lunes, 31 de mayo de 2010

Estimado Jorge F. Hernández:

No hay nostalgia peor, que añorar lo que nunca jamás sucedió.
Joaquín Sabina, Con la frente marchita.


El 28 de febrero pasado, fui a la Feria del Libro del Palacio de Minería con uno de mis amigos más entrañables, el Presidente de la Nueva República de Babel. Recorrimos todo el recinto, toda la fiesta en su esplendor, escuchamos a algunos autores, participamos en lo que más pudimos, y entre todo eso, mi amigo -que te conoce de hace algún tiempo- nos presentó.

La presentación de tu libro Réquiem por un Ángel fue maravillosa. Al terminar, nos acercamos a saludarte, donde nos introdujo y me firmaste tu libro La Emperatriz de Lavapiés -que mi amigo acababa de regalarme- con la dedicatoria: "Para Mariposa Tecknicolor, Emperatriz de Satélite".

Y así, al ponerme al corriente de las lecturas que tengo pendientes, hace un par de días comencé a leerte. Estoy maravillada con la narración que haces en primera y en tercera persona. Estoy contenta de leer una historia que va y viene en una línea del tiempo que para mi es transparente, es efímera, pero también es la más real y tangible.

Ha habido frases que me han dejado muda, y otras que casi me han hecho llorar. Hasta el momento, tu libro me ha gustado mucho; y me siento ahorita a escribirte, para decirte que estoy contenta de haberte conocido y de que mi amigo me haya acercado a tu escritura.

Ya estaré aquí, en unos días o en algunas semanas, escribiendo de las emociones que me provoque esta historia maravillosa entre la Ciudad de México y Madrid.

No estoy segura si la historia verdaderamente será de amor o sólo de añoranza, de encuentros o desencuentros; no estoy segura si Pedro encontrará a Carmen, o sólo será feliz encontrándola a través de los recuerdos de su memoria, de repasar lo que no fue y de intentar vivirlo en un viaje interminable, infinito, perenne. Le deseo la mejor de las suertes. Le deseo que sea feliz.

Ya lo sabré, ya vendré a platicártelo.

Te saludo, desde la Ciudad de México,
Mariposa Tecknicolor.

Cri-cri, cri-cri

Y nada.

Tengo tantas cosas en la cabeza, pero a la vez estoy tan cansada, que ya se me olvidó cómo se escribe cuando una se siente así.

Tengo una necesidad de escribir lo que siento tremenda, pero una vez más, las palabras se amontonan en la punta de mis dedos y no logran salir. Me siento muy cansada. Estoy fatigada mentalmente y no sé por qué.

Han pasado muchas cosas, es como un gran huracán de emociones de situaciones, de experiencias. Hacía tanto tiempo que no abría mi computadora, que ya no me acordaba cómo se ponían los acentos.

Un tanto de nostalgia, de acostumbrarse a las nuevas cosas, de entender que la vida se acomoda, que todo sigue su curso, que los proyectos se van a resolver, para bien, para mal, que quizá no recupere las cosas que tenía antes pero que otras nuevas vendrán.

Me acordaba el otro día de la frase que me decía el Presidente de la Nueva República de Babel: "Las mejores cosas de la vida llegan para quien sabe esperar", y tiene razón, y no me acuerdo -ahora- por qué lo recordé.

Shit.

Cri-cri, cri-cri.

viernes, 28 de mayo de 2010

When real people fall down in life, they get right back up, and keep on walking.
Carrie Bradshaw, Sex and The City.

Ensayo.

Autor: Benedetto Croce.
Obra: La historia como hazaña de la libertad.

Hace algunos años, cuando leí la obra de Benedetto Croce por primera vez, durante los cursos de Filosofía y Teoría de la Historia en la Universidad, se quedó en mi memoria como referencia para una buena escritura de la Historia. Ahora, en estas últimas semanas que volví a leerlo, la obra de Croce me parece valiosa en el sentido de que propone escribir una historia que no esté separada de los sentimientos del historiador; que si bien no sea fruto de ellos, sí vaya de la mano de lo que el historiador vive, siente e interpreta según el lugar social de enunciación que le corresponde.

Me parece una manera un tanto romántica de mirar la escritura de la Historia; como si se enamorara uno de una época o de un acontecimiento, el historiador intenta llevarlo a su presente, para reescribir el momento que vive. Hombre inteligente, Benedetto Croce.

