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lunes, 20 de octubre de 2014

...con papel de colores en vez de periódico, y brandy y flores en vez de sangre y semillas.

Extraño ir y venir en la línea del tiempo como lo hacía antes.
Extraño mucho de lo que hacía, pero poco a poco he dejado de extrañar la ansiedad que me muerde los dedos de los pies. Ha vuelto, aquí anda como aura rondando mis codos y lamiendo las yemas de mis dedos. Se lleva mis dientes, rechina mi quijada por las noches... ya no la extraño, aquí la tengo.

No puedo recorrer la línea del tiempo porque no existe. No puedo recorrer mi línea del tiempo porque me duele, me duele muchísimo.

No he podido parar de llorar, y según entiendo eso es bueno. No sé todavía qué es lo que voy a hacer, porque casi para todo tengo una estrategia, menos para un desbordante trastorno de ansiedad. Lo único que he decidido es dejar de obligar a mis demonios a estar dormidos, de alguna forma tienen que apaciguarse, pero ahora he decidido que estén despiertos; me gustaría ponerles la jaula más linda, con papel de china de colores en vez de periódico, y con brandy y flores en vez de sangre y semillas. Estos demonios también son míos, aunque me caigan mal y estén medio feos, pero son míos y los acepto. No puedo meterlos a un cajón y pretender que no existen, no puedo meterlos de regreso a su jaula para obligarlos a dormir, eso será siempre una farsa. Pero tendré que hacer las paces con ellos, pedirles que no me lastimen cuando quiera yo caminar por mi línea del tiempo como antes, como si nada.

Los demonios siguen en su jaula pero están sueltos, ya no fui capaz de seguir manteniéndolos amarrados ni encadenados. ¿Ahora qué voy a hacer?

lunes, 14 de marzo de 2011

Siempre primeras veces

El lunes fue la primera vez que me pidió que le abriera la regadera en la mañana, el miércoles planché toda la ropa limpia como nunca lo había hecho en mi vida, y... anoche tuvimos una gran pelea.

Este último mes me ha quedado claro por qué la gente no se casa, por qué es que no se pueden poner de acuerdo, cómo es que se acostumbra que las cosas se hagan en contra de la voluntad de una pareja. Que si lo correcto es, o es incorrecto. Que si se debe tener hijos. Que si se debe firmar un acta. Que si, que no, que ya me vale madres.

Tengo que darle algún mérito a que la ansiedad se ha olvidado de mi, eso me pone feliz. Pero por otro lado, he tenido pesadillas, recurrentes, de esas que hacen que uno se sobresalte antes de las seis de la mañana. Es raro, pero no es ansiedad.

Hubo una gran crisis, fue una gran pelea, y debí saber que vendría una primera vez en la que una llega hecha un mar de lágrimas a un Starbucks, donde un Salvador siempre está con los oídos listos para escucharnos. Manejé, despacio, a poner gasolina y a tomar avenida Universidad. Di vuelta en Eje 5, envié varios mensajes. Hay planes que se cancelan, lágrimas que no dejan de salir, y sentimientos que por primera vez se dejan ver sobre la piel.

Dudé si debía bajarme del coche. No lo hice. Todavía había cosas qué cancelar. El chico de los ojos verdes no me llamó, sé que se inmutó, sé que también se le partió el corazón, pero por un lapso de cuatro horas guardamos silencio.

Siempre hay una primera vez para una gran pelea, y para preparar el baño en la mañana.

El frapuccino de té verde fue gratis, por fin pude dejar de llorar, creo que el hielo machacado me congeló las ideas, y el temor de presentarme al seminario del terror. Estacioné el auto y caminé, entré al seminario con el rímel y las sombras embarradas alrededor de los ojos. No me di cuenta. Y tampoco de que el recuerdo de cómo dejé a los ojos verdes, me estaba arañando por dentro.

Diecinueve y quince. Salí. Conduje. No pensé. Arrivé.

No me acuerdo en qué momento nos dieron las cuatro de la mañana. Día dos. Doble gran pelea. Doble mala noche. Primera pesadilla que me hace despertar, por el calor que siento en el pecho.

Siempre me dijeron que luego de una gran pelea existe una gran reconciliación. En este caso hubo un camino atropellado a Tecamachalco, Interlomas, dos pares de ojos hinchados, y algunos besos de amor, de pura y plena confianza.

¿Qué puedo hacer, si de veras amo? Mi lengua tararea tu voz, cuando me dices que quieres estar conmigo. Mi lengua recorre todas las ideas que pasan por mi cabeza, y luego las saborea. Entonces yo también quiero estar contigo. Me desespero, soy histérica, qué le vamos a hacer... Te amo, me amas, mi lengua lo sabe bien.

La primera vez de una gran pelea. Mi coche y la Ciudad lo supieron bien.

martes, 1 de febrero de 2011

Las personas se apoderan de las aceras.

Me llegó, juro que sin querer -y ahora también quisiera tener párpados en las llemas de mis dedos-, uno de sus últimos trabajos. Sin saber que yo soy su ex mujer, me pidieron una opinión sobre la última edición de este ensayo, en fin, ya decía yo que el mundo es una gran rueda de la fortuna, y ahora con mucha alegría afirmo que arriba me toca estar a mi. También su chica se ha puesto en contacto conmigo, y bueno, él dice que es su chica, ella dice que es su mujer, ella no sabe que yo sé, que él no quiere saber nada, y que de hace ocho años que tengo de conocerlo, ya no queda nada.

Pero el gremio de los historiadores es cerrado, es pequeño, y todo se sabe de todos, en todas partes, de todos lados.

El trabajo, desde el primer párrafo, presenta errores garrafales, terribles, que nunca me imaginé que él, tan escrupuloso como era para criticar, los esté cometiendo. Y bueno... de hecho, ahora recuerdo que nunca tuve en mis manos un trabajo suyo terminado, siempre estaban en construcción, bajo corrección o en comentarios, pero digamos que el señor creía que podría escribir la mejor disertación con el mínimo esfuerzo, en el mínimo tiempo previsto, y con un cronograma inmutable. El señor no tomaba en cuenta que debía tener todo el empeño posible, y que debía dejar de aislarse a sí mismo en los jardines solitarios de la Ciudad, y en los rincones más remotos de su existencia.

Tal y como las contradicciones en las que caía, el trabajo que tuve en mis manos también está lleno de ellas. Los signos de puntuación no correspondían a la narrativa que se proponía desde el título, y él se creía ser el mejor investigador de todos los tiempos, o por lo menos, de la Ciudad de México.

Ahora que puedo leerlo, que puedo hacer un "resumen de actividades post-proyecto", me da gusto haber renunciado a tiempo. A la cima uno no llega solo -él debería saberlo-. Y llegar a la cima cuesta mucho trabajo, se necesita mucho esfuerzo; eso, estoy aprendiéndolo en carne propia.

Y en medio de toda la protesta, de toda la lectura, y de todo lo que conlleva un dictamen o digamos, un fallo a nuestro favor, tal parece que las personas ajenas se apoderan de las aceras.

La Ciudad ya no es la misma, y yo también he cambiado como ella.

Toda la semana pasada soñé con él y con su madre. Estaban apoderados de la Ciudad, y yo no podía dar un paso sin encontrármelos, sin estar envuelta en los juegos que siempre querían jugar. El tipo volvía de lejos, de algún viaje o de siempre (¿me explico?), y venía a decirme como siempre lo hacía, que yo era la mujer de su vida y que no podía vivir sin mi. Llegaba, como la última vez, a decirme que esto era para siempre, que me amaba, que no podía seguir si no lo intentábamos una vez más.

Sentí una angustia que hace mucho no sentía estando dormida, la misma angustia que curiosamente sentí cuando se fue, y que he sentido todas las veces que sueño con él, o que siento que está cerca. También sentí miedo. Tenía miedo de decirle cómo eran las cosas de verdad, y hacia dentro de mi pensaba que era una tranquilidad saber que mis Ojos Verdes estaban junto a mi. Tenía que encontrar el momento justo para decirle que esta es mi banqueta, es mi cuadra, mi manzana entera, toda mi Ciudad, que mis Ojos Verdes la compartían conmigo, y que él debía regresar al lugar de donde venía. Nada era igual.

