"Sola, como una maleta", así me debería quedar. Y concuerdo con Mauricio, "más vale sola que mal acompañada", y dejaré de desear para estar segura de que sucederá. Y dejaré de hablar, para estar segura de que las cosas no se "salarán".
Las cosas ahora son tan diferentes, que son más las ocasiones en que me siento tranquila que desesperada. No quiero pensar que es normal. No me quiero acostumbrar. No me voy a creer que así debe ser.
Y este nuevo año también tendré fe, y esa será mi bandera. Y seguiré creyendo en el amor y en que las cosas pueden suceder.
El año nuevo dura hasta que algo sucede, hasta que algo rompe con la dinámica, hasta que algo te jala a la realidad. Y hasta que eso suceda, no dejaré de enlistar los propósitos que quiero llevar a cabo.
No señor, y tampoco me daré por vencida.
No será difícil dejar de hablar, de hecho se me terminan las cosas que tengo que decir, y hay muchas otras que no valen la pena. La práctica historiográfica me ha introvertido, y me hace tener la cabeza llena cuando de mi boca no salen más que suspiros. (Que deberían ser gemidos, para que fuera más divertido).
¿Por qué, entonces, no se puede comprender que simplemente este es el camino que elegí?
Y ahora resulta que se creen con el derecho de desahogarse con mi mejor amiga, y encima, de anunciar que una de las soluciones es deshacerse de la casa que compartimos, lo que me deja fuera de los planes. Total, ya sabré qué hacer en su momento. Algo me inventaré. No haré locuras, ni mucho menos llamadas de pánico.
Por eso pienso que de una vez la soledad se debería instalar acá, y terminar casándose con mi libertad. Serían felices, por lo menos.
Las cosas ahora son tan diferentes, que son más las ocasiones en que me siento tranquila que desesperada. No quiero pensar que es normal. No me quiero acostumbrar. No me voy a creer que así debe ser.
Y este nuevo año también tendré fe, y esa será mi bandera. Y seguiré creyendo en el amor y en que las cosas pueden suceder.
El año nuevo dura hasta que algo sucede, hasta que algo rompe con la dinámica, hasta que algo te jala a la realidad. Y hasta que eso suceda, no dejaré de enlistar los propósitos que quiero llevar a cabo.
No señor, y tampoco me daré por vencida.
No será difícil dejar de hablar, de hecho se me terminan las cosas que tengo que decir, y hay muchas otras que no valen la pena. La práctica historiográfica me ha introvertido, y me hace tener la cabeza llena cuando de mi boca no salen más que suspiros. (Que deberían ser gemidos, para que fuera más divertido).
¿Por qué, entonces, no se puede comprender que simplemente este es el camino que elegí?
Y ahora resulta que se creen con el derecho de desahogarse con mi mejor amiga, y encima, de anunciar que una de las soluciones es deshacerse de la casa que compartimos, lo que me deja fuera de los planes. Total, ya sabré qué hacer en su momento. Algo me inventaré. No haré locuras, ni mucho menos llamadas de pánico.
Por eso pienso que de una vez la soledad se debería instalar acá, y terminar casándose con mi libertad. Serían felices, por lo menos.
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