jueves, 29 de octubre de 2009

Ya lo dije.

Hoy amor igual que ayer, como siempre, el diario no hablaba de ti ni de mi.
Joaquín Sabina.

Me estoy quedando ciega de releer las imágenes que tomé de las programaciones de la estación de radio cuya historia me propuse escribir. La radio no habló de ti, mi radio no se acordó de mi. Tantos periódicos que revisé, y ninguno me dijo nada de ti ni del final que debo escribir. Me da gusto que el final dependa de la disertación que haga, de la conclusión que ya está escrita.

Si no te veo, quizá no sepa más de ti. Cuando no estoy contigo, lo paso siempre escribiendo o leyendo el libro que tengo pendiente. Ayer me preguntaste si ya había empezado con Chesterton, que me regalaste el domingo anterior; no tengo tanto tiempo como quisiera, te respondí. No he podido estar contigo todo el tiempo que quisiera, debí responderte.

Es oficial, te extraño. Ya lo dije. Y no me importó el "qué dirán", te lo dije por teléfono ayer que hablamos en la noche. La semana ha estado muy apurada, con pendientes que dejan de serlo, con líneas muertas que vuelven a vivir. No hay plazo que no se cumpla, y poco a poco mi lista va a dejar de tener incisos para palomear.

Sigo leyendo el periódico como si me pagaran por ello. Literalmente que me han pagado por leerlo, pero de muchos años atrás. Estos días los diarios matutinos son los que me han tirado el cable a tierra. Dejo de tener temor de las modificaciones que se tendrán que hacer, poco a poco las juicios han llegado para bien y se me desvaneció la ansiedad a través de la confianza que no se quiere ir.

El domingo nos vimos un par de horas en la noche, porque yo sabía que no podría verte el resto de la semana. Sobre aviso no hay engaño. Ya es jueves y probablemente hoy podamos comer juntos. Probablemente no. No me imaginé que me importara tanto no recibir noticias tuyas. Te extraño. Ya lo dije.

Extrañaba manejar en la Ciudad de noche. Ya me di cuenta que no veo bien. Mi vista está más cansada que nunca estos días, y me parece que es momento para ir a revisar la graduación de mis lentes. Me cuesta trabajo creer que a mi edad se me dificulte leer de cerca, o de cerquita, y se me facilite a media distancia. Me parezco a mis papás, con la diferencia de que me llevan casi 40 años y que ellos no han leído imágenes de carteleras radiofónicas, en un monitorcito que se esfuerza por no hacerme llorar.

Ojalá el diario hubiera hablado de mi.
Ojalá pudiera seguir escribiendo de nosotros.

martes, 27 de octubre de 2009

En la calle Sierra Nevada

Entregué a los últimos de mis bebés antes de las once de la mañana. Tenía la opción de volver a casa a leer o a volver a hacer mis listas de pendientes, o ir a la estación de radio a recoger las entradas que me gané para la ceremonia de entrega de las Lunas del Auditorio Nacional. Tomé la segunda opción. Y en el camino me arrepentí porque a Hans se le descompuso el limpiador del lado del conductor, por lo que cuando comenzó a chispear justo cuando entré a Periférico, empecé a no ver nada.

La lluvia cesó y pasando el Campo Militar número 1, dudé en si debía desviarme por Conscripto para llegar a Palmas, y así a Lomas de Chapultepec. En lugar de hacer eso, le llamé al Rey Sol para preguntarle qué opinaba de mi ruta. Me sugirió llegar por Reforma y dar vuelta a la izquierda en la primera gasolinera.

Él estaba en Masaryk, y cuando le conté lo que sucedía con los limpiadores, me dijo que lo esperara en la calle siguiente de Prado Norte, que ya estaba dándose la vuelta para ir a alcanzarme e intentar arreglar el coche. Le obedecí, llegué a Montes Escandinavos y como no había lugar, me di toda la vuelta otra vez y me llamó, ¿dónde andas?, pues dándole la vuelta otra vez a la manzana, voy para allá, le respondí. Ya te vi, no cuelgues, oríllate. Y comenzamos una conversación por el móvil, de coche a coche.

La opción fue dar vuelta a la izquierda en la primera, y a la mitad de la calle Sierra Nevada nos orillamos en segunda fila para que revisara los limpiadores de mi coche. No hace mucho que lo había visto, tendrá unos quince días, pero hoy lo vi muy bien. Tiene las cejas notablemente más rojizas que el resto del pelo, y me acordé de que cuando lo conocí era verdaderamente pelirrojo. El color del pelo lo ha perdido tal y como lo he perdido yo: él se volvió casi rubio y a mi me salió un mechón cano del lado derecho de la frente.

Traía otro coche, no mi favorito, de él descendió y sacó unas pinzas, caminó hacia Hans. Me bajé, nos saludamos y nos abrazamos. Hacía mucho frío. Hoy hizo mucho frío y me llovió de regreso a casa. Desarmó los limpiadores, limpió el de mi lado que era el que no funcionaba, los midió, los probó, los volvió a armar y quedaron. Con unas pinzas corta cables y su Victorinox, dejó mi coche como nuevo. Lo revisó de nariz a nariz, le intentó arreglar el espejo lateral, miró el rayón de la puerta izquierda y me felicitó por los cuartos delanteros.