La señora de pelo de maíz era, como siempre, exigente, falsa, actriz. Tan actriz, que ella no sabía que no era ella. También me daba miedo. Su rostro parecía una máscara rígida, con una dentadura protuberante color amarillo, de dientes animalescos, como de caballo. Esa imagen fue una rara mezcla de la realidad, caricaturizada. Exigente, repito. Había que hacer las cosas como ella decía, no queríamos que se mostrara su toxicidad.

Desperté, gracias, como siempre despierto. Tuve un mal sueño otra vez. Y al arreglarme para salir, y ponerme mis mejores zapatos de tacón, me di cuenta, ya pisando mi Ciudad, que las aceras siguen siendo arrebatadas por muchas personas que no tienen identidad, que sólo quieren pisotear y encima con unos zapatos nefastos -como los de la señora de pelo de maíz-, amorfos, insensibles e irreales.

Debo encontrar la forma de que todos los fantasmas de mi pasado se queden en un lugar. Pensé en un principio que sería en la zona Sur de la Ciudad, hasta que supe que también tengo que regresar a trabajar por allá. Pensé que podrían quedarse en su departamentito sin muebles, lleno de altares sin sentido, que rezan por que los análisis de laboratorio salgan limpios, para poder tener un lugar en la cama de alguien. Nunca imaginé que se llegara a tal nivel de desconfianza. Pedirme una constancia para tener una oportunidad para el amor, hubiera sido más que una de sus enormes ofensas.

Me da miedo pensar en ese espacio sin muebles, con altares y gatos cojos o sin cola rondando los coches de alrededor.

Me da miedo que mis demonios se hayan acostumbrado a pelearse unas cuantas aceras. Me da miedo que mis demonios ya no quieran regresar a su jaula. Sólo esta semana les queda, para seguir paséandose por toda la Ciudad.

martes, 12 de octubre de 2010

Saldo: una espalda contracturada.

Ya no tengo a quién platicarle ciertos secretos que a veces urgen salir de mi garganta, de la jaula de mis demonios, de mi corazón.

Antes, sin pensarlo mucho, otros chicos o el mismo Rey Sol, me decían que bebiera lo que fuera suficiente, lo que yo necesitara, que tomara lo que quisiera tomar, que probara todo lo que se me antojara... ahora mis ojos verdes insisten en que debo dejar de tomar cualquier tipo de medicamentos que a veces ni siquiera sé para qué son.

De esta contractura muscular que tengo ahorita, que tuve ayer muy fuerte, no tengo a quien contarle la verdadera razón de mi mejoría, el remedio que tengo siempre bajo la manga, o guardado dentro de un frasco de cristal.

A veces mi vida cambia tan rápido, que me cuesta trabajo darme cuenta de hacia dónde va este camino, estas vías de tren y nuestros caminos paralelos.

Compromiso. Commitment.
Nunca me imaginé que conocer a mi familia política me hiciera tan feliz. En algún momento pensé -debo confesarlo-, que la experiencia iba a ser como las anteriores, que mi familia política no tenía por qué venir a donde vivo, a conocer a mi gato, o a compartir conmigo. Pero la vida, con todas estas sorpresas fabulosas que nos tiene preparadas, me ha hecho cambiar de opinión.

Luego de las pésimas experiencias que tuve al convivir con las familias de los chicos con los que salí, ¿qué podía esperar? ¿De plano fue tan malo tirarme al drama y pensar que otra vez sería una película de terror? Pero a ver, intentemos ser objetivos y pensemos, cómo demonios no me iba a sentir tan insegura, si alguna vez me sucedió que el padre más tóxico de un soltero tóxico habló mal de mi en mi entorno profesional, y me negó rotundamente llenándome de malas referencias, a lo que mi jefa sólo respondió: "la vida nos pone a cada uno en nuestro lugar, y nos da lo que nos merecemos".

Y además, cómo shit no me iba a estresar, si otra vez, la toxicgranma de otro soltero tóxico, se atrevió a decirme en el living de su casa: "niña, tienes que saber que siempre será mejor opción un aborto a tiempo, que un error del que te arrepientas toda tu vida".

Wow. Shit. Pero yo no sé cómo pude seguir respirando luego de tanta presión.

Ay pero aquí les va la mejor, tan soez y tan falta de clase, que risa me da acordarme de cómo fue. La señora de pelo de maiz se atrevió a decirme que seguramente yo quería formalizar con su hijo no por amor, sino porque no tenía donde vivir, no tenía dinero o estaba esperando un bebé que no le constaba que fuera de su pichoncito. Re shiiiiit. Y ya no voy a seguir redactando, porque verdaderamente que he tenido experiencias mierdas en esto de las familias políticas.

Pero el amor es la verdad. El amor es real. El amor da muchas oportunidades. El amor vino a inundarme, me hizo feliz, me hizo querer vivir otra vez, y me rebasó con sus demostraciones maravillosas. Esta vez, el amor es oficial.

Los ojos verdes me han llenado de primeras veces, me han enseñado a mirar la vida diferente. Me han enseñado a mitigar dolores con otras fórmulas, a conciliar el sueño llena de besos, sólo con la luz de su computadora encendida.

Mi familia política es hermosa, y poco a poco se ha comenzado a convertir en mi verdadera familia. Estoy muy contenta, pero debo confesar que la entrega de avance de trabajo final, el ensayo semanal, las lecturas diarias, y la búsqueda de la perfección en una comida sabatina, me dejaron el saldo de: una espalda contracturada, dos noches maravillosas que implicaron dormir con los pies calientitos, un primer rastreo de vestidos lindos, desayuno, comida y merienda en la misma casa (¡yupi!), y haber caído en cuenta de golpe -y mientras nos comíamos un helado de yogurt-, que el otoño ya llegó a nuestro año 2010.

El remedio que utilicé para combatir mi enfermedad es inconfesable. Muchos tés, muchas horas de sueño, algunos robaxifenes, las llamadas de los ojos verdes...

Ya no tengo a quién contarle los secretos de las pastillas que tomaba sin necesitarlas, porque estoy haciendo el intento por dejarlas, porque ahora tengo una razón de peso para hacerlo, porque no importa qué tan severa sea la contractura muscular o la crisis de ansiedad, el chico está conmigo y yo quiero saber qué se siente vivir sin tantos analgésicos.

lunes, 11 de octubre de 2010

¿Dónde estaban mis ojos verdes?

Hacía mucho tiempo que no tenía un sueño de terror, y esta noche lo tuve. Fue una pesadilla rara, quizá un sin sentido, pero me dio muchísimo miedo.

Soñé que me casaba con el soltero tóxico. Que pasaba todo lo que pasó, igualito, con todo y el hermano que a la mera hora sí quería ser hermano, y con la señora de cabello de maíz.

Yo venía sentada en el asiento de atrás de un coche negro, con un vestido blanco de fiesta, de muchos listones color lavanda, me acuerdo que me preocupaba que no trajera crinolina porque el vestido se me aplastaba.

Volteaba a la ventanilla, y veía venir al soltero tóxico vestido de traje, con la corbata desamarrada, y bebiendo, ¡qué raro! Venía con el dichoso hermano y otro hombre que no me acuerdo quién era. Caminaba junto al coche en el que yo venía y pasaba de largo, no me veía o no se quería detener; yo tenía la sensación de que no había querido detenerse.

Me daba mucho miedo que me fuera a dejar plantada en el altar, ah porque además, he de decirles que me iba a casar por la iglesia en una boda comunitaria. Algo me causaba ver a las otras novias alrededor mío, ellas acompañadas, muy felices e ilusionadas, y yo, sumamente angustiada, por mi lado, y el sotero tóxico por el suyo. Cuando yo lo veía pasar a un lado de mi auto, sentía cierto alivio porque ya había llegado, y entonces yo me bajaba del coche, me levantaba la falda de mi vestido, y me iba caminando a la entrada de la iglesia.

Me casaba, así, sin más. Me acuerdo de mi hermana y de mi papá, estaban también mis amigos y muchas personas de mi familia. Yo estaba triste, me sentía muy angustiada, y no había ninguna persona que lo fuera a acompañar a él.

Salíamos de la iglesia y él se iba, me dejaba ahí parada. Yo me levantaba otra vez la falda de mi vestido y comenzaba a caminar, y los listones color lavanda se comenzaban a arrastrar en el pavimento. Me veía mi anillo de casada y pensaba que todo había sido un error gravísimo, que me había equivocado otra vez, que cómo demonios había aceptado casarme con él si me había tratado tan mal y había faltado a sus promesas y se había burlado de mis planes. Comenzaba a llorar y me iba caminando por la calle.

Vestida de novia, llegaba a unos escaparates de unas tiendas de zapatos. Veía muchos zapatos, botas, sandalias, tacones de colores, y entonces me ponía feliz.

Llegaba a un departamento de alfombra color hueso, muy bonito, con elevador. Ahí tomaba yo mi móvil, que me acuerdo perfectamente que era una blackberry color negro, y le llamaba, marcaba su teléfono de memoria, y lo que más miedo me dio ¡es que me acordé del puto número! O sea, llevo meses perdiendo datos en mi cabeza, y en una noche todo regresó. Total que me respondía el afamado hermano, me decía que ese no era el número del chico tóxico, que él se había ido de la Ciudad, y que ni modo, pero no podía estar conmigo en esos momentos.

De pronto, el tóxico descolgaba la otra bocina del teléfono, me decía ¿hola, Mariposa? Y yo comenzaba a llorar, y en lugar de reclamarle nada, le decía que iba a estar en mi departamento, por si quería venir a verme. No me decía nada más. Yo pensaba que había sido todo un gran error porque el chico de pronto había vuelto para pedirme que me casara con él, pero yo ya no lo amaba, entonces ¿por qué le había dicho que sí, si yo tenía una pareja maravillosa y amorosa? ¡Y era cierto! ¿Dónde estaba mi novio?

Comenzaba una búsqueda desenfrenada para dar con mis ojos verdes, y no los podía encontrar, maldita sea, yo me acordaba de ellos, de que eramos muy felices, y de pronto no aparecían más y yo estaba haciendo puras estupideces. Hablaba con mis amigos, con mi hermana, con mi papá, y nadie me sabía dar razón de los ojos verdes, eran un hermoso recuerdo en mi cabeza, pero resultaba que ¡yo no los había conocido todavía!

Comencé a llorar y me desperté.

Fui a tomar un Starbucks donde la bebida caliente de otra persona me cayó encima, en lugar de hacer corajes, mi padre y yo nos reímos mucho. Regresé a casa. De pronto me acordé del sueño, y me dio mucha tristeza. Los ojos verdes están trabajando, muy ocupados como siempre, quiero hablar con ellos.

Pienso que el sueño sí sucedió, en el sentido de que cuando todo pasó, los ojos verdes todavía no llegaban a mi vida. Lo dramático de todo esto, es que yo me acordaba que estaban conmigo, pero nadie me sabía dar razón de ellos.

La vida nos tiene preparadas cosas maravillosas, personas maravillosas que vienen a hacernos el camino feliz, ameno, completamente pleno. La vida me tenía guardado a un hombre maravilloso, que vino a que el amor se hiciera.

No importa todo lo que sueñe o no sueñe, o si sigo viviendo en la misma Ciudad. Hay personas que se borran de la memoria para siempre, que sólo cuando está abierto mi subconsciente pueden aparecer; pero las reales, las que abrazo todas las noches para dormir, las que me llenan de besos por las manañas, las que me dicen que me aman tanto como las amo yo, no se irán a vivir al país de los sueños nunca.

miércoles, 6 de octubre de 2010

Prefiere las calles rotas

Te amo, sabes que te amo. Te lo he dicho y me has visto convencida de ello.

La Ciudad, como las personas, cambia como las estaciones el año. A veces es gris, otras es totalmente obscura, y así yo suelo estar radiante o lluviosa cuando se trata de ti.

Las personas, como la Ciudad, cambian como lo hacen las estaciones del año. Parecen caprichosas, parecen sentir... a veces no quieren nada, y prefieren quedarse con sus calles rotas.

Caminamos de la mano la Avenida Cinco de Febrero, comíamos helado blanco, hacía mucho frío. De pronto lo supe: había entrado el otoño y yo no tuve tiempo de pararme a respirar y a observar el pasado veintidós de septiembre. Tengo miedo.

Estoy tan ocupada, que tengo miedo de olvidarme del saco gris. Tengo miedo de olvidar lo que iba a hacer mañana, lo que tenia que entregar escrito el pasado 29 de agosto. No tengo tiempo de nada. Tengo miedo de manejar de noche, de despertar de día, de estar sin mí, contigo, sin mí cuando estoy contigo.

Creo, ahora, que debo seguir a como dé lugar. Mis planes, mis metas, tu y yo como líneas paralelas.

Extraño el frío del otoño caminando sola por la calle. Es sensacional venir de tu mano, sentir cómo me tomas por la cintura, pero también era maravilloso hacerlo en solitario. Mi bolso al hombro, mi abrigo largo, las botas altas y mis guantes de piel.

Esta nostalgia en la garganta, guardada para los meses de invierno; esperando que llegue algún diciembre que me haga verdaderamente feliz.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

El congestionamiento.

Debo recordar no usar mis botines de tacón de diez centímetros de alto, cuando salgo tarde de casa y tengo que correr las tres cuadras de donde se quedó Hans hacia el Instituto.

Me preocupo, una vez más, aún con todo lo que tengo para preocuparme, me preocupo por él. En otra circunstancia no hubiera cambiado la ruta de regreso a casa, pero verdaderamente que lo vi cansado y desganado, así que tomé Eje Central Lázaro Cárdenas hasta Av. Hidalgo, en lugar de hasta Viaducto Miguel Alemán para irme hacia Periférico Norte Manuel Ávila Camacho. ¡Pero qué bárbara! Estos nombres de mi Ciudad, me hacen sentir estar leyendo una plana de reseña de El Nacional de los años 1946-1948.

Todo lo que adoro Río San Joaquín en las mañanas, con sus seis carriles reversibles sólo para mi, de poniente a oriente, lo odio en las noches de regreso a casa.

Y así es vivir en esta Ciudad, un eterno congestionamiento que nunca se acaba, que no se para más. A veces el congestionamiento está en todos lados, en la fila del súper, del banco, del restaurante; en la fila del baño, para servirme un café o para salir de seminario. Es necesario que me lleve bien con Hans, porque paso dentro de él más horas de las que imaginé. A veces los ojos verdes y yo comenzamos en él las conversaciones, nunca las podemos terminar.

Eje Central hacia el Norte, completamente libre por las noches. Viaducto Miguel Alemán hasta el copete, hacia Periférico Norte, a todas horas, por todos lados, en cualquier coche. ¿Qué voy a hacer?

Botas de piso, sandalias de plástico para el desayuno; botines de agujetas con tacones de nueve centímetros que se usan con unos levi's twisted, se quedan enojados dentro de una bolsa en el coche, y los ojos verdes donan a la causa sus zapatillas azules para caminar, de Dr. Vértiz a Nápoles, de Insurgentes a Rodin sobre Porfirio Díaz, de regreso, sin escalas, hasta el Sanborn's de Eje Siete.

No es lo mismo en solitario. No es lo mismo fumar sin tu mano, sin tu periódico gris, tus ojos verdes y la camisa azul. No es lo mismo la Ciudad con veinte minutos por trayecto, que salir de casa tan temprano que se está entrando a Periférico antes de las siete y media.

Boinas que se quedan en el coche, abrigos que no se bajan más; no se sabe cuándo se puedan ofrecer, la próxima vez los autos detenidos no nos dejarán regresar.

Hojas maravillas

Llueve, llueve, no se detiene. Quiero que ya venga el otoño a hacer con sus hojas amarillas, maravillas en mi cuerpo. Te extraño mucho. Te extraño más de lo que te imaginas. Te extraño más de lo que imaginé.

Puede ser que te hagas dependiente de mi, que yo me haga dependiente de ti, o que seamos completamente codependientes. Sin embargo, afortunadamente tenemos nuestras noches, las horas por la tarde que no compartimos con nadie más. Te extraño, demonios. Ayer fue la primera vez que me dijiste que estoy deprimida, que no quieres dejarme, que no sabes qué se debe hacer cuando no quiero hablar con nadie.

Gracias. Algo bueno debí haber hecho hace algún tiempo, para que ahorita tú estés llegando a estacionarte en mi vida.

Soy afortunada. No soporto tanto estrés, no puedo vivir bajo tanta presión, y sigo escribiendo hojas maravillas; y el puto verano no trae más que agua, y el otoño me promete hojas amarillas.

