martes, 29 de junio de 2010

No es normal.

¿Sabes como es esta sensación de querer dormir por horas o días enteros? Hace mucho que no me acordaba de ella, y creí que no volvería a acordarme nunca.

Tengo ganas de morirme, sí, ya sabes, de entrar en este estado de conciencia inconciente en el que no sabes que pasa alrededor tuyo; en el que ya no sabes si es día o noche, en el que no sabes si fue ayer u hoy cuando te dieron todas estas desilusiones y te escribieron todas estas estupideces.

Todo pasa, todo siempre se acaba, y esto también pasará.

Que alguien me diga por favor, que dentro de toda mi locura, esto no es normal.

miércoles, 23 de junio de 2010

Otro cable a tierra.

Anoche, luego de escribir el (pen-) último post y antes de quedarme dormida, me acordé que sí tengo un pendiente todavía por escribir: Las fantasías en Carrusel que le prometí a mi amigo Presidente de la Nueva República de Babel.

Me adelanté y se me fue el avión por un momento. Supongo que es un poco de estrés y cansancio acumulado.

Así que no es oficial, o lo fue por unas horas, pero bueno, digamos que todavía tengo un escrito pendiente, tengo un ultimátum y tengo una línea muerta que tengo que terminar.

Todavía tengo un cable a tierra.

martes, 22 de junio de 2010

Como perro sin dueño.

Esta es la primera noche, desde septiembre del 2002, que duermo sin tener un escrito pendiente.

Es oficial: no tengo nada que escribir.

Quisiera que esta noche hubiera sido especial, y que me estuviera esperando mi cama para dormir muchos días, en lo que salen los dictámenes pendientes, en lo que otras personas leen lo que ya no me hace falta escribir, lo que me esforcé por disertar, lo que ¡por fin! Pude terminar de redactar.

La noche es la misma de siempre.

Y supongo que así es sentirse como perro sin dueño, oficialmente sin ninguna línea muerta, sin ningún ultimatum que cumplir, sin ninguna fecha que me alcance.

¿Y ahora qué? Supongo que el mundo es mío, son infinitas las posibilidades, y todo depende de la decisión que tome.

Estoy agotada, me siento muy cansada; y aunque no pueda, me merezco intentar al menos conciliar el sueño.

Los gatos y la libertad.

Por Pablo Ordaz, 20/06/2010
Publicado en El País.

Su casa olía a gato y su escritura, a libertad. Nunca se casó con nadie, salvo con esas dos pasiones suyas. Hace ya muchos años llegó a confesar: "Sin mis libros me sería imposible vivir y sin mis gatos, también. Los libros no aúllan ni los gatos proporcionan sabiduría, por eso no podría elegir. Preferiría entonces vivir sin mí". Y así fue: el día que los médicos le quisieron apartar de sus muchos gatos para preservar sus pulmones, sus amigos supieron que también lo estaban condenando a muerte.

Lo mismo hubiese pasado si a algún incauto se le hubiese ocurrido alejar a Carlos Monsiváis de la libertad. Nunca la traicionó. Y cuando tuvo que elegir entre la libertad y los suyos, siempre la eligió a ella. No tuvo empacho en criticar a Cuba por su homofobia o a López Obrador cuando el candidato de la izquierda a la presidencia de México en 2006 decidió ocupar la calle para protestar por su derrota. Siempre huyó del abrazo de los poderosos, pero supo estar junto a sus viejas amistades, como la cantante Chavela Vargas, cuando su voz se fue apagando y los famosos amigos de ocasión la abandonaron. Jamás fue bien peinado o con corbata, pero su pelo blanco y su sonrisa eran lo más elegante de cualquier reunión. Y, sobre todo, lo más querido...

Porque los mexicanos amaban a Carlos Monsiváis. Lo leían en los libros y en los periódicos, lo escuchaban en conferencias y en la radio, lo veían en la televisión, pero su omnipresencia en la vida pública o su sabiduría total no lo convirtieron en un escritor famoso, sino en un escritor querido. Es difícil explicar fuera de México la pasión que Carlos Monsiváis o José Emilio Pacheco despiertan. El pasado diciembre, durante la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, uno y otro vivieron un momento que los hizo inmensamente felices. Junto a Sergio Pitol se hicieron una foto muy parecida a la que, justo 50 años antes, les habían tomado en la ciudad de México. A Pacheco, emocionado, se le atravesó un presagio: "Esta será la última vez que...". Ayer, desgraciadamente, la muerte le completó la frase.


lunes, 21 de junio de 2010

Solsticio de Verano.

Lo mejor de regresar a casa luego de cuando estoy contigo, es ver cómo mi camino de regreso se va iluminando poco a poco. Es mirar cómo las avenidas se van haciendo más anchas, más largas, más rápidas. Es elegir una ruta, la rápida o la panorámica, según la hora a la que yo salga de tu departamento o según el estado de ánimo en el que me encuentre.

Lo mejor de regresar a casa luego de pasar todo el día juntos, es venir pensando en lo mucho que me hace falta que vengas en el coche conmigo, a mi lado, con tu mano sobre mi rodilla derecha, con tu mano sobre la mía mientras meto las velocidades del coche; con tu otra mano que fuma, que me convida, que abre la ventanilla y respira el aire de la Ciudad.

Me haces falta, ¡demonios! No me dí cuenta en qué momento me acostumbré tanto a ti. Tal parece que la primavera se puso de tu parte, que echó toda la carne al asador, y que me hizo enamorarme de ti tal cual eres, tal y como tú me aceptaste a mi, "just as she is".

Ahora, el verano me avisa que sigue abrazándome mientras tomo Avenida Guerrero y giro en Paseo de la Reforma hacia Chapultepec, y entre la glorieta de La Palma y el Ángel de la Independencia, decido si debo tomar Río San Joaquín o seguir hasta la Fuente de Petróleos. Antes, me quedo pensando en las protestas sociales frente al Monumento a la Madre y la glorieta del Cuauhtémoc; me gusta ver pasar los autos a toda velocidad sobre Avenida de los Insurgentes.

Me gusta que sea de noche, que el mismo señor que vende chicles en los semáforos ya me reconozca, que la gente que se toma fotografías en el Ángel ya se crea que por ahí vamos a pasar. Me alegra deslumbrarme con el Auditorio Nacional encendido, con todos esos focos que esperan a las personas que van a salir del recinto. Me hace sentir bien mirar desde fuera al Museo de Antropología, e intentar distinguir superando mi miopía, las imágenes de las rejas del Bosque de Chapultepec.

Lo mejor de regresar a casa luego de que estoy contigo, es que esa despedida me obliga a recorrer una de mis rutas favoritas de esta obscura Ciudad, de ésta llena de semáforos, de ésta llena protestas; de mi llena de ella, falta de ti, sedienta de primavera.

sábado, 19 de junio de 2010

El pequeño César

El tiempo, esta maravilla que pasa volando sin que a veces nos demos cuenta.

