domingo, 30 de agosto de 2009

El amor se debe celebrar

Eran como las ocho de la mañana del domingo, un mensaje de texto me despertó "ya somos novios" decía. Ya son novios, y tienen de salir lo que yo tengo de conocer a los Ojos redondos. Lo leí, respondí entre sueños y me volví a dormir profundamente. Sola, con un gato en los pies y sin ver más ojos, ni redondos ni de otros.

Soñé que estaba embarazada y que daba a luz a un bebecito muy bonito, con poquito pelo, María estaba conmigo, envolviéndolo en cobijitas y haciéndome compañía. Yo lo abrazaba mucho, le daba besos, lo cargaba para darle de comer, lo arrullaba, lo cuidaba. De momento, lo ponía sobre la cama y el bebecito comenzaba a mover sus manitas, se zafaba de la sabanita y salía en cuatro patas un bonito y peludo gatito color gris obscuro. ¡Qué monada! Yo me sentía muy contenta, me preguntaba qué había pasado con el bebé, pero no me daba angustia. Cogía al gatito con las dos manos, le daba besos y pensaba "supongo que es más fácil poner una caja de arena, que cambiar pañales". Me desperté. Me dio risa el sueño, porque no había sido nada monstruoso, ni había habido una fea transformación, simplemente mi bebé se hacía gato, y me daba mucho gusto tener un gatito chiquito.

De la noticia de un nuevo amor, a mi sueño profundo con dar a luz, bebés y mis adorados gatos. De relacionar el amor de alguien con la vocación mía, con bebés y libros escritos, proyectos terminados y papeles recibidos. Del amor que comienza para una gran amiga, al amor que tengo yo con mi Ciudad, con mis hermanas y con mis amigos. Del amor de una pareja que nace, al enamoramiento que tengo de confianza en mi misma.

Enhorabuena querida, el amor se debe celebrar. Una razón para no sacarle la lengua al domingo.

Y como siempre me dijo el presidente de la Nueva República de Babel, "¿cómo va el bebé?" Las que me han visto desde que el "bebé" era apenas un cigoto, saben que la gestación ha sido muy dura. Ya es momento de dar a luz, de hace tres años y ocho meses, a tres meses y ya sólo faltan dos.

sábado, 29 de agosto de 2009

Como el ave fénix

Hoy es mi cumpleaños número 26. Nací un 29 de agosto de 1983, a las 13 horas, en la Ciudad de México. Hoy, 26 años después, sigo viviendo en la zona metropolitana de la Ciudad de México. Lucho todos los días para convertirme en una historiadora de tiempo completo, y en lo que a mi respecta, también intento vivir en un mundo mejor. Estoy enamorada del amor aunque aún no se quede conmigo el amor de una pareja, pero en estos 26 años he vivido el amor de cerca de muchas maneras.

El 2009 cuando inició fue muy duro conmigo, ya que inició el segundo semestre del año parace que le ha bajado un poco. Muchas veces no sé de donde he sacado fuerza para superar los baches, que también se ensañaron conmigo hace algunos años. Sólo sé que soy resultado de las cosas no tan buenas, y de las excelentes que he tenido en la vida. Y con esa idea de bandera, me he preparado para hacerle de ave fénix y continuar el vuelo.

¿Karma? ¿Buena voluntad? ¿Buenos deseos? No sé cómo se le puede llamar, pero lo bueno que hacemos se nos regresa. Hace algunos cumpleaños, el presidente de la Nueva República de Babel escribió sobre mi que si en el diccionario hubiera un significado para mi nombre, ese sería constancia. Constancia y amistad, también lo dijo María. Amor, mucho amor diría yo. Entusiasmo, fuerza, optimismo. Como quiera que sea, habrá letras para rato.

De alguna u otra manera, todos hemos muerto o nos hemos ido, o hemos cambiado, o nuestras propias evoluciones nos han hecho mirarnos de otra forma. Por eso escogí los nombres que más me gustan, las cosas que más disfruto, las personas que me hacen bien. Mi nombre ha cambiado un par de veces, y también he renacido desde mis cenizas. (Del darkside, platico aparte).

Esta vez, las cenizas duraron un poco más de seis meses. Le hice de secretaria en un consultorio dermatológico y de analista de radio y televisión. Vaya que el camaleón a veces me queda corto. Lo perdí todo, y después, poco a poco, volví a sentir las manos llenas. Por algo quise ser mariposa, por algo me gustan las metamofosis. Vuelvo al escritorio de investigadora, vuelvo a hacerle de analista de radio de los años treinta, vuelvo al lugar que más me gusta visitar, a lo que más me gusta hacer. Los ciclos se cierran, pero hoy comienza un nuevo año para mi.

¿Y el amor? Aquí está, dentro de mi pecho, saliendo a cuenta gotas cada que mis dedos deletrean las palabras que se criban de mi cabeza. Ah, el otro amor... pues "las mejores cosas de la vida llegan para quien sabe esperar".

Y felicidades a mi madre, que hace 26 veranos me trajo acá.