Me imagino que esta precepción que ahora me he hecho del autor, toma parte al comprender que en la obra que escibe el historiador va plasmada su experiencia, sus lugares, sus momentos, y las corrientes que ha adoptado como propias. Definitivamente sus lecturas y costumbres, quedan implícitas en su obra, que posteriormente lo identifica.

El autor piensa que para historiar, la interpretación del documento -que refiere al hecho histórico-, se debe llevar a la realidad. Pero esto, ¿qué tan plausible es? Así como uno se maneja a lo largo de determinadas líneas del tiempo -de la obra que lee, en la que se escribe y a la que se refiere la obra que se escribe-, así también pienso que es resultado del mismo tránsito por esos lugares. ¿Qué tanto, entonces, se peude separar el criterio de un historiador, de la experiencia que ha adquirido, para que logre escribir una historia objetiva?

Pienso que la historia será objetiva si así se lo propone el investigador. Croce le ha dado carácter de documentos al lenguaje y las costumbres, al razonamiento y a los recuerdos propios, a la experiencia personal.

A mi modo de ver, dota de maravillosas facultades al historiador, para que sea posible -y probable- que escriba la Historia de la mano del conocimeinto histórico que adquiere y que ya posee. Es como si la memoria fuera el motor que le da vida a los acontecimientos; así como el papel es el soporte para la tinta, la mente del historiador alberga los recuerdos y sentimientos que le darán movimiento a la documentación histórica. Uno a otor se motivan, y entonces es posible que la interpretación del historiador fluya.

No se puede escribir como se habla, y no se puede historiar como se vive. Es aquí cuando el criterio del historiador, haciendo a un lado esos juicios que le ayudaron para la interpretación histórica, guarda los demonios de su pensamiento en una jaula, para que la Historia escrita pueda tener parte.

Mariposa Tecknicolor.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Nada es parejo.

Ya sabes, ¿no? Que la violencia pasiva no se siente, se va metiendo poco a poco, se va viviendo poco a poco, de pronto no se sabe qué sucede, de pronto sólo nos damos cuenta que ahí está y que ha estado siempre.

A pesar de que no me gusta mucho opinar sobre política y tampoco me gusta declarar tendencias, a pesar de no ser militante en ningún partido político aún cuando estuve colaborando en uno de ellos hace algunos años, sé diferenciar cuando las instituciones hacen bien su trabajo o no.

La noche del viernes pasado fue "levantado" -como se dice-, uno de los políticos más emblemáticos de los últimos 30 años de mi país. No tengo tendencia política, repito, para mi todo es la misma revoltura que a veces no sirve para nada, pero sé reconocer cuáles son las enormes influencias de los personajes públicos de mi país, cuales son las imágenes que pesan y cuáles son las situaciones que más gravedad suponen.

Esto de que las personas desaparezcan así como así, que "se supone" que no se sepa nada, y que los medios de comunicación hagan con la información mediática lo que se les da la gana, me parece gravísimo y en cierta parte me hace enojar.

¿En qué momento el país llegó a este punto? Menuda pregunta, porque seguramente mi padre respondería que fue gracias a la hegemonía del mismo partido político en el país por más de 70 años, o al revés, algunos maestros míos de la Universidad dirían que fue gracias al cambio de tendencia política del gobierno, que no se supo manejar el centro como oposición o la oposición como partido en el poder.

No lo sé. Me da un poco de coraje que las instituciones no trabajen, que se llenen la boca con decir que este año hay mucho que celebrar, pero que haya regiones en México donde la gente sigue sin tener para comer, donde no hay empleo, es más, donde no hay varones porque todos se fueron a trabajar de lo que fuera a los states; me da coraje que miles de niños vivan con desnutrición, que miles de adolescentes no tengan asegurada la educación, que muchos jóvenes prefieran unirse al crimen organizado porque no tienen otra opción.

Es muy grave lo que sucede. Que el ejército tenga el mando en muchas cuestiones, pero que no sirva para nada. Que el crimen organizado y el narcotráfico sigan siendo ley en otras regiones, pero que a su manera, propicien que algunos sectores de la población tengan ingresos económicos. Es una gran ironía. Es muy grave que la gente siga muriendo en fuegos cruzados, que la gente siga desapareciendo para siempre, que no se sepa más donde hallarlos, que ni si quiera se sepa si son crímenes políticos, del narcotráfico, de la guerrilla o de la mafia.

