viernes, 22 de octubre de 2010

Definiendo, descubriendo, comprobando.

Hans no anda bien. Estoy preocupada. No se está sintiendo igual subirse a él, y dejarse llevar por las venas de asfalto de esta Ciudad.

Desperté lo más temprano que pude, fui a tomar un café que no estuvo nada bueno, y luego fui a la gasolinera. Tira aceite. Gasta mucha gasolina. Se le atora el chicote del acelerador. Le suena el clutch. Tiene bajísimos los frenos. En fin. A un año de estar viviendo con él, Hans comienza a ser una calamidad. Y creo que no es su culpa, mejor dicho: tengo que tenerle paciencia, tengo que comprender que no todo va a andar tan acelerado como ando yo.

La crisis vino a estarcionarse en mi, y a estacionar mi vida. No he podido reponerme todavía, pero pronto lo haré. Y entonces el carburador de Hans volverá a rugir como auto de carreras. No es divertido que me deje tirada pasadas las 21 horas sobre Conscripto, sola, cuando todavía no llego a mi destino. Esta vez no fue sólo una, no hubo grúa que viniera a rescatarme, ni maxi bolso de charol donde él estuviera escondido hasta el fondo. No fue una sola noche, fueron dos; pero la siguiente, los ojos verdes ya estaban conmigo.

Luego de la factura de la gasolinera, tomé Periférico sur y me subí al segundo piso. Me puse contenta. De hecho, hasta me dio frío todo el aire que se metió por la ventanilla. Traía puesto mi vestido de gráficos rojos y naranjas, y mis botas color café.

Cuando llegué al entronque con Eje 10, me puse más contenta de ver que los circuitos de Ciudad Universitaria ya no tienen los hoyos que tenían hace dos años, cuando la manejaba con Andrés. El Centro Cultural Universitario ha cambiado tanto... que me sentí como si fuera mi primera vez allí.

El nuevo desarrollo arquitectónico hace que la Sala Nezahualcóyotl se vea pequeña; pero basta recordar la acústica en su interior, y la distribución que tiene por dentro, para saber que sigue siendo enorme, y que lo será por mucho tiempo.

Ya no hay lugar de estacionamiento en la Hemeroteca Nacional, ni siquiera en la banqueta, ni para meterse furtivamente como lo hacía casi siempre. Ahora me mandaron al Estacionamiento 3 que cuesta quince pesos. Estaba abarrotado, cómo no, si eran horas de trabajo. Lo bonito de todo eso, aún cuando uno se estaciona muy lejos, es que nos obligan a atravesar el Centro Cultural Universitario, con sus fuentes, sus explanadas y sus foros, la Neza, los cines, el nuevo museo de Arte Contemporáneo.

La gente camina. Ya no me siento familiarizada con la gente de por allí. La terraza del restaurante Azul y Oro se veía bellísima, con sus sombrillitas blancas y la fuente que salpica. Me dio tanto gusto y ternura saberme de regreso en Ciudad Universitaria, que me llené de ganas porque los ojos verdes me acompañen la próxima vez. Quisiera que pudiera ver, todo lo que mis ojos pueden ver.

Así es cuando uno se pone a investigar, o llega a los archivos o a la Hemeroteca, para comenzar a empaparse de la Historia del pasado. Porque sí, bienvenidos ahora que sabemos que puede haber historia también del presente y del futuro.

La Hemeroteca Nacional, con sus personas que todavía se acuerdan de mi y de mi computadora portátil, es majestuosa e imponente. Se me había olvidado el olor de los periódicos viejos, la base de datos Nautilo, y las conexiones de luz que están pegadas en el techo.

Me acomodé en una mesa de enmedio, ¿por qué no? Para que todo mundo me viera. Me instalé. Abrí mis archivos. Preparé mi mesa. Acomodé mis cosas. Caminé hacia el Nautilo para registrarme y solicitar el primero de varios ejemplares: diciembre de 1936.

Ya se me había olvidado lo que pesan esos ejemplares, y que los atriles nunca los soportan. Lo cargué, como pude, y me instalé para comenzar a revisarlo. Me dijo muchas cosas, primero me habló al oído, pero en enero de 1937 me habló de frente.

Yo no sé si siempre se tiene esta suerte de investigador, pero me dijo lo que quería escuchar, lo que necesitaba en ese momento, y lo que me hacía falta. El tiempo pasó muy rápido. Mi regreso a la fuente primaria fue en ese orden: definir, descubrir, comprobar. Me hizo sentir bien, los ojos verdes supieron de eso.