Han pasado siete meses ya y parece que fue ayer. Hace diez meses aproximadamente que Hans llegó a mi vida, y te juro que sigo sintiendo que fue ayer.

Salí de la oficina más temprano que de costumbre, tomé Sánchez Azcona y antes de que se convirtiera en Monterrey, tomé viaducto rumbo a Periférico Norte. Un congestionamiento de los mil demonios me sorprendió en Tacubaya, y frente a la fábrica de pianos dilucidé entre seguir por esa vía o callejonearle por Las Lomas o Polanco. Me decidí por la segunda, justo cuando la diseñadora de modas me llamó al móvil, y yo estaba a punto de perder la cordura en el congestionamiento.

Estoy frente a Los Pinos, le dije. Le dio mucha risa los saludos que le mandé al "presidente" y los que le mandé también de su parte. Comenzamos una amena conversación por el móvil sobre nuestros empleos, los chicos, nuestras cosas pendientes y el amor. Yo seguía avanzando sobre la lateral de Periférico, mi amiga seguía hablándome por el celular, y me decidí por irme hacia Reforma Lomas, dar vuelta en Ferrocarril de Cuernavaca y luego dar vuelta otra vez a la izquierda en Cordillera de los Andes.

Ahí el congestionamiento ya no podía más, avanzamos lentamente y mientras yo por el celular con la diseñadora de modas, muertas de risa hablando de cómo es cuando se comienza a salir con un chico que recién se conoce. En eso, justo cuando me tocaba dar vuelta a la derecha para tomar Palmas, y luego seguir mi camino por Ferrocarril de Cuernavaca hasta Andrómaco y luego Río San Joaquín, una señora histérica -más histérica que yo aunque usted no lo crea-, me aventó su camioneta que parece torta de cumpleaños y comenzó a gritarme groserías y a hacerme señas obscenas.

¡Qué tipa! Nunca entendí bien qué era lo que quería ni por qué estaba enojada. A mi se me hace que se ha de haber dado cuenta de que está en medio de la crisis de los 40 y no ha hecho nada de su vida, o de plano el marido la dejó, o su amante no le regaló el maravilloso orgasmo que le prometió. No sé qué demonios traía en la cabeza, pero me pareció sumamente grosero y estúpido que me gritara de cosas cuando yo sólo estaba esperando mi turno para avanzar. De plano que el congestionamientoy la alocada vida en esta Ciudad no son para cualquiera, y esta ordinaria señora que cree que maneja una camioneta Chevrolet Captiva con placas del DF 463-WXB en lugar de una torta de cumpleaños, no está preparada para vivir aquí.

Hace unas semanas mi padre le cambió el nombre a Hans, y me dijo que me veía sobre él como si fuera "El pequeño César" porque conduciéndolo yo llevo a cabo todas mis campañas. Y tiene razón. Y Hans, "El pequeño César", me hace mucho más feliz de lo que una torta de cumpleaños con ruedas hace a una señora histérica de Las Lomas.

Luego el chico -mi maravilloso jardín-, me dijo que me mira como si Hans fuera "El pequeño David", porque yo dentro de esta jungla de asfalto lo domino como si el pavimento fuera su Goliat. Me encantó. Por estas pequeñas cosas soy feliz cuando estoy con él.

Hoy Hans "El pequeño César" o "El pequeño David", o pa' no entrar en detalles, mi vochito color negro, entró al taller mecánico a las nueve cuarenta de la mañana. Me alegró que me lo regresaran hoy mismo, porque más allá de molestarme cuando ando a pie, me siento un poco desprotegida sin mi búnker personal, sin mi tanque de guerra particular; desnuda como se siente uno sin el bolso o sin el par de zapatos que siempre se quieren usar.

Yo prometo una cosa: disfrutar andar en Hans como disfruta una escaramuza sobre el caballo en el que aprendió a montar. Y también prometo que si me caso y me convierto en una de esas señoras histéricas que tiene que llevar a los hijos a la escuela o tiene que correr a la oficina, o de regreso a casa para hacer de cenar, ¡nunca manejaré una de esas camionetas horribles que parecen tortotas de cumpleaños!

Bye bye, Andrés Calamaro.

¿Sabes Andrés? Ahora sí no hubo poder humano que me facilitara ir a verte al Teatro Metropólitan. Sólo un milagro hubiera hecho posible que yo asistiera a estos conciertos que diste ayer y antier en mi Ciudad.

Me puse triste, pero luego encontré el disco tuyo que creí perdido.

Me puse triste, pero luego me acordé de la ocasión en que te escuché en vivo y a todo volúmen, de por qué mi coche anterior se llamaba como tu, de por qué se me salen las lágrimas cada que escucho la canción Los Chicos, y entonces me puse feliz porque me acordé de Cristina y me acordé de las noches que hemos pasado escuchándote hasta el amanecer.

Y entonces pensé que quizá esta sea una trampa del destino, y yo no deba verte hasta que Cristina esté conmigo otra vez, ¿lo crees posible? Hace un año no pude ir al Foro Sol porque mis responsabilidades de "nuevo adulto nuevo joven" me lo impidieron. Este año, juro que lo intenté pero no me fue posible ir a verte.

Hablé con Cristina, le conté que perdí pero luego encontré el disco, nos reímos de acordarnos de la historia que hay alrededor de este disco, una tarjeta perdida, unas compras relámpago, Plaza Satélite y el nuevo centro comercial que siempre está inundado. Reímos a carcajadas. Me dijo que ella también hubiera querido verte, y que espera que tú puedas esperarnos a las dos, Victoria y Soledad, como nosotras te esperamos a ti.

Bye bye Andrés, te deseo el mejor de los éxitos.

Recibe muchos cariños,
Mariposa Tecknicolor.

Descanse en paz Carlos Monsiváis.

Hoy termina una era de la intelectualidad de México. Hoy falleció Carlos Monsiváis.

El chico me lo avisó por teléfono hace unos minutos, y de inmediato encendí la radio y abrí El Universal, mi diario predilecto. Efectivamente, todas las noticias apuntan a que el escritor murió alrededor del mediodía, víctima de una fibrosis pulmonar que le aquejaba desde hacía muco tiempo.

Lo segundo que hice fue llamarle a mi padre. Lloré, ahora sí no lo pude evitar. Mi papá lo lamenta muchísimo, él lo leía con frecuencia, y me dijo que la fibrosis pulmonar es muy fea porque poco a poco el individuo va perdiendo sus facultades.

De lejos, varias veces, vi a Monsiváis en la Facultad de Filosofía y Letras de mi Universidad. Dos veces fui a escucharlo en algunos foros, en una de esas ocasiones me campechanée la asistencia, porque estaba también el coloquio del proyecto en el que yo participaba. En fin. Muchas otras cosas me acercaron a Monsiváis como persona, e infinitas como escritor y como intelectual.