Hace un par de semanas, Toya me llamó muy asustada pasadas las 23 horas. Le tocó ver cómo ejecutaron a un hombre sobre Paseo Tollocan casi esquina con Boulevard Aeropuerto. Se espantó horrores. No pudo dormir algunos días de acordarse cómo el tipo del suelo intentaba levantarse aún con los plomazos que ya había recibido; los sicarios lo pateaban, le disparaban, y luego lo remataron.

Toya no se acuerda bien cómo llegó a un sitio de taxis y luego a su casa. Estaba muy espantada. Tengo miedo de vivir así, de que mi país y mi colonia ahora sean así, me decía. Me da mucho miedo que ya nos haya llegado la violencia tan "así", continuaba con la voz entrecortada. En esos casos no sé cómo se consuela a quien se preocupa por el mundo en el que vivimos.

Estamos de la shit, es lo primero que se me viene a la mente.

No es por que sea quien es el que desapareció, sino porque la gente sigue desapareciendo. Nadie hace nada. La violencia está a la orden del día, los secuestros resultan normales, ahora ya es usual "torearse" las llamadas de extorsiones telefónicas y las autoridades se preocupan más por las personas "importantes" que desaparecen, que pueden pagar espectaculares donde se ofrecen los rescates y se avisan de los números telefónicos. ¿Y las desaparecidas anónimas? ¿Y los niños secuestrados o ausentes que no son hijos de políticos o de gente que sale en la televisión?

¿Por qué demonios nada es parejo?

¿A dónde va a parar la poca libertad que nos queda?

jueves, 13 de mayo de 2010

"Hemos ganado al gobierno mexicano, pero es triste"

La cita es un día frío y plomizo, en un restaurante decorado en blanco y negro, pero la conversación con Alba Cruz y Karla Michel Salas enseguida caldea el ambiente. Ambas rompen el hielo con una invitación al viaje, y al gusto: "Si vas a México no dejes de visitar Oaxaca, ni de probar el chocolate de agua con pan de yema. Es bien sabroso", se relamen las abogadas. La recomendación será la única nota amable de la charla.

Cruz (39 años) y Salas (29) se zambullen en ella sin reparar en la carta. Los camareros esperan a apuntar la comanda entre denuncias de violaciones de derechos humanos; sentencias -alguna histórica, como la que condena al Estado mexicano por los feminicidios de Ciudad Juárez-, y, como telón de fondo, los riesgos que corren en ese país los defensores de los derechos humanos.

Acaban de hablar de ello en la Fundación del Consejo General de la Abogacía Española, y ante la mesa no dejan de hacerlo a borbotones, como si en ello les fuera la vida, que les va, porque Salas trabaja en Ciudad Juárez, tristemente famosa por el exterminio de mujeres, y Cruz en Oaxaca, donde también "proliferan los desmanes", desde "el caso Oaxaca, violación en masa de garantías individuales por parte del gobernador de ese Estado, en 2006", explica Cruz, al ataque de un grupo armado a una caravana humanitaria, el pasado 27 de abril, días después de la entrevista.

El peligro que corren ha hecho a la Corte Interamericana de Derechos Humanos dictar medidas cautelares para protegerlas. "No más que un celular con un saldo de unos pocos euros que enseguida se acaba", explica Cruz, impotente. Las encargadas de la tutela son las autoridades mexicanas.

Pese a la exquisitez del menú, la comida es secundaria; Salas come como un pajarito y Cruz, con empeño. "Muchas violaciones de derechos humanos que denunciamos son cometidas por agentes del Estado, la mayor parte de las veces con total impunidad", dicen al alimón. "Los derechos se exigen ejerciéndolos", añade Cruz, y me pregunto, entre la carrillera de untuosa salsa de yuca y las tiernas habitas baby de las cocochas, si la frase no podría pronunciarse al revés. "La gente, al ejercer su ciudadanía, fortalece la democracia", responde, apuntando con el deseo a México. "Tenemos un país corrupto, pero no nos podemos quedar en la denuncia", sentencia Salas.

Sale a relucir el caso Campo Algodonero, por el que la Corte ha condenado a México a indemnizar a las familias de las víctimas de los feminicidios de Ciudad Juárez. "Nos satisface haber ganado una sentencia contra nuestro Gobierno, pero nos da mucha pena", cuenta Salas; "es una sensación ambivalente, de satisfacción, pero también de enorme tristeza al constatar la realidad, es decir, un sistema corrupto", añade.

"El Gobierno sigue diciendo que los feminicidios no son un problema porque la violencia está institucionalizada desde las estructuras del poder. Pero México es un Estado constituido, no es Haití ni el Sáhara... Falta voluntad política, pero ya existe una cierta conciencia ciudadana". Ni siquiera el postre, compartido, puede endulzar lo amargo de la charla.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Tres meses, tus años, nuestra historia.