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viernes, 28 de agosto de 2009

Aún con ánimos de apostar

En el calor del encuentro con el chico del cristal, platiqué muchísimo con Jazmín y con Madame Copo de Nieve. Como siempre le agradecí a Copo su sinceridad, me instó a la valentía, y al igual que Mafka en el café de Reforma222, me dijo que me ve muy decepcionada y que todo parecía una gran ironía, en la que el corazón no se ponía de acuerdo con el intelecto para hacer equilibrio.

Mientras tome las cosas como vienen no hay mucho problema, pero tampoco avanzo considerable distancia. Una vez que tomo decisiones y que me vuelvo a abrazar a las metas que deseo cumplir, entonces sí nadie me detiene, pero hay apariciones fastidiosas y desequilibrios que me echan la cabeza a andar. El dinero, el empleo, la Universidad, el posgrado que quiero estudiar, los labios que quiero besar.

Y aún cuando no sabíamos si sucedería el encuentro o no con el chico de la oficina de cristal, me instalé en el pesimismo de que nada tenía motivo para suceder. Jazmín casi me arranca la cabeza. El chico y yo tuvimos un interesante intercambio de correos electrónicos, lo que nos permitió que el pánico de ambos desapareciera. No entiendo la situación de dos personas que se atraen pero que no intentan estar juntas, no entiendo que no me comprendan que terminar un trabajo no es sencillo, que me angustia no hacer lo correcto, no entiendo como es que en mi subconsciente se siguen formando trampas para creer que todo va a suceder.

San Román me dijo que cuando me propongo algo lo consigo, le dije que tiene razón. Pero ahora ya sé cuál es mi límite; cuando se acabe la carne del asador hasta ahí habré llegado, aunque no haya ganado aún, no le volveré a apostar a ese número. Y no puedo dejar de lado la sonrisa que me aparece, cuando recuerdo que efectivamente la casa nunca pierde.

jueves, 27 de agosto de 2009

...

Cómo me jode que me pase esto, que justo cuando voy a empezar a escribir se me olvide la idea que traigo dando vueltas en la cabeza. Hoy fue la sucesión presidencial de 1928, hace un rato la llamada para Jazmín, ayer olvidé el epígrafe para las conclusiones lindas. Es como una película de terror. Necesito una libretita o una agenda electrónica, pero ninguna es opción en estos momentos. Sólo falta que sea domingo. Sólo faltaría que se me olvidara cómo es el amor (y al paso que voy no sabré más qué es un orgasmo). Sólo faltará, como pésima tragedia, que se tape la pluma fuente otra vez. Como me jode, como me jode.

miércoles, 26 de agosto de 2009

¿Por qué el corazón no avanza?

Esta necesidad hace que no pueda dormir, hace que sienta el frío más frío, que me duelan los pies y se me reseque la garganta. Nada de esto pasaría si mi cama no estuviera tan grande, si el gato no fuera gato, si en mi casa hubiera más gente, si tú ya te hubieras dado una vuelta por acá. Esta necesidad es ansiedad. Nada de esto pasaría si el chico no tuviera novia, si el que comparte su nombre quisiera estar conmigo, si la chica no me hubiera dado una puñalada por la espalda, si la doctora no me hubiera exigido tanto.

La reunión fue muy peculiar, fuimos la diseñadora de modas, San Román, mi tocayo y yo. Magníficamente la conversación nos llevó hasta la una de la mañana. Todos teníamos que trabajar al día siguiente. Todos queríamos estar así, como siempre. Hay cartas que me fastidian, correspondencia que no debería recibir más, pero las cosas siguen como siempre, todo avanza, todo se mueve sobre mi.

De lejos vi el coche deportivo color rojo del soltero tóxico, luego lo vi subir a él. En otro tiempo, hubiera cogido el móvil frenéticamente, y le hubiera dicho que me esperara allí, que me salvara unos minutos de todo esto. ¿Salvarme? Es obvio que un año ya pasó, que las cosas han seguido avanzado, y que ya no es necesario que vengan a salvarme, ni él ni ningún otro soltero tóxico.

¿Cómo decirle a alguien que no se vaya, si no está acá? El papeleo va mejor que nunca, yo he dormido mejor, como casi como debo de comer, el pelo me está creciendo, tenemos planes para salir a bailar mañana, reuniones programadas, gente que viene para pasarlo conmigo. Con María todo es como antes, el switch se le ha puesto en su lugar. Los nenes me dicen que me quieren, el gato no deja de ronronear. Los días siguen su curso, como todo, como siempre.

¿Por qué el corazón no avanza? ¿Por qué por más que me esfuerzo todo se queda así? ¿Por qué me preocupan las cosas que no deben preocuparme? La incertidumbre se enamoró de la ansiedad (felicidades para ellas), y tomadas de la mano están planeando hospedarse en mi cabeza, en las plantas de mis pies, y en el hueco que están construyendo en el centro de mi pecho.

Todo esto va a terminar, no hay plazo que no se cumpla, pero mientras tengo que dejar de pensar tantas veces las cosas que vienen en camino. Desde hace mucho tiempo que no me daban ganas de llorar, en el café que tomé con Mafka ya no pude contener las lágrimas, y después me arrepiento porque siento que le aguo la fiesta; intento mantenerme en pie, como siempre, pero me hace falta que llueva aún cuando las gotas que caen de madrugada me hacen dejar de dormir.

