se puede hacer que nada está pasando, en eso nos hacemos expertos. El problema es cuando nos acostumbramos a vivir así. Como salía por un café por las noches, o pasaba a la San Borja a comprar cualquier cosa que no me hacía falta, pero que en ese momento me hacía falta.
No sé si lo extraño. Es una cosa rara. A veces siento que anda por ahí, cuando camino Cuicuilco viendo escaparates. Viendo, otra vez, todas las cosas que no me hacen falta, y que ya no compro, porque en verdad, de lo que me hacía falta ahora estoy llena.
Las placas, los números, la combinación de las letras, se han de seguir paseando alrededor de los campos de béisbol; junto con utópicos días de campo, comidas al aire libre, siestas debajo de la puesta de sol. ¿Hace cuánto que no veo una puesta de sol? ¿Cuántas puestas de sol vimos juntos? ¿Te acuerdas las que tenían de telón de fondo tus lentes YSL y mi bikini de crochet tejido color negro?
Fui muy feliz. Y espero no estar contándolo como si no pasara nada... pasó mucho, de todo, más de lo que mi historia podría contar. Pero no lo extraño, no [todavía].
lunes, 22 de noviembre de 2010
Soy lo que quise ser.
Ahí estaba la Barbie novia, la modelo, la corredora de coches, la veterinaria de la selva que cura pandas y koalas, la que vive en la playa y se llama algo así como Malibú, Hawaii o Bora Bora. Pero de pronto, mis ojos siguieron explorando el anaquel de la juguetería, y ya no vieron muñequitas rubias, sino al mismísimo Jesucristo dentro de una cajita de cartón.
Ya sabes, al borde de la quinta chilla, a punto de mandar a la fregada la frase de "sé lo que quieras ser" o "¿qué quieres ser hoy?", Jesucristo vestido como la iconografía lo ha descrito, me hizo darle un giro a toda esta interpretación de capitalismo del siglo veintiuno, en mi visita más bizarra a un supermercado.
Yo fui una niña Barbie y algunas veces lo sigo siendo, como cuando moría por tener en mi colección la réplica que Mattel sacó el año pasado de la Barbie original de 1959. O como cuando moría por tener la Barbie con su colección de zapatos que el Rey Sol me regaló una vez. Sigo siendo una niña Barbie, porque dentro de la más dura exigencia académica, me sigo presentando al posgrado con mi montón de libros, la disertación más confusa que nunca en mi vida había hecho, mis botines de tacón, y un starbucks en la mano izquierda.
No ha sido fácil defender mis propuestas ni mis calificaciones. No ha sido fácil mostrar de una sola vez cuál es mi personalidad. Muchas cosas que nos hacen sentir como en un gran big brother, cuando menos te das cuenta te intimidan. No es sencillo presentarse frente a gente que no te conoce, con una nueva propuesta de investigación que nadie se hubiera imaginado, que ahora resulta que revolucionaría hasta a la más radical vieja guardia de cualquier institución.
Fui una niña Barbie, y a veces quisiera que eso imperara en mi estilo de vida, más que la historiografía misma.
Si, según la filosofía Barbie, uno puede "ser lo que quiere ser", ¿por qué shit la Barbie nunca quiso ser escritora, doctora en Humanidades o historiadora? ¿En qué momento se me movió el switch? ¿Cuándo vi en algún fotocuento la historia de una Barbie al estilo Indiana Jones? Que yo me acuerde, nunca. El argumento de esas historietas era la fiesta en el club, o la despedida de soltera de una amiga de Barbie, o una fiesta en el salón de juegos de un kinder, ahhh por que eso sí, la Barbie siempre ha tenido tiempo de hacer obras de caridad, beneficiencia pública, y vestir al último grito de la moda.
La semana pasada, que me encontré al editor de la revista en la biblioteca, que alguna vez me invitó a salir, me dijo muy serio: "Mariposa, acuérdate que no se puede hacer todo al mismo tiempo". Y nada más porque estábamos en un recinto en silencio no le grité "¡y por qué carajos hay mujeres que han podido ser todo y hacer todo al mismo tiempo!" No se lo grité, pero lo pensé, y seamos sinceros, es verdad. Hay mujeres que lo siguen haciendo.
Dilucidar entre escribir las tarjetas Hallmark o seguir con la carrera de Historia, es cosa seria. Quizá no se entienda a la primera, pero de veras que causa mucho conflicto.
Ayer Cristina me decía que el destino no estaba escrito, que nosotras lo ibamos escribiendo. Y bueno, la Barbie tiene un destino escrito a través del márketing que registra un publicista, y se ve muy feliz, y sigue siendo espectacular, y tiene un gran clóset. ¿Y yo? ¿Te acuerdas cuando salías con el publicista, que te decía que escribieras y escribieras y que él se encargaría de llevarte a la cima en las obras de divulgación? Bueno pues elegiste otro destino Mariposa Tecknicolor, siempre más complicado que venir calzada con tacones en una cajita de cartón.
Ya sabes, al borde de la quinta chilla, a punto de mandar a la fregada la frase de "sé lo que quieras ser" o "¿qué quieres ser hoy?", Jesucristo vestido como la iconografía lo ha descrito, me hizo darle un giro a toda esta interpretación de capitalismo del siglo veintiuno, en mi visita más bizarra a un supermercado.
Yo fui una niña Barbie y algunas veces lo sigo siendo, como cuando moría por tener en mi colección la réplica que Mattel sacó el año pasado de la Barbie original de 1959. O como cuando moría por tener la Barbie con su colección de zapatos que el Rey Sol me regaló una vez. Sigo siendo una niña Barbie, porque dentro de la más dura exigencia académica, me sigo presentando al posgrado con mi montón de libros, la disertación más confusa que nunca en mi vida había hecho, mis botines de tacón, y un starbucks en la mano izquierda.
No ha sido fácil defender mis propuestas ni mis calificaciones. No ha sido fácil mostrar de una sola vez cuál es mi personalidad. Muchas cosas que nos hacen sentir como en un gran big brother, cuando menos te das cuenta te intimidan. No es sencillo presentarse frente a gente que no te conoce, con una nueva propuesta de investigación que nadie se hubiera imaginado, que ahora resulta que revolucionaría hasta a la más radical vieja guardia de cualquier institución.
Fui una niña Barbie, y a veces quisiera que eso imperara en mi estilo de vida, más que la historiografía misma.
Si, según la filosofía Barbie, uno puede "ser lo que quiere ser", ¿por qué shit la Barbie nunca quiso ser escritora, doctora en Humanidades o historiadora? ¿En qué momento se me movió el switch? ¿Cuándo vi en algún fotocuento la historia de una Barbie al estilo Indiana Jones? Que yo me acuerde, nunca. El argumento de esas historietas era la fiesta en el club, o la despedida de soltera de una amiga de Barbie, o una fiesta en el salón de juegos de un kinder, ahhh por que eso sí, la Barbie siempre ha tenido tiempo de hacer obras de caridad, beneficiencia pública, y vestir al último grito de la moda.
La semana pasada, que me encontré al editor de la revista en la biblioteca, que alguna vez me invitó a salir, me dijo muy serio: "Mariposa, acuérdate que no se puede hacer todo al mismo tiempo". Y nada más porque estábamos en un recinto en silencio no le grité "¡y por qué carajos hay mujeres que han podido ser todo y hacer todo al mismo tiempo!" No se lo grité, pero lo pensé, y seamos sinceros, es verdad. Hay mujeres que lo siguen haciendo.
Dilucidar entre escribir las tarjetas Hallmark o seguir con la carrera de Historia, es cosa seria. Quizá no se entienda a la primera, pero de veras que causa mucho conflicto.