Ahora que...

Ahora que nos besamos tan despacio,
ahora que aprendo bailes de salón,
ahora... que una pensión es un palacio,
donde nunca falta espacio
para más de un corazón.

Ahora que las floristas me saludan,
ahora que me doctoro en lencería,
ahora... que te desnudo y me desnudas,
y en la estación de las dudas,
muere un tren de cercanías.

Ahora que nos quedamos en la cama,
lunes, martes y fiestas de guardar,
Ahora que no me acuerdo del pijama,
ni recorto el crucigrama,
ni me mato si te vas.

Ahora que tengo un alma
que no tenía.
Ahora que suenan palmas
por alegrías.
Ahora que nada es sagrado,
ni sobre mojado llueve todavía.

Ahora que hacemos olas
por incordiar.
Ahora que está tan sola
la soledad.
Ahora que todos los cuentos,
parecen el cuento
de nunca empezar.

Ahora que ponnos otra y qué se debe,
ahora que el mundo está recien pintado,
ahora... que las tormentas son tan breves
y los duelos no se atreven
a dolernos demasiado.

Ahora que está tan lejos el olvido,
ahora que me perfumo cada día.
ahora... que sin saber hemos sabido,
querernos, como es debido,
sin querernos todavía.

Ahora que se atropellan las semanas,
fugaces, como estrellas de Bagdad.
Ahora que, casi siempre, tengo ganas
de trepar a tu ventana
y quitarme el antifaz.

Ahora que los sentidos
sienten sin miedo.
Ahora que me despido
pero me quedo.
Ahora que tocan los ojos,
que miran las bocas,
que gritan los dedos.

Ahora que no hay vacunas
ni letanías.
Ahora que está en la luna
la policía.
Ahora que explotan los coches,
que sueño de noche,
que duermo de día.

Ahora que no te escribo
cuando me voy.
Ahora que estoy más vivo
de lo que estoy.
Ahora que nada es urgente,
que todo es presente,
que hay pan para hoy.

Ahora que no te pido
lo que me das.
Ahora que no me mido
con los demás.
Ahora que todos los cuentos
parecen el cuento de nunca empezar.

Joaquín Sabina.

***

Aquí está tu jardinera, que no deja de regar las plantas de tus pies, que no para de escribir de ti. Tu, que has venido a hacerle de Clío, cuando más le ha hecho falta.

Muchos días como estos.

Un par de mapas.

Tus ojos cambian de color casi como lo hace el cielo mientras las estaciones no deciden si -valga la redundancia- estacionarse o seguir su curso.

Tus ojos cambian, se hacen grandes, logran llenarme toda, y también llenarnos a los dos.

Tus ojos son dos gatos por los tejados, ya lo dice una canción.

Tus ojos a veces no tienen color, a veces son como tu sonrisa, a veces sólo tienen tu humor. Y es ahí cuando se ven distintos, y parecen almendras o un par de aceitunas verdes.

Tus ojos son un par de mapas, y me gusta verlos cuando tengo de frente la luz de la ventana; tú estás de lado, la luz no te llega directamente, y entonces los atraviesa, se ven transparentes, y esas minúsculas manchas son como mapas que me guían, que me provocan, que me dicen en dónde voy a parar.

Mirarlos de frente, es como mirar las pupilas de un felino; con la luz se contraen, de noche se ven enormes. ¿Cómo serán los míos cuando te miro fijamente? ¿Podrías decírmelo, la próxima vez que me mires?

De niña tuve los ojos muy obscuros, casi negros, así como mi pelo. Con el paso del tiempo han ido cambiando, como cambió mi melena, que ahora tiene unas canas de lado. Dice mi madre que los ojos de Carmela y los míos parecían capulines, ahora son distintos, ahora somos diferentes.

Sé que vamos a seguir transformándonos, haciéndole al camaleón. Sólo espero que tus ojos sigan siendo este par de mapas que me encuentran, que me siguen; y que después de guiarme, provocan perderme.

martes, 11 de mayo de 2010

El tercer baño del día.

Me gusta este excedente de grasa que se ha acumulado alrededor de mi vientre, y sobre mis caderas. Me hubiera gustado que me miraras en la ducha, sin luz y con velas; con mi silueta dibujada en la sombra de los azulejos del baño. Me hubiera gustado compartirte cada imagen de mi cuerpo, como nos compartimos cuando me bañas, te recibo, me hueles y me dices que me quieres.