Mi padre tiene razón, que uno de los mejores intelectuales de la segunda mitad del siglo pasado acaba de fallecer, y se lleva con él un rico y prolífico conocimiento intelectual. Creo que no ha habido mexicano más culto que él, más autodidacta, más coleccionista, amante de la cultura mexicana y del folclor como tal.

Estoy triste, caray. Si la muerte de Carlos Montemayor me agarró por sorpresa, este fallecimiento verdaderamente que me deja muda y con un nudo en la garganta.

Descansa en paz y gracias, Carlitos, por llevar muy lejos la cultura mexicana y el nombre de nuestro país, y por siempre traer de bandera el escudo de nuestra universidad, la mejor de Iberoamérica, la Universidad Nacional.

miércoles, 16 de junio de 2010

Las horas después.

Pensé que esta ocasión sería diferente. Cuando una crisis de ansiedad me sorprende, es mayúsculo mi malestar y por obvias razones se incrementa mi desgano. Generalmente se me quita el apetito, mas en contadas ocasiones, me ha venido un hambre voraz, no puedo dormir la noche siguiente a la crisis, y para acabarla de amolar, me duele el cuerpo y la cabeza.

Hoy, que dormí como pude, que al despertar me dolía todo comenzando por el cuello y la cintura, que me he sentido como barco en altamar todo el día, y que no he tenido el hambre que suelo tener, estoy cayendo en la cuenta de que soñé con él y con el cumpleaños de su madre.

Siempre jugaban a que era bruja, porque su nacimiento tuvo lugar el 31 de octubre. Tiempo después me habría de enterar yo que no era un juego, y que la mujer tenía de dama lo que yo de modelo AAA. En mi sueño había mesas redondas y un hermoso baño completo alfombrado con mobiliario color gris.

La zona de la casa (porque estábamos en su casa) no era linda como donde vivían cuando los conocí, pero era la misma casa. El señor de barba, las puertas para entrar a la cocina, la alacena grande donde el gato se quedaba dormido, el calentador de agua saliendo para el jardín, la mesa del comedor enorme, color natural, las esculturas y las obras de arte, el sillón frente a la ventana en el que me quedaba dormida debajo del sol por las tardes, el cuadro redondo que estaba hecho en su mayoría por laminilla de oro que brillaba mucho por las mañanas. La chimenea en el centro del salón, las escaleras de madera que hacían ruido cuando subíamos, el sillón de piel que nos abrazaba cuando nos quedábamos dormidos, y que lo albergaba a él cuando yo elegía dormir sola.

Todo estaba en su lugar, todo era bonito por dentro, pero por fuera estaba horrible. No había pavimento en las calles, llovía a mares, no había escaleras y en su lugar sólo eran rampas de cemento a medio terminar. Personas que me miraban extrañamente, envoltijadas en harapos que se veían casi podridos. En fin. No era un lugar agradable, no era como yo recuerdo que era.

Había una fiesta, yo estaba compartiendo con unas chicas, estaban las amistades que compartimos, y él estaba allí, sentado frente a mi, con su piel de terciopelo de jaguar en celo, y sus rostros de libertadores que más parecían ajenos que mis favoritos. Tenía el pelo justo como cuando lo conocí, se veía bastante bien y su madre también, eran radiantes, la casa era bonita y me gustaba estar hasta en la cocina.

Todo era como siempre quise que fuera. No existían toxicidades, ni hermanos olvidados que después resultaban más tóxicos que el benjamín. No había malos tratos ni tampoco gatos, mucho menos perros, y estaban allí todos esos posters color gris.

Desperté, sintiéndome muy mal físicamente, pero en el fondo pensé que todo estaba en orden.

Hace ya muchos meses que se murieron en mis sueños, en mi memoria, en mi cuerpo, y que sólo falta que me confirmen que se murieron de verdad o que se mudaron de Ciudad.

Soy malísima para la interpretación de los sueños. No sé qué querrá decir haber soñado con ellos justo la noche del día en el que tuve una de las crisis más fuertes del año; ni tampoco sé qué querrá decir haberlos soñado tan perfectos.

Tengo que aceptar que en el fondo deseo que el chico tóxico no tenga más malestares y que sea feliz; que la vida no se le complique más de lo que él se la estaba complicando. Debo confesar que deseo que todo esté perfecto tal y como lo soñé.

No todo lo que brilla es oro, y esta ansiedad no se quiere ir lejos, se quiere quedar dándome vueltas como lo hace ahorita el gato alrededor de mi mesa de trabajo. Ni modo. Cada quien lo que le toca, y supongo que tendré que aprender otra vez -o acostumbrarme- a vivir con ella poco más de tres días cada seis meses.

Estimado Presidente de la Nueva República de Babel:

Me dirijo hacia sus más finas atenciones, para reiterarle mis más sinceras felicitaciones que tuve a bien gritarle a todo volúmen por el móvil esta mañana.

La mera verdá que yo también quisiera saber las efemérides del día; sin embargo, la única que me interesa por el momento es la de su cumpleaños.

Y como ya lo he escrito en diversas ocasiones, últimamente ando más sentimental que de costumbre. Por lo que le comento que su post de este día me ha conmovido hasta las lágrimas.

Efectivamente, como si fuese un pliego petitorio, todos deberíamos hacer lo que usted el día de nuestro cumpleaños. Yo suelo escribir una pequeña lista el día primero de cada año, pero ¿sabe qué? Que este año haré dos, una que quedó lista desde hace seis meses y dieciséis días y una que me propondré cumplir a partir del día 29 de agosto.

Deseo desde el fondo de mi alma, que usted recupere el corazón que dejó alguna vez en San Ángel. Creo que son cosas que le hacen bien al alma.

Si requiere usted de compañía femenina cuando decida tomarse el debido tiempo para recorrer las exposiciones de moda en los museos de la Ciudad, y si desea seguir escribiendo pequeñas historias de esta -reitero- histérica Ciudad, cuente con una servidora y hágamelo saber a la brevedad.

Confieso que no sé cuál es la edad de los nuncas. Para mí sí tiene un número, está guardado en mi corazón, pero sería muy agradable de su parte que explicara esa cuestión.

Una vez más, y sin afán de ponerme el traje de apología, le comparto mi más sincero orgullo por haberle conocido, por contarle entre mis amigos y aún mejor: por habernos convertido en incondicionales.

Enhorabuena pues, por esta gran fecha y que las campanas rompan al vuelo.

¡Abajo las mentalidades chatas y grises!
¡Abajo las columnas que sea caen, los campos que no florecen y los tatuajes que se borran!

¡Arriba las amistades duraderas!
¡Arriba los compromisos que se cumplen!
Y por qué no -nunca me imaginé estar escribiendo esto-: ¡Arriba los domingos!

Con mi más inmenso y sincero cariño,
Mariposa Tecknicolor.

P.d. ¿Sabes querido? Esa máxima tuya de Para ser una persona realista, hay que creer en los milagros me la he tatuado más de una vez en la frente, y en más de una ocasión, ha venido conmigo de bandera.

Una vez más felicidades y gracias por compartir todas estas cosas hermosas con las personas que te queremos mucho.

You've got the love.

Sometimes it seems the going is just too rough
And things go wrong no matter what I do
Now and the I feel like life is just too much
But you've the love I need to see me through.
Candi Station, You've got the love.

Sé que no soy mala persona, me consta, pero no puedo evitar sentirme un poquito culpable cuando la miseria, la soledad o la pobreza se han presentado frente a mi y no me han movido ni tantito. Ya no soy de esas chicas que lloran cuando miran una escena totalmente miserable y real frente a sus ojos, y no estoy segura si debería -o quisiera- seguirlo siendo.

Hay una realidad, y es que aún cuando me esmeré en convertirme en una piedra, no lo logré. Y sí, un tiempo fue difícil, prefería sentir la soledad como mi verdadera compañera, contar conmigo misma de neta aún cuando ahora lo sigo creyendo pero no soy tan áspera en mis opiniones, ni tan estricta hacia los sentimientos de los demás. Por decirlo en otras palabras: moderé mi indiferencia, y siempre me cuidé de no convertirme en una verdadera cínica.

Por el contrario, como lo he escrito muchas veces, me conmueven las escenas de verdadero amor, ¡caray! Ese sí me hace llorar. Me conmueven sobremanera las escenas de amistades verdaderas, de apoyo incondicional, de amor real de soulmates o de "medias naranjas emocionales".

Todavía no sé -y quizá nunca lo sepa-, si las medias naranjas existen. Sé que tengo a mis hermanas de sangre y a mis hermanas del alma. Sé -porque me propuse no olvidarlo nunca-, que han estado conmigo en los momentos que más he necesitado un apoyo, una compañía o simplemente que se queden conmigo cuando me siento a leer. Sé que soy afortunada porque me han querido mucho. Aún cuando las historias que he vivido no siempre han tenido final feliz, soy afortunada, y he contado con mis soulmates que han estado a mi lado.

A veces, luego de una crisis que no importa si fue pequeña o grave, me siento derrotada, me siento sumamente cansada, sin apetito, sin ganas de hacer nada; algunas veces ni siquiera puedo dormir, y extraño que mi hermana Cristina venga a quedarse en mi cama mientras intento conciliar el sueño. Extraño que las personas a las que me acostumbré, ya no estén acá o no vuelvan por un tiempo.

Algunas veces, cuando me estoy tronando los dedos porque no sé qué hacer, de pronto suena el teléfono y es Carmela -que no hablamos tan seguido como quisiera- para decirme que no pierda la paciencia, que en lo que ella me pueda ayudar aquí estará, y que me sugerirá algunas personas con quienes conversar para salir del problema. De pronto, de donde menos lo imaginé, viene la solución al enamoramiento que tiene el insomnio con Morfeo cuando no puedo dormir, de pronto no se aman más y Morfeo viene a abrazarme y es entonces cuando no sé más de mi hasta la mañana siguiente. Esas llamadas de Carmela, me conmueven sobremanera.

No lloro cuando veo la miserable miseria frente a mi, pero no puedo evitar que se me salgan las lágrimas cuando siento el amor sobre mi, cuando miro bellas escenas de amor en las calles, cuando miro cómo en el auto de al lado vienen dos chicas platicando y riendo a carcajadas, cuando viene una pareja que se da la mano, que se observa y sólo se besa, cuando se acompaña. No puedo evitar conmoverme cuando me acuerdo cómo son las salas de los aeropuertos cuando me he encontrado con mis hermanas, cómo son las despedidas con mi madre cuando sé que no la voy a ver en unos días, cómo son las cartas de Cristina en mis manos cuando llega el cartero a tirarlas por debajo de la puerta de la casa.

No puedo evitar mis lágrimas cuando me acuerdo de haber visto a María afuera de la sala de mi examen profesional. No puedo evitar llorar cuando me abrazo a ella, cuando le reclamo que no nos vemos mucho porque no tenemos tiempo, cuando le reitero que más que mi mejor amiga, es mi hermana del alma.

No puedo evitar las lágrimas cuando me acuerdo cómo me recibe la diseñadora de modas en su casa los domingos, cómo su mamá me ofrece los frijoles refritos que tanto me gustan y el huevo revuelto con jamón para el desayuno. No puedo evitar conmoverme, cuando me acuerdo que me ha tomado de la mano cuando más deprimida he estado, cuando he sentido que no puedo tocar más fondo.

No puedo evitar el llanto cuando caigo en la cuenta de que no estoy sola, de que sólo son estados emocionales e intelectuales que uno va superando.

Y qué demonios importa si el "hombre ideal", si el "gran partido" o la "media naranja" nunca llega. Qué más dá si no tenemos una boda con happy ending. Qué más da si el camino sigue de a uno. Qué nos importa si los planes no salen como contábamos, nos tenemos la una a la otra, todas a una, una a todas, somos compañeras y entonces sí tiene parte una historia de amor.


martes, 15 de junio de 2010

¡Gracias Lilith!


Acabo de leer en el blog de Lilith, que me dio un premio muy lindo, el cual agradezco de corazón y pues aquí voy, mencionando diez cosas que me hacen feliz:

1. Mis ojos verdes.
2. Escribir.
3. Mi coche.
4. Mi profesión.
5. Estar con mis amigos.
6. Mi hermana Cristina.
7. Leer el periódico.
8. Leer un libro que me atrape desde la primera página.
9. Tomar café con mi papá todas las mañanas.
10. Estar aprendiendo que es posible enamorarse con los pies sobre la tierra, que es posible caminar en líneas paralelas y tener un proyecto que llegue a feliz término en ambas partes de la historia.

Creo que me hace feliz sentirme feliz.

Gracias Lilith.

Yo lo paso a:
Sonrisa Miel
Karla Delgado
Yalo
Zaba
MAM

viernes, 11 de junio de 2010

Día de fútbol.

Desperté cuando estaban dando la noticia de que Zenani Mandela, bisnieta de Nelson Mandela, falleció. Vi al "presidente" haciéndole de presidente. Vi el inicio del partido y justo en eso me metí a bañar. Se me hizo tarde, por supuesto. Me vestí con lo primero que encontré, tomé mis cosas, me hice un café relámpago y salí rumbo a la oficina. Al pasar por la Facultad, antes de tomar Periférico, me sorprendieron los altavoces que el gobierno municipal tuvo a bien poner en las colonias aledañas al Ayuntamiento, para que la gente pudiera escuchar por lo menos cómo iba el partido.

Fue asombroso y un tanto mágico. Me sentí en los años 30, como en esta historia que tantos años me costó escribir, en la que el gobierno cardenista puso altoparlantes para el adiestramiento higiénico y social del pueblo. Todo a través de la radio nacional. Caray, ¡cómo me gusta la historia de la radio de mi país!

Lo mejor de los días de fútbol, y sobre todo de cuando juega la selección de mi país, es que la Ciudad está desierta. Son 90 minutos mágicos en los que nadie sabe nada, más que la alineación del equipo y en las jugadas que llevan a cabo. La gente está en sus casas, en los bares o restaurantes, y la Ciudad... vacía.

Crucé la Ciudad, de la zona metropolitana a la colonia Narvarte, en aproximadamente 25 minutos. ¡Veinticinco minutos! ¿Puedes creerlo? Amo el fútbol. Aún cuando me desperté tarde, me bañé a mis anchas, pero me apuré en arreglarme y hacerme un café, llegué a tiempo a la oficina. Amo el fútbol, me encanta que provoque que la Ciudad se detenga por unos minutos y que la gente no salga con sus coches a hacer congestionamientos.

Espero que los días que le siguen a este mes de Copa Mundial, sigan igual. Y sobre todo, los días en los que juegue la selección nacional.

Ahora bien, no puedo evitar sentirme un poquitín culpable porque en mi círculo soy a la única persona a la que no le preocupa mucho si ganan o pierden, si la alineación es la adecuada o si el entrenador está haciendo lo correcto. Chale. Creo que lo siento un poco por mi papá, porque cuando hablamos de fútbol, sólo comento lo que Alfredo Domínguez Muro me susurra en las mañanas mientras él me cuenta toda la historia de la squadra italiana tetracampeona, y cómo fueron los entrenamientos en el Mundial del 70. Shit.

Por lo demás (y lo siento por mi padre), sólo me resta reiterar que soy feliz los días de fútbol porque la Ciudad está tranquila, se calla un rato y luego... de regreso al huracán de festejos (que no se sabe si tienen razón o no) sobre Reforma y frente a Palacio Nacional.

miércoles, 9 de junio de 2010

Barbie y Ken

A nosotras entonces, nos toca conformarnos con ¡El Ken!
El Ken, ese muñeco de plástico de mirada fija y vacía ( como también vacíos están sus bolsillos porque todo es de la Barbie ¿no?), el muñecón de facciones perfrectas que ni suda, ni se despeina. Con ese mal ejemplo crecemos las mujeres en el mundo pensando que ese es el modelo de hombre perfecto: un perfrecto idiota. Y si esos son los ejemplos que nos dan a seguir cuando niñas, pues entonces, ¿qué se podrá esperar de nosotras cuando adultas? Además, ¿cómo defraudar a la mamá y no seguir sus pasos? Si ellas empezaron casándose con nuestros papás. ¿Cómo les vamos a salir ahora defraudándolas consiguiéndonos, eso sí, un buen partido?
El caso es que el Ken, que en la vida de la Barbie sólo sirve para hacer visita en la sala rosada, de la casa rosada, llena de todas las demás Barbies vestidas, pues de rosado, al que spolo lo invitan a su casa, de visita y eso que es el marido de la popular muñeca. ¿Ese es el ejemplo a seguir? Eso es lo que quieren nuestras mamás para nuestro futuro: ¿al hombre de adorno que no sirve para nada? El Ken, tan mal dotado que uno le baja los pantalones y ¡ahí no pasa nada! Por eso desde pequeñas nos acostumbramos a conformarnos con tan poquito. Por eso nos encanta que la Barbie le ponga los cuernos al Ken con todos los muñecos del baúl: con el Increíble Hulk, y con todo el montón de soldaditos de plástico. Tan mal dotado estará que la Barbie popularizó la inseminación artificial. Ante la ineficiencia procreadora de Ken, los bebés de la Barbie no se conciben, sospechosamente aparecen ya listos dentro de una cajita rosada en los supermercados. Aparte vienen en todos los colores y razas. ¡La Barbie es terrible!

Sí, el Ken no es más que un donante de esperma. Pero será cuando lo derriten, porque todo el mundo sabe que la Barbie siempre anda con otros. El Ken es tan patético, que ni siquiera salió en Toy Story. En donde cabe resaltar, salieron todos los juguetes. Al muy cretino le ganaron el casting un chancho alcancía, un dinosaurio y un perro salchicha. Además al Ken le cabe aquella canción de ese otro Ken original, el venezolano... el del peinado esponjado: El Puma. Ese ídolo en decadencia que cantaba: "¿Dueño de tí, dueño de qué? ¡Dueño de nada! Sí,k el Ken además es un vaciado porque todo es de la Barbie.
La casa, el carro, la moto y la piscina son de la Barbie...
Y lo más humillante de todo: el bar y hasta el motel son de la Barbie. Pero ahí sí estoy de acuerdo: que todo sea de la Barbie porque al final todo termina siendo de una. Por eso amo a ¡la Barbie divorciada!.

Lo cierto es que la Barbie es la más hábil de todas las muñecas. Al menos tiene todo claro. Es la más independiente y la mejor neociante de todas. Nuestro modelo a seguir y la culpable de gran parte de nuestras frustraciones. Sí, porque tener como modelo a una muñeca casi perfecta, que no sabe lo que es una cana, a pesar de que ya es oficialmente una cucha (de ahí el popular término "Cuchi-Barbie"), que no necesita de la plata del marido para nada, que tiene hijos y ni se le nota y, que además tiene para pagarse su propia silicona y todas sus cuentas. La Barbie, que no tiene un solo pelo de plástico de tonta, tamibén es nuestro principal motivo de frustración latinoamericana.

Para evitar entonces que las mujeres del mundo crezcamos pensando que el esposo es un sin gracia. Para desde pequeñas aprender a respetar al marido, al propio o al menos al ajeno, sería más considerado que se inventaran una muñeca que sí nos ayude a prepararnos para el futuro y para nuestra verdadera realidad tercer in-mundista. Algo así cmo la Barbie Chibcha. Que se llame Yuris Johanna, Nini Paola, mejor dicho, que tenga un nombre más familiar. En fin que la Barbie latina, en vez de venir con piscina, helipuerto y salón de belleza propio y cosas de esas que no vamos a tener, que venga más bien con sus propios artículos de aseo... pero no personal, sino para limpiar la casa. Que venga con su propio Clorox, con su propio Ajax y con un bulto bien grande de caldo de gallina. Que ande en chancletas y que tome Prozac para la depresión Pre y Post parto que seguramente le va a dar cuando se dé cuenta del marido que le tocó. Que en vez de poder maquillarla, venga con un kit completo para hacerse la cera y quitarse el bigote que eventualmente nos sale a todas! Así unas nos depilemos con más frecuencia que otras.

Sí, que la nueva Barbie latina sea una pobre muñeca, pasada de peso y que trabaje en algo tan real como vendedora de L'Ebel. Eso es más realista. Eso sí que es preparanos para el futuro. Que venga con su propio accesorio, o sea, su marido. Que en vez de la sonrisa tonta que no se le borra ni con ácido de batería (ya lo he probado), viva deprimida ante la infidelidad del John Wilmer Ken, la versión latina del novio de la Barbie. Y que en vez del carro convertible rosado se suba en bus... o en carro pero pagado por cuotas. Nada de la flota de carros rosados convertibles parqueados en la puerta. ¿A quién quieren engañar cuando aún pensamos que todos nuestros sueños infantiles sí son posibles? Yasí, con una Barbie larina, podremos evitarnos toda esa frustración infantil por no ser altas, flacas, millonarias, súper populares y siliconudas...

Pero el Ken, ese sí, bajo ningún punto de vista puede ser el modelo de hombre que queremos en nuestras vidas. Tampoco recomendaría a las mamás regalar a sus hijas ningún tipo de Súperhéroe. ¿Para qué? Si en la vida real lo que nos toca es otra cosa. Imagínense la tragedia que sería si el novio de la Barbie fuera algo así como el Hombre Araña, por ejemplo.¿Para qué? Para que cuando crezcamos, nos toque cortarnos las venas, pues la ilusión del hombre arácnido se resume a un trepador que lo único que hace es pegarse como un chicle y escalar posiciones a costa nuestra. No gracias. Y esa es la cruel realidad. O qué tal Súperman, uno que vuele. ¿Para qué? ¿Para qué soñar con tanto si en la vida real lo que nos oca es uno que vuela, sí, pero a los brazos de la otra? O Batman y Robin, el dúo dinámico para que aprendamos a admirarlos desde pequeñas.. Para que en la vida real nos toque conformarnos con Barman y Robin, un par de borrachos que, entre otras son ¡re-gay! Admitámoslo, en la vida real, los únicos súperhéroes que nos tocan son FLASH... Pero Gordo, o el más popular de todos: el Hombre Invisible. Ese que con quien estuvimos un tiempo y luego desapareció de nuestras vidas sin dejar rastro...

Karla Delgado.
Tal y como se publicó en: Karla Delgado.

lunes, 7 de junio de 2010

¿Es que pido demasiado?

Nunca nada es suficiente, ya lo había escrito en algún momento. No se es suficientemente mujer, suficientemente lista, guapa, delgada; suficientemente suficiente, eficiente, ágil, acomedida; suficientemente sexy, sensual, amorosa; nunca se es suficientemente perfecta, inteligente, trabajadora, profesionista, profesional. Siempre algo falta, siempre en algo se queda mal, siempre se espera más de uno, siempre algo faltó que se hiciera o que se dijera. Nunca se es suficientemente comprensiva, echadora, luchona, soltera, comprometida, nunca es suficiente.

¿Acaso es que pido demasiado? Por Dios, la gente se da cuenta de que no soy exigente, ¿entonces por qué demonios me exigen tanto a mi? ¿Por qué esperan que haga cosas o que reaccione de manera que no voy a reaccionar?

Estoy muy cansada, tengo la cabeza agotada, me duele la pierna derecha, creo que debería dejar de usar tacones para siempre, dejar de ponerme esos vestiditos que ahora pienso no valen la pena. Me siento mal. No es ansiedad -cosa que agradezco-, no es dolor físico, simplemente estoy agotada.

Me siento -una vez más-, como si estuviera con las alas pegadas, como si algo me impidiera volar.

¿Qué es lo que te ata? La pregunta me da mil vueltas en la cabeza y no la sé responder. Según yo no me ata nada, o no me ataba nada, o nada me quiere atar. No lo sé. Ahora ni siquiera sé si quiero quedarme quieta, si quiero dejar de hacer las cosas que hacía antes, si quiero seguir haciendo lo que hago ahora.

Ya no hay aire. Maldita Ciudad, no se puede respirar aquí. Somos muchas personas en tan poco espacio... ya no se puede más. Me falta el aire, me falta el aire, necesito que venga a llenar este huequito que tengo en la garganta y en el pecho.

Necesito aire en mi rostro, que me agite el pelo, que me entuma las manos. Necesito sentir que el aire viene a levantarme un poquito del suelo. Necesito la necesidad de entrecerrar los ojos debido al aire que me roce la cara.

Necesito salirme un poco de aquí. Maldita primavera que hace puta a esta Ciudad. Por Dios, ahora sí necesito respirar.

domingo, 6 de junio de 2010

La primera llamada del domingo

Me desperté para despertarlo a él, luego Jana me llamó para cerciorarse de que ya estuviera despierta para poder levantarnos ambas. Par de bobas. Que si teníamos que desayunar o lavar la ropa, que si vendrá con nosotros más tarde, que si sí, que si no.

Me levanté, atendí al gato, puse la lavadora. Me estaba haciendo un licuado de papaya, algo ligero que no me llenara la panza porque al rato desayunaré con él, cuando el teléfono sonó. Era la señora argentina, madre del gringo, con quien he estado en estrecho contacto las últimas semanas. Es amable, y aún cuando es muy mayor, tiene todavía estas ideas revolucionarias en la cabeza, que más traemos los que rondamos los treina o menos. Me cae bien.

Llamó para preguntar por mi madre, por el último viaje y por el que quizá haga Carmela para la Florida. Llamó para felicitarme por estar enamorada, ¿cómo? Así, por estar enamorada. Dice que es maravilloso ver que personas jóvenes aún insistan en aventurarse para el amor, para la convivencia y sobre todo, para procurarse. Se permitió darme un consejo, no me molestó, al contrario, me pidió que tuviera paciencia, que le tuviera paciencia a él y a mi misma; que el amor no es sencillo, no es cosa de un día o unas horas, y coincidimos en esta idea de que uno tiene que hacerle de jardinera.

El sábado pasado nos vimos para comer, y platicamos de Cristina, de mi madre, de nuestras cosas con las amigas, de mis proyectos, de los suyos y de sus viajes. Hace rato me dijo que con razón me vio radiante: que el pelo me brillaba de una manera muy especial y natural, y que los ojos se me miran diferentes. Me dijo que ahora sabe porqué me veo tan diferente, tan bien y contenta. Dice que el amor se me nota como una nueva actitud que se viste como un par de zapatos nuevos.

Me dio tanta emoción, que casi se me salen las lágrimas. Eso ya no es nuevo en mi, ahora estoy tan sensible y susceptible a las cosas emocionales, que la emotiva he sido yo. Afortunadamente me han felicitado por muchas cosas a lo largo de mi vida, pero nunca antes me habían felicitado por haberme enamorado. Es muy lindo y me dejó sin palabras y con un nudo en la garganta que esta señora lo hubiera hecho.

A veces quisiera que este tipo de cosas vinieran de personas más cercanas a mi círculo. A veces quisiera que las personas que me miran a diario también se dieran cuenta de las cosas buenas que me pasan y de las buenas decisiones que tomo.

No se puede todo en la vida. Una cosa a la vez, un día a la vez. Cuando una parte de la vida se estabiliza, las otras tienden a entrar en caos. Pero ahora sé que no importa. Siempre que una parte de la vida se estabiliza, es más fácil sobrellevar el caos que surge del otro lado.

Le pedí y él me prometió.

Me da mucho miedo volverme loca.

Le hice prometerme un par de veces, que no permitirá que me vuelva loca.

