Pero esta noche estrena libertad un preso
desde que no eres mi juez,
tu vudú ya pincha en hueso,
tu saque se enredó en mi red.
[...]
Dónde crees que vas,
quién te parece que soy,
no mires atrás que ya no estoy.
Pero dónde crees que vas,
quién te parece que soy,
si miras atrás mañana es hoy.
Dónde crees que vas,
quién te parece que soy,
puede que quizás luego sea hoy.
Nena dónde crees que vas,
quién te parece que soy,
no mires atrás que ya me voy.
Que sepas que el final no empieza hoy.
Tiramisú de limón, Joaquín Sabina.
desde que no eres mi juez,
tu vudú ya pincha en hueso,
tu saque se enredó en mi red.
[...]
Dónde crees que vas,
quién te parece que soy,
no mires atrás que ya no estoy.
Pero dónde crees que vas,
quién te parece que soy,
si miras atrás mañana es hoy.
Dónde crees que vas,
quién te parece que soy,
puede que quizás luego sea hoy.
Nena dónde crees que vas,
quién te parece que soy,
no mires atrás que ya me voy.
Que sepas que el final no empieza hoy.
Tiramisú de limón, Joaquín Sabina.
A las 17:30 salí de la oficina, muy nerviosa porque iba a recoger la obra terminada. Tomé Cuauhtémoc, luego me desvié a la derecha para tomar avenida Universidad. Aprendí, que de ida o de vuelta, todas las avenidas llevan a Ciudad Universitaria.
Muchos semáforos me tocaron en verde, algunos pocos en rojo, y éstos últimos me sirvieron para acordarme de cuando fui estudiante -que no hace mucho tiempo de eso- y de mis días en la Facultad y de mis días de Macroproyecto, de investigación de bases de datos, mientras trabajé en Ciudad Universitaria. Me acordé del soltero tóxico, lo recordé con amor, con cariño; y mi cabeza, sin saber lo que hacía, de vez en vez pensaba, "ahh, te quise tanto, te quise tanto, te quiero un poco todavía, y me gustaría que estuvieras aquí para que compartiera esto contigo".
Hans se portó muy bien. Yo no me desubiqué, e hice honores del apodo que me puso San Román, eso de GPS se me da muy bien, quizá porque tengo buena memoria.
Seguí derecho y pretendía dar vuelta en U pasado el Superama que casi entronca con Insurgentes Sur, pero me atreví a gritarle de coche a coche a un taxista, para preguntarle cómo era mejor tomar avenida Copilco. Me dijo que lo siguiera, y lo seguí.
Llegué a mi destino justo cuando dije que llegaría, a las 18:00. Pedí permiso para estacionarme, y entré, todavía muy nerviosa, al local. Histeria como siempre, histeria colectiva, histeria por tener los trabajos listos, por atender a la gente, por ediciones que no quedaron como deberían quedar. Afortunadamente, con mi trabajo no hubo ningún inconveniente, salvo que debía esperarme cerca de 45 minutos, para que la edición digital estuviera lista. No me importó, ya no importaba nada. Yo estaba allí, esperando ver a mi hijo listo, al primero de los hijos que tendré, envuelto en pasta color azul, impreso con letras color dorado, como siempre quise que fuera, porque mi sangre es azul y mi piel es dorada.
De pronto el tiempo se detuvo, y sin darme cuenta comencé a fumar, ya eran las 19:30.
Me emocioné, pero esta vez no me salieron las lágrimas, más bien se me durmió el brazo derecho -como suele ser cuando estoy a punto de tener una crisis de ansiedad- y sentí un hormigueo en el centro del pecho. Los trajeron listos, todos apilados, todos bonitos, con esas letras que me tardé más de tres años en ordenar.
Ahora sé cómo sabe ver tu propia historiografía impresa.
Pagué, estos pesos que me costó mucho conseguir. Que era fácil, pero quizá no para mi. Este dinero que mucha falta me hace, pero que pronto llegará, que la rueda de la fortuna de la vida -y de la economía- estoy segura que en poco tiempo me regresará. Esta edición fue un presente, y aún cuando no estoy obligada a pagarla, la vida no me alcanzará para pagar el apoyo y la atención que mi mejor amigo ha tenido conmigo.
Subieron a los pequeños, guardados en dos cajitas de cartón, al coche, me despedí de los chicos editores, arranqué y me fui de regreso a avenida Universidad. Es oficial, iba de regreso a casa con la primera edición lista. Es oficial, mi Historia está impresa.
La mera verdad que no sabía cómo volver a casa, sin tomar por supuesto, Periférico Norte, que a esa hora siempre va a reventar. Le mandé un mensaje al Rey Sol para pedirle una ruta, pero no me respondió. Seguí mi camino, le llamé a la Diseñadora de Modas, y entonces sí comencé a llorar cuando la escuché.