Necesito que deje de ser verano. Necesito darte un beso. Necesito que mi cumpleaños traiga nuevos momentos, frescas sonrisas, buenas noticias. Necesito que me abraces por la cintura y me beses a escondidas, de todos, de nadie, de las llamadas de tu móvil. ¿Y si quedamos para comer? ¿Y si te llamo y no me contestas más? ¿Y si en la oficina se dieron cuenta de que quería bailar contigo? ¿Y si tienes tantas dudas, como yo?

martes, 25 de agosto de 2009

Forrados de morado

Ayer la nena entró a la secundaria. Hoy le ayudé a forrar los cuadernos y los libros, le hice unas etiquetas con sus datos y unos dibujitos de sirenas, mariposas y corazones. Le compré las cositas que le hacían falta, escogió una de mis lapiceras que imita piel de cocodrilo, y usará como libreta de tareas la agenda 2009 que yo no alcancé a usar.

Estuvimos juntas toda la tarde, nos reímos a carcajadas y quiso saber muchas cosas de cuando yo era niña, de mi colegio y de mis amigas. Hablamos de los chicos, de sus maestros, de qué es lo que más le ha gustado de la escuela y de cosas así. "Los cuadernos deben ir forrados de color morado" -me dijo. Entonces todo era el doble, cortar, pegar, etiquetar, forrar. Me dolió un poco la espalda. "El de biología va cosido, se tiene que quitar el espiral, forrar las pastas y luego coser con aguja y estambre", me explicaba mientras yo me peleaba con el papel lustre. Okey, okey, le gané la batalla al espiral metálico, cosí y cosí, hice una trensita que le servirá de separador, y el cuaderno quedó lindísimo.

"No me gustan los niños, no tengo paciencia para los niños, pero contigo es un buen ensayo; esta es la prueba de que por amor, uno aprende a hacer nuevas cosas", y cuando terminé la frase me dijo que yo era una mala porque no tengo paciencia, pero que le daba mucho gusto tener una tía como yo. Y yo siento una fuerte responsabilidad, un gran cariño, y el corazón desbordante de amor y alegría cuando la veo feliz de pasar el tiempo conmigo.

Oficialmente soy madrina del segundo nieto, pero esta nena siempre me ha robado el corazón, es quien más me sigue y es quien más se parece a mi, en el pelo, en los gestos, en cómo se cuelga el bolsito en el hombro. Físicamente es la copia al carbón de mi hermano, pero de sentimientos tiene mucho mío, lo que me alegra y me preocupa. La nena tiene la capacidad de traer las emociones a flor de piel, de reír a carcajadas, de enojarse como energúmeno, y de sentirse triste.

Aún cuando no es mi ahijada, es lo más cercano que tengo a una hija y por eso trato de enseñarle las cosas que pasados los años le servirán de primera mano. Me da miedo que crezca, quisiera que siguiera siendo niña para siempre, me da miedo que un día la hagan llorar o que una mala amistad le rompa el corazón. Supongo que en algún momento eso tendrá que suceder, y espero estar de la mano con ella para que se sostenga cuando sienta caer.

El amor hace milagros, yo soy la prueba de ello.

Feliz noche. Felices clases. Acabo de recordar que mañana tengo clase de Sociología y derecho a las nueve de la mañana, en la carrera de Derecho; estoy segura de que me hará bien.
¡Arriba, arriba, arriba el amor! Que siempre sea tu bandera.

domingo, 23 de agosto de 2009

No te rindas

No te rindas, aún estás a tiempo
De alcanzar y comenzar de nuevo,
Aceptar tus sombras,
Enterrar tus miedos,
Liberar el lastre,
Retomar el vuelo.

No te rindas que la vida es eso,
Continuar el viaje,
Perseguir tus sueños,
Destrabar el tiempo,
Correr los escombros,
Y destapar el cielo.

No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se esconda,
Y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma
Aún hay vida en tus sueños.

Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo
Porque lo has querido y porque te quiero
Porque existe el vino y el amor, es cierto.
Porque no hay heridas que no cure el tiempo.

Abrir las puertas,
Quitar los cerrojos,
Abandonar las murallas que te protegieron,
Vivir la vida y aceptar el reto,
Recuperar la risa,
Ensayar un canto,
Bajar la guardia y extender las manos
Desplegar las alas
E intentar de nuevo,
Celebrar la vida y retomar los cielos.

No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se ponga y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma,
Aún hay vida en tus sueños
Porque cada día es un comienzo nuevo,
Porque esta es la hora y el mejor momento.
Porque no estás solo, porque yo te quiero.

Mario Benedetti.

sábado, 22 de agosto de 2009

Tal vez no pueda querer más

He querido tanto, que he sentido cómo mis pies se separan del suelo. He sentido cómo la luz atraviesa mi cuerpo y el aroma me llena por dentro.

He querido tanto, que he estado segura de las decisiones que he tomado. He sentido cómo de la nada surge todo, como la inteligencia lo llena todo gota a gota, como mi pensamiento viaja con los libros.

He querido tanto, que he estado dispuesta a dejarlo todo. He hecho maletas, he hecho viajes, he vuelto sin mirar atrás. A pesar de haber querido tanto, he dejado la ropa lista, los libros amarrados, las fotos en el buró.

