Lo vió. De todos los encuentros de los que he sido testigo, éste fue muy peculiar. Ella iba acompañada de un hombre casi 40 años mayor; no sé si por eso atrajo las miradas del lugar, o si fue por que, de entrada, es una chica linda.
El Vip's estaba a reventar. Ella lo odia, siempre ha preferido los desayunos de Sanborn's. Como sea, esa mesa les tocó y quedaron, con otra mesa entre los dos, pero mirándose de frente. El Güero Melia no dejó de mirarla al mismo tiempo que hacía anotaciones en un papel, la miraba y volvía a escribirla.
A ella siempre le ha interesado no dejar de sonreír. Le fascinan los encuentros fortuitos. Y qué va, con esos ojazos negros casi siempre le toca torear más de un par de miradas ajenas. Este güero era diferente, simpático y medio barrigón. Interesante y atractivo. Ella, vamos, se pinta sola para provocar.
Los días pasaron y casi lo olvidó hasta que lo volvió a ver de frente entrando al edificio. "¿Qué pasó? ¡Pero si yo lo conozco! ¿Dónde lo vi?", se preguntó. Él le devolvió la sonrisa, fortuita como la primera vez. Y nada, que como ya te habrás imaginado, terminaron trabajando en el mismo lugar. Nunca se habían visto. Hay veces en que se vuelven a encontrar en el vestíbulo pero él no la vuelve a mirar. Tal parece que al saber que son vecinos de oficina él se ha sentido cohibido.
El edificio, frío y sombrío como Lecumberri, copia la figura de un cubo perfecto con la diferencia de tener un patio interior. A partir del primer piso, hacia arriba, las oficinas se ven entre sí a través de los ventanales que van a dar a dicho patio interior. El cubo, por así decirlo, está "hueco". La chica de los ojos negros y el güero Melia tienen las oficinas contra puestas, por lo que sólo se pueden ver a través del sucio cristal que mira al triste jardín de fierro.
Ella, como cualquier otra mujer, quisiera saber y tener más. Yo creo que no podrá y que no debería hacerse ninguna ilusión. Mañana será el brindis de fin de año y tiene la esperanza de coincidir con él, por lo menos, en el vestíbulo. Mejor sería que se siguieran viendo por el cristal, así ella no sabría si las sonrisas pertenecen a él o a un recuerdo de antes.
Algunas cosas son mejor de lejos que de cerca. A veces vale la pena decir que es una lástima que estés por acá.
La historia de por qué ella estaba en el Vip's acompañada de un hombre casi 40 años mayor no se me ha olvidado y, por cierto, muero por contártela. Dame un respiro.
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