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martes, 31 de enero de 2012

¿Quién te crees?

Yo voy a desafinar, es mi bien desafinar.
Pero es que me ofende tanta, tanta vulgaridad.
Fito Páez, Música para camaleones.

No tengo ni la menor idea de qué es lo que mueve a una persona para comenzar a escribir un blog; para leerlos, seguirlos y comentar, o simplemente para ser lectores anónimos. Conocí el mundo del blogger leyendo a mi amigo Presidente de la Nueva República de Babel y a mi amiga Copo, que se decía ser una víctima casi perfecta. De ahí conocí a personas maravillosas. A un lobo que era hermano de un monstruo. A una chica con un nombre pequeñito. A Lilith, cuyo relato de los preparativos de su boda me arrancaban de puritita emoción algunas cuantas lágrimas. Y entonces me puse de nombre Mariposa Tecknicolor, y empecé a escribir en este espacio para mitigar mi ansiedad, e iniciar un nuevo camino.

Tuve que haber hecho algo, que en realidad ahora no me acuerdo, para que personas gratas y no gratas de mi pasado, me hayan encontrado en la blogósfera y en el mar de información que emana de la internet. No estuvo mal, de hecho, que comenzaran a leerme. Pero tiempo después, mensajes anónimos comenzaron a llenar la bandeja de comentarios de este espacio.

No estaban mal. Algunos comentarios eran constructivos, otros hacían peticiones sobre temas para escribir, hubo algunos que hacían propuestas... Pero entre ellos, también dejaron comentarios ofensivos y agresivos; hubo personas que me pedían que de inmediato eliminara mi blog o que eliminara algunas entradas porque mi escritura estaba "llena de ficción, fuera de la realidad". Así también llegaron burlas, y descrédito para mis letras. Hubo tres personas que escribieron diciéndose llamar soltero tóxico, pidiéndome cuentas, preguntando quién me creía yo para haberles robado la identidad.

Me cansé de dar explicaciones. Llegó un momento en que me cansé. Quizá eso explique un poco el que me encuentre viviendo otra vez en el mismo lugar, escribiendo sobre mis rodillas, tratando de terminar un trabajo que pareciera que he estado escribiendo durante toda mi vida.

Nunca le di la importancia a esos comentarios de lectores nongratos. Nunca me senté a considerar que tal vez debería dejar de escribir en este blog, con este nombre y con esa foto en mi perfil.

Hubo muchos otros comentarios, muchas personas que construyeron estos relatos con su presencia y con su ausencia. Que con los paseos que me regalaban por la Ciudad, con sus días o con sus noches, llenaron mis ojos de dramas que me permitieron seguir escribiendo. Hubo personas, más de las que puedo mencionar aquí, que alimentaron el otoño para que yo pudiera seguir escribiendo en primavera.

Las calles siempre se ponían de mi parte. ¡Qué me importa si no querían que yo mencionara el lugar exacto de nuestros encuentros! Siempre había una esquina, algún semáforo que se ponía a mi favor con su luz color verde, u otro que jugaba a ser necio con su color rojo, que estaba de mi parte. No me importa que no hayas estado de acuerdo, tú o cualquier otro lector que por morbo, afición o simple ocio, se acercó a esta columna escrita con tanta agua entre las manos.

Hubo un lector, sólo uno, que me escribió diciéndome que era el Rey Sol. Imposible, ese al que tú llamas Rey Sol no existe, le respondí. De hecho lo sabrías, si realmente fueras el Rey Sol que protagoniza mis relatos; a menos que te digas ser Luis XIV de Francia, no hay ninguna posibilidad de que seas mi Rey Sol. Cerré el diálogo.

Durante algunas noches le di vuelta al asunto. El tiempo ya no me alcanzaba para serguir escribiendo como lo había hecho los años pasados, ahora mis prioridades habían cambiado, y de entrada había dejado de fumar y de dormir de día. La Ciudad se convirtió en mi domicilio, en lugar de ser una añorada utopía. El amor se convirtió en una cosa que desconocí, que me asustó y que me hizo correr más de una vez, por conveniencia.

¿Por qué entonces me habían pedido una explicación sobre un post del mes de agosto del 2009? ¿Por qué se atrevía a ponerse el nombre de uno de mis personajes, pidiéndome que eliminara el nombre de su mujer de mi relato? Comencé a enojarme. ¡¿Quién carajos te crees para decirme de qué puedo y no escribir?! -No se lo dije, pero lo pensé.

Tendrías que saber, mi estimado lector ignorante de la sociedad moral mexicana de la primera mitad del siglo XX, que Dolores García Téllez fue la organizadora del Movimiento Familiar Cristiano en Monterrey, y fundadora asimismo de la Unión Neoleonesa de Padres de Familia. De ahí viene el sarcarsmo con el que escribí ese texto. De ahí la burla que hice, a las amigas de mi madre, cuando me criticaron por continuar mi amistad con un maravilloso Rey Sol que nunca existió. También deberás saber, que Andrés Neuman es un escritor argentino, de padres músicos y criado en la península ibérica, con el que no me ha unido nada más que la afición y deleite que he encontrado en su novela. Y que mi amigo el Presidente, me ha llenado de más momentos memorables y felices que ninguna otra persona en esta demarcación, haciendo de sus charlas simplemente, un oasis en mi desierto.

Así, también deberás saber que la mayor parte del tiempo me he sentido marchita. Que hay veces en que estoy segura de que no me voy a volver a enamorar, y que entonces no podré volver a escribir del idílico romance que existía entre el Rey Sol y yo, y entre mi y los ojos azules, y entre un chico que vestía un traje casi perfecto que combinaba a la perfección con sus armoniosas manos. No podré volver a escribir de los solteros tóxicos, porque no pretendo volver a conocer a ninguno jamás.

Tendrás que saber que estoy enojada, molesta, y a veces llena de rabia, porque no podré volver a escribir de todas las cosas que me satisfacían, que me hacían feliz y que me llenaban de maravillosos recuerdos.

Hay veces en las que estoy cansada de seguir aprendiendo día a día, mes con mes. Ya no quiero seguir siendo punto de referencia, ni ninguna histérica histórica que se recuerda cada cosa que sucede como si de eso dependiera su propia vida. De nada significó, es verdad, que yo memorizara cada uno de los detalles que inundaron mis romances, mis relatos y mis encuentros.

Quise hacer de mi misma una escritora, y con mucha satisfacción afirmo que lo intenté. Y que hice de mi misma una mujer con un hábito maravilloso.

No te ofendas, pues, de que haya hecho o no aclaraciones pertinentes. Puedes, por supuesto, seguir acercándote a este espacio para reírte, entretenerte, o simplemente para mitigar tu ansiedad, como yo lo hice cuando decidí adoptar mi maravilloso nombre.

lunes, 30 de enero de 2012

Un impulso que da lástima (y que me da vergüenza).

Como si fuera un cadáver dentro de una bolsa de plástico, colgado de un gancho en una habitación a la que no pertenece, yace el que iba a ser mi vestido de novia.

Durante mucho tiempo estuve posponiendo la situación, y ayer finalmente fui a recogerlo al taller de la diseñadora. Entré y lo vi allí colgado, en la pared del fondo. Ya no estaba puesto en el maniquí alto, como lo dejé cuando fui a verlo la última vez. Estaba dentro de la bolsa de plástico blanco, de cierre largo, y no quise revisarlo hasta que lo traje de vuelta a casa.

Es un vestido muy hermoso, strapless, con el talle salpicado de pedrería bordada y la falda ampona, llena de pliegues que me hacían ver como si flotara en una nube de raso color almendra. Es un vestido que compré inyectada por el impulso, tal y como acepté la propuesta de matrimonio en la acera de enfrente del antiguo edificio de la SCOP.

Así, he tenido el impulso de tirarlo a la basura.

Tuve el impulso de no ir a recogerlo nunca, pero mi mejor amiga me animó a hacerlo.

Tengo el impulso de echarme a llorar sobre él, para arruinarlo por completo, para limpiarme con él las lágrimas llenas de rímel waterproof que se derrite y del delineador color negro con el que llevo meses iluminándome los ojos. De limpiarme con él el pasado, de ponérmelo y meterme a bañar para sacarme todo lo malsano de adentro. Tengo el impulso de ponérmelo y subirme a mi coche, y manejar como loca por toda la ciudad, y mostrárselo a todo el mundo, para que las personas piensen "mira a esa pobre loca, manejando un Volkswagen vestida de novia, ha perdido la razón".

Quisiera ponérmelo y tirarme al mar, para perderme en la espuma como Alfonsina.

Quisiera tallarme los ojos hasta borrar mis pupilas, encender la radio para crear un mundo distinto, y entonces imaginar que traigo puesto el vestido de una reina, o que estoy esperando a mi hermana para que me lleve a una fiesta.

Tengo el impulso de arrancarlo de su percha, para que deje de ser parte de una farsa, para que me deje seguir adelante, y que de él sólo quede una fotografía en color sepia.


martes, 12 de octubre de 2010

Saldo: una espalda contracturada.

Ya no tengo a quién platicarle ciertos secretos que a veces urgen salir de mi garganta, de la jaula de mis demonios, de mi corazón.

Antes, sin pensarlo mucho, otros chicos o el mismo Rey Sol, me decían que bebiera lo que fuera suficiente, lo que yo necesitara, que tomara lo que quisiera tomar, que probara todo lo que se me antojara... ahora mis ojos verdes insisten en que debo dejar de tomar cualquier tipo de medicamentos que a veces ni siquiera sé para qué son.