Te extraño mucho, no sé qué hacer para estar más sin ti.

miércoles, 9 de junio de 2010

Barbie y Ken

A nosotras entonces, nos toca conformarnos con ¡El Ken!
El Ken, ese muñeco de plástico de mirada fija y vacía ( como también vacíos están sus bolsillos porque todo es de la Barbie ¿no?), el muñecón de facciones perfrectas que ni suda, ni se despeina. Con ese mal ejemplo crecemos las mujeres en el mundo pensando que ese es el modelo de hombre perfecto: un perfrecto idiota. Y si esos son los ejemplos que nos dan a seguir cuando niñas, pues entonces, ¿qué se podrá esperar de nosotras cuando adultas? Además, ¿cómo defraudar a la mamá y no seguir sus pasos? Si ellas empezaron casándose con nuestros papás. ¿Cómo les vamos a salir ahora defraudándolas consiguiéndonos, eso sí, un buen partido?
El caso es que el Ken, que en la vida de la Barbie sólo sirve para hacer visita en la sala rosada, de la casa rosada, llena de todas las demás Barbies vestidas, pues de rosado, al que spolo lo invitan a su casa, de visita y eso que es el marido de la popular muñeca. ¿Ese es el ejemplo a seguir? Eso es lo que quieren nuestras mamás para nuestro futuro: ¿al hombre de adorno que no sirve para nada? El Ken, tan mal dotado que uno le baja los pantalones y ¡ahí no pasa nada! Por eso desde pequeñas nos acostumbramos a conformarnos con tan poquito. Por eso nos encanta que la Barbie le ponga los cuernos al Ken con todos los muñecos del baúl: con el Increíble Hulk, y con todo el montón de soldaditos de plástico. Tan mal dotado estará que la Barbie popularizó la inseminación artificial. Ante la ineficiencia procreadora de Ken, los bebés de la Barbie no se conciben, sospechosamente aparecen ya listos dentro de una cajita rosada en los supermercados. Aparte vienen en todos los colores y razas. ¡La Barbie es terrible!

Sí, el Ken no es más que un donante de esperma. Pero será cuando lo derriten, porque todo el mundo sabe que la Barbie siempre anda con otros. El Ken es tan patético, que ni siquiera salió en Toy Story. En donde cabe resaltar, salieron todos los juguetes. Al muy cretino le ganaron el casting un chancho alcancía, un dinosaurio y un perro salchicha. Además al Ken le cabe aquella canción de ese otro Ken original, el venezolano... el del peinado esponjado: El Puma. Ese ídolo en decadencia que cantaba: "¿Dueño de tí, dueño de qué? ¡Dueño de nada! Sí,k el Ken además es un vaciado porque todo es de la Barbie.
La casa, el carro, la moto y la piscina son de la Barbie...
Y lo más humillante de todo: el bar y hasta el motel son de la Barbie. Pero ahí sí estoy de acuerdo: que todo sea de la Barbie porque al final todo termina siendo de una. Por eso amo a ¡la Barbie divorciada!.

Lo cierto es que la Barbie es la más hábil de todas las muñecas. Al menos tiene todo claro. Es la más independiente y la mejor neociante de todas. Nuestro modelo a seguir y la culpable de gran parte de nuestras frustraciones. Sí, porque tener como modelo a una muñeca casi perfecta, que no sabe lo que es una cana, a pesar de que ya es oficialmente una cucha (de ahí el popular término "Cuchi-Barbie"), que no necesita de la plata del marido para nada, que tiene hijos y ni se le nota y, que además tiene para pagarse su propia silicona y todas sus cuentas. La Barbie, que no tiene un solo pelo de plástico de tonta, tamibén es nuestro principal motivo de frustración latinoamericana.

Para evitar entonces que las mujeres del mundo crezcamos pensando que el esposo es un sin gracia. Para desde pequeñas aprender a respetar al marido, al propio o al menos al ajeno, sería más considerado que se inventaran una muñeca que sí nos ayude a prepararnos para el futuro y para nuestra verdadera realidad tercer in-mundista. Algo así cmo la Barbie Chibcha. Que se llame Yuris Johanna, Nini Paola, mejor dicho, que tenga un nombre más familiar. En fin que la Barbie latina, en vez de venir con piscina, helipuerto y salón de belleza propio y cosas de esas que no vamos a tener, que venga más bien con sus propios artículos de aseo... pero no personal, sino para limpiar la casa. Que venga con su propio Clorox, con su propio Ajax y con un bulto bien grande de caldo de gallina. Que ande en chancletas y que tome Prozac para la depresión Pre y Post parto que seguramente le va a dar cuando se dé cuenta del marido que le tocó. Que en vez de poder maquillarla, venga con un kit completo para hacerse la cera y quitarse el bigote que eventualmente nos sale a todas! Así unas nos depilemos con más frecuencia que otras.

Sí, que la nueva Barbie latina sea una pobre muñeca, pasada de peso y que trabaje en algo tan real como vendedora de L'Ebel. Eso es más realista. Eso sí que es preparanos para el futuro. Que venga con su propio accesorio, o sea, su marido. Que en vez de la sonrisa tonta que no se le borra ni con ácido de batería (ya lo he probado), viva deprimida ante la infidelidad del John Wilmer Ken, la versión latina del novio de la Barbie. Y que en vez del carro convertible rosado se suba en bus... o en carro pero pagado por cuotas. Nada de la flota de carros rosados convertibles parqueados en la puerta. ¿A quién quieren engañar cuando aún pensamos que todos nuestros sueños infantiles sí son posibles? Yasí, con una Barbie larina, podremos evitarnos toda esa frustración infantil por no ser altas, flacas, millonarias, súper populares y siliconudas...

Pero el Ken, ese sí, bajo ningún punto de vista puede ser el modelo de hombre que queremos en nuestras vidas. Tampoco recomendaría a las mamás regalar a sus hijas ningún tipo de Súperhéroe. ¿Para qué? Si en la vida real lo que nos toca es otra cosa. Imagínense la tragedia que sería si el novio de la Barbie fuera algo así como el Hombre Araña, por ejemplo.¿Para qué? Para que cuando crezcamos, nos toque cortarnos las venas, pues la ilusión del hombre arácnido se resume a un trepador que lo único que hace es pegarse como un chicle y escalar posiciones a costa nuestra. No gracias. Y esa es la cruel realidad. O qué tal Súperman, uno que vuele. ¿Para qué? ¿Para qué soñar con tanto si en la vida real lo que nos oca es uno que vuela, sí, pero a los brazos de la otra? O Batman y Robin, el dúo dinámico para que aprendamos a admirarlos desde pequeñas.. Para que en la vida real nos toque conformarnos con Barman y Robin, un par de borrachos que, entre otras son ¡re-gay! Admitámoslo, en la vida real, los únicos súperhéroes que nos tocan son FLASH... Pero Gordo, o el más popular de todos: el Hombre Invisible. Ese que con quien estuvimos un tiempo y luego desapareció de nuestras vidas sin dejar rastro...

Karla Delgado.
Tal y como se publicó en: Karla Delgado.

jueves, 25 de marzo de 2010

Y si resulta que se fue el tren, las corridas de los camiones salen durante toda la noche.

No tuve hijos, me lo perdí.
Soledad, tendré una vida sin ti.
Sofi fue una nena de papá, Fito Páez.

Estoy tan cansada, que ya no sé dónde tengo la cabeza o los pies. Tengo mucho que escribir. Todo se resume en tres oportunidades. Tres, tres, tres. Tres fechas, tres escritos, tres horas que por lo menos debería dormir de corridito.

"¿Cuándo planeas tener un hijo?" La pregunta de mi doctora lleva taladrándome los oídos los últimos tres años. De plano, ayer cuando insistió con esta cuestión de ser madre, le dije que mi respuesta no había cambiado y que no cambiaría por lo menos, en los próximos diez años, y que agradecía que ahora no hubiera sido tan directa, así como agradecería que dejara de preguntarme lo mismo cada que nos vemos en su consultorio para la cita de rigor.

Al mismo tiempo, me he encontrado rodeada de bebés, niñitos que recién caminan, o niñitos de unos cuatro o seis años. "No estaría mal", de pronto mi subconsciente me traiciona pensando que no estaría nada mal tener un hijo antes de los 30; pero la realidad siempre dice una cosa diferente.

Me acordé de San Román, y de cómo se ríe -si no es que hasta se indigna- cuando digo que una de las cosas buenas de no tener bebés es que uno no huele a pañal. A mi me causa mucha risa, y él sabe que no lo digo en serio, pero de todas formas a veces me hace esa carita suya de desaprobación, cuando quiere decirme que no debo juzgar a todos los bebés o a todas las jóvenes madres de igual manera.