Ayer Cristina me decía que el destino no estaba escrito, que nosotras lo ibamos escribiendo. Y bueno, la Barbie tiene un destino escrito a través del márketing que registra un publicista, y se ve muy feliz, y sigue siendo espectacular, y tiene un gran clóset. ¿Y yo? ¿Te acuerdas cuando salías con el publicista, que te decía que escribieras y escribieras y que él se encargaría de llevarte a la cima en las obras de divulgación? Bueno pues elegiste otro destino Mariposa Tecknicolor, siempre más complicado que venir calzada con tacones en una cajita de cartón.
domingo, 21 de noviembre de 2010
Lo que cuesta sacarse un 9.0
No sabes lo desmoralizada que me siento desde la última semana. Es como si a un panadero le dijeran que su masa de bolillos está mal hecha, que así no es, porque no nutre ni alimenta. Yo, sinceramente, he comenzado a considerar dedicarme a otra cosa que no sea a escribir historia. Escribir las tarjetas de felicitación para Hallmark, por ejemplo, o poner una boutique de zapatos, con estantes para vender también lentes de sol, bolsos y pañoletas.
No sé. Tanto qué hacer y tan poco tiempo. Tanto qué hacer y sin saber cómo realizarlo.
No soy una persona a la que le gusten los problemas, no suelo tener problemas, suelo resolverlos cada que se presentan. Y ahora mírame, tengo muchos problemas, y algunos que no sé de dónde vinieron. De todos éstos, ninguno es historiográfico. Ése es el verdadero problema.
Nunca me imaginé que la gente fuera tan intransigente. En parte ahora entiendo que los estudios de posgrado tengan tanta mala fama, tantas plazas "vendidas", bien "recomendadas", cucharas grandes que de pronto sirven y sirven sólo para una persona. Nunca imaginé que la gente fuera tan falta de tacto, tan falta de valores, egoísta, soberbia... ha habido veces en que me recuerdan a la actitud de María, y creo que eso es lo que me da tanta tristeza.
¿La verdad? Me siento profundamente decepcionada, triste y desilusionada. Por más que trabajo y por más que me esfuerzo, no es suficiente. Las cosas no son suficientes cuando las hago a mi manera. Estoy muy cansada. Si siempre me he portado como una dama, no me merezco que me traten así.
Ahora viene lo más difícil. Si no tengo plan B, ¿qué es lo que voy a hacer?
No sé. Tanto qué hacer y tan poco tiempo. Tanto qué hacer y sin saber cómo realizarlo.
No soy una persona a la que le gusten los problemas, no suelo tener problemas, suelo resolverlos cada que se presentan. Y ahora mírame, tengo muchos problemas, y algunos que no sé de dónde vinieron. De todos éstos, ninguno es historiográfico. Ése es el verdadero problema.
Nunca me imaginé que la gente fuera tan intransigente. En parte ahora entiendo que los estudios de posgrado tengan tanta mala fama, tantas plazas "vendidas", bien "recomendadas", cucharas grandes que de pronto sirven y sirven sólo para una persona. Nunca imaginé que la gente fuera tan falta de tacto, tan falta de valores, egoísta, soberbia... ha habido veces en que me recuerdan a la actitud de María, y creo que eso es lo que me da tanta tristeza.
¿La verdad? Me siento profundamente decepcionada, triste y desilusionada. Por más que trabajo y por más que me esfuerzo, no es suficiente. Las cosas no son suficientes cuando las hago a mi manera. Estoy muy cansada. Si siempre me he portado como una dama, no me merezco que me traten así.
Ahora viene lo más difícil. Si no tengo plan B, ¿qué es lo que voy a hacer?
sábado, 13 de noviembre de 2010
martes, 9 de noviembre de 2010
Viniste a mi vida a hacerme feliz
Eran las diecisiete con quince cuando tomé Periférico Norte a la altura de San Antonio. Sorprendentemente estaba muy fluido, me metí a carriles centrales en la primera oportunidad, y seguí manejando mientras escuchaba a Alizée a través del audífono izquierdo.
No sé qué es lo que tienen estos días, estos fríos, este calor que no se me quita de adentro. Todo me parece tan nostálgico, a veces todo me conmeve tanto... La música fue la gota que derramó el vaso, y haber visto el inicio de la puesta de sol sobre Periférico, terminó por darle el toque final.
