Autor: Benedetto Croce.
Obra: La historia como hazaña de la libertad.
Hace algunos años, cuando leí la obra de Benedetto Croce por primera vez, durante los cursos de Filosofía y Teoría de la Historia en la Universidad, se quedó en mi memoria como referencia para una buena escritura de la Historia. Ahora, en estas últimas semanas que volví a leerlo, la obra de Croce me parece valiosa en el sentido de que propone escribir una historia que no esté separada de los sentimientos del historiador; que si bien no sea fruto de ellos, sí vaya de la mano de lo que el historiador vive, siente e interpreta según el lugar social de enunciación que le corresponde.
Me parece una manera un tanto romántica de mirar la escritura de la Historia; como si se enamorara uno de una época o de un acontecimiento, el historiador intenta llevarlo a su presente, para reescribir el momento que vive. Hombre inteligente, Benedetto Croce.
Me imagino que esta precepción que ahora me he hecho del autor, toma parte al comprender que en la obra que escibe el historiador va plasmada su experiencia, sus lugares, sus momentos, y las corrientes que ha adoptado como propias. Definitivamente sus lecturas y costumbres, quedan implícitas en su obra, que posteriormente lo identifica.
El autor piensa que para historiar, la interpretación del documento -que refiere al hecho histórico-, se debe llevar a la realidad. Pero esto, ¿qué tan plausible es? Así como uno se maneja a lo largo de determinadas líneas del tiempo -de la obra que lee, en la que se escribe y a la que se refiere la obra que se escribe-, así también pienso que es resultado del mismo tránsito por esos lugares. ¿Qué tanto, entonces, se peude separar el criterio de un historiador, de la experiencia que ha adquirido, para que logre escribir una historia objetiva?
Pienso que la historia será objetiva si así se lo propone el investigador. Croce le ha dado carácter de documentos al lenguaje y las costumbres, al razonamiento y a los recuerdos propios, a la experiencia personal.
A mi modo de ver, dota de maravillosas facultades al historiador, para que sea posible -y probable- que escriba la Historia de la mano del conocimeinto histórico que adquiere y que ya posee. Es como si la memoria fuera el motor que le da vida a los acontecimientos; así como el papel es el soporte para la tinta, la mente del historiador alberga los recuerdos y sentimientos que le darán movimiento a la documentación histórica. Uno a otor se motivan, y entonces es posible que la interpretación del historiador fluya.
No se puede escribir como se habla, y no se puede historiar como se vive. Es aquí cuando el criterio del historiador, haciendo a un lado esos juicios que le ayudaron para la interpretación histórica, guarda los demonios de su pensamiento en una jaula, para que la Historia escrita pueda tener parte.
Mariposa Tecknicolor.
Obra: La historia como hazaña de la libertad.
Hace algunos años, cuando leí la obra de Benedetto Croce por primera vez, durante los cursos de Filosofía y Teoría de la Historia en la Universidad, se quedó en mi memoria como referencia para una buena escritura de la Historia. Ahora, en estas últimas semanas que volví a leerlo, la obra de Croce me parece valiosa en el sentido de que propone escribir una historia que no esté separada de los sentimientos del historiador; que si bien no sea fruto de ellos, sí vaya de la mano de lo que el historiador vive, siente e interpreta según el lugar social de enunciación que le corresponde.
Me parece una manera un tanto romántica de mirar la escritura de la Historia; como si se enamorara uno de una época o de un acontecimiento, el historiador intenta llevarlo a su presente, para reescribir el momento que vive. Hombre inteligente, Benedetto Croce.
Me imagino que esta precepción que ahora me he hecho del autor, toma parte al comprender que en la obra que escibe el historiador va plasmada su experiencia, sus lugares, sus momentos, y las corrientes que ha adoptado como propias. Definitivamente sus lecturas y costumbres, quedan implícitas en su obra, que posteriormente lo identifica.
El autor piensa que para historiar, la interpretación del documento -que refiere al hecho histórico-, se debe llevar a la realidad. Pero esto, ¿qué tan plausible es? Así como uno se maneja a lo largo de determinadas líneas del tiempo -de la obra que lee, en la que se escribe y a la que se refiere la obra que se escribe-, así también pienso que es resultado del mismo tránsito por esos lugares. ¿Qué tanto, entonces, se peude separar el criterio de un historiador, de la experiencia que ha adquirido, para que logre escribir una historia objetiva?
Pienso que la historia será objetiva si así se lo propone el investigador. Croce le ha dado carácter de documentos al lenguaje y las costumbres, al razonamiento y a los recuerdos propios, a la experiencia personal.
A mi modo de ver, dota de maravillosas facultades al historiador, para que sea posible -y probable- que escriba la Historia de la mano del conocimeinto histórico que adquiere y que ya posee. Es como si la memoria fuera el motor que le da vida a los acontecimientos; así como el papel es el soporte para la tinta, la mente del historiador alberga los recuerdos y sentimientos que le darán movimiento a la documentación histórica. Uno a otor se motivan, y entonces es posible que la interpretación del historiador fluya.
No se puede escribir como se habla, y no se puede historiar como se vive. Es aquí cuando el criterio del historiador, haciendo a un lado esos juicios que le ayudaron para la interpretación histórica, guarda los demonios de su pensamiento en una jaula, para que la Historia escrita pueda tener parte.
Mariposa Tecknicolor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario