domingo, 6 de junio de 2010

Debí saber

Hay canciones o momentos, que nos recuerdan cosas que en cierta situación nos pueden ser muy incómodas, nos pueden parecer extrañas, nos pueden parecer lejanas o inexistentes. A veces esos recuerdos que nos transportan también nos hacen llorar o nos hacen sentir cosas que no recordábamos que podíamos sentir.

Llevo ya un rato escuchando la misma canción, la que veníamos escuchando en su coche sobre la carretera, en nuestro último -pero que también sería el primero de muchos nuevos- viaje de novios. Me acuerdo perfectamente que cuando la escuché, justo en esa curva que te lleva a la entrada del pueblo mágico que visitábamos por segunda vez -pero que era el parteaguas fantástico que después no fue-, y entonces pensaba fuertemente con todos los latidos de mi corazón: "pero qué feliz soy, pero qué fácil es tenerlo todo a la mano, de repente, volver a sentir lo que sentíamos hace muchos meses. Debí saber que debíamos estar juntos, que este era el futuro del que hablábamos, el que siempre imaginé".

Era feliz. Luego me dio mucha tristeza que la columna se cayera, que la epifanía se desvaneciera, que el tatuaje se borrara y que no hubiera más tostadas para el desayuno. Me sentí completamente vacía, pensaba que de haberlo tenido todo, ahora no tenía nada, ahora mis manos estaban vacías.

El tiempo, maravilloso como casi siempre, vino a regresarme las ganas de hacer cosas. Me trajo un nuevo empleo, trajo que los ciclos se cerraran, que volviera a comenzar, que pudiera talar el viejo campo para poder volver a sembrar.

Ya pasó mucho tiempo de eso. Hoy puse el disco, comenzó la canción número cuatro y me acordé de todo esto. Me acordé de su pelo sobre sus cejas, de sus manos enormes sobre el volante, de esos hombros filosos que también tienen piel de leopardo, rostros de libertadores y pelillos de terciopelo. Me acordé de nuestros paisajes, de la vista maravillosa de aquel pueblo, de mis botines de flecos, de su mano tomando la mía, de la iglesia en las mañanas y de todo el cariño que sentía por él.

Hoy, la canción me recordó por qué no había futuro en esa situación, en esa relación, con esa persona y sin importar las circunstancias; buenas o malas, no hubiera habido futuro de ninguna forma.

Debí saber en ese momento, con esa canción en el coche sobre la carretera, que de hecho no ibamos hacia ningún lugar, que no había punto de regreso y que tampoco había lugar de destino.

Debí saber que el tiempo también se pierde soñando y esforzándose para que las cosas funcionen.

Copo me lo dijo una vez, que no odiara haber vivido todo eso porque si no no hubiera aprendido. Tiene mucha razón, ah pero cómo dolió.

Debí saber que todo empieza siempre una vez más, y que las oportunidades no son sólo una, sino muchas que uno permite que sucedan. Debí saber que el amor no siempre se siente de la misma manera, que no todo lo que brilla es oro, que era mejor no tener nada pero tenerme a mi misma.

Debí saber que no debía volverlo a ver.

Ella dijo que tuvo problemas, y le dije que esté preparada para mucho menos.
Ella quiso saberlo todo de mi, pero no hubo palabras.
Dijo que era mala, que no arriesgue ese momento junto a ella,
era lo mejor olvidar todo como si nada hubiera sido.

Ella dijo que te vaya bien, y le dije buena suerte y hasta luego,
y nunca más la volveré a ver o tal vez en algún tiempo.

Ese manicomio estaba lleno de problemas de fronteras.
Se hizo de día y los varones lentamente caminan.
Dicen que todo se sabe pero tal vez no quieras saberlo.
Era lo mejor olvidar todo por un tiempo.

Ella dijo que te vaya bien, y le dije buena suerte y hasta luego,
y nunca más la volveré a ver o tal vez en algún tiempo.
Yo pensaba que estaba todo bien,
que sería sin problemas como un juego.
Y nunca más la volveré a ver o tal vez en algún tiempo.

Ella dijo que te vaya bien, y le dije buena suerte y hasta luego,
y nunca más la volveré a ver o tal vez en algún tiempo.
Yo pensaba que estaba todo bien,
que sería sin problemas todo un juego.

Andrés Calamaro.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

me parecio leer un va y viene de fantasia, me gusto y estoy de acuerdo en mi caso hay canciones que un dia me llenan me atan a la felicidad me envuelven de un color purpura y la memorizo sin problema la canto todo el dia y despues de varias ocaciones, despues de perder el sentimiento olvido la letra, olvido el ritmo olvio los tiempos y ese famoso beat que solia hacerme mover la cabeza, deja de significar y despues de años vuelvo a escuchar y el sentimiento es nuevamente difrente ahora sonrio ligeramente y creo mariposa que las canciones siempre cada vez que las escuches significaran algo nuevo para cada uno de nosotros. me encanto..

MAM dijo...

Te estoy leyendo encerrada en mi oficina, con Calamaro cantando Estadio Azteca... a puerta y cerrada y corazón revuelto... me hiciste recordar el Vive de hace un año, cuando él cantó Crímenes Perfectos y yo supe que, aunque lo sabía dos años más tarde, quizá siempre había sabido que la historia con el hombre de los tenis naranjados nunca iba a ser nada...

Hay hombres que llegan sólo para ser recuerdos, qué le vamos a hacer, mi querida Mariposa!

M.