Lloré sin darme cuenta, hasta que las lágrimas me empañaron los lentes de sol. Pensé que de todas formas, como sea, era un día muy bonito como para llegar a guardarme a la casa cuando todavía quedaba tiempo para disfrutarse. El congestionamiento de la lateral de Periférico a la altura de Echegaray me pudo volver loca. Luego, al estar llegando a la Facultad supe que debía entrar a llenarme otra vez de lo que me llenó la Universidad.
Le llamé a mi amigo Presidente de la Nueva República de Babel. Le dije que estaba buscándole un lugar a Hans en el estacionamiento, y que iba para su Colegio, a platicar. Se puso muy contento, me dio muchísimo gusto escucharlo y saber que lo iba a ver.
Entonces recordé que en estos momentos, justo hace un año, jamás me hubiera imaginado que mi vida fuera a cambiar como lo hizo. Yo era una chica triste, lo acepto. Sí, siempre he sido optimista ante el amor y ante la familia que he elegido, pero me sentía muy sola; date cuenta pues, que ahora podemos platicar, que de verdad estaba muy sola.
Pero el 9 de noviembre conocí a personas maravillosas. El último regalo que recibí de esas manos largas, fue un empleo que otra vez me mandó a las nubes, que me hizo dejarme llevar, que hizo que dejara de pensar en todo lo que me afligía, y que en el fondo me hizo olvidarme de tanta soledad.
El cenit de mis malas decisiones y de mi ansiedad por buscar una compañía que por lo menos me hiciera reír dos veces por semana, tuvo lugar a finales del 2009. Eso, como puedes ver, ya lo olvidé y ni siquiera me di cuenta. No recuerdo fechas exactas, ni historias encontradas en las calles de esta ciudad. Sólo me acuerdo de mi, de las pésimas fiestas decembrinas, y de que para mí el año nuevo sí trajo una vida nueva.
Personas maravillosas llegaron a mi vida el 9 de noviembre. Llegaron a mi vida amigos maravillosos, una nueva familia que se ha gestado desde esos días. Noches locas en la ciudad, días de cine, de escritos interminables que se logran sobre una mesa de cryztal. Sabios consejos, cafeteras rebosantes que no siempre saben bien, mamuts a las cinco de la tarde para el monchi vespertino, una copa de whisky con soda los jueves por la tarde, estrés inmesurable completamente controlable, noches de grúa porque Hans ya no quería andar.
Historias de noches estrelladas que se cuentan desde el piso de parquet. Frío, mucho frío. Calor que proviene de los calefones de gas. Un sillón azul, que pronto estará en nuestra casa.
Obtuve mi grado profesional. Concursé para una plaza de posgrado, la obtuve justo cuando pensé que no podría más.
Luego, dejé de recordar, y vi de lejos a mi amigo el Presidente. Caminé hacia él y nos dimos un abrazo fuerte y lleno de risas. Comenzamos a caminar. Fuimos por café, a platicar para ponernos al corriente.
La ansiedad de venir manejando con todo este cansancio encima, de pronto comenzó a disiparse. El Presidente me llenó de regalos, muchos que me hicieron sonreír. Y entonces me di cuenta, tanto que deseé, tanto que busqué, tanto que soñé con que nada más haría falta, y todo sucede, todo vuelve a empezar. Me siento muy bien. Es real.
Y tu, ojitos verdes, viniste a mi vida a hacerme feliz.
No sé qué es lo que tienen estos días, estos fríos, este calor que no se me quita de adentro. Todo me parece tan nostálgico, a veces todo me conmeve tanto... La música fue la gota que derramó el vaso, y haber visto el inicio de la puesta de sol sobre Periférico, terminó por darle el toque final.
Lloré sin darme cuenta, hasta que las lágrimas me empañaron los lentes de sol. Pensé que de todas formas, como sea, era un día muy bonito como para llegar a guardarme a la casa cuando todavía quedaba tiempo para disfrutarse. El congestionamiento de la lateral de Periférico a la altura de Echegaray me pudo volver loca. Luego, al estar llegando a la Facultad supe que debía entrar a llenarme otra vez de lo que me llenó la Universidad.