No, no debo. Y sí, tiene razón. Y no, no lo digo en mala onda. Con o sin querer, supongo que toda madre termina oliendo un poco a pañal. Y también estoy consciente, de que quizá en unos años, yo también huela igual.

El tiempo siempre apremia. Tic-tac, tic-tac. No importa si es por un escrito que se tiene que entregar, si es por una cita a la que se tiene que acudir, si es para tomar un café por la mañana, si es para tomar una ducha en la noche, si es para decidir tener un hijo, si es para decidir enamorarte de algún chico, si es para regresar a la escuela a estudiar. No importa. Siempre nos alcanza. Siempre apremia. No hay plazo que no se cumpla.

Hablábamos la otra noche, de esta decisión de continuar con la evolución profesional, de actualizarse, de hacerse especialista en un área. Decíamos que está bien planear el futuro en el sentido profesional, pero que generalmente cuando eso sucede, la cuestión personal no avanza. ¿Qué va a a pasar -le decía-, si me dedico sólo a investigar sin importarme nada más, y luego me doy cuenta de que no formé una familia? Él me miró, me dijo que dejara de pensar, y que de cualquier forma, ya eramos todos una familia, sin importar que nuevos miembros vinieran o no a agregarse.

"Lo que sigue, Mariposa -el chico me decía mientras trataba de tranquilizarme-, es que no te presiones por lo que ni siquiera sabes si puede suceder. Y debes dejar de hacerle caso a las recomendaciones de tu doctora, de a ver cuándo viene el primer hijo". Y tiene razón. En el fondo el chico me conoce bien.

Creo que es normal sentir un poco de cosquilleo en las manos, al pensar que quizá el tren se puede ir, el tiempo puede seguir pasando, y uno sólo puede elegir una opción.

Pero como dice mi carnala Diseñadora de Modas, si el tren se fue, se puede tomar un avión o un autobús. Total, las corridas salen cada dos horas y durante toda la noche.

La freaky age llegará -ahora lo estoy comprendiendo-, cuando yo permita que llegue.

lunes, 8 de marzo de 2010

El día de la mujer mundial.

Que me doy mi lugar porque yo soy mujer,
que todo lo que me pasa no me lo puedo creer.
Tanto tu y la mentira y los cholos me ven,
si lo quiero o no quiero, es mi gusto querer.

De tu carne a mi carne, dame taco de res,
los prefiero y los quiero, al que me dé de comer.

Ya probé al que es ajeno, a ese pa' que lo quiero
que la voluntad del cielo me mande al primero
que me quiera como soy, a ese sí que lo quiero.
Dignificada (La balada de Digna Ochoa), Lila Downs.

Hoy es el Día Internacional de la Mujer. No sé si haya o no qué celebrar. No sé siquiera si tenga mucho sentido tener un día al año, que se dedique a la mujer. ¿Como para qué, si no se le respeta los 364 días restantes? No lo sé. Cosas que suceden, cosas que hacen las naciones, los Estados, los gobiernos, las ONG's. No lo sé.

Hace unas semanas, esperé a San Román en un Liverpool mientras él fue a hacer unas cosas. Como estábamos en Cuernavaca, y eso de cambiar de altura de la Ciudad hace estragos en mi organismo, me dispuse a tomar un café en el bistrot cuando vi al lado la librería. Preferí pajarear hojeando libros y revistas, y me encontré uno que se llamaba algo así como "la vida después de ese imbécil", o "cuando le dije adiós a ese imbécil", algo por el estilo, refiriéndose al maltrato físico y psicológico que viven muchas mujeres al lado de una pareja.

Lo tomé del estante, luego de hojear varios sobre superación personal, cómo conseguir marido, cómo ser una exitosa empresaria y otro sobre cómo hacerse millonario de la noche a la mañana. Debo admitir que lo tomé por un poco de morbo gracias al título que se carga, y comencé a hojearlo y a darme cuenta de que se trata de un libro nutrido de las experiencias de rehabilitación emocional -y físico- de algunas mujeres, luego de separarse de su violentas parejas.

Me quedé de a seis. No porque no sepa cómo es vivir con violencia, o porque no sepa que eso existe, que es real que las mujeres viven así; y digo las mujeres, las familias, los niños, y en general las personas en diversas situaciones sociales o con distintas ideologías. El libro tiene relatos explícitos sobre las vivencias de estas mujeres, uno en especial me hizo un nudo en la garganta. El marido alcohólico abusaba de ella constantemente, hasta que ella comenzó a bloquear todo lo que viniera de parte suya; un día volvió completamente alcoholizado, comenzó a agredirla como era costumbre y ella lo ignoró, lo que causó que él perdiera los cabales -si es que todavía le quedaban algunos-, la arrastrara hasta la habitación, le rasgara la ropa y comenzara a golpearla hasta dejarla inconsciente.

Ella despertó algunas horas después, cuando sus hijos llamaron a una ambulancia y se la llevaron, con las costillas rotas, el maxilar roto, y severos daños debido a que el tipo abusó de ella con una violencia superior a las veces anteriores.

Me quedé con el ojo cuadrado. Me dio mucha tristeza. Todas somos vulnerables a vivir una experiencia así, con un delincuente, con cualquier hombre conocido o desconocido, pero el hecho de que la propia pareja sea el maltratador, me parte el corazón. ¿Qué tienen las mujeres que viven con ellos y no los pueden dejar? ¿Por qué se crea un lazo de codependencia absoluta, que te impide comenzar una nueva vida por tu cuenta?

Por eso hoy, que se supone que es un día que se celebra a la mujer como tal, yo quisiera expresar mi indignación por esta situación, por la pésima vida que tiene una mujer en el trabajo cuando se le paga menos que a un varón, cuando se le acosa porque tiene mayor preparación que el jefe o el superior inmediato, cuando se le critica por tener una ideología de vanguardia, cuando se le critica por vestir la ropa que viste, usar el coche que usa, pensar como piensa, elegir a la pareja que ella deseó.

Expreso también mi indignación, por las mujeres que han sido asesinadas en el trabajo de la defensa de los Derechos Humanos, en el ejercicio del periodismo; que han perdido la vida por una causa política, por la defensa de algún testigo o intermediario entre la mafia y el gobierno, por las mujeres que han sido silenciadas a fuerza, por conveniencia de alguna facción política o ideológica.

Expreso mi tristeza e indignación, por las chicas que han muerto en manos de sus parejas sentimentales, de sus padres o de sus hermanos. Por las mujeres que han sido mutiladas por creencias religiosas o que han sido vendidas o intercambiadas para beneficio de las familias o de una comunidad.

Les externo mis condolencias y mi solidaridad, a las familias y amistades de las mujeres que han muerto de forma violenta, que han sido raptadas, amenazadas de muerte o agredidas.

De muy chica, viví de cerca la experiencia del homicidio de la mamá una de mis compañeras de la secundaria, el esposo la amenazó de muerte porque ella ya no quería estar con él, ella hizo caso omiso de esa amenaza, hasta que un par de semanas después el señor fue y la mató. Él fue juzgado, procesado, y hasta donde me quedé seguía en la cárcel. A mi compañera no la vi más, alguna vez me la encontré en el centro comercial o algo por el estilo. Ella había perdonado a su padre, y quería comenzar una nueva vida cuando él saliera de la cárcel. Con todo, yo no lo veía mal. Como fuere, era su padre, y de ella dependía ese rencor o ese perdón. A ella también, donde quiera que esté, le envío mis más profundas condolencias y toda mi solidaridad.

Deseo que este día sea el motor para recordar todos los días del año, lo maravillosa que es la vida de una mujer, lo maravilloso que es ser mujer; lo lindo, mágico y fabuloso que es ser mujer por el simple hecho de haber nacido.

Alcen la voz, mujeres. No se queden calladas. Cualquier burla, mala palabra, mal apodo o crítica para tu persona o tu forma de pensar, no la debes dejar pasar por alto. El amor no es sufrir. El amor no es dolor. El amor es vivir, es sentir, es empujar para el mismo lado con la persona que amas y que te ama. Es formar un hogar, formar un equipo para competir por las mismas cosas.

Amar es tenerte a ti misma, sobre todas las cosas. Amar es que te quieran tal como eres, gordita, alta, chaparrita, flaca, histérica, querendona, cursi, apapachadora, trabajadora, idealista, creadora de sueños, intérprete de pasiones, conquistadora de tu propia vida.

