viernes, 23 de diciembre de 2011
La CYB, antes de ser la B grande de México.
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Ciudad de México, DF, México
jueves, 15 de diciembre de 2011
Trece de aquí en adelante.
Me siento como si nunca fuera a volver a ser la persona que fui.
Y probablemente tenga razón. Claro, si fuese una persona que aprende de sus errores, para no volver a cometerlos, entonces no debiera volver a ser la misma persona. Entonces no debo comenzar a extrañar lo que fui, o a sentir que algo me hace falta.
Hace dos días que fui a reiterar mi declaración, poner al corriente a la autoridad y a dos charlas que me era obligado asistir. Lo que más me aterra es que durante las charlas, lo que me di cuenta fue que todo lo explicado parecía encajar perfectamente con la descripción de mi familia.
¿Somos en verdad resultado de los errores de nuestros padres, y de sus traumas?
¿Realmente nuestra personalidad está construida con patrones y conductas aprendidas desde el subconsciente?
Mariposa Esponja, me debería hacer llamar. Ojos abiertos, adiós párpados en mis oídos, que de aquí en adelante sólo trece semanas y nada más. Justo cuando más escéptica me he vuelto, debo entonces proponerme absorber y aprender todo lo que más pueda.
Me voy a reponer de esta.
Ciudad de México
Ciudad de México, DF, México
jueves, 8 de diciembre de 2011
viernes, 11 de noviembre de 2011
Soy yo
No sé que es peor
que me des consejos o me des razones.
Entonces no hables por mi,
yo solo hago música para camaleones.
Fito Páez, Música para camaleones.
¿En qué me he convertido? ¿Quién se supone que soy? El último año y medio me la he pasado haciendo todo lo que se supone que debo hacer, sin sentarme a pensar si era realmente lo que yo quería hacer.
He descuidado mi carrera, me he descuidado a mi misma, y metida en una obsesión frenética por sacar adelante mi relación, también me he olvidado de ella.
Sin un desempeño prometedor, sin marido, sin trabajo, sólo con un sueldo que llega mes a mes y que ni siquiera me he empeñado a desquitarlo... ya no sé exactamente quien soy.
Y me deprimo, ¿eh? Me deprimo muchísimo. De golpe y porrazo me he dado cuenta de que no he conseguido las cosas que me había propuesto. Me vi enfrascada de pronto en un juego de matrimonio, cuando nunca me propuse casarme; yo sólo quería un espacio para mi misma, poder compartir con el otro, seguir dedicándome a lo que por tantos años me dediqué... ¿Y ahora qué? ¿Cómo chingados voy a reparar todo el daño que me he hecho y que le he hecho a los que me rodean? ¿Cómo voy a recuperar o tratar de resarcir el tiempo perdido? ¿Cómo voy a enmendar tantas decisiones erradas?
Soy yo, carajo. La que me habla del otro lado del espejo, soy yo. Soy la que maneja a toda velocidad sobre un volkswagen negro, habitando la ciudad más histérica y más grande del mundo. Soy yo la que disfrutaba escuchar a Fito Páez por horas y horas, la que no dejaba de escribir aunque el sol se ocultara por mucho tiempo, la que no dejaba de vivir. Esa soy yo. Más vale que lo recuerde todos los días.
Ciudad de México
Ciudad de México, DF, México
jueves, 1 de septiembre de 2011
JURAMENTO DE AUTOESTIMA
Venga, reconócelo Mariposa Tecknicolor, eres lo mejor que hay en la tierra. Es verdad que a veces te deprimes y no quieres hacer nada porque todo te da flojera, pero el resto de las veces eres muy optimista, perfeccionista y dedicada. Nadie sabe investigar historia tan fregón como tu. Si ya lo dice tu madre: eres la mejor historiadora del mundo. Y lo dicen tus profesores: tienes mucho talento. Por eso, a partir de hoy vas a quererte por ser responsable, persistente e inteligente.
28 años
Quien es gavilán no chilla, ¡no se raje!
Gonzalo N. Santos, Memorias.
"No conocían el mar, y se les antojó más triste que en la tele; pájaros de Portugal, sin dirección, ni alpiste ni papeles..." La canción de Joaquín Sabina no se me sale de la cabeza. "Alumbraron el amanecer, muertos de frío..." Y lo que poco a poco comienza a salírseme de la cabeza, es la tristeza.
Esta semana he andado como literal zombie. Tuve una crisis muy fuerte el lunes en la mañana y el martes al mediodía. De hecho, puede ser que venga teniendo crisis desde hace algunos meses, pero no me había dado cuenta. He venido trabajando a marchas forzadas, durmiendo más de lo que debo cuando puedo y donde puedo. Manejando el auto como si él me manejara a mi. Me sentía muy mal, pero poco a poco he dejado de hacerlo. Hasta eso me da flojera.
No he puesto atención en todos los cambios que ha tenido la Ciudad. En los nuevos semáforos, las nuevas rutas; en las nuevas líneas de Metro y de Metrobús que le han venido a llenar las entrañas y la superficie. No he puesto atención en todos los cambios que ha tenido mi cuerpo. Unos de mis pantalones de mezclilla no me suben de la cadera, he ganado mucho peso. Mi mechón de canas se ha vuelto más blanco, más largo y comienza a salir en todas las fotos.
No he puesto atención en todo el tiempo que ha pasado desde la última vez que vi a mis amigos. Los extraño. Extraño a San Román, a la Diseñadora de Modas, al chico del traje azul, a Mafka, a Janis, a Madame Copo de Nieve y al chico más ocupado de la ciudad. Una de esas irremediables ganas de ponerme al corriente con dos de mis amigos, me trajo muchos problemas. Se me llenan los ojos de lágrimas tan sólo de recordar todas las cosas que pasaron después de esa merienda. Maldito sea el Sanborn's de Reforma y Manuel González. Maldito sea el centro de la Ciudad, sus putas avenidas, camellones, taxis, glorietas... maldito sea el trolebús que viaja sobre el Eje Central.
Y yo, quizá también deba estar maldita, romper todo lo que toque, desbartar todo lo que se me ponga en frente. En el fondo me siento bien porque sé que no hice nada malo. Todo ha sido una interpretación subjetiva de los hechos, de las cosas, de mis palabras y de mis letras. Si pudiera haberme colgado la letra A en el pecho luego de gritarme todo lo que me gritó, lo hubiera hecho. Con sinceridad sé que hubiera preferido que me diera una bofetada, en lugar de haberme acribillado con sus palabras, una y otra vez, una y otra vez, hasta que me hice chiquita.
Ahora, como si nada, sale a relucir un terapeuta ausente, que da paz, armonía, y que receta que "no se enganche" a las cosas que pasan y que le digo. "Terminamos, es mejor que terminemos", me dijo frente a la puerta del departamento, a obscuras, con una vela encendida. "Si habías tomado ya la decisión, pudiste decírmela", le contesté. Nada tiene sentido en este momento. Todo está turbio, nublado, entristecido por tanta falta de respeto en la que nos enganchamos él y yo, yo y él, los dos, como Dios nos dio a entender.
Que la terapia debe ser en pareja, o individual, bueno, individual obligatoria para uno, pero en pareja también obligatoria para los dos, entonces pues hay que tomar tres terapias, una individual, cada quien, y una en pareja, a ver si las cosas pueden solucionarse... "pues ya mejor arruga la hoja y tirala al bote de basura", me dijo mi madre ayer, haciendo referencia a lo que ella le dice a sus alumnos, cuando tienen la hoja de papel fabriano llena de rayas, marcas, borrones y borrones, que si aguantara un sólo borrón más, se rompería. Yo no sé si mi madre tiene razón, lo que sí se es que es vieja, y sabe dar un consejo. Tampoco sé si se debe retirar toda la apuesta, aún cuando se sabe que cuatro meses son los que se debe probar si un negocio funciona o no funciona, si hay ganancia o hay pérdida, si hay más de uno que de otro, si se continúa invirtiendo o si se retira el capital.
Yo no quise firmar ningún contrato. La boda que quería, la boda que tuve en mente, se desvaneció como cualquier otro plan de cualquier otro pinche domingo. Pasadas unas semanas ya no quise continuar los planes; cancelados los preparativos, para mí ya no había nada qué hacer. No firmé ningún papel, pero tenía toda mi voluntad puesta en este proyecto. Era un buen proyecto, de otra forma no hubiera dicho que sí.
Creo que una experiencia tan fuerte no se merece, no se gana, ni se planea. No sé si él se lo merezca, yo creo que no. Creo también que tampoco me lo merezco. Sólo nos merecemos ser felices, continuar un proyecto de respeto integral y único. ¿En qué momento las cosas cambiaron tanto? No lo sé.
Inseguridad, ansiedad, celos, vergüenza, envidia, egoísmo... amor, respeto, amistad, lealtad, fidelidad... Cuánto brinco estando el suelo tan parejo. Amor, amor, amor. ¿Qué tenía de malo que yo mencionara al Rey Sol durante mis pláticas? ¿Qué tenía de malo que viera a mi mejor amigo, San Román? ¿Qué tenía de malo que hablara con él por teléfono? ¿Qué tiene de malo que una se procure su propio fondo financiero para resolver algún inconveniente o alguna necesidad? A lo mejor todo, aunque yo pienso que nada.
El lunes cumplí 28 años, una noche antes el chico de los Ojos Verdes se fue de la casa. Y en realidad no sé por qué se fue, si iba a volver. Y no sé por qué se fue y volvió, si la que en verdad se va con un camión lleno de cosas y un gato en una jaula, soy yo.
sábado, 20 de agosto de 2011
Por amor, por voluntad...
Mi madre dice que cuando a los once años me fui a mi propia recámara en la casa, y que desde ahí tomé la costumbre de dormir en una cama matrimonial para mi sola, me emancipé para siempre... así, sin más, aprendí a ser libre y a dormir en calzones si así me placía; a no dar cuentas si quería dormir hasta tarde; a despertarme a mitad de la noche a abrir la ventana, tocar el móvil que pendía de la esquina de la habitación, y mirar la luz amarilla de la farola, mientras vaciaba mis palabras en cuadernos cosidos, sin decirle nada a nadie...
Hoy mi madre me recordó que desde hace mucho he disfrutado la soledad, y que debo estar orgullosa de que en este momento de mi vida, estoy cosechando lo que sembré hace varios años con mucho esfuerzo, y que finalmente mis metas están llegando a buen término.
Mi familia es como cualquier otra, atropellada, con un padre ausente que años después vino a hacerse el lugar más importante de mi corazón; con unos hermanos músicospoetasylocos; con una sobreprotección absurda; con una infancia feliz. Somos una familia real, con conflictos, con verdades, con razones y con franquezas. Con decenas de solteros tóxicos que desfilaban en el sofá blanco de mi mamá. Con muchos volkswagens en los que todos aprendimos a manejar.
Quizá sea por esta franqueza y por esta inestabilidad, que nos obligamos -o nos obligaron- a hacernos estables. Estables en la mediocridad, en el oficio sin profesión, en el rockandroll que ya no corresponde. Estables en la ideología, en la personalidad, en el conseguirlo todo, por el todo, con el todo. Estables como sibaritas, como dormir cada noche en el lugar maravilloso que hubiéramos encontrado. Estables como lo es la depresión de invierno, la de soledad.
Estables como perenne es el verde de las hojas a partir de la primavera. Estables como crónica se vuelve la tristeza, luego de muchos veranos sin que deje de salir el sol; como luego de toda la lluvia que se agalopa sobre las ventanas.
Estables e independientes, como si hubiésemos sabido desde chicos que eso nos iba a traer felicidad.
Nunca imaginé que en el momento en el que llegara la vida en pareja de a deveras, esa independencia y estabilidad se convirtieran en un factor de complicación entre un par de personas. Cuando uno está solo, son sólo unos problemas, una sola decisión, una sola respuesta; es el estado de confort más maravilloso que existe, puesto que no hay más que la personalidad propia, las ganas, la voluntad...
Aprendimos a ser leales como la amistad verdadera.
La amistad, como el amor -y en general todas las relaciones humanas-, es resultado de pura y simple voluntad. Uno es amigo de una persona con quien siente empatía, solidaridad, y con quien se crean lazos de cariño simple sin conveniencias, sin obligaciones. Somos amigos y pareja por voluntad, porque queremos estar allí, porque queremos seguir alimentando y cuidando una relación que igualmente alimenta y sana nuestros sentimientos y nuestra alma.
Yo quisiera de verdad, que el corazón nunca más se me rompiera. Que las personas que me han dicho sus votos de amor y de confianza, de amistad y de lealtad, no los rompan y se queden conmigo para siempre. Yo quisiera de verdad, tener todo el tiempo del mundo, y unos recursos inagotables, para estar para siempre con mis amigos, con mi gente, con mis Ojos Verdes. Pero eso no es posible. No se puede andar en la procesión y tocar las campanas, o chiflar y comer pinole.
Le decía hace unos días a los Ojos Verdes que uno no se une a otra persona a través de amenazas, de transacciones, favores u obligación. Yo estoy contigo porque te amo, le dije. Y yo estoy contigo porque me enamoré de ti, me contestó él.