He querido tanto, que he decidido dejar de navegar. He echado anclas, he comenzado de nuevo, he escrito en hojas en blanco.

He querido tanto, que estuve segura de que podía compartirme para siempre, porque sólo me tengo a mi misma, porque conmigo podría haber sido suficiente.

Me han querido tanto, que las hojas de los calendarios se llenaron por completo, las hojas de los libros se pusieron en blanco, las hojas de los árboles dejaron de caer, las hojas de afeitar se quedaron en la bañera, las hojas de lámina me cubrieron de la lluvia, las hojas de los periódicos me sonrieron al amanecer, las hojas de los biombos se entreabrieron para verme, las hojitas del pastel supieron no volverse a derretir.

He querido tanto, que algunas noches tengo la sensación de que no podré querer más.

jueves, 20 de agosto de 2009

De amor, con lluvia y tengo frío

Otra noche que empieza a llover con ganas, como no lo ha hecho en todo el verano. Otra noche que me vendrá el insomnio y un poquito de ansiedad, de falta de apetito, de sed y de pies fríos. No sé que tiene la lluvia conmigo. Los mosquitos se alborotan, tengo que poner el insecticida baygón eléctrico, el olor de éste me hace estornudar, se me revuelve la garganta si prendo un cigarro, y sigo teniendo fríos los pies aún cuando ya no están desnudos.

El tiempo pasa, nos vamos poniendo technos. El tiempo pasa, nos vamos poniendo menos. El tiempo pasa. El tiempo me pasa. Tuve mucho miedo de que me atropellara, él o cualquier otro.

Si el chico quiere verme, ¿por qué no darle la oportunidad de conocerme? "Me sigue dando miedo", respondí; "entonces ve dejando el caparazón poco a poco, te sientes lista, te mereces no vivir con la duda de qué hubiera pasado si..." Ahí está: la invitación a la primera cita. Qué más dá si no es como la imaginaba o si el chico no es el príncipe azul cuyos ojos brillan en mis sueños. La primera cita ahí está, como los plazos que no dejan de cumplirse, la mayor parte de las veces no sé desde donde salió.

Me gustaba ver llover a través de su ventana, y algunas veces cuando se iba la luz, sentir las gotas que caían entre las enredaderas de las paredes me hacían sentir bien. Podía dormir, a pesar de que llovía podía dormir. Ahora con tantas cosas en la cabeza, el ruido de la lluvia hace que no deje de pensar en ellas.

Y ahí está, la llamada de invitación, el tímido correo electrónico, el mensaje en el correo de voz. Qué más dá si la cita no sucede, la invitación ya llegó. Cuando es el momento de que tenga parte, la primera cita se hace lugar, aún cuando no esperaba que llegara en este tiempo. Entonces más vale que no me eche para atrás, que los encantos no duran para siempre, pero el recuerdo de que me hicieron sonreír sí se quedará ahí.

Quiero que la lluvia deje de hacer ruido, quiero que el frío me motive como lo hacía antes, quiero que la lluvia se vuelva susurro o que me cante otra vez la canción que me hacía dormir.

lunes, 17 de agosto de 2009

Ya sólo faltan dos

Algunas noches me creo (porque siempre prefiero hacer como que no lo sé), que en la vida sólo se tienen tres grandes amores, y hay que tener cuidado de que no lleguen al mismo tiempo. Los grandes cuando se van, lo hacen de tres en tres. Las malas noticias llegan de tres en tres. Cuando el coche se te descompone, generalmente lo hace tres veces seguidas. Se cuenta del uno al tres para empezar a hacer alguna cosa, o para darle fin. Tres copas hacen una, y volvemos a empezar.

Me han dicho por ahí -aunque no me consta-, que son tres años máximo de noviazgo antes de dar el gran paso. Tres pares de zapatos son suficientes, aún cuando no sabemos por cuántos el clóset no cierra. Tres abrigos dan multiples opciones de outfits, cuatro son una exageración, dos no son suficientes. Y dice el refrán que "el muerto y el arrimado, a los tres días apestan".

Las noticias buenas no sólo me llegaron esta mañana, sino que vinieron tres al mismo tiempo. Ninguna de las tres hubiera sido posible sin mis amigos Madame Copo de Nieve, Rey Sol y Jazmín. Lucky me. Más que porque las buenas nuevas llegaron, soy afortunada porque los tengo a ellos tres. Tres de mis amigos, que se han preocupado por ponerme feliz.

Lo mejor de todo fue que llegaron prácticamente al mismo tiempo. Primero Copo, al mismo tiempo Jazmín y cinco minutos más tarde el Rey Sol. Para cuando hablé con el tercero, tenía la boca seca y me hormigueó un poco la muñeca izquierda. La ansiedad algunas veces no es mala, me impulsa a hacer cosas que no me imaginaba, a terminar cosas que tengo que terminar, y a empezar otras que no pensé que sería capaz. Estoy lista para muchas cosas, mis amigos me lo han dicho a la cara, al oído, en el abrazo o con un cariño.

Estoy lista para volver a invertir, y María insiste también en que no debo tener miedo.

Estoy lista para empezar en un nuevo empleo, finalmente he logrado liberar mi intelecto de los prejuicios que me han querido encasillar.