Usted me iba a vender unas monedas, me recordó. Lo había olvidado. Todo se me olvida si no lo apunto, le dije. Vacié mi enorme bolso, el que parece un nido de gaviotas, y hasta el fondo encontré la cajita de lámina en la que traía dos monedas. Las que no me traían más que malos recuerdos, y que ahora aliviarían algunos de mis males. ¿En cuanto está la onza de plata? No lo sé, le dije, creo que no pasa de 180 ó 190 pesos, y la otra es la conmemorativa de cien. Me compró, al precio que quiso para que yo resultara privilegiada, las monedas que a mi me estorbaban la memoria y a él le enriquecieron la colección.

Orillados en la calle Sierra Nevada, volvimos a hablar de dinero, de mis proyectos, de sus facturas por cobrar; de nuestros coches, de sus pendientes, del malestar de mi ordenador, de los hijos que entregué ayer y hoy, de cuando su pelo era todavía rojo y el mío brillaba de misterio color nogal.

Siempre tengo muchas cosas que decirte, y cuando te veo todo se me olvida, le confesé. Cuando me acuerde te llamo por teléfono, y ya te digo qué era lo que pasaba. Quedamos con el ordenador para mañana, hoy tuve mi curso de Independencia de México, lo que no me dejó ir a su oficina.

Comenzamos a despedirnos con nuestras frases que todo quieren resolver al último minuto, y casi no dicen nada. Volvimos a abrazarnos, comenzó a llover. Ya me llevo mis limpiadores, estoy contenta. Y no los pude arreglar bien, luego lo vemos, me respondió. Un último adiós y cada quien a su coche. Di vuelta a la izquierda para volver a Paseo de la Reforma, me siguió, di vuelta hacia la gasolinera y lo perdí de vista por el retrovisor.

Llegué a Montes Pirineos sin ningún problema. Recogí mis entradas y me fui hacia Periférico Norte. Volví a llamarle, para decirle que mi memoria ya se había acordado del asiento que se mueve cuando freno en cada tope, haciendo que mi acompañante que le haga de copiloto casi se pegue en la frente con el parabrisas. Nos reímos. Hizo bromas. Me gusta cuando hace bromas y trae puesta esa chamarra gris, como sus pantalones, de cierre al frente y bolsas al costado. Me gusta que nos encontremos cuando hace frío.

Me gusta que haga un momento para verme aunque sean unos veinte minutos. Nunca me hubiera imaginado que mi coche nos acercara más que nunca, y no precisamente porque me condujera hacia él.

El chico me hace feliz, me hace muy feliz que el Rey Sol siga figurando en esta historia, aún en los días lluviosos.

lunes, 26 de octubre de 2009

Lo que viene

Entre el cambio de horario y la crisis de estructura que tuve con mi texto la semana pasada, no he podido dormir. Tengo unas ojeras que dan un poquitín de miedo, basta decir que ni siquiera me he querido maquillar los ojos.

Confieso que lo que viene me da un poquitín de miedo. Me causa ansiedad que me lean de frente y que hagan comentarios sobre las modificaciones que debo hacer. ¿Por qué el texto no se puede quedar tal y como lo deseo? En el fondo es mi trabajo, si no les gusta pues que no les guste, ahhhh pero siempre hay que modificarlo según les interese leerlo o no.

Ya ni siquiera tengo sueño. Si me echo en el sillón, no podré conciliar el sueño aún cuando mi Neuman todavía me acompaña. Debo terminar, por pronto hoy antes de las 16 horas, porque tengo una cita con uno de los lectores y luego a entregar a los demás.

Lo que viene me causa ansiedad. Pffff, si no les gusta... bueno pues espero que no sean tan duros con mis palabras.

viernes, 23 de octubre de 2009

Todas las ciudades del mundo hablan


Radioescucha.- ¿No encontráis más simple aún mover el dial de un aparato de radio? No hay ni siquiera la fatiga de leer. Basta con tener oídos. Todas las ciudades del mundo hablan.
Armando de María y Campos, Periodismo en Micrófono.

martes, 20 de octubre de 2009

Entre memorias

Me dijo que se acordó de mi porque dejé mi periódico sobre la mesita de la sala, se preguntó cuándo iré a leérselo otra vez, y cuándo él dejará de leerlo solo. ¿Lo has leído?, quise saber, y me respondió que no pudo resistirse a saber de qué hablaba, pero que no era nada como cuando yo se lo leo en voz alta.

¿En qué momento las cosas toman el rumbo que tienen que tomar? ¿En algún momento me imaginé que la circunstancia se acomodaría de esta manera?

Hoy me llamó el soltero tóxico, de sorpresa, para avisarme su cambio de empleo y sus números nuevos. Hoy no me importó más. ¿Te hubieras imaginado que lo mandarías a volar?, me preguntó la diseñadora de modas mientras escogíamos aretes en el centro comercial, le dije que no, de hecho nunca imaginé que me dejara en claro que tenía problemas con la bebida, que yo no lo querría ver más, ni que me llamaría un mes después para ponerse al corriente. No importa más, le dije. No me importa nada.

Hace dos días me llamó el soltero nuclear. Sí, uno que sale del ranking tóxico, y mi amigo el presidente atinó en llamarle soltero nuclear, porque está en calidad de prioridad doble cero, otro chico que se acordó de mi. Fue en la noche, yo estaba en una reunión con unas amistades de Mateo, y las tres llamadas que recibí me desconectaron totalmente. ¿Estás bien?, me preguntaron varias veces porque hubo un momento en que mi rostro se vio desencajado. No estaba muy bien del todo, no es agradable cuando se reciben insinuaciones que no vienen al caso.

