jueves, 30 de abril de 2009

Happy Birthday Madame Copo!!

No creas que me olvidé. El ritmo de la ajetreada y enfema Ciudad no me deja hacer las cosas al tiempo que las planée. Feliz cumpleaños querida amiga. Mi mayor deseo es que seas feliz y que tu vida esté llena de amor, éxito y otra vez, felicidad.

La Historia escribió una fabulosa historia para nosotras. La chica del oriente, la chica del norte. Tú, la que devora la historia de las mujeres, la que es historia misma de mujer, que con su historia pone el ejemplo. Y no me cansaré de decir que para mi eres un patrón a seguir, que me vas dejando las migajitas una a una para seguir a donde va tu carrera.

Tú, la chica que vivía en la calle de las Maravillas, la que está llena de anécdotas de la Ciudad, de noche, de día, de metro, de microbús, de coche rojo, de amor clavado, de volver a empezar. De seguir caminando. Tú, la chica que levanta la cabeza con una sonrisa después de haberse caído de los stilettos en la pasarela de la vida. La chica que me enseñó también a hacerme amiguis de la soledad.

Y otros muchos sixes de corona y de indio nos esperan para cada una; más canciones, más risas, más perfumes de Victoria's Secret, más bolsos de Versace, más pambazos de la esquina de Calzada Ermita, más seminarios, más tesis, más artículos, más corazón. Nuestra compañía. Y te podría decir que muchas canciones figuran en tu soundtrack, pero hay una que siempre me hace acordarme de ti.

Feliz cumpleaños Madame Copo de Nieve. Gracias por haberme regalado tres años de tus 31 y gracias por hacer a un lado chorrocientos de kilómetros y seguir aquí.



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A bailar. Feliz cumpleaños. Te extraño mucho. Te amo con todo mi corazón.

"Yo soy un hombre sincero, de donde crece la palma.
Y antes de morirme quiero, echar mis versos del alma".

martes, 28 de abril de 2009

El pronóstico del clima

De las cosas más romáticas que me corresponde hacer, y que disfruto muchísimo, es dar el reporte del clima. Generalmente sale casi a las 17:40, luego del teaser que siempre estoy cazando para ser yo quien lo firme.

La primera vez que lo hice me gustó mucho. Fue darle un significado a cada uno de los climas y las regiones del país, o fue intentar dárselos a mis estados de ánimo, a mis recuerdos o a las partes de mi cuerpo. Así sé que siempre hace calor en el centro de mi país, que el sur se congela de frío y que vienen fuertes precipitaciones con tormentas eléctricas, como hace muchos meses no se esperaba, al norte de Mariposa Tecknicolor.

La Ciudad se derrite, hay temperaturas altísimas en casi todo México y poco a poquito se espera que comience a llover, sobre todo al centro del país.
Es lindo hacer el reporte del clima. Es bonito hablar de los centímetros cúbicos de precipitación y de la nubosidad o del cielo despejado.

Qué lindo es tener el cielo despejado. Qué lindo es cuando se tiene con quién compartirlo.
Siempre tengo con qué sorprenderme. También hoy tuve fe.

lunes, 27 de abril de 2009

Gato risón

La luna es un gran gato risón. Me gusta. Me acordé de cuando decías que era magnífico ver la luna en mi espalda, de cuando me querías, de tu departamento y de los capuchinos que vendían en el local de al lado. Me acordé de tu coche gris y del remiendo que le hice a tu sudadera sentada sobre tu cama.

Ayer caminé sobre Pilares hasta la estación Parque Hundido, comenzó a llover. A veces me fastidian estas palabras que no tengo a quien pronunciarle, me fastidia mi mano abrazando mi bolso y mi botellón de agua; me fastidian mis pies enfundados en unos zapatos de vértigo que nadie más puede contemplar. Me fastidia no poder hacer otra cosa con esas palabras, con mis manos y con mis pies.

Me desespera la Ciudad, con todos sus problemas, con que está vacía, con que no la saben cuidar. Cené sola una vez más. Estos días mis amigos son amigos de móvil nada más.

El domingo ahora me permite hacer cosas que no sabía que podía hacer. Siempre hay que hacer guardia, que poner atención, que escribir como nunca antes. Esta colonia hace mucho que figura en mi vida. Hoy caminé de Matías Romero a San Borja sobre Patricio Sanz como muchos otros días, como hace muchos años. Hoy la vi diferente. Hoy quise ir a muchos lugares.

¿Y qué queda? Tomar el metro, coger un taxi, hacer el súper, cenar yogurt, mirar la sonrisa de la luna. Mirar al gran gato risón que me sonríe desde arriba.

Ya no necesito ver el mar. Siempre quiero seguir escribiendo.
Hoy necesito abrazar. Quiero regalar abrazos, sentirme acompañada y saber -aunque sea por un instante- que todo va a estar bien.

Necesito acordarme de cómo eran esos abrazos que me daban cuando nos veíamos recargados en el cofre de su coche gris. Necesito acordarme más de él, saber que fui muy feliz. Necesito que me abracen. Necesito respirar.

sábado, 25 de abril de 2009

San Antonio Bendito

Después de despedirme de Matías en el metro Polanco, me fui hacia la estación San Antonio para llegar por eje 6 a la colonia Del Valle.

Traía en las manos mi bolso, un sobre manila lleno de documentos originales y muy importantes: historiales completos, certificados, papeles de la Universidad, certificados de Oxford, ¡qué va! La cita a la que asistí en la mañana, me obligaba a llevar casi todo mi archivo personal, incluído el único ejemplar de la única publicación electrónica que tengo. En fin. Traía una joya y además el bolso, mi chal color rosa y mi saco de mezclilla.

En la noche, por ahí de las 20:15, caminé por Insurgentes hasta llegar a Eugenia. Comenzó a llover. Me envolví en el chal y me cerré el saco; mal hecho cogí el sobre manila para cubrirme la cara de la lluvia y seguí caminando.