No te abandones. Di no al machismo. Di no al chico que no te quiera tal y como eres. Di sí a tus propios proyectos, y siempre apuéstale a lo que dicte tu corazón.

Mis mejores deseos, a ti, compañera mía, guerrera de la vida.


miércoles, 10 de febrero de 2010

En busca de respuestas.

Me resisto a creer que la Historia es un gran espiral que hace que todo se repita; que sea una línea ondulada que siempre lleve al mismo punto: arriba o abajo; que sean ciclos que no se terminan, haciéndolos infinitos. Me resisto a creerlo, y confieso, que me da terror darme cuenta que en la historia de mi familia, en mi herencia emocional, haya una especie de condena en la que se nos repiten las historias de las generaciones pasadas.

No es fácil de concebir. Algo similar sucedería en historiografía, cuando se habla de ciclos que se repiten sin fin, de procesos históricos que continúan por determinado tiempo, movimientos sociales que se repiten luego de transcurrido un lapso, o de historia política que no tiene remedio.

Yo, en busca de respuestas, y le llamé. Y así soy, ni modo, no me puedo resistir a un encuentro que yo misma puedo provocar. No me pude resistir al letargo y la tristeza que me traen todos los días domingos. Y nos vimos, allí está siempre disponible, pocas veces me ha dicho que no. Fue agradable volver a verlo, que pasara por mi a mi casa, que fueramos a tomar café y a cenar mientras él pagara la cuenta; hace muchos años, todo era al revés, y mi cartera se vaciaba la mayor parte de las veces.

Pero esta vez, me sorprendió verlo tan cambiado y con tantos proyectos a futuro. Yo le sorprendí como ultimamente sorprendo a las personas, por el cambio físico que he tenido y por los pensamientos tan rectos que a partir de unos años para acá, he adoptado.

No sabemos con exactitud hacía cuánto que no nos veíamos, intentamos hacer cuentas pero no nos salieron. El chico se enamoró, luego se enamoraron de él, a punto estuvo de formar una familia pero no lo intentó más, a punto estuvo de ser padre pero no lo logró, a punto está de tener una profesión, a pesar de que me lleva seis años y de que hace diez no pintaba más que para vivir otra terrible depresión.

Y se lo dije, que la última vez que lo había visto tenía una listita de personas en la que se incluía mi nombre, a quienes nos tendrían que avisar cuando él muriera. Porque se quería morir, y estaba seguro de que no viviría mucho tiempo.

Ahora, ha cambiado de oficios y giros muchas veces, y parece que se ha hallado. Tiene una maravillosa relación con su familia, todo lo contrario a lo que tenía cuando lo conocí y cuando estuvimos en mayor contacto. Ahora se sabe que sí puede ser padre, contrario a lo que se suponía cuando fue mi pareja. Ahora, su vida está en completo orden, y tal y como pasa con mis ex parejas, parece que todo fluye fabulosamente y sin complicaciones.

Tu, me decía, en cambio cada vez eres más diferente, distante, distinta, distorsionada. Hacía mucho que no usaban esa palabra para referirse a mi. Prefiero que me llamen constancia, vanguardia, avanzada, pero no ruptura ni distorsión. Se maravilló de mis ojos hundidos y de mi cabello alborotado, de mi delgadez, de lo largo de los dedos de mis manos. Casi no pudo creer que yo no me hubiera casado, que no lo hubiera intentado, o que no me hubiera enamorado.

Lo intenté, le explicaba, me enamoré hasta que me dolió, intenté formar una familia, pero me pagaron con diferente moneda. Y ahora, como se dice -"la burra no era arisca, los palos así la hicieron"-, no tengo muchas ganas de intentarlo otra vez, y es muy respetable, y espero que alguien me lo pueda entender.

Cogí el teléfono en busca de respuestas y lo logré. Me volví a encontrar con el chico que me ofrecía una nueva vida en las faldas del volcán Tacaná. Y me siento un poco como el Rey Midas pero al revés, que todo lo que toco se rompe.

Me resisto a creer que esta soledad que se ha heredado a lo largo de varias generaciones, ahora me toque a mi. Me resisto a aceptar que llegan los éxitos profesionales, pero no los emocionales. Casi no puedo comprender como ex parejas siguen como si nada, como si nada costara trabajo, como si nada doliera, como si no significara nada una inversión o un compromiso. Todos la hacen, todos la intentan, pero a mi me cuesta mucho trabajo que se realice.

Estoy contenta, lo sabes, un logro más, otra conquista más. ¿Pero después? Una cosa a la vez, me diría el Rey Sol -casi puedo escucharlo-. La vida sigue, las horas pasan, los días se vuelven semanas. ¿Y después? ¿Qué voy a hacer si llega mi freaky age y no logré mi objetivo? ¿Qué voy a hacer si no cumplo con lo que me hace feliz? ¿Cuándo el destino me mostrará lo que me tiene guardado, sin seguirme haciendo pasar por todo esto? ¿Cuándo me dejará de doler el cuerpo?

Una cosa es un hecho: estoy feliz porque con todo y el esfuerzo que conlleva, logré obtener uno de los requisitos más importantes de mi carrera profesional. En el fondo quisiera que alguien estuviera aquí, llegara, y ya no se fuera nunca. ¿Por qué todo mundo se va? ¿Por qué tienen hechas las maletas y vuelven a elevar anclas? ¿Por qué por fin no se deciden y se quedan acá? ¿Por qué, aún cuando se lo pedí, el latinoamericanista no se decidió a llevarme de equipaje?

domingo, 7 de febrero de 2010

Puras pesadillas.

Dormí poco y mal. De hecho, seriamente me he dado cuenta de que estoy abusando de las pastillas para el dolor, de las aciditas de colores, de las que son para la nariz, para la alergia, para dormir, para la garganta, para despertar, para mantenerme de buenas, de las de menta y de las que todavía no se me ocurre que me puedo tomar.

Hay distintos tipos de analgésicos, unos comunes, otros muy específicos. Con ninguno, y también con cada uno de ellos, tengo una relación estrecha, y cierta disposición a traerlos en el bolso o a guardarlos en el cajón del otro buró que casi no uso. A veces me da miedo. Se supone que ya confían en mi, que ya puedo guardar todo tipo de substancias en mis pertenencias, que ya puedo cargar con ellas, que ya no es necesario que algún pariente o persona de confianza sepa que las compro o que estoy en manejo con ellas.

Algunas veces, me doy miedo a mi misma.

Desperté, exaltada por no poder respirar, con un gato que pesa cerca de siete kilos encima de mi, y con el pelo echado todo en la cara. Soñé horrible. Soñé que la cita que tengo el martes no llegaba, que yo estaba confundida, que no sabía donde había pasado la noche y que todo en mi memoria era mi Universidad con cuartos de baño y lujosas zonas de comida, y que en un cóctel de pastillas me había perdido hasta el mediodía, justo cuando mi jefa me dejaba un mensaje en el móvil que decía "te esperamos a las diez, y tu nunca llegaste".

Ni lloré, ni me desmayé, y ni pensé en vomitarme. Comencé a quejarme como si me estuvieran dando un golpe en el pecho, y a lo lejos escuché un ronroneo, luego abrí el ojo y vi la luz del mediodía metida en mi habitación. Intenté liberarme de las pesadas cobijas, luché en contra de los brazos de Morfeo, y me senté de un brinco en la cama. Le saqué la lengua al puto domingo que empezaba para mi.

Todavía un coqueto gato ronroneaba en mi panza, mi nariz estaba completamente tapada, por eso no podía respirar, por eso sentía esa pesadez en el pecho de que me faltaba el aire. Sólo fue un mal sueño. Sólo fue la pesadilla de terror más terrible que he tenido en los últimos meses, y que justo mi subconsciente pudo elucubrar para mostrarme de frente el mayor de mis temores: no estar presente en la reunión por la que tanto he esperado.

Dieron las trece horas y yo seguía en la cama. Ahorita sigo cansada. He tenido dolor de cabeza todo el día. Tengo muchas cosas para quejarme, pero no lo voy a hacer. Tengo muchos dolores que mitigar, y tendría muchas razones para tomar todas las pastillas del mundo, pero no lo voy a hacer. Todavía me duele el cuello y el brazo izquierdo, no aguanto la espalda, y la cabeza siento que me va a estallar.

