jueves, 25 de diciembre de 2008

Feliz navidad sangrienta

El invierno oficialmente ha llegado. Yo cada vez soy más grinch que el año anterior, así que mi hermana Maricarmen me regaló una pulsera de cristales austriacos que tiene dijecitos brillantes en forma de arbolitos de navidad.

Mi cabeza cada vez es menos mía y tengo que seguir escribiendo por encargo. A veces no sé qué hacer.

El fin de año me ha escupido a la cara que los "happy endings" no existen. Desde el mes de octubre me ha ido como no lo esperaba. Bendito octubre, maldita ciudad. Todavía no me convencen los domingos.

Hoy desperté a las doce del día. Creí que no tenía internet y afortunadamente sí tengo servicio, que bueno que me pude poner a leer unos pendientes, algunas felicitaciones que me hicieron sonreír y me puse a preparar esta entrada. Tengo un hueco en el pecho y todavía no sé por qué es. Creo que se debe a que algunos se fueron y otros regresaron. Por donde lo vea son problemas, serios problemas. Ya no sé qué hacer y quiero tener a mi coche de vuelta. Necesito poner en venta muchas cosas y algunos muebles para pagar las deudas de una tercera que me afectan muchísimo. Mi mechón de canas se hace cada vez más grande y el frío no me ha dejado dormir.

Por otro lado, me ha puesto feliz que haya llegado el invierno de a devis. Sigue siendo un invierno solitario y muy a mi manera pero me siento bien. Extraño mi coche, otra vez. He salido a dar la vuelta por la ciudad y se ve bien, yo me vi bien: por fin pude estrenar los zapatos de tacón color azul marino que mandé a arreglar la semana pasada. Esa piel me llamó la atención: semeja a un cocodrilo que se camufla entre colores oscuros, de paso se lleva de corbata a mis filosos pies.

Me ha sorprendido la actitud de mi padre, ya no tengo nada que esperar de la gente. Pareciera que "carpetazo" es su palabra favorita. Me siento algo sola.

Algunas veces (como hoy), quisiera que la navidad dejara de figurar en mi calendario como han dejado de figurar algunos domingos.

Feliz Navidad.

sábado, 13 de diciembre de 2008

Nuevo ranking (prioridad cero)

Estoy muerta de risa pensando en lo que esta entrada se convertirá. En vista de los últimos eventos sucedidos las últimas semanas, se ha agregado un número a la lista: el 0. Ahora, antes del 1 hay un 0, o sea, la prioridad cero.
Bueno pues es que mi amigo presidente de la Nueva República de Babel, me platicaba el otro día de la prioridad cero: antes de la opción número 1 siempre hay una más importante, la cero que se refiere a la situación de vida o muerte. Yo le decía, que así, en todos los rankings, debe haber un número 0 antes del 1 para referirnos a los que es "recontramás y mayor" de la primera opción. Así, hablábamos del ranking de solteros tóxicos (como suelo hablar) y decíamos que siempre habrá uno que quiera robarse ese lugar: los tipos que figuran en esa lista pululan y salen por cualquier lado.

Y que gusto me da que a veces me de por escribir vanalidades.

Sólo espero que la Ciudad siga cubríendome, prestándome sus avenidas para que mi corazón las use de guarida. Así, no importa qué tan redonda sea, igual el soltero tóxico se pierde o se cae de ella.

Por mucho, el tipo del bar irlandés, es el más tóxico de todos. La gente no cambia, debo recordarlo.

Que mi humor ácido alimente este sábado.
Arriba el sábado, abajo los domingos.
Arriba yo, y espero que ahora sí abajo estés tu.

jueves, 11 de diciembre de 2008

Nunca nada es suficiente

La Ciudad es cruel con las solteras. Me duele pero así es. La mayoría de las personas que ven a una chica sola, la subestiman. Se cree que no va a poder ni siquiera defenderse por sí misma. Estoy enojada pero ya se me pasará.

Me chocaron el coche, a mi no me pasó nada más que me enojé como demonio. No sabía qué hacer, le llamé al Rey Sol y me ayudó; me tranquilizó por teléfono y luego fue al lugar. Caray, qué bien se veía, casi ya no me acordaba de las facciones de su rostro, ni siquiera lo vi llegar. Luego sólo se estacionó y camino hacia donde yo estaba. Gracias al cielo que llegó. Afortunadamente todo se arregló y esa misma tarde Andrés entró al taller. Luego me llevó a comer, platicamos muchísimo y me hizo reír también. Dimos la vuelta y ya de regreso, cuando creímos que todo el shock había pasado, rompí a llorar. La solución fue un six de Victoria y vámonos a dormir. Antes hablé con Madame Copo.