A la mañana siguiente, conversamos de que se acordó de mi cuando se comió la última porción de chimichurri que quedó en el refrigerador. Confesó que no es lo mismo, pero siempre es igual. Supongo que más allá de ser un sinsentido, tiene razón. Siempre es lo mismo, pero esta vez no fue igual. Ahora yo me imagino que si no he sabido de él, supongo que no volvió a acordarse de mi.

Hoy fui yo quien se acordó de ti, y me cuesta un poco de trabajo asimilar que en mi corazón existe un atisbo de nostalgia, y que en el fondo te extraño. Quisiera dejar de llamarte "soltero tóxico" pero no encuentro otro nombre que darte, no, todavía no puedo. Sucedió mientras manejaba en el estacionamiento donde me robaron a Andrés, iba yo al Santander y platicaba sobre los romances que puede haber entre dos historiadores; romances, amistad o química, pues el entendimiento entre dos personas de la misma profesión, específicamente la Historia o las humanidades, los latinoamericanistas por ejemplo.

Me acordé de cuando hablábamos de política y de que siempre fuiste el único que entendió mis razones cuando afirmé que me caía bien Hugo Chávez, que me solidarizaba con el movimiento centroamericano, y que estaba dispuesta a renunciar a ser madre porque eso le haría bien al mundo. Sabías cuando estaba feliz, cuando pasaba una mala noche, cuando tenía ganas de llorar, cuando de veras algo me hacía enojar. No te importaba que algunas veces tuviera la razón, ni que mi opinión fuera certera. No te intimidaba que leyera los periódicos, ni que escuchara dos noticieros de radio y viera dos de televisión. Creo saber que te sentiste un poco mal cuando conseguí trabajo antes que tu, lo que me hacía tener un ingreso más fuerte, pero sólo creo saber, nunca me constó aunque mi corazón así lo sintió.

Sabías cuando era necesario salir de la Ciudad, refugiarnos en un rincón, terminar durmiendo en el coche por un fracaso de casa de campaña y desayunar tacos a la orilla de la carretera. Supiste, al principio, como hacerme feliz y lo lograste por mucho tiempo. Pasados unos meses la costumbré nos superó. Sinceramente espero que me hayas superado, porque a mi me ha costado mucho trabajo superarte. Me daba un tanto de temor qué pasaría cuando me supiera sin ti. Ni el mundo se acabó, ni tuve un destino fatal. Lo bueno de la vida es que sigue.

La gran montaña rusa en la que se convirtió nuestra relación fue la que nos dio el tiro de gracia. No había término medio. O eramos muy felices o verdaderamente no podíamos convivir en la misma habitación. ¿En qué momento las cosas tomaron el rumbo que tenían que tomar? ¿En algún momento me imaginé que la circunstancia se acomodaría de esta manera? ¿Por qué contagiaste tu bipolaridad a la relación que con mucho esfuerzo construimos? ¿Por qué no encontramos el remedio para nuestra enfermedad?

Muchas personas se han acordado de mi, me lo dicen, me llaman por teléfono, miran cepillos de dientes en los vasitos del lavabo de sus baños, comen las sobras de la cena que cociné la noche anterior, sienten necesidad de los besos que no les he dado, leen palabras que todavía no he pronunciado, pero hoy fui yo quien se acordó de ti. Luego de muchos meses, más de 500 noches, pasadas muchas estaciones, sentí un atisbo de amor por ti.

lunes, 19 de octubre de 2009

El espejo con la ventana

¿Cuántas veces he dicho que no me importa nada? ¿Cuántas veces lo he dicho fingiendo u ocultando algún sentimiento? ¿Cuántas veces lo he dicho de verdad? Tengo que dejar de hacerme tantas preguntas. Tengo que dejar de sentir que el piso por el que camino no es firme. Tengo que creer que las cosas que escucho son de verdad. Tengo que seguir haciendo uso de estos párpados que le puse a mis oídos.

Tengo que dejar de sentir que soy una mariposa de exhibición, de esas que tienen el lomo pinchado con un alfiler.

Alguna vez mi hermana oaxaqueña me dijo que debía de dejar de preocuparme por las cosas que no podía cambiar, que debía dejar de preocuparme por el dinero, por las cabezas de mis hermanas, por el corazón de mis padres. Me dijo también, que debía sólo hacer las cosas que yo creyera que eran las correctas, las que en ese momento debía hacer. Debía hacer lo que me hiciera feliz.

La semana pasada el premio Edmundo O'Gorman me regaló su libro. Le escribió una hermosa dedicatoria que termina con la frase "que el brillo de tus ojos no mengüe nunca". Cerró el libro y al dármelo me dijo "Mariposa, debes buscar tu felicidad, estás muy cerca de encontrarla, aún cuando las cosas no han salido como lo esperábamos, debes seguir rascándole, buscando, seguir el caminito que vas trazando". Y yo, llena de la misma susceptibilidad que me hizo llorar con el tai chi, le dije que tenía razón.

Las familias, coincido con mis amigas, no son las que esperábamos ni las que escogimos. En cambio, la vida nos da la maravillosa opción de elegir una familia alterna, la del corazón, la de la amistad. Esa familia es la que me impulsa a seguir adelante. Creo que soy resultado de ella.