¿Qué pasa entonces entre dos amigos que no tienen más algún canal de comunicación? Estoy, por ejemplo, con la diseñadora de modas, por cariño y solidaridad, complicidad y lealtad, respeto y voluntad; en las buenas y en las malas, en la salud y en la enfermedad; más allá de los solteros tóxicos y de los empleos de ensueño que nos hacen sentir las mujeres más importantes del mundo, y aún más allá de los periodos de desempleo que nos hagan sentir miserables. Estamos juntas a pesar de más de diez años de relación. Estamos porque queremos estar, y punto.
Creo firmemente que no se puede basar una relación en obligación, en el a fuerzas tengo que dormir contigo, o a fuerzas tengo que ir a verte para tomarme una copa contigo, "...pues ya qué". Tampoco en pedir perdón. No se puede basar una relación en pedir favores, en poner una pistola en la cabeza, o a través del intercambio de tiempo por dinero.
¿Cuál es el límite? ¿Cuánto se tolera regularmente una actitud agresiva proveniente de una amistad? ¿Hasta cuánto, de verdad, se cede con una amistad?
Para bien o para mal, mis padres me dieron tres hermanos mayores con quien aprendí qué significa la amistad, la lealtad y el amor. Ahora pues, puedo decirles a algunas personas que juro solemnemente serles fiel, y puedo también decirle a un hombre que me voy a dormir con él todas las noches porque así es mi voluntad, porque lo siente mi corazón.
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CENTRO HISTORICO A, DF, México
lunes, 1 de agosto de 2011
un JURAMENTO DE AUTOESTIMA muy especial
"Tienes todo para ser una magnífica historiadora: inteligencia, talento y buena pluma." Y no lo dije yo, ni lo pensé, simplemente me lo dijo hoy un profesor cerca del mediodía. Lo que yo hice fue llorar todo el fin de semana. Estas palabras me recordaron que existen motivos para seguir luchando por cumplir mis metas.
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jueves, 21 de julio de 2011
Jardín de la Unión s/n
Estoy en mi estudio provisional del Jardín de la Unión s/n, donde además de que me puedo tomar un venti light sin espuma latte y comer un sandwich de pavo, puedo trabajar en silencio y ponerme a escribir con tranquilidad, de vez en vez se escuchan los mariachis que tocan en el jardín. Las campanadas de la catedral también se escuchan hasta acá, y entonces me siento fuera, aún cuando estoy en una de las tiendas más bonitas que he conocido de esta cadena, que me hace sentir como si estuviera en la de mi casa, la de las Embassy Suites del Hilton de la Glorieta Colón en la Ciudad de México.
En Guanajuato no se venden revistas de moda en los puestos de periódicos. No hay Vogue, ni Glamour, Elle, y ni pensar en la edición española de bolsillo de la Glamour. Guanajuato no tiene Sanborn's, Walmart, ni restaurantes de sushi. En Guanajuato no llueve, y las calles son tan irregulares, llenas de callejones empedrados y de escalerillas que vienen y van, que no se puede usar zapatos de tacón. En Guanajuato no está bien visto salir con minifalda, shorts o sandalias de tacón que enseñan los dedos de los pies.
En todos los restaurantes de Guanajuato sirven una salsa que se llama "chimichurri", que tiene de chimichurri lo que yo tengo de modelo AAA; de hecho no tiene ni siquiera un poco de perejil, ya no digamos aceite de olivo y ni pensar en que le agreguen un poco de albahaca. Este "chimi made in guanajuato" es a base de mayonesa, chile de árbol, ajo, cebolla y vinagre. Mmm no voy a decir "argh" porque en realidad no sabe nada mal, en los sándwiches o en las hamburguesas cae muy bien, sobre la pizza también; pero no tiene ni siquiera la "ch" del chimichurri original.
En Guanajuato el transporte colectivo funciona perfectamente, con horarios y todo, con asientos vacíos y los choferes ceden el paso a los pateones. En Guanajuato no hay basura en las calles. Guanajuato tiene el 70% de sus edificios en una clasificación que se llama "inmueble catalogado", lo que le permite seguir siendo Patrimonio Cultural de la Humanidad ante la Unesco.
Guanajuato no tiene McDonald's en la zona turística, pero todas, absolutamente todas las farolas de la ciudad funcionan y la iluminan maravillosamente todas las noches.
Guanajuato no tiene smog, no tiene caos vial, estrés del conductor, manifestaciones, marchas, zócalo con campamentos del SME, y afortunadamente no hay bloqueo de calles. Ayer salí de un café en la plazuela del Baratillo y me espanté al ver a un grupo de personas de pie, atentas, escuchando a una persona que les hablaba de frente, todos serios, levantando la mano, eran muchos, cerca de 35 personas, pensé que quizá algo reclamarían... pero no, era un grupo de turistas mexicanos escuchando a su guía de turistas. En la Ciudad de México un grupo de 35 personas ya puede desquiciar un tramo del Circuito Interior Bicentenario, o un grupo de 35 vecinos de la colonia El Periodista ya puede cerrar la lateral del Periférico Norte. Aquí no, aquí un grupo de personas en una plaza, generalmente es turista.
Guanajuato es una Ciudad que se recorre a pie en su totalidad. Ni siquiera se necesita una bicicleta, por aquello de las escalerillas que suben y bajan de los callejones. Aquí existe una cultura extraordinaria del peatón, porque calculo fácilmente que más del 50% de su población debe ser peatón.
Guanajuato tiene un encanto maravilloso, un halo mágico, que no le pide nada a la megalópolis de la que vengo. Le faltan algunas cosas que yo considero vitales para vivir en una ciudad, pero le sobran muchas otras cosas que no hubiera considerado usuales en una vida cotidiana.
Alberga un corredor estatal de museos que tiene de todo, arte sacro, arte contemporáneo, arte del siglo XIX, arquitectura, fotografía, arte mesoamericano. Y entre todos ellos, tiene a la Alhóndiga de Granaditas, la que resguarda uno de los archivos más secretos y maravillosos que da cuenta de cincuenta años de historia política de México del siglo XX, vista a través de la vida de un servidor público guanajuatense.
Por eso estoy aquí, porque unos papeles de más de ochenta años me llamaron, por eso he estado obligada a eliminar mi estrés citadino en un 70%, y a aclarar mi mente en un cien.
Y como dicen, quien viene a trabajar a un Starbucks es porque no tiene oficina, porque tuvo una pelea en casa, o porque no encuentra un lugar más tranquilo para hacerlo. En este caso no tengo oficina, ni casa, mi cuarto de hotel tiene más cocina que mesa de trabajo, y en todos lados suenan más fuerte los mariachis que aquí.
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miércoles, 6 de julio de 2011
Yo gané
Sólo tenías que darme tiempo y tenerme paciencia, yo iba a crecer sola, a mi ritmo, e iba a llegar a ser quien ahora soy.
Te extraño, te extraño mucho más de lo que me imaginé. Pero en días como hoy, en los que pendientes estúpidos que mi memoria no se dio el lujo de albergar, y que por necesidad hacen que tengamos que entablar conversación, me acuerdo de por qué no pudimos ser pareja. Y se me hace un nudo en la garganta de escuchar cómo me hablas y lo descortés que te has vuelto cuando hablas conmigo.
Te extraño, te extraño mucho más de lo que me imaginé. Pero en días como hoy, en los que pendientes estúpidos que mi memoria no se dio el lujo de albergar, y que por necesidad hacen que tengamos que entablar conversación, me acuerdo de por qué no pudimos ser pareja. Y se me hace un nudo en la garganta de escuchar cómo me hablas y lo descortés que te has vuelto cuando hablas conmigo.
Eramos un buen equipo, pero siempre me exigiste mucho. Y no me quejo, fui muy feliz, siempre intenté hacer lo que se necesitaba hacer para salir contigo, aunque nunca me hubieras presentado a tus amigos, aunque sólo haya visto a tu madre una vez, aunque fuera la noviecita escondida, la muñequita en una caja de cristal que se cuida, para que nadie la vea, para que nadie sepa que ahí está.
Pero a cambio, fuiste todo lo que se puede esperar de una cita, de un chico, aunque no te hayas comprometido conmigo. Me apoyaste como nadie nunca me apoyó. Me ayudaste hasta las últimas consecuencias. Y ahora, cada que coincidimos en la misma banqueta, o que por necesidad tenemos que hablar sobre los pendientes que quedaron, me hablas como si fuéramos una de esas parejas que luego de un monstruoso divorcio tienen que coincidir sentados en la misma mesa. Te diriges peor que si yo fuera una persona desconocida.
Mi vida ha cambiado tanto, que de no ser por estos recuerdos que tengo contigo casi no creería los últimos ocho años. No puedo decir si mi vida es más fácil o más difícil, porque creo que eso es relativo. Pero estoy tranquila. A veces quisiera tomar arrebatadamente el móvil como lo hice por mucho tiempo, para llamarte y contarte las cosas maravillosas que ahora sé, que estoy segura de que sólo tu valorarías. A veces quisiera enviarte un mensaje para decirte que necesito ir a tomar el desayuno contigo, o a irme a dormir contigo en las mañanas, porque necesito platicar con alguien como lo hacíamos en la mesa de algún restaurante con tu computadora y mis periódicos color de rosa.
Pero entonces recuerdo que tu corazón otra vez está cerrado por completo, vamos de vuelta a la hielera. Entonces soy yo la que pincha en hueso.
Ya no soy la chica de diecinueve años que quería comerse el mundo a mordidas. Necesitaban pasar ocho largos años para que yo pudiera tomar las decisiones que ahora tomo, y afrontar mi vida como ahora la afronto. No siempre iba a ser insegura y sentimental. Ojalá hubiéramos pensado en esa posibilidad, y más aun, ojalá la hubiéramos considerado.
Ahora duermo todas las noches con un chico que así como me hace reír y me hace sentir querida, algunas veces me hace explotar porque pierdo la paciencia. Cocino y bebo café con alguien que nunca imaginé. Hoy no lo espero, porque él me llama antes de que yo vaya a tomar la segunda taza de café en el Instituto. Hoy no batallo por que me diga que me ama. No reniego porque me deja escoger el menú, y porque soy yo la que elige qué se comerá el resto de la semana. Hoy no lavo los trastes, porque él lo hace luego de que yo cocino durante toda la tarde.
Hoy te sigo extrañando, sí. Pero me doy cuenta de que no debía esperarte.
Yo gané querido, te extraño con todas mis fuerzas, pero yo gané.
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martes, 21 de junio de 2011
En la mitad del mundo
Mi sueño, desde la humildad de mi Patria morena, es ver un país sin miseria, sin niños en la calle, una Patria sin opulencia, pero digna y feliz. Una Patria amiga, repartida entre todos y todas.
Ahora, con el corazón les repito: jamás defraudaré a mis compatriotas, y consagraré todo mi esfuerzo, con la ayuda de Dios y bajo las sombras libertarias de Bolívar y de Alfaro, a luchar por mi país, por esta Patria justa, altiva y soberana, que todos soñamos y que todos merecemos.
DIOS BENDIGA AL PUEBLO ECUATORIANO
Quito, 15 de enero de 2007.
Fragmento.
Ciudad de México
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lunes, 20 de junio de 2011
The dragon lady
All you need is love.
The Beatles.
Se sentó a mi lado, y pude observar detenidamente su manos, el reloj en la muñeca izquierda que nunca aparece, y los lunares que intenta ocultar bajo los gruesos vellos de sus brazos. Definitivamente hoy venía de buenas, sonrió varias veces, hizo bromas, nos permitió hablar, a mi y a mis colegas.Es una mujer extraña, nada fea, nada desagradable a la vista, pero con una actitud tan fuera de lugar, que algunas veces resulta atemorizante.
La primera de todas, me quedé seria frente a la blancura de su piel, los labios que las más de las veces aparecen muy rojos, las cejas pobladas, el cabello fino y ondulado color café. Me sorprendió que una mujer de su edad pudiera saber tanto, y al mismo tiempo, tener un carácter muy parecido al de un viejo: fuerte, claridoso, ácido, tajante. No es común saber mujeres como ella, no es desagradable, hasta que, claro, te arrolla con una de sus frases cínicas, irónicas, sarcásticas, con un desprecio que podría derretir hasta el más frío de los témpanos de hielo.
No había conocido a alguien como ella. No me había enfrentado nunca, a alguien como ella. Y nunca imaginé, ni en el más pesimista de mis pensamientos, que alguna vez tuviera que coincidir con alguien que poseyera esa personalidad.
En este momento estoy intentando continuar un trabajo que tiene que estar listo en tres días y unas horas. Un trabajo que aunque es corto, ha implicado mucho más esfuerzo que el de mi propia investigación personal. No es el contenido, no es la metodología, es el hecho de que esta vez el lector será imposible, como una roca, dificil de convencer. Es como si quisiera estar vendiendo un producto a alguien que ni siquiera comprende para qué sirve. Once hojas nada más, y estaré del otro lado.