Nada es suficiente, mucho menos el tiempo.
Perdí la cuenta de los encuentros que he tenido. Sin duda el de hace un par de días se llevó de calle a mis microhistorias de la Ciudad. La presión, el trabajo, el amor, el bienestar y la felicidad: nunca son suficientes.
No se es ni demasiado bonita ni sexy. A veces está de más ser guapa, no se es muy inteligente o muy flaca. Nunca es too much el style. Ahora me doy cuenta que han sido crueles conmigo. O he tenido el pelo muy ensortijado o muy lacio: sin comentarios. Hace unos meses me pasó que un chico no se animó a invitarme a salir porque le parecí "muy": lista y guapa. ¿Qué es lo que quieren entonces? Madame Copo me dijo la vez pasada que soy muy sexy para un sólo chico, pero no lo suficiente para todos.

¿Por qué mi ciudad tiene que ser de extremos?
Y ni al caso con la pregunta, porque a veces yo soy de extremos también. Espero, en una de esas, no perder la proporción. Los tacones nunca son medios: o usas un plano o de siete centímetros para arriba, medias tintas ni para calzar. Como ya lo dije antes: si pudiera mataría por cinco minutos más.
Por otro lado, la felicidad es efímera. Y cuando crees ser totalmente feliz, algo sucede y no es suficiente. No se está ni muy enamorado ni demasiado desilusionado. Y si le demuestras a tu pareja un gramo de indiferencia resulta que no la quieres, ah pero si llamas todos los días se siente agobiada... Entonces en ese caso el término medio tampoco sirve para nada.
La ciudad es cruel con las solteras.

El invierno me adormece cada vez más.


Bienvenida al mundo real de la vida de adultos Mariposa Tecknicolor.

lunes, 8 de diciembre de 2008

Tercer encuentro (y despedida)

Y nada. Y todo. Que yo estaba comiendo comida china cuando el último mensaje llegó al móvil: "quiero verte". Ok, ok, yo también quiero ver a muchas personas, pero no por eso mando mensajes pidiendo compañía de la nada... En fin. Desde la madrugada del domingo que comenzó a buscarme, pero como yo estoy en una etapa de escepticismo, omití todo mensaje que trajera su remitente.

Dos días después, cuando éstos no cesaron, le respondí: "seguramente necesitas quien te lave las zapatillas. Avísame cuando puedes invitarme a comer." Tan tan. Al tercer día, el último mensaje llegó y, luego de pensarlo un rato, le devolví la llamada. Total que nos vimos a las seis en el Sheraton Ma. Isabel de Paseo de la Reforma. No sé por qué ya no tiene departamento y por qué vive en un hotel; y francamente no me interesó preguntar.

Se portó diferente, distinto a los dos encuentros anteriores. Lo esperé un rato en el lobby y luego me fui al Sanborn's de la esquina. Ahí me probé todos los relojes de pulso DKNY y lloré por no poderlos comprar de un jalón, en fin, no todo se puede en esta vida. Luego, llegó. Wow: altísimo con los ojos más verdes que nunca. Usa el pelo lacio, ya no como antes, y trae diferente la barba. Guapo de a deveras y hueco de a deveras también. No sabía a donde llevarme (mejor que no fue a su habitación), así que yo lo llevé al Starcoffee que mucho tiempo frecuenté años atrás. Comimos y platicamos mucho mucho. Por vez primera me contó de su familia y de su trabajo, y me hizo muchas preguntas. Quiso saberlo todo y también, me quiso contar todo. Tiene un hijo y no soporta más estar fuera de su país, sin verlo y sin su familia... Me quería ver antes de irse porque me extrañó. Me dijo que sólo en mi pudo confiar mientras estuvo en la Ciudad.
Y yo que creí que había perdido el garbo, ahora resulta que soy irresistible e inolvidable.