Hoy, que verdaderamente no sé qué hacer, no sé qué va a suceder, no sé si tengo ganas de seguir o de echarme a dormir; hoy, en el fondo de mi corazón sé que debo seguir a como dé lugar. Me cuesta mucho trabajo. No puedo fingir que no pasa nada, no se me da, no me va, no es mi estilo. No puedo caminar preocupándome por todo lo que sucede, buscando soluciones que no me competen, tomando responsabilidades que la gente me atribuye; haciendo caso de las opiniones de personas que no saben como soy.

Me resisto a escribirle un final a la historia que comencé. Me resisto, aún cuando se le haya escrito que tenía caducidad, aún cuando el final lo traigo dándome vueltas en la cabeza. Es bien sabido que las medicinas se pueden consumir aún meses después de la fecha de vencimiento, y que los yogurts caducados se pueden beber un par de días después.

Hoy debo llenar de papelitos el espejo que tengo enfrente. No es fácil asimilar que confundí el espejo con la ventana. La realidad se debe mirar de frente.

domingo, 18 de octubre de 2009

Los que se pelean, se casan.

Hoy me acordé de mi amiga que es chef. Y también comprendí que la razón por la que he aplazado ese café que nos estamos tomando desde hace unos tres meses, quizá sea porque me dio la noticia de que se va a casar. Me puse feliz, de corazón que me dio felicidad. Pero ahora me doy cuenta de que a lo mejor no estoy muy consciente de que una de mis amigas -por fin- se casa.

Uno de mis sueños era ser una de las primeras chicas en avisarle a las demás, que se iba a casar. Los años fueron pasando y los planes que tenía para mi futuro amoroso no fueron como los imaginé. Yo soñaba con ser esposa antes de los 25 para disfrutar de los años de pareja solos y aún así convertirme en una joven madre. Ahora, con la avalancha de decisiones sentimentales y profesionales que han venido desde hace algunos años, a veces no estoy segura de si quiero o no casarme, si quiero o no tener hijos, y si esta inapetencia social se me va a quitar.

Mis noviazgos, aún cuando fueron largos, no formalizaron en matrimonio. Sí tuvieron finales felices, otros no tanto, pero más allá de hacer planes a futuro y en común, hasta ahora no he recibido la propuesta formal de matrimonio. Otras propuestas han figurado en mi historia, algunas muy particulares, y otras que ahora pienso debí aceptar en lugar de hacerles la lista de pros y contras antes de tomar la decisión. Pienso, por ejemplo, que la historia hubiera sido otra si no hubiera ido a la Universidad y en lugar de eso, me hubiera ido a las faldas del volcán Tacaná a cultivar café. Quizá no escribiría como ahora, pero tendría una familia mía y una pareja a mi lado. Pienso, también, que quizá debí tener un hijo con el chico que fue mi novio durante la Universidad; ahorita sería una joven madre de un pelirrojito de pelo rizado.

La diseñadora de modas piensa, contrario a lo que pienso yo, que la estabilidad no depende de los bebés que decidí o no tener; ella piensa que ahorita estaría llena de pendientes por la nueva vidita, y que encima, olería a pañales. Viéndolo así me da un poco de cosita, y creo que las cosas son como deben ser.

Otras propuestas, las que sí acepté, fueron las que se escribieron en mi historia, y que cuyo resultado se nota apenas me encuentras por la calle.

Sigo siendo la chica optimista ante las bodas, las uniones y los nacimientos. Y me sigo poniendo triste con los corazones rotos y los finales feos. Es más, alguna vez una pelea entre mi amiga chef y su novio provocó que me preocupara por ella y luego me enojé; ellos se peleaban verdaderamente fuerte y ella lloraba sin parar cuando eso sucedía. Y en contra de todos los pronósticos, este verano me avisó que se casa a mediados del próximo invierno. Gran noticia. Gran acontecimiento.

Sé que mi madre no es la persona más indicada para dar consejos, pero uno que siempre nos decía a mis hermanas y a mi, es aquel de que "los que se pelan se casan". No sé que tan cierto sea. Yo tuve muchas peleas con mis novios largos, y qué decir con mis pretendientes. Nunca me casé. La diseñadora de modas, en cambio, nunca tuvo una discusión con el soltero re tóxico que la dejó por otra, y estaban en trámites de comprar una casa y dos coches, los que el soltero este ahora vive con la nueva mujer.

Amor, amor. ¿Qué decir del amor? Es una lotería, es un albur. La chica chef se casa en enero, eso es lo que hay que celebrar. Ya veré yo cómo le hago para quedar en el café con ella. Supongo que me caerá bien ver caras optimistas de felicidad.

sábado, 17 de octubre de 2009

Estoy despertando

La noche en que empecé a escribir de ti, me puse la falda amarilla y mis tacones color negro; mi coche descansaba en tu banqueta, me invitaste a hacer yoga y terminamos haciendo tai chi; y finalmente comencé a hacerlo sobre los vellitos de tu pecho. Me preguntaste qué iba a hacer cuando te quedaras dormido, te respondí que te miraría por mucho rato y que te escribiría una historia. Me pediste entonces que no me fuera y que hiciera una historia contigo.

Mi historia no es sencilla, sobre todo porque yo pensé que no se iba a notar que me obligué ser una piedra. Ahora, poquito a poco he comenzado a despertar y a sentir como lo hice hace mucho tiempo. Supongo que algo ha de tener que ver que hayas comenzado a participar en mi lugar de enunciación, y que te vayas proyectando en mi futuro, el futuro que a veces no tiene razón de ser.

