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miércoles, 12 de mayo de 2010

Tres meses, tus años, nuestra historia.

Ahora que...

Ahora que nos besamos tan despacio,
ahora que aprendo bailes de salón,
ahora... que una pensión es un palacio,
donde nunca falta espacio
para más de un corazón.

Ahora que las floristas me saludan,
ahora que me doctoro en lencería,
ahora... que te desnudo y me desnudas,
y en la estación de las dudas,
muere un tren de cercanías.

Ahora que nos quedamos en la cama,
lunes, martes y fiestas de guardar,
Ahora que no me acuerdo del pijama,
ni recorto el crucigrama,
ni me mato si te vas.

Ahora que tengo un alma
que no tenía.
Ahora que suenan palmas
por alegrías.
Ahora que nada es sagrado,
ni sobre mojado llueve todavía.

Ahora que hacemos olas
por incordiar.
Ahora que está tan sola
la soledad.
Ahora que todos los cuentos,
parecen el cuento
de nunca empezar.

Ahora que ponnos otra y qué se debe,
ahora que el mundo está recien pintado,
ahora... que las tormentas son tan breves
y los duelos no se atreven
a dolernos demasiado.

Ahora que está tan lejos el olvido,
ahora que me perfumo cada día.
ahora... que sin saber hemos sabido,
querernos, como es debido,
sin querernos todavía.

Ahora que se atropellan las semanas,
fugaces, como estrellas de Bagdad.
Ahora que, casi siempre, tengo ganas
de trepar a tu ventana
y quitarme el antifaz.

Ahora que los sentidos
sienten sin miedo.
Ahora que me despido
pero me quedo.
Ahora que tocan los ojos,
que miran las bocas,
que gritan los dedos.

Ahora que no hay vacunas
ni letanías.
Ahora que está en la luna
la policía.
Ahora que explotan los coches,
que sueño de noche,
que duermo de día.

Ahora que no te escribo
cuando me voy.
Ahora que estoy más vivo
de lo que estoy.
Ahora que nada es urgente,
que todo es presente,
que hay pan para hoy.

Ahora que no te pido
lo que me das.
Ahora que no me mido
con los demás.
Ahora que todos los cuentos
parecen el cuento de nunca empezar.

Joaquín Sabina.

***

Aquí está tu jardinera, que no deja de regar las plantas de tus pies, que no para de escribir de ti. Tu, que has venido a hacerle de Clío, cuando más le ha hecho falta.

Muchos días como estos.

jueves, 11 de marzo de 2010

Estaciones en mi cuerpo

Tenía los pies diminutos, y unos ojos color verde mariguana.
Barbie Superestar, Joaquín Sabina.


No sólo hay estaciones de autobús, de tren, de Metro, de transporte público. No sólo hay estaciones del año, estaciones del tiempo, estaciones espaciales. También hay estaciones en mi cuerpo.

El lunes por la noche, luego de muchos meses si no es que años, tuve una crisis de ansiedad. No es nada grato, pero tampoco es grave. Lo mejor -si es que existe algo bueno en esto-, es que ahora sé manejarlas, sé identificarlas, y sé recuperarme en las seis u ocho horas siguientes. Y una cosa muy importante, es que ahora puedo hablar de ello abiertamente, sin sentirme mal por tener un tanto de TA. Somos muchas personas las que lo padecemos, pero pocas lo podemos asimilar, identificar, y hablar sobre ello.

Y aquí vengo, como siempre, buscándole el lado optimista a las circunstancias que me rodean.

Llevo ya casi ocho días sintiéndome mal, sigo mareada, sigo con náuseas, con cara de fuchi sin de veras sentirme fuchi, con unas ojeras terribles aún cuando he procurado dormir bien. O quizá sea que, una vez más, comienzo a acostumbrarme a este insomnio que de pronto regresa como regresan las estaciones del año.

Y es justo en primavera, cuando me pica la nariz, cuando no paro de estornudar, cuando me lloran los ojos por tanta flor, tanto verde y tanto polen; tanto "love is in the air" que se levanta cuando lo hace el sol. Justo con el calor, es cuando comienzo a quejarme del dolor de piernas, cuando los padecimientos de hace un par de años hacen su aparición. Y es como todo lo que me pasa, que me recupero pero no me curo al cien por ciento, todo es tratamiento, control, manejo de síntomas -como dice Mauricio-, para que no regrese la enfermedad.

Hoy, manejando sobre Thiers, me di cuenta que la primavera está sacando a patadas a este invierno de la Ciudad. Los árboles comienzan a verse todos verdes, luego de que en otoño las hojitas amarillas, rodaban por el pavimento. Los rayos del sol atravesaban las copas de los árboles, obligándome a entrecerrar los ojos, aún con las gafas puestas. Qué linda escena, pero qué puto calor.

Y lo que nunca me hubiera imaginado, ahora pasa que tengo la presión alta. ¿Por qué? No lo sé. Se supone que por estrés, por angustia, por este TA que hace su aparición de repente, aún cuando yo había ya echado las campanas al vuelo. Qué más dá. Así soy, ni modo. Y aún cuando intento no darle importancia, debo hacerlo. Pareciera que no me interesa, que ni siquiera me preocupo por mi propio cuerpo, por dormir o comer bien, por procurarme una buena compañía, un entorno que me sea viable. Pero no es así, sí me preocupo, sí me interesa, y entonces me angustio. Qué de la shit está la cosa.