Estoy lista para intentar el amor, y Mafka se pondrá feliz cuando lo sepa. El día del café que tomamos en Reforma222 insistió en que todo venía diferente, que debía disfrutar y empaparme de lo que el destino me tuviera listo, estaba un poco afligida de verme tan desilusionada y con poca fe. Mañana también a ella le daré las buenas nuevas.

Y el resto de los días hasta que las tres cosas se consumen, agitaré tres veces las alas y le soplaré a esa vela que me mira desde el tocador, porque de los tres meses que venían de espera, ya sólo faltan dos.

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sábado, 15 de agosto de 2009

Una vez más, el Auditorio Nacional

Fue muy curioso cómo me di cuenta, a la altura de la Defensa Nacional, que la cita a la que iba no me causaba la expectación de las citas de antes. Aún así, doblé la primera plana de mi periódico y decidí dejarme llevar por la situación. Dudé en si me había puesto o no el perfume adecuado, suficiente o si hizo falta usar un poco más; mis tenis color turquesa desentonaban con mi pelo suelto, los labios color orquídea parecían no quedar con la camiseta desnuda que traía puesta, si hubiera puesto atención, hubiera creído que la cita fracasaría. Qué bueno que no fue así, de cualquier forma fue otra cita con mi Ciudad.

Llegué al Auditorio Nacional a las 18:25, en un arranque de preocupación me bajé casi enfrente de la Fuente de Petróleos y terminé el camino a pie. Empezó a lloviznar. Había mucha gente en la calle, muchos coches en línea, muchos camiones que esperaban pasar, tantos que hasta creí que esa noche habría concierto estelar.

Me senté como siempre en la escalinata de frente a la pantalla. Rey Sol inaguró ese lugar como punto de encuentro, y yo lo he adoptado como si fuera mío. Me acomodé en los escalones y saqué el periódico para terminar las líneas pendientes. Leí las opiniones que más me interesaron, y una vez que me cansé de las letritas y me fastidiaron las gotitas en mis lentes, cerré el periódico y me puse a ver los lugares que reconocía junto con los coches que pasaban por mi.

El pasado no es tan lejano, y sin embargo parece desconocido. La pantalla del Auditorio Nacional me ha visto feliz, nerviosa, y también me ha visto llorar. Ha visto los coches que pasan por mi, los peseros de los que desciendo, los taxis que abordo. Las personas que encuentro, los chicos que reconozco, los corazones de los que me enamoro. Empezó entonces la proyección del festival de cortometrajes, y los Ojos redondos llegaron en punto de las 19 horas.

Reforma nos esperaba desierta, con su muestra de lago, con la entrada al zoológico de Chapultepec. Ojos redondos y yo hablamos tanto que mucho antes del Museo de Arte Moderno, yo ya tenía mucha sed. El chico se parece mucho a mi cuando cruza las avenidas, cuando la paranoia de los coches que viajan rápido le rozan la nuca. Mi perfume fue perfecto, los tenis me salvaron mucho más, y la camiseta nude me hizo ver más morena que de costumbre.

Até mi pelo, y los Ojos redondos no dejaron de verme de frente, y me preguntaron por qué los gestos que hago después de una cascada de carcajadas. Muchas respuestas no se las pude dar, pensé que tal vez no me conozco lo suficiente. Me invitó a cenar, caminamos de la mano de regreso a la Torre Mayor. Los chorritos de la fuente de la Diana Cazadora me dibujaron los dientes, y hasta ese momento la emoción de la única cita me hormigueó los dedos de los pies.

El Periférico norte también me sonrió y regresé a casa rapidísimo, quizá antes de que el chico estuviera a mitad de camino hacia la suya. Hice una escala en Echegaray, y todavía pude alistar unos documentos antes de dormir. A ratos pensé en qué lugar podría sustituir al Auditorio Nacional. Alguna estación del Metro quizá, o Metrobús, o la Glorieta de Insurgentes, o ¡ya sé! El Poliforum Cultural Siqueiros.

Como sea, el Auditorio me queda, me baña de las luces de los coches que pasaban por mi, de los recuerdos que me hicieron feliz, de los chicos que no veré más, de las citas a ciegas de otras personas que les hacían pensar que era yo a quien estaban esperando, de los revendedores cuando hay concierto estelar, de las camisetas de souvenir cuando terminan los eventos, de Carlos Fuentes y la conferencia magistral.

Es como cuando se tienen personas predilectas, así también tengo lugares predilectos. Es como cuando mi madre escogió al Museo de Antropología para pasar los fines de semana cuando niños, o cuando encuentro un bar o un café en el que estoy tan contenta que las horas se me pasan sin sentirlas. La Ciudad me sigue consintiendo, me sigue refugiando en Ciudad Universitaria, y me da un lugar que me arropa en el plantel metropolitano.

Quizá del chico no sepa más, debo confesar que el hormigueo de los dedos de mis pies me duró lo que dura el trayecto del microbús, de la Diana Cazadora al entronque con Masaryk. Quizá en próximas noches reciba las llamadas lindas, o en las tardes las llamadas largas, o de madrugada los mensajes que me hacen empezar el día con el pie derecho. Quizá la Ciudad me lo conceda.

viernes, 14 de agosto de 2009

Lista para el amor

Hoy lo vi, y espero que no sea la última vez. Ahora, aún con que me pongo muy nerviosa porque el corazón me late a mil por hora cuando lo veo, los trámites que tenía que terminar me impidieron continuar la conversación que el chico inició conmigo.