No hablamos mucho, ella venía en Metro, y la llamada se cortó. Al escucharla se me quebró la voz. Pero le alcancé a decir que en ese momento nada me importaba más, estaba feliz porque lo había logrado, y por fin sentía dentro de mi corazón que todo había valido la pena.
Lo que sigue, un montonal de trámites burocráticos, mucho tiempo más de espera, me harán volver a la realidad. Pero en ese momento, y ahorita todavía, estoy tan feliz que nada más importa.
Seguí pues por Universidad, acordándome de la ruta que tomaba el soltero tóxico para ir a Santa Margarita. Era desviarse hacia Gabriel Mancera y dar vuelta en Matías Romero. Sí, así lo haría. ¿Pero después? ¿Qué haría después, si lo que quería era evitar Periférico? Ah pues seguí por Mancera acordándome si entroncaba con Xola, para tomar Monterrey como todos los días cuando vuelvo de la oficina, y así fue. Una vez más, de coche a coche, le grité al de mi lado derecho, y me dijo que si. Le pregunté, a grito pelado, si Sánchez Azcona estaba "para acá o para allá", me dijo que para "allá", así que me pasé al carril de la extrema derecha.
Di vuelta en Xola, dos más derecho, di vuelta a la izquierda, tomé Sánchez Azcona, y así, sin ningún congestionamiento, seguí derechito hasta Tiber. Canté. Canté otra vez a todo pulmón, con el ipod enchufado a mi oído izquierdo. ¿Habrá habido en el mundo, una mujer más contenta que yo en ese momento? Dudo que así haya sido.
Seguí hacia Marina Nacional, riéndome de los que iban para Río San Joaquín o Circuito Interior -ahora llamado Bicentenario- porque iban prácticamente detenidos. Seguí, seguí, y justo en la desviación para tomar México-Tacuba, leí el letrero de enfrente que decía: Invierno, Tezozomoc para adelante, Tacuba para la derecha. Sin dudarlo para la derecha, ¿quién quisiera ir, sin tener que hacerlo, hacia donde hay más invierno?
Llegué a casa. Vacié el coche, guardé a Hans. Me di un baño. Cené. Estoy bebiendo coca-cola light. Fumo, casi sin parar. No sé siquiera, si me dará sueño pronto.
Hoy, sin dudarlo, es el principio del fin de este ciclo.
2010. He prometido tener fe. Buena estrella está llegando con él.
4 comentarios:
Mariposa, me he quedado estupefacta!
Primero que nada, que gusto (de evrdad, de corazón) que tu historia haya quedado escrita, que ya se hizo realidad (por lo que leo...)
"porque mi sangre es azul y mi piel es dorada." :D Esooo es todo!
"me atreví a gritarle de coche a coche a un taxista, para preguntarle cómo era mejor tomar avenida Copilco. Me dijo que lo siguiera, y lo seguí." Que buena onda! (:
"más bien se me durmió el brazo derecho -como suele ser cuando estoy a punto de tener una crisis de ansiedad- y sentí un hormigueo en el centro del pecho." Ahhhhhh! Es en serio? A mi también me pasa... Y el brazo derecho!
"Canté otra vez a todo pulmón, con el ipod enchufado a mi oído izquierdo." También te da por ponertelo en sólo un oído? Curiosamente, también el izquierdo :D
Mariposa, esta entrada la encontré llena de coincidencias.
Que bien que este bien, me da haaarto gusto :D
Ojalá que todo siga igual. Es más, no ojalá. Todo seguirá igual de bien (:
Te dejo mucho mucho besos y abrazos!
¡¡¡¡¡FELICIDADES!!!! Wowwwww, de verdad MIL FELICIDADES!!!! mi amiguis es toda una historiadora publicada. Platicame please, de que escribiste? se puede conseguir? como te sientes aparte de Feliz y Orgullosa?... me encanta como transmites tu emoción y nerviosismo mientras enumeras las calles de tu ciudad, creo que si me animara a manejar te podría seguir los pasos entre ese laberinto que describes, jeje.
Te mando un gran, gran abrazo y nuevamente MIL FELICIDADES!!
Mi siempre querida Mariposa, leer estas pequeñas grandes cosas como resultado de aquel tiempo de intenso (inmenso) trabajo, me hace sentir orgulloso de ti. Sí que sí.
Habrá tiempo para comentarlo todo, mientras disfruta el momento.
Muchas gracias por compartir. Abrazos januarinos.
Mariposa, querida, qué te puedo decir??? Estoy muy, muy emocionada. Tanto tiempo esperando esas letras impresas!! Salud amiga, que te dure la felicidad mucho tiempo!! Y qué con los trámites? seguro que pasarás uno que otro coraje, pero este orgullo no te lo quita nadie. Salud guapa! eres una chingona! Mi admiración y mi cariño, siempre!
ps. Qué tal los tiempos de macroproyecto, hasta yoo me acordé...
ps2. Eres mi GPS favorito
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