El chico tendría que saber que no sé pedir ayuda, que soy medio bruta para esas cosas. Hace ya tanto tiempo que me concibo así, que a veces no comprendo que puedo pedir que me tiren un lazo. "¿Por qué no me llamaste a mi?", me preguntó el día después de la crisis. "Por que no se me ocurrió, porque pensé que estarías dormido, porque pensé que te molestaría al llamarte", le respondí, o le quise responder, o me imaginé que le respondí. A veces (lo reconozco), no digo todo lo que pienso, porque me da miedo hablar de más. Todavía este absurdo miedo de no decir lo que esperan escuchar.

Pero el chico tiene razón, y debería ponerle más atención. No es que no lo haga, pero tiene razón cuando dice que puedo llamarle a la hora que necesite, que puedo pedirle un consejo o compañía, que puedo mandarle un recado o escribirle una carta pidiéndole que venga a hacerme casito un rato. Todo se vale, el chiste es que yo me de cuenta que se vale. Y me cuesta, porque casi no recuerdo cómo es cuando uno comienza a salir con alguien.

Pero qué estupidez estoy pensando, si todo vuelve a comenzar siempre. Todo es una gran primera vez. Y este chico está viniendo a llenarme de primeras veces.

Mi memoria, como si fuera un gran monstruo, de pronto comienza a despertar, y a veces no sabe qué hacer. Y eso no importa, porque entonces comienza a llenar las paredes de su guarida, con nuevos colores, nuevos recuerdos, nuevas sonrisas, nuevos ojos que miran a los míos, aún cuando sostengo más de un instante la mirada.

Qué maravilla.

Por otro lado, el corazón, con su enorme coraza, comienza a hacerse blando. Y es entonces cuando me doy cuenta que los latidos de este corazón, que hacen que la presión arterial se altere, quizá no sean causados sólo por una ansiedad mala, sino por una emoción exorbitante. El cariño y los sentimientos también alteran, también matan, de buena y de mala manera. ¿Qué pasa cuando uno, sin reconocer las sensaciones del cuerpo, de pronto cae en la cuenta de que todo está bien? ¿Por qué la convivencia siempre es sorpresiva?

¿Por qué la mente me juega esta trampa, queriendo siempre planearlo todo, palomear todas las listas y tener el control de todo? ¿Por qué cuando me dejo llevar, casualmente se me sube la presión arterial?

De una cosa sí estoy segura: las cosas que mejor saben, o que mejor resultan, son las que no se planean; aún con este mareo, con el dolor de cabeza, y con las náuseas que me quitan el hambre, comienzo a disfrutar de cada una de las sensaciones de este monstruo que se despierta, de esta coraza que se cae, de este cariño que me toma por sorpresa.

La última vez que se me subió la presión, mi hermana Cristina me cuidó, y me llevó con ella a través de las avenidas de esta Ciudad; a comer a un restaurante de la colonia Condesa, a visitas de obra en las que ni siquiera me pude bajar del auto por la pesadez de mi cuerpo, por el dolor de mis piernas.

Ahora Cristina no me puede cuidar, y si no comienzo a cuidarme yo, nada valdrá la pena.

Y termino en donde partí, pidiéndole a Clío que regrese para que me haga escribir, para que pueda terminar lo que me hará arrancar una nueva Historia. San Antonio sigue de cabeza, el pobre ya no ve su hora, le falta poquito porque la mayoría de los milagros -que se confunden con primeras veces-, a comenzado a concedérmelos.

Es normal, que el vaso gota a gota de pronto se derrame. Es normal que la convivencia cree lazos maravillosos de afecto y compañía. Es normal que alguien venga a preocuparse por mi, e intente hacerme entender que debo hacerle caso a los síntomas de mi cuerpo.

Es normal querer seguir escribiendo. Es normal, que de pronto me lleguen unas ganas bárbaras por llenar las paredes de letras, de frases, de su nombre escrito en muchos idiomas, con muchas claves, con mi letra retorcida que a veces no pueden leer. Es normal que el sol y el polen me hagan estornudar, porque entonces es cuando sigo sintiendo, cuando ya no soy indiferente a las estaciones de mi cuerpo.

domingo, 21 de febrero de 2010

Abre los brazos al mundo.

Domingo de dormir hasta las once de la mañana. Domingo de almuerzo con la Diseñadora de Modas, de frapuccinos con San Román. Domingo de hacer las compras, de hacer cuentas, de tirarme del pelo porque no me alcanza el dinero.

Domingo de reinventar planes, de inventar proyectos, de deshacer recuerdos. Domingos de darme cuenta que estoy bien acompañada. Domingo que me enseña a dejar de sacarle la lengua a los domingos.

Día de intentar dormir sin tener éxito. De cumplir promesas, de seguir costumbres, de alimentar a mi corazón a través de mi otra familia, de mis amistades, de buena comida, de reírme manejando el coche que ahora ya quiso andar.

