Will you still love me when I'm no longer young and beautiful? I think you will.
viernes, 21 de noviembre de 2014
Doce de madera mojada, a la que le ha nacido musgo color gris.
martes, 2 de abril de 2013
Entre la sed y el silencio.
Me preguntó sobre mi último viaje, hicimos bromas sobre la carta del café. Vienes muy contenta, me dijo. Vengo en la relajación total, le respondí; aunque honestamente lo que sucedió fue que reflejé sentirme contenta de verlo. Con el pretexto que siempre me pongo a mi misma, de disfrutar de una buena charla, siempre consigo que todo sea posible. Anécdotas, comenzamos a sumar anécdotas. La del mapa mal dibujado en un papel, la del teléfono en el panteón... "te sugiero" y comenzamos a reír. Reímos como nunca.
Fue el domingo, que ya comienza a hacerse fecha pendiente. Fue la zona, y fue él. Fue estar casi seis horas entre la sed y el silencio. Se ata entonces, el primer nudo de un lazo mágico que no sabíamos que iba a existir.
Fue la estación y fue que vivimos la pascua. Fue la forma maravillosa de cerrar una semana y de iniciar un mes. Fue el piropo que no me esperaba.
jueves, 26 de abril de 2012
Esta vez es primavera.
Estoy en la misma ciudad, en el mismo departamento, voy al mismo café, he frecuentado los mismos lugares para comer. Llegué a conversar con la misma gente. También llegué a trabajar con la misma gente, al mismo lugar, con los mismos papeles viejos que me marchitan las manos y me resecan el cabello. De pronto es como si el tiempo no hubiera pasado, como si todo fuera exactamente igual; como si el autobús hubiera viajado de regreso conmigo adentro, con todo y maleta, con todo y soledad.
Y entonces la gente intuye y comienza a esbozar preguntas, intenta articular argumentos y más y más preguntas... y entonces es una maravilla no tener historia, no tener memoria y hacerse como si no hubiera pasado. Como si lo pasado, en efecto estuviera pasado. Y sonrío, me alboroto el cabello plateado y me cubro con mis raybans. Ni siquiera ha sido necesario decir mentiras o negar algo, simplemente hago uso de mi derecho a reservar mi opinión y a comunicarme. ¡Zip! Me quedo callada.
No hay motivo entonces para recordar la angustia que me invadió cuando supe que venía por mi. ¿Te acuerdas que llegué con él al café, en la penúltima noche que me quedaba acá? ¿Recuerdas su aspecto? ¿Recuerdas mis palabras entrecortadas? Que bueno que no. Yo me acordaba de ti, pero no de tu pelo largo, ni de tu complexión, y tampoco me acordaba de tu nombre. Hasta hoy por el mediodía me acordé que me hizo llorar frente a mi plato de enchiladas mineras, que nada le satisfizo, que la experiencia no le fue suficiente para despertar su capacidad de asombro.
Es incoherente e inaceptable que mi madre se ponga de su parte.
Y si no era el dinero, era que yo externaba las cosas que me hacían feliz, que me causaban placer o que simplemente me gustaba elegir. No puedo creer que llegué al punto tal de olvidarme de mi misma. Me alegra que la vez pasada no me hubieras pedido mi número de teléfono para salir, porque hubiera sido doble la pena.
Al parecer todo es igual, el viaje ha sido el mismo. Nada más pasaron nueve meses, viví trece días de juzgados, hice cinco mudanzas, perdi los muebles completos para poner una casa, olvidé un par de botas azules, me deshice de un vestido de novia, pasó un día biciesto, falleció mi mejor amiga; fui a la playa a revolcarme en las olas del mar, perdí ocho kilos, dejé de fumar, comencé a dormir de noche, tomé condición física, tuve un accidente, aprendí a vivir con el alma rota, me hice cargo de mi misma, le menté la madre al miedo, tuve el valor de seguir adelante. Tuvo que pasar todo esto, para que pudieras verme entrar a la tienda con mi portafolios en el hombro y mi pelo alborotado, para que pudiéramos conversar una semana más, y pudiera yo ubicar mi domicilio conocido en el Jardín Unión.
Por eso me alegro muchísimo de haberme quedado dormida pensando en ti.