De esta contractura muscular que tengo ahorita, que tuve ayer muy fuerte, no tengo a quien contarle la verdadera razón de mi mejoría, el remedio que tengo siempre bajo la manga, o guardado dentro de un frasco de cristal.

A veces mi vida cambia tan rápido, que me cuesta trabajo darme cuenta de hacia dónde va este camino, estas vías de tren y nuestros caminos paralelos.

Compromiso. Commitment.
Nunca me imaginé que conocer a mi familia política me hiciera tan feliz. En algún momento pensé -debo confesarlo-, que la experiencia iba a ser como las anteriores, que mi familia política no tenía por qué venir a donde vivo, a conocer a mi gato, o a compartir conmigo. Pero la vida, con todas estas sorpresas fabulosas que nos tiene preparadas, me ha hecho cambiar de opinión.

Luego de las pésimas experiencias que tuve al convivir con las familias de los chicos con los que salí, ¿qué podía esperar? ¿De plano fue tan malo tirarme al drama y pensar que otra vez sería una película de terror? Pero a ver, intentemos ser objetivos y pensemos, cómo demonios no me iba a sentir tan insegura, si alguna vez me sucedió que el padre más tóxico de un soltero tóxico habló mal de mi en mi entorno profesional, y me negó rotundamente llenándome de malas referencias, a lo que mi jefa sólo respondió: "la vida nos pone a cada uno en nuestro lugar, y nos da lo que nos merecemos".

Y además, cómo shit no me iba a estresar, si otra vez, la toxicgranma de otro soltero tóxico, se atrevió a decirme en el living de su casa: "niña, tienes que saber que siempre será mejor opción un aborto a tiempo, que un error del que te arrepientas toda tu vida".

Wow. Shit. Pero yo no sé cómo pude seguir respirando luego de tanta presión.

Ay pero aquí les va la mejor, tan soez y tan falta de clase, que risa me da acordarme de cómo fue. La señora de pelo de maiz se atrevió a decirme que seguramente yo quería formalizar con su hijo no por amor, sino porque no tenía donde vivir, no tenía dinero o estaba esperando un bebé que no le constaba que fuera de su pichoncito. Re shiiiiit. Y ya no voy a seguir redactando, porque verdaderamente que he tenido experiencias mierdas en esto de las familias políticas.

Pero el amor es la verdad. El amor es real. El amor da muchas oportunidades. El amor vino a inundarme, me hizo feliz, me hizo querer vivir otra vez, y me rebasó con sus demostraciones maravillosas. Esta vez, el amor es oficial.

Los ojos verdes me han llenado de primeras veces, me han enseñado a mirar la vida diferente. Me han enseñado a mitigar dolores con otras fórmulas, a conciliar el sueño llena de besos, sólo con la luz de su computadora encendida.

Mi familia política es hermosa, y poco a poco se ha comenzado a convertir en mi verdadera familia. Estoy muy contenta, pero debo confesar que la entrega de avance de trabajo final, el ensayo semanal, las lecturas diarias, y la búsqueda de la perfección en una comida sabatina, me dejaron el saldo de: una espalda contracturada, dos noches maravillosas que implicaron dormir con los pies calientitos, un primer rastreo de vestidos lindos, desayuno, comida y merienda en la misma casa (¡yupi!), y haber caído en cuenta de golpe -y mientras nos comíamos un helado de yogurt-, que el otoño ya llegó a nuestro año 2010.

El remedio que utilicé para combatir mi enfermedad es inconfesable. Muchos tés, muchas horas de sueño, algunos robaxifenes, las llamadas de los ojos verdes...

Ya no tengo a quién contarle los secretos de las pastillas que tomaba sin necesitarlas, porque estoy haciendo el intento por dejarlas, porque ahora tengo una razón de peso para hacerlo, porque no importa qué tan severa sea la contractura muscular o la crisis de ansiedad, el chico está conmigo y yo quiero saber qué se siente vivir sin tantos analgésicos.

lunes, 11 de octubre de 2010

¿Dónde estaban mis ojos verdes?

Hacía mucho tiempo que no tenía un sueño de terror, y esta noche lo tuve. Fue una pesadilla rara, quizá un sin sentido, pero me dio muchísimo miedo.

Soñé que me casaba con el soltero tóxico. Que pasaba todo lo que pasó, igualito, con todo y el hermano que a la mera hora sí quería ser hermano, y con la señora de cabello de maíz.

Yo venía sentada en el asiento de atrás de un coche negro, con un vestido blanco de fiesta, de muchos listones color lavanda, me acuerdo que me preocupaba que no trajera crinolina porque el vestido se me aplastaba.

Volteaba a la ventanilla, y veía venir al soltero tóxico vestido de traje, con la corbata desamarrada, y bebiendo, ¡qué raro! Venía con el dichoso hermano y otro hombre que no me acuerdo quién era. Caminaba junto al coche en el que yo venía y pasaba de largo, no me veía o no se quería detener; yo tenía la sensación de que no había querido detenerse.

Me daba mucho miedo que me fuera a dejar plantada en el altar, ah porque además, he de decirles que me iba a casar por la iglesia en una boda comunitaria. Algo me causaba ver a las otras novias alrededor mío, ellas acompañadas, muy felices e ilusionadas, y yo, sumamente angustiada, por mi lado, y el sotero tóxico por el suyo. Cuando yo lo veía pasar a un lado de mi auto, sentía cierto alivio porque ya había llegado, y entonces yo me bajaba del coche, me levantaba la falda de mi vestido, y me iba caminando a la entrada de la iglesia.

Me casaba, así, sin más. Me acuerdo de mi hermana y de mi papá, estaban también mis amigos y muchas personas de mi familia. Yo estaba triste, me sentía muy angustiada, y no había ninguna persona que lo fuera a acompañar a él.

Salíamos de la iglesia y él se iba, me dejaba ahí parada. Yo me levantaba otra vez la falda de mi vestido y comenzaba a caminar, y los listones color lavanda se comenzaban a arrastrar en el pavimento. Me veía mi anillo de casada y pensaba que todo había sido un error gravísimo, que me había equivocado otra vez, que cómo demonios había aceptado casarme con él si me había tratado tan mal y había faltado a sus promesas y se había burlado de mis planes. Comenzaba a llorar y me iba caminando por la calle.

Vestida de novia, llegaba a unos escaparates de unas tiendas de zapatos. Veía muchos zapatos, botas, sandalias, tacones de colores, y entonces me ponía feliz.

Llegaba a un departamento de alfombra color hueso, muy bonito, con elevador. Ahí tomaba yo mi móvil, que me acuerdo perfectamente que era una blackberry color negro, y le llamaba, marcaba su teléfono de memoria, y lo que más miedo me dio ¡es que me acordé del puto número! O sea, llevo meses perdiendo datos en mi cabeza, y en una noche todo regresó. Total que me respondía el afamado hermano, me decía que ese no era el número del chico tóxico, que él se había ido de la Ciudad, y que ni modo, pero no podía estar conmigo en esos momentos.

De pronto, el tóxico descolgaba la otra bocina del teléfono, me decía ¿hola, Mariposa? Y yo comenzaba a llorar, y en lugar de reclamarle nada, le decía que iba a estar en mi departamento, por si quería venir a verme. No me decía nada más. Yo pensaba que había sido todo un gran error porque el chico de pronto había vuelto para pedirme que me casara con él, pero yo ya no lo amaba, entonces ¿por qué le había dicho que sí, si yo tenía una pareja maravillosa y amorosa? ¡Y era cierto! ¿Dónde estaba mi novio?

Comenzaba una búsqueda desenfrenada para dar con mis ojos verdes, y no los podía encontrar, maldita sea, yo me acordaba de ellos, de que eramos muy felices, y de pronto no aparecían más y yo estaba haciendo puras estupideces. Hablaba con mis amigos, con mi hermana, con mi papá, y nadie me sabía dar razón de los ojos verdes, eran un hermoso recuerdo en mi cabeza, pero resultaba que ¡yo no los había conocido todavía!

Comencé a llorar y me desperté.

Fui a tomar un Starbucks donde la bebida caliente de otra persona me cayó encima, en lugar de hacer corajes, mi padre y yo nos reímos mucho. Regresé a casa. De pronto me acordé del sueño, y me dio mucha tristeza. Los ojos verdes están trabajando, muy ocupados como siempre, quiero hablar con ellos.

Pienso que el sueño sí sucedió, en el sentido de que cuando todo pasó, los ojos verdes todavía no llegaban a mi vida. Lo dramático de todo esto, es que yo me acordaba que estaban conmigo, pero nadie me sabía dar razón de ellos.

La vida nos tiene preparadas cosas maravillosas, personas maravillosas que vienen a hacernos el camino feliz, ameno, completamente pleno. La vida me tenía guardado a un hombre maravilloso, que vino a que el amor se hiciera.