En mi historia hay un Rey Sol, una diseñadora de modas, algunos solteros tóxicos, una familia que tampoco quiere ser, un San Román que no es tan santo, y una Mafka que no quiero que desaparezca. La Ciudad es mi telón de fondo. Los engranes detrás de ese escenario son los encuentros o las casualidades que hacen que suceda.

Estos personajes han hecho que la historia vaya y venga, se detenga, vuelva a comenzar. A veces, en lugar de mariposa me gusta ser camaleón. Y todo entonces hace que sea lo que es, que mis alas se muevan aunque llueva, que mis ojos se queden dormidos sobre tu brazo derecho.

Hoy fue la primera vez que Hans me llevó bajo la lluvia. El otoño comenzó a llover. Me alegré de que no se me mojara el pelo, ni de que mis tacones se mojaran en el suelo. Sin querer logré lo que hace mucho quería: dejé de recordar y tejí una urdimbre nueva sobre el telar en blanco.

Estoy despertando, y quizá no alcances a ver el día siguiente. Estoy segura de que no estuve dormida y que algunas veces tampoco logré soñar. Lo que despierta pues, es mi emoción y mi corazón. Me obligué ser una piedra, y encima lo disimulé bien. Ahora poco a poco estoy despertando, mis músculos flexibles me lo dicen, el corazón que late me lo recuerda.

La historia va, ya no se detiene. Algunas veces llega al mismo sitio, y es cuando se tiene que cerrar. Muchos ciclos terminan, muchas despedidas llegan, y llegaron emociones que me hacen llorar. El huracán de sentimientos me hizo llorar, por fin. Algo me hizo ese tai chi, tan susceptible como siempre no pude terminarlo porque no paré de llorar. Me movió por dentro.

Me moviste tú. Tuve frío. Me envolviste con la cobija color chocolate, hiciste café con leche y remojé el pan con cajeta. No quise remojar mi pelo. Humedecí mi piel completa, y luego sólo vestí mis pies con tus calcetines blancos.

Me pediste que hiciera una historia contigo.

viernes, 16 de octubre de 2009

Sin reparar en ello

Confieso que a veces poco me falta para hablar con mi pie. Confieso que a veces disfruto más leer un libro con un café en la mano que platicar con alguien. Estoy segura de que el tiempo conmigo misma es invaluable e irrepetible pero confieso, por última vez, que a veces en medio de toda la Ciudad y atravesando un mar de gente, me siento completamente sola.

Tan sola, como está, sin que repare en ello.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Vacaciones, unos cuantos días

Y creo que es momento de poner al día mi agenda. Es muy agradable compartir los tiempos, compartir el espacio, compartir la mesa del comedor y cocinar para dos. Pero ya es hora de pasar más tiempo en mi estudio, frente a mi espejo, asimilando que ya no hay perro echado en mis pies, acostumbrándome a que el gato repentinamente haya decidido dormir la siesta sobre mi escritorio con medio cuerpecito sobre mis periódicos y el ordenador.

Se me había olvidado lo que era compartir soledades, contar respiros, servir un par de platos, leer en voz alta, cantar en voz baja, y decirle a alguien que me gusta hablar quedito y reirme a carcajadas.

Se me había olvidado lo que era que alguien me pidiera no fumar, por mi bien y porque le pica la nariz cuando me huele a nicotina. Se me había olvidado lo bien que se siente fumar a mis anchas, luego de no haberlo hecho en todo el día, hacerlo en la noche, antes de dormir, sin que nadie estornude junto a mi.

Tengo un evento el jueves 15, un inicio de seminario el lunes que entra, mil cosas que escribir, otro tanto que leer, y casi se me durmió el brazo ahorita que me acordé que no recordaba los pendientes y compromisos para los próximos quince días.

La agenda está esperándome. Debo ponerme al corriente. La Ciudad me extraña, lo siento en el corazón. Estoy a un pelito de volverme sateluca, pero no estoy segura de querer hacerlo todavía.

Todavía no me llega el día de 27 horas, pero afortunadamente me han rodeado muchos calendarios.

Tres meses y medio y ahora sólo falta, sólo falta, ya casi no falta nada.

lunes, 12 de octubre de 2009

Otro pedazo de corazón



Mi perro se murió anoche. Le dieron una patada que lo conmocionó y se puso super mal, así la opción más acertada fue ponerlo a dormir. Creo que lo que me hace llorar así es el hecho de que lo agredieron. No puedo entender como alguien se puede desquitar con un perro que no pesaba más de tres kilos.

Estaba medio viejito, se llamaba Fidel Castro, era una gran compañía, no tenía dientes y comía como podía lo que podía. Era muy amigo de mi gato, se llevaban re bien, comían y dormían la siesta juntos y jugaban un montón. A mi me gustaba mucho, lo quería mucho, pero debo admitir que no era bonito y que se le salía la lengua por aquello de que no tenía dientes, por eso había personas que no lo querían. Sin importarle eso al perro, él era muy querendón y buen compañero, fue un gran amigo.

Hace rato me acordé que el soltero tóxico era bien mula con él, y Fidel siempre se protegía conmigo y no se me separaba. Creo que eso enfermaba aún más a la enferma cabeza del soltero tóxico, quien en lugar de decirle "Fidel", me molestaba y lo molestaba a él diciéndole "lelo". Qué poca madre. Hoy estoy tan triste y tan desilusionada, que todo me parece que es una fregadera que no tiene madre.