No sé qué clase de karma se está pagando, o estoy pagando yo, para haberme encontrado a una persona como ella en mi camino. Pienso que en las circunstancias en las que se encuentra el mundo, y específicamente mi país, el hecho de que una persona tenga una vida encaminada a la educación profesional, con un trabajo seguro, bien pagado, que se supone es lo que desea hacer para el resto de su vida, y que le apasiona, es un lujo que no tiene precio. Si esta persona tiene eso, un grado académico mayor al de la población promedio, un trabajo bien pagado, seguro y apasionante, una casa propia, un pareja, y además, personas que le reconocen el trabajo que realiza, ¿por qué no puede ser feliz?
The dragon lady es hermosa, tiene la piel color marfil, no tiene canas pese a sus casi 50 años de vida, escribe maravillosamente, tiene una trayectoria envidiable... ¿por qué no puede amar a los unos y a los otros? ¿Por qué no respeta las posturas ideológicas distintas a la suya? ¿Por qué no respeta [y punto]?
Y claro, ¿en qué cabeza pudo caber que yo con mis tacones de 13 centímetros, mis vestidos de vuelo y mi anillito de compromiso iba a encajar con una mujer como ella? Por dios, ¡yo uso foulard! Mi vudú pinchó en hueso. The lady debe tener una función estratégica y niveladora en la academia, en mi trayectoria, o por lo menos, en la forma de hacer historia.
Y yo, debo tener un as bajo la manga.
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miércoles, 15 de junio de 2011
De hombres, calores y minifaldas.
Ciudad de México. 32° C, sensación de 34° C. Primavera a punto de que llegue el verano. No sé por qué causa tanto revuelo una minifalda.
Ni siquiera es tan corta. No lo pensé dos veces, y esta mañana al salir de la ducha pensé "calor, tengo tanto calor", que me decidí por usar una mini de mezclilla con botas largas y una camiseta color gris.
No sé por qué tanto alboroto por una falda corta. Los gritos y chiflidos de los hombres, las palabrotas, las miradas, los piropos (por qué no), que más que ofenderme me hacen pensar cosa raras y deprimentes sobre su género. Que son animales, no racionales, absolutamente maleables y presas fáciles de mujeres que tienen el poder, como yo.
Son dos cosas, solo pienso dos cosas. O efectivamente son animales, o ya no hay buen sexo en esta ciudad.
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miércoles, 8 de junio de 2011
Con soda, por favor
Nunca antes una copa de whisky me había sabido tan bien.
Una charla amable, mucho trabajo que se viene. Cosas por tomar en cuenta, escritos pendientes.
Una charla amable, mucho trabajo que se viene. Cosas por tomar en cuenta, escritos pendientes.
Manejé de Patriotismo hasta Eje 6, tomé Gabriel Mancera, después Concepción. Diagonal de San Antonio me llevó al Eje Central y pude llegar a mi departamento directa a quitarme la ropa, las botas, a ponerme completamente cómoda.
La Ciudad vuelve a guiñarme un ojo, a ser lo que éramos juntas sin la gran pelea, sin los ojos con lágrimas, sin las noches en vela.
Hoy me puse un tankdress completamente veraniego. La sonrisa no la pude esconder. Es imposible no sonreír cuando se trae puesto uno de estos. La sonrisa es parte del outfit.
La Ciudad vuelve a guiñarme un ojo, a ser lo que éramos juntas sin la gran pelea, sin los ojos con lágrimas, sin las noches en vela.
Hoy me puse un tankdress completamente veraniego. La sonrisa no la pude esconder. Es imposible no sonreír cuando se trae puesto uno de estos. La sonrisa es parte del outfit.
Nunca antes había sido tan importante que felicitaran mi prosa. Estoy muy contenta.
Esta vez el whisky va con soda, por favor.
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viernes, 20 de mayo de 2011
El fin de una era.
No lloré, sorpresivamente no lloré; sólo sentí un nudo en el estómago y mariposas en la panza cerca de doce horas. Luego, una despedida muy breve, palabras que no se dicen, actitudes que se interpretan. Una vida que cabe en 34 cajas, una casa que cabe en un camión, una responsabilidad que cabe en una jaula, y un Starbucks que se pide para llevar.
Luego de la parada técnica, debido a una lavadora que me hará sentir como robotina, la Ciudad de México me dio la bienvenida por el Eje 3 Norte. Entre el volumen que cargábamos, la jaula sobre mis rodillas y la mano de mis ojos verdes que me apretaba muy fuerte, parece que el tiempo nunca pasó, y parece como si hubiera sido un sueño en el que de pronto se despierta para convertirse en lo que se vive.
Del café por la mañana, en el que solíamos hablar de Alfredo Domínguez Muro, sólo quedará escucharlo cada quien es su cada radio. De los aventones en el deportivo azul, sólo quedará el asiento vacío del copiloto, y seguiré manejando a Hans en solitario. La distancia y el congestionamiento, hacen más grande a esta ciudad; ahora sí se nota que yo vivía en el área metropolitana.
Ciudad de rímel pegado en las pestañas, de plantón sobre Bucareli que me hace pensar cada vez más en ti, en mi, en lo que teníamos. En esas partes de la Ciudad que sabemos que están ahí, pero que nunca las hemos recorrido juntos.
De pronto hoy me di cuenta, al verme reflejada en la puerta de este café entre Patriotismo y Revolución, con mis botas vaqueras, mis jeans anchos y mi camiseta que dice Rock! Fullfill the dream!, que eso con lo que tanto soñé de niña, lo veo tangible sobre mi cuerpo, debajo de mi cabello, detrás de mis ojos, a través de mis manos. Espero que tú te sientas tan feliz y orgulloso por mi, como yo lo estoy de mi y de ti, y de nosotros juntos.
Poco a poco fuimos comprendiendo que esto iba a pasar, que era inminente que nos separáramos. Esta despedida se alargó casi tres años, si no es que más. Y mírame ahora: estudiando en la institución que siempre soñé, valiéndome por mí misma, asumiendo mis responsabilidades y tomando mis decisiones. El tiempo pasa, las cosas tenían que fluir, todo siempre pasa.
Esta es una Ciudad nueva, vieja pero nueva, linda e iluminada para mi. Es el principio de muchas cosas, que de pronto son como bocados dulces sobre mi lengua. Un nuevo proceso, junto con un nuevo corte de cabello.
Es el fin de una era papá, de la era de mis depresiones y ansiedades, de mis tristezas y angustias, de mis pésimas decisiones; el fin de la era de los solteros tóxicos, de las vidas perdidas, de los coches que no sirven, de las familias que no están unidas. El fin de la era de los amantes que no llegan, de las personas que se van, de las pastillas que nunca se acaban, del cuerpo bajo de peso, de los zapatos que no me quedan más.
Es la era de la ciudad conmigo, ella en mi y yo en ella. Es el fin de nuestra era de confidentes y mejores amigos, pero ahora tu puedes vernos, y ser feliz con nosotros.
Es el momento en el que, aún con todo este cambio, me siento absolutamente feliz.
Luego de la parada técnica, debido a una lavadora que me hará sentir como robotina, la Ciudad de México me dio la bienvenida por el Eje 3 Norte. Entre el volumen que cargábamos, la jaula sobre mis rodillas y la mano de mis ojos verdes que me apretaba muy fuerte, parece que el tiempo nunca pasó, y parece como si hubiera sido un sueño en el que de pronto se despierta para convertirse en lo que se vive.
Del café por la mañana, en el que solíamos hablar de Alfredo Domínguez Muro, sólo quedará escucharlo cada quien es su cada radio. De los aventones en el deportivo azul, sólo quedará el asiento vacío del copiloto, y seguiré manejando a Hans en solitario. La distancia y el congestionamiento, hacen más grande a esta ciudad; ahora sí se nota que yo vivía en el área metropolitana.
Ciudad de rímel pegado en las pestañas, de plantón sobre Bucareli que me hace pensar cada vez más en ti, en mi, en lo que teníamos. En esas partes de la Ciudad que sabemos que están ahí, pero que nunca las hemos recorrido juntos.
De pronto hoy me di cuenta, al verme reflejada en la puerta de este café entre Patriotismo y Revolución, con mis botas vaqueras, mis jeans anchos y mi camiseta que dice Rock! Fullfill the dream!, que eso con lo que tanto soñé de niña, lo veo tangible sobre mi cuerpo, debajo de mi cabello, detrás de mis ojos, a través de mis manos. Espero que tú te sientas tan feliz y orgulloso por mi, como yo lo estoy de mi y de ti, y de nosotros juntos.
Poco a poco fuimos comprendiendo que esto iba a pasar, que era inminente que nos separáramos. Esta despedida se alargó casi tres años, si no es que más. Y mírame ahora: estudiando en la institución que siempre soñé, valiéndome por mí misma, asumiendo mis responsabilidades y tomando mis decisiones. El tiempo pasa, las cosas tenían que fluir, todo siempre pasa.
Esta es una Ciudad nueva, vieja pero nueva, linda e iluminada para mi. Es el principio de muchas cosas, que de pronto son como bocados dulces sobre mi lengua. Un nuevo proceso, junto con un nuevo corte de cabello.
Es el fin de una era papá, de la era de mis depresiones y ansiedades, de mis tristezas y angustias, de mis pésimas decisiones; el fin de la era de los solteros tóxicos, de las vidas perdidas, de los coches que no sirven, de las familias que no están unidas. El fin de la era de los amantes que no llegan, de las personas que se van, de las pastillas que nunca se acaban, del cuerpo bajo de peso, de los zapatos que no me quedan más.
Es la era de la ciudad conmigo, ella en mi y yo en ella. Es el fin de nuestra era de confidentes y mejores amigos, pero ahora tu puedes vernos, y ser feliz con nosotros.
Es el momento en el que, aún con todo este cambio, me siento absolutamente feliz.
domingo, 1 de mayo de 2011
JURAMENTO DE AUTOESTIMA
Venga, reconócelo Mariposa Tecknicolor, eres lo mejor que hay en la tierra. Es verdad que a veces te deprimes y no quieres hacer nada porque todo te da flojera, pero el resto de las veces eres muy optimista, perfeccionista y dedicada. Nadie sabe hacer investigación histórica como tu. Si ya lo dice tu madre: eres la mejor historiadora del mundo. Por eso, a partir de hoy vas a quererte por ser responsable, persistente e inteligente.
martes, 26 de abril de 2011
Ciudad ajena
Estoy viendo cómo agentes encapuchados de la Policía Federal, catean a una persona que maneja un auto de lujo.
Al mismo tiempo, estoy escuchando la conversación que un colega sostuvo con un sacerdote de la orden libanesa maronita, que está hablando sobre que la paz sólo la tiene uno don Dios, sólo Dios la otorga, porque "los reyes de este mundo, en nombre de la paz hacen guerra, guerras que matan al ser humano".
En mi ciudad, no es común mirar agentes encapuchados en un centro comercial. En mi ciudad, no es común mirar convoyes de militares, soldados activos, en las vías de alta velocidad. Ahora no estoy en mi ciudad, y tengo miedo.
De política y de religión, sé lo que he leído, sé lo que aprendo todos los días, y un tanto de la educación que tuve en mi casa, con mi familia, con mi mamá, leyendo los periódicos frenéticamente y comentándolos hasta más no poder. El año pasado escuché que el Jefe de Gobierno de la Ciudad de México dijo que no permitiría que el ejército anduviera por las calles, para no infundir ni meido, ni terror. Yo no sé de eso, ni de partidos políticos, pero creo que tuvo razón y ahora, en una ciudad ajena, intentando vivir una vacación, se lo agradezco.
Y ahora, que escucho a este monje maronita hablar así sobre la paz del Señor, creo que mi madre no estaba tan equivocada, cuando nos enseñó muchas cosas de esas. Me da miedo esto que mis ojos miran.
En una ciudad desconocida, reconciliándome con una religión, estoy viviendo lo que causa una guerra contra no sé quién, a causa de un poder que no me interesa, que a mi parecer, no tiene fundamento; y aunque lo tuviera, nosotros, los mortales, los de a pie, no tenemos por qué padecerla.
Estoy en una ciudad ajena, y me da sentimiento saber que ésta no me cuida.
Al mismo tiempo, estoy escuchando la conversación que un colega sostuvo con un sacerdote de la orden libanesa maronita, que está hablando sobre que la paz sólo la tiene uno don Dios, sólo Dios la otorga, porque "los reyes de este mundo, en nombre de la paz hacen guerra, guerras que matan al ser humano".
En mi ciudad, no es común mirar agentes encapuchados en un centro comercial. En mi ciudad, no es común mirar convoyes de militares, soldados activos, en las vías de alta velocidad. Ahora no estoy en mi ciudad, y tengo miedo.