Estoy contenta de que el domingo me haya recordado a la cara que una vez soñé con comerme el mundo a mordidas. Que cuando decidí la línea que quería vivir, para luego poder sobrevivir, tuve un sueño, o muchos, que pensaba en inundar las almas con optimismo, con amor, con buenas costumbres. Pensaba que sí era posible cambiar el curso de la Historia, dejar de permitir que los ciclos se repitieran, que los mismos errores se cometieran, que un acuerdo entre algunas partes era suficiente para darle felicidad a una población.

Soñaba con comerme el mundo a mordidas. Eso, con el tiempo y junto con otras experiencias, se me fue quitando. Me olvidé por un tiempo de Clío, me olvidé de hacerme reír, me olvidé de procurarme un corazón, de procurar al que latía bombeándome de sangre todo el cuerpo; me olvidé de comer bien, me olvidé de dejar de beber, me olvidé de las cosas buenas que me merecía.

Un día me olvidé que era posible que alguien pudiera llegar a quererme, pudiera llegar a amarme tal como soy, me olvidé de quererme a mi misma. Pero las cosas pasan, el tiempo se termina, los plazos se cumplen, la evolución sigue, los caminos se vuelven a abrir. Y entonces comencé a urgar entre mis recuerdos, comencé a lamerme la memoria, y comencé a recordar todo aquello que había bloqueado.

Sólo así me olvidé las pastillas en el buró, me olvidé de las malas compañías, me olvidé de los corazones rotos, me olvidé de los solteros tóxicos, me olvidé de las malas decisiones, me olvidé de engancharme como imbécil a lo primero que me pasara por enfrente, fuera lo que fuera. Me olvidé de comer mal, me olvidé de lo que opinan y hablan los demás.

Comencé a formarme una familia, comencé a tomar buenas decisiones, y hoy, que es como sucedió con el Homo Sapiens Sapiens -el que sabe que sabe-, me hice un pensadero y estoy intentando sacar con mis letras todas esas frases que son y que siempre han sido sordas, esas experiencias que no sirven más, esas personas que nunca fueron, y esas decisiones que alguna vez me resintió tener que tomar.

Hoy me dispuse a volver a creer que me puedo comer el mundo a mordidas. Hoy le tomé sentido a la frase que Cristina me dijo por teléfono, esa de que abra los brazos al mundo, de que está ahí, esperando a que lo tome; esperando como esperé yo misma, para poder conquistarme.

Love, i can believe in. Change, i can believe in. Yo creo y con eso basta. Y es oficial, vuelvo a tener confianza, y lo voy a volver a decir a menudo: quiero comerme el mundo a mordidas.

martes, 9 de febrero de 2010

Okey es oficial, soy licenciada.

Empecé a investigar un extenuante tema dentro del mar que significa la historia de la Radiodifusión Mexicana en enero del 2006. Terminé la carrera de licenciatura en Historia en junio de 2006. Mi proyecto de titulación, tesis y examen profesional, quedó registrado en octubre de 2006. Y sólo entonces, oficialmente se pudo decir que yo trabajaba como asistente de investigación, pasante tesista, en un proyecto muy importante de la Universidad Nacional. Pasó el tiempo y mi investigación avanzó conforme el proyecto lo hizo. En enero del 2008 me invitaron a participar en otra investigación sobre la Radio en México. En junio del 2008 el proyecto de la Universidad terminó, y con él terminaron también muchas otras cosas. Oficialmente mi chico me partió el corazón, y tuve una fuerte recaída de depresión con un poco de trastorno de ansiedad. Pero siempre hay un "pero", y entonces la última partida de corazón -y de madre- oficial, que me dio mi ex pareja, fue en febrero de 2009. Siguió la depresión. Me alejé del camino, Clío se hartó de mí y yo me harté de ella. Y sinceramente no estoy segura de que haya querido regresar. Estuve aproximadamente ocho meses en el purgatorio, hasta que dar noticias me echó un cable a tierra. Luego la inspiración siguió fluyendo, y haber escrito por encargo me dio mucha experiencia para trabajos futuros y para mi propio trabajo. El 17 de julio de 2009 el premio Edmundo O'Gorman aprobó mi trabajo de tesis, completito y sin errores. Luego de casi seis tortuosos meses de trámites burocráticos, hoy hice mi examen profesional, oficialmente me gradué y oficialmente soy licenciada.

La metamorfosis duró más de tres años -cuatro si contamos de enero 2006 a enero 2010-, y puedo asegurar que valió la pena. Soy catorce kilos más flaca, duermo cuatro horas más cada noche, compré dos coches en el espacio de un año, uno se perdió para siempre y el segundo duerme todas las noches encadenado al poste de la esquina de esta, que quizá ya no sea más mi casa. Los chicos siguen yéndose y siguen volviendo. Algunos decidieron no irse jamás. Otros decidieron, afortunadamente, no volver nunca. Cristina sigue lejos de mi. María no quiere saber más de estos triunfos y de mis propias conquistas. Mis padres, mis padres...