Debí saberlo.
Al día siguiente abandonó la Ciudad. Me dejó el segundo minúsculo pastel de mi vida junto a mi bolso de mano y la plata para regresar a mi casa. Odio las despedidas y ahora me arrepiendo de no haber tenido una despedida común y corriente: de esas en las que los amantes se besan apasionadamente porque no saben cuándo se volverán a ver. Hubiera querido abrazarlo mucho mucho y tocarle el pelo lacio, sentir su rostro lampiño junto al mío y olerlo por horas hasta que se hiciera de noche.
Ojalá pudiera deshacerme de esta apatía que tengo para las relaciones amorosas. Es irónico: soy una persona muy optimista para asuntos del corazón, todavía creo en el amor, lo creo... pero me da mucho miedo.

Adiós.
Hoy extraño a mi argentino que sólo sabe hablar de depilación láser. Me vale. Extraño su vocecita y sus palabras mal escritas.
Hoy quiero volver a creer y volver a sentir. Quiero que se me quite el miedo.

domingo, 7 de diciembre de 2008

Tenía que ser en domingo (the very last cup of tea)

Y de madrugada. Son las cinco de la mañana del domingo 7 de diciembre del 2008. Vengo llegando de una fabulosa noche de música, plática, compañía y cervezas en "La Nueva Excelencia" del Centro Histórico. Lo pasé, como casi siempre sucede, incréible.

Tengo la sensación de que las cosas deben cambiar. Debería comenzar con mi peinado, y tal vez seguir con la manera de ver las situaciones más complejas de mi vida. No todo lo que brilla es oro y, finalmente, he salido airosa de la ansiedad de los últimos años. I've been clean for the last hole year and i'm happy for it. Y la última taza de té debo tomarla mañana al despertar; sé que no haré caso del masaje con hielo ni de los analgésicos, tampoco he podido dejar de fumar. Pero, si sigo haciendo un esfuerzo y si en lugar de tomar el tamaño venti tomo el alto de latte por las mañanas, significará un gran avance para mi tratamiento. Odio no poder tomar té de hierbabuena ni fumarme un Marlboro light mientras termino de escribir algún párrafo o una idea inconclusa. Eso es, quizá debería escribirlo todo de un jalón -y a dos manos- para darme por vencida.

También el título del blog ha cambiado porque esta noche fue especial. Tengo una fan de planta. Bailé en la pista como mucho hace no lo hacia. La Ciudad necesita belleza y estoy segura de que yo se la puedo dar.

No me sentí sola porque esta vez mi hermano -quien por algunos años estuvo ausente- se volvió a hacer presente tomándome fotos, cantando y diciendo "salud". Me puso bien. Ojalá pudiéramos retomar esas noches de fiesta que solíamos tener antes de que se fuera a vivir Playa del Carmen; lo pasábamos muy bien y siempre hacíamos mancuerna. A pesar de tener pareja estable, me sigue tomando en cuenta cuando se trata de bailar en la pista. Ahora me doy cuenta de que lo extrañé. También extrañé a Madame Copo. Me encantó verla bien, guapa, sana y feliz. Con un chorro de proyectos inconclusos que pronto llevará a cabo; con sus ganas de bailar siempre y cuando la música toque.

La Ciudad me deslumbró una vez más.
Necesita belleza, como ya lo he dicho, y sin embargo se ve más linda que nunca. Y eso que no llegué a la inmensa pista de hielo de la plaza central. Me encanta vivir aquí. No me importa lo grande que sea y lo que eso implique. Yo soy una histérica también: tengo obras, y baches y camiones que pasan sobre mí entre las cero y las cinco horas... Una que otra vez he sido atropellada y me he caído de una azotea de primer piso; también he sido protagonista del drama de los servicios de emergencia. Por otro lado, sigo siendo mortal porque no he sido víctima de extorsión ni de secuestro. De este enorme Big Brother, sigo siendo anónima y soy feliz.

Ahorita tengo frío, ya me iré a dormir y comprendo, que a pesar de que algunas personas insisten en hacerse presentes, se necesita mucho más que un mensaje a celular para figurar en la farándula de mi megalópolis. Querétaro no me llega ni a los talones. Sus mensajes no tuvieron nada que decir, a pesar de que decían muchas cosas.

En ocho días recogeré los resultados de la biopsia, fijaremos fecha y me despediré de mi escote de vértigo. Tengo miedo pero así debe de ser. Espero que no sea pronto y también, espero poder tomar muchas fotos más. Ojalá pudiera beberme todo el té de hierbabuena del mundo y todas las coca-colas light y los té verde helados también. Me duele, el pecho y el alma.