Ciudad Universitaria, con sus jardines imponentes, siempre tan verde, siempre tan llena de gente, siempre tan acogedora... tan que nunca me siento sola.

De regreso en la mesa, de golpe me acordé de muchas cosas. Ese olor a periódicos viejos me hace mucho bien, pero también me da tristeza. No cabe duda que uno guarda en la memoria las primeras impresiones, y los amores están hechos de primeras veces, de primeras sensaciones, tal vez por eso ahora esté más enamorada que nunca.

El frío de estar sentada allí leyéndo los periódicos viejos, me hizo acordarme cuando yo me sentía tan polvorienta como esos papeles. Me hizo recordar aquella soledad tan penetrante, tan aguda, como el frío que sentía en el pecho. Es inevitable no sentir nostalgia al estar allí. Y ahora pienso que no siempre es nostalgia por buenos tiempos, sino por tiempos tristes y amargos, obscuros y grises, que nunca fueron amarillos.

De pronto el móvil suena, me llena de risas y de alegría. La voz del otro lado comparte conmigo esta experiencia y me sabe feliz, me sabe contenta por estar en ese lugar otra vez.

Hay tantas cosas que quisiera que hiciera conmigo... pero la búsqueda hemerográfica creo que siempre será mejor en solitario.

De regreso a Mixcoac por Insurgentes, vuelta en Eje 10 para tomar Revolución. Toreando coches que vienen rapidísimo, hoyos en el pavimento, carriles sin definir, sin rayas, sin semáforos. Con microbuses espantosos que se te echan encima. Con señoras feas en camionetas enormes que no te dan el paso. Con mi Hans que se defiende, que me protege... que poco a poco me define, mientras yo descubro a mis ojos verdes, y ellos vienen a comprobarme.

Esta es la novedad, que el amor impera, que ahora no se quiere ir, y que en ese caso me quiere llevar. No es nueva la rutina, no es nueva la actividad, es mi circunstancia que me hace creer que todo esto es de verdad.

martes, 12 de octubre de 2010

Saldo: una espalda contracturada.

Ya no tengo a quién platicarle ciertos secretos que a veces urgen salir de mi garganta, de la jaula de mis demonios, de mi corazón.

Antes, sin pensarlo mucho, otros chicos o el mismo Rey Sol, me decían que bebiera lo que fuera suficiente, lo que yo necesitara, que tomara lo que quisiera tomar, que probara todo lo que se me antojara... ahora mis ojos verdes insisten en que debo dejar de tomar cualquier tipo de medicamentos que a veces ni siquiera sé para qué son.

De esta contractura muscular que tengo ahorita, que tuve ayer muy fuerte, no tengo a quien contarle la verdadera razón de mi mejoría, el remedio que tengo siempre bajo la manga, o guardado dentro de un frasco de cristal.

A veces mi vida cambia tan rápido, que me cuesta trabajo darme cuenta de hacia dónde va este camino, estas vías de tren y nuestros caminos paralelos.

Compromiso. Commitment.
Nunca me imaginé que conocer a mi familia política me hiciera tan feliz. En algún momento pensé -debo confesarlo-, que la experiencia iba a ser como las anteriores, que mi familia política no tenía por qué venir a donde vivo, a conocer a mi gato, o a compartir conmigo. Pero la vida, con todas estas sorpresas fabulosas que nos tiene preparadas, me ha hecho cambiar de opinión.

Luego de las pésimas experiencias que tuve al convivir con las familias de los chicos con los que salí, ¿qué podía esperar? ¿De plano fue tan malo tirarme al drama y pensar que otra vez sería una película de terror? Pero a ver, intentemos ser objetivos y pensemos, cómo demonios no me iba a sentir tan insegura, si alguna vez me sucedió que el padre más tóxico de un soltero tóxico habló mal de mi en mi entorno profesional, y me negó rotundamente llenándome de malas referencias, a lo que mi jefa sólo respondió: "la vida nos pone a cada uno en nuestro lugar, y nos da lo que nos merecemos".

Y además, cómo shit no me iba a estresar, si otra vez, la toxicgranma de otro soltero tóxico, se atrevió a decirme en el living de su casa: "niña, tienes que saber que siempre será mejor opción un aborto a tiempo, que un error del que te arrepientas toda tu vida".

Wow. Shit. Pero yo no sé cómo pude seguir respirando luego de tanta presión.

Ay pero aquí les va la mejor, tan soez y tan falta de clase, que risa me da acordarme de cómo fue. La señora de pelo de maiz se atrevió a decirme que seguramente yo quería formalizar con su hijo no por amor, sino porque no tenía donde vivir, no tenía dinero o estaba esperando un bebé que no le constaba que fuera de su pichoncito. Re shiiiiit. Y ya no voy a seguir redactando, porque verdaderamente que he tenido experiencias mierdas en esto de las familias políticas.

