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jueves, 21 de julio de 2011

Jardín de la Unión s/n

Estoy en mi estudio provisional del Jardín de la Unión s/n, donde además de que me puedo tomar un venti light sin espuma latte y comer un sandwich de pavo, puedo trabajar en silencio y ponerme a escribir con tranquilidad, de vez en vez se escuchan los mariachis que tocan en el jardín. Las campanadas de la catedral también se escuchan hasta acá, y entonces me siento fuera, aún cuando estoy en una de las tiendas más bonitas que he conocido de esta cadena, que me hace sentir como si estuviera en la de mi casa, la de las Embassy Suites del Hilton de la Glorieta Colón en la Ciudad de México.

En Guanajuato no se venden revistas de moda en los puestos de periódicos. No hay Vogue, ni Glamour, Elle, y ni pensar en la edición española de bolsillo de la Glamour. Guanajuato no tiene Sanborn's, Walmart, ni restaurantes de sushi. En Guanajuato no llueve, y las calles son tan irregulares, llenas de callejones empedrados y de escalerillas que vienen y van, que no se puede usar zapatos de tacón. En Guanajuato no está bien visto salir con minifalda, shorts o sandalias de tacón que enseñan los dedos de los pies.

En todos los restaurantes de Guanajuato sirven una salsa que se llama "chimichurri", que tiene de chimichurri lo que yo tengo de modelo AAA; de hecho no tiene ni siquiera un poco de perejil, ya no digamos aceite de olivo y ni pensar en que le agreguen un poco de albahaca. Este "chimi made in guanajuato" es a base de mayonesa, chile de árbol, ajo, cebolla y vinagre. Mmm no voy a decir "argh" porque en realidad no sabe nada mal, en los sándwiches o en las hamburguesas cae muy bien, sobre la pizza también; pero no tiene ni siquiera la "ch" del chimichurri original.

En Guanajuato el transporte colectivo funciona perfectamente, con horarios y todo, con asientos vacíos y los choferes ceden el paso a los pateones. En Guanajuato no hay basura en las calles. Guanajuato tiene el 70% de sus edificios en una clasificación que se llama "inmueble catalogado", lo que le permite seguir siendo Patrimonio Cultural de la Humanidad ante la Unesco.

Guanajuato no tiene McDonald's en la zona turística, pero todas, absolutamente todas las farolas de la ciudad funcionan y la iluminan maravillosamente todas las noches.

Guanajuato no tiene smog, no tiene caos vial, estrés del conductor, manifestaciones, marchas, zócalo con campamentos del SME, y afortunadamente no hay bloqueo de calles. Ayer salí de un café en la plazuela del Baratillo y me espanté al ver a un grupo de personas de pie, atentas, escuchando a una persona que les hablaba de frente, todos serios, levantando la mano, eran muchos, cerca de 35 personas, pensé que quizá algo reclamarían... pero no, era un grupo de turistas mexicanos escuchando a su guía de turistas. En la Ciudad de México un grupo de 35 personas ya puede desquiciar un tramo del Circuito Interior Bicentenario, o un grupo de 35 vecinos de la colonia El Periodista ya puede cerrar la lateral del Periférico Norte. Aquí no, aquí un grupo de personas en una plaza, generalmente es turista.

Guanajuato es una Ciudad que se recorre a pie en su totalidad. Ni siquiera se necesita una bicicleta, por aquello de las escalerillas que suben y bajan de los callejones. Aquí existe una cultura extraordinaria del peatón, porque calculo fácilmente que más del 50% de su población debe ser peatón.

Guanajuato tiene un encanto maravilloso, un halo mágico, que no le pide nada a la megalópolis de la que vengo. Le faltan algunas cosas que yo considero vitales para vivir en una ciudad, pero le sobran muchas otras cosas que no hubiera considerado usuales en una vida cotidiana.

Alberga un corredor estatal de museos que tiene de todo, arte sacro, arte contemporáneo, arte del siglo XIX, arquitectura, fotografía, arte mesoamericano. Y entre todos ellos, tiene a la Alhóndiga de Granaditas, la que resguarda uno de los archivos más secretos y maravillosos que da cuenta de cincuenta años de historia política de México del siglo XX, vista a través de la vida de un servidor público guanajuatense.

Por eso estoy aquí, porque unos papeles de más de ochenta años me llamaron, por eso he estado obligada a eliminar mi estrés citadino en un 70%, y a aclarar mi mente en un cien.

Y como dicen, quien viene a trabajar a un Starbucks es porque no tiene oficina, porque tuvo una pelea en casa, o porque no encuentra un lugar más tranquilo para hacerlo. En este caso no tengo oficina, ni casa, mi cuarto de hotel tiene más cocina que mesa de trabajo, y en todos lados suenan más fuerte los mariachis que aquí.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Circuito Interior, Flores Magón y el coche azul.

En esta deslumbrante y soleada ciudad, llena de gente, llena de coches, llena de obras viales que no nos consta que vayan a funcionar, pocas veces se encuentran gestos de gentileza; o peor aún, pocas veces se encuentran cuando en medio de un congestionamiento terrible, los cláxons suenan al mismo tiempo, peleando por ganar cinco centímetros más de espacio.

Salí de casa de los ojos verdes en la mañana, era jueves, y como siempre, se me estaba haciendo tarde para llegar al primer seminario del día. Tomé Flores Magón rumbo a Eje 2 Norte Eulalia Guzmán, y por fin di vuelta a la izquierda en el Circuito Interior.

Ahí uno hace malabares, y un poco de magia, para poder incorporarse a carriles centrales, pero esta mañana, de marchas de protesta, de ipod cantando en mi oído izquierdo, de llamadas por el móvil que a veces ya no puedo responder, todo comenzó a complicarse un poquito más. De hecho es una vueltota la que se tiene que dar, para entroncar nuevamente en Flores Magón, la misma avenida de la que salí en la mañana, pero donde inicia, en sentido opuesto.

Así que justo cuando en la lateral del Circuito me estaba peleando mis cinco centímetros para no obstruir un paso de autos, cuando el semáforo se puso en rojo en el entronque (¡por fin!) con Flores Magón, los autos comenzaron a esquivarme con todo y refrescadas de madre y lo que ustedes se puedan imaginar, una mujer que manejaba un Jetta color azul marino, con placas del Distrito Federal 369MJS, se hizo para atrás, y con sus luces altas me hizo señas para que la siguiera en reversa, todo por ganar unos cuantos centímetros.

La mujer, insistentemente avanzó en reversa lo más que pudo, para que yo en mi Hans protector la siguiera, hasta dejar libre el paso. Me hizo la seña de pulgar hacia arriba. Dejé libre el paso el resto del tiempo en que el semáforo estuvo en rojo. Después, cuando fue nuestro turno de avanzar, ella, más hábil que yo, se adelantó entre los autos y la perdí de vista.

En la siguiente entrada a carriles centrales, como pude me metí. Les sonreí, chiflé y les aplaudí a las sobrecargos de Mexicana de Aviación que hacían protesta en los puentes peatonales. Los ojos verdes me llamaron por teléfono un par de veces más. Seguí el camino por Circuito Interior.