Todo sucedió mientras Mateo y yo pasábamos un domingo de fantasía. No me dejó sola, de hecho casi no me dejó hacer nada. Su coche fue una ambulancia, el patio de mi hermana fue panteón, y Mateo la hizo de enterrador. Yo fui un zombie. Le pedí a Fidel que no cruzara el río sin mi, que me esperara de este lado, le prometí que iría a alcanzarlo. Se fue, y acá me quitaron otro pedazo de corazón.

Y ni que decir, que se me murió en domingo, otro domingo se fue con él. Y yo que había prometido comenzar a querer a los domingos.

viernes, 9 de octubre de 2009

Sin mayor aspaviento, es oficial

...Que ayer no quiso que me llevara el coche a casa, que prefirió llevarme él en su coche sólo para que yo no manejara; que era buena opción llamarle a un taxi; que son 20 minutos para mi casa pasadas las once de la noche. Que pasamos un día completito, con el pretexto de que mis cosas y mi coche se quedaron en su casa y en su garage. “Es mi mejor pretexto para verte antes del mediodía”, me dijo. “No necesitas pretextos, sólo dime que quieres verme y vendré”, le respondí.

Es oficial que me gusta verlo cuando trabaja en la computadora, que nos gusta compartir desayuno y comida aunque no nos dirijamos la palabra, que le gusta que le lea las noticias, que disfruto más El País y El Economista si los leo en voz alta.

Es oficial que me está tomando en cuenta: me compró un cepillo de dientes para dejarlo en su baño. Es oficial que le dan miedo algunas cosas, así como me dan a mí. Es oficial que teme enamorarse de mí porque no sabe qué sucederá si se vuelve realidad su cambio de residencia. Teme acostumbrarse a mi compañía, porque no sabe qué pasará cuando eso suceda. Es oficial que acordamos no preocuparnos más por esas cosas, y que acordamos dejarnos llevar.

Es oficial que es de las mejores compañías que he tenido. Es oficial que le gusta verme dormir, que cuenta mis suspiros, y que confía en mí para arreglarle el pelo y la espalda.

Es oficial: ya no sólo hablo de noticias con mi padre, ahora lo hago con un chico. Que no me importa que los besos sigan vetados, que no me hacen falta las caricias de madrugada, que no tengo ninguna prisa porque las cosas sucedan.

Es oficial que me iré de vacaciones con Mafka, es oficial que preferimos que no vengan los chicos, que nos hace falta pasar tiempo de chicas, que necesitamos conseguir una cámara fotográfica para congelar el gran finde que viene.

Okey es oficial, que me está robando el corazón.

jueves, 8 de octubre de 2009

No rezo más por ella

Si yo hubiera sabido que ese fin de cursos iba a ser el último que compartiría con ella, compartiendo biblioteca y área de trabajo, quizá le hubiera sacado más provecho a su compañía.

Y Ahora pasa lo que siempre dicen las madres que pasará, lo que los libros de moral y buenas costumbres dicen que pasará, lo que las abuelas nos dicen que pasará a nosotros, los jóvenes que no tenemos experiencia. Ahora que no la tengo cerca, ahora es cuando me arrepiento de no haber tomado más café en su compañía, de no haberle ayudado más con sus maquetas, de no haberle pedido que me dibujara los mapas para mi clase de América Latina I y II.

Hay unas fotos divinas, en las que nuestros ordenadores y su restirador formaban una fila, trabajábamos al mismo tiempo, ella el oficio del arquitecto, y yo el oficio del historiador. Muchas veces en silencio, muchas otras en carcajadas, hasta las tres o cuatro de la mañana, hasta que llegaba la entrega del día siguiente.

Hoy, que me siento más lejos que nunca, que la distancia no se hace grande ni se acorta, que afirmo abiertamente que moriría por ella, que nuestros pactos de sangre avalan el amor que siento por ella y que quiero creer que ella sigue sintiendo por mi; hoy no quiero rezar más por ella. San Antonio sigue de cabeza, con una lista de peticiones bajo su veladora, la lista de la que se borró “te ruego por ella”.

Me pasa que siento de todo. Es un poco de desilusión, tristeza, desamor, vacío del corazón. No puedo evitar preocuparme por ella, por cómo estará, por querer saber la razón por la que prefiere no decirme la verdad. Por algo será, sus razones tendrá, y así serán mejor las cosas.

Sin caer en particularidades, la tristeza viene porque me cuesta trabajo comprender que haya tanto rencor en los corazones de la gente, que no se quiera salir adelante, que se prefiera vivir en la mediocridad y en la ignorancia. ¿Por qué cada vez hay más personas con ese perfil? ¿Por qué cada vez es más común saber de chicos que no hacen nada de sus vidas? ¿Por qué este imbécil miedo de vivir se apodera de tantos corazones?

miércoles, 7 de octubre de 2009

Antes de las diez de la mañana

La cuestión de dar a luz me va a quitar la vida, y qué importa, si de todas formas el que fue mi empleo hasta ayer, me iba a matar.

En la mañana, la Ciudad se muestra prometedora cuando uno va a iniciar las labores. Se ve limpia, se ve tranquila, se ve sana. Siempre es bueno que haga frío al salir de casa, con eso me siento aún de madrugada.