Tomé el microbús hacia el metro San Antonio. Tomé un asiento, puse mis documentos en el asiento libre de a lado, encima el chal y mi bolso. Siguió la ruta por Eugenia, llamada después de Insurgentes avenida San Antonio, y yo me tenía que bajar en la esquina que hace con Revolución. El chofer, como todos los de esta ciudad, hizo lo que la gana le dio y se fue por unas callecitas medio feas. Me puse alerta. Cogí el bolso. Cuando el cacharpo grito "Revolucióooooon", todos nos bajamos, todos los pasajeros nos bajamos.

Pensé unas cosas horribles del chofer mientras caminé hacia el Vip's de Revolución y me metí casi corriendo al metro San Antonio. Transbordé en Tacuba hacia Cuatro caminos. Llegando al andén K, para tomar la ruta hacia mi casa, sentí que se me durmió la mitad de la cara, el brazo izquierdo y no pude mover más la mano del mismo lado: perdí los documentos.

No hubo más. Los perdí. Punto. Ahora trataría de recordar dónde fue.

Mandé tres mensajes histéricos a los móviles de Toya, San Román y Mafka. Los tres me llamaron, los dos primeros se desesperaron y me regañaron y Maf me dijo que tuviera fe.

Fue en el camión, maldita sea. En el camión del que me bajé echa una loca en Revolución por miedo a que me llevara a un destino desconocido. Está bien. Al día siguiente le preguntaría amablemente a un chofer de la misma ruta si tienen un lugar de objetos perdidos. Eso haría.

Llegué a casa. Hablé como cuatro veces más con San Román. A mi madre no le quise decir nada.

Más tarde, al acostarme pensé -como todas las noches- "qué afortunada soy". Me acordé de Matías, de sus ojitos tras el armazón cuadrado, de mis botas, de la lluvia y de mis documentos... Recé como cada noche lo hago. Antes de dormir dije "San Antonio, tu encuentras todo, por favor encuentra mis documentos".

Necesito destacar que la noche anterior a la cita que me obligaría llevar mis documentos, mandé a cinco personas (incluídas Toya, San Román y Mafka) un correo electrónico pidiéndoles que hicieran una cadena de oración conmigo a la hora de mi cita. También les explicaba, que estoy encomendada a San Antonio de Padua y a la virgen de Guadalupe desde que me robaron el coche, y que finalmente el pleito con la aseguradora se había resuelto a mi favor. Les pedí que les rezáramos a ellos y que me acompañaran en espíritu.

Al día siguiente de esta de malas, me fui precisamente a la aseguradora por la misma ruta de la línea 7 del metro. Antes de llegar a Cuatro caminos, ligeramente la ansiedad me volvió a abordar por mi lado izquierdo porque me acordé de mis papeles. Abrí mi cartera y vi la estampita que traigo -por supuesto que de cabeza- de San Antonio de Padua. Una vez más se lo pedí, que por favor encontrara mis documentos.

Al transbordar en Tacuba, mi madre comenzó a llamarme una y otra vez al móvil. Me asusté. Cuando me fue posible le llamé. Me dijo: "llamó una chica que vive en Lomas de Sotelo. Dijo que su hermano encontró unos papeles tuyos que parecen muy importantes. Quiere regresártelos. Me quedé de ver con ella a las 19. Necesito saber, ¿perdiste unos papeles?"

Casi se me salieron las lágrimas. Se lo conté todo. Me puse feliz. Le conté también que le había pedido un milagro a San Antonio. Me dijo que le pagara, a lo que contesté que esta vez no le ofrecí nada, "entonces tienes que dar el testimonio hija, el testimonio de que te hizo el milagro".
Mi madre se encontró con la chica a la hora que quedaron. Mi archivo regresó a mis manos completito. La chica y su hermano no aceptaron la recompensa que mi madre les ofreció. Dijeron que estaban contentos de poderle hacer el bien a alguien.

Pleno siglo XXI, plena Ciudad de México. Todavía hay gente que quiere hacer el bien a otras personas y todavía existen los milagros.
Sin lugar a dudas, la Ciudad me quiere.

Por eso me puse a escribir este testimonio.
ES COMPLETAMENTE VERÍDICO todo lo que narro aquí, salvo el "Matías" cuyo verdadero nombre no tengo permiso para publicarlo.
A petición de mi madre doy fe de lo que sucedió y les comparto mi testimonio.
San Antonio no me abandonó.

viernes, 24 de abril de 2009

Mi Ciudad está enferma

Ciudad de miedo, la fácil, la de los palacios, la de caos vial.
Ciudad de noche. Mi vida de día. Ciudad de recuerdos, los del centro de la ciudad.
Ciudad de secuestros, de amor, de carnes frías, ciudad de ejemplo.
Ciudad de conquista. Ciudad mestiza. Mi casa. Mi libertad.
Ciudad de progreso. Ciudad feliz. Ciudad de drama. Ciudad enferma. Enferma la ciudad.

El virus de la influenza del invierno pasado, no es el mismo que ahora está enfermando a los habitantes de la Ciudad de México y el área metropolitana. Resulta que éste se llama H1N1, es un virus de gripe porcina que mutó y "brincó" por así decirlo, al ser humano.
De entrada no me creí nada -nunca lo hago- de lo que salió en las noticias. Sin embargo, me correspondió poner atención y dediqué mucho tiempo cubriendo las declaraciones del presidente y los secretarios de salud federales, el estatal y el del distrito federal. Al parecer se les fue de las manos. Para este entonces, ya no hay vacunas; y aunque las hubiera, no serían eficientes para prevenir la enfermedad. Sólo quedan las medidas higiénicas que tenemos que tomar.

Está demás decirles que hay mucha paranoia. Tampoco se debe dar besito en el cachete ni saludar de mano. Todas las personas en el transporte público y en la calle en general, usan cubre bocas.

La Ciudad se respira diferente. Y no porque haya un virusillo por ahí brincando de saliva en saliva, sino porque hay poca gente fuera. Estarán cerrados los cines, los teatros, las bibliotecas yl los museos.

Yo deseo que esto termine y que por una sola vez en la historia, los encargados digan la verdad. Me la he pasado escuchando declaraciones aberrantes sobre comparaciones de la Constitución actual y de la del año 1857. De plano el secretario de gobernación cree que no sabemos nada; sé que no tenemos la obligación de saberlo todo, pero habemos personas que afirmamos que es una incongruencia hacer comparaciones de esa índole, sobre todo respecto a la defensa de la seguridad nacional cuando en este siglo, la seguridad se tambalea por otros intereses.