De política y de religión, sé lo que he leído, sé lo que aprendo todos los días, y un tanto de la educación que tuve en mi casa, con mi familia, con mi mamá, leyendo los periódicos frenéticamente y comentándolos hasta más no poder. El año pasado escuché que el Jefe de Gobierno de la Ciudad de México dijo que no permitiría que el ejército anduviera por las calles, para no infundir ni meido, ni terror. Yo no sé de eso, ni de partidos políticos, pero creo que tuvo razón y ahora, en una ciudad ajena, intentando vivir una vacación, se lo agradezco.
Y ahora, que escucho a este monje maronita hablar así sobre la paz del Señor, creo que mi madre no estaba tan equivocada, cuando nos enseñó muchas cosas de esas. Me da miedo esto que mis ojos miran.
En una ciudad desconocida, reconciliándome con una religión, estoy viviendo lo que causa una guerra contra no sé quién, a causa de un poder que no me interesa, que a mi parecer, no tiene fundamento; y aunque lo tuviera, nosotros, los mortales, los de a pie, no tenemos por qué padecerla.
Estoy en una ciudad ajena, y me da sentimiento saber que ésta no me cuida.
viernes, 8 de abril de 2011
Bridezilla
And i don't know how to slow it down,
my mind is rising for chasing pirates.
Chasing pirates, Norah Jones.
my mind is rising for chasing pirates.
Chasing pirates, Norah Jones.
Entre una entrega de proyecto, la instalación de gas, la instalación de luz, una mudanza que comenzará a las siete de la mañana, mi suegra que se está convirtiendo en mi segunda madre, mi mamá que se está convirtiendo en mi segunda suegra, yo me quise convertir en una Bridezilla.
Ha sido una transición fuerte, pero al mismo tiempo amable. La semana pasada le decía a mis ojos verdes que a veces eran demasiados acontecimientos para mi, en tan poco tiempo. Que en lugar de servírmela directa, que por favor me la sirviera con hielos o con un poco de soda.
Creo que ya sé por qué no me gustan las despedidas de soltera ni las fiestas de bienvenida. Ahora sé por qué no me gusta avisarle a la gente mis planes, los ires y venires, y las cosas que están cambiando. Es esta situación de sentirme expuesta lo que me hace estar irritable, susceptible y emotiva. Me molesta que no se pueda expresar un argumento positivo, que todas sean advertencias sobre lo nefasto y absolutamente inaceptable que un matrimonio es hoy en día. Como si no lo supiera... y como si ellos no supieran que alguna vez supe en carne propia lo que era una relación sin sentido.
No en vano se dice que "no se pueden pedir peras al olmo", y debo entender que no puedo pedir mucho optimismo, si las únicas personas en la mesa que no éramos divorciadas o con una relación fallida, eramos el chico y yo, un par de mujeres que eran viudas. El resto de las personas, tienen uno o dos divorcios en su haber. Wow. Creo que de entrada, no deberían presentarse a una fiesta de buenaventura para un par de novios.
Todo eso, y que no nos permiten escribir nuestra propia historia, empañados por las amarguras de un matrimonio que no se perpetuó y empeñados en que ya no tiene sentido formar una familia en estos tiempos tan atropellados, fue lo que comenzó a sacarme de quicio, y comencé a perder la paciencia, y a punto estuve de mandar toda la socialité a la fregada, cuando el chico se me acercó a decirme que tuviera paciencia: era la última noche en casa.
Los tóxicos, no sé si nacen o se hacen, pero son tóxicos. Las bridezillas, ahora estoy segura de que se hacen. Me prometí a mi misma no volver a tener deseos de convertirme en monstruo, y a no empacar a ningún soltero tóxico en mi mudanza, ni uno solo, a pesar de lo difícil que eso puede ser.
Suficiente tengo con el drama que me cargo yo sola, como para traer dramas del pasado a que llenen de polvos mi futuro.
Ha sido una transición fuerte, pero al mismo tiempo amable. La semana pasada le decía a mis ojos verdes que a veces eran demasiados acontecimientos para mi, en tan poco tiempo. Que en lugar de servírmela directa, que por favor me la sirviera con hielos o con un poco de soda.
Creo que ya sé por qué no me gustan las despedidas de soltera ni las fiestas de bienvenida. Ahora sé por qué no me gusta avisarle a la gente mis planes, los ires y venires, y las cosas que están cambiando. Es esta situación de sentirme expuesta lo que me hace estar irritable, susceptible y emotiva. Me molesta que no se pueda expresar un argumento positivo, que todas sean advertencias sobre lo nefasto y absolutamente inaceptable que un matrimonio es hoy en día. Como si no lo supiera... y como si ellos no supieran que alguna vez supe en carne propia lo que era una relación sin sentido.
No en vano se dice que "no se pueden pedir peras al olmo", y debo entender que no puedo pedir mucho optimismo, si las únicas personas en la mesa que no éramos divorciadas o con una relación fallida, eramos el chico y yo, un par de mujeres que eran viudas. El resto de las personas, tienen uno o dos divorcios en su haber. Wow. Creo que de entrada, no deberían presentarse a una fiesta de buenaventura para un par de novios.
Todo eso, y que no nos permiten escribir nuestra propia historia, empañados por las amarguras de un matrimonio que no se perpetuó y empeñados en que ya no tiene sentido formar una familia en estos tiempos tan atropellados, fue lo que comenzó a sacarme de quicio, y comencé a perder la paciencia, y a punto estuve de mandar toda la socialité a la fregada, cuando el chico se me acercó a decirme que tuviera paciencia: era la última noche en casa.
Los tóxicos, no sé si nacen o se hacen, pero son tóxicos. Las bridezillas, ahora estoy segura de que se hacen. Me prometí a mi misma no volver a tener deseos de convertirme en monstruo, y a no empacar a ningún soltero tóxico en mi mudanza, ni uno solo, a pesar de lo difícil que eso puede ser.
Suficiente tengo con el drama que me cargo yo sola, como para traer dramas del pasado a que llenen de polvos mi futuro.
jueves, 7 de abril de 2011
En plena primavera...
Ya sabes, de esas cosas que nunca pasan, o que tienen años sin suceder. Los ojos verdes se van hoy de viaje, raro, además porque es la primera semana que compartimos código postal, domicilio, baño con regadera y hasta cafetera por las mañanas.
Es un poco raro, distinto, es tener motivos para ser feliz todo el día, todos los días, todas las noches.
Hoy dormiré sola. Sola, sola.
Tengo mucho que escribir, ya se me quitó el sueño. Tengo dos entregas pendientes, un seminario que dar el martes que entra, y una entrega que literal, era para hace ocho días.
Entre la mudanza, una boda que se sigue planeando, un gato que no deja de maullar porque no está acostumbrado a los ruidos de un departamento, y un amor que se hace más y más grande cada día, se me olvidó que estamos en plena primavera.
Siempre me propuse una boda en invierno, y ya me alcanzó la primavera.
Es un poco raro, distinto, es tener motivos para ser feliz todo el día, todos los días, todas las noches.
Hoy dormiré sola. Sola, sola.
Tengo mucho que escribir, ya se me quitó el sueño. Tengo dos entregas pendientes, un seminario que dar el martes que entra, y una entrega que literal, era para hace ocho días.
Entre la mudanza, una boda que se sigue planeando, un gato que no deja de maullar porque no está acostumbrado a los ruidos de un departamento, y un amor que se hace más y más grande cada día, se me olvidó que estamos en plena primavera.
Siempre me propuse una boda en invierno, y ya me alcanzó la primavera.
viernes, 1 de abril de 2011
JURAMENTO DE AUTOESTIMA
Venga, reconócelo Mariposa Tecknicolor, eres lo mejor que hay en la tierra. Es verdad que a veces te deprimes y no quieres hacer nada porque todo te da flojera, pero el resto de las veces eres muy optimista, perfeccionista y dedicada. Nadie sabe hacer investigación histórica como tu. Si ya lo dice tu madre: eres la mejor historiadora del mundo. Por eso, a partir de hoy vas a quererte por ser responsable, persistente e inteligente.
viernes, 25 de marzo de 2011
Entre los castings y la academia
Hace algunos meses, entre los castings y la academia, entre mi nuevo amor y mi cumpleaños número veintisiete, me dediqué a estudiar la biografía de Johnny Cash, uno de los personajes de la música estadounidense que más me apasiona, y que es también reflejo de la historia norteamericana en los años cincuenta y sesenta.
Y al mismo tiempo de que me dedico a leer mis intereses, también debería dedicarme a olvidarte por completo. Hoy L.A. parece que nos acerca cada vez más, y con ella, las bolsas del mandado impresas con sirenas de la lotería, o perfumes para mi, que venían guardados en tus bolsos color verde. Fotografías, muchas fotografías. L.A., la historia del Darién, Zapopan, Manzanillo, Anenecuilco, Villa de Ayala, mi memoria y mi mudanza, me están tendiendo una enorme trampa.
Y así como me prometí no empacar ningún recuerdo de ningún soltero tóxico -difícil cumplirlo-, también me prometí dejar de hablar mal de ti. Sólo te recordaré como lo mucho que fuiste, una persona que me hizo inmensamente feliz.
Me acosté frente a la televisión, y miré y miré todo el material que tengo de Johnny Cash. Luego también, me puse a esucharlo, y terminé enamorándome de él.
Los Ojos Verdes tenían trabajo a reventar, como casi siempre los miércoles sucede. Pero aún y cuando los autos nadaban sobre las avenidas encharcadas de esta Ciudad, manejé más de 40 minutos para ir a contarle que me había vuelto a enamorar. En el fondo traje tu recuerdo, tus olores, todos los regalos y los recuerdos que traías de Los Ángeles. Tus maletas, los reencuentros all night long.
Pero la maravilla de tener a alguien que te ame tal y como eres, es que no importa toda esa basurita del pasado y de los recuerdos que tengamos dentro. Somos y estamos, y por eso Ojos Verdes y yo hemos llegado hasta aquí.
Luego, un "i'm Johnny Cash" con rostro desencajado, algunas canas, y una mujer de voz chillona que lo adoraba, me hicieron llorar. El amor triunfa, y ella lo salvó muchas veces de muchas cosas. Yo, en cambio, no pude hacer que tú te quedaras conmigo, y apuesto que Cash fue tan tóxico -o un poco más- como tu, pero tenía diferentes talentos. El amor va tendiendo el camino.
Tarareando el Cash que traía en el corazón, recordando melodías, recorrí los mercadillos de pulgas buscando algo que me acercara a él o alguna cinta perdida, o ya de perdida, un radio antiguo para llevármelo a casa. No lo encontré. En cambio, algunos accesorios setenteros se me pegaron al bolso y tuve que pagarlos, y un par de gafas me dejaron sin aliento.
Después de una labor de regateo que duró más de media hora, el vendedor accedió a venderme los RayBan Wayfarer II vintage originales de 1962, en una módica cantidad que ascendió a poco más de trescientos pesos. La Ciudad me estaba regalando otro tesorito, y yo le dejaba a un tilichero buena parte de mi beca de investigación.
El sábado siguiente, en una mañana dedicada al amor, le enseñé a los Ojos Verdes mi pesquiza vintage y quedó encantado. ¿Los quieres?, le pregunté, y me dijo "corazón, los lentes obscuros no van conmigo". Y a punto del enojo le dije, "¿cómo no van a ir contigo unas gafas idénticas a las que usaba Johnny Cash, James Dean, Bob Dylan y John F. Kennedy?"
Se quedó las gafas. Se le ven divinas. Muchos recuerdos y Johnny Cash, vienen conmigo.
Entre los excesos, el mucho o poco estilo, la fama y la frivolidad, el amor tiró de él para sacarlo adelante. Yo he comenzado a dejar de creer en el amor, a veces flaqueo, a veces me siento atea de sentimientos, y de pronto me azota a la cara la idea de que esto se mueve con amor. Johnny y June lo lograron. Soltero tóxico y yo, no. En este momento tengo un gran reto por delante.
Entre castings y academia, noche de lluvia y recuerdos de tóxicas vacaciones; entre Folsom prison y Jackson, entre I walk the line, me volví a enamorar de Johnny Cash.
Y al mismo tiempo de que me dedico a leer mis intereses, también debería dedicarme a olvidarte por completo. Hoy L.A. parece que nos acerca cada vez más, y con ella, las bolsas del mandado impresas con sirenas de la lotería, o perfumes para mi, que venían guardados en tus bolsos color verde. Fotografías, muchas fotografías. L.A., la historia del Darién, Zapopan, Manzanillo, Anenecuilco, Villa de Ayala, mi memoria y mi mudanza, me están tendiendo una enorme trampa.
Y así como me prometí no empacar ningún recuerdo de ningún soltero tóxico -difícil cumplirlo-, también me prometí dejar de hablar mal de ti. Sólo te recordaré como lo mucho que fuiste, una persona que me hizo inmensamente feliz.
Me acosté frente a la televisión, y miré y miré todo el material que tengo de Johnny Cash. Luego también, me puse a esucharlo, y terminé enamorándome de él.
Los Ojos Verdes tenían trabajo a reventar, como casi siempre los miércoles sucede. Pero aún y cuando los autos nadaban sobre las avenidas encharcadas de esta Ciudad, manejé más de 40 minutos para ir a contarle que me había vuelto a enamorar. En el fondo traje tu recuerdo, tus olores, todos los regalos y los recuerdos que traías de Los Ángeles. Tus maletas, los reencuentros all night long.