Luego de Calle 10 todo se mejora. La circulación va como siempre debe ir, fluida y constante. Metí cuarta como si Hans fuera un auto de carreras. Me quité el ipod. Sonreí. Llegué al seminario en punto, justo cuando el ponente comenzaba a charlar.

Más tarde, cuando todo el morning rush había pasado, me acordé de la mujer del coche azul. Y yo, siempre tan solidaria con mi género, pero pocas veces correspondida por mi mismo género, me puse feliz de acordarme que una chica en un coche azul, me ayudó en medio del pinche tránsito de esta histérica ciudad.

lunes, 31 de mayo de 2010

Estimado Jorge F. Hernández:

No hay nostalgia peor, que añorar lo que nunca jamás sucedió.
Joaquín Sabina, Con la frente marchita.


El 28 de febrero pasado, fui a la Feria del Libro del Palacio de Minería con uno de mis amigos más entrañables, el Presidente de la Nueva República de Babel. Recorrimos todo el recinto, toda la fiesta en su esplendor, escuchamos a algunos autores, participamos en lo que más pudimos, y entre todo eso, mi amigo -que te conoce de hace algún tiempo- nos presentó.

La presentación de tu libro Réquiem por un Ángel fue maravillosa. Al terminar, nos acercamos a saludarte, donde nos introdujo y me firmaste tu libro La Emperatriz de Lavapiés -que mi amigo acababa de regalarme- con la dedicatoria: "Para Mariposa Tecknicolor, Emperatriz de Satélite".

Y así, al ponerme al corriente de las lecturas que tengo pendientes, hace un par de días comencé a leerte. Estoy maravillada con la narración que haces en primera y en tercera persona. Estoy contenta de leer una historia que va y viene en una línea del tiempo que para mi es transparente, es efímera, pero también es la más real y tangible.

Ha habido frases que me han dejado muda, y otras que casi me han hecho llorar. Hasta el momento, tu libro me ha gustado mucho; y me siento ahorita a escribirte, para decirte que estoy contenta de haberte conocido y de que mi amigo me haya acercado a tu escritura.

Ya estaré aquí, en unos días o en algunas semanas, escribiendo de las emociones que me provoque esta historia maravillosa entre la Ciudad de México y Madrid.

No estoy segura si la historia verdaderamente será de amor o sólo de añoranza, de encuentros o desencuentros; no estoy segura si Pedro encontrará a Carmen, o sólo será feliz encontrándola a través de los recuerdos de su memoria, de repasar lo que no fue y de intentar vivirlo en un viaje interminable, infinito, perenne. Le deseo la mejor de las suertes. Le deseo que sea feliz.

Ya lo sabré, ya vendré a platicártelo.

Te saludo, desde la Ciudad de México,
Mariposa Tecknicolor.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Nada es parejo.

Ya sabes, ¿no? Que la violencia pasiva no se siente, se va metiendo poco a poco, se va viviendo poco a poco, de pronto no se sabe qué sucede, de pronto sólo nos damos cuenta que ahí está y que ha estado siempre.

A pesar de que no me gusta mucho opinar sobre política y tampoco me gusta declarar tendencias, a pesar de no ser militante en ningún partido político aún cuando estuve colaborando en uno de ellos hace algunos años, sé diferenciar cuando las instituciones hacen bien su trabajo o no.

La noche del viernes pasado fue "levantado" -como se dice-, uno de los políticos más emblemáticos de los últimos 30 años de mi país. No tengo tendencia política, repito, para mi todo es la misma revoltura que a veces no sirve para nada, pero sé reconocer cuáles son las enormes influencias de los personajes públicos de mi país, cuales son las imágenes que pesan y cuáles son las situaciones que más gravedad suponen.

Esto de que las personas desaparezcan así como así, que "se supone" que no se sepa nada, y que los medios de comunicación hagan con la información mediática lo que se les da la gana, me parece gravísimo y en cierta parte me hace enojar.

¿En qué momento el país llegó a este punto? Menuda pregunta, porque seguramente mi padre respondería que fue gracias a la hegemonía del mismo partido político en el país por más de 70 años, o al revés, algunos maestros míos de la Universidad dirían que fue gracias al cambio de tendencia política del gobierno, que no se supo manejar el centro como oposición o la oposición como partido en el poder.

No lo sé. Me da un poco de coraje que las instituciones no trabajen, que se llenen la boca con decir que este año hay mucho que celebrar, pero que haya regiones en México donde la gente sigue sin tener para comer, donde no hay empleo, es más, donde no hay varones porque todos se fueron a trabajar de lo que fuera a los states; me da coraje que miles de niños vivan con desnutrición, que miles de adolescentes no tengan asegurada la educación, que muchos jóvenes prefieran unirse al crimen organizado porque no tienen otra opción.

Es muy grave lo que sucede. Que el ejército tenga el mando en muchas cuestiones, pero que no sirva para nada. Que el crimen organizado y el narcotráfico sigan siendo ley en otras regiones, pero que a su manera, propicien que algunos sectores de la población tengan ingresos económicos. Es una gran ironía. Es muy grave que la gente siga muriendo en fuegos cruzados, que la gente siga desapareciendo para siempre, que no se sepa más donde hallarlos, que ni si quiera se sepa si son crímenes políticos, del narcotráfico, de la guerrilla o de la mafia.

Hace un par de semanas, Toya me llamó muy asustada pasadas las 23 horas. Le tocó ver cómo ejecutaron a un hombre sobre Paseo Tollocan casi esquina con Boulevard Aeropuerto. Se espantó horrores. No pudo dormir algunos días de acordarse cómo el tipo del suelo intentaba levantarse aún con los plomazos que ya había recibido; los sicarios lo pateaban, le disparaban, y luego lo remataron.

Toya no se acuerda bien cómo llegó a un sitio de taxis y luego a su casa. Estaba muy espantada. Tengo miedo de vivir así, de que mi país y mi colonia ahora sean así, me decía. Me da mucho miedo que ya nos haya llegado la violencia tan "así", continuaba con la voz entrecortada. En esos casos no sé cómo se consuela a quien se preocupa por el mundo en el que vivimos.

Estamos de la shit, es lo primero que se me viene a la mente.

No es por que sea quien es el que desapareció, sino porque la gente sigue desapareciendo. Nadie hace nada. La violencia está a la orden del día, los secuestros resultan normales, ahora ya es usual "torearse" las llamadas de extorsiones telefónicas y las autoridades se preocupan más por las personas "importantes" que desaparecen, que pueden pagar espectaculares donde se ofrecen los rescates y se avisan de los números telefónicos. ¿Y las desaparecidas anónimas? ¿Y los niños secuestrados o ausentes que no son hijos de políticos o de gente que sale en la televisión?

¿Por qué demonios nada es parejo?

¿A dónde va a parar la poca libertad que nos queda?

jueves, 13 de mayo de 2010

"Hemos ganado al gobierno mexicano, pero es triste"

La cita es un día frío y plomizo, en un restaurante decorado en blanco y negro, pero la conversación con Alba Cruz y Karla Michel Salas enseguida caldea el ambiente. Ambas rompen el hielo con una invitación al viaje, y al gusto: "Si vas a México no dejes de visitar Oaxaca, ni de probar el chocolate de agua con pan de yema. Es bien sabroso", se relamen las abogadas. La recomendación será la única nota amable de la charla.

