miércoles, 13 de enero de 2010

Sin ganas.

Me estoy comiendo una manzana, casi sin ganas de comérmela. Tengo los cigarros a un lado, y me voy a fumar uno sin ganas. Hay muchas cosas que hago sin ganas, pero pues así es. Sé que así no debe ser, pero ahora no tengo ganas de nada. Es oficial: de nada.

Las cosas que quiero hacer, aún no son factibles, pero me sigo esforzando, aún cuando no tengo ganas de hacer lo que debo para llegar a ellas. Tengo ganas de que todo este listo de una vez, pero si ya esperé tanto tiempo, tantas lecturas, tantas aprobaciones, tantas noches, tanta incertidumbre, me parece que no tiene nada de malo esperar un poco más. Una semana más no va a hacer las cosas peores.

Y me esfuerzo, espero que te des cuenta. Pero ya no te voy a escribir, ya no te voy a llamar, ya no te voy a mirar, aunque te intentaré ver. Y sabes que cuando me lo propongo lo cumplo, sabes que cuando prometo algo hago un esfuerzo para lograrlo. Y me he estado esforzando mucho los últimos meses, y no me voy a dar por vencida. Hoy me propuse no escribirte más, aún cuando aquí me estoy poniendo a escribir de ti; no es lo mismo, porque no me leerás, o si llegas a dar con esta columna, no me leerás como tu, y yo no estoy escribiendo para que me leas.

Hay tanta contradicción en lo que me escribiste, que ya no sé qué pensar. Me acuerdo perfectamente de lo que hablamos la vez anterior, de lo que me decías que querías seguir, de lo que querías que hiciéramos. Pero serás hombre, eres hombre, y siempre cambian. Y quizá no es que cambien, sino que no se dan cuenta del significado literal que pueden tener sus palabras. No se dan cuenta que para mi, lo que se dice es, y lo que es, es. No hay medias tintas. No te preocupes, que no quiero ponerte en riesgo, no quiero causarte un malentendido, antes de que esto empezara te lo dije, pero ahora parece que ya no sabes lo que pienso. Ni modo. No vale la pena que me desgaste, si ya se como eres, si ya sabes como soy yo, si no eres de muchas palabras, y haces más de lo que dices.

Y eso es bueno. Es bueno ser moderado, es bueno actuar y no decir. Pero finalmente hay alguien que siempre paga un precio más alto, y esta vez no quiero ser yo.

Mi panorama a veces es tan gris, que cada que te veo es como si fuera un día festivo. Y eso también va a cambiar, debe cambiar, y hoy en la mañana me propuse que cambiará. Ya te darás cuenta de que no me importará si nos miramos o sólo nos vemos, si nos hablamos sin escucharnos, si nos escribimos sin leernos. Nuestras circunstancias son muy distintas, pero finalmente sabemos entendernos. Y te seguiré entendiendo, y lograrás entenderme a mi.

Las palabras son tan palabras, son tan mágicas, son tan como son, que a veces dicen más de lo que significan. Muchas veces pasa eso con lo que escribo, con lo que digo, por eso me he vuelto mesurada, por eso sé que puedo herir, por eso sé que puedo amar, por eso sé que puedo estar con alguien a través de mi texto aún sin conocerlo, por eso sabes que nunca dejarás de ser lo duro que eres, o que eres conmigo.

Por eso el otro día, cuando te escribí por última vez, releí más de tres veces la carta que te enviaría. Pensé más de dos veces las letras que ordenaría, que formaría en palabras, que alinearía en frases para que lograras entenderme. Y no es que no puedas hacerlo, no es que yo sea imposible, pero no quería que mis palabras dijeran una cosa que no significaban.

Intenté escribir una carta de conciliación, y creo que lo logré. Pero no logré que entendieras que también me esfuerzo por estar bien, que no quiero problemas, y que te quiero tal como eres. ¿Te has dado cuenta que no tengo el valor de decirte que te quiero? ¿Te has dado cuenta de que me da miedo que sepas que todavía mi corazón te ve tan como eras, tan como has seguido siendo conmigo? ¿Te das cuenta que la coraza de mi corazón no sirve contigo?

Ya si lo sabes o no, no me corresponde. Ya si te das cuenta o no, no me interesa.

No tengo ganas de levantarme de la cama, pero tengo que hacerlo. No tengo ganas de comer, pero ya me terminé esta manzana roja, casi como mis labios. No tengo ganas de fumar, y ya me terminé dos marlboritos que me supieron re bien. No tengo ganas de noticias, y me he enterado sin querer. No tengo ganas de manejar, pero tenía que volver a casa en Hans. No tengo ganas de caminar, y por eso manejé. No tengo ganas de usar abrigo, pero muero de frío. No tengo ganas de quitarme los guantes de piel, pero se me calentaron muchísimo las manos.

Y así es, y así sabes que soy. Y todo se voltea, porque sabes -y a mi nunca se me olvida- que una de los mayores tesoros que tengo, es mi fuerza de voluntad.

No tengo ganas de quererte, pero te quiero.

2 comentarios:

copo dijo...

Mariposa, Mariposa, olvidando sin ganas de olvidar?

Lilith dijo...

A veces es imposible dejar de hacer cosas que no queremos para llegar a las cosas que queremos... ni modo, asi es la vida. Eres fuerte mariposa, llegarás a lo que quieres.
Un abrazote corazón.