En fin. La Ciudad me gusta, me cae bien. Es mi Ciudad y quiero que se componga.

La ciudad donde vivo es el mapa de la soledad.
Al que llega le da un caramelo
con el veneno de la ansiedad,
La ciudad donde vivo es mi cárcel y mi libertad.


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Mother Monkey Collective

Mafka llegó a la casa cuando leía los pendientes y me disponía a ponerme a escribir. Era la primera vez en mucho tiempo que saldríamos a bailar, así que la ocasión ameritaba ponernos muy guapas, soltarnos el pelo y reír a carcajadas.

¿Quieres que te ponga super punk?
Escogimos unos atuendos lindos, de jeans pegados y chamarras cortas. Yo escogí las sandalias más altas con las que pude caminar y la camiseta color verde que dice Techno love que Maf escogió por mi.

Me alboroté el pelo. Ella lo usó alisado echado para atrás y para terminar necesitaba algo de gomina o spray para fijar los pelillos de la coronilla. Le ofrecí mi fabuloso super punk varias veces, a lo que me contestó con cara de espanto "no, gracias", seguí ofreciéndoselo y explicándole que, a pesar de ser un liquidito color azul eléctrico, es inofensivo y muy eficiente. Total que accedió al final de todo y le eché un rocío azulado que le dejó la cabellera justo como quería.

Llegamos a Cuatro caminos pasadas las nueve de la noche. El metro estaba particularmente feo y más aún cuando tuvimos que caminar un montón para entrar al andén. Llegamos a la estación zócalo muy alegres, muertas de risa, envueltas entre personas que bailaban danzas prehispánicas, policías, indigentes, turistas y también teníamos hambre.

No lo pensamos dos veces y caminamos al Super 7 que está a un costado de la Catedral Metropolitana. Compramos unos burritos y, a la hora de escoger qué tomar, el Super7 se convirtió en el bar Super7. Compramos dos indios de lata y caminamos rumbo a la calle Guatemala.

Mother Monkey Collective.
Mafka es una chica guapa, alegre, con una conversación magnífica y con un sentido del humor maravilloso. Veníamos muertas de risa por las cervezas en lata y al pasar el camión de granaderos, las destapamos. Brindamos en la calle, seguimos caminando y nos detuvimos en la esquina de Guatemala a espaldas de la Catedral. Eligimos un puesto de periódicos -lo único abierto- y nos pusimos a platicar.

Hablamos con Janis, quien nos esperaba en el Centro Cultural de España, bebimos y reímos. Me dijo que debíamos recordar ese momento tan fenomenal, ¿qué mas le podíamos pedir a la vida en ese instante? Nada, pensamos las dos.
"Estamos en la calle, a un lado de un puesto de periódicos que dice "Mother Monkey Collective", lo recordaremos siempre" -me dijo. Estabamos notablemente contentas. Terminamos las cervezas y nos metimos al centro cultural.

Lo pasamos muy bien, bailamos, circulamos por el lugar, platicamos mucho, esperamos a unos chicos que nunca aparecieron. Otros hicieron su aparición, entre ellos el chico financiero a quien no esperaba ver y de quien no recordaba el nombre. Algunas veces me da igual, sé que probablemente quede fea la cosa, pero hay encuentros que no deben tener parte.

La noche me regaló una vista increíble del Templo Mayor iluminado, de una excepcional arquitectura del siglo XVI, y de la compañía de mis amigas. Bailamos mucho, celebramos muchas cosas, brindamos por otras, por mi, por Mafka, por Janis, por los proyectos, por las tres... Hay noches que deberían durar por lo menos hasta la mañana siguiente.

A la hora del regreso, como siempre, no sabíamos cómo volveríamos a casa. La sorpresa fue que el chico financiero nos trajo sanas y salvas. Pasamos a cenar, y ¡salud! por los trabajos que no son de ensueño pero que permiten pagar las cervezas y los tacos de madrugada, ultimamente me han tocado chicos que no pagan mi cuenta, así que nos pusimos guapas para nosotras mismas y llegamos a casa a dormir.

Pasadas las cuatro de la mañana pusimos las alarmas y nos rendimos ante Morfeo.

La Ciudad ha seguido siendo noble conmigo. Me da grandes sorpresas, me hace sentir completa. Me da libertad.


Hoy recordé que la última vez que fui al Vive Latino tomé agua de la llave de los baños del Foro Sol. Confieso que me gusta visitar el bar Oxxo o el bar Super7 a menudo. Me gusta también tomar una cerveza relámpago antes de entrar a los lugares. Me gustan las banquetas de mi Ciudad. Me gusta la Ciudad de México. Confieso que fingí olvidar el nombre del chico financiero, que no me cae muy bien del todo y que no me interesa si quiere saber los pormenores de mi vida. Me gusta salir. Me gusta estar con mis amigas y platicar de revistas de moda con Mafka. La verdad es que también me quiero enamorar, me hace falta que me abracen y me hace falta sentir un cuerpecito a mi lado. Me gustan los tacos de guisado. Confieso que es mejor así.

Confieso que tengo muchas cosas que confesar.

jueves, 23 de abril de 2009

Fue una linda cita

Lo conocí en la sala de espera del médico especialista. Esta vez fui a la colonia Chapultepec Polanco a recibir otras opiniones. Llevaba ya un rato sentada en esas incómodas sillitas cuando Matías entró cerrando la puerta tras de sí y regalándome una sonrisa.

Se sentó a lado mío, hicimos una breve plática. El consultorio es diferente, es un mismo espacio con varias puertas y con un sólo recibidor. Quien esté allí no necesariamente pasará al mismo cubículo que las demás personas. Él pasó primero y nos despedimos con un "que tengas suerte". Mi médico tardó mucho más en pasarme a mi, pero no duré mucho tiempo adentro. Al salir, vi a Matías sentado en la sillita de espera, me despedí del médico, comenzó a hacer muchas preguntas de los siguientes pacientes y sin más salí, algo nerviosa, del lugar.