Cruz (39 años) y Salas (29) se zambullen en ella sin reparar en la carta. Los camareros esperan a apuntar la comanda entre denuncias de violaciones de derechos humanos; sentencias -alguna histórica, como la que condena al Estado mexicano por los feminicidios de Ciudad Juárez-, y, como telón de fondo, los riesgos que corren en ese país los defensores de los derechos humanos.

Acaban de hablar de ello en la Fundación del Consejo General de la Abogacía Española, y ante la mesa no dejan de hacerlo a borbotones, como si en ello les fuera la vida, que les va, porque Salas trabaja en Ciudad Juárez, tristemente famosa por el exterminio de mujeres, y Cruz en Oaxaca, donde también "proliferan los desmanes", desde "el caso Oaxaca, violación en masa de garantías individuales por parte del gobernador de ese Estado, en 2006", explica Cruz, al ataque de un grupo armado a una caravana humanitaria, el pasado 27 de abril, días después de la entrevista.

El peligro que corren ha hecho a la Corte Interamericana de Derechos Humanos dictar medidas cautelares para protegerlas. "No más que un celular con un saldo de unos pocos euros que enseguida se acaba", explica Cruz, impotente. Las encargadas de la tutela son las autoridades mexicanas.

Pese a la exquisitez del menú, la comida es secundaria; Salas come como un pajarito y Cruz, con empeño. "Muchas violaciones de derechos humanos que denunciamos son cometidas por agentes del Estado, la mayor parte de las veces con total impunidad", dicen al alimón. "Los derechos se exigen ejerciéndolos", añade Cruz, y me pregunto, entre la carrillera de untuosa salsa de yuca y las tiernas habitas baby de las cocochas, si la frase no podría pronunciarse al revés. "La gente, al ejercer su ciudadanía, fortalece la democracia", responde, apuntando con el deseo a México. "Tenemos un país corrupto, pero no nos podemos quedar en la denuncia", sentencia Salas.

Sale a relucir el caso Campo Algodonero, por el que la Corte ha condenado a México a indemnizar a las familias de las víctimas de los feminicidios de Ciudad Juárez. "Nos satisface haber ganado una sentencia contra nuestro Gobierno, pero nos da mucha pena", cuenta Salas; "es una sensación ambivalente, de satisfacción, pero también de enorme tristeza al constatar la realidad, es decir, un sistema corrupto", añade.

"El Gobierno sigue diciendo que los feminicidios no son un problema porque la violencia está institucionalizada desde las estructuras del poder. Pero México es un Estado constituido, no es Haití ni el Sáhara... Falta voluntad política, pero ya existe una cierta conciencia ciudadana". Ni siquiera el postre, compartido, puede endulzar lo amargo de la charla.

lunes, 19 de abril de 2010

Dos mil diez

Harto de malvivir el siglo veinte
muere de mal de amores.


Y la mentira vale más que la verdad
y la verdad es un castillo de arena.

Y por las autopistas de la libertad,
nadie se atreve a conducir sin cadenas.

Ganas de..., Joaquín Sabina.

Estamos cayendo en la cuenta de que el 2010 es el peor año para ponerse a escribir una disertación sobre la Revolución Mexicana.

Tantos escritos, tantas miradas, tantas cosas que se quieren decir, tantas historias que ahora resulta que estuvieron "olvidadas", tanto que se pudo decir antes pero que hasta ahora se ha tomado en cuenta.

Todo agobia, se te viene encima.

De repente, resulta que todo mundo tiene la última palabra, la verdad absoluta; la mejor intepretación de lo que sucedió o de lo que debió haber sido. La mejor conclusión, el fechamiento correcto, lo que en verdad se supone que fue que pasó. Y la verdad, es que todavía no se sabe nada.

2010, a un siglo de que estalló la Revolución Mexicana. Año en el que cumpliré 27 años de vida. Año en el que por fin me puedo llamar licenciada. Buen año para iniciar un posgrado, para pensar en cambiar de Ciudad, de país o de color de piel. Pero no tan buen año para escribir sobre el movimiento social que traspasó fronteras, que ni siquiera el "gobierno federal" se atreve a fechar correctamente.

Año de buenas decisiones, de mejores hábitos, de buenaventura en los 365 días que lo llenan.

Meses de amor, de volverlo a intentar, de dejarme llevar, de llenar a otra persona, y de sentir como gota a gota está viniendo a llenarme a mi.

Año de pensar seriamente si hace falta o no, romper con todo lo anterior y volver a comenzar. Quizá -definitivamente-, sea tiempo para una nueva protesta que se vuelva revolucionaria.

sábado, 13 de marzo de 2010

Ciudad de papel

Subí a la habitación más alta, esa que está junto a la cocina. Estaba esperando que estuviera listo el té de hierbabuena. Comencé a mirar las paredes como si fueran piezas de una galería. La ventana estaba abierta, hace calor y por eso no me di cuenta, (¡hace tanto calor!). Me recargué en el marco de la ventana, intenté sacar la cabeza como acostumbraba hace muchísimos años, luego de la gran depresión.

Sólo saqué las manos y me llené de ella, de mi Ciudad, de la noche que vivo en ella. Sentí bonito, fue casi como alcanzarla con la punta de mis dedos. Me acordé de cómo eran los ruidos de la Ciudad de noche, cómo era dejar de escuchar a los grillos que se cuelan en mi habitación, y el asombro que me causaba cambiarlos por sonidos de ejes viales, de sirenas, de coches a toda velocidad.

Me acordé de cómo era vivir en Santa Margarita, en medio de Ángel Urraza y Eugenia, a una cuadra de Insurgentes. Me acordé de cómo era vivir con él. Me acordé de los cafés del Sanborn's que salía a comprar antes de dormir, de la farmacia San Borja; de salir a caminar hacia la barbacoa de Tlacoquemécatl, que comíamos para el desayuno, intercambiando nuestras prendas de ropa, usando sólo sus jeans, sus chanclas que me quedaban enormes, y una camiseta rinbros. Eso sucedía comúnmente, cuando se acababa la ropa limpia que yo tenía en donde él.

Me acordé de cuando él usaba mis camisetas camioneras, e intentaba ponerse mis calcetines. Volví a ver las alas en mi piel, su piel de leopardo, el libertador que carga en la espalda. Lo vi, y me sentí bien.

Me acordé de la mudanza hacia el Periférico Sur, a Tlalpan rozando Xochimilco. Me acordé de los gatos del departamento. Me acordé, y me puse feliz.

Recordé también que cuando se iba la luz, era suficiente correr el trozo de tela que usábamos como cortina, para iluminar la habitación completa. Era agradable saberse acompañado, con todo ese ruido y esas luces brillantes que venían del Periférico, aún cuando yo sabía que estando él conmigo, en esa situación estaba más sola que nunca.

Por mucho tiempo el departamento no tuvo cortinas, sólo las paredes blancas, un tapete peludo y dos sillones. No hacía falta nada más, aún cuando siempre me quejé de no tener base en la cama, ni mesa para sentarnos a cenar.

Era su casa, no la mía. Meses después esa realidad me abofeteó la cara.

Pero fue linda la Ciudad conmigo, y lo es ahora.

Extraño escuchar pasar los tráilers sobre Eje 6, los que hacían que los vidrios de la casa sonaran. Extraño que la luz del espectacular de frente al departamento no me dejara dormir, con sus luces brillantes prendidas toda la noche.