Le llamé a mi amigo Presidente de la Nueva República de Babel. Le dije que estaba buscándole un lugar a Hans en el estacionamiento, y que iba para su Colegio, a platicar. Se puso muy contento, me dio muchísimo gusto escucharlo y saber que lo iba a ver.
Entonces recordé que en estos momentos, justo hace un año, jamás me hubiera imaginado que mi vida fuera a cambiar como lo hizo. Yo era una chica triste, lo acepto. Sí, siempre he sido optimista ante el amor y ante la familia que he elegido, pero me sentía muy sola; date cuenta pues, que ahora podemos platicar, que de verdad estaba muy sola.
Pero el 9 de noviembre conocí a personas maravillosas. El último regalo que recibí de esas manos largas, fue un empleo que otra vez me mandó a las nubes, que me hizo dejarme llevar, que hizo que dejara de pensar en todo lo que me afligía, y que en el fondo me hizo olvidarme de tanta soledad.
El cenit de mis malas decisiones y de mi ansiedad por buscar una compañía que por lo menos me hiciera reír dos veces por semana, tuvo lugar a finales del 2009. Eso, como puedes ver, ya lo olvidé y ni siquiera me di cuenta. No recuerdo fechas exactas, ni historias encontradas en las calles de esta ciudad. Sólo me acuerdo de mi, de las pésimas fiestas decembrinas, y de que para mí el año nuevo sí trajo una vida nueva.
Personas maravillosas llegaron a mi vida el 9 de noviembre. Llegaron a mi vida amigos maravillosos, una nueva familia que se ha gestado desde esos días. Noches locas en la ciudad, días de cine, de escritos interminables que se logran sobre una mesa de cryztal. Sabios consejos, cafeteras rebosantes que no siempre saben bien, mamuts a las cinco de la tarde para el monchi vespertino, una copa de whisky con soda los jueves por la tarde, estrés inmesurable completamente controlable, noches de grúa porque Hans ya no quería andar.
Historias de noches estrelladas que se cuentan desde el piso de parquet. Frío, mucho frío. Calor que proviene de los calefones de gas. Un sillón azul, que pronto estará en nuestra casa.
Obtuve mi grado profesional. Concursé para una plaza de posgrado, la obtuve justo cuando pensé que no podría más.
Luego, dejé de recordar, y vi de lejos a mi amigo el Presidente. Caminé hacia él y nos dimos un abrazo fuerte y lleno de risas. Comenzamos a caminar. Fuimos por café, a platicar para ponernos al corriente.
La ansiedad de venir manejando con todo este cansancio encima, de pronto comenzó a disiparse. El Presidente me llenó de regalos, muchos que me hicieron sonreír. Y entonces me di cuenta, tanto que deseé, tanto que busqué, tanto que soñé con que nada más haría falta, y todo sucede, todo vuelve a empezar. Me siento muy bien. Es real.
Y tu, ojitos verdes, viniste a mi vida a hacerme feliz.
lunes, 8 de noviembre de 2010
Mantener viva la especie en extinción llamada lectores equivale a conservar el sentido de la escritura: lograrlo dependerá de un ingenio mayor que el necesario simplemente para escribir. La pregunta "¿para qué escribir?", que significa "¿para quién escribir?", se ha transformado en la grosera pregunta "¿cómo escribir para ser leído?".
Esta miseria es la que está en el fondo del desánimo que nos lleva a preguntar ¿para qué escribir? Es una pregunta vulgar, ruin, utilitaria, pero antes que nada es una imposición de nuestro tiempo, y el escritor, como cualquier otra persona, nunca elige su tiempo.
Uno, a lo más, decide qué hacer con lo que le ha tocado.
Esta miseria es la que está en el fondo del desánimo que nos lleva a preguntar ¿para qué escribir? Es una pregunta vulgar, ruin, utilitaria, pero antes que nada es una imposición de nuestro tiempo, y el escritor, como cualquier otra persona, nunca elige su tiempo.
Uno, a lo más, decide qué hacer con lo que le ha tocado.
Óscar de la Borbolla.
Último ensayo.
Último ensayo de esta materia, de todo el semestre.
Último mes del semestre. Resta sólo la investigación de trabajos finales.
Haber vuelto a la investigación de tiempo completo ocasionará que me quede calva.
Ayer comencé a tomar vitaminas para la concentración, el estrés y el cansancio extremo. En el fondo, lo que me gustaría tomar es una pastilla para dormir porque ya me cansé de que aún con tanto cansancio, me cueste mucho trabajo conciliar el sueño.
A pesar de contar como seis, todos sabemos que sólo han sido tres.
Y esto, señores, parece que por fin se acaba.
Último mes del semestre. Resta sólo la investigación de trabajos finales.
Haber vuelto a la investigación de tiempo completo ocasionará que me quede calva.
Ayer comencé a tomar vitaminas para la concentración, el estrés y el cansancio extremo. En el fondo, lo que me gustaría tomar es una pastilla para dormir porque ya me cansé de que aún con tanto cansancio, me cueste mucho trabajo conciliar el sueño.
A pesar de contar como seis, todos sabemos que sólo han sido tres.
Y esto, señores, parece que por fin se acaba.
jueves, 4 de noviembre de 2010
Cada noche a la misma casa.
Hoy manejé sobre Pilares desde Insurgentes hasta Gabriel Mancera. Hacía mucho que no tomaba esa ruta para llegar, o para irme, o para ir a donde sea. Creo que fue más o menos hace un año, cuando iba a por mi a González de Cossío a la hora de mi salida, que era a las 20. Era divertido. Su cochesote estacionado en la banqueta de enfrente, las papitas fritas escondidas detrás de su chamarra gris, sólo para hacerme reír. Quiero muchos chocolates, le decía en días como hoy... en días en los que hacía mucho frío.
Hoy fue la primera vez que me metí a una boutique a buscar un vestido de novia, y no tuve éxito. Las mujeres, chicas o grandes, medianas o pequeñas, jóvenes o mayores, que nieguen sentir emoción ante los planes de una boda, que tiren la primera piedra.
Mi hermana Cristina regresó. Tal parece que la vida nos está llenado de regalos a todos. Tal parece que se sabía que no debía vivir yo esto sola, que necesitaba a alguien con quien compartirlo para sentir que todo es de verdad.
Estoy muy contenta. Hace mucho frío.
No importa qué divertido era ver un auto esperándome en la banqueta de enfrente, ahora el carro que se estaciona es el mío, como será siempre, como me hace feliz, como ahora que conduzco cada noche a la misma casa.
Hoy fue la primera vez que me metí a una boutique a buscar un vestido de novia, y no tuve éxito. Las mujeres, chicas o grandes, medianas o pequeñas, jóvenes o mayores, que nieguen sentir emoción ante los planes de una boda, que tiren la primera piedra.
Mi hermana Cristina regresó. Tal parece que la vida nos está llenado de regalos a todos. Tal parece que se sabía que no debía vivir yo esto sola, que necesitaba a alguien con quien compartirlo para sentir que todo es de verdad.
Estoy muy contenta. Hace mucho frío.
No importa qué divertido era ver un auto esperándome en la banqueta de enfrente, ahora el carro que se estaciona es el mío, como será siempre, como me hace feliz, como ahora que conduzco cada noche a la misma casa.
lunes, 1 de noviembre de 2010
JURAMENTO DE AUTOESTIMA
Venga, reconócelo Mariposa Tecknicolor, eres lo mejor que hay en la tierra. Es verdad que a veces te deprimes y no quieres hacer nada porque todo te da flojera, pero el resto de las veces eres muy optimista, perfeccionista y dedicada. Nadie sabe hacer investigación histórica como tu. Si ya lo dice tu madre: eres la mejor historiadora del mundo. Por eso, a partir de hoy vas a quererte por ser responsable, persistente e inteligente.
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