Todo es igual, el viaje ha sido el mismo. Lo único que cambió es que esta vez es primavera.
sábado, 20 de agosto de 2011
Por amor, por voluntad...
Hoy mi madre me recordó que desde hace mucho he disfrutado la soledad, y que debo estar orgullosa de que en este momento de mi vida, estoy cosechando lo que sembré hace varios años con mucho esfuerzo, y que finalmente mis metas están llegando a buen término.
Mi familia es como cualquier otra, atropellada, con un padre ausente que años después vino a hacerse el lugar más importante de mi corazón; con unos hermanos músicospoetasylocos; con una sobreprotección absurda; con una infancia feliz. Somos una familia real, con conflictos, con verdades, con razones y con franquezas. Con decenas de solteros tóxicos que desfilaban en el sofá blanco de mi mamá. Con muchos volkswagens en los que todos aprendimos a manejar.
Quizá sea por esta franqueza y por esta inestabilidad, que nos obligamos -o nos obligaron- a hacernos estables. Estables en la mediocridad, en el oficio sin profesión, en el rockandroll que ya no corresponde. Estables en la ideología, en la personalidad, en el conseguirlo todo, por el todo, con el todo. Estables como sibaritas, como dormir cada noche en el lugar maravilloso que hubiéramos encontrado. Estables como lo es la depresión de invierno, la de soledad.
Estables como perenne es el verde de las hojas a partir de la primavera. Estables como crónica se vuelve la tristeza, luego de muchos veranos sin que deje de salir el sol; como luego de toda la lluvia que se agalopa sobre las ventanas.
Estables e independientes, como si hubiésemos sabido desde chicos que eso nos iba a traer felicidad.
Nunca imaginé que en el momento en el que llegara la vida en pareja de a deveras, esa independencia y estabilidad se convirtieran en un factor de complicación entre un par de personas. Cuando uno está solo, son sólo unos problemas, una sola decisión, una sola respuesta; es el estado de confort más maravilloso que existe, puesto que no hay más que la personalidad propia, las ganas, la voluntad...
Aprendimos a ser leales como la amistad verdadera.
¿Qué pasa entonces entre dos amigos que no tienen más algún canal de comunicación? Estoy, por ejemplo, con la diseñadora de modas, por cariño y solidaridad, complicidad y lealtad, respeto y voluntad; en las buenas y en las malas, en la salud y en la enfermedad; más allá de los solteros tóxicos y de los empleos de ensueño que nos hacen sentir las mujeres más importantes del mundo, y aún más allá de los periodos de desempleo que nos hagan sentir miserables. Estamos juntas a pesar de más de diez años de relación. Estamos porque queremos estar, y punto.
Creo firmemente que no se puede basar una relación en obligación, en el a fuerzas tengo que dormir contigo, o a fuerzas tengo que ir a verte para tomarme una copa contigo, "...pues ya qué". Tampoco en pedir perdón. No se puede basar una relación en pedir favores, en poner una pistola en la cabeza, o a través del intercambio de tiempo por dinero.
Para bien o para mal, mis padres me dieron tres hermanos mayores con quien aprendí qué significa la amistad, la lealtad y el amor. Ahora pues, puedo decirles a algunas personas que juro solemnemente serles fiel, y puedo también decirle a un hombre que me voy a dormir con él todas las noches porque así es mi voluntad, porque lo siente mi corazón.
martes, 21 de junio de 2011
En la mitad del mundo
Mi sueño, desde la humildad de mi Patria morena, es ver un país sin miseria, sin niños en la calle, una Patria sin opulencia, pero digna y feliz. Una Patria amiga, repartida entre todos y todas.
Ahora, con el corazón les repito: jamás defraudaré a mis compatriotas, y consagraré todo mi esfuerzo, con la ayuda de Dios y bajo las sombras libertarias de Bolívar y de Alfaro, a luchar por mi país, por esta Patria justa, altiva y soberana, que todos soñamos y que todos merecemos.
DIOS BENDIGA AL PUEBLO ECUATORIANO
Quito, 15 de enero de 2007.
Fragmento.
sábado, 1 de enero de 2011
Veintidós de septiembre.
En torno a un anillo de compromiso puede haber muchas cosas.
Hans estacionado en la esquina de uno de los ejes viales de esta Ciudad, que más han tenido que ver en mi vida.