No importa todo lo que sueñe o no sueñe, o si sigo viviendo en la misma Ciudad. Hay personas que se borran de la memoria para siempre, que sólo cuando está abierto mi subconsciente pueden aparecer; pero las reales, las que abrazo todas las noches para dormir, las que me llenan de besos por las manañas, las que me dicen que me aman tanto como las amo yo, no se irán a vivir al país de los sueños nunca.

miércoles, 9 de junio de 2010

Barbie y Ken

A nosotras entonces, nos toca conformarnos con ¡El Ken!
El Ken, ese muñeco de plástico de mirada fija y vacía ( como también vacíos están sus bolsillos porque todo es de la Barbie ¿no?), el muñecón de facciones perfrectas que ni suda, ni se despeina. Con ese mal ejemplo crecemos las mujeres en el mundo pensando que ese es el modelo de hombre perfecto: un perfrecto idiota. Y si esos son los ejemplos que nos dan a seguir cuando niñas, pues entonces, ¿qué se podrá esperar de nosotras cuando adultas? Además, ¿cómo defraudar a la mamá y no seguir sus pasos? Si ellas empezaron casándose con nuestros papás. ¿Cómo les vamos a salir ahora defraudándolas consiguiéndonos, eso sí, un buen partido?
El caso es que el Ken, que en la vida de la Barbie sólo sirve para hacer visita en la sala rosada, de la casa rosada, llena de todas las demás Barbies vestidas, pues de rosado, al que spolo lo invitan a su casa, de visita y eso que es el marido de la popular muñeca. ¿Ese es el ejemplo a seguir? Eso es lo que quieren nuestras mamás para nuestro futuro: ¿al hombre de adorno que no sirve para nada? El Ken, tan mal dotado que uno le baja los pantalones y ¡ahí no pasa nada! Por eso desde pequeñas nos acostumbramos a conformarnos con tan poquito. Por eso nos encanta que la Barbie le ponga los cuernos al Ken con todos los muñecos del baúl: con el Increíble Hulk, y con todo el montón de soldaditos de plástico. Tan mal dotado estará que la Barbie popularizó la inseminación artificial. Ante la ineficiencia procreadora de Ken, los bebés de la Barbie no se conciben, sospechosamente aparecen ya listos dentro de una cajita rosada en los supermercados. Aparte vienen en todos los colores y razas. ¡La Barbie es terrible!

Sí, el Ken no es más que un donante de esperma. Pero será cuando lo derriten, porque todo el mundo sabe que la Barbie siempre anda con otros. El Ken es tan patético, que ni siquiera salió en Toy Story. En donde cabe resaltar, salieron todos los juguetes. Al muy cretino le ganaron el casting un chancho alcancía, un dinosaurio y un perro salchicha. Además al Ken le cabe aquella canción de ese otro Ken original, el venezolano... el del peinado esponjado: El Puma. Ese ídolo en decadencia que cantaba: "¿Dueño de tí, dueño de qué? ¡Dueño de nada! Sí,k el Ken además es un vaciado porque todo es de la Barbie.
La casa, el carro, la moto y la piscina son de la Barbie...
Y lo más humillante de todo: el bar y hasta el motel son de la Barbie. Pero ahí sí estoy de acuerdo: que todo sea de la Barbie porque al final todo termina siendo de una. Por eso amo a ¡la Barbie divorciada!.

Lo cierto es que la Barbie es la más hábil de todas las muñecas. Al menos tiene todo claro. Es la más independiente y la mejor neociante de todas. Nuestro modelo a seguir y la culpable de gran parte de nuestras frustraciones. Sí, porque tener como modelo a una muñeca casi perfecta, que no sabe lo que es una cana, a pesar de que ya es oficialmente una cucha (de ahí el popular término "Cuchi-Barbie"), que no necesita de la plata del marido para nada, que tiene hijos y ni se le nota y, que además tiene para pagarse su propia silicona y todas sus cuentas. La Barbie, que no tiene un solo pelo de plástico de tonta, tamibén es nuestro principal motivo de frustración latinoamericana.

Para evitar entonces que las mujeres del mundo crezcamos pensando que el esposo es un sin gracia. Para desde pequeñas aprender a respetar al marido, al propio o al menos al ajeno, sería más considerado que se inventaran una muñeca que sí nos ayude a prepararnos para el futuro y para nuestra verdadera realidad tercer in-mundista. Algo así cmo la Barbie Chibcha. Que se llame Yuris Johanna, Nini Paola, mejor dicho, que tenga un nombre más familiar. En fin que la Barbie latina, en vez de venir con piscina, helipuerto y salón de belleza propio y cosas de esas que no vamos a tener, que venga más bien con sus propios artículos de aseo... pero no personal, sino para limpiar la casa. Que venga con su propio Clorox, con su propio Ajax y con un bulto bien grande de caldo de gallina. Que ande en chancletas y que tome Prozac para la depresión Pre y Post parto que seguramente le va a dar cuando se dé cuenta del marido que le tocó. Que en vez de poder maquillarla, venga con un kit completo para hacerse la cera y quitarse el bigote que eventualmente nos sale a todas! Así unas nos depilemos con más frecuencia que otras.

Sí, que la nueva Barbie latina sea una pobre muñeca, pasada de peso y que trabaje en algo tan real como vendedora de L'Ebel. Eso es más realista. Eso sí que es preparanos para el futuro. Que venga con su propio accesorio, o sea, su marido. Que en vez de la sonrisa tonta que no se le borra ni con ácido de batería (ya lo he probado), viva deprimida ante la infidelidad del John Wilmer Ken, la versión latina del novio de la Barbie. Y que en vez del carro convertible rosado se suba en bus... o en carro pero pagado por cuotas. Nada de la flota de carros rosados convertibles parqueados en la puerta. ¿A quién quieren engañar cuando aún pensamos que todos nuestros sueños infantiles sí son posibles? Yasí, con una Barbie larina, podremos evitarnos toda esa frustración infantil por no ser altas, flacas, millonarias, súper populares y siliconudas...

Pero el Ken, ese sí, bajo ningún punto de vista puede ser el modelo de hombre que queremos en nuestras vidas. Tampoco recomendaría a las mamás regalar a sus hijas ningún tipo de Súperhéroe. ¿Para qué? Si en la vida real lo que nos toca es otra cosa. Imagínense la tragedia que sería si el novio de la Barbie fuera algo así como el Hombre Araña, por ejemplo.¿Para qué? Para que cuando crezcamos, nos toque cortarnos las venas, pues la ilusión del hombre arácnido se resume a un trepador que lo único que hace es pegarse como un chicle y escalar posiciones a costa nuestra. No gracias. Y esa es la cruel realidad. O qué tal Súperman, uno que vuele. ¿Para qué? ¿Para qué soñar con tanto si en la vida real lo que nos oca es uno que vuela, sí, pero a los brazos de la otra? O Batman y Robin, el dúo dinámico para que aprendamos a admirarlos desde pequeñas.. Para que en la vida real nos toque conformarnos con Barman y Robin, un par de borrachos que, entre otras son ¡re-gay! Admitámoslo, en la vida real, los únicos súperhéroes que nos tocan son FLASH... Pero Gordo, o el más popular de todos: el Hombre Invisible. Ese que con quien estuvimos un tiempo y luego desapareció de nuestras vidas sin dejar rastro...

Karla Delgado.
Tal y como se publicó en: Karla Delgado.

domingo, 6 de junio de 2010

Y después, se casan.

El señor Buendía y la señorita Jana insistieron en que me presentara a la boda, así, como si nada. Bueno, la mera verdad es que los tres fantaseamos con que me aventaba un zafarrancho increíble, con todo y eso de "tú dijiste que me amabas", y hasta Buendía sugirió que pidiéramos prestado un bebé, para darle más drama a la escena. En cambio Jana, decía que fingiera un embarazo como de seis meses, pretendiendo que eso causara suficiente remordimiento en el chico, que ahora se convertía en contrayente. Reíamos como estúpidos. ¡Pero qué par de locos!

Ninguna de las dos sugerencias rindió frutos. Sí me presenté a la boda, sin invitación por supuesto, pensando que todos tenemos acceso a la "casa de Dios", y ahí me quedé, como una invitada más, pensando que nada mejor podía pasarme en ese momento, o podía pasarnos a los dos.

No me dio tristeza, tampoco sentí nostalgia. Esas lágrimas absurdas que a veces se apoderan de mis ojos, porque todas las bodas me hacen llorar, esta vez no se hicieron presentes. Me quedé ahí, como estatua. Ni siquiera conocía a sus amigos, ni a sus compañeros de trabajo. Como nunca me presentó a su familia, ni a sus hijas, pues no había verdaderamente nadie que pudiera reconocerme. La única persona que podía hacerlo, quien me avisó que el Rey Sol se casaba, estaba a kilómetros de la Ciudad de México.

Estuvo bien no haber recibido invitación, estuvo bien. Ya me la sé, que los chicos una vez que terminan la relación que tienen conmigo, o se comprometen con alguna chica, o de plano se casan. Tampoco recibí invitación para la boda del soltero tóxico, y como tampoco conservamos los amigos en común, no tuve como enterarme, hasta que pocos meses después, él me lo platicó sentados en una mesa del Sanborn's de Satélite.

Se pudo haber dicho que pasé desapercibida entre los invitados de una y otra familia, de no ser por el vestido que elegí para la ocasión. No iba a ir de compras, ni me iba a poner mi vestido de fiesta porque es color blanco, y se supone que a las bodas uno no debe ir de ese color, así que opté por el vestido rojo estampado con flores azules, de chifón, casi envolvente, con un escote de vértigo; que está confeccionado de tal manera que al caminar, mi pierna izquierda se asoma como si ella también sonriera.