Llegué y no había energía eléctrica. Algo se rompió en el poste de luz que está a un par de cuadras de mi casa, que no hubo ni una chispita en toda la noche.

Venía muy cansada, tenía que darme un baño, sería el tercero del día. El primero fue el de rutina. El segundo fue el de maravillas, el de calor, el de gotas fabulosas que corren desde el medio de mis pechos hasta abajo de mi ombligo. Fue un baño de amor, de esos que me fascinan, que me enloquecen; que me gusta cómo me miras, porque entonces sí estuviste para mirarme.

Éste baño, el tercero del día, fue diferente. No estabas conmigo, pero sentí como si estuvieras. No había luz, pero se miraba como si hubiera. No fue de amor, pero de lejos sentiste que así fue, me lo dijiste, lo soñaste, me sentiste allí contigo. Y hubiera sido maravilloso, que hubieras estado allí conmigo, no tan cerquita, de lejitos, para que miraras como cambió de color mi piel por el brillo de las velas.

Mi silueta -esta que tanto miras cuando no me doy cuenta- se dibujaba en la pared; en la misma que nos ha visto varias veces, que nos ha recibido, y que también me acoge aunque no estés conmigo.

Las paredes definitivamente hablan y escuchan; esperan que las llene de tu nombre, del sonido de mi garganta cuando grito tu nombre, cuando pido que no te alejes más.

Estas paredes definitivamente miran y luego te cuentan, cuando vienes a quedarte conmigo, como es cuando no estoy contigo. Que tristemente es como una oficina, como los teléfonos que nadie quiere responder, como los floreros que no tienen flores, como las plantas que no se riegan más. Todo es como la cocina sin usar, como un sartén donde no se ha frito nada, como una olla donde nada se pone a hervir.

Y entonces, las paredes esperan -con mi silueta de cintura y de caderas- a que vengas a estar conmigo, a que vengas a mirar (mientras ellas también nos miran) como las velas nos dibujan, mientras la luz nos dá más calor. Poco a poco te acercas, me tocas, quieres abrazarme y no te decides, quizá prefieras sólo mirar, pero entonces te mojas. Te quedas conmigo.

Ahora el segundo baño y el tercero son el mismo.

Vienes aquí y otra vez todo tiene color, lo que brilla en mis ojos es azul turquesa, es amarillo girasol, es amor de colores, de cocina, de olores que no queremos dejar de probar ni de sentir.

Tu piel es de mi color, así dices, que cambia de color como lo hace el amor después del amor.
You can't be wise and in love at the same time.
Bob Dylan.

jueves, 6 de mayo de 2010

(Oficialmente) Un problema nacional.

Cuando estás destinado a tomar una pastilla diaria por el resto de tu vida, supongo que las cosas se ven más fáciles o están un poco aseguradas; aún más, si de esa pastilla depende un bienestar físico o emocional.

El problema viene cuando esas pastillas se terminan, se vence la receta, no se puede conseguir dicha receta, o las pastillas están agotadas.

Problema mayúsculo resulta si pasado el tiempo, ya no es necesario tomar la aspirinita o dicha medicina, pero uno ya está acostumbrado a vivir con ella. ¡Pero qué va! ¿Qué estoy diciendo? Entonces sí sigue siendo necesario tomarla, y así nos vamos... de por vida, con una pastilla que asegure un bienestar.

No debe ser fácil, pero tampoco muy difícil. Es como cuando se dice que "contigo soy mejor persona", me parece que tiene el mismo significado "con las pastillas funciono diferente".

Y ahora, curiosamente, la epidemia se ha hecho oficial, y entonces los medicamentos se agotan, en las farmacias no aceptan más las recetas, hay lista de espera para adquirirlos, y las personas se presionan mutuamente para dejar de consumirlas. No lo entiendo. "Espero que sea el último frasco que consumes, Mariposa". Como si uno fuera un drogadicto, como si nos dieran permiso para serlo; como si oficialmente, ante la sociedad o ante la ley, se nos colgara esa etiqueta, como muchas otras se nos cuelgan sin darnos cuenta.

Vaya tema este, el de los medicamentos.

¿Y si encima, quien las consume, luego no puede mantener esa prescripción? Problema doblemente mayúsculo, y sería entonces cuando se convierta en un problema nacional.

(casi) Todo lo que traigo dentro.

Aquí vienen otra vez. Estas ganas interminables, de ponerme a escribir pero sin poder hacerlo. Mi cabeza no es la misma de ayer, eso ya debería saberlo.