El maravilloso significado que tiene para mi, el que dicho anillo haya tenido una dueña antes que yo.
Estar con mis Ojos Verdes frente a la mítica construcción de una de las Secretarías de Estado más importantes de la historia política de México del siglo XX. Mirar por el retrovisor de Hans sus paredes, un poco de la fachada, los colores de los muros exteriores. Terminar de crear en mi mente el mural que mis ojos no alcanzan a ver.
Lágrimas de felicidad.
Fiestas interminables con los amigos que son nuestra familia. Cerveza. Fotos. Calles de la colonia Condesa. Alcoholímetros que se burlan sólo una vez en la vida. Vueltas prohibidas que no pasan por la cabeza.
La libertad de responderle tus verdaderos anhelos, y tus sueños más profundos. La libertad de decirle que no importa que no hayas sido la primera, sino que importa que seas la última mujer en su vida.
El día en que entró el primer otoño que nos pertenece, que no me di cuenta, que estaba más preocupada resolviendo los cambios y las decisiones que vienen en nuestras vidas.
Maravillosas reconciliaciones.
Decir te amo a cualquier hora del día.
Pero lo más bonito, y lo que me llena de felicidad, es mirar todas las noches estas manos que escriben frenéticamente sobre el teclado del ordenador, y volver a mirar que ese anillo de compromiso se ha quedado desde ahora, eternamente sobre la piel de uno de mis dedos izquierdos. No importa cuánto trabajo tenga, cuántas palabras me falten por escribir, cuántos guantes de látex pasen por encima de mi piel; hay un hombre que me ama (y como rezaba todos los días y las noches un post-it sobre el espejo de mi habitación), tanto que quiere pasar el resto de su vida a mi lado.
Mi dedo, su tamaño, la cantidad de veces que se mueve sobre estas teclas a lo largo del día. Eso también está en torno a un anillo de compromiso. Dos días se tuvo que quedar en el taller para que lo ajustaran a la cintura exacta de mi dedo anular; dos días que sentí que algo me hacía falta.
En torno a mi anillo de compromiso, hay puro y simple amor. El símbolo de que no voy a dejar de luchar cada día para ser excelente, en todos los aspectos de mi vida.
Luego de mucho tiempo, esta es la primera vez que desde mi corazón siento que de verdad estoy tomando la decisión correcta. Soy muy feliz, tan feliz, como nunca me lo imaginé.
jueves, 9 de diciembre de 2010
Monterrey, Marina Nacional y el coche color plata.
Acababa yo de tomar Monterrey, de regreso a casa, y sonaba en mi oído izquierdo la canción No se puede vivir del amor, cuando coincidimos un coche plateado y yo, casi todo el camino. Y ya sabes, ¿no? Sonrisas, radio encendido, ventanillas abajo. El chico -que no era tan chico-, tenía unas canitas que le iluminaban la frente, el dedo anular izquierdo desnudo, y bebía coca-cola light, ¿qué más se podía pedir en ese momento? Me muero de risa. De entrada, y acordándome de las técnicas de ligue que usábamos mis amigas y yo hace algún tiempo, el escaneo del chico del coche de al lado, fue suficiente para darme cuenta que quizá pude haber aceptado una cita para salir con él.
Luego, más adelante, cuando en mi oído sonaba una Lila Downs que me puso de buenas, con su canción Arenita azul y cantando a todo pulmón "soy maripoooooosa", el chico bajó la ventanilla para querer decirme algo, pero yo avancé. Se emparejó conmigo, e hizo ademán de querer decirme algo, y yo miré de frente. El siguiente semáforo me jugó una trampa, no me permitió avanzar, y el coche plata volvió a quedar parejo conmigo, "¿hacia donde vas?" Me preguntó, le respondí que a casa, sonreí, le dije también que estaba cansada. Todo en un segundo. Rápido. Muchas palabras para un sólo instante.
La luz roja todavía, apenas el ámbar del otro lado, ganándole al semáforo metí el clutch para meter la velocidad, le sonreí otra vez y seguí la marcha.
Por ahí por donde se decide ir hacia Tacuba o hacia donde hay más Invierno, me desvié a la derecha, con la direccional tintinéandome en la cara. El tablero también palpita como lo hace mi corazón. Seguí mi camino, pensando cómo le iba a hacer para terminar todos los pendientes, saldar las deudas y entablar una conversación con mi madre. Antes de la Glorieta de las Américas me detuve a comprar coca-cola light, encendí un cigarro, encendí el coche otra vez.