Estuvo bien no haber recibido invitación, estuvo bien que fuera. De otra manera, no hubiera creído que se celebraba una boda ese día. No estoy segura de cómo se conocieron, ni quién es la chica. Sólo sé que fue de esos amores repentinos, de esos que te hacen sentir que nada más importa, que si no te lías con ella -o con él-, podrías arrepentirte tiempo después. Me consta que él está feliz, porque lo vi. De ella no puedo opinar mucho, porque no la conozco, no sé cómo es cuando sonríe o cuando está enojada.

Esa sensación que se tiene, que de cualquier forma a uno lo están mirando, de pronto se me esfumó conforme la ceremonia religiosa transcurría. Ya no era la boda del Rey Sol, ya no era yo con mi vestidito de chifón, simplemente estuve allí, en una ceremonia cualquiera; estaba segura de que tenía que verlo con mis propios ojos, no hubiera bastado que alguien me lo platicara.

Y así, llega el momento de encallar para no navegar más, no sé cómo se siente eso pero supongo que debe ser agradable, que debe ser una emoción inmesa por tener estabilidad en la vida, en el corazón; por haber encontrado a la persona que te complemente y que vaya en el camino paralelo al tuyo.

Por mucho tiempo estuve renuente a una relación estable y duradera, siempre argumentando que mi generación había salido "reacia para el matrimonio", y tomando como ejemplo mis últimas relaciones y lo que los chicos habían dejado en mi. Por mucho tiempo me di cuenta que ellos no querían más estar conmigo, pero que después les llegaba el momento y lo aprovechaban con otras personas, en otros sitios, con otras mujeres. Comprendí que todos buscamos ser felices, pero que yo no estaba en sus planes.

Luego, tanto tiempo de soledad que no se le puede llamar así, llega para dejarnos cosas buenas, un poco de sabiduría y un tanto de experiencia.

Después vienen las cosas más claras, se renuncia al drama, y se necesitan hechos fehacientes para creerlo y para sacarnos tanto escepticismo.

Necesitaba ver con mis propios ojos ese día, el ocaso del sol, que el Rey Sol contrajo nupcias. No más salidas nocturnas, no más calles perdidas en esta Ciudad, no más coches que se siguen, no más almuerzos que no llegan -porque por fin ahora sé que nunca llegarán-. No más Sierra Nevada ni las obras literarias de Minería. No más zócalo capitalino lleno de gente. No más Ciudad Universitaria mientras yo investigaba en la Hemeroteca Nacional. No más copas los viernes por la noche, en este bar de Polanco que ahora no me acuerdo de cómo se llama. No más esquinas de Patriotismo y Eje 6. No más Starbucks a espaldas del Hotel Presidente. No más Archivo Histórico de la Secretaría de Relaciones Exteriores.

Necesitaba que un hecho externo me gritara a la cara que todos tenemos oportunidades, que la mía también se ha presentado, que mi suerte ha cambiado, que el éxito viene de la mano de nuevas experiencias y de personas maravillosas que se aparecen en nuestros caminos.

Necesitaba recordar que los domingos sí me gustan, y que también pueden estar llenos de un amor distinto y de convivencia que no sabía que podía existir.

Luego mi historia vendrá, y dejará memorias maravillosas. Luego sí podré hablar de vestidos de novia, de anillos en el dedo anular, de vestidos sencillos con zapatitos azules, de destinos que son el mismo, de futuros compartidos, de relaciones que no existen más. Después quizá, me casaré yo.

lunes, 19 de abril de 2010

Dos mil diez

Harto de malvivir el siglo veinte
muere de mal de amores.


Y la mentira vale más que la verdad
y la verdad es un castillo de arena.

Y por las autopistas de la libertad,
nadie se atreve a conducir sin cadenas.

Ganas de..., Joaquín Sabina.

Estamos cayendo en la cuenta de que el 2010 es el peor año para ponerse a escribir una disertación sobre la Revolución Mexicana.

Tantos escritos, tantas miradas, tantas cosas que se quieren decir, tantas historias que ahora resulta que estuvieron "olvidadas", tanto que se pudo decir antes pero que hasta ahora se ha tomado en cuenta.

Todo agobia, se te viene encima.

De repente, resulta que todo mundo tiene la última palabra, la verdad absoluta; la mejor intepretación de lo que sucedió o de lo que debió haber sido. La mejor conclusión, el fechamiento correcto, lo que en verdad se supone que fue que pasó. Y la verdad, es que todavía no se sabe nada.

2010, a un siglo de que estalló la Revolución Mexicana. Año en el que cumpliré 27 años de vida. Año en el que por fin me puedo llamar licenciada. Buen año para iniciar un posgrado, para pensar en cambiar de Ciudad, de país o de color de piel. Pero no tan buen año para escribir sobre el movimiento social que traspasó fronteras, que ni siquiera el "gobierno federal" se atreve a fechar correctamente.

Año de buenas decisiones, de mejores hábitos, de buenaventura en los 365 días que lo llenan.

Meses de amor, de volverlo a intentar, de dejarme llevar, de llenar a otra persona, y de sentir como gota a gota está viniendo a llenarme a mi.

Año de pensar seriamente si hace falta o no, romper con todo lo anterior y volver a comenzar. Quizá -definitivamente-, sea tiempo para una nueva protesta que se vuelva revolucionaria.

domingo, 7 de marzo de 2010

57 kilos

De regreso a la Facultad de Filosofía y Letras, a empujones en el Metrobús, al calor insoportable. De regreso con el sol en la cara, tomando un taxi que me llevó increíblemente rápido a la puerta de la Biblioteca Central, con otro de regreso que me llevó toreando semáforos en rojo, a la puerta de la oficina.

De regreso a perderme por las escaleras y por los pasillos que ya no me acordaba como eran. Con ese olor característico a libros, a gente caminando por todos lados, a perfumes e inciensos, a aromas lejanos, ajenos, de la Ciudad, de tierra adentro. De regreso a leer en el pizarrón del salón 304, que me esperaban en la sala de maestros o en el cubículo de frente. A seguir corriendo. A seguirle con esta guerra en contra del tiempo.

De regreso a no querer encontrármelo de frente. A este miedo que creí que ya se había ido, pero que regresa cuando es real la posibilidad de volver a ver al soltero tóxico cuando no quiero hacerlo. De pronto, entre mis prisas y toda esta corretiza, me acuerdo que estoy vestida con un traje que él no conoce. Que hace mucho que no me mira. Que por más que pueda acordarse de mi, o yo de él, quizá no podamos reconocernos más. Este, mi traje de 57 kilos, incluye también una sonrisa diferente y un desenfado de estreno, que se mira luego luego al andar.

Todo salió bien. Logré reunirme en el siguiente salón, luego de que no se pudo en el cubículo de siempre. Platicamos. Nos reímos. Nos pusimos al corriente en la documentación y en la vida de la Academia que poco a poco me coquetea para regresar a ella.

A correr, otra vez. Recordando que no siempre reciben de mis decisiones lo que esperan. Recordando la tristeza o el desencanto que me llevo al ver la cara de las personas que no me comprenden. La histeria de mi padre, las incongruencias en las opiniones de mi madre, las presiones de ambos. Que consiga otro empleo, que sea otra persona, la que ellos quieren que sea. Que viva la vida que ellos hubieran querido. Que no vaya o no haga lo que ellos no hubieran hecho.

Que si el pelo está bien largo, que si debería ser mejor completamente negro. Que si se maneja de un modo, que si se bebe de otro. Que si duermo mucho, que si tengo ojeras por no dormir nada. Que si me estoy desperdiciando, que si mi carrera no ha servido para otra cosa. Que por qué sigo soltera, que por qué no logro salir con el chico que ellos quieren, que por qué no salgo digamos que con cualquiera, que por qué no regreso con el ex novio de la preparatoria. Que por qué intenté formar un hogar hace unos veinte meses, que por qué no pudo fructificar.

Que porque no entienden cómo es cuando me enamoro, que porque no saben cómo es cuando tomo una decisión.

Y es bien simple, o para mi parece que lo es. Las respuestas están visibles en mi persona, en la manera en la que hago las cosas. Basta un poco de atención. Mi vida no es una extensión de la suya, mis decisiones no son suyas, mi carrera no es la que ellos hicieron, mi familia no es la que ellos me dieron, y me parece que deberían preocuparse en vivir sus vidas, en lugar de las vidas de los demás.

Así soy, les guste o no. Con todo y mis 57 kilos, y lo que eso conlleva, voy a seguir adelante con mis decisiones, con mis planes, con mis proyectos.

No me gusta tener estas reacciones, a veces me desconozco, me siento mal por decir algo que pienso que no debo decir. Pero las cosas son como son, y lo que parece es, como decía mi maestra de Historia del Arte. No se puede tapar el sol con un dedo, eso hasta yo lo sé.

lunes, 11 de enero de 2010

Aquí vamos otra vez.

Aquí vamos, con que nos quedamos mirando sin decir nada, con que te molestan las reacciones que tengo algunas veces, con que no sé qué hacer cuando no puedo resolver mis propios problemas.

Aquí vamos otra vez, con que me dices lo que ya sé que me vas a decir. Con que me dices que no siempre se tienen las soluciones para todas las situaciones, con que si no las puedo resolver, para eso estás tú, para ayudarme a pasarlas de largo si no es que a resolverlas por completo.

Aquí vamos otra vez, con que comienzo a pedirte perdón compulsivamente, como si en verdad hubiera hecho algo muy malo, como hace unos siete años cuando nos conocimos, que me esforzaba de sobremanera en entender lo que tu cabeza pensaba. Aquí vamos, con que ahora no me interesa lo que piensas, sólo lo que pienses cuando estás conmigo.

Y todo es como siempre, como tal vez debimos evitar que fuera. Siempre seré mucho menor que tu, siempre serás mucho mayor, siempre habrá esta brecha generacional que nos hace ser lo que somos, que nos hace tener la amistad que tenemos, que nos hace que el tiempo nos pase como nos pasa. Siempre me verás pequeña, siempre querrás sobre protegerme, siempre me verás linda y joven y querrás ayudarme en lo que puedas. Siempre te veré grande, siempre te veré un poco viejo, siempre correré a pedirte una opinión o a pedirte que me ayudes a buscar una solución. Siempre te veré como un apoyo, siempre te veré como escultura, siempre te veré como si los años no nos pasaran encima.

Pero repito, el destino nos ha llevado hasta aquí, y lo dije bien clarito hoy en la mañana: no sabíamos que la vida iba a dar este giro y que ibamos a terminar como estamos ahorita. No está mal, supongo. Si estuviera, ya nos habríamos separado (otra vez, como sucede cuando algo no nos parece) para intentar volvernos a juntar unos meses -o algún tiempo- después.

Y ahora no sé qué es lo que va a pasar. No sé qué sucederá en la entrevista que tengo mañana. No sé cuándo estarán listos los ejemplares. No sé cuando tendré listas escritas, las últimas opiniones recibidas. No sé si el frío me dejará dormir. No sé si podré verte otra vez, o verte, por lo menos, como te vi hoy por la mañana. No sé qué voy a hacer en la casa, que ya no quiero que sea mía. No sé cuando va a dejar de matarme esta incertidumbre.

Y Mauricio tenía razón: no estoy deprimida porque tengo la cabeza lo suficientemente clara para comprender la situación; lo que sucede es que me angustia no saber cómo hacer lo que tengo que hacer. No quiero llegar al punto de la desesperación, que se quede en ansiedad o angustia, pero que no llegue la desesperación que siempre trae de la mano a la depresión.

domingo, 10 de enero de 2010

Me gustan las historias de amantes

Luego de las lecturas del año pasado, y de todo lo ocurrido, ahora confieso que me gustan las historias de amantes. Estas prohibidas, furtivas, estas que son secretos a voces. Estas en las que las tensiones en las habitaciones en las que los amantes se encuentran, hacen que los demás intenten adivinar qué ocurre en el ambiente, suponiendo que alguien se atrae o que algo se esconde, alguna pasión se esconde en dos corazones, o se esconde en la piel.

Me gustan las historias de amantes, pero no he vivido alguna. De hecho, ni siquiera me es posible imaginar cómo sería, necesitaría saber cómo es el prospecto para intentar escribir -o vivir- una pequeña historia. Porque bueno, aún cuando al hacer historiografía lo que más se hace es inferir, en el caso de una historia propia, cuesta trabajo inferir qué es lo que sucedería.

No sé si el susodicho sería mucho mayor que yo, y tuviera una gran profesión, de esas en las que se salvan vidas, o es imprescindible su presencia para tomar una decisión. No sé si me vería con él una vez por semana, o cuando tuviéramos la necesidad de platicar el uno con el otro. No sé si serían los miércoles, por ejemplo, día de cine o de latte por las mañanas. No sé si pasaría por mí en un deportivo color plata, o en un deportivo descapotable color rojo, lo que causaría mucha curiosidad, porque sería un hombre mayor; lo que entonces significaría que andaría en un segundo o tercer aire, y yo sería la persona con quien desearía pasarlo.

No sé si tendría química con él, con eso de que me llevo bien con los chicos que me llevan un poco más de seis años. No sé si reiríamos mucho, si platicaríamos hasta el amanecer, o hasta que el tiempo se nos terminara, justo para que cada quien volviera a su rutina. No sé si me invitaría a comer o a cenar. No sé siquiera, si me resultaría atractivo, o me diera emoción estar con él.

Pudiera ser que otro prospecto tuviera ojos verdes, fuera extranjero, y viniera a mi Ciudad sólo por alguna temporada. Entonces los encuentros no serían tan furtivos, no tendría que existir el silencio o un ocultamiento. Supongo que tendría un departamento lindo, de esos acogedores y pequeños, de esos de temporada. Quizá viviría algunos días en un hotel de Paseo de la Reforma, o de la colonia Condesa. O quizá también, compartiría las habitaciones con algún colega, lo que haría de la situación algo no tan serio, porque podríamos salir en grupo, y tampoco sería necesario ocultarlo de mi lado, con mis amistades o mi familia.

Sería un amante de temporada, de acento extranjero, de castellano que no parece que hable español. Sería un chico que me transportaría a sus ciudades, a sus pasados, que no importaría lo que yo tuviera acá, o lo que él hubiera dejado allá. No existiría mayor involucramiento, sólo lo necesario. ¿Y si ni siquiera supiera sus apellidos? Me muero de risa, eso sería fantástico y podría dar pie a una gran historia.

Pudiera ser, que mi amante fuera un colega, un historiador igual que yo, mayor unos cuantos años, para que tuviera experiencia, historiográfica y con las mujeres. Que me hiciera reír a carcajadas sin que se lo pidiera. Que casi casi leyera mi mente, porque como tenemos las mismas ideas en la cabeza, nuestros puntos de vista no serían tan dispares. Que él supiera que los amantes son eso, amores ocasionales, y que no tuviera problema con que yo no tuviera tiempo para verlo. Y que a mi no me molestara que tuviera mil pendientes encima, que no tuviera tiempo para verme porque urge entregar un texto, una corrección, un artículo para alguna revista.

Que supiera que sin café por las mañanas no se puede trabajar. Y que también supiera que es posible trabajar acompañado, escribir en silencio, dándome espacio a mi y a mi ordenador, dándose espacio a él mismo en la misma habitación. Que supiera -como yo- que es posible terminar de escribir un texto acostado en una cama, con los pies metidos en las cobijas y las laptops y los móviles sobre mesitas de desayuno o mesitas ratonas. Que supiera que también se ocultan ideas, que no siempre se sabe lo que se debe escribir, porque aún cuando nuestras ideas nos harían cómplices, no se querría tener alguna discrepancia.

Quizá este colega sepa que un historiador está medio loco. Que los frentes fríos nos hacen bi-polares. Que se sabe, pero no se dice, que una investigación es capaz de cambiar una tendencia o una vanguardia. Quizá este amante sabría -como lo sé yo-, que es emocionante encontrar el pequeño hilo historiográfico de una madeja, lo que entonces haría nuestros encuentros casi sesiones de seminarios para compartir investigaciones.

Compartir profesión, además de intimidad, nos daría una partida doble, sería como cambiar de partenaire con la misma persona. Y entonces vendría otra situación: que lo supieran o no los demás colegas. Porque la reputación de un historiador se debe cuidar desde muchos flancos. Quizá entonces, la mantendríamos en secreto, para que fuera sólo nuestra complicidad. Y entonces aparecería un minus: al hacernos amigos, las cosas cambiarían.

Porque generalmente un colega, que comparte ideas con otro, termina haciendo una amistad. Y yo no estoy segura, porque no tengo la experiencia, de que sea ideal hacerse amigo de un amante.

Aunque por el otro lado, si el amante resultara ser un antiguo amigo, o mejor aún (ya me estoy emocionando escribiendo esto ¡yupi!) resultara ser un antiguo amor, la perspectiva daría un cambio de 180 grados. Porque es de dominio público, que cuando he terminado mis noviazgos, resulta después que termino siendo amiga del ex en cuestión. Así que, ¿qué sucedería, si el amante resultara ser un antiguo amor? Sería un plus no tener que hacer un nuevo espacio en la memoria, al revés, nada más se tendrían que repasar algunos expedientes u algunos recuerdos.

Pero en el fondo espero, que si llegara a ser un antiguo amigo o un antiguo amor, las cosas fueran diferentes. Porque todos sabemos que si se termina una relación con alguien, la situación que te llevó a terminarla, ahí quedará para siempre. Las cosas que lo hacían insoportable, seguirán haciéndolo insoportable.

Por lo que, si el amante fuera viejo conocido, tendría que haber mucha comunicación y se tendrían que dejar las cosas en claro, para que no sucediera lo que cuando hubo una relación. Pero se ahorrarían muchas cuestiones, se evitarían problemas que antes no pudieron evitarse, se evitaría hablar de lo que le molesta, cifraría el empeño uno a lo que es tener un amante, simple y mera convivencia, mitigar soledades, ser felices por un momento sin pensar en nada más. Los problemas se quedarían fuera, al cerrar la puerta.

Le veo muchas ventajas, aún cuando el mayor contra es saber hacerlo y no involucrarse demasiado. Pienso que es otro tipo de amor y de cariño. Los amantes también se quieren, y se procuran, y se preocupan el uno por el otro, o uno más por otro.

Los amantes casi siempre piensan por el otro, porque de no ser así, no podrían serlo y los dos saldrían perdiendo.

Pienso que un amante, nos haría mitigar el frío de otra manera. El frío físico, el frío del corazón, el frío de la esperanza y del alma.