Pero la maravilla de tener a alguien que te ame tal y como eres, es que no importa toda esa basurita del pasado y de los recuerdos que tengamos dentro. Somos y estamos, y por eso Ojos Verdes y yo hemos llegado hasta aquí.
Luego, un "i'm Johnny Cash" con rostro desencajado, algunas canas, y una mujer de voz chillona que lo adoraba, me hicieron llorar. El amor triunfa, y ella lo salvó muchas veces de muchas cosas. Yo, en cambio, no pude hacer que tú te quedaras conmigo, y apuesto que Cash fue tan tóxico -o un poco más- como tu, pero tenía diferentes talentos. El amor va tendiendo el camino.
Tarareando el Cash que traía en el corazón, recordando melodías, recorrí los mercadillos de pulgas buscando algo que me acercara a él o alguna cinta perdida, o ya de perdida, un radio antiguo para llevármelo a casa. No lo encontré. En cambio, algunos accesorios setenteros se me pegaron al bolso y tuve que pagarlos, y un par de gafas me dejaron sin aliento.
Después de una labor de regateo que duró más de media hora, el vendedor accedió a venderme los RayBan Wayfarer II vintage originales de 1962, en una módica cantidad que ascendió a poco más de trescientos pesos. La Ciudad me estaba regalando otro tesorito, y yo le dejaba a un tilichero buena parte de mi beca de investigación.
El sábado siguiente, en una mañana dedicada al amor, le enseñé a los Ojos Verdes mi pesquiza vintage y quedó encantado. ¿Los quieres?, le pregunté, y me dijo "corazón, los lentes obscuros no van conmigo". Y a punto del enojo le dije, "¿cómo no van a ir contigo unas gafas idénticas a las que usaba Johnny Cash, James Dean, Bob Dylan y John F. Kennedy?"
Se quedó las gafas. Se le ven divinas. Muchos recuerdos y Johnny Cash, vienen conmigo.
Entre los excesos, el mucho o poco estilo, la fama y la frivolidad, el amor tiró de él para sacarlo adelante. Yo he comenzado a dejar de creer en el amor, a veces flaqueo, a veces me siento atea de sentimientos, y de pronto me azota a la cara la idea de que esto se mueve con amor. Johnny y June lo lograron. Soltero tóxico y yo, no. En este momento tengo un gran reto por delante.
Entre castings y academia, noche de lluvia y recuerdos de tóxicas vacaciones; entre Folsom prison y Jackson, entre I walk the line, me volví a enamorar de Johnny Cash.
miércoles, 23 de marzo de 2011
Entre ruinas
Si en los escombros de la revolución
creciera el árbol verde del placer,
y las catedrales se cansaran de ser
ruinas del fracaso de dios.
Sabina y Páez, Si volvieran los dragones.
creciera el árbol verde del placer,
y las catedrales se cansaran de ser
ruinas del fracaso de dios.
Sabina y Páez, Si volvieran los dragones.
La Ciudad tiene un aire distinto para quien de pronto se da cuenta que vive en ella.
La gente se apodera de las aceras, de los parques, de los botes de basura, pero es buena; en general no hay malicia en los corazones, salvo por las circunstancias de la subida y la caída de los precios.
Las heladerías están siempre abiertas, los cafés de chinos sirven toda la noche, los semáforos no dejan de parpadear. Ciudad de movimiento en bicicleta, Ciudad de trolebús en contrasentido. Autos que se estacionan en cualquier lugar, Hans que de pronto ocupa todas las banquetas. Ciudad de ruinas urbanas, de miseria intelectual, de amor de paga y de unidad habitacional.
Saliendo camino hacia el andador hacia la izquierda hacia el norte, y hacia el final del edificio llego a una plaza de forma cuadrada, donde hay más y más autos. El paso Antonio Caso me permite atravesar el Eje Central Lázaro Cárdenas a pie. Entonces, que es cuando mis ojos se tornan de color verde, tengo frente a mi las ruinas de una civilización derrotada; donde combinadas, se reúnen todas las ruinas que seguimos habitando, en las que seguimos creyendo.
Caigo en la cuenta entonces, de que Joaquín Sabina tenía razón, esta sería otra historia si "las catedrales se cansaran de ser ruinas del fracaso de dios".
Hay una chica del área metropolitana más grande del mundo, que sigue nadando en las mieles de la ciudad. Esa soy yo.
martes, 22 de marzo de 2011
Llegó la primavera
El domingo pasado, a las cinco de la tarde, entró la primavera; y con ella, vino otra gran pelea.
Nunca me hubiera imagiando que conseguir un departamento de precio justo en esta Ciudad, fuera tan complicado. Y menos, que aún cuando el departamento ya estuviera listo, fuera tan complicado llevar a cabo una mudanza decente y a tiempo.
Yo, le dije, me obligué a acostumbrarme a no pedir ayuda, a hacer todo por mi misma, bajo mis propios medios. Me obligué a que la única llamada de terror que hiciere, fuera para mi padre, en el caso de que mis cuentas se quedaran otra vez en ceros. Entiéndeme, por favor -continué-, que es mu difícil para mi pedir ayuda, tomar decisiones en conjunto, dejar que otras personas hagan lo que yo tengo que hacer. No estoy ya acostumbrada a que me tiendan la mano, o me ofrezcan ayuda desinteresadamente.
Él, sin mayor aspaviento, dejó sobre la mesa el vaso con hielos, volteó sus ojos verdes hacia mi, y me dijo: "pues ahora ya no estás sola".
El sábado y el domingo me dediqué a hacer cosas en equipo, acompañada del chico que ha venido a romper con mis rutinas; y me acordé cómo es hacer las cosas acompañada. De compras, haciendo limpieza, teniendo paciencia, y metiendo mis miles de papeles en unas cuantas cajas.
No estoy segura si las reconciliaciones vengan a ser tan felices como eran antes. No porque no conciliemos sino porque es un diálogo constante, conciliatorio, un acuerdo, un apoyo.
Viene la primavera con una nueva casa, con la Ciudad para mi sola, con una zona postal que por fin me hace habitante del Distrito Federal.
Viene la primavera con muchas verdades que me azotan en la cara, y se tapa la nariz, y me lloran los ojos, y la puta polinización me hace estornudar. Viene con todo el amor que alguna vez me imaginé.
Nunca me hubiera imagiando que conseguir un departamento de precio justo en esta Ciudad, fuera tan complicado. Y menos, que aún cuando el departamento ya estuviera listo, fuera tan complicado llevar a cabo una mudanza decente y a tiempo.
Yo, le dije, me obligué a acostumbrarme a no pedir ayuda, a hacer todo por mi misma, bajo mis propios medios. Me obligué a que la única llamada de terror que hiciere, fuera para mi padre, en el caso de que mis cuentas se quedaran otra vez en ceros. Entiéndeme, por favor -continué-, que es mu difícil para mi pedir ayuda, tomar decisiones en conjunto, dejar que otras personas hagan lo que yo tengo que hacer. No estoy ya acostumbrada a que me tiendan la mano, o me ofrezcan ayuda desinteresadamente.
Él, sin mayor aspaviento, dejó sobre la mesa el vaso con hielos, volteó sus ojos verdes hacia mi, y me dijo: "pues ahora ya no estás sola".
El sábado y el domingo me dediqué a hacer cosas en equipo, acompañada del chico que ha venido a romper con mis rutinas; y me acordé cómo es hacer las cosas acompañada. De compras, haciendo limpieza, teniendo paciencia, y metiendo mis miles de papeles en unas cuantas cajas.
No estoy segura si las reconciliaciones vengan a ser tan felices como eran antes. No porque no conciliemos sino porque es un diálogo constante, conciliatorio, un acuerdo, un apoyo.
Viene la primavera con una nueva casa, con la Ciudad para mi sola, con una zona postal que por fin me hace habitante del Distrito Federal.
Viene la primavera con muchas verdades que me azotan en la cara, y se tapa la nariz, y me lloran los ojos, y la puta polinización me hace estornudar. Viene con todo el amor que alguna vez me imaginé.
lunes, 14 de marzo de 2011
Siempre primeras veces
El lunes fue la primera vez que me pidió que le abriera la regadera en la mañana, el miércoles planché toda la ropa limpia como nunca lo había hecho en mi vida, y... anoche tuvimos una gran pelea.
Este último mes me ha quedado claro por qué la gente no se casa, por qué es que no se pueden poner de acuerdo, cómo es que se acostumbra que las cosas se hagan en contra de la voluntad de una pareja. Que si lo correcto es, o es incorrecto. Que si se debe tener hijos. Que si se debe firmar un acta. Que si, que no, que ya me vale madres.
Tengo que darle algún mérito a que la ansiedad se ha olvidado de mi, eso me pone feliz. Pero por otro lado, he tenido pesadillas, recurrentes, de esas que hacen que uno se sobresalte antes de las seis de la mañana. Es raro, pero no es ansiedad.
Hubo una gran crisis, fue una gran pelea, y debí saber que vendría una primera vez en la que una llega hecha un mar de lágrimas a un Starbucks, donde un Salvador siempre está con los oídos listos para escucharnos. Manejé, despacio, a poner gasolina y a tomar avenida Universidad. Di vuelta en Eje 5, envié varios mensajes. Hay planes que se cancelan, lágrimas que no dejan de salir, y sentimientos que por primera vez se dejan ver sobre la piel.
Dudé si debía bajarme del coche. No lo hice. Todavía había cosas qué cancelar. El chico de los ojos verdes no me llamó, sé que se inmutó, sé que también se le partió el corazón, pero por un lapso de cuatro horas guardamos silencio.
Siempre hay una primera vez para una gran pelea, y para preparar el baño en la mañana.
El frapuccino de té verde fue gratis, por fin pude dejar de llorar, creo que el hielo machacado me congeló las ideas, y el temor de presentarme al seminario del terror. Estacioné el auto y caminé, entré al seminario con el rímel y las sombras embarradas alrededor de los ojos. No me di cuenta. Y tampoco de que el recuerdo de cómo dejé a los ojos verdes, me estaba arañando por dentro.
Diecinueve y quince. Salí. Conduje. No pensé. Arrivé.
No me acuerdo en qué momento nos dieron las cuatro de la mañana. Día dos. Doble gran pelea. Doble mala noche. Primera pesadilla que me hace despertar, por el calor que siento en el pecho.
Siempre me dijeron que luego de una gran pelea existe una gran reconciliación. En este caso hubo un camino atropellado a Tecamachalco, Interlomas, dos pares de ojos hinchados, y algunos besos de amor, de pura y plena confianza.
¿Qué puedo hacer, si de veras amo? Mi lengua tararea tu voz, cuando me dices que quieres estar conmigo. Mi lengua recorre todas las ideas que pasan por mi cabeza, y luego las saborea. Entonces yo también quiero estar contigo. Me desespero, soy histérica, qué le vamos a hacer... Te amo, me amas, mi lengua lo sabe bien.
La primera vez de una gran pelea. Mi coche y la Ciudad lo supieron bien.
Este último mes me ha quedado claro por qué la gente no se casa, por qué es que no se pueden poner de acuerdo, cómo es que se acostumbra que las cosas se hagan en contra de la voluntad de una pareja. Que si lo correcto es, o es incorrecto. Que si se debe tener hijos. Que si se debe firmar un acta. Que si, que no, que ya me vale madres.
Tengo que darle algún mérito a que la ansiedad se ha olvidado de mi, eso me pone feliz. Pero por otro lado, he tenido pesadillas, recurrentes, de esas que hacen que uno se sobresalte antes de las seis de la mañana. Es raro, pero no es ansiedad.
Hubo una gran crisis, fue una gran pelea, y debí saber que vendría una primera vez en la que una llega hecha un mar de lágrimas a un Starbucks, donde un Salvador siempre está con los oídos listos para escucharnos. Manejé, despacio, a poner gasolina y a tomar avenida Universidad. Di vuelta en Eje 5, envié varios mensajes. Hay planes que se cancelan, lágrimas que no dejan de salir, y sentimientos que por primera vez se dejan ver sobre la piel.
Dudé si debía bajarme del coche. No lo hice. Todavía había cosas qué cancelar. El chico de los ojos verdes no me llamó, sé que se inmutó, sé que también se le partió el corazón, pero por un lapso de cuatro horas guardamos silencio.
Siempre hay una primera vez para una gran pelea, y para preparar el baño en la mañana.
El frapuccino de té verde fue gratis, por fin pude dejar de llorar, creo que el hielo machacado me congeló las ideas, y el temor de presentarme al seminario del terror. Estacioné el auto y caminé, entré al seminario con el rímel y las sombras embarradas alrededor de los ojos. No me di cuenta. Y tampoco de que el recuerdo de cómo dejé a los ojos verdes, me estaba arañando por dentro.
Diecinueve y quince. Salí. Conduje. No pensé. Arrivé.
