martes, 26 de abril de 2011

Ciudad ajena

Estoy viendo cómo agentes encapuchados de la Policía Federal, catean a una persona que maneja un auto de lujo.

Al mismo tiempo, estoy escuchando la conversación que un colega sostuvo con un sacerdote de la orden libanesa maronita, que está hablando sobre que la paz sólo la tiene uno don Dios, sólo Dios la otorga, porque "los reyes de este mundo, en nombre de la paz hacen guerra, guerras que matan al ser humano".

En mi ciudad, no es común mirar agentes encapuchados en un centro comercial. En mi ciudad, no es común mirar convoyes de militares, soldados activos, en las vías de alta velocidad. Ahora no estoy en mi ciudad, y tengo miedo.

De política y de religión, sé lo que he leído, sé lo que aprendo todos los días, y un tanto de la educación que tuve en mi casa, con mi familia, con mi mamá, leyendo los periódicos frenéticamente y comentándolos hasta más no poder. El año pasado escuché que el Jefe de Gobierno de la Ciudad de México dijo que no permitiría que el ejército anduviera por las calles, para no infundir ni meido, ni terror. Yo no sé de eso, ni de partidos políticos, pero creo que tuvo razón y ahora, en una ciudad ajena, intentando vivir una vacación, se lo agradezco.

Y ahora, que escucho a este monje maronita hablar así sobre la paz del Señor, creo que mi madre no estaba tan equivocada, cuando nos enseñó muchas cosas de esas. Me da miedo esto que mis ojos miran.

En una ciudad desconocida, reconciliándome con una religión, estoy viviendo lo que causa una guerra contra no sé quién, a causa de un poder que no me interesa, que a mi parecer, no tiene fundamento; y aunque lo tuviera, nosotros, los mortales, los de a pie, no tenemos por qué padecerla.

Estoy en una ciudad ajena, y me da sentimiento saber que ésta no me cuida.

1 comentario:

Lilith dijo...

Ay querida Mariposa... hace rato que me siento en un país ajeno... y se siente tan raro y tan triste, definitivamente esto no somos nosotros... y que razón tiene ese sacerdote.
Mmmmmmmmm
Te dejo un gran beso y gracias por pasar a saludar.