Creo que era de esperarse, que al momento de saber que ya no trabajaría ahí, las cosas cambiarían; pero es una contradicción, porque si el hecho de que ya no seríamos compañeros de oficina, tiende una posibilidad para conocerlo, ¿cómo entonces se supone que sucederá si no lo veré más? Pude platicar de él, por fin pude contar que unos ojos vestidos con camisa azul de rayitas, me quitaban el aliento de lunes a viernes, a las 15:45 justo cuando iba a comer.

Hace mucho que no salgo con alguien, confesé, y a veces no siento todo el tiempo que va pasando en mi Ciudad, en mi corazón, en mi cuerpo. La memoria no es que me falle, sino que a veces no tengo manera de refrescarla como yo quisiera. Quizá entonces no sea tanto tiempo, sino que en mi antiguo contexto, eso no era común que sucediera.

Y todo es muy parecido a una cotidiana ironía, a una ley de murphy, contrario a lo que sucede en mis sueños. Todas las veces que he compartido con él, en ellos, sucede lo que tiene que suceder. Y mis ganas son inusuales, porque se limitan a la compañía masculina, a un mano que abraza la mía.

Hace unos días, la última vez que soñé con él, hubo un elevador, un departamento, mucha gente que nos miraba y un coche negro. Había más coches en movimiento, calles, un estacionamiento; y el chico vestía una camisa sin corbata con ese saco color verde que tanto me gusta en él. Estos sueños son justo como lo que veían mis ojos a través del cristal de su oficina, desde la mía, intentando alcanzar a los suyos, a sus pies, a su pelo negro peinado hacia atrás.

¿Cuántos años tendrá? ¿Cuál será su nombre completo? No es posible que si hoy tuve una pequeña charla con él, no pensé en aprovecharla para preguntarle lo básico, ¿cómo te llamas? ¿Es cierto que vives por el norte, como yo? Las respuestas a si sabe bailar y si le gusta el cine, vendrían después.

Ahorita, que me preparo para dormir y recuerdo que todo el día estuve contenta y alegre, caigo en la cuenta de que quizá las cosas con el chico se queden tal como están y simplemente haya sido que hoy también desperté sintiéndome como si estuviera enamorada. Aún cuando hay muchos lugares que no tengo con quien caminarlos de la mano, exposiciones que veré sola, palabras que no escucharán, letritas que no leerán, me doy cuenta que yo soy el motivo para sentirme enamorada.

Hace calor, y la caprichosa lluvia de verano me recibe mientras camino Paseo de la Reforma, por el momento no necesito nada más.

miércoles, 12 de agosto de 2009

Okey es oficial, estoy flaca

Estaba completamente inmersa, escribiendo unas conclusiones que parece que no tienen conclusión. No recuerdo por qué, de repente reparé en las puertas de mi clóset, en tanta ropa que a veces no le veo más fuera de él, y me levanté para corroborar que aquellos pantalones de cuero color negro seguían ahí y no habían cambiado de dueño.

Los encontré hasta atrás de los abrigos, volteados al revés, un poco empolvados, esperándome con ansias a que yo volviera a ponerles atención para gritarme a la cara una buena noticia.

Los descolgué y los examiné, como niña con juguetes en Navidad. Los fabulosos vaqueros de piel, de perfecto ajuste de la cintura a los talones, corte de bota, aquellos que son valiosos porque no tienen costuras, porque están hechos de una sola pieza, porque me han esperado muchos meses ahí, mis vaqueros que no volví a usar porque subí muchísimo de peso, me dijeron sonriendo que oficialmente soy flaca.

Los deslicé desde mis rodillas, sin ninguna dificultad rozaron mis caderas, y los abotoné como si me los hubieran mandado hacer. Como una segunda piel, tal como se deben usar los pantalones de cuero, mis vaqueros han salido del clóset. Los traje puestos un rato, saqué algunas sandalias, las de tiritas negras, las de tiras de pitón; los tacones de media plataforma de charol, los tacones grises. Me puse feliz de que otra vez estén en circulación.

Mucho esfuerzo ha dado resultado. Estoy muy contenta de que se note por fuera, lo excelentemente bien que estoy por dentro en estos momentos.

Mafka me llamó, me volví a poner mis jeans y salí para verla en el Sanborn's de la esquina. No hay nadie más feliz que yo en este día. Le compartí la noticia, es oficial, otra vez soy flaca.

lunes, 10 de agosto de 2009

Por decisión, por valentía

Empuñé la pluma varias veces al día, hacía mucho que no firmaba tantas veces seguidas y que no escribía una carta a manuscrita. Hubo fotos, hubo pay de queso con coca-cola light y cacahuates japoneses.

Me caen gordas las despedidas, qué puedo decir, sin embargo no fue tan difícil como yo lo imaginaba. Los Ojos redondos me llamaron cerca de las 18:30, me hicieron reír, y me tomaron fotos mientras hablaba con él; ambas imágenes -la que quedó congelada y la de mi voz- me delataron en los dos contextos. Mi voz hace notar cuando me pongo contenta, y en la foto se plasmó que me hace bien hablar con él.