Pero el amor es la verdad. El amor es real. El amor da muchas oportunidades. El amor vino a inundarme, me hizo feliz, me hizo querer vivir otra vez, y me rebasó con sus demostraciones maravillosas. Esta vez, el amor es oficial.

Los ojos verdes me han llenado de primeras veces, me han enseñado a mirar la vida diferente. Me han enseñado a mitigar dolores con otras fórmulas, a conciliar el sueño llena de besos, sólo con la luz de su computadora encendida.

Mi familia política es hermosa, y poco a poco se ha comenzado a convertir en mi verdadera familia. Estoy muy contenta, pero debo confesar que la entrega de avance de trabajo final, el ensayo semanal, las lecturas diarias, y la búsqueda de la perfección en una comida sabatina, me dejaron el saldo de: una espalda contracturada, dos noches maravillosas que implicaron dormir con los pies calientitos, un primer rastreo de vestidos lindos, desayuno, comida y merienda en la misma casa (¡yupi!), y haber caído en cuenta de golpe -y mientras nos comíamos un helado de yogurt-, que el otoño ya llegó a nuestro año 2010.

El remedio que utilicé para combatir mi enfermedad es inconfesable. Muchos tés, muchas horas de sueño, algunos robaxifenes, las llamadas de los ojos verdes...

Ya no tengo a quién contarle los secretos de las pastillas que tomaba sin necesitarlas, porque estoy haciendo el intento por dejarlas, porque ahora tengo una razón de peso para hacerlo, porque no importa qué tan severa sea la contractura muscular o la crisis de ansiedad, el chico está conmigo y yo quiero saber qué se siente vivir sin tantos analgésicos.

De caligrafías

Y como dice mi papá:

Cuando empieza a escribir mi hijo, sólo Dios y mi hijo.
Cuando termina de escribir mi hijo, sólo dios, porque ni mi hijo.

Busqué desesperadamente mis apuntes de Historia de Estados Unidos de mis clases en la Universidad. Encontré las carpetas empolvadas, busqué los papeles, mis hojitas y todas mis anotaciones. No pude leer nada, porque no me entendí nada.

Ni modo. Escribo tan rápido, que... ejem ejem, debería dejar de escribir tan rápido para poder leerme algunos años después.

lunes, 11 de octubre de 2010

¿Dónde estaban mis ojos verdes?

Hacía mucho tiempo que no tenía un sueño de terror, y esta noche lo tuve. Fue una pesadilla rara, quizá un sin sentido, pero me dio muchísimo miedo.

Soñé que me casaba con el soltero tóxico. Que pasaba todo lo que pasó, igualito, con todo y el hermano que a la mera hora sí quería ser hermano, y con la señora de cabello de maíz.

Yo venía sentada en el asiento de atrás de un coche negro, con un vestido blanco de fiesta, de muchos listones color lavanda, me acuerdo que me preocupaba que no trajera crinolina porque el vestido se me aplastaba.

Volteaba a la ventanilla, y veía venir al soltero tóxico vestido de traje, con la corbata desamarrada, y bebiendo, ¡qué raro! Venía con el dichoso hermano y otro hombre que no me acuerdo quién era. Caminaba junto al coche en el que yo venía y pasaba de largo, no me veía o no se quería detener; yo tenía la sensación de que no había querido detenerse.

Me daba mucho miedo que me fuera a dejar plantada en el altar, ah porque además, he de decirles que me iba a casar por la iglesia en una boda comunitaria. Algo me causaba ver a las otras novias alrededor mío, ellas acompañadas, muy felices e ilusionadas, y yo, sumamente angustiada, por mi lado, y el sotero tóxico por el suyo. Cuando yo lo veía pasar a un lado de mi auto, sentía cierto alivio porque ya había llegado, y entonces yo me bajaba del coche, me levantaba la falda de mi vestido, y me iba caminando a la entrada de la iglesia.

Me casaba, así, sin más. Me acuerdo de mi hermana y de mi papá, estaban también mis amigos y muchas personas de mi familia. Yo estaba triste, me sentía muy angustiada, y no había ninguna persona que lo fuera a acompañar a él.

Salíamos de la iglesia y él se iba, me dejaba ahí parada. Yo me levantaba otra vez la falda de mi vestido y comenzaba a caminar, y los listones color lavanda se comenzaban a arrastrar en el pavimento. Me veía mi anillo de casada y pensaba que todo había sido un error gravísimo, que me había equivocado otra vez, que cómo demonios había aceptado casarme con él si me había tratado tan mal y había faltado a sus promesas y se había burlado de mis planes. Comenzaba a llorar y me iba caminando por la calle.

