sábado, 17 de octubre de 2009

Estoy despertando

La noche en que empecé a escribir de ti, me puse la falda amarilla y mis tacones color negro; mi coche descansaba en tu banqueta, me invitaste a hacer yoga y terminamos haciendo tai chi; y finalmente comencé a hacerlo sobre los vellitos de tu pecho. Me preguntaste qué iba a hacer cuando te quedaras dormido, te respondí que te miraría por mucho rato y que te escribiría una historia. Me pediste entonces que no me fuera y que hiciera una historia contigo.

Mi historia no es sencilla, sobre todo porque yo pensé que no se iba a notar que me obligué ser una piedra. Ahora, poquito a poco he comenzado a despertar y a sentir como lo hice hace mucho tiempo. Supongo que algo ha de tener que ver que hayas comenzado a participar en mi lugar de enunciación, y que te vayas proyectando en mi futuro, el futuro que a veces no tiene razón de ser.

En mi historia hay un Rey Sol, una diseñadora de modas, algunos solteros tóxicos, una familia que tampoco quiere ser, un San Román que no es tan santo, y una Mafka que no quiero que desaparezca. La Ciudad es mi telón de fondo. Los engranes detrás de ese escenario son los encuentros o las casualidades que hacen que suceda.

Estos personajes han hecho que la historia vaya y venga, se detenga, vuelva a comenzar. A veces, en lugar de mariposa me gusta ser camaleón. Y todo entonces hace que sea lo que es, que mis alas se muevan aunque llueva, que mis ojos se queden dormidos sobre tu brazo derecho.

Hoy fue la primera vez que Hans me llevó bajo la lluvia. El otoño comenzó a llover. Me alegré de que no se me mojara el pelo, ni de que mis tacones se mojaran en el suelo. Sin querer logré lo que hace mucho quería: dejé de recordar y tejí una urdimbre nueva sobre el telar en blanco.

Estoy despertando, y quizá no alcances a ver el día siguiente. Estoy segura de que no estuve dormida y que algunas veces tampoco logré soñar. Lo que despierta pues, es mi emoción y mi corazón. Me obligué ser una piedra, y encima lo disimulé bien. Ahora poco a poco estoy despertando, mis músculos flexibles me lo dicen, el corazón que late me lo recuerda.

La historia va, ya no se detiene. Algunas veces llega al mismo sitio, y es cuando se tiene que cerrar. Muchos ciclos terminan, muchas despedidas llegan, y llegaron emociones que me hacen llorar. El huracán de sentimientos me hizo llorar, por fin. Algo me hizo ese tai chi, tan susceptible como siempre no pude terminarlo porque no paré de llorar. Me movió por dentro.

Me moviste tú. Tuve frío. Me envolviste con la cobija color chocolate, hiciste café con leche y remojé el pan con cajeta. No quise remojar mi pelo. Humedecí mi piel completa, y luego sólo vestí mis pies con tus calcetines blancos.

Me pediste que hiciera una historia contigo.

1 comentario:

copo dijo...

trata de no escribir el final todavía.