Debe ser ansiedad. Debe ser cansancio. Me voy a dar un baño, y no voy a tomar nada más.

Nada más, aún cuando ese frasquito me está haciendo ojitos desde el tocador. Aún cuando ahora recuerdo que tengo unas deliciosas pastillitas en forma de diamante que la Diseñadora de Modas me regaló, y que de hecho no estoy segura de que sepa qué fue lo que en realidad me dio.

Dos veces en mi vida he sido infiel, pero hoy no me voy a ser infiel a mi misma, ni por unas aspirinas para el desamor lo haría. Lo prometo.

viernes, 5 de febrero de 2010

Pavimento mojado.

Hoy la Ciudad de México amaneció totalmente despejada, sin nubes, y con un sol que me obliga a entrecerrar los ojos al caminar. Me gusta, me gusta. El aire sigue frío, pero ya me siento más en mi Ciudad.

Pero antier, cuando la lluvia se apoderó de todos los que vivimos aquí, y nos hizo sacar los paraguas, gabardinas e impermeables, la Ciudad se volvió completamente loca.

Venía yo con mi felicidad desde los hombros hasta los tobillos, vestida toda de negro porque a media tarde tendría una reunión, manejando tranquilamente bajo la lluvia, sobre Xola justo pasando Cuauhtémoc, cuando un coche color rojo salió sin mirar y muy rápido de un estacionamiento que está frente a la estación Etiopía del Metrobús. Frené de inmediato, y debido al pavimento mojado, mi coche se patinó hacia la izquierda.

Controlé sin mucho éxito el volante, me espanté horrores, casi me subo a la banqueta, por supuesto que me quedé a centímetros del maldito coche rojo cuyo conductor no volteó a la derecha para mirar que yo venía muy cerca. Luego de la patinada, metí primera y seguí mi camino. No tuve cabeza para mentarle la madre o gritarle algo al conductor, estaba verdaderamente espantada.

Llegué a la oficina, todavía pálida por el susto, con la boca seca y un punzante dolor en el hombro izquierdo. No sé si fue por la impresión o por mover el volante, total que para en la tarde, me dolían también las pantorrillas y las muñecas.

No paró de llover en todo el día, ni en el siguiente.

Manejé de regreso a casa, como abuelita. Sigo espantada, no voy a decir mentiras, pero tenía que volver a casa y tengo que perder el miedo a manejar bajo la lluvia.

¿Qué pasa con los conductores, que cuando llueve se vuelven imbéciles? Mil veces mejor es bajar la velocidad durante la lluvia, que provocar accidentes por seguir manejando a la misma velocidad.

Y hoy, que ya no llueve, y que está el sol en el cielo en todo su esplendor, la gente sigue con esta agresividad que no sé qué demonios le sucede. Todo mundo avienta el coche, no ponen la direccional, te gritan de coche a coche, tocan el cláxon como si les pagaran por ello. Digamos, pues, que sigo viviendo en una histérica ciudad.

Debo perderle el miedo a manejar bajo la lluvia.

viernes, 22 de enero de 2010

Escritorio público del terror

Y que armamos la Expedición Máquina de Escribir, y Zaba y yo nos lanzamos a buscar algún local donde nos rentaran una, o nos llenaran la forma que tengo que entregar en la Facultad.

Y lo encontramos, en la esquina de Petén y Cumbres de Maltrata. Afuera decía: "Formas Fiscales, Escritorio Público", pero no nos quisieron atender. Nosotras con cara de "¿qué no quiere trabajar?" Nos quedamos mirándonos la una a la otra, sin comprender que la señora no quisiera atenderme aún cuando eso implicara un costo, digo, ese es su negocio, ¿no? Y salimos del local, de regreso a la oficina.

Ni modo. Zaba me propuso ir a Centro Médico, a donde una oficina del gobierno, donde afuera generalmente hay escritorios públicos móviles, pero le dije que no, mejor esperarme a que la señorita secretaria de la coordinación de Humanidades de mi Facultad, me echara la mano.

Compramos cigarros, M&m's y coca cola, regresamos a la oficina a contar nuestra experiencia con el escritorio público del terror. Ni modo. Ninguno de nosotros comprendimos, que la señora no haya querido trabajar, mecanografiando la forma que tengo que entregar en la Facultad.

Síganme deseando suerte...

martes, 1 de diciembre de 2009

El principio del fin

Hoy es primero de diciembre y desperté envuelta en las cobijas, con la sábana entre las piernas, muerta de frío y con mucha flojera. Me arreglé y tomé café con el Rey Sol. Hacía casi un mes que no nos veíamos, así que intentamos ponernos al corriente en el poquito tiempo que tuvimos para el desayuno.

Parece que en general le va bien, con algunos problemillas como es normal, pero el año pinta para terminarse normalmente. Yo, en cambio, al leer el titular del periódico que traíamos en las manos, le dije "primero de diciembre, por fin, es el principio del fin". ¿Del fin de año?, preguntó, no, el principio del fin de la pesadilla de terror, le respondí.

El 2009 fue verdaderamente cruel conmigo. Desde enero, las presiones y las desventuras no dejaron de llegar. Por ahí de mayo-julio, se detuvieron y me llegaron buenas noticias, buenos dictámenes y propuestas. Me dediqué a terminar mi texto, a pulirlo, a comenzar trámites para que todo fluyera como debía ser, y todo continuó sorprendentemente fácil.

Luego, septiembre, me recordó que seguía siendo 2009. Hice otra inversión que me ha dado estabilidad, pero eso de los movimientos de dineros todavía no se me da, porque en todo el año no logré los ingresos ni la liquidez que tuve en el 2008. Mateo vino a hacerme reír como loca y a llevarme al cine todas las veces que quise, pasamos maravillosas tardes en su departamento, y compartimos muchos desayunos en los que no era ni siquiera necesario que nos dirigiéramos la palabra, nos entendimos muy bien, hasta que se acabó la felicidad de los dos meses.

Así, todo se acaba, todo vuelve a empezar, y mi Fidel se fue llevándose un pedazo de mi corazón, a esperarme en la orilla del río, para cruzarlo juntos, camino al Mictlan. Y aunque sé que nos vamos a encontrar en algún tiempo, en lo que eso sucede, yo todavía no me repongo a que haya muerto como murió. La vergüenza y la tristeza, ahora me estan llenando de indiferencia. Sigo muy deprimida, e intentando averiguar por qué; creo que la razón es que Fidel haya muerto debido a una agresión física, dentro de mi propia casa. Nunca antes había estado en una situación similar, y supongo que es por eso que no lo sé manejar.

Que el año se acabe ya, por favor. Nuevas cosas vienen en camino, próximos encuentros vienen para mi; trámites que se terminan, personas que se quedarán acá y otras, espero que no vuelvan más. Recuerdos que se me olvidarán, calles que no volveré a caminar, espaldas que no volveré a mirar, besos que no tendré que dar.

Amor que viene a mi vida, compañías para desayunar que no me quieren abandonar, cuentas que se comienzan a saldar, amigas mías que no quiero extrañar.

La cuenta regresiva comienza, es oficial. Sólo faltan 31 días y aún me faltan dos. Hay tres de cinco, y los últimos dos me quieren matar. Venga, venga, que el 2010 me trae buena estrella.

domingo, 15 de noviembre de 2009

Es suficiente

Uno de esos impulsos que nos hacen hacer estupideces, me hizo ir a buscar a Mateo a su casa. Venía yo de regreso de la oficina, en sábado a las veinte casi llegando a las veintiuna horas. Quería ir al cine. Estaba cansadísima y quería irme a dormir. Quería saber de él. Quería muchas cosas, e hice la más torpe de todas.

Llegué a su calle y no vi su coche, pero me animé a buscarlo porque se veía luz en la ventana de la cocina de su departamento. Cogí mis llaves, una libretita y una pluma. Entré al edificio, subí al tercer piso y llamé a su puerta. Nada. Anoté en el papelito "14/nov/09 Hola. Pasé a saludar. Mariposa. Son las 20:40 h." Lo metí en el marco de la puerta a la altura de la chapa. Volví a llamar a la puerta y nada. Me fui.

Fui al cine, a ver la última de Almodóvar que me fascinó. Comí palomitas, mis favoritas, y saliendo me fui a mi casa. Dormí. Dormí como bendita, más bien.