A veces extraño todo eso que tuvimos, que es también todo esto que tengo ahora, cuando saco la cabeza y las manos por la ventana de la casa.

Creo que no lo extraño a él, quizá extraño lo que la Ciudad nos regaló cuando estuvimos juntos.

Necesito manejar un poco más. A veces hasta extraño el Pedregal y sus alrededores, y comienzo a entender a mi hermana Cristina, cuando decía que extrañaba manejar de CU a Barranca del Muerto. Extraño Ciudad Universitaria de noche, atravesada por Insurgentes que se engalana por el edificio mural encendido y el estadio en forma de sombrero de charro, que parece que tiene lumbre por dentro.

Ciudad de locos, de los que se quieren hacer cuerdos pero no les sale. Ciudad de locos, de los que deberían poblar todo el mundo. Ciudad de dementes, como yo, de los que piensan con el corazón haciendo a un lado la razón. Ciudad de histeria colectiva, que ahora yo le llamo histeria histórica, cuando tuvieron a bien cambiarme el nombre a histérica histórica.

Ciudad de fantasmas, de esqueletos que vienen de noche a tentarme para regresar al mercado de Tizapán de San Ángel a comer tacos de cecina y tomar jugo de toronja recién exprimido; que me tientan para provocar un encuentro que no deberá suceder. Malditos fantasmas de muertos recuerdos.

Ciudad que debería tener más manicomios que cárceles. Por lo menos tendríamos más áreas de recreo, y quizá nos entenderíamos mejor.

Ciudad de especialistas, de investigadores, de científicos que saben todo pero que a veces no quieren a nadie.

Ciudad de realidad, de surrealismo, de ciencia ficción.

Ciudad de ti y de mi, cuando te miro sin que te des cuenta, mientras le das vuelta a esas páginas del libro que no puedes terminar, y te pasas los dedos por el pelo.

Ciudad tuya, que a veces me das permiso de que sea mía, de que seas mío, que quieres que yo sea tuya.

Ciudad que hizo encontrarnos, y que aún cuando me lo pediste "porque quieres que esté bien", me hará no mandarte nunca a la fregada.

Ciudad de besos. Ciudad de enfermedad. Ciudad de celos, con vestidos cortos y medias largas. Ciudad de noche, cuando tengo que llamarle a un taxi porque me siento mal. Ciudad de pantalones que no se planean, que no se deslizan, que no se encuentran más; que se usan con botas de agujetas.

Ciudad de papel. Mi Ciudad, que me permite escribir en ella.

sábado, 29 de agosto de 2009

Como el ave fénix

Hoy es mi cumpleaños número 26. Nací un 29 de agosto de 1983, a las 13 horas, en la Ciudad de México. Hoy, 26 años después, sigo viviendo en la zona metropolitana de la Ciudad de México. Lucho todos los días para convertirme en una historiadora de tiempo completo, y en lo que a mi respecta, también intento vivir en un mundo mejor. Estoy enamorada del amor aunque aún no se quede conmigo el amor de una pareja, pero en estos 26 años he vivido el amor de cerca de muchas maneras.

El 2009 cuando inició fue muy duro conmigo, ya que inició el segundo semestre del año parace que le ha bajado un poco. Muchas veces no sé de donde he sacado fuerza para superar los baches, que también se ensañaron conmigo hace algunos años. Sólo sé que soy resultado de las cosas no tan buenas, y de las excelentes que he tenido en la vida. Y con esa idea de bandera, me he preparado para hacerle de ave fénix y continuar el vuelo.

¿Karma? ¿Buena voluntad? ¿Buenos deseos? No sé cómo se le puede llamar, pero lo bueno que hacemos se nos regresa. Hace algunos cumpleaños, el presidente de la Nueva República de Babel escribió sobre mi que si en el diccionario hubiera un significado para mi nombre, ese sería constancia. Constancia y amistad, también lo dijo María. Amor, mucho amor diría yo. Entusiasmo, fuerza, optimismo. Como quiera que sea, habrá letras para rato.

De alguna u otra manera, todos hemos muerto o nos hemos ido, o hemos cambiado, o nuestras propias evoluciones nos han hecho mirarnos de otra forma. Por eso escogí los nombres que más me gustan, las cosas que más disfruto, las personas que me hacen bien. Mi nombre ha cambiado un par de veces, y también he renacido desde mis cenizas. (Del darkside, platico aparte).

Esta vez, las cenizas duraron un poco más de seis meses. Le hice de secretaria en un consultorio dermatológico y de analista de radio y televisión. Vaya que el camaleón a veces me queda corto. Lo perdí todo, y después, poco a poco, volví a sentir las manos llenas. Por algo quise ser mariposa, por algo me gustan las metamofosis. Vuelvo al escritorio de investigadora, vuelvo a hacerle de analista de radio de los años treinta, vuelvo al lugar que más me gusta visitar, a lo que más me gusta hacer. Los ciclos se cierran, pero hoy comienza un nuevo año para mi.

¿Y el amor? Aquí está, dentro de mi pecho, saliendo a cuenta gotas cada que mis dedos deletrean las palabras que se criban de mi cabeza. Ah, el otro amor... pues "las mejores cosas de la vida llegan para quien sabe esperar".

Y felicidades a mi madre, que hace 26 veranos me trajo acá.

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domingo, 17 de mayo de 2009

Cotidiana 5

Y si, le volví a sacar la lengua a los domingos.

No te lleves otra imagen mía. La gente tiende a pre juzgarme por el simple hecho de ser historiadora. La mayoría de las veces, prefiero que hablemos de otra cosa; del diario, de la radio, de los viajes y las anécdotas. No me gusta mucho hablar de Historia cuando recién conozco a alguien.

Hubiera querido saber más de ti, pero no me atreví a preguntar. Hubiera querido no haber hecho sentir mal a la chica, pero no puse suficiente atención. Hubiera querido que tu mano no soltara la mía nunca, aún cuando ambas tenían que tomar la palanca de velocidades de tu coche. Hubiera querido que la noche durara hasta el día siguiente.

Hoy envié por primera vez un oportuno que llegó de las agencias de noticias. Estoy aprendiendo el oficio completo. El oportuno fue muy importante, pero no pude evitar sentir un hueco en el pecho y comenzar a llorar; el oportuno era de que había muerto Mario Benedetti.

De todo lo que he leído de él, sus Cotidianas siempre me pusieron bien. La Cotidiana 5 me la sabía de memoria. En esos años, cuando más lo leí, me hacía muchísima falta hablar con Mauricio y seguí refugiándome con el Rey Sol. Cargaba los libros cotidianos en el bolso, dormía casi todo el día y mi pelo era una maraña enorme. Debuté como paciente de TOC con un toquesito de TA. Mis padres no lo supieron, pero Mauricio me exigió que se lo contara a alguien de mucha confianza, ése fue el Rey Sol y unos meses más tarde, se lo conté a mi hermano.

Entre Mauricio, el Rey Sol y Benedetti me regresaron las ganas de comer, de escribir y dejé de dormir.

Hoy el mundo perdió un poco de brillo. Hoy saqué el maxi abrigo y me envolví el cuello en una pañoleta con todo el final de mi pelo. Hoy tuve frío. El camino de regreso en Metrobús no estuvo tan mal. Tomé café, fumé, caminé la Ribera de San Cosme. Tenté un poquito al destino, pero no te volví a ver.

El domingo y yo no tenemos remedio. Aún cuando se ha vuelto uno de los días más productivos de la semana, me sigue constando trabajo caminar bajo el cielo de la Ciudad si es domingo. Algunas veces no sé por donde empezar de todas las cosas que han pasado en mi Ciudad y en la vidita paralela que tengo con ella.

Los domingos me siguen poniendo nostálgica y algunas veces -como hoy- me hacen sentir la mujer más sola del planeta.

Hubiera pedido tu número de teléfono. Te hubiera dado el mío. Por lo menos sabemos dónde vivimos cada quién.

Sigo pensando en ti y no sé cómo llamarte; no sé cómo referirme a ti y no puedo dejar de pensar en los vellitos de tu brazo derecho. Maldita sea. Bendita la Ciudad. No puedo recordar cuándo fue la última noche que fui tan feliz, no lo tengo registrado en la memoria. Las seis horas que conversamos me parecieron veinte minutos. No sé cuando te volveré a ver, y tampoco me consta que será pronto.

Te hubiera preguntado tu apellido. Ayer que me tomé un café con la chica, ella me lo dijo. Y me dijo otras cosas. Y yo le dije que el corazón me late fuertísimo cuando pienso en ti, y se me va el aire, y comienzo a sudar, y las mariposas me brincan en la panza y se me suben al pelo. Y comienzo a cantar y me pongo feliz y entonces es cuando la inspiración me brota por los poros de la piel y comienzo a escribir las cuartillas que faltan de mi capítulo pendiente.

Ella me dijo que nuestra química salía a borbotones. Y yo le confesé que justo cuando al día siguiente, vi la barra de chocolate dentro de mi bolso, la inspiración comenzó a brotarme por los poros de la piel.

Y sería maravilloso. Y también lo llevaré bien. Me doy por bien servida, pero también voy a tener fe. Y estoy segura de que te volveré a ver.

De todas las cosas que quisiera platicar contigo, te comparto de primera vez mi Cotidiana 5.

COTIDIANA 5
Mario Benedetti

Hay un día en que se nace
a la gloria y a la suerte
a la suerte y a la muerte
hay un día en que se nace

y en penumbra tan temprana
que no duele ni se nombra
la luz muere con la sombra
de la vida cotidiana

hay un sol que da sentido
a la gloria y a la suerte
a la suerte y a al muerte
hay un sol que da sentido

y en mitad de la mañana
abre rumbos y salidas
en las idas y venidas
de la vida cotidiana

hay un cielo que responde
a la gloria y a la suerte
a la suerte y a la muerte
hay un cielo que responde

y en la calma soberana
de un solemne mediodía
junta penas y alegría
de la vida cotidiana

hay un sueño que se acerca
a la gloria y a la suerte
a la suerte y a la muerte
hay un sueño que se acerca

y en la siesta y resolana
ponen lágrimas y besos
los convictos y confesos
de la vida cotidiana

hay crepúsculos que invocan
a la gloria y a la suerte
a la suerte y a la muerte
hay crepúsculos que invocan

y en la cumbre más lejana
el sol muere como un toro
con la sangre y con el oro
de la vida cotidiana

siempre hay una causa digna
de la gloria y de la suerte
de la suerte y de la muerte
siempre hay una causa digna

pero no es la lucha vana
de quien busca satanases
en las guerras y en las paces
de la vida cotidiana

hay por último un letargo
de la gloria y de la suerte
de la suerte y de la muerte
hay todo eso y sin embargo

en la noche veterana
del amor que es buena gente
va dejando la simiente
de otra vida cotidiana.

martes, 28 de abril de 2009

El pronóstico del clima

De las cosas más romáticas que me corresponde hacer, y que disfruto muchísimo, es dar el reporte del clima. Generalmente sale casi a las 17:40, luego del teaser que siempre estoy cazando para ser yo quien lo firme.

La primera vez que lo hice me gustó mucho. Fue darle un significado a cada uno de los climas y las regiones del país, o fue intentar dárselos a mis estados de ánimo, a mis recuerdos o a las partes de mi cuerpo. Así sé que siempre hace calor en el centro de mi país, que el sur se congela de frío y que vienen fuertes precipitaciones con tormentas eléctricas, como hace muchos meses no se esperaba, al norte de Mariposa Tecknicolor.

La Ciudad se derrite, hay temperaturas altísimas en casi todo México y poco a poquito se espera que comience a llover, sobre todo al centro del país.
Es lindo hacer el reporte del clima. Es bonito hablar de los centímetros cúbicos de precipitación y de la nubosidad o del cielo despejado.

Qué lindo es tener el cielo despejado. Qué lindo es cuando se tiene con quién compartirlo.
Siempre tengo con qué sorprenderme. También hoy tuve fe.

viernes, 24 de abril de 2009

Mi Ciudad está enferma

Ciudad de miedo, la fácil, la de los palacios, la de caos vial.
Ciudad de noche. Mi vida de día. Ciudad de recuerdos, los del centro de la ciudad.
Ciudad de secuestros, de amor, de carnes frías, ciudad de ejemplo.
Ciudad de conquista. Ciudad mestiza. Mi casa. Mi libertad.
Ciudad de progreso. Ciudad feliz. Ciudad de drama. Ciudad enferma. Enferma la ciudad.

El virus de la influenza del invierno pasado, no es el mismo que ahora está enfermando a los habitantes de la Ciudad de México y el área metropolitana. Resulta que éste se llama H1N1, es un virus de gripe porcina que mutó y "brincó" por así decirlo, al ser humano.
De entrada no me creí nada -nunca lo hago- de lo que salió en las noticias. Sin embargo, me correspondió poner atención y dediqué mucho tiempo cubriendo las declaraciones del presidente y los secretarios de salud federales, el estatal y el del distrito federal. Al parecer se les fue de las manos. Para este entonces, ya no hay vacunas; y aunque las hubiera, no serían eficientes para prevenir la enfermedad. Sólo quedan las medidas higiénicas que tenemos que tomar.

Está demás decirles que hay mucha paranoia. Tampoco se debe dar besito en el cachete ni saludar de mano. Todas las personas en el transporte público y en la calle en general, usan cubre bocas.

La Ciudad se respira diferente. Y no porque haya un virusillo por ahí brincando de saliva en saliva, sino porque hay poca gente fuera. Estarán cerrados los cines, los teatros, las bibliotecas yl los museos.

Yo deseo que esto termine y que por una sola vez en la historia, los encargados digan la verdad. Me la he pasado escuchando declaraciones aberrantes sobre comparaciones de la Constitución actual y de la del año 1857. De plano el secretario de gobernación cree que no sabemos nada; sé que no tenemos la obligación de saberlo todo, pero habemos personas que afirmamos que es una incongruencia hacer comparaciones de esa índole, sobre todo respecto a la defensa de la seguridad nacional cuando en este siglo, la seguridad se tambalea por otros intereses.

En fin. La Ciudad me gusta, me cae bien. Es mi Ciudad y quiero que se componga.