No me acuerdo en qué momento nos dieron las cuatro de la mañana. Día dos. Doble gran pelea. Doble mala noche. Primera pesadilla que me hace despertar, por el calor que siento en el pecho.
Siempre me dijeron que luego de una gran pelea existe una gran reconciliación. En este caso hubo un camino atropellado a Tecamachalco, Interlomas, dos pares de ojos hinchados, y algunos besos de amor, de pura y plena confianza.
¿Qué puedo hacer, si de veras amo? Mi lengua tararea tu voz, cuando me dices que quieres estar conmigo. Mi lengua recorre todas las ideas que pasan por mi cabeza, y luego las saborea. Entonces yo también quiero estar contigo. Me desespero, soy histérica, qué le vamos a hacer... Te amo, me amas, mi lengua lo sabe bien.
La primera vez de una gran pelea. Mi coche y la Ciudad lo supieron bien.
lunes, 7 de marzo de 2011
JURAMENTO DE AUTOESTIMA
Venga, reconócelo Mariposa Tecknicolor, eres lo mejor que hay en la tierra. Es verdad que a veces te deprimes y no quieres hacer nada porque todo te da flojera, pero el resto de las veces eres muy optimista, perfeccionista y dedicada. Nadie sabe hacer investigación histórica como tu. Si ya lo dice tu madre: eres la mejor historiadora del mundo. Por eso, a partir de hoy vas a quererte por ser responsable, persistente e inteligente.
lunes, 21 de febrero de 2011
Desperté dos años atrás.
He comprobado que hay cosas que verdaderamente se eliminan de nuestros recuerdos, si es que así lo deseamos. Me propuse olvidar, dejar de recordar o dejar de alimentar, o como queramos llamarle, los detalles de las noches que pasé contigo, de los desayunos que compartimos, y de los días de campo que organizabas para hacerme sonreír. El subconsciente, como los demonios, también hace trampa; y es entonces cuando parece que la Ciudad se pone de tu parte, como se puso hace muchos años para que estuviéramos juntos por primera vez.
Anoche nos disponíamos a dormir viendo una película en lo que agarrábamos sueño, y sirvió no para ponerle atención, sino para que la voz y la melodía de Enya me llevara a un lugar inimaginable. No estoy segura si fue por el agobiante calor que comenzó a hacer, o por el maravilloso orgasmo en el que todavía me encontraba, pero me quedé dormida sin darme cuenta.
Soñé, como todas las noches sueño. Autos, ciudad, avenidas ultrarrápidas. Comida, cigarrillos, pasteles de chocolate, helados de yogurt. Zapatos de tacón, minifaldas negras. Tu madre. El sillón del departamento del Periférico Sur. Los gatos, montones de gatos. Tú. Lléndote. Como siempre, te ibas. Sobresalto. Cinco de la mañana. Me desperté.
Es una pesadilla recurrente, es una rutina diaria, película, música, buen café; un cigarrillo que se apaga, los dientes que se lavan con pastita de menta, las manos que se lavan con vainilla líquida. Un orgasmo, quizá dos. Un par de pies calientes. Una cobija que alcanza para tapar al mundo entero. Mis sueños. ¡Demonios! Apareces tú.
Y entonces, como sucedió por muchas madrugadas durante cuatro años, justo a las cinco horas o a las cuatro 45, me despierto cuando siento que te vas, te veo salir por la puerta, con tu espalda ancha de libertador del sur y tus hombros de piel de jaguar. Me angustio. Despierto. Hace mucho frío. Ya no estás aquí, no has estado, y no quiero que estés.
Me siento de un brinco, estiro la pierna derecha, comienzo a sentir un halo de calor. Unas piernas delgadas y amorosas me reconocen. Lo siento junto a mi, y entonces vuelvo a acurrucarme, abrazando su cintura, tranquilizándome porque sólo fue un sueño, del que desperté dos años atrás.
Me molesta que vengas a invadirme como lo hizo la señora de pelo de maíz antes de navidad. Déjenme dormir. Ya no más cruzarás esa puerta, debo curarme de tus partidas en la madrugada como me curé de amor. Cómo me duele que ahora busques hacerte presente.
Debo encontrar la llave para guardarte de regreso en tu jaula.
Anoche nos disponíamos a dormir viendo una película en lo que agarrábamos sueño, y sirvió no para ponerle atención, sino para que la voz y la melodía de Enya me llevara a un lugar inimaginable. No estoy segura si fue por el agobiante calor que comenzó a hacer, o por el maravilloso orgasmo en el que todavía me encontraba, pero me quedé dormida sin darme cuenta.
Soñé, como todas las noches sueño. Autos, ciudad, avenidas ultrarrápidas. Comida, cigarrillos, pasteles de chocolate, helados de yogurt. Zapatos de tacón, minifaldas negras. Tu madre. El sillón del departamento del Periférico Sur. Los gatos, montones de gatos. Tú. Lléndote. Como siempre, te ibas. Sobresalto. Cinco de la mañana. Me desperté.
Es una pesadilla recurrente, es una rutina diaria, película, música, buen café; un cigarrillo que se apaga, los dientes que se lavan con pastita de menta, las manos que se lavan con vainilla líquida. Un orgasmo, quizá dos. Un par de pies calientes. Una cobija que alcanza para tapar al mundo entero. Mis sueños. ¡Demonios! Apareces tú.
Y entonces, como sucedió por muchas madrugadas durante cuatro años, justo a las cinco horas o a las cuatro 45, me despierto cuando siento que te vas, te veo salir por la puerta, con tu espalda ancha de libertador del sur y tus hombros de piel de jaguar. Me angustio. Despierto. Hace mucho frío. Ya no estás aquí, no has estado, y no quiero que estés.
Me siento de un brinco, estiro la pierna derecha, comienzo a sentir un halo de calor. Unas piernas delgadas y amorosas me reconocen. Lo siento junto a mi, y entonces vuelvo a acurrucarme, abrazando su cintura, tranquilizándome porque sólo fue un sueño, del que desperté dos años atrás.
Me molesta que vengas a invadirme como lo hizo la señora de pelo de maíz antes de navidad. Déjenme dormir. Ya no más cruzarás esa puerta, debo curarme de tus partidas en la madrugada como me curé de amor. Cómo me duele que ahora busques hacerte presente.
Debo encontrar la llave para guardarte de regreso en tu jaula.
sábado, 5 de febrero de 2011
viernes, 4 de febrero de 2011
Un gran cambio.
Masaje en la espalda, crema para las caderas; día de manicura y de uñas de los pies. De peeling facial, y perfectas cejas delineadas. Es el último día oficial de vacaciones, y también mi última oportunidad para ponerme al día.
La semana que entra comienza la montaña rusa otra vez. De buen humor, de mal humor; sobrellevando el carácter -bueno o muy malo- de los demás. Y aprovechando que hoy cumplo ocho días de estar de buenas ininterrumpidamente, sin importar en qué zona de la Ciudad he visto amanecer, decidí aprovechar la mañana y media tarde para terminar de palomear los pendientes en mi lista del buen look de este año.
Cuando puse sobre la mesa la posibilidad de que mi mechón de canas se fuera para siempre, simplemente me sentí mareada. No me da miedo un cambio radical, quizá una despedida radical sí, pero el cambio no; sin embargo, este mechón de canas significa demasiado.
Y el 2011 seguirá significando demasiado. Lleno de planes, organización, escritos pendientes, amistades para siempre, nuevas personas que han llegado a cambiarlo todo.
Me siento feliz, y espero cumplir más de diez días de buen humor ininterrumpido. Ese sería un gran cambio.
La semana que entra comienza la montaña rusa otra vez. De buen humor, de mal humor; sobrellevando el carácter -bueno o muy malo- de los demás. Y aprovechando que hoy cumplo ocho días de estar de buenas ininterrumpidamente, sin importar en qué zona de la Ciudad he visto amanecer, decidí aprovechar la mañana y media tarde para terminar de palomear los pendientes en mi lista del buen look de este año.
Cuando puse sobre la mesa la posibilidad de que mi mechón de canas se fuera para siempre, simplemente me sentí mareada. No me da miedo un cambio radical, quizá una despedida radical sí, pero el cambio no; sin embargo, este mechón de canas significa demasiado.
Y el 2011 seguirá significando demasiado. Lleno de planes, organización, escritos pendientes, amistades para siempre, nuevas personas que han llegado a cambiarlo todo.
Me siento feliz, y espero cumplir más de diez días de buen humor ininterrumpido. Ese sería un gran cambio.
martes, 1 de febrero de 2011
Las personas se apoderan de las aceras.
Me llegó, juro que sin querer -y ahora también quisiera tener párpados en las llemas de mis dedos-, uno de sus últimos trabajos. Sin saber que yo soy su ex mujer, me pidieron una opinión sobre la última edición de este ensayo, en fin, ya decía yo que el mundo es una gran rueda de la fortuna, y ahora con mucha alegría afirmo que arriba me toca estar a mi. También su chica se ha puesto en contacto conmigo, y bueno, él dice que es su chica, ella dice que es su mujer, ella no sabe que yo sé, que él no quiere saber nada, y que de hace ocho años que tengo de conocerlo, ya no queda nada.
Pero el gremio de los historiadores es cerrado, es pequeño, y todo se sabe de todos, en todas partes, de todos lados.
El trabajo, desde el primer párrafo, presenta errores garrafales, terribles, que nunca me imaginé que él, tan escrupuloso como era para criticar, los esté cometiendo. Y bueno... de hecho, ahora recuerdo que nunca tuve en mis manos un trabajo suyo terminado, siempre estaban en construcción, bajo corrección o en comentarios, pero digamos que el señor creía que podría escribir la mejor disertación con el mínimo esfuerzo, en el mínimo tiempo previsto, y con un cronograma inmutable. El señor no tomaba en cuenta que debía tener todo el empeño posible, y que debía dejar de aislarse a sí mismo en los jardines solitarios de la Ciudad, y en los rincones más remotos de su existencia.
Tal y como las contradicciones en las que caía, el trabajo que tuve en mis manos también está lleno de ellas. Los signos de puntuación no correspondían a la narrativa que se proponía desde el título, y él se creía ser el mejor investigador de todos los tiempos, o por lo menos, de la Ciudad de México.
Ahora que puedo leerlo, que puedo hacer un "resumen de actividades post-proyecto", me da gusto haber renunciado a tiempo. A la cima uno no llega solo -él debería saberlo-. Y llegar a la cima cuesta mucho trabajo, se necesita mucho esfuerzo; eso, estoy aprendiéndolo en carne propia.
Y en medio de toda la protesta, de toda la lectura, y de todo lo que conlleva un dictamen o digamos, un fallo a nuestro favor, tal parece que las personas ajenas se apoderan de las aceras.
La Ciudad ya no es la misma, y yo también he cambiado como ella.
Toda la semana pasada soñé con él y con su madre. Estaban apoderados de la Ciudad, y yo no podía dar un paso sin encontrármelos, sin estar envuelta en los juegos que siempre querían jugar. El tipo volvía de lejos, de algún viaje o de siempre (¿me explico?), y venía a decirme como siempre lo hacía, que yo era la mujer de su vida y que no podía vivir sin mi. Llegaba, como la última vez, a decirme que esto era para siempre, que me amaba, que no podía seguir si no lo intentábamos una vez más.
Sentí una angustia que hace mucho no sentía estando dormida, la misma angustia que curiosamente sentí cuando se fue, y que he sentido todas las veces que sueño con él, o que siento que está cerca. También sentí miedo. Tenía miedo de decirle cómo eran las cosas de verdad, y hacia dentro de mi pensaba que era una tranquilidad saber que mis Ojos Verdes estaban junto a mi. Tenía que encontrar el momento justo para decirle que esta es mi banqueta, es mi cuadra, mi manzana entera, toda mi Ciudad, que mis Ojos Verdes la compartían conmigo, y que él debía regresar al lugar de donde venía. Nada era igual.
La señora de pelo de maíz era, como siempre, exigente, falsa, actriz. Tan actriz, que ella no sabía que no era ella. También me daba miedo. Su rostro parecía una máscara rígida, con una dentadura protuberante color amarillo, de dientes animalescos, como de caballo. Esa imagen fue una rara mezcla de la realidad, caricaturizada. Exigente, repito. Había que hacer las cosas como ella decía, no queríamos que se mostrara su toxicidad.
Desperté, gracias, como siempre despierto. Tuve un mal sueño otra vez. Y al arreglarme para salir, y ponerme mis mejores zapatos de tacón, me di cuenta, ya pisando mi Ciudad, que las aceras siguen siendo arrebatadas por muchas personas que no tienen identidad, que sólo quieren pisotear y encima con unos zapatos nefastos -como los de la señora de pelo de maíz-, amorfos, insensibles e irreales.