En la puerta del edificio el chico me abordó. Fue una grata sorpresa, "te esperé porque quería saber si es posible tomar tus datos y platicar un rato" -me dijo.
Hay circunstancias en la vida de una chica, en las que no se debe pensar más y dejarse llevar. Y bueno, que creo que es evidente que a veces me cuesta mucho trabajo dejarme llevar y sólo sentir. Así que, por una (¡pinche!) vez en mi vida, disimulé mis preocupaciones, miré el reloj y le dije "¿Sabes? podemos tomar un café de media hora, luego tengo que ir al sur de la ciudad, ¿qué te parece?".

Caminamos de Hegel hasta Masaryk. Entramos a un café. Pedimos dos americanos y nos dedicamos a conversar. Se dedica a la construcción, yo soy una historiadora escritora citadina medio histérica que comenzó a agitar las manos y a hablar un tanto fuerte. Me sonrojé. Pedí disculpas. Me pidió que le hablara de la Ciudad, me dijo que le encantaba, que disfrutaba mucho los viajes que hacía acá.

Hablé, hablé mucho. Después lo escuché hablarme de su familia, de su trabajo, de los abuelos y de la región. Me habló de sus hermanos, de la universidad, de sus viajes. No pude más y le dije que me había sorprendido verlo en la sillita al salir del consultorio, me dijo que desde que entró supo que debía esperarme a que saliera, que quería saber mi nombre y mi número de teléfono. Sonreí como boba. Fue una linda cita.

Bebí más café, agua y luego fui al baño. No se podía fumar -qué bueno- así que me quedé con las ganas de sentarme en una terraza. Cuando volví a la mesa la cuenta ya había llegado. Estuve en el móvil un rato con mi padre y con San Román. Mientras, saqué mi monedero e intenté -porque no me dejó- sacar el dinero. Cuando cerré el móvil, me dijo: "por favor, permíteme invitarte el café".

Lo recuerdo y me dan ganas de gritar y agitar los brazos.
Qué gran cita, qué maravillosa mañana. Ni siquiera tuve motivos para verle los zapatos, de hecho no recuerdo de qué color era el pantalón que traía puesto.

La media hora se hizo una completa. Ni él ni yo nos queríamos despedir. Caminamos al metro Polanco. Nos deseamos suerte.

Por mucho, la mejor cita que he tenido en años.
Por más, que todo fue casualidad.

miércoles, 22 de abril de 2009

¡Bravo! para el chico del metro

Literalmente me venía durmiendo cuando me subí al metro en la estación Cuatro caminos. Todavía no me podía reponer de la trasnochada de dos días antes, y como siempre, abracé el bolso, me puse la mano en la barbilla y comencé a dormitar atenta porque me bajaría en Tacuba.

En una de esas que abrí los ojos, un chico de lentes de pasta se sentó frente a mi y lo miré porque curiosamente él traía abrazado un portafolios. Seguí pestañeando y pude darme cuenta que no me quitaba los ojos de encima.

Próxima estación, Tacuba. Correspondencia con línea 7, direcciones el Rosario-Barranca del muerto.
Al escuchar el mensaje me levanté como resorte, y me bajé del vagón. Comencé a caminar aprisa aprisa para transbordar hacia Barranca, ya iba enfilada por el largo pasillo cuando siento una manita en mi hombro que delicadamente me tocó dos veces.

Era el chico del portafolios: "hola, disculpa ¿cómo te llamas?" Todo me pasó por la cabeza en uno de esos instantes inmediatos que parecen durar horas. Sonreí ampliamente y le dije: "No, lo siento, mejor no". "Gracias" -me respondió, y seguí caminando.

Luego, la risa me invadió y pensé "Bravo, bravo, por el chico del portafolios". Llevo meses pensando que los chicos ya no acostumbran abordarnos, que ahora esperan que nosotros demos el primer paso y ¡zim zam zum! la ciudad y mi querido metro me sorprenden mostrándome que todavía existe quien me quiera abordar aunque sólo me haya visto unos minutos mientras dormitaba.

La razón de mi respuesta tiene un trasfondo enorme, que bien da para muchas historias más. Hoy he decidido quedarme con el "No, lo siento, mejor no", ya que me bastó que el chico caminara tras de mi.

Felices sorpresas.
Feliz metro.
Arriba la Ciudad. Que la disfrutes...

martes, 21 de abril de 2009

Taxis de mis amores

De unos meses para acá los taxis se han convertido en mis grandes aliados. Hoy me pongo a escribir contenta porque, a pesar de que no todos los choferes son muy amables que digamos, lo que importa es que han sido respetuosos y eficientes.

Me confundí de eje vial hoy por la mañana. De hecho, cuando el primer taxi del día me vino a encontrar, tuvimos que ir a dar la vuelta hasta Altavista para regresar por Mixcoac. Lo bueno fue que llegué temprano a la cita y que me encontré. En general es que me confundo, pero afortunadamente no pierdo la orientación.

El siguiente taxi no tenía cambio. Sólo debía llevarme unas cuantas cuadras más adelante y, como ya casi se me hacía tarde, le hice la parada. Al abordarlo le pedí que me dijera si traía cambio del billete con el que le iba a pagar, no me contestó y aceleró. Cuando llegamos a cercano mi destino me dijo que la tarifa era la mínima y que no tenía cambio. Le expliqué que por eso debía saberlo antes de que arrancara pero, en fin... Me dijo que si a donde iba no me podían pagar el servicio, "¿cómo?" -le pregunté. Cuando vio mi rostro previo a desesperarme me dijo "está bien, es gratis". Sonreí, me despedí y me bajé.
Quizá el que ya se había desesperado era él pero qué más da, agradezco infintamente que haya sido un viajecito gratis.

Por la tarde, me encontraba en Echegaray rumbo a la Florida. Pasé por un frapuccino de té verde y comencé a "cazar" un taxi en la banqueta. Había un congestionamiento brutal por las obras del segundo piso del periférico norte y por las obras de un puente vehicular en Gustavo Baz. Todos los taxis que pasaban venían abordados.