La ciudad donde vivo es el mapa de la soledad.
Al que llega le da un caramelo
con el veneno de la ansiedad,
La ciudad donde vivo es mi cárcel y mi libertad.


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miércoles, 18 de febrero de 2009

Píldora bendita

Ciudad de México. Para muchos, la ciudad más grande del mundo. Para algunos otros, la ciudad más grande de occidente. Para mí, la Ciudad donde nací, la capital de mi país, la capital de la intelectualidad de América Latina, el escenario de las historias de amor, Historia misma por excelencia.
Por donde le quiera ver, es una ciudad que te permite el cambio, comenzar de cero, hacerle de muchas cosas al mismo tiempo. Decía mi abuelita Tere que en México nadie se muere de hambre porque siempre sobra trabajo, el chiste es querer trabajar.
Ciudad -también- de caos vial, de secuestros, de contingencia ambiental y de marchas y de manifestaciones. Ciudad de vida nocturna y de vida ilícita. Ciudad de obras viales y de 7 km/h andando en coche -en promedio-. Ciudad con ciudades dentro.
Ciudad de metamorfosis y ¡qué suerte! porque me sale bien metamorfosear.

Ciudad sin memoria.
Dicen algunos historiadores y muchas personas que el pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla. Yo no sé qué tan cierto sea esto. Me inclino a pensar que el hecho de hacer nueva historia o de hacer progreso le corresponde a los protagonistas o al escritor de la historia, léase historiador. (Hace mucho que no me siento a hacer historiografía y mucho más que no escribo de ella, así que mejor aquí le paro). Y tampoco sé qué tan malo -o bueno- resulta borrar la memoria. Por diferentes circunstancias mi Ciudad ha vivido sin memoria, y algunas veces pienso que le ha resultado bien.

Ayer leí una noticia que se llama Una píldora puede borrar la memoria. Me acordé de que hace unos meses escribí una entrada que se llama Aspirinas para el desamor. Bueno pues no tan perdida estuve, ahora resulta que científicos de la Universidad de Ámsterdam han desarrollado un fármaco que puede bloquear los recuerdos que causan el estrés postraumático. Se creía, hace algunos años, que los recuerdos consolidados en la memoria no se podrían modificar. Bueno pues ahora se sabe que sí es posible "traslaparlos" o de plano hacer que la memoria no los vuelva a identificar.

Y mi cabeza sigue...
Si todo fuera como una píldora, carajo ya habría tomado el mundo entero: y hubiera probado muchos otros sabores.
La píldora borra memoria me hace reír, porque me hace pensar buenos finales. Supongo que si olvidara muchas de las cosas que no me ponen bien no sería la misma persona, también supongo que si la tuviera aquí enfrente lo pensaría dos veces antes de tomarla. Después de todo, la ansiedad no se ha acordado de mi desde hace mucho (y Clío tampoco).

viernes, 5 de diciembre de 2008

El taxi y yo

Hoy por la tarde fui a encontrarme con los ojos verdes para comer empanadas.

Para regresar, tenía que tomar un taxi porque mi coche se quedó afuera del garage ya que salí de casa hecha una loca para llegar a tiempo. El taxi que habitualmente pasa por mi tuvo que esperarme en la banqueta mientras yo buscaba mi zapato izquierdo.

Salí del bar "Muy" cerca de las veintiuna treinta. Hacía frío a pesar de mi gabardina. Estaba justo parada en la esquina de Río Guadalquivir y Río Lerma. Todos los taxis pasaban ocupados. Los ojos verdes se regresaron a su departamento, creo que un tanto ofendidos porque no los quise acompañar, y ahora tienen de tarea ponerse de buenas. Yo preferí regresar a mi casa, esta vez sin jugar a "Dos en la Ciudad".

Un auto encendió las intermitentes y se orilló a un lado mío. Abordé el taxi y casi de inmediato entablé una fascinante conversación con el chofer. De entrada me cayó bien notar que era educado, bienhablado y como de mi edad. Luego, me cayó mejor que me ofreciera una ruta alterna a las que yo le sugerí (Reforma-Fuente de petróleos-Periférico norte-salida Echegaray-casa Mariposa; o bien, Tíber-Río San Joaquín-Periférico norte-salida Echegaray-casa Mariposa) para que la tarifa me saliera más barata. Así, nos fuimos por Tíber para tomar Marina Nacional y luego atravesar calles y calles de la Delegación Azcapotzalco que no tengo ni idea de por dónde están. No me quedaba más que confiar en él y en su experiencia como chofer.

Dirás que estoy loca, pero me persiné. Ni modo, así es esto. Cuando no se puede confiar en las personas no queda más que tener un poco de fe en el cielo (hace dos noches tuve la sensación de que iba a morir y me puse las pulseras de santitos y de la virgencita de Guadalupe por si acaso. No tengo intención de ir al infierno más que cuando el invierno hace frío). Luego quizá, me daría cuenta que esta señal de la cruz sería una exageración: el chico terminó invitándome un cigarro y hablándome de "tu".

Y me enteré de que fue a la universidad, y de que vive por la ruta que usó para llevarme a casa, y también de que trabaja de día en un restaurante que está en Polanco. Sus padres viven en Satélite. Siempre estudió en colegio particular, es jefe de piso de este restaurante que se especializa en comida orgánica. Me quedé de a seis y me sentí afortunada de haberlo conocido. Me contó de su familia, del transporte de la zona metropolitana, de sus novias de preparatoria y de muchas otras anécdotas. Casi al llegar a mi casa comenzamos a hablar de política, me dijo que no había conocido a una mujer con mi postura ideológica; luego me preguntó a qué me dedico. Se lo confesé, casi como se confiezan los pecados. Me dijo, una vez más, que no había conocido nunca antes a una historiadora y que estaba congratulado. Me puso bien. Y terminó por caerme de maravilla. Éste chico y yo hubiéramos sido buenos amigos si nos hubiéramos conocido en un diferente y alterno pasado del micro presente que compartimos en la histeria de la vida de la Ciudad.

Muchas interrogantes aparecieron en mi cabeza. De entrada, me hubiera gustado saber por qué le es necesario tener dos trabajos que hacen que esté activo casi todo el día. Me dijo que el negocio de los taxis es de su papá y que ahora él tiene su propio coche que trabaja. Fue a la universidad y por eso tiene un trabajo estable, sin embargo, maneja su taxi de las 15 a las 23 horas. Me pareció demasiado y me brincó la situación porque, hacía media hora que yo había tomado naranjadas con un chico extranjero; atractivo como la droga misma; que trabaja de modelo con un salario que se cuenta en dólares y... estúpido como no he conocido a nadie en los últimos, digamos, ocho años. ¿Por qué mi país tiene que ser un país de contrastes?

Platiqué mejor con mi taxista que con los ojos verdes. El trayecto a mi casa lo pasé mejor que en los tres bares de la Cuauhtémoc. No sé, no sé. Me quedé con ganas de saber más y de perder menos el tiempo. ¿Qué me impulsó a ir a ver a este chico para hablar de depilación láser y planchas para pelo? En el remoto caso de que me interesaran esos temas, ¿qué no ha visto que soy feliz con mi pelo ensortijado y afeitándome las piernas? ¿Por qué un perfecto desconocido entendió mejor mis ideologías que un chico con el que he salido un par de meses? La ciudad necesita una limpia. Y el ranking debería incluir a los solteros idiotas junto con los tóxicos.