Los empleos no dejaron de llegar, las buenas oportunidades tampoco. Luego del período de película de terror que viví en los inicios del 2009, la vida se puso a mano conmigo. Soy feliz. Hay cosas que no cambiarán, y otras que no quiero que sigan cambiando. Me falta mucho por aprender, me dan un poco de ansiedad los estudios de posgrado, pero para reír no me hace falta mirar atrás.

Ya nada me podrá detener.

miércoles, 20 de enero de 2010

Mi propia historiografía impresa.

Pero esta noche estrena libertad un preso
desde que no eres mi juez,
tu vudú ya pincha en hueso,
tu saque se enredó en mi red.
[...]
Dónde crees que vas,
quién te parece que soy,
no mires atrás que ya no estoy.

Pero dónde crees que vas,
quién te parece que soy,
si miras atrás mañana es hoy.

Dónde crees que vas,
quién te parece que soy,
puede que quizás luego sea hoy.

Nena dónde crees que vas,
quién te parece que soy,
no mires atrás que ya me voy.
Que sepas que el final no empieza hoy.

Tiramisú de limón, Joaquín Sabina.


A las 17:30 salí de la oficina, muy nerviosa porque iba a recoger la obra terminada. Tomé Cuauhtémoc, luego me desvié a la derecha para tomar avenida Universidad. Aprendí, que de ida o de vuelta, todas las avenidas llevan a Ciudad Universitaria.

Muchos semáforos me tocaron en verde, algunos pocos en rojo, y éstos últimos me sirvieron para acordarme de cuando fui estudiante -que no hace mucho tiempo de eso- y de mis días en la Facultad y de mis días de Macroproyecto, de investigación de bases de datos, mientras trabajé en Ciudad Universitaria. Me acordé del soltero tóxico, lo recordé con amor, con cariño; y mi cabeza, sin saber lo que hacía, de vez en vez pensaba, "ahh, te quise tanto, te quise tanto, te quiero un poco todavía, y me gustaría que estuvieras aquí para que compartiera esto contigo".

Hans se portó muy bien. Yo no me desubiqué, e hice honores del apodo que me puso San Román, eso de GPS se me da muy bien, quizá porque tengo buena memoria.

Seguí derecho y pretendía dar vuelta en U pasado el Superama que casi entronca con Insurgentes Sur, pero me atreví a gritarle de coche a coche a un taxista, para preguntarle cómo era mejor tomar avenida Copilco. Me dijo que lo siguiera, y lo seguí.

Llegué a mi destino justo cuando dije que llegaría, a las 18:00. Pedí permiso para estacionarme, y entré, todavía muy nerviosa, al local. Histeria como siempre, histeria colectiva, histeria por tener los trabajos listos, por atender a la gente, por ediciones que no quedaron como deberían quedar. Afortunadamente, con mi trabajo no hubo ningún inconveniente, salvo que debía esperarme cerca de 45 minutos, para que la edición digital estuviera lista. No me importó, ya no importaba nada. Yo estaba allí, esperando ver a mi hijo listo, al primero de los hijos que tendré, envuelto en pasta color azul, impreso con letras color dorado, como siempre quise que fuera, porque mi sangre es azul y mi piel es dorada.

De pronto el tiempo se detuvo, y sin darme cuenta comencé a fumar, ya eran las 19:30.

Me emocioné, pero esta vez no me salieron las lágrimas, más bien se me durmió el brazo derecho -como suele ser cuando estoy a punto de tener una crisis de ansiedad- y sentí un hormigueo en el centro del pecho. Los trajeron listos, todos apilados, todos bonitos, con esas letras que me tardé más de tres años en ordenar.

Ahora sé cómo sabe ver tu propia historiografía impresa.

Pagué, estos pesos que me costó mucho conseguir. Que era fácil, pero quizá no para mi. Este dinero que mucha falta me hace, pero que pronto llegará, que la rueda de la fortuna de la vida -y de la economía- estoy segura que en poco tiempo me regresará. Esta edición fue un presente, y aún cuando no estoy obligada a pagarla, la vida no me alcanzará para pagar el apoyo y la atención que mi mejor amigo ha tenido conmigo.

Subieron a los pequeños, guardados en dos cajitas de cartón, al coche, me despedí de los chicos editores, arranqué y me fui de regreso a avenida Universidad. Es oficial, iba de regreso a casa con la primera edición lista. Es oficial, mi Historia está impresa.

La mera verdad que no sabía cómo volver a casa, sin tomar por supuesto, Periférico Norte, que a esa hora siempre va a reventar. Le mandé un mensaje al Rey Sol para pedirle una ruta, pero no me respondió. Seguí mi camino, le llamé a la Diseñadora de Modas, y entonces sí comencé a llorar cuando la escuché.

No hablamos mucho, ella venía en Metro, y la llamada se cortó. Al escucharla se me quebró la voz. Pero le alcancé a decir que en ese momento nada me importaba más, estaba feliz porque lo había logrado, y por fin sentía dentro de mi corazón que todo había valido la pena.

Lo que sigue, un montonal de trámites burocráticos, mucho tiempo más de espera, me harán volver a la realidad. Pero en ese momento, y ahorita todavía, estoy tan feliz que nada más importa.

