viernes, 5 de diciembre de 2008

El taxi y yo

Hoy por la tarde fui a encontrarme con los ojos verdes para comer empanadas.

Para regresar, tenía que tomar un taxi porque mi coche se quedó afuera del garage ya que salí de casa hecha una loca para llegar a tiempo. El taxi que habitualmente pasa por mi tuvo que esperarme en la banqueta mientras yo buscaba mi zapato izquierdo.

Salí del bar "Muy" cerca de las veintiuna treinta. Hacía frío a pesar de mi gabardina. Estaba justo parada en la esquina de Río Guadalquivir y Río Lerma. Todos los taxis pasaban ocupados. Los ojos verdes se regresaron a su departamento, creo que un tanto ofendidos porque no los quise acompañar, y ahora tienen de tarea ponerse de buenas. Yo preferí regresar a mi casa, esta vez sin jugar a "Dos en la Ciudad".

Un auto encendió las intermitentes y se orilló a un lado mío. Abordé el taxi y casi de inmediato entablé una fascinante conversación con el chofer. De entrada me cayó bien notar que era educado, bienhablado y como de mi edad. Luego, me cayó mejor que me ofreciera una ruta alterna a las que yo le sugerí (Reforma-Fuente de petróleos-Periférico norte-salida Echegaray-casa Mariposa; o bien, Tíber-Río San Joaquín-Periférico norte-salida Echegaray-casa Mariposa) para que la tarifa me saliera más barata. Así, nos fuimos por Tíber para tomar Marina Nacional y luego atravesar calles y calles de la Delegación Azcapotzalco que no tengo ni idea de por dónde están. No me quedaba más que confiar en él y en su experiencia como chofer.

Dirás que estoy loca, pero me persiné. Ni modo, así es esto. Cuando no se puede confiar en las personas no queda más que tener un poco de fe en el cielo (hace dos noches tuve la sensación de que iba a morir y me puse las pulseras de santitos y de la virgencita de Guadalupe por si acaso. No tengo intención de ir al infierno más que cuando el invierno hace frío). Luego quizá, me daría cuenta que esta señal de la cruz sería una exageración: el chico terminó invitándome un cigarro y hablándome de "tu".

Y me enteré de que fue a la universidad, y de que vive por la ruta que usó para llevarme a casa, y también de que trabaja de día en un restaurante que está en Polanco. Sus padres viven en Satélite. Siempre estudió en colegio particular, es jefe de piso de este restaurante que se especializa en comida orgánica. Me quedé de a seis y me sentí afortunada de haberlo conocido. Me contó de su familia, del transporte de la zona metropolitana, de sus novias de preparatoria y de muchas otras anécdotas. Casi al llegar a mi casa comenzamos a hablar de política, me dijo que no había conocido a una mujer con mi postura ideológica; luego me preguntó a qué me dedico. Se lo confesé, casi como se confiezan los pecados. Me dijo, una vez más, que no había conocido nunca antes a una historiadora y que estaba congratulado. Me puso bien. Y terminó por caerme de maravilla. Éste chico y yo hubiéramos sido buenos amigos si nos hubiéramos conocido en un diferente y alterno pasado del micro presente que compartimos en la histeria de la vida de la Ciudad.

Muchas interrogantes aparecieron en mi cabeza. De entrada, me hubiera gustado saber por qué le es necesario tener dos trabajos que hacen que esté activo casi todo el día. Me dijo que el negocio de los taxis es de su papá y que ahora él tiene su propio coche que trabaja. Fue a la universidad y por eso tiene un trabajo estable, sin embargo, maneja su taxi de las 15 a las 23 horas. Me pareció demasiado y me brincó la situación porque, hacía media hora que yo había tomado naranjadas con un chico extranjero; atractivo como la droga misma; que trabaja de modelo con un salario que se cuenta en dólares y... estúpido como no he conocido a nadie en los últimos, digamos, ocho años. ¿Por qué mi país tiene que ser un país de contrastes?

Platiqué mejor con mi taxista que con los ojos verdes. El trayecto a mi casa lo pasé mejor que en los tres bares de la Cuauhtémoc. No sé, no sé. Me quedé con ganas de saber más y de perder menos el tiempo. ¿Qué me impulsó a ir a ver a este chico para hablar de depilación láser y planchas para pelo? En el remoto caso de que me interesaran esos temas, ¿qué no ha visto que soy feliz con mi pelo ensortijado y afeitándome las piernas? ¿Por qué un perfecto desconocido entendió mejor mis ideologías que un chico con el que he salido un par de meses? La ciudad necesita una limpia. Y el ranking debería incluir a los solteros idiotas junto con los tóxicos.

Casi nunca hablo del destino, es un tema del que no me atrevo hacer muchas aseveraciones. Sin embargo, en casos como este, es cuando la vida me escupe en la cara a través de él. No me gusta perder el tiempo. Bueno pues, ¡zim zam zum! me di cuenta de cuánto esfuerzo he hecho en vano con tipos que no tienen nada que ver. Y mira que me agrada que una persona luche por sí misma y se esfuerce por salir adelante. Me gusta que la vida me mande respuestas por medio de la vida de mi Ciudad.

También me queda claro que la química viaja en colectivo, y que el catch puede estar donde menos lo imagino. Yo te aseguro que si el chofer no hubiera sido casado...

1 comentario:

copo dijo...

Mariposa querida, que interesante entrada y todo el asunto de los contrastes...diria mas, pero, que te parece si comentamos esto junto a unas chelas en nuestra amada y caotica ciudad? Tengo las maletas hechas y estare aterrizando en el Benito Juarez en menos de 24 horas.
Besos!!!