Casi nunca hablo del destino, es un tema del que no me atrevo hacer muchas aseveraciones. Sin embargo, en casos como este, es cuando la vida me escupe en la cara a través de él. No me gusta perder el tiempo. Bueno pues, ¡zim zam zum! me di cuenta de cuánto esfuerzo he hecho en vano con tipos que no tienen nada que ver. Y mira que me agrada que una persona luche por sí misma y se esfuerce por salir adelante. Me gusta que la vida me mande respuestas por medio de la vida de mi Ciudad.

También me queda claro que la química viaja en colectivo, y que el catch puede estar donde menos lo imagino. Yo te aseguro que si el chofer no hubiera sido casado...

viernes, 17 de octubre de 2008

Una vez, en la gran Ciudad...

Finalmente él dio con la manera de encantarla a ella. Treinta y seis años se fueron a la basura. Cuando el destino llama, nada se puede hacer.
"Quiero que me conquistes, yo sólo quiero que me consientan". Ella no tenía más que decir. En el fondo sabía que lo que buscaba era eso, estar con alguien que la pudiera hacer sentir bonita aunque sólo fuera dos veces por semana.

Una vez más la distancia de la gran Ciudad los separó. Pero qué va, más allá de la distancia física, las distancias intelectual, temporal y moral los podían hacer pedazos. Afortunadamente se compadecieron de ellos.

Veinte minutos si viajas por el segundo piso del periférico; siete ejes viales los cruzarás en nueve minutos en promedio. Y lo logró. Pudieron estar juntos.

Y nada. Qué más da si tienes compromiso. Me lo paso bien -pensó-. Él le contestó que le gusta la plata en sus manos, en sus dedos y en sus pies. Muere de ganas por verla, por estar con ella por primera vez. Una vez más el destino les hará una: no se podrán ver, no hay tiempo. La semana que entra si se portan bien...

Que lindas palabras. Pero todavía dudo que lo logren bien. Se necesita mucho más que "ganas" para estar con alguien en esta histérica Ciudad. (Quizá por eso me lleve bien con ella, yo soy una histérica también).

martes, 14 de octubre de 2008

Para Andrés Calamaro

Tengo cada insensatez, y me puedo equivocar
pero no me equivoqué contigo.
Tengo abierto el minibar y cerrado el corazón,
y sólo late, sólo late por los dos.

Gracias maestro. Traigo puesta una camiseta con tu imagen, y que por detrás, dice La lengua popular.

Me has hecho muy feliz y me sorprendió el repertorio. Como tu lo dijiste, debes venir a tocar una vez por semana. Como lo dijo mi hermana Cristina, yo también hubiera querido que comenzara el concierto y no se terminara nunca.

¿Sabes, Andrés? Quiero decirte algo para hacerte feliz: yo seré quien escribirá la historia de lo que pudo haber sido; puedes seguir tranquilo soñando despierto y soñando dormido.

Quiero decirte también, que mi coche lleva tu nombre en tu honor. Soy tu admiradora número 1.
Hace ya varias semanas que la ansiedad no me visita. Me encanta. Sin embargo, ayer por la noche, la ansiedad por verte llegó. Me sentí una mariposa en vuelo. Se me salieron las lágrimas y la música la sentí de los dedos de las manos hasta los pies. Mis manos esta vez cantaron. Mis pies no dejaron de bailar. Te sentí hasta en mi pelo.

¿Sabes? Mi corazón sigue cerrado, pero también mi minibar. El otro día latió completo, ya no en pedazos. Cuando lata una vez más como era costumbre, te lo diré. Gracias por hacerme ver ayer que sigue completo.

Viniste a cambiar mi vida. Viniste a cambiarme a mi. Gracias Andrés.

lunes, 29 de septiembre de 2008

Tal vez ya no tenga mucho que decir

"Mientras la estabilidad caracteriza a la máquina, el dinamismo caracteriza al organismo". Pero qué profundidad para irla leyendo en el vagón del metro. Una vez más doy gracias por vivir en una de las Ciudades más grandes del mundo. Cada viaje es una sorpresa diferente.

Las palabras -ya no digamos las de color rosa- se me están acabando. Cada día es más difícil continuar con esto. El tiempo me está alcanzando y de pronto todo se vuelve la peli de terror.

Ya le perdí el miedo a la página en blanco, ya investigué todo lo que tenía que ver, ya agoté las fuentes, ya perdí la cabeza...

Ahora también resulta que la gente cambia de puesto, los conocidos se van y los nuevos no saben dónde están los expedientes. Es una locura.
Woody Allen se hace presente. A lo largo de las 24 horas del día, me convierto en un personaje de uno de mis directores favoritos: o vivo un periodo de drama casi chusco, o tengo una crisis de terror. No seré más Melinda&Melinda, seré Mariposa&Mariposa. Todavía tengo ganas de reír.
Disculpe usted, mis chistes tan forzados.

Ya me voy a dormir.
(La redacción de informes me ponen mal).

jueves, 25 de septiembre de 2008

Llegó el otoño

...y con él, viejos recuerdos.

Tuve que sacar mi agenda del año 2004 para estar segura de qué día es tu cumpleaños y total que sí le atiné porque es hoy, ya decía yo que el día 25 me decía mucho más.

La ciudad está completamente empapada. Tengo frío. Necesito un abrazo.

Hace rato estaba pensando que tú no eres de los que pasan estos días solo, eso me intimida y no me siento con la confianza de llamarte por teléfono. Mejor así.

Este mismo día pero cuatro años atrás, escribí que quería que un hombre luchara por mi. Gracias a dios que fui una histérica histórica que escribió y guardó memoria de casi todas las cosas que sucedían a su alrededor, ahora puedo saber -pero aún no puedo recordar- que tu me respondiste que habías luchado por mi un año completo; estabas acongojado porque no lo habías logrado. Habías luchado por una chica que no pudiste lograr.
Que triste. (Ahora puedo tener una idea de cuánto me quisiste).

Creo que tengo frío desde hace cuatro años. Yo era muy chica y no podía comprender todo lo que pasaba por nuestras cabezas. Me da pena y siento miedo. Necesito un abrazo.

Hoy es el día del Rey Sol y ha estado nublado. La chamarra y las botas de agua me han acompañado todo el día desde que desperté. He tomado todo el café que debí tomar durante cuatro días. Quiero un pan de chocolate y cuando fui a comprarlo ya no había. Te debería cantar las mañanitas. Debería salir a la Ciudad con mi pelo alborotado y mi impermeable amarillo, tal vez así pudiera repeler la nostalgia de nuestro recuerdo.

Hoy estoy segura de que no quiero que luchen por mi. Antes no sabía lo que quería. Hoy es mejor así. Ya no tengo el corazón roto pero sigo teniendo frío.

(¿Me querrás todavía?)

domingo, 21 de septiembre de 2008

Un domingo más, un domingo menos

...en el que he decidido dejar de tirarme para que me levanten. Hoy me enteré de muchas cosas que siguieron en las sombras por algunos meses. Por su boca muere y mata el pez. El que busca, encuentra. Y yo encontré, ahora debo aceptar que estoy muriendo por la boca de otro.