Cuando iba llegando a casa me dije, ¿pero qué te pasa? Porque digo, en otras circunstancias quizá hubiera terminado cenando o tomando un café con el chico del coche color plata, o compartiendo la coca-cola light en lugar de estarla bebiendo yo sola.
Y demonios, ¿qué me pasa? ¿Que qué me pasa? Pasa que me enamoré, que ahora las mariposas ya no las traigo en la panza, sino en la cabeza, a través de mi cabello, y también salen de mis dedos mientras hablo, mientras conduzco a Hans, y se la viven iluminando el camino que transito, que ya no necesita que nadie me venga a coquetear.
miércoles, 28 de julio de 2010
Ciudad espejo
Con la lluvia la Ciudad despierta, se transforma, avisa que algo mejor viene para acá, algo que todos no esperamos pero que nos esforzamos porque suceda. La Ciudad cambia, se viste de colores, se llena de grises y de azules magníficos que nos obligan a entrecerrar los ojos.
A la Ciudad le aparecen imperfecciones, se desespera. Intenta organizar lo que ya no tiene remedio, lo que se esfuerza a acomodar aún cuando no tiene sentido, cuando sabe que hay cosas que no van a cambiar, porque la gente no cambia, las personas nunca cambian.
A esta Ciudad le cuelgan cosas, se unta de lo primero que sale de los bolsillos de los demás, de los autos de los que sí pueden, de los bolsos de las personas que automáticamente saben lo que tienen que hacer pero nunca atinan a hacerlo a tiempo. Intentan reparar los hoyos, los baches, cada pedazo de pavimento que se desmorona, cada letrero que se cae, cada coladera que ya no sirve más. No siempre tiene remedio.
Las cremas de mis frasquitos no son mágicas, ni los pefumes carísimos que me regaló mi padre pueden hacer que este olor característico se me salga de la piel, que este suero que sale por mis poros deje de salir. No logran hacer que deje de oler a cuando estoy con él, a cuando está conmigo, a su ropa sobre mi cuerpo cuando sólo lo que traigo puesto de mi propiedad, es mi corazón.
El aerosol de la botella plateada no logra domesticar a mis cabellos rebeldes. La pasta del tubo de aluminio no puede hacer que mis canas desaparezcan. La espuma blanca de la botella gorda, no doblega a los rizos que siempre se quieren emancipar. El chapopote con grava, sobre el asfalto de mi Ciudad, no siempre la puede callar.
Estas máquinas que le pasan por encima de sus ejes viales, de las avenidas sin curso, de los circuitos que no avanzan más, y que al transitar aprovechan para succionarle las venas, el torrente acuoso que dicen que no se podrá llenar más, no siempre logran su objetivo. No pueden hacer que la Ciudad respire distinto, que aprenda a hacer cosas que no está diseñada para hacer.
El gel del tarro de plástico, este chaparro que tiene una tapa blanca, y que huele a romero combinado con éter, plátano macho y alguna otra hierba que se supone hará que mis pantalones talla siete me vuelvan a entrar, no es "milagroso" como se lee en la etiqueta. Mi piel es como es, mi cuerpo se siente libre, suave, eterno y sustancioso como debe ser. Ningún producto hará que deje de ser redonda, y quizá ni cien líneas de Metrobús harán que la gente se organice para transitar, para llegar a donde vayan, no lograrán que la gente llegue a la Ciudad a establecerse, no controlarán su crecimiento desmedido, como el gel "maravilloso" no hará que mis medidas me conviertan en talla cero, o en talla dos.
Quiero bailar, y ella baila conmigo. Los estilos son únicos, y el de ella también lo es. No se le puede pedir a la rubia que se vuelva morena, a la morena que de pronto no sea rellenita, o al infiel que nos vuelva a querer.
Finalmente en ella vive quien le aguanta el ritmo, quien cuya histeria puede doblegar a la de ella. Y asimismo se queda acá quien sabe cómo es como vivo, cuando el insomnio llega y no se quiere ir, cuando la ansiedad hace su acto de presencia. No se le puede pedir que sea una ciudad modelo o de primer mundo, cuando no está diseñada para eso, cuando no se tiene la suficiente infraestructura para convertirse en algo que no estamos acostumbrados a ser.
