viernes, 24 de abril de 2015

No te olvidaste del centro de mi corazón.

No recuerdo mucho, le dije, luego del tiempo de ruptura de hace unos tres años y medio, me prometí no recordar cualquier cosa y me propuse hacerme de una nueva memoria.
Nos vimos, me dijo, una última vez en el Franz Mayer. No lo recuerdo, me disculpé. En mi afán de atar detalles y construirme un recuerdo, le pregunté ¿qué era lo que traía puesto? Unos jeans y una camiseta blanca. Reí, reí mucho... Definitivamente era yo, le dije, jeans y camiseta blanca es siempre mi elección favorita.

Seguí riendo. Conversamos cerca de noventa minutos más. Estoy complacida de que me haya escuchado con detenimiento. Estoy contenta de haber decidido ponerle atención.

Pasé una noche sumamente amable y pude dormir bien. Desperté temprano, contenta, me alisté y salí de casa. Poco a poco comencé a pensar en todas las cosas que dijimos anoche, volví a reír, estoy notablemente contenta.

Escuché su voz después de muchos años, y parece que no ha pasado el tiempo. En un momento sentí como si nos hubiéramos quedado parados en el mismo sitio de la línea del tiempo, pero en diferente espacio. Recordé los lugares, la Facultad, los pasillos del edificio en el que estudiábamos, las personas, sus gestos, la risa y sobre todo recordé el olor a cigarro encendido. Volví a escuchar las canciones que cantábamos, y me inventé los nuevos olores que ahora nos pertenecen.

No puedo correr, no lo quiero hacer, ni lo sé hacer. Ya se me olvidó cómo se hace todo esto -es real. También es real que quiero aprender. Siento, no sé, en el centro de mi corazón, que quizá quieras aprender conmigo.