viernes, 8 de abril de 2011

Bridezilla

And i don't know how to slow it down,
my mind is rising for chasing pirates.
Chasing pirates, Norah Jones.

Entre una entrega de proyecto, la instalación de gas, la instalación de luz, una mudanza que comenzará a las siete de la mañana, mi suegra que se está convirtiendo en mi segunda madre, mi mamá que se está convirtiendo en mi segunda suegra, yo me quise convertir en una Bridezilla.

Ha sido una transición fuerte, pero al mismo tiempo amable. La semana pasada le decía a mis ojos verdes que a veces eran demasiados acontecimientos para mi, en tan poco tiempo. Que en lugar de servírmela directa, que por favor me la sirviera con hielos o con un poco de soda.

Creo que ya sé por qué no me gustan las despedidas de soltera ni las fiestas de bienvenida. Ahora sé por qué no me gusta avisarle a la gente mis planes, los ires y venires, y las cosas que están cambiando. Es esta situación de sentirme expuesta lo que me hace estar irritable, susceptible y emotiva. Me molesta que no se pueda expresar un argumento positivo, que todas sean advertencias sobre lo nefasto y absolutamente inaceptable que un matrimonio es hoy en día. Como si no lo supiera... y como si ellos no supieran que alguna vez supe en carne propia lo que era una relación sin sentido.

No en vano se dice que "no se pueden pedir peras al olmo", y debo entender que no puedo pedir mucho optimismo, si las únicas personas en la mesa que no éramos divorciadas o con una relación fallida, eramos el chico y yo, un par de mujeres que eran viudas. El resto de las personas, tienen uno o dos divorcios en su haber. Wow. Creo que de entrada, no deberían presentarse a una fiesta de buenaventura para un par de novios.

Todo eso, y que no nos permiten escribir nuestra propia historia, empañados por las amarguras de un matrimonio que no se perpetuó y empeñados en que ya no tiene sentido formar una familia en estos tiempos tan atropellados, fue lo que comenzó a sacarme de quicio, y comencé a perder la paciencia, y a punto estuve de mandar toda la socialité a la fregada, cuando el chico se me acercó a decirme que tuviera paciencia: era la última noche en casa.

Los tóxicos, no sé si nacen o se hacen, pero son tóxicos. Las bridezillas, ahora estoy segura de que se hacen. Me prometí a mi misma no volver a tener deseos de convertirme en monstruo, y a no empacar a ningún soltero tóxico en mi mudanza, ni uno solo, a pesar de lo difícil que eso puede ser.

Suficiente tengo con el drama que me cargo yo sola, como para traer dramas del pasado a que llenen de polvos mi futuro.

2 comentarios:

SonrisaMiel (: dijo...

Mariposa, me encuentro un poco perdida en tu historia y hace poco decidí mandarte un e-mail y me regreso con falla, me gustaría seguir en contacto contigo (:

Cuando tengas tiempo, y claro, si no tienes ningún incoveniente me gustaría seguir escribiéndote a la dirección electrónica que me des.

¡Te mando un abrazo y un beso tronado!

MAM dijo...

Ciertamente, la socialité no siempre es de ayuda, y en las más de las ocasiones son desayuda...

Tranqui, querida... casarse sólo tiene sentido cuando son dos los que ponen las reglas. Lo otro, lo de casarse porque es el 'paso siguiente'... de eso mejor ni hablar.

Besos, futura esposa...