"La vida es de decisiones y de valientes", me escribió desde Acapulco, mi hermana mayor. Tiene razón. Y me va mejor ser actriz que espectadora, y valiente que cobarde.

Y como un batazo en la cabeza, al mismo tiempo en que mi mano escribía las palabras "eres lo mejor que me ha pasado este año", comencé a llorar como si mis lágrimas pudieran hacerme olvidar las humillaciones y agresiones que viví sentada en ese polvoriento sillón del departamento de la delegación Tlalpan. Desamor con amor se cura, humillaciones con amor se curan, agresiones con amor se curan. El amor más que mis lágrimas, me han curado todos estos meses de los recuerdos que también dejaron huellitas en mi pasado bucanero.

Efectivamente, esta amistad ha sido lo mejor que me ha pasado este año, año de ser valiente, de aferrarme a mis decisiones sin engancharme. Fue un sentimiento encontrado, y mientras me limpiaba los ojos y la nariz frente a mi ordenador, a un lado de la cámara de seguridad, al mismo tiempo de que me sentí desdichada por lo mal que me pagaron, por todo el amor que no me recibieron más, también me sentí valiente, y me dio gusto poder haber decidido y seguir decidiendo ahora.

El amor por mi entorno y por mi misma, me permitió hacer tierra, para ahora poder despuntar.

Y antes de intentar descrifrar qué ha sido de él, francamente no me interesa más hacerme preguntas sobre él, sobre si aprendió o no a tomar decisiones, a desengancharse de su madre y del patético departamentito de conversaciones a través de papelitos pegados en las paredes. No me interesa averiguar si intenta regresar, si aún desea hacerlo, si me recuerda, si tiene curiosidad. Se supone que hay solteros tóxicos que no deben volver jamás, pero justo cuando una termina un ciclo o sube otro escalón, es en ese momento cuando los solteros tóxicos aparecen, o intentan aparecer.

Hace algún tiempo que dejé de rezar por él, por su corazón, o su cabeza, o sus pulmones. No me interesa más. Me va bien, y supongo que todo es resultado de mi karma, de que no le hice daño ni a él ni a ninguna otra persona.

Creo que al fin los párpados que le puse a todo mi cuerpo, están dando resultados. Y presiento que este blindaje, no se irá más.

Dar noticias no es sólo eso

Muchos outfits, muchas revistas, muchas noticias, muchos audios que escuchar. Mis dedos que escriben con vida propia, voces que reconozco, viajes que realizo, tropiezos mentales que se convierten en palabras, cuando mi boca las articula frente al ordenador.

Dar noticias no es sólo eso, dar noticias también es enamorarme de los días poco a poco, de la Ciudad que a veces no me quiere, de los amores de los demás que a veces me desesperan. Dar noticias también es hacer amistad, encariñarme con la gente, seguir con mis proyectos hasta la una de la tarde, dormir si me va bien antes de las dos de la mañana.

La Academia es noble, lo he dicho muchas veces, pero a veces es exigente. Y ahora, como mujer caprichosa y demandante, pide a gritos mi regreso. Y la metamorfosis continúa, y mi traje de camaleón viaja en mi bolso, junto con las noticias de Fernando del Paso y junto con que Antonio Imbert debe seguir con vida, en algún rincón de la isla dominicana.

Dar noticias no es sólo eso, también es recibir las llamadas de los Ojos redondos siempre a las 17 horas; luego, si el cansancio no nos domina, las vuelvo a recibir a las 23 en mi habitación, en la tranquilidad, sentada en el banquito de frente a mi espejo de cuerpo entero. Él, desde el norte de la Ciudad -aún más al norte que yo-, habla quedito como si me susurrara detrás del cuello, me entiende, me escucha y se sorprende de las cosas que le digo. Me quedo callada intentando disimular la enorme sonrisa que provoca en mi rostro, finalmente tengo que confesar (como cada noche) y con pocas palabras, me vuelve a comprender.

Dar noticias es también sentirme acompañada de la radio todo el día. Desde las 5:45 que despierto, hasta las 22 que inicia la programación musical. Muchos locutores desfilan por mis oídos, se entregan a mis palabras, se transforman mediante mi voz en texto, en buenos, en malos, en poder. Dar noticias es estar informada, es tener unas ocho horas de poder al día.

A la mañana siguiente, la radio otra vez está prendida, me escucha, y probablemente me permita esta informada otra vez.
Y quizá me permita escribir de ella, aunque no sea de la última nota, pero sí de 70 años atrás, de programaciones que no se escuchan más.

Y esa historia que empecé hace tres años, que está nutrida de la Historia de todo lo que pasó al mismo tiempo, y de la Historia que vivo día con día, ahora ya tiene final. Por eso ahora tengo que hacer a un lado las noticias del día, por eso debo cifrar mi empeño en los próximos meses que el destino hace mucho que escribió para mi.

No es sencillo. Haber escrito por encargo estos últimos meses me dio cierta estabilidad, me hizo dormir a la hora que debo dormir, despertar cuando tengo que despertar, aprender cosas que no me imaginé que podría aprender. No llegué al punto de regularizar mi apetito, pero sí me quitó los kilos de encima que me estorbaban.