Hice amistad con un niño en la Línea 8, de la estación Cerro de la Estrella a Santa Anita. Comía galletas y se reía cuando lo volteaba a ver. Al bajarse del Metro se despidió de mi con la manita, le respondí, me hizo sonreír y olvidarme por unos minutos de todas las deudas que estoy acumulando y que acumularé de aquí hasta que vuelva a tener empleo formal.

Siempre me siento bien antes de las diez de la mañana, pasada esta hora me empiezo a acordar de toda la basura que me resisto a guardar en mi memoria. Procuraré despertar más temprano todos los días, prometo que lo procuraré.

martes, 6 de octubre de 2009

¿Y si el amor es el gran viaje?

¿El amor es un viaje? ¿El amor es regresar? Y si entonces no hay otro lugar al que llegar o al que volver, si se pierde el lugar de donde partimos, ¿es el amor efectivamente eso, que no haya isla donde encallar?

No importaría entonces no tener a donde llegar, donde aterrizar, y ni siquiera importaría si se debe naufragar. Hoy yo puedo decir que todo ha valido la pena. Sin importar a dónde irá a parar esto, me siento feliz y eso es para mi lo que más valor tiene.

De todas maneras nada es para siempre, lo que no es malo y tampoco limita las oportunidades. Y hablando de oportunidades, si la segunda de alguien es la primera para otra persona, ¿valdría la pena que hiciera el intento?

Cuando a un escritor se le pierden las palabras porque está confundido o saturado de ideas, lo mejor es que se vaya a dormir para aclararlas y al día siguiente lo intente, de otra manera se volvería loco tratando de descifrar lo que piensa su cabeza.

En este momento tengo muchísimo que escribir pero no sé como hacerlo. Sólo sé que estoy contenta y feliz, que pasé una tarde de maravilla, que no conté las horas pero que él contó los días; que no hablé de mi pasado, pero él me contó el suyo; que no escribí futuros, pero él dibujó uno solo. Hoy sé que ya existe un significado para la cara que pone cuando tengo que despedirme. Hoy confesó que lo tengo todo, y que él también lo tiene cuando está conmigo. Hoy entendí que los entornos cambian, los contextos se mezclan y los años no importan. Entendió que va bien que yo tenga 26.

He querido tanto, y esta tarde el calor me humedeció la espalda explicándome que quizá pueda hacer un intentito para querer otra vez. La luna subió al zenit, lo vimos juntos a través de la ventana, y entendí que está bien que me fastidien las puertas del clóset abiertas, los cajones a medio cerrar y las llaves del agua goteando, si estoy con una persona a quien le fastidian también.

El tren está echado a andar y no te echaré a andar a ti, me respondió; encendió ayer hace un mes cuando te conocí, y quise seguir desde el siguiente día 7, cuando te vi de cerca por primera vez.

¿Quién dijo que uno no se debía enamorar?

sábado, 3 de octubre de 2009

Caducidad: 30 días.

Un domingo como pocos.
Desperté después de haber dormido casi doce horas. Todavía parecía ayer. Hacía frío y estaba muy nublado. Yo quería seguir durmiendo, pero me levanté a revisar escritos, escoger atuendos y a tomar café. Nunca es suficiente el tiempo antes de la hora de la cita, pero me esforcé y lo logré. Cambié de outfit tres veces, y cuando la bocina del taxi tocó en mi puerta me saqué las medias en un instante, y me puse los botines altos.

Nos encontramos a las 15 en el centro comercial. Me invitó a comer a un restaurante vegetariano, caminamos y después de postre comimos chocolates. Una tormenta nos sorprendió, pero aún así nos perfilamos al Lunario para vivir una Noche Sabinera. El concierto de Pancho Varona y Antonio García de Diego empezó unos minutos antes de las 20 horas. En el lapso de las siguientes dos horas y media, no hubo mujer más feliz en todo el mundo, que yo. Tocaron canciones que nunca en mi vida imaginé escuchar en vivo. Como Mateo no era fan, me pidió que le cantara al oído mis canciones favoritas.

¿En qué momento se desborda el amor? ¿En qué momento en la convivencia con un chico, ya no hay punto de regreso?

Las dos horas y media que duró el concierto estuvo abrazado a mi cintura, mirando de reojo mis piernas torneadas bajo el minivestido color azul. Creo que el cariño se desbordó cuando comenzó a acariciar mi pelo, o dos días después, cuando por primera vez le nació decirme que me quiere, la misma noche en que editó el programa para que yo vaciara toda mi investigación; la noche que no me pidió que le hiciera caso por el mismo motivo por el cual yo no pedía ayuda. La tarde que le hizo de salvavidas conmigo, en su departamento de paredes blancas, bajo mi cobija color chocolate. Dos días tenía de haberse hecho fan de Joaquín Sabina, yo uno de haberme hecho fan de su departamento, tres semanas de habernos hecho fan de nosotros juntos.

Luego, el martes.
Me gusta que en su casa no haya libros, así cuando se quiere leer lo tenemos que hacer por mis propios medios. El chico me sigue llenando de primeras veces, también él es la primera persona que conozco que sabe a qué me refiero cuando digo que una estación de radio termina programación nocturna tocando la Marcha Dragona.