Vestida de novia, llegaba a unos escaparates de unas tiendas de zapatos. Veía muchos zapatos, botas, sandalias, tacones de colores, y entonces me ponía feliz.

Llegaba a un departamento de alfombra color hueso, muy bonito, con elevador. Ahí tomaba yo mi móvil, que me acuerdo perfectamente que era una blackberry color negro, y le llamaba, marcaba su teléfono de memoria, y lo que más miedo me dio ¡es que me acordé del puto número! O sea, llevo meses perdiendo datos en mi cabeza, y en una noche todo regresó. Total que me respondía el afamado hermano, me decía que ese no era el número del chico tóxico, que él se había ido de la Ciudad, y que ni modo, pero no podía estar conmigo en esos momentos.

De pronto, el tóxico descolgaba la otra bocina del teléfono, me decía ¿hola, Mariposa? Y yo comenzaba a llorar, y en lugar de reclamarle nada, le decía que iba a estar en mi departamento, por si quería venir a verme. No me decía nada más. Yo pensaba que había sido todo un gran error porque el chico de pronto había vuelto para pedirme que me casara con él, pero yo ya no lo amaba, entonces ¿por qué le había dicho que sí, si yo tenía una pareja maravillosa y amorosa? ¡Y era cierto! ¿Dónde estaba mi novio?

Comenzaba una búsqueda desenfrenada para dar con mis ojos verdes, y no los podía encontrar, maldita sea, yo me acordaba de ellos, de que eramos muy felices, y de pronto no aparecían más y yo estaba haciendo puras estupideces. Hablaba con mis amigos, con mi hermana, con mi papá, y nadie me sabía dar razón de los ojos verdes, eran un hermoso recuerdo en mi cabeza, pero resultaba que ¡yo no los había conocido todavía!

Comencé a llorar y me desperté.

Fui a tomar un Starbucks donde la bebida caliente de otra persona me cayó encima, en lugar de hacer corajes, mi padre y yo nos reímos mucho. Regresé a casa. De pronto me acordé del sueño, y me dio mucha tristeza. Los ojos verdes están trabajando, muy ocupados como siempre, quiero hablar con ellos.

Pienso que el sueño sí sucedió, en el sentido de que cuando todo pasó, los ojos verdes todavía no llegaban a mi vida. Lo dramático de todo esto, es que yo me acordaba que estaban conmigo, pero nadie me sabía dar razón de ellos.

La vida nos tiene preparadas cosas maravillosas, personas maravillosas que vienen a hacernos el camino feliz, ameno, completamente pleno. La vida me tenía guardado a un hombre maravilloso, que vino a que el amor se hiciera.

No importa todo lo que sueñe o no sueñe, o si sigo viviendo en la misma Ciudad. Hay personas que se borran de la memoria para siempre, que sólo cuando está abierto mi subconsciente pueden aparecer; pero las reales, las que abrazo todas las noches para dormir, las que me llenan de besos por las manañas, las que me dicen que me aman tanto como las amo yo, no se irán a vivir al país de los sueños nunca.

viernes, 8 de octubre de 2010

La maravilla de escribir historia

Lo maravilloso de mi profesión no va a llegar, no lo estoy esperando.
Me dí cuenta hace unos días, de que lo maravilloso de mi profesión ya llegó, lo estoy viviendo.

Ahora sólo espero que el que mi cuerpo se acostumbre a trabajar desde las cinco de la mañana, en completa paz, calma, y el silencio de mi habitación con mi mesita de trabajo, o con la mesa ratona sobre los pies de mi cama, sea una realidad.

Y también espero que el que mi cuerpo se acostumber a trabajar con pocas horas de sueño, despertando radiante antes de que amanezca, echando mano de estas maravillosas fórmulas para la piel de mi rostro, sea una realidad.

Esto es real. Soy historiadora y es real.

Bienvenida al mundo de la investigación histórica formal, Mariposa Tecknicolor.

Juntos por la mañana

Suena el despertador, nunca puedo abrir los ojos. Estás a un lado mío, cama pequeña, cama grande, como sea, estás a un lado mío.

Encender la radio, volver a escuchar el despertador, apagarlo para siempre, o por lo menos hasta la mañana siguiente. Encender la estufa, calentar el agua para tu primer café del día. Despertar contigo, salir juntos por la mañana.