Seguí pues por Universidad, acordándome de la ruta que tomaba el soltero tóxico para ir a Santa Margarita. Era desviarse hacia Gabriel Mancera y dar vuelta en Matías Romero. Sí, así lo haría. ¿Pero después? ¿Qué haría después, si lo que quería era evitar Periférico? Ah pues seguí por Mancera acordándome si entroncaba con Xola, para tomar Monterrey como todos los días cuando vuelvo de la oficina, y así fue. Una vez más, de coche a coche, le grité al de mi lado derecho, y me dijo que si. Le pregunté, a grito pelado, si Sánchez Azcona estaba "para acá o para allá", me dijo que para "allá", así que me pasé al carril de la extrema derecha.

Di vuelta en Xola, dos más derecho, di vuelta a la izquierda, tomé Sánchez Azcona, y así, sin ningún congestionamiento, seguí derechito hasta Tiber. Canté. Canté otra vez a todo pulmón, con el ipod enchufado a mi oído izquierdo. ¿Habrá habido en el mundo, una mujer más contenta que yo en ese momento? Dudo que así haya sido.

Seguí hacia Marina Nacional, riéndome de los que iban para Río San Joaquín o Circuito Interior -ahora llamado Bicentenario- porque iban prácticamente detenidos. Seguí, seguí, y justo en la desviación para tomar México-Tacuba, leí el letrero de enfrente que decía: Invierno, Tezozomoc para adelante, Tacuba para la derecha. Sin dudarlo para la derecha, ¿quién quisiera ir, sin tener que hacerlo, hacia donde hay más invierno?

Llegué a casa. Vacié el coche, guardé a Hans. Me di un baño. Cené. Estoy bebiendo coca-cola light. Fumo, casi sin parar. No sé siquiera, si me dará sueño pronto.

Hoy, sin dudarlo, es el principio del fin de este ciclo.

2010. He prometido tener fe. Buena estrella está llegando con él.

lunes, 18 de enero de 2010

Valió la pena.

Hacía mucho tiempo que no pasaba toda la noche escribiendo. Mucho tiempo. Cuando menos me di cuenta, estaba tan atenta en mi trabajo, que sonó la alarma de las cinco de la mañana. Ya voy, ya voy, pensé, pero no pude parar de inmediato. Me acosté a las cinco y 45, y me desperté a las siete y veinte.

Fue un día muy provechoso.

El domingo fue la primera vez que un red bull me hizo efecto. Luego de beberlo, me di un baño y me dispuse a escribir cuando San Román me llamó para que fuéramos a cenar. Vino con mi tocayo y fuimos por hamburguesas. Platicamos hasta la media noche. Regresé a casa a ordenar papeles, buscar libros, interpretar anotaciones, transcribir programaciones de 1937 hasta 1947.

Todo valió la pena.

Hace rato, de regreso en el camión, me quedé tan dormida que la cabeza se me azotó contra la ventana en donde venía recargada. Me despertó el golpe, y no pude más que reir y sobarme el chipote que se me hizo en la frente. Ni modo. Estoy verdaderamente muerta, pero no llegué al punto de sentirme mal durante el día. Digamos que el café que me bebí de un hilo, y el par de cafiaspirinas que me tomé luego de la comida, me mantuvieron en pie.

Y pienso que este, y todos los desvelos de los últimos cuatro años, que han tenido que ver con mi investigación, valieron mucho la pena.

Ya no me acordaba lo que era irse "en vivo" a trabajar. Ya no me acordaba que es posible pasar toda la noche escribiendo de un jalón lo que se pudo haber escrito en el lapso de una semana, pero que en la noche sabe mejor.

Ni un bostezo, ni un escalofrío por el clima. El gato en el sillón, los cigarros en el cenicero, el móvil que a las cinco me avisó que era hora de despertar... sin haber dormido.

A las siete y 20 directa al sur, a explicar por fin de qué se trata la historiografía. A las once llegada a la oficina. A las catorce en World Trade Center, porque una llamada que no esperaba recibir me invitó a comer. A las dieciséis de regreso a la oficina para firma de contratos, para resolver pendientes. A las dieciocho de regreso a casa. Se me azotó la cabeza en el camión, pero bueno, un precio se debe pagar por un sueño tan profundo de 45 minutos.

El tiempo nunca alcanza. No importa que uno no duerma, el día de 27 horas dudo que si llega, me pueda ser suficiente.

miércoles, 3 de junio de 2009

Sabio Don Pedro

Me desperté con un hambre terrible. Hice un montón de cosas, me arreglé, envié unos e-mails. Cuando me dí cuenta, el reloj marcaba las once horas y no me daba tiempo de comer algo antes de irme a trabajar. Cogí mi caja de ensalada y el bolso, el paraguas, el abrigo y salí de casa.

Un riquísimo olor me llegó a la nariz: era el olor a carnitas recién hechas del lugar de Don Pedro. Se me hizo agua la boca, llegué al lugar, hice fila y mientras el mismísimo Don Pedro se acercó a saludarme. Me preguntó cómo estaba, dónde trabajaba, preguntó por mis hermanas y por el más tóxico de todos los solteros. "Creí que te habías casado, no me digas que ya no estás con él" -me dijo en un tono un tanto paternalista. "No, de hecho él fue quien me cortó" -le respondí de un tajo sin hacer ninguna pausa (y sin pensar en mis palabras). Se puso serio, hizo una mueca y me dijo: "Ándale, qué muchacho, éste quería que lo mantuvieras".

Disimuladamente solté una carcajada. Le dije que seguramente había sido así y que hacía mucho tiempo que estábamos separados. "No se diga más, andale, desayuna" -concluyó. Llegué al mostrador, pedí un sólo taco, de maciza con una sola tortilla. Me supo a gloria. Tomé el cole y me fui al metro Cuatro Caminos.

No pude dejar de pensar en mi taquero favorito y en su sabiduría de hombre mayor. Filosofía kitsch, de Ciudad acalorada. Me puso bien. Me he reído mucho de esta mañana. ¿Era tan evidente la situación con el soltero tóxico, que hasta el señor de las carnitas se dio cuenta?

¿Hasta donde mira un tercero, las cosas de dos protagonistas ciegos? El historiador debería tomar en cuenta a su lector aún mientras escribe su historia, y no sólo al planearla y al terminarla.

La Historia no se escribe sola, me queda clarísimo. Por eso esta noche no tengo hora para irme a dormir. Entre San Antonio y Clío salí airosa de ese relato, de esa historia, de esa experiencia. Lloré muchísimo pero efectivamente todo sirvió. Y Don Pedro tiene razón, el chico tóxico estaba más preocupado de quién lo matendría si su madre dejaba de hacerlo. Qué horror, y qué manera de romperme el corazón.

Y dale, que el amor no se compra. Yo me doy por bien servida pagando mis frapuchinos y las croquetas del gato. Otra historia escribiré cuando me ponga con un chico a hacer inversiones hombro con hombro.

Lo otro no era amor, meses después resulta fácil de comprender. Suyas eran ganas de tener una segunda mamá. Y mis ganas eran estupidez, pura y ciega estupidez.

jueves, 21 de mayo de 2009

Otro corazón roto

Para Mafka.

El año 2009 empezó con muchos cambios, muchas novedades y muchas pérdidas. Qué puedo decir de mi situación; me robaron el coche, me quedé sin trabajo, mi hermana se fue a mediados de diciembre, otras personas se fueron, se movieron, por decisión o por circunstancia se alejaron de mi entorno.

Por ahí del día 3 de enero, a mi amiga la diseñadora de modas le rompieron el corazón. El novio con el que había compartido cuatro años, así nada más la cortó por el móvil. Unos días antes, pocos, habían venido a mi casa por aquello de las fiestas. Se veían muy bien. Habían tenido problemas, como todos, pero así también los habían resuelto.

La chica diseñadora estaba segura de que él era the one. Total que luego nos enteramos de que este hombre había conocido a otra chica. Mi querida amiga lloró mucho y se deprimió mucho. Todos los días le llamé por teléfono para saber cómo seguía, qué pensaba y si poco a poco su vida comenzaba a tener otro panorama.

No es nada fácil. En muchas otras ocasiones, fui yo la del corazón roto y ella me soportó con todas mis depresiones y borracheras; con mis canciones malditas y mis lágrimas mientras comíamos sushi con sunomono. Lo mínimo que uno puede hacer para hacer que una gran amiga sobrelleve estas situaciones horribles del desamor, es llamar por teléfono, mandar mensajes al móvil y decirle que sobre todo, estaremos con ella.

Los chicos van y vienen. Unos se quedan, luego se arrepienten y se van. Otras veces somos nosotras las que decidimos que hasta ahí llegó el asunto; pero para todas estas circunstancias, se necesita el apoyo femenino y una buena taza de café (o una yarda enorme de cerveza). Las amigas, hermanas del alma, permanecemos.

A veces siento que me he vuelto un tanto inmune al amor. Y eso que muero por emborracharme de amor, de sumergirme nuevamente en el corazón de un chico y de preguntarme todo el día ¿estará pensando en mi? A veces siento que la coraza que por mucho tiempo quise ponerle a mi corazón para que no me lastimaran, se quedó perenne sobre éste y sobre mi alma.

Con todo y la fortaleza que suelo demostrar en estas situaciones, otras veces soy yo la que se desmorona, se enamora y entonces es cuando leo y re leo mi juramento de autoestima. Poco a poco aprendí a salir adelante y a abrir y cerrar los párpados de mis oídos y de mi corazón. Aprendí a no romperme cuando me rompen el corazón.

Y creo en él, tengo fe, soy optimista ante el amor.
Hoy, a otra hermana del alma, le rompieron el corazón. Salimos el viernes, hablamos ayer por la noche; en ambas ocasiones me dijo que se sentía un poco mal de que el chico no le mostrara interés y que no cediera un par de horas para verla.

Yo le explicaba que la Ciudad es cruda cuando a amor se trata. No es fácil congeniar con las distancias, el tránsito vial, el empleo y luego con el corazón. Le sugerí que tuviera paciencia, que los chicos finalmente se dan cuenta que también tienen que poner de su parte. Después de unas cuantas semanas de relación, generalmente uno congenia para quedar en algún lugar (yo siempre tuve al Auditorio Nacional de cómplice), o a alguna hora.