Gracias Ciudad y gracias domingo. Ahora comenzarás a figurar positivamente.
No le sacaré la lengua al día de hoy.

Nostalgia

Creía, hasta hace unas horas, que la nostalgia podía ser motor de algunas circunstancias. Esta noche me han dicho que, al contrario, la nostalgia puede ser un freno.

El pensamiento de mi compañero de asiento -quien se refirió de manera contraria a la mía respecto a la nostalgia- se trata de que si siempre tenemos la añoranza de algún lugar, nunca podremos pasar a otro.

Repito: cuando tenga la oportunidad, cambiaré de patria, de ciudad y estilo. Mientras, me quedaré donde estoy. La nostalgia sigue siendo para mi el motor de cambio y de evolución.
¿Qué es para ti?

viernes, 5 de diciembre de 2008

Ninguna mujer se salva

Un día lo voy a confesar todo y voy a decir por qué ninguna mujer se salva. Voy a decir tu nombre, uno por uno, te voy a describir para que toda la gente que me lea sepa quien eres y te pueda encontrar a donde vayan. También me voy a quedar dormida por fin, sin tener miedo de que nunca me veas despertar, traeré mis santos en mis muñecas y la firma en la mano izquierda, nada más me importará. El insomnio ser irá para siempre y Clío regresará.

Se supone que la que debe ser la voluble, la indecisa y la frágil soy yo. No sé por qué a veces cambias tanto y por qué eres tan irregular. ¿Por qué simplemente no me puedes decir que no me quieres? ¿Por qué, al otro extremo, no me puedes decir que quieres estar conmigo? Odio las medias tintas, estoy harta de tanto "bla bla bla" y poco "glu glu glu". Quiero reír hasta reventar y quiero que se me quite el frío. Quiero dejar de pensar si la quiere mucho y si ella es más exitosa que yo (quizá lo sea, pero dudo que sea fabulosa). Quiero que se me caiga el tatuaje falso.

El taxi y yo

Hoy por la tarde fui a encontrarme con los ojos verdes para comer empanadas.

Para regresar, tenía que tomar un taxi porque mi coche se quedó afuera del garage ya que salí de casa hecha una loca para llegar a tiempo. El taxi que habitualmente pasa por mi tuvo que esperarme en la banqueta mientras yo buscaba mi zapato izquierdo.

Salí del bar "Muy" cerca de las veintiuna treinta. Hacía frío a pesar de mi gabardina. Estaba justo parada en la esquina de Río Guadalquivir y Río Lerma. Todos los taxis pasaban ocupados. Los ojos verdes se regresaron a su departamento, creo que un tanto ofendidos porque no los quise acompañar, y ahora tienen de tarea ponerse de buenas. Yo preferí regresar a mi casa, esta vez sin jugar a "Dos en la Ciudad".

Un auto encendió las intermitentes y se orilló a un lado mío. Abordé el taxi y casi de inmediato entablé una fascinante conversación con el chofer. De entrada me cayó bien notar que era educado, bienhablado y como de mi edad. Luego, me cayó mejor que me ofreciera una ruta alterna a las que yo le sugerí (Reforma-Fuente de petróleos-Periférico norte-salida Echegaray-casa Mariposa; o bien, Tíber-Río San Joaquín-Periférico norte-salida Echegaray-casa Mariposa) para que la tarifa me saliera más barata. Así, nos fuimos por Tíber para tomar Marina Nacional y luego atravesar calles y calles de la Delegación Azcapotzalco que no tengo ni idea de por dónde están. No me quedaba más que confiar en él y en su experiencia como chofer.

Dirás que estoy loca, pero me persiné. Ni modo, así es esto. Cuando no se puede confiar en las personas no queda más que tener un poco de fe en el cielo (hace dos noches tuve la sensación de que iba a morir y me puse las pulseras de santitos y de la virgencita de Guadalupe por si acaso. No tengo intención de ir al infierno más que cuando el invierno hace frío). Luego quizá, me daría cuenta que esta señal de la cruz sería una exageración: el chico terminó invitándome un cigarro y hablándome de "tu".