Un chico en un coche color arena me vio de lejos, de no haber sido por el congestionamiento no hubiera habido tiempo de intercambiar miradas, pero todo salió re bien porque detrás de él en la fila interminable para tomar Lomas Verdes venía un taxi vacío. Agité la mano y sin pensarlo ni un instante, me llevé los dedos de la mano derecha a la boca y chiflé durísimo; el taxista me escuchó, luego me vió y me hizo la seña de que venía para acá.

Bajé la mano, lo esperé y todavía tuve tiempo para volver a ver al chico del coche quién movía la cabeza en señal desaprobatoria y luego, al ver que yo reventé en carcajadas, sonrió conmigo. El tránsito vehicular avanzó y el chico grito palabras que no comprendí, sonrió y me dijo adiós con la mano. Justo el taxi se detuvo frente a mi y lo abordé.

El taxista aplaudió mi chiflido y me dijo que era bueno que una chica no se quedara sólo esperando de pie. Me sonrojé. Le dije que no toda la gente piensa así, para algunos -incluyendo mi madre- no se debe chiflar como arriero cuando no es necesario. Total que me rescató y llegué, una vez más, a tiempo para mi cita.

Ese último viaje me puso de buenas. Quizá mi histeria está saliendo a flote cuando no debe, menos mal que no le chiflé a quien no debo.

Hay un taxi en el que me quiero volver a subir y no he vuelto a coincidir con él. La última vez que vi al chofer de ensueño me dijo su nombre y me preguntó cómo me había ido. Ese chico tiene buen corazón y cuando me subo a su coche me contagia de su buena estrella.

A ver si esta semana se me hace tomar el coche 38 una vez más.

lunes, 20 de abril de 2009

Y me estarás llamando cada veinte de abril

Cada que escucho esta canción, esta de José José que canta "y me estarás llamando cada veinte de abril..." me acuerdo de mi mamá y de mi hermana Cristina porque siempre la cantábamos juntas.
Abril es un mes que, en general, ha sido feliz para nosotras y el día veinte me cae bien.

Me acordé de la canción, de mi madre, de Cristina y del chico de la cámara. Hoy cumple años, no me acuerdo cuantos -creo que 35- y justo el viernes pasado por ahí de las trece y veinte horas recibí un mensaje de móvil que era de él.

Primero, como siempre me pasa, no supe quien era porque suelo borrar los contactos que estorban. Aquellos cuyos nombres no quiero leer más, no pretendo llamar o los que se han olvidado de que existo. El chico de la cámara suele olvidarse de mi. Las últimas dos veces me olvidé yo también de él.

Luego, por su pésima ortografía lo reconocí. Intenté hacer memoria del número e intuí acertadamente que se trataba de él.
No pude responder. Estuve especialmente ocupada escribiendo sobre la V Cumbre de las Américas y siguiendo a Jesús Martín Mendoza.

Una hora más tarde, le respondí que estaba muy ocupada y que por favor me llamara a las dieciséis cuarenta y cinco, hora a la que salgo por una palanqueta y hora en la que la persona que me quiera contactar seguro lo hará.

Nunca respondió.

Prometí llamarle cada veinte de abril y él me prometió llamarme al día siguiente de nuestra última cita...

Escribí muchas veces, y en diferentes formatos, la fecha de hoy.
Hoy me acordé de él y me dio gusto que el día estuviera nublado, que hiciera airecillo frío yq ue me haya visto obligada a usar una blusa de punto fino de cachemira color gris. Traje los ojos ahumados y el pelo alborotado. Cuando caminé Patricio Sanz y el sol salió extrañé al frío.

Ahora pienso que cada uno de nosotros cultivamos las felicitaciones, las llamadas, las buenas noticias, las buenas compañías... Mejor que no le llamé al chico de la cámara, mejor así.

sábado, 18 de abril de 2009

La Ciudad en mis oídos.

Comenzar de cero no es cosa fácil. Algunas veces las cosas salen mejor de lo que espero y otras, me cuesta un poco de trabajo.
Algo que es muy cierto es que no me dan miedo los cambios. En el fondo sé -como siempre me lo dijo Mauricio- que soy una chica optimista y que enfrento las situaciones con agallas.

Haber cambiado de giro me ha puesto bien. Le veo muchas más ventajas que desventajas, y aunque a veces me quejo de las cosas, en general estoy contenta de todos los cambios y las buenaventuras que han llegado a mi vidita.

Y hoy, una de las cosas por la que estoy muy satisfecha de todo esto, es que puedo seguir haciendo mis visitas por la Ciudad a pesar de que no camino mucho por ella; y que, sobre todo, no he dejado de escribir ni de dedicarme a mi profesión.

Estos días viajé desde el aeropuerto capitalino, fui a Campo Marte, compartí con Obama y hasta me reí del vestido de la primera dama. Estuve por el poniente de la Ciudad, vi las obras viales, me alegré de que los niños pasearan por Chapultepec sus últimos días de vacaciones y el transporte público me puso notablemente bien. Conocí la voz de muchos funcionarios, les creí a algunos políticos e intenté enamorarme otra vez del gobernador. Imaginé rostros y colores de traje, vi zapatos con medias, trajes de noche, shorts en bicicleta... Viajé con mi imaginación como desde chiquita me ha gustado hacerlo.

La Ciudad a veces da miedo y a veces tristeza. No es fácil enterarse de la escoria y verla frente a frente. Sin embargo, conmigo es amable. La Ciudad se porta bien. Otras veces me da la paranoia y comienzo a examinar los rostros y las voces, luego se me quita y me acuerdo que vivo un gran big brother. Por allí me encontraré con el chico del WTC y con la chica del bolso brillante.

Todo esto ha sido una novedad, una agradable novedad de estar informada y de tener alguito de poder. Lo llevo bien.
Sigo queriendo un masaje en las piernas, que si me doy tiempo yo misma me puedo dar, pero el abrazo que añoro todavía no me lo dan.

Así es. No todo se puede tener y absolutamente no se puede vivir del amor, aunque vale la pena intentarlo.

martes, 14 de abril de 2009

No tiene fondos

Estoy completamente mojada.