Si el tiempo lo permite, un baño con agua caliente. Si la chicharra se hace larga y lenta, lejada y ajena... entonces un regaderazo de prisa, como todo lo que hago antes del penúltimo seminario de la semana. Primero yo, luego tu, así te gusta, así estoy organizada. Si el azar se pone de tu lado, la ducha puede ser nuestra aún cuando durmamos como separados.

Mi pelo que se enreda, el tuyo que no cede. Lo primero que saco del clóset, es tu rastrillo que me espera en el primero de los cajones. Todo parece mío cuando completamente es tuyo. No sé a qué se deba, que de pronto la gente ya no opine nada, y eso me gusta y entonces no te importa nada.

El otoño entonces hace su primera aparción, y el cielo se comporta como si todo el tiempo fuera media tarde. Los coches se arremolinan, yo no tengo hacia donde hacerme. Siempre me desespera pasar tanto tiempo sentada en mi coche, moviendo los pies acorde con mis manos, con las mirada de frente, girando la cabeza hacia todos lados.

De un tiempo a esta parte, me he dado cuenta de que no me da miedo acostumbrarme a volcar mi rutina hacia donde tu, volcarla sobre lo que tú haces. No me importa tener que despertarme más temprano, quizá porque estoy segura de que no te causa problema dormir menos horas, o despertarme a las cinco, o que yo te llame a las cuatro treinta.

Primera parada: Benjamín Franklin. Y aún cuando el Circuito Interior nunca cede, el semáforo donde te bajas para que yo siga hacia mi trabajo, siempre nos espera en rojo, se pone de nuestra parte, nos damos un beso en la mañana, y entonces ahí te ves hasta dos noches siguientes.

La Ciudad necesita más otoño, menos rojo, más verde, y muchos de estos besos en cada crucero que tiene.

Curiosamente, las imágenes de vestidos blancos que revisé la noche del sábado ya no aparecen más. Fue muy emocionante hacer esa búsqueda, averiguar cómo se siente escoger vestidos para una ocasión especial. No discernimos mucho en nuestros gustos, en realidad casi siempre queremos las mismas cosas, y casualmente ahora, que es en serio esto de elegir un vestido y de ponernos de acuerdo, mi memoria visual se esfumó. puf!

miércoles, 6 de octubre de 2010

Prefiere las calles rotas

Te amo, sabes que te amo. Te lo he dicho y me has visto convencida de ello.

La Ciudad, como las personas, cambia como las estaciones el año. A veces es gris, otras es totalmente obscura, y así yo suelo estar radiante o lluviosa cuando se trata de ti.

Las personas, como la Ciudad, cambian como lo hacen las estaciones del año. Parecen caprichosas, parecen sentir... a veces no quieren nada, y prefieren quedarse con sus calles rotas.

Caminamos de la mano la Avenida Cinco de Febrero, comíamos helado blanco, hacía mucho frío. De pronto lo supe: había entrado el otoño y yo no tuve tiempo de pararme a respirar y a observar el pasado veintidós de septiembre. Tengo miedo.

Estoy tan ocupada, que tengo miedo de olvidarme del saco gris. Tengo miedo de olvidar lo que iba a hacer mañana, lo que tenia que entregar escrito el pasado 29 de agosto. No tengo tiempo de nada. Tengo miedo de manejar de noche, de despertar de día, de estar sin mí, contigo, sin mí cuando estoy contigo.

Creo, ahora, que debo seguir a como dé lugar. Mis planes, mis metas, tu y yo como líneas paralelas.

Extraño el frío del otoño caminando sola por la calle. Es sensacional venir de tu mano, sentir cómo me tomas por la cintura, pero también era maravilloso hacerlo en solitario. Mi bolso al hombro, mi abrigo largo, las botas altas y mis guantes de piel.

Esta nostalgia en la garganta, guardada para los meses de invierno; esperando que llegue algún diciembre que me haga verdaderamente feliz.

viernes, 1 de octubre de 2010

JURAMENTO DE AUTOESTIMA

Venga, reconócelo Mariposa Tecknicolor, sin contar con tu hombre ideal, eres lo mejor que hay en la tierra. Es verdad que a veces te deprimes y no quieres hacer nada porque de pronto te parece que nada vale la pena, pero también hay que reconocer que el resto de las veces eres muy optimista, perfeccionista y dedicada. Nadie sabe investigar Historia como tu. Si ya lo dicen tus amigos, eres ejemplo de constancia y de buenos sentimientos. Por eso, a partir de hoy vas a dejar de torturarte por no saber cómo le harás para pagar tus deudas, y comenzarás a quererte por ser responsable, persistente e inteligente. Y si alguien llega y te dice que eres una persona equivocada, dile que puede coger y largarse a la fregada.