No voy a caber en un vestido talla cero, ni en un negligé talla dos. No voy a dedicarme de pronto a superficialidades, ni voy a hablar como si hubiera nacido ayer. Quise hacer de mi misma lo que soy, y no de pronto seré algo que no estás acostumbrado a ver.
martes, 22 de junio de 2010
Los gatos y la libertad.
Publicado en El País.
Su casa olía a gato y su escritura, a libertad. Nunca se casó con nadie, salvo con esas dos pasiones suyas. Hace ya muchos años llegó a confesar: "Sin mis libros me sería imposible vivir y sin mis gatos, también. Los libros no aúllan ni los gatos proporcionan sabiduría, por eso no podría elegir. Preferiría entonces vivir sin mí". Y así fue: el día que los médicos le quisieron apartar de sus muchos gatos para preservar sus pulmones, sus amigos supieron que también lo estaban condenando a muerte.
Lo mismo hubiese pasado si a algún incauto se le hubiese ocurrido alejar a Carlos Monsiváis de la libertad. Nunca la traicionó. Y cuando tuvo que elegir entre la libertad y los suyos, siempre la eligió a ella. No tuvo empacho en criticar a Cuba por su homofobia o a López Obrador cuando el candidato de la izquierda a la presidencia de México en 2006 decidió ocupar la calle para protestar por su derrota. Siempre huyó del abrazo de los poderosos, pero supo estar junto a sus viejas amistades, como la cantante Chavela Vargas, cuando su voz se fue apagando y los famosos amigos de ocasión la abandonaron. Jamás fue bien peinado o con corbata, pero su pelo blanco y su sonrisa eran lo más elegante de cualquier reunión. Y, sobre todo, lo más querido...
Porque los mexicanos amaban a Carlos Monsiváis. Lo leían en los libros y en los periódicos, lo escuchaban en conferencias y en la radio, lo veían en la televisión, pero su omnipresencia en la vida pública o su sabiduría total no lo convirtieron en un escritor famoso, sino en un escritor querido. Es difícil explicar fuera de México la pasión que Carlos Monsiváis o José Emilio Pacheco despiertan. El pasado diciembre, durante la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, uno y otro vivieron un momento que los hizo inmensamente felices. Junto a Sergio Pitol se hicieron una foto muy parecida a la que, justo 50 años antes, les habían tomado en la ciudad de México. A Pacheco, emocionado, se le atravesó un presagio: "Esta será la última vez que...". Ayer, desgraciadamente, la muerte le completó la frase.
miércoles, 19 de mayo de 2010
Nada es parejo.
A pesar de que no me gusta mucho opinar sobre política y tampoco me gusta declarar tendencias, a pesar de no ser militante en ningún partido político aún cuando estuve colaborando en uno de ellos hace algunos años, sé diferenciar cuando las instituciones hacen bien su trabajo o no.
La noche del viernes pasado fue "levantado" -como se dice-, uno de los políticos más emblemáticos de los últimos 30 años de mi país. No tengo tendencia política, repito, para mi todo es la misma revoltura que a veces no sirve para nada, pero sé reconocer cuáles son las enormes influencias de los personajes públicos de mi país, cuales son las imágenes que pesan y cuáles son las situaciones que más gravedad suponen.
Esto de que las personas desaparezcan así como así, que "se supone" que no se sepa nada, y que los medios de comunicación hagan con la información mediática lo que se les da la gana, me parece gravísimo y en cierta parte me hace enojar.
¿En qué momento el país llegó a este punto? Menuda pregunta, porque seguramente mi padre respondería que fue gracias a la hegemonía del mismo partido político en el país por más de 70 años, o al revés, algunos maestros míos de la Universidad dirían que fue gracias al cambio de tendencia política del gobierno, que no se supo manejar el centro como oposición o la oposición como partido en el poder.
No lo sé. Me da un poco de coraje que las instituciones no trabajen, que se llenen la boca con decir que este año hay mucho que celebrar, pero que haya regiones en México donde la gente sigue sin tener para comer, donde no hay empleo, es más, donde no hay varones porque todos se fueron a trabajar de lo que fuera a los states; me da coraje que miles de niños vivan con desnutrición, que miles de adolescentes no tengan asegurada la educación, que muchos jóvenes prefieran unirse al crimen organizado porque no tienen otra opción.