Anduve en la calle desde las siete de la mañana. Dormí otra vez con pesadez de calor y de soledad, así que como zombie me metí a bañar y me arreglé.

Hace rato, luego de la jornada cotidiana, venía para mi casa y pasé al super mercado a comprar algo para comer, coca-cola light, agua purificada y unos cigarros. Llegué a la caja, le di mi tarjeta a la señorita y me contestó: "Marca que su tarjeta no tiene fondos". "¿Qué? Ok, pase esta por favor" -le respondí dándole la segunda tarjeta que TAMPOCO TUVO FONDOS. "Bueno pues, permisito y gracias". Me di la vuelta y me fui.

Hice lo que odio hacer: llamarle a mi papá para decirle que me quedé sin fondos. "¿Tu?, ¿sin fondos?" - me dijo. Pues sí, yo, la histérica histórica que guarda los vouchers para hacer las cuentas y que no gasta de más si no es necesario... yo merita sin fondos, muerta de sed y de calor y con alguito de hambre.
Y ni modo. Esta onda de los papeles del coche me desfalcó y todavía no se acaba, aún falta pagar la diferencia de la póliza de seguro y ahora ya no sé con qué.

Sin perder la razón me vine para la casa. Justo comenzó a llover.
Apenas cerré la puerta y comencé a sacarme todo y me puse bajo la lluvia a sentir cómo caía sobre mi piel gota por gota.

Sentía que me estaba derritiendo. Cuando venía de regreso, también sentí por un momento las medias, los tacones y la ropa interior pegadas a mi cuerpo como si fueran de látex. Ahora ya me siento mejor, ya comprobé que no tenía nada pintado en el cuerpo y se me quitó el calor.

Sigo sin fondos. Y lo que más risa me da es que hacía mucho tiempo que no me pasaba.
Ni modo. Como dijera Janis: "Con la cabeza en alto Mariposa, con la cabeza en alto".

Feliz semana.
Felices y frescos sueños para ustedes.

lunes, 13 de abril de 2009

De CU a Barranca del Muerto

A pesar de haber tenido sueño y de haber dormido las reglamentarias 5 ó 7 horas, no pasé buen sueño. Tuve algo de pesadillas, muchísimo calor, luego frío... luego sentí una punzada en la frente. Me di vueltas, me desvestí, intenté que la noche transcurriera aún cuando una sensación de orgasmo incompleto me invadió.

Creo que fue porque hablé con ella.

La persona que mejor me conoce en esta vida, mi alma gemela, me confesó a través de la bocina que tampoco puede vivir sin mi. Lloré como nunca. Ya me hacía falta.
También me confesó, que la otra noche lloró dormida soñando conmigo. "No podías llorar" -Me dijo. Y entonces mis lágrimas salieron como cuando destapamos la sidra en año nuevo.

La extraño mucho. Al mismo tiempo dijimos que nuestro consuelo es que volveremos a estar juntas como antes, como siempre.

"Extraño mucho la Ciudad" -Me dijo. "Extraño el Palacio de Bellas Artes y tomar café en los Azulejos. Extraño mis cafecitos de Polanco e ir a mis Starbucks pendejos que tanto me gustaban. Pero más, lo que no puedo superar, es el trayecto sobre periférico de CU a Barranca del Muerto; no puedo evitar llorar cada que lo recuerdo, y no puedo dejar de extrañar manejar en la Ciudad".

Lloré peor y nos abrazamos en el teléfono. Le dije que todo sigue igual, que mejor disfrutara su nueva vida allá. Su vida de sueños cumplidos y deseos concedidos; de amor leal...

La Ciudad es noble -le expliqué-, y te recibirá con los brazos abiertos. Todo estará bien, y todo lo demás también. Además le dije que se sienta muy orgullosa de todo lo que me enseñó; así cada que mi mano coge la pluma para hacer mi firma, seguro que estoy viendo su mano, haciendo la suya.

Quizá no estaba preparada para una charla así. Quizá la evité todos estos meses queriendo pensar que sólo yo tenía problemas.
No es así. También le cuesta trabajo seguir adelante.

También le cuesta trabajo así, sin mi.

viernes, 10 de abril de 2009

Siempre llueve en viernes santo

Ayer llegué a Metepec. Me harán bien unos días de tranquilidad y de buena compañía. Mi corazón necesita restablecerse y mi estómago comer bien.
Estoy tranquila. Las cosas han pasado muy rápido. Una ventaja que le veo a vivir en la gran Ciudad es que apenas y me doy cuenta que sigo respirando.

La moneda cae siempre como tiene que caer; a todo el mundo le llega su recompensa y las mejores cosas llegan para el que sabe esperar.
Fe, paciencia, esperanza... Como te sientes eres, y en el fondo sabes que a pesar de tanta pérdida, no perdiste la seguridad en ti mismo. Ahora los trámites se hacen amenos, hay nuevas cosas que tengo que aprender y oficinas con las cuales familiarizarme. Estoy contenta. La paciencia es una virtud que da de las mejores recompensas.

Si la cinta se puede regresar varias veces no tengo por qué saturar a mi memoria.
Ojalá me lo hubieran dicho hace unos meses para dejar de tomarla como si ésta fuera la cinta misma... 3, 4 segundos en rwd automático y ya estuvo. Los chicos me han incluído tal como soy. Los chicos. Los chicos.

El soltero tóxico del bar irlandés sufrió un asalto con tintes de secuestro express. Nunca le he deseado mal, pero también pienso que las cosas suceden por una razón. La vida pasa factura.
Él me criticó mucho cuando me quedé sin proyectos y cuando Andrés fue robado. Ahora, está igual y todo adolorido por la golpiza que le dieron. Perdió el celular, el coche, el traje, el reloj, la cartera, la dignidad... y esta vez dudo mucho que la pueda volver a comprar en Sanborn's.
Cuando me dieron la noticia, me sentí mal. Recé por él. Luego pensé que a todos nos llega. Es karma, y él ya debería dejar de vivir una vida paralela. Yo me doy por bien servida.