Debo encontrar la forma de que todos los fantasmas de mi pasado se queden en un lugar. Pensé en un principio que sería en la zona Sur de la Ciudad, hasta que supe que también tengo que regresar a trabajar por allá. Pensé que podrían quedarse en su departamentito sin muebles, lleno de altares sin sentido, que rezan por que los análisis de laboratorio salgan limpios, para poder tener un lugar en la cama de alguien. Nunca imaginé que se llegara a tal nivel de desconfianza. Pedirme una constancia para tener una oportunidad para el amor, hubiera sido más que una de sus enormes ofensas.
Me da miedo pensar en ese espacio sin muebles, con altares y gatos cojos o sin cola rondando los coches de alrededor.
Me da miedo que mis demonios se hayan acostumbrado a pelearse unas cuantas aceras. Me da miedo que mis demonios ya no quieran regresar a su jaula. Sólo esta semana les queda, para seguir paséandose por toda la Ciudad.
Pero el gremio de los historiadores es cerrado, es pequeño, y todo se sabe de todos, en todas partes, de todos lados.
El trabajo, desde el primer párrafo, presenta errores garrafales, terribles, que nunca me imaginé que él, tan escrupuloso como era para criticar, los esté cometiendo. Y bueno... de hecho, ahora recuerdo que nunca tuve en mis manos un trabajo suyo terminado, siempre estaban en construcción, bajo corrección o en comentarios, pero digamos que el señor creía que podría escribir la mejor disertación con el mínimo esfuerzo, en el mínimo tiempo previsto, y con un cronograma inmutable. El señor no tomaba en cuenta que debía tener todo el empeño posible, y que debía dejar de aislarse a sí mismo en los jardines solitarios de la Ciudad, y en los rincones más remotos de su existencia.
Tal y como las contradicciones en las que caía, el trabajo que tuve en mis manos también está lleno de ellas. Los signos de puntuación no correspondían a la narrativa que se proponía desde el título, y él se creía ser el mejor investigador de todos los tiempos, o por lo menos, de la Ciudad de México.
Ahora que puedo leerlo, que puedo hacer un "resumen de actividades post-proyecto", me da gusto haber renunciado a tiempo. A la cima uno no llega solo -él debería saberlo-. Y llegar a la cima cuesta mucho trabajo, se necesita mucho esfuerzo; eso, estoy aprendiéndolo en carne propia.
Y en medio de toda la protesta, de toda la lectura, y de todo lo que conlleva un dictamen o digamos, un fallo a nuestro favor, tal parece que las personas ajenas se apoderan de las aceras.
La Ciudad ya no es la misma, y yo también he cambiado como ella.
Toda la semana pasada soñé con él y con su madre. Estaban apoderados de la Ciudad, y yo no podía dar un paso sin encontrármelos, sin estar envuelta en los juegos que siempre querían jugar. El tipo volvía de lejos, de algún viaje o de siempre (¿me explico?), y venía a decirme como siempre lo hacía, que yo era la mujer de su vida y que no podía vivir sin mi. Llegaba, como la última vez, a decirme que esto era para siempre, que me amaba, que no podía seguir si no lo intentábamos una vez más.
Sentí una angustia que hace mucho no sentía estando dormida, la misma angustia que curiosamente sentí cuando se fue, y que he sentido todas las veces que sueño con él, o que siento que está cerca. También sentí miedo. Tenía miedo de decirle cómo eran las cosas de verdad, y hacia dentro de mi pensaba que era una tranquilidad saber que mis Ojos Verdes estaban junto a mi. Tenía que encontrar el momento justo para decirle que esta es mi banqueta, es mi cuadra, mi manzana entera, toda mi Ciudad, que mis Ojos Verdes la compartían conmigo, y que él debía regresar al lugar de donde venía. Nada era igual.
La señora de pelo de maíz era, como siempre, exigente, falsa, actriz. Tan actriz, que ella no sabía que no era ella. También me daba miedo. Su rostro parecía una máscara rígida, con una dentadura protuberante color amarillo, de dientes animalescos, como de caballo. Esa imagen fue una rara mezcla de la realidad, caricaturizada. Exigente, repito. Había que hacer las cosas como ella decía, no queríamos que se mostrara su toxicidad.
Desperté, gracias, como siempre despierto. Tuve un mal sueño otra vez. Y al arreglarme para salir, y ponerme mis mejores zapatos de tacón, me di cuenta, ya pisando mi Ciudad, que las aceras siguen siendo arrebatadas por muchas personas que no tienen identidad, que sólo quieren pisotear y encima con unos zapatos nefastos -como los de la señora de pelo de maíz-, amorfos, insensibles e irreales.
Debo encontrar la forma de que todos los fantasmas de mi pasado se queden en un lugar. Pensé en un principio que sería en la zona Sur de la Ciudad, hasta que supe que también tengo que regresar a trabajar por allá. Pensé que podrían quedarse en su departamentito sin muebles, lleno de altares sin sentido, que rezan por que los análisis de laboratorio salgan limpios, para poder tener un lugar en la cama de alguien. Nunca imaginé que se llegara a tal nivel de desconfianza. Pedirme una constancia para tener una oportunidad para el amor, hubiera sido más que una de sus enormes ofensas.
Me da miedo pensar en ese espacio sin muebles, con altares y gatos cojos o sin cola rondando los coches de alrededor.
Me da miedo que mis demonios se hayan acostumbrado a pelearse unas cuantas aceras. Me da miedo que mis demonios ya no quieran regresar a su jaula. Sólo esta semana les queda, para seguir paséandose por toda la Ciudad.
JURAMENTO DE AUTOESTIMA
Venga, reconócelo Mariposa Tecknicolor, eres lo mejor que hay en la tierra. Es verdad que a veces te deprimes y no quieres hacer nada porque todo te da flojera, pero el resto de las veces eres muy optimista, perfeccionista y dedicada. Nadie sabe hacer investigación histórica como tu. Si ya lo dice tu madre: eres la mejor historiadora del mundo. Por eso, a partir de hoy vas a quererte por ser responsable, persistente e inteligente.
lunes, 24 de enero de 2011
Es lunes... te extraño.
Ya he dicho varias veces que no sé a ciencia cierta lo que el amor es. No estoy segura de cómo surge, no sé tampoco cómo se ve o qué se tiene que hacer cuando llega, o cuando uno cree que está llegando o que va a llegar.
No estoy segura, pero puedo suponer que el amor huele a lo que huelen mis sábanas luego de haber estado contigo todo el fin de semana. Este dulce olor que me revuelve las tripas los lunes en la noche, cuando las distancias en esta ciudad, tu trabajo, mi instituto, tus hermosos edificios y mi casa entre neblina, no nos dejan pasar la cuarta noche que seguimos deseando.
Es entonces cuando las sábanas me envuelven y me hacen recordar. Y aquí vienes, aunque no estés conmigo. Y entonces a esto debe oler el amor, esto que tanto me vuelve loca, tanto que me da vida, que me hace seguir adelante. Es una mezcla de tu loción con mi perfume, el de la coronita rosa que me trajeron de Miami, y la tuya fresca como las mañanas en las que me propongo exprimir naranjas para llenar una jarra completa de jugo para el desayuno. Y todo eso, cítrico, suave, mascabado, cafeína, tabaco, feromona, risas... toda esa maravillosa mezcla vive en nuestras sábanas, y muy seguramente se llama amor.
Te extraño. Y así es. Ahora entiendo eso de que nunca es suficiente.
No estoy segura, pero puedo suponer que el amor huele a lo que huelen mis sábanas luego de haber estado contigo todo el fin de semana. Este dulce olor que me revuelve las tripas los lunes en la noche, cuando las distancias en esta ciudad, tu trabajo, mi instituto, tus hermosos edificios y mi casa entre neblina, no nos dejan pasar la cuarta noche que seguimos deseando.
Es entonces cuando las sábanas me envuelven y me hacen recordar. Y aquí vienes, aunque no estés conmigo. Y entonces a esto debe oler el amor, esto que tanto me vuelve loca, tanto que me da vida, que me hace seguir adelante. Es una mezcla de tu loción con mi perfume, el de la coronita rosa que me trajeron de Miami, y la tuya fresca como las mañanas en las que me propongo exprimir naranjas para llenar una jarra completa de jugo para el desayuno. Y todo eso, cítrico, suave, mascabado, cafeína, tabaco, feromona, risas... toda esa maravillosa mezcla vive en nuestras sábanas, y muy seguramente se llama amor.
Te extraño. Y así es. Ahora entiendo eso de que nunca es suficiente.
domingo, 23 de enero de 2011
Un domingo cualquiera.
En el mismo lugar que albergaba una interminable pelea de divorcio y a la chica más pesimista y desconfiada ante el compromiso amoroso, ahí, al fondo del taller, estaba puesto sobre un maniquí de terciopelo rojo, mi vestido de novia.
Cuando me enteré de que la chica en medio de la bronca del divorcio llegó con la mayor parte de sus pertenencias -o lo que creía que era de ella- metidas en un taxi, quise salir corriendo, porque me imagino que debe ser sumamente difícil ver cómo alguien planea una boda y hace ajustes a un maravilloso vestido, justo frente a una situación de separación.
Dicen que los vestidos de novia están listos sólo hasta unas cuantas horas antes de que ésta suceda. En mi caso, a veces me desespero tanto, que me dan ganas de casarme con el minivestido color obispo y mis botas de lápiz color café, o con el mítico vestidito negro y las mismas botas, y la gabardina azul que completa el outfit, para sentirme plenamente cómoda y darle a mis ojos verdes un motivo más para que sonría todo el día.
Un domingo cualquiera. En el taller de mi mejor amiga, la Diseñadora de Modas, con agua embotellada y sandalias de tacón, sobre una silla forrada de tapiz de flores. Tomando fotos. Riendo a carcajadas.
Un domingo cualquiera, que siendo sinceras, pensamos que nunca llegaría o que se tardaría muchos años más.
Un domingo cualquiera, de esos que ahora sí me gustan, y que me hace recordar que hubo una vez que yo también fui una soltera empedernida, con la coraza puesta y un cuerno bajo el corazón. Domingo que también me hace recordar que hubo una vez en que no me gustaban nada.
Cuando me enteré de que la chica en medio de la bronca del divorcio llegó con la mayor parte de sus pertenencias -o lo que creía que era de ella- metidas en un taxi, quise salir corriendo, porque me imagino que debe ser sumamente difícil ver cómo alguien planea una boda y hace ajustes a un maravilloso vestido, justo frente a una situación de separación.
Dicen que los vestidos de novia están listos sólo hasta unas cuantas horas antes de que ésta suceda. En mi caso, a veces me desespero tanto, que me dan ganas de casarme con el minivestido color obispo y mis botas de lápiz color café, o con el mítico vestidito negro y las mismas botas, y la gabardina azul que completa el outfit, para sentirme plenamente cómoda y darle a mis ojos verdes un motivo más para que sonría todo el día.
Un domingo cualquiera. En el taller de mi mejor amiga, la Diseñadora de Modas, con agua embotellada y sandalias de tacón, sobre una silla forrada de tapiz de flores. Tomando fotos. Riendo a carcajadas.
Un domingo cualquiera, que siendo sinceras, pensamos que nunca llegaría o que se tardaría muchos años más.
Un domingo cualquiera, de esos que ahora sí me gustan, y que me hace recordar que hubo una vez que yo también fui una soltera empedernida, con la coraza puesta y un cuerno bajo el corazón. Domingo que también me hace recordar que hubo una vez en que no me gustaban nada.
domingo, 9 de enero de 2011
Y entonces me encontré como ella
A menudo se me olvida cuál fue el motivo fundamental por el cual me hice de esta columna. Tenía el corazón roto, me sentía muy sola, con pocas cosas qué hacer, qué escribir formalmente y qué visitar. Me refugié en mi Ciudad como muchas otras personas lo han hecho. Me refugié en mis ideas y en mi escritura, como muchos escritores lo han hecho. Me refugié en mi misma, como las mujeres más valientes me lo enseñaron a hacer.
Hoy, que mi vida ha cambiado tanto como nunca me lo imaginé, a veces pierdo el sentido de esta columna, de este espacio que me abrí a mi misma.
Conocí a lectores entrañables, hice verdaderas amistades y contactos virtuales que no quiero perder nunca. Entonces comencé a sentirme muy acompañada. A lo largo de mis relatos, de mis nostalgias y tristezas, de los recuerdos de un soltero que intentó hacerme tóxica sin éxito, he nutrido este espacio de mis más profundos deseos, de ficción combinada con toda la realidad que mis ojos han alcanzado a ver.
Algunas noches, como hoy, en que estoy acostada escribiendo en mi cama, con un gato echado en mis piernas, y los Ojos Verdes trabajando en la mesa redonda del fondo; y que escuchamos la misma música, y me interrumpe para preguntarme cuál es nuestra canción, entonces me doy cuenta -y me da miedo- que este espacio quizá ya perdió su objetivo.
He estado tentada a abrir otro espacio para construirme unos relatos que cuenten lo que ahora estoy viviendo. Pero mi Mariposa Tecknicolor es entrañable. No puedo dejarla. La extraño. Soy yo. Me convertí, me transformé, y entonces me encontré como ella, como una Mariposa Tecknicolor.