Los amantes se llevan bien, porque como no tienen mucho tiempo para pasarlo, el tiempo que tienen para estar juntos es como vivir de vacaciones, como estar de festejo, o como si fuera día festivo. Los amantes celebran cada que se encuentran, y pienso que eso debe ser divertido, pienso que eso es lo que los hace felices. Porque, estoy segura, hay amantes felices.

El amor y el drama no se llevarían bien. Si imperara el drama, se llevaría de calle a la relación amorosa. Pero amor y drama casi nunca se pueden separar. Por eso esto de tener buena comunicación, y de decir exactamente lo que se espera de la relación, o lo que se espera de la otra persona.

Pasa, ahora lo entiendo, que nos han educado pensando que las historias de amantes no deben tener parte. Por eso es difícil que le veamos buen futuro a un amor ocasional, a un amigo que hace feliz un par de veces a la semana.

Pienso que la realidad no sería muy diferente a las historias que me estoy inventando.

Pienso que tener un amante en la realidad, rebasaría la ficción de la vida que vivimos en esta Ciudad. Nos harían sonreír, o nos darían un poquito más de felicidad.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Tres de agosto de 2005


Pero qué basura. Me encontré en una nota de una agenda electrónica el link anterior, y de inmediato pensé que quizá sería una sorpresa del destino, una información olvidada, o algún detalle que debía recordar. La nota es sobre el año del Quijote, me parece razonable. La fecha es la que es una basura.

Fue el tres de agosto de 2005, no sé por qué yo estaba tomando sola unas cervezas suecas, Cristina estaba conmigo como siempre, el nene de vacaciones con nosotras, y la Facultad se lee prometedora en las anotaciones que hice ese día, y los días alrededor de ese.

¿Por qué guardé ese link? ¿Por qué hice anotaciones? Pues porque mi locura no era suficiente, y tenía que estar sujeta a la vida del soltero tóxico, ciega de amor, ciega de pesares, sorda de malas decisiones. Gorda por tanto tinto y tantas fiambres. Gorda por floja, por desamor a mi misma. Me la pasaba escribiendo que el mundo se iba a acabar, pero que no importaba porque él y yo eramos eternos, y bla bla bla.

Me causa un poco de repulsión que una agenda me grite a la cara la realidad, lo dependiente que fui de un chico, que para todos los males no valía la pena. Algo debió haber tenido, supongo. Lo quise muchísimo, me dolió cuando se fue. Me dolió más cuando decidí no volver. Y así fue, no volví.

Si la locura no era suficiente, ¿qué tanto es tantito? ¿Por qué no encontraba yo el equilibrio? Y hoy me siento bien, las noticias buenas no han dejado de llegar, la buena ventura me llena hasta los oídos. El tiempo me ha sabido curar.

Las personas necesitan un poco de locura. De otro modo, nunca se atreven a cortar la soga y liberarse.
Nikos Kazantzakis.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Le guste o no.

Llegó el momento en mi vida de soltera, en que efectivamente soy la única chica soltera. Mis amigas tienen pareja. Mis amigos tienen pareja. Hoy me insinuaron que soy un peligro para los matrimonios de mis amigos, que al seguir la amistad con él, lo presiono y que efectivamente el que yo sea soltera y que no pretenda nada más conmigo, es lo que hace que su matrimonio peligre.

Maldita la hora en la que acepté salir a tomar ese café. Lo peor de la situación es que quien insinuó que soy un peligro es una amiga de mi madre, y para acabarla de regar toda, mi madre le hizo segunda en el comentario. ¿Acaso tengo escrito en la frente la palabra "promiscua"? Pues que me avisen, porque yo no me he dado cuenta. ¿No es obvio que la base de mi amistad es el respeto que nos tenemos el uno con el otro? ¿Por qué la amistad entre hombre y mujer se malinterpreta y se cree que las mujeres solteras somos unas rompematrimonios?

Todavía traigo un nudo en la garganta. Voy a ir a comer con mi mejor amigo, le guste a quien le guste o aunque no le parezca a la Sra. Téllez. Es tristísimo que las mujeres -de la edad que sea- nos metamos el pie unas a otras.

Y si sencillamente, yo decidiera que es mejor seguir como estoy a aventarme un matrimonio o una relación que no valdrá la pena, ¿mi madre y sus almas gemelas me dejarían de criticar?

Y resulta que creen que la puta Ciudad necesita una limpia, y a mi me fascina tal como es.

viernes, 28 de agosto de 2009

Aún con ánimos de apostar

En el calor del encuentro con el chico del cristal, platiqué muchísimo con Jazmín y con Madame Copo de Nieve. Como siempre le agradecí a Copo su sinceridad, me instó a la valentía, y al igual que Mafka en el café de Reforma222, me dijo que me ve muy decepcionada y que todo parecía una gran ironía, en la que el corazón no se ponía de acuerdo con el intelecto para hacer equilibrio.

Mientras tome las cosas como vienen no hay mucho problema, pero tampoco avanzo considerable distancia. Una vez que tomo decisiones y que me vuelvo a abrazar a las metas que deseo cumplir, entonces sí nadie me detiene, pero hay apariciones fastidiosas y desequilibrios que me echan la cabeza a andar. El dinero, el empleo, la Universidad, el posgrado que quiero estudiar, los labios que quiero besar.

Y aún cuando no sabíamos si sucedería el encuentro o no con el chico de la oficina de cristal, me instalé en el pesimismo de que nada tenía motivo para suceder. Jazmín casi me arranca la cabeza. El chico y yo tuvimos un interesante intercambio de correos electrónicos, lo que nos permitió que el pánico de ambos desapareciera. No entiendo la situación de dos personas que se atraen pero que no intentan estar juntas, no entiendo que no me comprendan que terminar un trabajo no es sencillo, que me angustia no hacer lo correcto, no entiendo como es que en mi subconsciente se siguen formando trampas para creer que todo va a suceder.

San Román me dijo que cuando me propongo algo lo consigo, le dije que tiene razón. Pero ahora ya sé cuál es mi límite; cuando se acabe la carne del asador hasta ahí habré llegado, aunque no haya ganado aún, no le volveré a apostar a ese número. Y no puedo dejar de lado la sonrisa que me aparece, cuando recuerdo que efectivamente la casa nunca pierde.

jueves, 11 de junio de 2009

¿Y si me sale un gran cuerno bajo el corazón?

No conozco a otra mujer que disfrute más hablar del amor, que mi madre. Es una mujer muy optimista y buena consejera. A mis amigas les gusta venir a platicar con ella y contarle cosas, pedirle que les cuente de los novios de juventud y asi. Desde hace mucho, yo he seguido esta buena actitud de mi madre, y entonces puedo pasar horas y horas platicando con mis hermanas o con mis amigas de los novios y del amor.

La cuestión es que, ya estoy un tanto fastidiada de jugar este jueguito de preámbulo para al amor.

El chico de quien escribí, a quien no sé por qué quiero tanto, me ha llenado el corazón y ha hecho que mi vida sea aún mejor. Todo indica que él no se da cuenta de las actitudes que tiene hacia mí, por lo que no comprende que todos estos meses que hemos estado saliendo juntos, bien darían para darle continuación a una relación en forma.

Ahora he comprobado que el amor sí se desborda, tal como lo hace un vaso con agua que se va llenando gota a gota. ¿Qué se hace entonces cuando el vaso está lleno? Mi madre declaró situación de emergencia, y muy seria me dijo: "En la vida una es actriz o espectadora, y a ti no te va ser espectadora cuando la mayoría de las veces eres actriz. ¿Que no te das cuenta que tienes que actuar de una vez?" Me dejó sin aliento.

Mafka cree que en lugar de dejar de contestarle el móvil o de permitir que los celos me paren de pestañas, debo hablar con él porque la mayoría de las veces, los hombres no analizan la situación. Ella me dijo que es peor vivir con la duda, que aunque parezca que vivo un amor de secundaria, debo decirle lo que siento. Quizá el sienta lo mismo que yo, y entonces la situación se analizaría desde dos partes. Qué chica más inteligente.

Han pasado algunos días, y a mi madre se le ha bajado un poco la euforia. Hoy por la noche me dijo que la solución pudiera ser la resistencia pacífica; lo que me permitiría tener un poco de tranquilidad y seguir que las cosas siguieran como siempre. Finalmente, confiamos en que los sentimientos saldrán a flote... O en que de plano yo me estoy volviendo indiferente al amor. No puedo recordar si en otras circunstancias hubiera luchado por él (no por el chico, sino por el amor de él). Quizá sí. Y si alguna vez lo hice por el amor de otro chico, ¿por qué no me acuerdo claramente de cómo fue?

El Rey Sol una vez me dijo que había luchado por mi y que no me había logrado. Y sí, alguna vez yo luché por él, y por el soltero tóxico, y por mi novio de la preparatoria. Pero de cierta forma confundí la lucha con la acción de ceder frente a los sentimientos del otro.

Me parece claro que he luchado por el amor bajo muchas circunstancias. De otra manera, no dedicaría tanto tiempo escribiendo sobre él. Por el amor se hacen muchas cosas, y yo he luchado muchísimo por el amor a mí misma. También por el amor a mi profesión, a mi familia y a mi ideología. Soy firme y les soy fiel.

¿Hasta dónde es suficiente? ¿Hasta cuándo se deja de tener miedo a que nos lastimen o a demostrar el amor por otra persona? ¿Por qué todavía no sé si valdrá la pena decirle que me estoy enamorando de él?

En el fondo sé que todavía puedo y quiero seguir luchando. Y también sé que la lucha por el amor de una pareja es directamente proporcional a la correspondencia que se tiene de dicha pareja. Así, supongo que volveré a luchar cuando pise un camino firme, cuando sienta que vale la pena, y finalmente cuando mi corazón se sienta correspondido.

O de plano, cuando se me quite el desenfado y las ganas de enamorarme no me taponen el sentido común ni me tejan dobles puntos de crochet en el corazón.

Me da miedo estar creando una resistencia tolerada a un sentimiento de cariño que sucesivamente se pudiera convertir en algo fuerte y duradero. Quizá el chico me lo esté contagiando.

¿Y si el cuerno ya me salió y no me di cuenta? (¿Ya escuchaste Ambar violeta?)


"Nadie lo sabe ni nadie la vio,
ahora tiene un gran cuerno bajo el corazón.
Y se esconde de todos los hombres que quieren tenerla".

sábado, 21 de marzo de 2009

Primavera, sólo primavera

Oficialmente la primavera entró ayer por la mañana.
Oficialmente me siento diferente, no te quiero ver y quizá desde hace mucho que no he querido. No sé porqué no me he acostumbrado a que las cosas sean así, insisto. Yo me histerizo, sabes que lo hago, sabes que algunas veces me pasa que pierdo el control (a todos nos pasa) y que comienzo a llorar (eso ya no tan seguido) y que no confío en nadie y entonces es cuando te llamo por teléfono y te quiero decir que no te quiero ver más y no me atrevo, que no soporto escuchar la voz de tu mujer detrás de tu propia voz (diciendo que me cuelgues de una vez) y que es injusto que no estemos juntos.

La primavera llegó. Así como el otoño me recordó que hacía un tiempo habían luchado por mi, la primavera me susurra que es mejor estar así. La gente no cambia, nunca cambia. Y yo, por el contrario, me esforcé porque las cosas funcionaran. Las personas a lado mío supieron valorar mi esfuerzo, mi carácter, pero comenzó a hacerse todo un tatuaje falso que se cae. Con lo mucho que odio los tatuajes falsos. Con lo mucho que odio los domingos. Con lo mucho que odio que te guste el drama. Con lo mucho que odio que me llames a escondidas y que creas que puedo confiar en ti, que me das tu palabra, que me juegas al revés, que no hablas de mi y que me haces creer que me quieres. Y no sé si me quieres. Y no sé si podrás estar sin mi.

Y en el fondo siento que no me conoces, que no me sabes nada pero ah qué bien te salía jugar al moralista. Y todos se hacen moralistas y hablan de ética y formación cívica y de buenas costumbres y de excelentes relaciones y de conocer maridos y de familias ideales... Encima tu mujer cree tener la familia del siglo, la que no se equivoca, la que toma buenas decisiones, la que no se emborracha ni tiene deslices, la que no fuma, la que tiene buenos oficios y profesiones... la que debió haber sido sin tener que haberte tenido casado.

La maldita primavera me hace escupirlo todo de una vez. Porque me da calor, porque me arde la piel de la cara, porque no puedo usar mis guantes de piel, porque mi liguero no aparece, porque las medias color piel me pican los muslos, porque se me hinchan los tobillos, porque necesitaba este exorcismo.
Porque tus gritos por una estupidez me taladraron los oídos. Porque no soporto que no me crean que no eres un santo.
Porque la puta Ciudad me pone bien tal como es, y no entienden que así me queda.

Un frapuchino de té verde me reconcilió con la cafetería. Los hotpants de mezclilla van bien con las botas altas, y los ojos del chico sobre mi piel ámbar.
Quizá nada cambie. Quizá me deba acostumbrar. Pero me acabo de dar cuenta que es lindo comprender que no estoy del todo acostumbrada. Sería darme por vencida. Y estoy lista para muchas cosas, pero no para tirar la toalla.

viernes, 13 de febrero de 2009

Por el contrario

Amo arreglarme, echarme perfume y verme en el espejo antes de salir de casa: todo mientras escucho las noticias en la radio por las mañanas.

Amo tener un gato, que se supone que es muy dizque fino. Tiene buen carácter, es cariñoso, tiene los ojos azules y cuando quiere que le hagas caso te da besitos en las manos o en las rodillas. Lo quiero mucho. Es mi gran compañía.

Amo las revistas de moda. Me ponen bien. Amo los zapatos, los abrigos y las botellas de perfume.

Amo, como hoy, ir al cine sola. De escapada, con cacahuates y coca cola light en mi bolso. Vi dos pelis de seguidito. La primera me gustó más, pero las dos me pusieron bien. Lloré y me reí a carcajadas.
Amo comer sopa Maruchan con palillos de comida china. Me da risa.

Me gusta también lavar la ropa, pero por favor que no me toque lavar los trastes.

Amo ser lo que soy, amo vivir para eso. Amo escribir. Me encanta tener un blog.

Amo tener amigas. Amo tener ciberamigos bloggeros. Me encanta esta comunidad.

Amo tener golpes de suerte para lograr pesquizas superfantásticas en los mercadillos vintage de los que soy fan. Amo los objetos con historias detrás. Amo los mercados de pulgas.

Odio los domingos.
(en el fondo creo que prefiero -y disfruto- hacer todo esto sola).

martes, 13 de enero de 2009

El día después

Sólo después de haber superado mi trauma del día siguiente a la primera cita me atrevo a confesar que no todo es tan malo, que quizá me traumé por unas horas (digamos 72) y que todo sigue como antes.

Yo soy yo. La investigación sigue, sigo escribiendo, ya tuve dos reuniones de investigación esta semana, Andrés sigue en el taller, mi madre volvió de vacaciones y lo llevamos re bien, mi hermana Cristina está en West Palm Beach, mi hermana Maricarmen está súper al pendiente de mi, mis sobrinos me adoran, tomo café todas las mañanas en el Starbucks más cercano con mi padre y con mi hermano, y mi nombre sigue siendo Mariposa Tecknicolor.
No todo es miel sobre hojuelas: también las bronquillas siguen, pero ni empeoran ni mejoran. El nivel se mantiene.

No me quedé coja ni manca. Que me puse triste porque no tuve noticias suyas, es un hecho. De verdad que el chico me gustó mucho y me quería enamorar de él, quería que se enamorara de mi. ¿Sabes qué me volvió loca? Que le encantara besar porque ya casi nadie besa, me gusta que no haya tenido los besos vetados.

Extraño mucho que mi móvil suene. Ha estado muy callado, ya no me llegan mensajes de buenos días ni de buenas noches o con piropos. Lo extraño mucho.

En fin, supongo que así es esto.
Todo sigue igual que antes. El drama y la ansiedad a veces imperan en mi cotidianeidad y supongo que mi corazón se repondrá. De veras que el chico de la cámara me flechó.

sábado, 10 de enero de 2009

¿Qué es el amor?

Tengo 25 años y todavía no lo sé.

Estoy segura de haber estado completamente enamorada unas tres veces en toda mi vida, y es increíble como ahora no sé lo que me pasa: más bien estoy confundida.

En contra de todos mis pronósticos, ayer salí con el chico de la cámara. Moría de nervios. Me arreglé casi en automático y salí hecha una loca, tanto, que olvidé ponerme aretes. Sabía que había sido un error, debí regresarme a la casa por ellos. Total que la Ciudad se puso a mi favor y despejó todas sus vialidades: llegué treinta minutos antes de la cita. Después del round que me aventé con el taxista, entré al café a esperar que pasara por mi; me llamó y me dijo que había llegado muy temprano (cosa que ya sabía) así que no había de otra más que lo esperara en ese lugar. "Afuera hay chicas malas" me dijo, yo me reí y le dije que ya las había visto, quedamos en que me llamaría cuando estuviera en la esquina del lugar. Él venía del aeropuerto, tenía que pasar a dejar sus maletas a su casa y a coger el coche, luego me avisaría que ya estaba allí.

Mientras, sentí que el tiempo se detuvo y que cada una de las personas que entraba al café sabían lo que yo hacía allí. Todos eran raros, hacía mucho tiempo que no andaba por esa zona, más o menos unos cuatro años, desde la última vez que el Rey Sol me llevó a comer sopes y memelas por ahí. Todo lo ví diferente y encima, lo vi de noche.

El móvil sonó y me dijo "ya estoy a dos calles, no me cuelgues, yo te digo cuando esté en la esquina del lugar para que salgas". Lo recuerdo y se me eriza la piel. Es increíble lo que hacen las primeras veces en mi vida. Me gusta mucho vivir la primera vez, pero también me causa una ansiedad enorme. "Camina a la parada del camión, ya te vi, traigo una camioneta azul con las intermitentes prendidas, no me cuelgues..."
Abrí la puerta y lo vi por primera vez. Ahí estaba, tan moreno y lacio como en las fotografías; con las pestañas más enroscadas que he visto en toda mi vida y unas manos perfectamente definidas y suaves. Me subí a la camioneta, puse mi café atrás de la palanca de velocidades y me acomodé. Me quedé muda, no supe qué hacer. Comenzó a hacerme la plática, y nos reímos y llegamos a su casa en muy poquito tiempo. Ni siquiera me dio tiempo de ponerme el cinturón de seguridad. Mi móvil sonó con la cancioncita cursi que avisa que mi hermana Maricarmen me está buscando, me envió un mensaje en el que me decía que me deseaba lo mejor porque hacía "meses que no tienes una cita de a deveras", comencé a contestarle y me perdí la vista de la fachada de su edificio, sólo recuerdo que las puertas son eléctricas y que el estacionamiento está un nivel debajo del suelo. Escribí el mensaje lo más rápido que pude, mi compañero estacionó el auto, lo apagó y se bajó para abrirme la puerta, bajé dándole la mano, con la otra cogí mi bolso y mi vaso de café, luego caminamos a las escaleras para tomar el elevador.