Llovió.
Como cada viernes santo, llovió. Mi abuela decía que este día todos en el cielo estaban tristes y que era un milagro que lloviera cada viernes santo, año tras año.
Es casi increíble que el paso de los meses y las nuevas temporadas y estaciones del año trajeran cambios y buenaventura. Ése es el verdadero milagro.

Lo que he deseado con tantas fuerzas ha comenzado a tomar forma. Volví a dormir, otra vez tengo apetito... Las oportunidades, el trabajo y el asunto del coche tienen mejor porvenir.

"...y a no desanimar,
que ya vendrán tiempos mejores.
Y no olvidéis que el que ríe al último
ríe mejor..."

miércoles, 8 de abril de 2009

Mi primera vez en Metrobús.

Como todos los días, abordé el Metrobús en la estación Parque Hundido. Venía sonriendo porque acababa de hablar con Mafka y quedamos para un café.

Cuando me acomodaba entre la gente, el móvil volvió a sonar y el número que apareció antes, se mostró en la pantallita otra vez: "Maf qué bueno que me llamas, ¿ya estamos pa'l coffee?...". Una voz masculina me respondió: "No soy Maf...". Dale, que olvidé por completito que el Chico más ocupado de la Ciudad utiliza el mismo conmutador para llamarme cuando se acuerda que todavía vivo por acá... Por chocomilquincuagésimonovena ocasión me dijo que no era posible que nos viéramos, así tal cual. Como si no hubiera tenido lugar el plantón del domingo al mediodía.

Cuando terminé esa llamada, entonces sí le llamé a Maf y le platiqué lo que pasaba. Estaba yo agitando las manos tratando de explicarle por el teléfono que no era justo que esto estuviera pasando, cuando sentí la mirada de un chico (de lentes, vestido de traje y con un portafolios en la mano) sobre mi.

Lo vi. Me sonrió. Le respondí.

Seguí hablando con la chica con toda la naturalidad del mundo. Reímos, intentamos adivinar lo que pasa por la mente de los chicos y quedamos -otra vez- para vernos por la noche. Nos despedimos después de una agitada charla, ella desde su oficina y yo en el Metrobús rumbo a la estación Revolución. Luego de colgar, comencé a sonreír. Me parecía absurdo que aún cuando sé que el Chico más ocupado de la Ciudad me dejará plantada cuantas veces le sea sencillo, todavía me sorprende que lo vuelva a hacer. Qué mal. Pero quizá la Ciudad estaba a mi favor, y como dice Copo, me está protegiendo.

"La que sola se ríe..." -me susurró...
"de sus maldades se acuerda" -le respondí. Y así, el chico de lentes comenzó a hacerme la plática.
Por supuesto que escuchó toda la conversación que tuve y comenzó a hacerme preguntas de que si me refería a un pretendiente, de que a qué se dedicaba que le resultaba tan difícil verme, de que si teníamos mucho tiempo saliendo... No quise responderlas todas, de alguna manera se estaba pretextando para conseguir lo que unos minutos más tarde me pidió.

Nos enfrascamos en un intercambio de ideas sobre citas, profesiones, zonas de la Ciudad, horas pico y (cómo no) el centenario de la Revolución. Allí me sentí un tanto incómoda. Nunca me ha gustado que cuando uno dice que es historiador, la gente crea que podemos dar cualquier opinión que se nos pida o que somos enciclopedias. Me hizo otras preguntas sobre los libros de texto... ¿eso qué? Total que se lo confesé, y le dije que no me gustaba que me pidieran opiniones sin conocerme, "me gusta más que se hagan sus propios juicios" -le respondí. Y aún cuando sentí que me porté algo árida, pasando la estación Tabacalera el chico me pidió mi número de teléfono.

Lo pensé un segundo y comencé a dictar: 55-1186-7781. Mi verdadero móvil termina en 80.
Fui mala, lo sé. Pero más mal me hubiera sentido al negárselo o al pretextarle alguna babosada tal como él pretextó hablar de los libros de la SEP como si de verdad supiera de ello.

Esto va para el chico que la semana pasada me dijo que yo iba por allí "pateando corazones sin dar oportunidades". Híjole, pues no es así. Mi corazón salió de la hielera hace mucho tiempo. Y de hecho el Rey Sol alguna vez me aconsejó que pensara dos veces antes de decir que sí o de dar mi verdadero número. Pensaba que eso me ahorraría alguno que otro problema. Y tiempo después me di cuenta que también me ahorraría muchos remordimientos.
No me acuerdo cómo se llamaba. Creo que Elías o algo así que comienza con la E. Debo agradecer que por lo menos el trayecto fue ameno y que conversé mucho. Salimos de Revolución y él se fue hacia la San Rafael y yo hacia la línea 2 del Metro. No me sentí tan mal después de todo. Mejor así.

Las oportunidades también viajan en Metrobús además que en cole. Nunca antes me habían abordado así, igual algún encanto tienen las conversaciones de chicos que no se dan el tiempo de ver a la susodicha. No lo sé...

"En esta ocasión voy a pedirles perdón.
Si es rápido y es gratis, entonces why not?"

martes, 7 de abril de 2009

Dos palabras para ti:

"Ahí muere".

Sé que tengo la virtud de la paciencia del santo Job, pero una cosa es ser paciente y ecuánime y otra muy diferente es perder la dignidad y el estilo. La primera -me dijeron el otro día- se vende en Sanborn's; el segundo, ni pensarlo perderlo alguna vez.

Comencé a no ser yo, y mira que me esforcé, verdaderamente que me esforcé.
Ahí la dejamos.

lunes, 6 de abril de 2009

Mirando pasar el pasado

Hoy me desperté sintiéndome como si estuviera enamorada. Y no es así, debes saber. También deberías saber que este sentimiento no me venía hace meses sino es que años. Y de pronto todo me hace sonreír y se me quitan las ganas de ir al cine sola, todo lo quisiera compartir y deseo con muchas fuerzas que vengas a darme un beso en los labios.

Esta revisión de decisiones y de acontecimientos del primer trimestre del año me está saliendo bien. Mirando pasar el pasado no me estoy quedando mirando, y afortunadamente me estoy permitiendo hacer un balance.