Es muy grave lo que sucede. Que el ejército tenga el mando en muchas cuestiones, pero que no sirva para nada. Que el crimen organizado y el narcotráfico sigan siendo ley en otras regiones, pero que a su manera, propicien que algunos sectores de la población tengan ingresos económicos. Es una gran ironía. Es muy grave que la gente siga muriendo en fuegos cruzados, que la gente siga desapareciendo para siempre, que no se sepa más donde hallarlos, que ni si quiera se sepa si son crímenes políticos, del narcotráfico, de la guerrilla o de la mafia.
Hace un par de semanas, Toya me llamó muy asustada pasadas las 23 horas. Le tocó ver cómo ejecutaron a un hombre sobre Paseo Tollocan casi esquina con Boulevard Aeropuerto. Se espantó horrores. No pudo dormir algunos días de acordarse cómo el tipo del suelo intentaba levantarse aún con los plomazos que ya había recibido; los sicarios lo pateaban, le disparaban, y luego lo remataron.
Toya no se acuerda bien cómo llegó a un sitio de taxis y luego a su casa. Estaba muy espantada. Tengo miedo de vivir así, de que mi país y mi colonia ahora sean así, me decía. Me da mucho miedo que ya nos haya llegado la violencia tan "así", continuaba con la voz entrecortada. En esos casos no sé cómo se consuela a quien se preocupa por el mundo en el que vivimos.
Estamos de la shit, es lo primero que se me viene a la mente.
No es por que sea quien es el que desapareció, sino porque la gente sigue desapareciendo. Nadie hace nada. La violencia está a la orden del día, los secuestros resultan normales, ahora ya es usual "torearse" las llamadas de extorsiones telefónicas y las autoridades se preocupan más por las personas "importantes" que desaparecen, que pueden pagar espectaculares donde se ofrecen los rescates y se avisan de los números telefónicos. ¿Y las desaparecidas anónimas? ¿Y los niños secuestrados o ausentes que no son hijos de políticos o de gente que sale en la televisión?
¿Por qué demonios nada es parejo?
¿A dónde va a parar la poca libertad que nos queda?
sábado, 13 de marzo de 2010
Tranquilidad absoluta.
Estoy leyendo sobre Teoría de la Historia, de que no todos los datos acerca del pasado son hechos históricos. Según el criterio del historiador, se define la importancia del hecho. Al estudiar la Historia, es como recoger datos del pasado, "como los pescados sobre el mostrador de una pescadería" -dice Carr. Yo me imagino que voy de compras a una zapatería, luego escribiré sobre esos datos y me calzaré esos tacones, porque como dicen quienes me conocen, me he empeñado no sólo a escribir Historia, sino a vivirla.
Muchas personas no entienden de este oficio. Hoy he reflexionado que en las bibliotecas me siento bien. Desde que llegué hoy por la mañana a este Instituto, he sentido una tranquilidad absoluta.
Coger los libros con mis manos me hace sentir bien, segura, apoyada. Es como saber que ese libro me dará todas las respuestas del mundo, siempre.
Recordar lo que aprendí en la Universidad sobre Filosofía y Teoría de la Historia, me hace bien. Es saber ahora, que sé.
Los datos, el conocimiento y la historiografía, están allí esperándome.
Se me quitó la opresión del pecho casi desde que llegué, cuando me puse a leer. ¿Qué es Historia? ¿Qué es lo que convierte en Historia a un libro de historia? ¿Qué es la lógica de la Historia? ¿Qué es un hecho histórico?
Uno de todos, que leo con esta pasión que me caracteriza, me emociona desde el título: La Historia como hazaña de la libertad. ¿Cómo pude olvidar, que también la historia me haría libre?
Ciudad de papel
Sólo saqué las manos y me llené de ella, de mi Ciudad, de la noche que vivo en ella. Sentí bonito, fue casi como alcanzarla con la punta de mis dedos. Me acordé de cómo eran los ruidos de la Ciudad de noche, cómo era dejar de escuchar a los grillos que se cuelan en mi habitación, y el asombro que me causaba cambiarlos por sonidos de ejes viales, de sirenas, de coches a toda velocidad.