Desperté en un domingo que no me hizo gracia. Casi al mediodía. Con un dolor de cabeza de locos, que me recordó que habían pasado ya casi 12 horas desde que hice el último alimento fuerte. Revisé el móvil y ahí estaban, dos mensajes y una llamada perdida. Uno de los mensajes era de Mateo, en el que me decía algo así como que agradecía mi visita pero prefería que la próxima vez le avisara antes de pasar, ya que en estos días iba a salir mucho de casa.

No me acuerdo bien qué respondí. Me dolía mucho la cabeza y todavía estaba muy adormilada. Pero intenté explicarle con pocas palabras, que no habrá próxima vez porque fue espontáneo, y mi móvil no me permitía llamarle. Una disculpa, le escribí. No respondió. Intenté dormir otra vez. No pude. Recordé el cine de la noche anterior, y que también mi intención era invitarle a que viniera de compras conmigo. Cogí el móvil y escribí un segundo mensaje, intentando explicar esto último. Me respondió inmediatamente, que me buscaría en la semana. Le llamé. Dos veces. No respondió.

Escribí un tercer mensaje. Le escribí que ahora me resultaba obvio que no quería hablar conmigo, ni hablar entonces. Que intentaba platicarle, sin éxito, mi nuevo horario extenuante de entre semana. No respondió.

Es suficiente.

¿Qué más se tiene que hacer para que un chico sepa que le interesa a una chica? Tengo 26 años y todavía no lo sé.

Mateo, tal como es, con defectos y virtudes, me gustó. El chico me gustó. Y lo intenté. Me esforcé en que las cosas sucedieran, pero no fue suficiente. Ahora, lo que resulta suficiente son los esfuerzos que he hecho para volverlo a ver. Lo que estaba en mis manos lo hice, y me siento torpe porque quizá fue un error llamar a su puerta. A mi no me hubiera parecido así, pero supongo que así fue.

Admito mi parte. Y confieso que no le pude llamar porque borré de mi móvil sus números, y de mi corazón el olor de su cuerpo y la sensación que me provoca recargarme en su pecho.

Luego, que las avenidas de la Ciudad me adviertan con sus semáforos en rojo que no debería llegar tan pronto a casa, me hace sentir desdichada. Y es cuando uno hace estupideces, y entonces se agradece que no haya números indeseables en el móvil, para no hacer llamadas de pánico. Pero Hans se sabe de memoria el camino a su departamento, los topes, los baches que se tienen que esquivar del pavimento, el tiempo que tiene que llevar para encontrar las luces en verde, la hora a la que tiene que llegar para tener lugar de estacionamiento enfrente.

Sin embargo soy yo la que maneja a Hans, soy yo la que vive en esta Ciudad. Soy yo la que lo jode convirtiéndolo en una película de terror, obligando a que haya un siguiente encuentro. El que no debe suceder.

Es suficiente.

miércoles, 7 de octubre de 2009

Antes de las diez de la mañana

La cuestión de dar a luz me va a quitar la vida, y qué importa, si de todas formas el que fue mi empleo hasta ayer, me iba a matar.

En la mañana, la Ciudad se muestra prometedora cuando uno va a iniciar las labores. Se ve limpia, se ve tranquila, se ve sana. Siempre es bueno que haga frío al salir de casa, con eso me siento aún de madrugada.

Hice amistad con un niño en la Línea 8, de la estación Cerro de la Estrella a Santa Anita. Comía galletas y se reía cuando lo volteaba a ver. Al bajarse del Metro se despidió de mi con la manita, le respondí, me hizo sonreír y olvidarme por unos minutos de todas las deudas que estoy acumulando y que acumularé de aquí hasta que vuelva a tener empleo formal.

Siempre me siento bien antes de las diez de la mañana, pasada esta hora me empiezo a acordar de toda la basura que me resisto a guardar en mi memoria. Procuraré despertar más temprano todos los días, prometo que lo procuraré.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Okey es oficial, aumentaron los impuestos

Me da coraje que las cosas en mi país sucedan de esta manera. El presidente y el secretario de Hacienda creen que todo el país son las Lomas de Chapultepec, el Pedregal de San Ángel o el complejo Santa Fe.

Es una tristeza. ¿No se supone que iba a ser el presidente del empleo? ¿Y toda esta gente que se ha quedado sin empleo, y que no tiene para cuando tener una oportunidad?

Hay que pensar bien si el sistema funciona, si es efectivo tener paciencia para esta incipiente democracia, si valdrá la pena seguir haciendo caso del sufragio o de los partidos políticos que se abanican con el poder.

Estoy triste. Estoy preocupada.

domingo, 6 de septiembre de 2009

En Insurgentes y Eje 6

Empecé escribiendo estas líneas con mucho empeño y de una manera diferente, pero finalmente no ha habido motivo para hablar de los encuentros que tuve en Insurgentes y Eje 6. A veces me canso de afirmar que la gente no cambia, que los chicos tóxicos, tóxicos serán hasta el final de los tiempos, que las chicas que nos tienen envidia no dejarán de demostrarlo, y que si de uno no depende nunca nada cambiará.

La Ciudad me dejó encontrarme con él, y no permitirá que tengamos otro encuentro. Tenía tan revueltas las ideas ayer en la noche, que no estuve segura de si lo que quería era llorar o reír, ya hace algunos días que la ansiedad me ha sorprendido con ganas de vomitar, y supongo también tiene que ver que la persona se tarde en definir conmigo y me contagie su nerviosismo.

Respondí el último correo electrónico que me envió a las 10:20 horas, veinte minutos después yo iba camino a la Fuente de Petróleos. Luego de las citas que tuve en Reforma y Gandhi, salí despavorida hacia la calle de Córdoba en la colonia Roma. Me fui hacia Insurgentes, en Reforma222 me bajé del autobús, atravesé el centro comercial para salir a la estación Hamburgo del Metrobús y de ahí caminé y caminé hasta atravesar Avenida Chapultepec y llegar a Córdoba 32.

Al salir de allí caminé hacia la calle Durango, y luego derechito a Insurgentes. Atravesé el parque de la fuente del David, y en Durango y Jalapa me detuve a comprar un licuado de papaya y una empanada de atún en la panería de la esquina. Continué caminando hasta la estación Durango del Metrobús y lo abordé dirección Indios Verdes, para bajarme en la estación Hamburgo. Caminé Reforma para ir de regreso hacia el Auditorio Nacional para por fin encontrarme con él, pero me llamó para pedirme que fuera como la vez anterior, hacia Insurgentes y Eje 6. La línea 7 del Metro fue la mejor opción, porque sólo son cuatro estaciones en dirección Barranca del Muerto.

Y en este momento no sé de qué encuentro valdría más la pena escribir. Quizá del primero, porque una vez que sucede corro el riesgo de que pierda la cuenta de los encuentros que he tenido. Después fuimos de regreso a la Glorieta de Insurgentes, justo donde anduve en la mañana, atravesando Avenida Chapultepec. Hasta recordarlo me da un poco de flojera, pero como le dije a Jazmín, un intento más y ya no vuelvo a apostar.

Y los días han pasado, y su tiempo se ha terminado, y las cosas así son. Es evidente que el chico es casado, aún cuando se niega a afirmarlo. El estado civil de un chico hasta se puede oler. Para los chicos tóxicos lo más sencillo es suponer que uno es débil mental o que vamos a caer por simples ganas. Se necesita más que eso para que yo ponga atención. Quizá lo que más me molesta es el intento de verme la cara, cuando es evidente que no me la van a ver.

A veces sería más sencillo si supieran que el mismo error no lo cometo dos veces.

Los domingos sirven para muchas cosas, para reponerse del desvelo de ayer, para ver lo que faltaba de la serie de tv, para cocinar con mi madre como si toda la vida hubiera sido así, para lavar la ropa. Este domingo sirvió para borrarlo del móvil, del correo electrónico, para borrar de mis pies los pasos di para encontrarlo esta semana, un par de veces, en la colonia Del Valle. No hay medias tintas, lo he dicho muchas veces, los tacones te matan las pantorrillas o te ves horrible con zapatos bajos, o viceversa. Y cuando dije que me perdería al dejarme plantada, debió estar seguro de que así sería.

La Ciudad es mi mejor aliada, me cuida procurándome o negándome los encuentros que tienen la intención de suceder.

Y las malditas mentiras nunca tienen lugar, no caben, no van conmigo. El sol no se puede tapar con el puto dedo, eso hasta yo lo sé.