Hoy repasé los teasers que más feliz me hacen, dí el pronóstico del tiempo por última vez, compartí opiniones, me reí a carcajadas con Domínguez Muro y con Zabludovsky, y me despedí de las personas que de una u otra forma me sostuvieron. Y ahora, que no era mi intención pedir favores, le digo de frente a la amiga que dejé en González de Cosío, que por favor no desaproveche los golpes de suerte, las sorpresas del destino.

Estoy emocionada. Las segundas partes siempre me han gustado más que las primeras, me gusta el regreso, pero me chocan las despedidas. Y lo mejor está por venir, el tilín del corazón me lo dice. El tiempo apremia una vez más, todo indica que por fin podré dormir sin remordimientos.

Y por último espero, que la chica de González y los Ojos redondos, se vengan un poquito para acá, conmigo, a ver si así no es tan duro metamorfosear.

sábado, 1 de agosto de 2009

Nunca es la última oportunidad

Veintinueve días y me llegará un año más. Trescientos sesenta y cinco que pasaron, y hoy cumplo un año por acá.

¿Qué puedo decir? Afortunadamente todo lo he podido escribir, lo he seguido deseando y poco a poco se me está haciendo realidad.

Hay cosas que no deben cambiar, y quizá por eso no lo hacen. Yo, en cambio, continúo haciéndole de camaleón, probando nuevos sabores, conociendo nuevas personas. El ranking de solteros tóxicos algunas veces se modifica, uno que otro ha salido de allí, otros han entrado inmediatamente; las personas no cambian, aunque debo admitir que quizá la diferencia esté en la relevancia que le he dado a cada uno de ellos.

Mi Ciudad es la de siempre, pero ya no es la misma. Por mis meros rumbos han hecho aparecer pasos a desnivel, segundos pisos, mucho asfalto, enormes pilares de concreto; nuevos centros comerciales, rutas de transporte público. Todo pasa tan rápido, que me cuesta trabajo recordar qué había antes en esos lugares o como eran ciertas personas.

¿El tiempo? A veces me vuelve loca. Y no sólo porque llueve cuando no avisa, y me sofoca de calor cuando calzo mis botas cafés; también me pone mal que todo sea para ayer, que las noticias se deben dar en menos de cuatro minutos, que la gente no tenga en cuenta lo que hay detrás de cada palabra que mis dedos deletrean.

El tiempo, mi tiempo, la presión, la depresión que ya se fue. El amor que no llega. El amor que en el transcurso de este año no me abandonó, que se abrazó a mi columna vertebral sin avisarme; y que día tras día, le gritó a la gente a mi alrededor que sólo me tengo a mi misma.

El amor de las chicas que regresó, el amor a mi profesión, el amor a mis nuevos trabajos, el amor a mis compañías perennes; el amor que le tengo a mi regreso a los orígenes, de donde soy, de donde tenía que irme para poder volver.

A la cima no se llega sola, pero ya dejó de presionarme el tiempo y el amor que a veces no aprende a ser para siempre. Abrazada a la meta que me puse hace tres años, así me voy a quedar durante los próximos tres meses. No en vano me han dicho que soy ejemplo de constancia y amistad.

Seguir acá después de un año de haber comenzado esta columna en medio de una terrible depresión, es confirmarme a mi misma que aún cuando la presión y la tristeza, la muerte y mis lágrimas, los malditos domingos y las reconciliaciones, el estrés y la crisis, la desilusión y los corazones rotos, estuvieron rondándome queriendo quedarse para siempre, nunca perdí el ánimo ni el optimismo para darme otra oportunidad.

Comenzar de cero cuesta mucho trabajo, pero es posible. Sólo hasta estos días me he comenzado a dar cuenta, que quizá comienzo a estar completamente estable para darle una oportunidad más al amor de verdad. Reafirmo lo que he venido escribiendo, de que al encontrarme a mi misma -aún cuando he tenido las manos más vacías que nunca-, pude proyectar una luz fabulosa, que me ha abierto muchas puertas y poquito a poquito atrae a mi vida las cosas que he deseado con muchas fuerzas.

El amor es lo que sigue, nunca es la última oportunidad.

Feliz semana. Feliz domingo.
Arriba el amor, abajo los solteros tóxicos.
Arriba el amor, arriba los cambios venideros, arriba los aniversarios.
Arriba que el ciclo terminó, abajo que quizá no te vuelva a ver.
Arriba yo, abajo tu (hoy soñé que se me hacía realidad y por fin podíamos compartirlo).

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JURAMENTO DE AUTOESTIMA

Venga, reconócelo Mariposa Tecknicolor, sin contar con tu hombre ideal, eres lo mejor que hay en la tierra. Es verdad que a veces te deprimes y no quieres hacer nada porque piensas que nada vale la pena, pero también hay que reconocer que el resto de las veces eres muy optimista, perfeccionista y dedicada. Nadie sabe hacer investigación histórica como tu. Si ya lo dice tu madre: eres la mejor historiadora del mundo. Por eso, a partir de hoy vas a dejar de torturarte por no tener pareja y comenzarás a quererte por ser responsable, persistente e inteligente. Y si alguien llega y te dice que eres una persona equivocada, dile que puede coger y largarse a la fregada.