Otra vez llegué a casa de madrugada, manejando mi coche, seguida por el suyo. Esto de regresar a casa en dos coches me da más alegría de la que imaginé. Dormí poco y desperté como pude para ir a trabajar. La sonrisa me delataba. Ese día no tuve más noticias suyas, pero no me hacían falta. Mi pelo cada día está más seco, como zacate. Mis manos siguen escribiendo con las uñas llenas de pellejos, otra vez tengo heriditas con sangre, y extraño el micropore del Rey Sol, que me ponía en el dedo medio de la mano derecha para que no me lastimara la fricción de la pluma, en mis años de Universidad.

El día que le siguió fue particularmente complicado con un jefe Genghis Khan y cediendo una hora más en mi salida; dos transbordos para la calle Palenque, uno en Chabacano para la Línea 9 y otro en Centro Médico para la 3; y un regreso a Cuatro Caminos casi a las 21 horas. Llegando a la Narvarte, por ahí de las 19:30, Mateo me buscó para saber cómo me había ido y para decirme que necesitaba darme un beso; el día no había sido tan complicado para él como para mi, pero estaba cansado. Mañana que nos veamos te platicaré, me dijo para despedirse y me confirmó que tendríamos otra cita.

Caducidad: 30 días.
"Ve a tu casa a dejar el coche y paso por ti a la una y cuarto". Justo a esa hora llegué a guardarlo al garage, entré por mi bolso y Mateo pasó por mi. En el camino rumbo al cine hablamos sobre plática de chicas, de lo que los chicos se cuentan entre ellos, y me preguntó qué es un soltero tóxico. No fue exactamente la conversación que planeo tener con un pretendiente, pero la verdad fue que entendió un poquito más mi forma de ser, mi forma de pensar y lo que no hago cuando quiero salir con un chico.

Durante la película pinté mi raya, hablé por teléfono, me tiré las palomitas encima. Él tiró de mi, para que me tirara sobre él. Tiré de mi chal, para taparme completa. Tiramos los chocolates, no sabían bien.

Fuimos al supermercado a hacer las compras, me quedé dormida en el coche de camino a comprame un latte, estuvimos de regreso para cenar. Y entonces todo empezó, y todo terminó. Habló de mi y hablamos sobre nosotros. Me pidió que le hablara de él. Me explicó por qué cuenta los días que llevamos saliendo juntos, cómo recuerda la noche que me conoció, y por qué le gusta bailar conmigo. Me quedé dormida, no estuvo bien porque eso ocasionó que regresáramos a mi casa justo antes del amanecer.

Y nada, que nació torcido y tenía caducidad. Insiste en que no debe ser así, que por más contento que esté conmigo y por más contenta que yo esté con él, las cosas no deben cambiar. Yo insistí en que eso no se puede saber ni modificar, el amor fluye y encuentra el camino, le dije que el tren ya estaba echado a andar, y que quería ver si él será capaz de detenerlo, de detenerse a sí mismo. Fue un día lleno de primeras veces, también nos besamos por primera vez y Mateo reconoció que tengo razón y que no puede estar sabiendo que ahorita no puede estar conmigo.

Fui muy feliz, aunque sólo hayan sido 28 días exactos. Creo que valió la pena. Se supone que mañana iremos a comprar los boletos para el concierto del próximo jueves, pero no sé si eso tendrá lugar. Jugué mis cartas y pagué la apuesta, cometí el pecado y cumplí la penitencia, cometí el crimen y pagaré la condena. Valió la pena.

¿Cómo no enamorarse de un chico así? ¿Por qué insiste en reprimir el cariño que siente por mi? Porque quizá sea un soltero tóxico y yo no me había dado cuenta.

Confieso que se me salieron las lágrimas cuando se lo conté a Mafka, hace ratito por el auricular. Ella está apurada de que se me parta el corazón. Estoy acostumbrada, le dije, a que los chicos salgan corriendo cuando sienten que se enamoran de mi y se deleitan con mi compañía. Afortunadamente para mi, seguí explicándole, tengo muy ensayada la soledad en todas las cosas que hago a diario, abriendo el garage del coche, yendo al cine, comiendo sola los domingos, abrazándome a mi misma de noche, tallándome la espalda en la ducha, vistiéndome de más para verme en el espejo.

No sé qué va a pasar conmigo y con Mateo, hicimos una promesa de meñique que quizá no podamos cumplir. Que quizá no debamos cumplir. Voy a reprimir mi amor, qué más dá, no es la primera vez que me dicen que el amor me brota por los poros de la piel, por los ojos, por los oídos, por la boca, por mis letras, por mis manos y mientras acarician mis pies. Eres un ser de amor, fue lo último que Mateo me dijo antes de salir rumbo a mi casa. Y no querer recibirlo te convierte en un soltero tóxico, debí responder.

jueves, 1 de octubre de 2009

JURAMENTO DE AUTOESTIMA

Venga, reconócelo Mariposa Tecknicolor, sin contar con tu hombre ideal, eres lo mejor que hay en la tierra. Es verdad que a veces te deprimes y no quieres hacer nada porque piensas que nada vale la pena, pero también hay que reconocer que el resto de las veces eres muy optimista, perfeccionista y dedicada. Nadie sabe hacer investigación histórica como tu. Si ya lo dice tu madre: eres la mejor historiadora del mundo. Por eso, a partir de hoy vas a dejar de torturarte por no tener el empleo de tus sueños y comenzarás a quererte por ser responsable, inteligente y constante. Y si alguien llega y te dice que eres una persona equivocada, dile que puede largarse a la fregada.