Cuando todo terminó, el sabor que me quedó en la boca fue de decepción y de que había perdido. Hoy, retomé el tema en mi cabeza y otra vez me llegó la decepción, la incertidumbre y la nostalgia. Nada es lo que parece. Quizá debí comenzar el ranking de solteros tóxicos con su nombre. Ah, pero ahora se me ocurre que tal vez su ranking debiera ser "caballero-soytóxico y no lo puedo disimular". Risas. No hay nada más que hacer.
En vez de que me dé mucho coraje mi pasado, le he comenzado a sacar provecho a la situación y a lo -poco o mucho- que gané. Y puedo comenzar: mi biblioteca personal se hizo enorme, gané una amiga (y un arma contra él) para toda la vida, viajé mucho, comí delicioso, me bebí todo el tinto del mundo, comí todas las fiambres del continente, fui al cine hasta dos veces al día, escuché las temporadas completas de la OFUNAM en la Sala Nezahualcóyotl, conocí los lugares más lindos de mi Ciudad, estuve repleta flores, de joyas, de perfumes, de detalles. Fui Maja por tres años, la Luna también y la mujer más feliz de México. Aún así, el maltrato siempre imperaba en la conversación. Aprendí a ser feliz a medias, me daba mucho miedo volverme conformista. Espero que no haya sido así.
No siempre el oro brilló. Yo también tuve mi dark side. Paralelo a mi efímera felicidad, no me privé de las compañías que me hicieron sonreír dos veces. La entrañable amistad que tuve con el Rey Sol nunca la pude terminar, y por muchos meses me fui a refugiar a su departamento y a su cabeza, con su gato, en sus brazos. Otro tipo de flores adornaban mi mesa de trabajo y, sobre todo, el excesivo respeto, cariño y cuidado que me tuvo este hombre, me hacían ver radiante. Tiene unos modales tan exquisitos, que hasta los días después de las discusiones me llamaba por teléfono para saber cómo había dormido (ahora imagínense los días después del amor). No hacían falta las joyas, los perfumes y los detalles. Cuando esto sucedía, el cielo se abría e irradiabamos felicidad y complicidad. Luego podía venir el eclipse. (Sigo sonriendo cuando lo recuerdo).
San Román vino a salvarme de que me rapara la cabeza. El estrés que me producía mi trabajo en esos meses, hacían de mi un monstruo. Con él me refugié de la mentira que vivía con el primero. Rey Sol se fue. San Román se convirtió en mi confidente. Entonces bebí litros de café y me metí a hurtadillas al cine. He pasado días enteros en carcajadas.
Y bueno, que creo que no debo hablar ya de las furtivas salidas a comer, a cenar o a tomar una copa cuando se iba de viaje. De las breves compañías que tuve cuando me sentía muy sola. Las escapadas, las mentiras y las carcajadas. Benditas fotografías, me hacen recordar que yo también me esforzaba por ser feliz.

No estuvo tan mal. Después de tener el corazón roto por mucho tiempo, he podido hacer un balance. Confieso que me ha costado mucho trabajo confesar. Yo también jugué mis cartas y cambié de partenaire varias veces.
Ahora como ustedes saben, la vida y la Ciudad me han regalado bellísimas historias de casualidad. Los encuentros se han hecho presentes y me han hecho muy feliz. He entendido que las cosas suceden por una razón y que no todo es para siempre.
La velocidad con la que vivo ahora, me hace vivir varios géneros al día: el drama y el terror son los que generalmente imperan. Hoy, el domingo, me sirvió para aprender que los balances son buenos. No siempre tendré la compañía que solía tener, pero muchas nuevas personas y muy agradables han llegado a mi lado.

Creo que no estuvo tan mal -insisto-. Finalmente yo no perdí el estilo (he perdido muchas cosas, pero el estilo jamás), el que lo perdió fue él. Del millón y medio de maneras que existen para decir las cosas, él sólo se sabe las peores. Eso sí es una peli de terror.


Feliz -y optimista- inicio de semana.

lunes, 15 de septiembre de 2008

La moneda cae siempre como tiene que caer

Si desde el principio me di cuenta que el hombre era un loco... qué va, debí seguir mis instintos. El ranking de solteros tóxicos va en aumento. Me muero de risa de que estas cosas todavía sucedan. De cierto modo creo que es bueno, porque cuando esto se acabe, querrá decir que también la magia desaparecerá. Acá lo que cuenta es la sinceridad: esos solteros tóxicos todavía tienen una función, la de hacernos reír y gritarle al mundo que estamos vivas.

Malo sería, si esos fueran los hombres para toda la vida. Entonces sí comenzaría a preocuparme y gritaría otra vez "bienvenida ansiedad".

Lo bueno de estos encuentros citadinos, es que todavía se puede dar marcha atrás.
La ciudad es noble, ella también envejece. Y muchas veces, se siente como me siento yo: rodeada de multitudes, llena de mar de gente, y completamente sola.

Nada que se cruce, cambiará mi rumbo.
...si bajaba, sube y cambia tu mundo. Ver para creer. Los años todavía no se me vienen encima pero hoy siento que el tiempo ya me alcanzó.

domingo, 14 de septiembre de 2008

Y después del amor, nunca nada es igual

(de cualquier manera, el domingo fue benévolo conmigo).

Y si. Debo aceptar que estoy sorprendida porque no me ha vuelto la ansiedad. Tampoco siento un hueco en el pecho y el frío sólo me visita en las madrugadas. Y eso que ayer estuve a punto de llamarte por teléfono, pero me contuve. Tenía dos opciones: llamarte a ti o llamarle a tu madre. Ninguna de las dos es viable. Afortunadamente mi memoria no me traicionó, y pude recordar que trabajas de noche (o trabajabas, hasta donde yo supe).

He vivido muy rápido, ahora sé que para todos las cosas han sido así, hay quienes lo han sentido como un huracán y aún así, todos seguimos adelante.

Puede ser que ya no tenga tanto tiempo libre como antes. Ahora hasta pienso dos veces lo que tengo que pensar. Y también he aprendido que no debo pensar tanto lo que tengo que escribir. Y mi sorpresa viene porque las presencias han sido también fugaces, pero esta vez, no me he sentido del todo sola.

Sigo creyendo que los domingos son nocivos (hasta ahora). Sin embargo, también debo aceptar que hoy fue un domingo singular. El concierto de sinfónica estuvo excelente. Me hizo llorar varias veces, pero de emoción. El hueco del pecho se me llenó de alegría, por unas horas dejó de existir.

Eso también me gusta. Ya me curé de música clásica, de conciertos de sinfónica y de Ciudad Universitaria. Probablemente sería bueno que estuvieras leyendo esto, así tal vez me podrías decir si ya te curaste tu también. Pero qué va, en el fondo creo que tu nunca estuviste enfermo. A mi, muchas veces, me enferma el amor. Es muy cierto, después del amor nunca nada es igual.

He pasado más tiempo con mi familia y con mis amigos. Espero que se note que me he esforzado por que el domingo sea un día diferente. El ritual comienza desde el sábado por la tarde, cuando mentalizo que el día siguiente tiene que ser diferente. La noche, por sí sola, es mi amiga. Bendita noche, ¡me olvidé de todo ayer!

Todo empieza siempre una vez más.