La segunda parte es mejor, hay que seguir hasta el final...
Cada día he ido adquiriendo la capacidad de asombro que creí perdida. El corazón comienza a latirme bien fuerte: tun-tun, tun-tun, tun-tun y entonces es cuando el aire parece que se me sale del pecho y comienzo a tener dificultades para respirar. Y me siento completamente enamorada, con mariposas en el pelo y chapitas en la cara, con brillo en mis ojos y con las manos húmedas de sudor ansioso que me hace también meterme los dedos entre el cabello para desbaratar mis rizos mientras me rasco la cabeza y me limo las uñas, y mi me miro en el espejo...

Recién acabo de empezar ¿porqué pensar que los finales llegan pronto? Y me pongo feliz de saber qué sigue, qué viene, cómo mirar la parte que sigue... Si hubiera sido sólo la escritora de esta historia, nada más hubiera sonreído al redactar el real futuro del aletargado pasado de la Ciudad. Como esta vez, además de escritora fui personaje, salí hasta arriba en el pelaje del conejo que vive en el sombrero de copa, y en ese momento disfruté sentir el gran asombro de no saber porqué la vida me pone tan feliz.

La ultima estación es opcional.
Justo entonces, en ese espejo, leo todos los recados que le dejo a mi subconsciente para que tenga ánimos de levantarse cada mañana y vuelvo a mirar los ojos en el reflejo y me doy cuenta que estoy regresando, que poco a poco me he dado la oportunidad de seguir en esta derretida y árida Ciudad buscando las palabras rosas que creí perdidas, al chico que creí no me robaría el aliento y a la estampa que no quisiera olvidar jamás.

Ya no es sólo que me quiera enamorar como meses pasados, esto significa que me estoy enamorando otra vez de los árboles de los camellones, de los perritos que corren alrededor de la gente, de las bicicletas en los parques, del señor que (¡por fin!) me cedió el asiento, de los cinco minutos que se debe hacer en periférico... De la chica que pudo darse cuenta que las oportunidades no se agotan y que decidió llegar al final del recorrido.

Así, sin más, uno decide, uno desea, uno lleva a cabo. Justo ayer platicaba con Mafka que decidí tener fe, decidí llenarme de buenas propuestas y de buenos sentimientos y entonces me caí con mis palabras escupidas porque la vida me aventó los peores tres meses de los últimos diez años. La peli de terror le gritó "vete" a Woody Allen y yo le dije "bienvenidas" a la paciencia, a la cordura y a mi vieja conocida ecuanimidad.

Hay que recordar que la voluntad sirve para empezar a correr, no para terminar.
Hoy me desperté sintiéndome enamorada y ¡qué bruta! quizá sí esté enamorada... es lo único que explica que haya aguantado las tres horas de trámites en el MP y en la oficina de tránsito de Naucalpan. Porque además, pagué $1,300 pesos por dicho papeleo y lo tomé con tanta filosofía que hasta me dio miedo.
Corrí (literal) para mi entrevista en la colonia Del Valle, transbordé, me olvidé de comer otra vez, estoy fumando como loca; el calor y el ruido de la Ciudad me puso bien. Regresé lo más rápido que pude y todavía pasé al MP por segunda vez. Y después recordé que tenía que comer y que me hacía falta un café...

El único camino es el porvenir (todo está por venir, mejor curtir el cuero)
Y ya ni qué decir. Si está clarísimo que este año he decidido tener esperanza en que las cosas pueden ocurrir. Después de que hablamos por el móvil el sábado por la noche, que él venía de carretera, me ruboricé, me brilló el pelo y no podía dejar de sonreír.

Más miedo me da que vuelva mi autoinmunidad al amor, que seguir sintiendo todas las sorpresas que vivió mi corazón. Y quizá no pase más nada, pero me basta con saber que no estaré mordiéndome las muelas dos días después intentando descifrar el pasado que no pude interferir; lo intenté -una vez más- y me siento bien.

También hay que convencer al tilín del corazón.
Tan complejo tú, tan complejo mi corazón. Me dijiste que aún cuando eres complicado, te gustan las cosas simples, después dijiste que te gustaba yo. Lo tomaré como un cumplido. Las situaciones me gustan así. Sin más miramientos, sin reproches, sin mentiras... qué mal que chocaste el coche, y aunque no me consta, qué más da si no fue así. Me consta entonces que la Ciudad y nuestro encuentro todavía no se pueden reconciliar.

Mirando pasar el pasado no me estoy quedando mirando....
No existen tiempos mejores si no existen tiempos, ¡qué gran equivocación!

viernes, 3 de abril de 2009

Me muero por venir.

Andrés no apareció. En su lugar, llegaron una serie de trámites engorrosos que me devolverán lo que el coche "pudo haber sido".
Mi freeky age son los 48 años. Si llego a esa a edad sin haber logrado lo que me propuse ¿cuándo dejaré de buscarlo? ¿de pronto uno amanece un día y dice "ay ya ni modo, se acabó"?
Así, si la aseguradora me entrega el cheque correspondiente al valor de mi coche y todo el trámite se termina (tan-tan) ¿en qué momento se deja de llamar a locatel?

Sé que todo se termina, simplemente pasa que tengo una sensación extraña por dejarlo así como así, siento que se vuelve fácil perder la esperanza.

En fin. La vida sigue.
Nuevos tiempos vienen, (y me muero por venir).

miércoles, 1 de abril de 2009

JURAMENTO DE AUTOESTIMA

Venga, reconócelo Mariposa Tecknicolor, sin contar con tu hombre ideal, eres lo mejor que hay en la tierra. Es verdad que a veces te deprimes y no quieres hacer nada porque nada te interesa, pero también hay que reconocer que el resto de las veces eres muy optimista, perfeccionista y dedicada. Nadie sabe hacer investigación histórica como tu. Si ya lo dice tu madre: eres la mejor historiadora del mundo. Por eso, a partir de hoy vas a dejar de torturarte por no tener pareja y comenzarás a quererte por ser responsable, persistente e inteligente. Y si alguien llega y te dice que eres una persona equivocada, dile que puede coger y largarse a la fregada.