Y me enteré de que fue a la universidad, y de que vive por la ruta que usó para llevarme a casa, y también de que trabaja de día en un restaurante que está en Polanco. Sus padres viven en Satélite. Siempre estudió en colegio particular, es jefe de piso de este restaurante que se especializa en comida orgánica. Me quedé de a seis y me sentí afortunada de haberlo conocido. Me contó de su familia, del transporte de la zona metropolitana, de sus novias de preparatoria y de muchas otras anécdotas. Casi al llegar a mi casa comenzamos a hablar de política, me dijo que no había conocido a una mujer con mi postura ideológica; luego me preguntó a qué me dedico. Se lo confesé, casi como se confiezan los pecados. Me dijo, una vez más, que no había conocido nunca antes a una historiadora y que estaba congratulado. Me puso bien. Y terminó por caerme de maravilla. Éste chico y yo hubiéramos sido buenos amigos si nos hubiéramos conocido en un diferente y alterno pasado del micro presente que compartimos en la histeria de la vida de la Ciudad.

Muchas interrogantes aparecieron en mi cabeza. De entrada, me hubiera gustado saber por qué le es necesario tener dos trabajos que hacen que esté activo casi todo el día. Me dijo que el negocio de los taxis es de su papá y que ahora él tiene su propio coche que trabaja. Fue a la universidad y por eso tiene un trabajo estable, sin embargo, maneja su taxi de las 15 a las 23 horas. Me pareció demasiado y me brincó la situación porque, hacía media hora que yo había tomado naranjadas con un chico extranjero; atractivo como la droga misma; que trabaja de modelo con un salario que se cuenta en dólares y... estúpido como no he conocido a nadie en los últimos, digamos, ocho años. ¿Por qué mi país tiene que ser un país de contrastes?

Platiqué mejor con mi taxista que con los ojos verdes. El trayecto a mi casa lo pasé mejor que en los tres bares de la Cuauhtémoc. No sé, no sé. Me quedé con ganas de saber más y de perder menos el tiempo. ¿Qué me impulsó a ir a ver a este chico para hablar de depilación láser y planchas para pelo? En el remoto caso de que me interesaran esos temas, ¿qué no ha visto que soy feliz con mi pelo ensortijado y afeitándome las piernas? ¿Por qué un perfecto desconocido entendió mejor mis ideologías que un chico con el que he salido un par de meses? La ciudad necesita una limpia. Y el ranking debería incluir a los solteros idiotas junto con los tóxicos.

Casi nunca hablo del destino, es un tema del que no me atrevo hacer muchas aseveraciones. Sin embargo, en casos como este, es cuando la vida me escupe en la cara a través de él. No me gusta perder el tiempo. Bueno pues, ¡zim zam zum! me di cuenta de cuánto esfuerzo he hecho en vano con tipos que no tienen nada que ver. Y mira que me agrada que una persona luche por sí misma y se esfuerce por salir adelante. Me gusta que la vida me mande respuestas por medio de la vida de mi Ciudad.

También me queda claro que la química viaja en colectivo, y que el catch puede estar donde menos lo imagino. Yo te aseguro que si el chofer no hubiera sido casado...

jueves, 4 de diciembre de 2008

Galletita de la Fortuna

Tu corazón siempre se va a conocer a través de tus palabras.

Así lo leí del papelito que venía dentro de mi galletita de la suerte. Me dio mucha emoción. No hubiera podido leer palabras más atinadas en ese momento. Por cierto, mis números de la suerte son: 4, 7, 20, 45, 52, 54.

Risas.

A través del cristal

Lo vió. De todos los encuentros de los que he sido testigo, éste fue muy peculiar. Ella iba acompañada de un hombre casi 40 años mayor; no sé si por eso atrajo las miradas del lugar, o si fue por que, de entrada, es una chica linda.
El Vip's estaba a reventar. Ella lo odia, siempre ha preferido los desayunos de Sanborn's. Como sea, esa mesa les tocó y quedaron, con otra mesa entre los dos, pero mirándose de frente. El Güero Melia no dejó de mirarla al mismo tiempo que hacía anotaciones en un papel, la miraba y volvía a escribirla.
A ella siempre le ha interesado no dejar de sonreír. Le fascinan los encuentros fortuitos. Y qué va, con esos ojazos negros casi siempre le toca torear más de un par de miradas ajenas. Este güero era diferente, simpático y medio barrigón. Interesante y atractivo. Ella, vamos, se pinta sola para provocar.