Total que esperando ese momento, en el que el chico pusiera por fin de su parte, los días siguieron pasando. Hoy me llamó por ahí de las 18. Me platicó que lo vería, pero que no sabía de qué hablarían ya que anoche ella le había dicho que la situación no era muy fácil de soportar.

Hablamos otra vez, casi a las 20. Llegué a casa como siempre, unos minutos antes de las 22. Mi amiga me llamó, el chico había terminado con ella, ¿por qué razón? No estamos seguras. El argumento que más peso puede tener -entre comillas- es que ella es demasiada pieza, así se lo dijo, "no te merezco". Okey, yo puedo entender la inseguridad de un chico, la competencia profesional y hasta a la miseria de corazón, de cariño. Pero no puedo entender que no se pueda luchar por alguien a quien -ya no digamos se ama- se estima o con quien se tiene química.

Ahí está el meollo del asunto. Mientras una, como chica, se esfuerza por superarse (en muchos sentidos), no entiendo por qué los chicos se dan por vencidos. Y entonces esa leyenda de "chica muy" se vuelve estigma, se nos ve como imposibles e inalcanzables y no es así. Somos chicas mortales, como todas las demás; la diferencia es que queremos más que la otra persona.

En otras circunstancias hubiera pensando que entonces una no debe creer, no se debe enamorar y debe comenzar a querer como ellos, pensando en que las personas somos desechables. Y no. No es así, y no debe ser así, y no debería seguir siendo así.

"No permitiré que te llames tonta, al contrario, tú lo intentaste, jugaste, cometiste el crimen y pagaste la condena. Tomaste tu decisión." -Le dije por teléfono, mientras ella sollozaba del otro lado. Hubiera querido correr a abrazarla para explicarle que efectivamente duele, pero que luego se nos pasará.

¿Cómo vuelve uno a amar después de tener el corazón roto?
¿De dónde demonios saqué fuerzas para salir adelante luego de que me bajó del coche de la peor manera posible?
¿Cómo pude volver con él luego de que me dijo que era imposible?
¿Cómo me repuse después de ese tiempo, en el que me dijo que no quería que entrara a la Universidad?
¿Cómo le perdoné, luego de que seguía con su anterior novia, regresó con ella y se casó antes de los seis meses siguientes?

¿Cómo es posible que, después de haber llorado por los ejemplos anteriores -que sucedieron en el espacio de diez años- todavía pueda sentir mariposas en la panza cuando un chico me cautiva?
¿Por qué Clío no puede venir cada que le prendo una vela, como vuelve el amor cuando le prendo la candelita que cabe en el candelero en forma de corazón?

¿De dónde saqué la fe, la esperanza y el optimismo?

No me sé las respuestas a todas las preguntas anteriores. Lo que sí sé, querida amiga, es que aquí voy a estar contigo; respondiendo furtivamente el móvil en mi trabajo, brincando líneas de Metrobús, yendo de compras, tomando tarros en el Salón Corona, haciendo transbordos en la estación Hidalgo, bailando techno, fumando Marlboro lights y haciendo todo lo que solemos hacer -y lo que más se nos ocurra- para que vuelvas a creer.

Yo seré quien escribirá la historia de lo que pudo haber sido. Afortunadamente me sé el final, y pude saber tu principio pasado porque me lo compartiste. No te preocupes. Y si flaqueas, tenemos muchas listas que palomear, muchos juramentos que hacer y tengo mucha fe y mucho amor que te puedo compartir.

Todavía tengo mi amor, y te puedo decir que te amo con todo el corazón.

Arriba, arriba, arriba, que las tesis y los diplomados no se hacen solos... Benditos trabajos que no son los ideales, pero que nos sacan adelante y nos dan para pagar los tacos, las cervezas y nuestros pecados fashionistas. Te quiero, guapa. No estamos solas.

jueves, 5 de marzo de 2009

Sólo nos dijimos cosas al oído

En tres semanas tengo que entregar el artículo sobre Radionacional. No es que no sepa, pero he estado algo dispersa. Para situarme en el contexto, me puse a leer sobre cultura mexicana del siglo veinte. Lo he pasado bien, estos autores me quieren y me reciben bien, nada más tengo que ponerme a recordar, a recordar.

Sólo sé que no sé nada de tu vida, sólo me colgué una vez en el pasado.
Mi cabeza ha sido un maremagnum. Necesito ver el mar o por lo menos sentir otro clima. Nada más es cuestión de que el recuerdo se quede conmigo.

¿Cómo fue que me situé en la historia de la radio la primera vez? Seguramente me habló al oído, como cada noche lo hace, y me abraza, y me posee. Ese sonidito, esa interferencia, los cables, la frecuencia... Me habla tan fuerte y de tantas cosas al mismo tiempo, que es cuando no sé cómo debo hacerle las preguntas.
Ya no quisiera preguntarle más nada. Bueno, una última ¿como quieres que escriba de ti? Quisiera decirle también que no es justo que a veces se vaya, yo le he sido fiel y he intentado mantenerme al día, es necesario que siga respirando historia de la radio. Te lo voy a proponer una vez más ¿puedes venir, a que te acuestes en mi cintura y en mi pelo enredado, otra vez?