Tengo razón para buscar otro espacio, pero también tengo razón para quedarme aquí. Finalmente, las cosas que vivo en la Ciudad seguirán esperándome en el mismo sitio. Las personas que me hacen sonreír o que me hacen enojar en estas calles, seguirán en este sitio. Y si todo sale como lo planeamos, pronto compartiremos código postal.
La vida está llena de encrucijadas, y de decisiones que tomar. Hay oportunidades que no se dejan pasar. Hay amores que se deben tener cerca para siempre, y personas que se debe obligar a jamás volver. Hay páginas en blanco, que aunque me cueste trabajo completar, las ganas, mi instinto y mis dedos, siempre las terminan con punto final.
Prometo -lo hago a mi misma- no dejar esta columna en blanco.
Hoy, que mi vida ha cambiado tanto como nunca me lo imaginé, a veces pierdo el sentido de esta columna, de este espacio que me abrí a mi misma.
Conocí a lectores entrañables, hice verdaderas amistades y contactos virtuales que no quiero perder nunca. Entonces comencé a sentirme muy acompañada. A lo largo de mis relatos, de mis nostalgias y tristezas, de los recuerdos de un soltero que intentó hacerme tóxica sin éxito, he nutrido este espacio de mis más profundos deseos, de ficción combinada con toda la realidad que mis ojos han alcanzado a ver.
Algunas noches, como hoy, en que estoy acostada escribiendo en mi cama, con un gato echado en mis piernas, y los Ojos Verdes trabajando en la mesa redonda del fondo; y que escuchamos la misma música, y me interrumpe para preguntarme cuál es nuestra canción, entonces me doy cuenta -y me da miedo- que este espacio quizá ya perdió su objetivo.
He estado tentada a abrir otro espacio para construirme unos relatos que cuenten lo que ahora estoy viviendo. Pero mi Mariposa Tecknicolor es entrañable. No puedo dejarla. La extraño. Soy yo. Me convertí, me transformé, y entonces me encontré como ella, como una Mariposa Tecknicolor.
Tengo razón para buscar otro espacio, pero también tengo razón para quedarme aquí. Finalmente, las cosas que vivo en la Ciudad seguirán esperándome en el mismo sitio. Las personas que me hacen sonreír o que me hacen enojar en estas calles, seguirán en este sitio. Y si todo sale como lo planeamos, pronto compartiremos código postal.
La vida está llena de encrucijadas, y de decisiones que tomar. Hay oportunidades que no se dejan pasar. Hay amores que se deben tener cerca para siempre, y personas que se debe obligar a jamás volver. Hay páginas en blanco, que aunque me cueste trabajo completar, las ganas, mi instinto y mis dedos, siempre las terminan con punto final.
Prometo -lo hago a mi misma- no dejar esta columna en blanco.
viernes, 7 de enero de 2011
Con huevos
Tengo tanto trabajo que ya se me olvidó como pensar. No he tenido tiempo de hacer una lista de propósitos de año nuevo, de metas por cumplir, de cosas que quiero alcanzar. Creo que en el fondo no debo ser tan ambiciosa. El año pasado cumplí el 90 por ciento de lo que me propuse. Wow. Me cuesta trabajo creerlo.
Y ahora, me cuesta mucho trabajo articular una frase o un enunciado contundente. No sé qué pasa. Alguna vez me dijeron que el matrimonio y la maternidad le restaban neuronas al cerebro femenino. Me consta que no me lo dijeron en un contexto ofensivo, de hecho lo dijeron con mucha razón y pruebas suficientes. Mi madre dice que la mujer pierde un diente o una muela por cada hijo que tiene… y ahora me estoy dando cuenta de que quizá yo esté perdiendo materia gris.
Qué difícil, de veras, es la vida en pareja. Qué difícil es renunciar a lo que tanto nos ha costado construir, a lo que he levantado con tantísimo esfuerzo. Lo más fácil, por experiencia lo sé, es echarse para atrás, romper los compromisos, abandonar a las personas, dar por terminados los contratos. Mi padre lo hizo. Mi ex pareja también lo hizo. Yo me he resistido todos estos meses a mi naturaleza, a huir, a correr, a desaparecerme, y he seguido adelante.
Esta noche quiero llorar hasta secarme, parece como si mi situación no tuviera salida. No es que sea mala, no es que no sea feliz, es que nadie me enseñó cómo es que se forma una familia. Con huevos, me van a decir algunos. Con inteligencia y sentido común, diría mi papá. Con el corazón, diría yo.
Ya pasan de las doce. Ya me chupó la bruja. Un punto menos a mi trabajo final, no lo pude entregar a tiempo.
Este año no seré tan ambiciosa. Estoy aprendiendo a fuerza, que no se puede tener todo, ni hacer todo, ni juntar al novio con los amigos, el trabajo con la familia, ni la cama con la vida pública.
La pregunta de si estaré o no a tiempo todavía de decidir qué es lo que prefiero, si familia o carrera profesional, todavía no tengo el valor de hacérmela.
jueves, 6 de enero de 2011
Para que se queden en su jaula.
Cómo me acuerdo de ti cuando escribo sobre el materialismo histórico. No me acuerdo cuándo fue la última vez que escribí leyendo a Carlos Marx. Quizá fue en tu departamento, usando el ordenador color azul, viéndote de lejos en el estudio, mientras yo estiraba los pies sobre la silla de la mesa de cristal. Te extraño, maldita sea.
Me prometí a mi misma que no te dejaría de ver nunca, me prometí seguir prometiéndome que siempre estaríamos juntos. Tu me prometiste que no me dejarías sola, que no me dejarías de querer; que siempre estarías allí sosteniendo mi bate para pegarle a las peores curvas que me enviara la vida. Y todo cambió.
Ahora, cuando llega la mejor curva que me ha enviado la vida, la ansiedad hace su aparición, me esconde el bate, me confunde, me hace sentir mal.
El amor... carajo, aún cuando con certeza todavía no sé lo que es, llega y no se detiene. Me siento feliz, de eso estoy segura. Pero de pronto, hay cosas que me hacen falta...
Es muy común, que dentro de una vida llena de inestabilidad, uno se acostumbre a autosabotearse, a meterse el pie, a hacer de cuenta que nada está valiendo la pena. Y es entonces, estoy segura, cuando me acuerdo de ti, cuando me acuerdo de lo que teníamos y de cómo eras cuando estabas conmigo. Nada parecido a lo que eres hoy, cuando de lejos te vuelvo a ver. Entonces viene otra vez la ansiedad a estacionarse en mis muñecas, a ocasionar que mis puños se cierren, y que no pueda ponerme a escribir.
Son muchas cosas, tantas... que es un huracán.
Me da miedo comenzar a extrañarte tanto. Debo conformarme con verte descender del coche todas las tardes, por algunos cuantos días más. Y aunque suene a cliché, todo esto que siento no eres tú, es mi circunstancia.
Esta tristeza no soy yo, no es para mi, es la circunstancia. Esta nostalgia que quiere convertirse en sentimiento de soledad dentro de mi, no soy yo, no es para mi, es la etapa de inicio de año que toda la vida me ha costado tanto trabajo.
Mis demonios son felices en su jaula, viviendo todo el año unos con otros, a puerta cerrada. El problema es cuando me siento tan triste, tan mal, tan que nada vale la pena... que entonces debo cuidar que los demonios no se vayan lejos, se vuelvan a meter, para echarles llave otra vez.
Debo terminar todo de una vez, para entonces sí echarme a dormir días enteros.
Todo está bien. No debo sentir por eso, que algo anda mal.
Me prometí a mi misma que no te dejaría de ver nunca, me prometí seguir prometiéndome que siempre estaríamos juntos. Tu me prometiste que no me dejarías sola, que no me dejarías de querer; que siempre estarías allí sosteniendo mi bate para pegarle a las peores curvas que me enviara la vida. Y todo cambió.
Ahora, cuando llega la mejor curva que me ha enviado la vida, la ansiedad hace su aparición, me esconde el bate, me confunde, me hace sentir mal.
El amor... carajo, aún cuando con certeza todavía no sé lo que es, llega y no se detiene. Me siento feliz, de eso estoy segura. Pero de pronto, hay cosas que me hacen falta...
Es muy común, que dentro de una vida llena de inestabilidad, uno se acostumbre a autosabotearse, a meterse el pie, a hacer de cuenta que nada está valiendo la pena. Y es entonces, estoy segura, cuando me acuerdo de ti, cuando me acuerdo de lo que teníamos y de cómo eras cuando estabas conmigo. Nada parecido a lo que eres hoy, cuando de lejos te vuelvo a ver. Entonces viene otra vez la ansiedad a estacionarse en mis muñecas, a ocasionar que mis puños se cierren, y que no pueda ponerme a escribir.
Son muchas cosas, tantas... que es un huracán.
Me da miedo comenzar a extrañarte tanto. Debo conformarme con verte descender del coche todas las tardes, por algunos cuantos días más. Y aunque suene a cliché, todo esto que siento no eres tú, es mi circunstancia.
Esta tristeza no soy yo, no es para mi, es la circunstancia. Esta nostalgia que quiere convertirse en sentimiento de soledad dentro de mi, no soy yo, no es para mi, es la etapa de inicio de año que toda la vida me ha costado tanto trabajo.
Mis demonios son felices en su jaula, viviendo todo el año unos con otros, a puerta cerrada. El problema es cuando me siento tan triste, tan mal, tan que nada vale la pena... que entonces debo cuidar que los demonios no se vayan lejos, se vuelvan a meter, para echarles llave otra vez.
Debo terminar todo de una vez, para entonces sí echarme a dormir días enteros.
Todo está bien. No debo sentir por eso, que algo anda mal.
sábado, 1 de enero de 2011
Veintidós de septiembre.
22/IX
En torno a un anillo de compromiso puede haber muchas cosas.
Hans estacionado en la esquina de uno de los ejes viales de esta Ciudad, que más han tenido que ver en mi vida.
El maravilloso significado que tiene para mi, el que dicho anillo haya tenido una dueña antes que yo.
Estar con mis Ojos Verdes frente a la mítica construcción de una de las Secretarías de Estado más importantes de la historia política de México del siglo XX. Mirar por el retrovisor de Hans sus paredes, un poco de la fachada, los colores de los muros exteriores. Terminar de crear en mi mente el mural que mis ojos no alcanzan a ver.
Lágrimas de felicidad.
Fiestas interminables con los amigos que son nuestra familia. Cerveza. Fotos. Calles de la colonia Condesa. Alcoholímetros que se burlan sólo una vez en la vida. Vueltas prohibidas que no pasan por la cabeza.
La libertad de responderle tus verdaderos anhelos, y tus sueños más profundos. La libertad de decirle que no importa que no hayas sido la primera, sino que importa que seas la última mujer en su vida.
El día en que entró el primer otoño que nos pertenece, que no me di cuenta, que estaba más preocupada resolviendo los cambios y las decisiones que vienen en nuestras vidas.
Maravillosas reconciliaciones.
Decir te amo a cualquier hora del día.
Pero lo más bonito, y lo que me llena de felicidad, es mirar todas las noches estas manos que escriben frenéticamente sobre el teclado del ordenador, y volver a mirar que ese anillo de compromiso se ha quedado desde ahora, eternamente sobre la piel de uno de mis dedos izquierdos. No importa cuánto trabajo tenga, cuántas palabras me falten por escribir, cuántos guantes de látex pasen por encima de mi piel; hay un hombre que me ama (y como rezaba todos los días y las noches un post-it sobre el espejo de mi habitación), tanto que quiere pasar el resto de su vida a mi lado.
Mi dedo, su tamaño, la cantidad de veces que se mueve sobre estas teclas a lo largo del día. Eso también está en torno a un anillo de compromiso. Dos días se tuvo que quedar en el taller para que lo ajustaran a la cintura exacta de mi dedo anular; dos días que sentí que algo me hacía falta.
En torno a mi anillo de compromiso, hay puro y simple amor. El símbolo de que no voy a dejar de luchar cada día para ser excelente, en todos los aspectos de mi vida.
Luego de mucho tiempo, esta es la primera vez que desde mi corazón siento que de verdad estoy tomando la decisión correcta. Soy muy feliz, tan feliz, como nunca me lo imaginé.
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JURAMENTO DE AUTOESTIMA
Estás a bordo del barco, de una maravillosa aventura, del todo por el todo.
Vive. Ríe. Escribe. Besa. Ama.
Sé. Añora. Sueña. Sigue adelante.
Soy feliz, ¡sí señor! Feliz año nuevo a todos mis lectores. Una nueva historia me está esperando, y ustedes vendrán conmigo para disfrutarlo, estarán aquí para compartirlo.
Sinceramente,
Mariposa Tecknicolor.
Vive. Ríe. Escribe. Besa. Ama.
Sé. Añora. Sueña. Sigue adelante.
Soy feliz, ¡sí señor! Feliz año nuevo a todos mis lectores. Una nueva historia me está esperando, y ustedes vendrán conmigo para disfrutarlo, estarán aquí para compartirlo.
Sinceramente,
Mariposa Tecknicolor.
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