Le pedí que si un día dejo de bañarme o me quedo tirada en la cama por muchos días, irá a mi casa a tender mi cama, a meterme a bañar, a darme de comer y a correr a la bola de gatos o perros o animales que se hayan hecho un lugar allí sin que yo me diera cuenta.

Le hice prometerme, que me aterrizará a tierra. Que si un día no respondo el teléfono o no me comunico con él, irá a buscarme para saber si todo sigue bien.

Le pedí que si me da un terrible cansancio mental, de esos en los que ya no se sabe qué es lo que se tiene que hacer o qué es lo que sigue, que si ya no puedo escribir más, que si ya todo lo olvidé, o de plano me da surmenage, que irá a visitarme para recordarme quién soy, quién fui y qué es lo que quería hacer.

Quizá tenga que ofrecerme mi comida favorita, o ponerme a Fito Páez quedito para que me quede dormida. No importa. El chico me dijo que no me volveré loca, que no tengo por qué hacerlo, y que de así suceder, él estará conmigo porque nunca me dejará sola.

Me da miedo. No puedo vivir con este miedo otra vez. Su respuesta me hizo llorar, me hace sentir bien, y espero verdaderamente que me crea, que este miedo a perder la razón es real y que me preocupa terminar como el escritor aquel que sólo hablaba con la señora de la verdulería en el mercado y sus ganas eran simplemente por realizar un estudio sobre el silencio -o en su defecto el ruido- en la Ciudad de México.

Le pedí, también -pobre chico y adorable que me dice que sí-, que si un día ya no puedo aprender más o ya no puedo retener más algún acontecimiento en mi memoria, y le sugiero entonces que quiero hacer realidad mi sueño frustrado de elaborar diseños o confecciones de ropa, o poner un puesto en un mercado de cabecera municipal, me va a yudar a hacerlo. El chico me respondió que entonces buscaremos un buen local, un distribuidor de chiles secos y semillas -o de lo que me haga feliz vender- y seré la mejor tendera del mercado.

El chico me prometió que seguirá a mi lado.

Pero bueno, vaya que las cosas así son, no le digas que te dije, porque prometí no hacerlo oficial hasta que por fin tenga parte.

Prometió, entre líneas, hacerme feliz todos los domingos. Y yo, en cambio, prometí que sostendría su mano y que seguiría mandando a la fregada todo lo que cause esta fatiga que ya no puedo cargar en mis hombros.

Prometí visitar a su madre todos los sábados, y le confesé que quiero compartir las puestas de sol a su lado.

A mi también me sucedió, y justo en primavera. Yo no sé (¡¡carajos!!), en qué momento le abrí la puerta de adelante para que entrara de par en par. Sé que estoy feliz, que me fascinan ahora los días -y particularmente los domingos- que tengo con él y que añoro y deseo vivir a su lado también todos los amaneceres que nos quedan.

Lo extraño más de lo que pensé cuando no duermo con él. Le pienso sin darme cuenta cuando voy a hacer las compras.

Habrá cualquier cosa, y coincido contigo en lo que dices de tus ojos verdes. Que vivamos a través de los nuestros de par en par.

Y después, se casan.

El señor Buendía y la señorita Jana insistieron en que me presentara a la boda, así, como si nada. Bueno, la mera verdad es que los tres fantaseamos con que me aventaba un zafarrancho increíble, con todo y eso de "tú dijiste que me amabas", y hasta Buendía sugirió que pidiéramos prestado un bebé, para darle más drama a la escena. En cambio Jana, decía que fingiera un embarazo como de seis meses, pretendiendo que eso causara suficiente remordimiento en el chico, que ahora se convertía en contrayente. Reíamos como estúpidos. ¡Pero qué par de locos!

Ninguna de las dos sugerencias rindió frutos. Sí me presenté a la boda, sin invitación por supuesto, pensando que todos tenemos acceso a la "casa de Dios", y ahí me quedé, como una invitada más, pensando que nada mejor podía pasarme en ese momento, o podía pasarnos a los dos.

No me dio tristeza, tampoco sentí nostalgia. Esas lágrimas absurdas que a veces se apoderan de mis ojos, porque todas las bodas me hacen llorar, esta vez no se hicieron presentes. Me quedé ahí, como estatua. Ni siquiera conocía a sus amigos, ni a sus compañeros de trabajo. Como nunca me presentó a su familia, ni a sus hijas, pues no había verdaderamente nadie que pudiera reconocerme. La única persona que podía hacerlo, quien me avisó que el Rey Sol se casaba, estaba a kilómetros de la Ciudad de México.

Estuvo bien no haber recibido invitación, estuvo bien. Ya me la sé, que los chicos una vez que terminan la relación que tienen conmigo, o se comprometen con alguna chica, o de plano se casan. Tampoco recibí invitación para la boda del soltero tóxico, y como tampoco conservamos los amigos en común, no tuve como enterarme, hasta que pocos meses después, él me lo platicó sentados en una mesa del Sanborn's de Satélite.

Se pudo haber dicho que pasé desapercibida entre los invitados de una y otra familia, de no ser por el vestido que elegí para la ocasión. No iba a ir de compras, ni me iba a poner mi vestido de fiesta porque es color blanco, y se supone que a las bodas uno no debe ir de ese color, así que opté por el vestido rojo estampado con flores azules, de chifón, casi envolvente, con un escote de vértigo; que está confeccionado de tal manera que al caminar, mi pierna izquierda se asoma como si ella también sonriera.

Estuvo bien no haber recibido invitación, estuvo bien que fuera. De otra manera, no hubiera creído que se celebraba una boda ese día. No estoy segura de cómo se conocieron, ni quién es la chica. Sólo sé que fue de esos amores repentinos, de esos que te hacen sentir que nada más importa, que si no te lías con ella -o con él-, podrías arrepentirte tiempo después. Me consta que él está feliz, porque lo vi. De ella no puedo opinar mucho, porque no la conozco, no sé cómo es cuando sonríe o cuando está enojada.

Esa sensación que se tiene, que de cualquier forma a uno lo están mirando, de pronto se me esfumó conforme la ceremonia religiosa transcurría. Ya no era la boda del Rey Sol, ya no era yo con mi vestidito de chifón, simplemente estuve allí, en una ceremonia cualquiera; estaba segura de que tenía que verlo con mis propios ojos, no hubiera bastado que alguien me lo platicara.

Y así, llega el momento de encallar para no navegar más, no sé cómo se siente eso pero supongo que debe ser agradable, que debe ser una emoción inmesa por tener estabilidad en la vida, en el corazón; por haber encontrado a la persona que te complemente y que vaya en el camino paralelo al tuyo.

Por mucho tiempo estuve renuente a una relación estable y duradera, siempre argumentando que mi generación había salido "reacia para el matrimonio", y tomando como ejemplo mis últimas relaciones y lo que los chicos habían dejado en mi. Por mucho tiempo me di cuenta que ellos no querían más estar conmigo, pero que después les llegaba el momento y lo aprovechaban con otras personas, en otros sitios, con otras mujeres. Comprendí que todos buscamos ser felices, pero que yo no estaba en sus planes.