Y ahora, a empezar a ordenar lo que le rasqué a mi memoria. Las canciones que me acompañaron en esos días se convierten entonces en las embajadoras de Clío. Y si, es que las confundo con la gente.

Mi querida Radio y si un día te encontrare una mañana fue hoy, será posible, será dormido.

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viernes, 5 de diciembre de 2008

Ninguna mujer se salva

Un día lo voy a confesar todo y voy a decir por qué ninguna mujer se salva. Voy a decir tu nombre, uno por uno, te voy a describir para que toda la gente que me lea sepa quien eres y te pueda encontrar a donde vayan. También me voy a quedar dormida por fin, sin tener miedo de que nunca me veas despertar, traeré mis santos en mis muñecas y la firma en la mano izquierda, nada más me importará. El insomnio ser irá para siempre y Clío regresará.

Se supone que la que debe ser la voluble, la indecisa y la frágil soy yo. No sé por qué a veces cambias tanto y por qué eres tan irregular. ¿Por qué simplemente no me puedes decir que no me quieres? ¿Por qué, al otro extremo, no me puedes decir que quieres estar conmigo? Odio las medias tintas, estoy harta de tanto "bla bla bla" y poco "glu glu glu". Quiero reír hasta reventar y quiero que se me quite el frío. Quiero dejar de pensar si la quiere mucho y si ella es más exitosa que yo (quizá lo sea, pero dudo que sea fabulosa). Quiero que se me caiga el tatuaje falso.

lunes, 1 de diciembre de 2008

Ya son las cuatro (Carnaval de Brasil)

Tanto pensar me ha quitado el sueño.

Comienzo a creer que es verdad esa frase de que "el escritor a cualquier hora del día se puede poner a trabajar". Hacía mucho que el insomnio no me llamaba para estar con él, Morfeo no me quiere más y Clío está haciendo sus maletas porque muere de frío (me lo ha dicho, no es invento mío). Ya le dije que el calentador estará prendido toda la noche...

La musa es una sola musa
o es una serpiente de muchas cabezas,
los buscadores de promesas
la tientan con cerveza.
Si se va puede volver, el día menos pensado,
para darle su consuelo, al poeta mal hablado.

No son mujeres ausentes, no son cuchillos en los dientes,
no son martes de carnaval de Brasil,
no son canciones urgentes,
no son asuntos pendientes,
no son martes de carnaval de Brasil,
(Tristeza nao tein fim)

Habrá que desenvainar las espadas del texto,
y escribir una canción aunque no haya algún pretexto,
y dedicársela al primero que pase caminando,
al que se quedó pensando, al que no quiere pensar,
al olvido selectivo, a la memoria perdida,
a los pedazos de vida que no vamos a perder... jamás.

No son mujeres ausentes, no son cuchillos en los dientes,
no son martes de carnaval de Brasil,
no son canciones urgentes,
no son asuntos pendientes,
no son martes de carnaval de Brasil.

Las musas no son
canciones urgentes,
no son asuntos pendientes,
no son martes de carnaval de Brasil.

Para mí, para mí,
no son mujeres ausentes,
no son cuchillos en los dientes,
no son martes de carnaval de Brasil.
(Tristeza nao tein fim)

Quiero ser la primera que pase caminando para que me dediquen una canción escrita sin pretexto...
Cuando me dé sueño, pondré las Grabaciones encontradas. Tu deberías estar escuchando La lengua popular.

Te mando todos los besos que todavía no te he podido dar.
Tengo frío.

viernes, 1 de agosto de 2008

Clío, vuelve por favor

Otra vez el terror de la página en blanco. Quien se atreva a decir que, en general, las cosas de la vida no le dan miedo, que se enfrente a la página en blanco y luego hablamos.
Quisiera poder escribir como lo hacía años atrás. Ahora, tal parece que escribo por encargo. Eso no me gusta. No sé si todo aquel que se dedica a lo mismo que yo lo perciba, pero a veces es injusto que nuestras ideas se modifiquen por decisiones de terceros.
Una vez, con mis amigos, hablé mucho sobre las musas inspiradoras. A nosotros, por default nos corresponde Clío y, por ende, he comenzado a pensar que Clío no me quiere o que ya se aburrió de mi. Yo quiero que Clío regrese y que me permita hacer las paces con ella. Si de plano está más gustosa de acompañar a otras personas, sólo le pido que me mande a alguien en su lugar.
Antes, antes de todo esto, de los cursos, las tareas y la investigación, antes, cuando las cosas se tomaban más a la ligera, la idea de escribir resultaba sencilla. Llevar a cabo una redacción normal y amena era cosa de todos los días. Ahora ya no es así. Quizá necesite una vez más del amor. El amor como quiera que sea. Amor de verdad, amor pasajero, o simplemente amor fraternal. Nunca más desamor, de ese ya estoy cansada.
La inspiración puede estar en cualquier parte. Sólo necesito una ayudadita. Clío vuelve por favor.