Aquí viene otra vez, este hormigueo que me recorre los brazos desde los hombros hasta la punta de los dedos. Que me incita a seguir escribiendo, pero ahora ya no puedo.

Quiero dormir. No tengo sueño.

Tengo sed. Ya perdí la cuenta de los litros de agua que llevo hoy, de los analgésicos que me tomé en los últimos dos días, de los besos que me ha dado, de las veces que me ha sorprendido. Me gusta. Me gustan los encuentros. Me gusta estar con él.

Me gusta su barba, cuando le crece al día después. Me gusta cuando comienza a raspar como una fina lija, que no lastima, que tampoco acaricia, que sólo se hace presente.

Me gusta que los besos hayan dejado de estar vetados.

Me gusta todo eso. Me gusta que esté aquí.

Me molesta no poder escribir todo lo que traigo dentro.

domingo, 2 de mayo de 2010

Un problema nacional.

Me despertó un dolor en la mandíbula, un hormigueo en la espina dorsal, un "rechinido" en las muelas del juicio, y el dolor de siempre sobre los hombros y en la cintura. Me despertó, como hacía mucho no lo hacía, una crisis de ansiedad. Ni modo. Prendí la radio. Estaba el comentario de Domínguez Muro. Intenté levantarme lo más rápido que pude, pero no pude. Quería, pero no podía. Me dí vueltas. Olvidé que anoche sí alcancé a vestirme.

Y de pronto, ahí estaba. Mi cara de malestar general, mi cara de "no quiero nada", mi cara de "no sé qué es lo que tengo que hacer". La llanta rota, el examen resuelto, el ensayo que no termino, la carta que no sé cómo concluir, la mensajería que tengo que pagar, mi lista de pendientes -y de deudas-, que poco a poco comienza a ser interminable. Mi madre enferma, las noches que no me dejan dormir, este cansancio que se me acumula detrás de los hombros, este calor que no sé qué es lo que me provoca; la nariz tapada, las ronchitas alrededor de los labios y los ojos, la maldita primavera que con sus pajaritos y toda su cosa verde viene a hacerme estornudar.

Ya me había olvidado que podía alterárseme el pulso de la mano derecha, pero en la tarde lo recordé. Me dio un tanto de pena, un poco de "no me interesa", y como pude terminé de comer. Son cosas que no se pueden ocultar. Puedo llegar como si nada, sin que nadie sepa que tuve una crisis al despertar, pero si el pulso me traiciona, como lo hizo haciendo que el bocado casi se me callera del tenedor, no puedo hacer como si no pasara nada.

Después, este apetito incontenible. Ganas de comer, de comer todo, de todo, a todas horas, en todo momento, en todo lugar. De pronto me da un hambre terrible, que la única manera que se me ocurre para controlarla, es saliendo a caminar. Debe ser ansiedad manifestada de otra forma, de otra manera, no le encuentro motivo. Si empiezo a comer, de pronto no puedo parar, ¿qué me pasa? Debería intentar comer otras cosas, probar otros sabores, hacer como si siempre fuera sed, y no parar de beber agua nunca.

Siento que estamos llenos de epidemias, de enfermedades, de otras epidemias que ni siquiera se preocupan por contener. Todo el mundo anda con el cuerpo cortado, con infección en los oídos o conjuntivitis. Ya van varias personas que sé, que como yo, también tuvieron dolores en los riñones. Me parece que los virus andan por todos lados, sin saber siquiera su propósito en el ambiente. Me parece que la ansiedad, debería ser un gran problema nacional.

sábado, 1 de mayo de 2010

JURAMENTO DE AUTOESTIMA

Venga, reconócelo Mariposa Tecknicolor, sin contar con tu hombre ideal, eres lo mejor que hay en la tierra. Es verdad que a veces te deprimes y no quieres hacer nada porque de pronto nada vale la pena, pero también hay que reconocer que el resto de las veces eres muy optimista, perfeccionista y dedicada. Nadie sabe investigar Historia como tu. Si ya lo dicen tus amigos, eres ejemplo de constancia y de buenos sentimientos. Y también lo dicen tus lectores: la Historia que escribes vale toda la pena. Por eso, a partir de hoy vas a dejar de torturarte por no tener el trabajo de tus sueños, y comenzarás a quererte por ser responsable, persistente, inteligente y por tener la capacidad de amar. Y si alguien llega y te dice que eres una persona equivocada, dile que puede coger y largarse a la fregada.