Los días pasaron y casi lo olvidó hasta que lo volvió a ver de frente entrando al edificio. "¿Qué pasó? ¡Pero si yo lo conozco! ¿Dónde lo vi?", se preguntó. Él le devolvió la sonrisa, fortuita como la primera vez. Y nada, que como ya te habrás imaginado, terminaron trabajando en el mismo lugar. Nunca se habían visto. Hay veces en que se vuelven a encontrar en el vestíbulo pero él no la vuelve a mirar. Tal parece que al saber que son vecinos de oficina él se ha sentido cohibido.
El edificio, frío y sombrío como Lecumberri, copia la figura de un cubo perfecto con la diferencia de tener un patio interior. A partir del primer piso, hacia arriba, las oficinas se ven entre sí a través de los ventanales que van a dar a dicho patio interior. El cubo, por así decirlo, está "hueco". La chica de los ojos negros y el güero Melia tienen las oficinas contra puestas, por lo que sólo se pueden ver a través del sucio cristal que mira al triste jardín de fierro.
Ella, como cualquier otra mujer, quisiera saber y tener más. Yo creo que no podrá y que no debería hacerse ninguna ilusión. Mañana será el brindis de fin de año y tiene la esperanza de coincidir con él, por lo menos, en el vestíbulo. Mejor sería que se siguieran viendo por el cristal, así ella no sabría si las sonrisas pertenecen a él o a un recuerdo de antes.

Algunas cosas son mejor de lejos que de cerca. A veces vale la pena decir que es una lástima que estés por acá.

La historia de por qué ella estaba en el Vip's acompañada de un hombre casi 40 años mayor no se me ha olvidado y, por cierto, muero por contártela. Dame un respiro.

lunes, 1 de diciembre de 2008

JURAMENTO DE AUTOESTIMA

Venga, reconócelo Mariposa Tecknicolor, sin contar con tu hombre ideal, eres lo mejor que hay en la tierra. Es verdad que a veces te deprimes y no quieres hacer nada porque todo te da flojera, pero también hay que reconocer que el resto de las veces eres muy optimista, perfeccionista y dedicada. Nadie sabe hacer investigación histórica como tu. Si ya lo dice tu madre: eres la mejor historiadora del mundo. Por eso, a partir de hoy vas a dejar de torturarte por no tener pareja y comenzarás a quererte por ser responsable, persistente e inteligente. Y si alguien llega y te dice que eres una persona equivocada, dile que puede coger y largarse a la fregada.

Ya son las cuatro (Carnaval de Brasil)

Tanto pensar me ha quitado el sueño.

Comienzo a creer que es verdad esa frase de que "el escritor a cualquier hora del día se puede poner a trabajar". Hacía mucho que el insomnio no me llamaba para estar con él, Morfeo no me quiere más y Clío está haciendo sus maletas porque muere de frío (me lo ha dicho, no es invento mío). Ya le dije que el calentador estará prendido toda la noche...

La musa es una sola musa
o es una serpiente de muchas cabezas,
los buscadores de promesas
la tientan con cerveza.
Si se va puede volver, el día menos pensado,
para darle su consuelo, al poeta mal hablado.

No son mujeres ausentes, no son cuchillos en los dientes,
no son martes de carnaval de Brasil,
no son canciones urgentes,
no son asuntos pendientes,
no son martes de carnaval de Brasil,
(Tristeza nao tein fim)

Habrá que desenvainar las espadas del texto,
y escribir una canción aunque no haya algún pretexto,
y dedicársela al primero que pase caminando,
al que se quedó pensando, al que no quiere pensar,
al olvido selectivo, a la memoria perdida,
a los pedazos de vida que no vamos a perder... jamás.

No son mujeres ausentes, no son cuchillos en los dientes,
no son martes de carnaval de Brasil,
no son canciones urgentes,
no son asuntos pendientes,
no son martes de carnaval de Brasil.

Las musas no son
canciones urgentes,
no son asuntos pendientes,
no son martes de carnaval de Brasil.

Para mí, para mí,
no son mujeres ausentes,
no son cuchillos en los dientes,
no son martes de carnaval de Brasil.
(Tristeza nao tein fim)

Quiero ser la primera que pase caminando para que me dediquen una canción escrita sin pretexto...
Cuando me dé sueño, pondré las Grabaciones encontradas. Tu deberías estar escuchando La lengua popular.

Te mando todos los besos que todavía no te he podido dar.
Tengo frío.