Luego, tanto tiempo de soledad que no se le puede llamar así, llega para dejarnos cosas buenas, un poco de sabiduría y un tanto de experiencia.

Después vienen las cosas más claras, se renuncia al drama, y se necesitan hechos fehacientes para creerlo y para sacarnos tanto escepticismo.

Necesitaba ver con mis propios ojos ese día, el ocaso del sol, que el Rey Sol contrajo nupcias. No más salidas nocturnas, no más calles perdidas en esta Ciudad, no más coches que se siguen, no más almuerzos que no llegan -porque por fin ahora sé que nunca llegarán-. No más Sierra Nevada ni las obras literarias de Minería. No más zócalo capitalino lleno de gente. No más Ciudad Universitaria mientras yo investigaba en la Hemeroteca Nacional. No más copas los viernes por la noche, en este bar de Polanco que ahora no me acuerdo de cómo se llama. No más esquinas de Patriotismo y Eje 6. No más Starbucks a espaldas del Hotel Presidente. No más Archivo Histórico de la Secretaría de Relaciones Exteriores.

Necesitaba que un hecho externo me gritara a la cara que todos tenemos oportunidades, que la mía también se ha presentado, que mi suerte ha cambiado, que el éxito viene de la mano de nuevas experiencias y de personas maravillosas que se aparecen en nuestros caminos.

Necesitaba recordar que los domingos sí me gustan, y que también pueden estar llenos de un amor distinto y de convivencia que no sabía que podía existir.

Luego mi historia vendrá, y dejará memorias maravillosas. Luego sí podré hablar de vestidos de novia, de anillos en el dedo anular, de vestidos sencillos con zapatitos azules, de destinos que son el mismo, de futuros compartidos, de relaciones que no existen más. Después quizá, me casaré yo.

Debí saber

Hay canciones o momentos, que nos recuerdan cosas que en cierta situación nos pueden ser muy incómodas, nos pueden parecer extrañas, nos pueden parecer lejanas o inexistentes. A veces esos recuerdos que nos transportan también nos hacen llorar o nos hacen sentir cosas que no recordábamos que podíamos sentir.

Llevo ya un rato escuchando la misma canción, la que veníamos escuchando en su coche sobre la carretera, en nuestro último -pero que también sería el primero de muchos nuevos- viaje de novios. Me acuerdo perfectamente que cuando la escuché, justo en esa curva que te lleva a la entrada del pueblo mágico que visitábamos por segunda vez -pero que era el parteaguas fantástico que después no fue-, y entonces pensaba fuertemente con todos los latidos de mi corazón: "pero qué feliz soy, pero qué fácil es tenerlo todo a la mano, de repente, volver a sentir lo que sentíamos hace muchos meses. Debí saber que debíamos estar juntos, que este era el futuro del que hablábamos, el que siempre imaginé".

Era feliz. Luego me dio mucha tristeza que la columna se cayera, que la epifanía se desvaneciera, que el tatuaje se borrara y que no hubiera más tostadas para el desayuno. Me sentí completamente vacía, pensaba que de haberlo tenido todo, ahora no tenía nada, ahora mis manos estaban vacías.

El tiempo, maravilloso como casi siempre, vino a regresarme las ganas de hacer cosas. Me trajo un nuevo empleo, trajo que los ciclos se cerraran, que volviera a comenzar, que pudiera talar el viejo campo para poder volver a sembrar.

Ya pasó mucho tiempo de eso. Hoy puse el disco, comenzó la canción número cuatro y me acordé de todo esto. Me acordé de su pelo sobre sus cejas, de sus manos enormes sobre el volante, de esos hombros filosos que también tienen piel de leopardo, rostros de libertadores y pelillos de terciopelo. Me acordé de nuestros paisajes, de la vista maravillosa de aquel pueblo, de mis botines de flecos, de su mano tomando la mía, de la iglesia en las mañanas y de todo el cariño que sentía por él.

Hoy, la canción me recordó por qué no había futuro en esa situación, en esa relación, con esa persona y sin importar las circunstancias; buenas o malas, no hubiera habido futuro de ninguna forma.

Debí saber en ese momento, con esa canción en el coche sobre la carretera, que de hecho no ibamos hacia ningún lugar, que no había punto de regreso y que tampoco había lugar de destino.

Debí saber que el tiempo también se pierde soñando y esforzándose para que las cosas funcionen.

Copo me lo dijo una vez, que no odiara haber vivido todo eso porque si no no hubiera aprendido. Tiene mucha razón, ah pero cómo dolió.

Debí saber que todo empieza siempre una vez más, y que las oportunidades no son sólo una, sino muchas que uno permite que sucedan. Debí saber que el amor no siempre se siente de la misma manera, que no todo lo que brilla es oro, que era mejor no tener nada pero tenerme a mi misma.

Debí saber que no debía volverlo a ver.

Ella dijo que tuvo problemas, y le dije que esté preparada para mucho menos.
Ella quiso saberlo todo de mi, pero no hubo palabras.
Dijo que era mala, que no arriesgue ese momento junto a ella,
era lo mejor olvidar todo como si nada hubiera sido.

Ella dijo que te vaya bien, y le dije buena suerte y hasta luego,
y nunca más la volveré a ver o tal vez en algún tiempo.

Ese manicomio estaba lleno de problemas de fronteras.
Se hizo de día y los varones lentamente caminan.
Dicen que todo se sabe pero tal vez no quieras saberlo.
Era lo mejor olvidar todo por un tiempo.

Ella dijo que te vaya bien, y le dije buena suerte y hasta luego,
y nunca más la volveré a ver o tal vez en algún tiempo.
Yo pensaba que estaba todo bien,
que sería sin problemas como un juego.
Y nunca más la volveré a ver o tal vez en algún tiempo.

Ella dijo que te vaya bien, y le dije buena suerte y hasta luego,
y nunca más la volveré a ver o tal vez en algún tiempo.
Yo pensaba que estaba todo bien,
que sería sin problemas todo un juego.

Andrés Calamaro.

martes, 1 de junio de 2010

JURAMENTO DE AUTOESTIMA

Venga, reconócelo Mariposa Tecknicolor, sin contar con tu hombre ideal, eres lo mejor que hay en la tierra. Es verdad que a veces te deprimes y no quieres hacer nada porque de pronto nada vale la pena, pero también hay que reconocer que el resto de las veces eres muy optimista, perfeccionista y dedicada. Nadie sabe investigar Historia como tu. Si ya lo dicen tus amigos, eres ejemplo de constancia y de buenos sentimientos. Y también lo dicen tus lectores: la Historia que escribes vale toda la pena. Por eso, a partir de hoy vas a dejar de torturarte por no tener el trabajo de tus sueños, y comenzarás a quererte por ser responsable, persistente, inteligente y por tener la capacidad de amar. Y si alguien llega y te dice que eres una persona equivocada, dile que puede coger y largarse a la fregada.