Qué linda es la primera vez.

Casi no lo podía creer. Yo tenía la idea de que era más corto, y menos atractivo. Subimos al tercer piso y caminamos a su departamento, le dije que dudé sobre la dirección, según yo vivía en el departamento 305, me dijo que no, que estaba confundida. Entramos al lugar, y me invitó a sentarme en la sala. Su departamento es lindo, de paredes blancas y de cocina mediana, todavía tenía puesto el árbol de navidad, color azul por cierto y adornado con esferas azules y plateadas. Me gustó mucho que hubiera fotos de su hija por todos lados, me gustan los chicos como él (debería aceptar que me gusta él y no sólo los chicos como él). Me ofreció café o algo para tomar, le dije que quería agua, lo acompañé a la cocina y comenzamos a platicar. De mil cosas y de nada, me dijo que soy linda y que le gusto mucho. Me dijo... pf, tal cual no lo puedo escribir porque no lo puedo recordar porque... debo confesar que se me inunda la panza de mariposas amarillas.

Me besó. Híjole, gran beso, largo largo y continuo, suave como me gusta y tierno tierno como hacía mucho no me besaban. Lo abracé, muchísimo, metí mis manos a todos los bolsillos de su pantalón, nos reímos mucho y lo abracé más, luego fui yo quien lo besó... hasta que regresamos a los sillones de la sala. Ahí vino lo mejor. Hablamos mucho, de su trabajo, de su familia y de la mía, de nuestros proyectos de vida, de lo que nos gusta y de lo que no y de lo que nos da miedo. Me cayó bien, me reí mucho y poco a poco mi ansiedad comenzó a abandonarme. Comenzaron a dejarme de sudar las manos, me quité los tacones y me recosté en su regazo. Me dijo que le dolía la espalda y me abrazó mucho tiempo. Estuvimos así hasta que me dio frío y me preguntó si quería ver la televisión o escuchar música. Opté por la televisión, vimos noticias y estuvimos. Así nada más, sin hacer nada, casi sin hablar.

Fe, confianza.
Me sentí muy bien, tranquila y contenta. Él me dijo que no quería que me fuera nunca, ni en ese momento ni que me fuera de su vida. Obvio que tenía que regresar a mi casa, entre otras cosas, porque no acostumbro quedarme con mis primeras citas, si ese fuera el caso, para estos años habría conocido muchos lugares y muchísimas habitaciones. De pronto -con un poquito de ayuda- me hizo la declaración y me dijo que quería hacerme el amor. Hubo un silencio y todo, absolutamente todo pasó por mi cabeza. Recordé y casi volví a escribir, vi personas, vi lugares y me vi en el lugar en el que hice el amor por última vez. Le dije que no, "lo siento pero no me siento lista. Tengo miedo, me da miedo, hace mucho tiempo que no lo hago y no sé cómo será, no sé cómo eres tu y algunas veces no sé cómo soy yo".

Me negué y quizá en este momento me esté arrepintiendo. Me negué y no lo hice porque no hubiera querido hacerlo o porque no lo hubiera deseado, creo que fue porque no pude.

No hay otras vidas -amar es liberar-.
Y quizá deba poner más de mi parte para que me libere. Dió la una de la mañana y fue momento de que me trajera a casa. Todo el camino traje mi corazón en la mano. Tenía ganas de gritarle que me gusta, que me estoy enamorando de él y que, si por mi fuera, no me hubiera regresado a mi casa a pesar de mi ansiedad, a pesar de mis miedos y de que fuera nuestra primera cita.

Casi no hablamos, regresamos en silencio. Le expliqué cómo regresar, le di las gracias y apagó el coche, se bajó a abrirme la puerta y nos despedimos. Me quedé los calcetines y un botecito de ice brakers en el bolso. Odio las despedidas. Quedamos en vernos hoy, de hablar a las diez de la mañana. Nada sucedió. Tal vez el día de ayer tampoco esté registrado en el calendario.

Contigo.
El tiempo pasa (y yo cada día soy más techno y un poquito más vieja), las horas pasaron y nada, que fue un sábado común y corriente. De entrada no supe qué hacer cuando desperté en la mañana. Me conecté al ipod mientras hacía el desayuno y escuché Corazón en venta, no pude evitar que las lágrimas se me salieran. Hablé con Janis, con Maricarmen y luego me metí a bañar.

Todavía no sé muchas cosas y algunas otras no las quiero saber todavía. Hace un rato comencé a hacer lo que debí hace seis meses: investigar. No vi fotos pero leí mucho sobre él. No sé si quiero seguir leyendo o "sabiendo". Quiero verlo y quiero hablar con él. Quiero estar con él.

Sólo sé que quiero contigo y quiero que sepas que yo sé cómo es estar con un chico que es padre soltero. Quisiera saber que tu sabes que yo lo sé, pero quizá nunca lo sepa... La familia que me ha tocado me ha hecho así, como soy, medio dura y medio abierta; un tanto histérica y desconfiada, pero sincera, auténtica y leal; fiel hasta la muerte y positiva, aunque a mi me cueste admitirlo, soy optimista y positiva.
También quiero que sepas que no siempre tengo miedo. Me causan mucha ansiedad las nuevas experiencias y los nuevos encuentros, pero en general soy muy segura de mi misma; las personas que me rodean lo saben, tanto que a veces opinan que mi principal cualidad es la fortaleza.

Estoy conciente de que quizá esto nunca lo leerás, no recuerdo que sepas que tengo un blog y si lo sabes, creo estar segura de que no me has leído y no me leerías. No importa, me quedo mejor al saber que pude escribirlo y procesar estas emociones. Te prometo que, si te vuelvo a ver, mi actitud ya no será de temor o de desconfianza. Quisiera que por unos momentos entraras a mi cabeza y a mi corazón para que sepas qué me ha hecho ser así.

Tengo 25 años y todavía no sé qué es el amor.
Podría comenzar por hacer una lista de lo que NO es el amor para así acercarme a la realidad. Ok, amor no es temor, así que notablemente no estoy enamorada todavía. Mi conflicto es que quiero enamorarme y no sé cómo, no sé todavía cómo comenzar a confiar una vez más.

Mañana será domingo. Gran drama. Comenzaré por dejar desnudos mis pies y guardar el botecito en el cajón. También, para evitar paranoias, vaciaré el buzón y la lista de remitentes. Trataré de ponerle trabas a mi memoria y a mi subconsciente, quizá así pueda jugar un poquito más con el destino.

lunes, 5 de enero de 2009

I want to believe

Voy a creer que puedo terminar de escribir un libro y correr el maratón dentro de diez meses. También voy a creer que puedo volver a pesar los kilos que le corresponden a mi estatura; que seré una chica sana como cuando era niña y que me podré enamorar una vez más.
Tendré confianza en que algún día me podré comprar un brillante y que le podré cocinar al hombre que quiera vivir conmigo.
Debo tener un poco de fe en que los happy endings sí existen, de alguna u otra forma sucederá (dice mi hermana Maricarmen que debo creer que el hombre que quiera vivir y compartir el resto de su vida conmigo sí existe). Quiero creer que alguien me querrá tal cual soy, con mis defectos y virtudes; también creeré que puedo dejar de ser una roñosa-grinch-eterna y trabajaré arduamente en ello.
Me sentiré afortunada por estar incluida en un proyecto institucional, porque les interesa mi investigación, mi trabajo y mi punto de vista.
Más me vale, también, darle conclusión a mi Radionacional.
Estoy segura de que podré estudiar un posgrado para lo cual debo obtener mi título primero; sé que terminaré todos mis collages inconclusos y de que haré unos nuevos. Renovaré la decoración y me sentiré mejor para trabajar en casa.
Se me va a quitar el miedo, voy a volver a confiar. Seré yo misma una vez más.
Quiero seguir siendo libre. Quiero ser feliz.

Yo creo y con eso basta.

viernes, 2 de enero de 2009

2009 y mi olvido selectivo

Como todos los inicios de año, debo comprar una agenda para organizarme y para recordar todo lo que no le cabe a mi memoria. Desde el año 2004 he escogido la misma, así que este año decidí variarle: pero no sólo de editorial sino también de formato.

Para el 2009 obligaré a mi memoria a recordar detalles como lo hizo años atrás. Dejaré de ser esa histérica histórica paranoide que escribía todo lo que no debía escribir. Estoy decidida a dejar de escribir puras malas experiencias, así que compraré una agendita de bolsillo, de esas que traen los días por semana organizados con pequeños espacios por cada una de sus paginitas; con eso, sólo escribiré referencias, y no historias completas de los días que voy viviendo.

Me obligaré a tener un olvido selectivo y una memoria perdida.

(¿ya escuchaste carnaval de brasil?)