Me acordé de cómo era vivir en Santa Margarita, en medio de Ángel Urraza y Eugenia, a una cuadra de Insurgentes. Me acordé de cómo era vivir con él. Me acordé de los cafés del Sanborn's que salía a comprar antes de dormir, de la farmacia San Borja; de salir a caminar hacia la barbacoa de Tlacoquemécatl, que comíamos para el desayuno, intercambiando nuestras prendas de ropa, usando sólo sus jeans, sus chanclas que me quedaban enormes, y una camiseta rinbros. Eso sucedía comúnmente, cuando se acababa la ropa limpia que yo tenía en donde él.
Me acordé de cuando él usaba mis camisetas camioneras, e intentaba ponerse mis calcetines. Volví a ver las alas en mi piel, su piel de leopardo, el libertador que carga en la espalda. Lo vi, y me sentí bien.
Me acordé de la mudanza hacia el Periférico Sur, a Tlalpan rozando Xochimilco. Me acordé de los gatos del departamento. Me acordé, y me puse feliz.
Recordé también que cuando se iba la luz, era suficiente correr el trozo de tela que usábamos como cortina, para iluminar la habitación completa. Era agradable saberse acompañado, con todo ese ruido y esas luces brillantes que venían del Periférico, aún cuando yo sabía que estando él conmigo, en esa situación estaba más sola que nunca.
Por mucho tiempo el departamento no tuvo cortinas, sólo las paredes blancas, un tapete peludo y dos sillones. No hacía falta nada más, aún cuando siempre me quejé de no tener base en la cama, ni mesa para sentarnos a cenar.
Era su casa, no la mía. Meses después esa realidad me abofeteó la cara.
Pero fue linda la Ciudad conmigo, y lo es ahora.
Extraño escuchar pasar los tráilers sobre Eje 6, los que hacían que los vidrios de la casa sonaran. Extraño que la luz del espectacular de frente al departamento no me dejara dormir, con sus luces brillantes prendidas toda la noche.
A veces extraño todo eso que tuvimos, que es también todo esto que tengo ahora, cuando saco la cabeza y las manos por la ventana de la casa.
Creo que no lo extraño a él, quizá extraño lo que la Ciudad nos regaló cuando estuvimos juntos.
Necesito manejar un poco más. A veces hasta extraño el Pedregal y sus alrededores, y comienzo a entender a mi hermana Cristina, cuando decía que extrañaba manejar de CU a Barranca del Muerto. Extraño Ciudad Universitaria de noche, atravesada por Insurgentes que se engalana por el edificio mural encendido y el estadio en forma de sombrero de charro, que parece que tiene lumbre por dentro.
Ciudad de locos, de los que se quieren hacer cuerdos pero no les sale. Ciudad de locos, de los que deberían poblar todo el mundo. Ciudad de dementes, como yo, de los que piensan con el corazón haciendo a un lado la razón. Ciudad de histeria colectiva, que ahora yo le llamo histeria histórica, cuando tuvieron a bien cambiarme el nombre a histérica histórica.
Ciudad de fantasmas, de esqueletos que vienen de noche a tentarme para regresar al mercado de Tizapán de San Ángel a comer tacos de cecina y tomar jugo de toronja recién exprimido; que me tientan para provocar un encuentro que no deberá suceder. Malditos fantasmas de muertos recuerdos.
Ciudad que debería tener más manicomios que cárceles. Por lo menos tendríamos más áreas de recreo, y quizá nos entenderíamos mejor.
Ciudad de especialistas, de investigadores, de científicos que saben todo pero que a veces no quieren a nadie.
Ciudad de realidad, de surrealismo, de ciencia ficción.
Ciudad de ti y de mi, cuando te miro sin que te des cuenta, mientras le das vuelta a esas páginas del libro que no puedes terminar, y te pasas los dedos por el pelo.
Ciudad tuya, que a veces me das permiso de que sea mía, de que seas mío, que quieres que yo sea tuya.
Ciudad que hizo encontrarnos, y que aún cuando me lo pediste "porque quieres que esté bien", me hará no mandarte nunca a la fregada.
Ciudad de besos. Ciudad de enfermedad. Ciudad de celos, con vestidos cortos y medias largas. Ciudad de noche, cuando tengo que llamarle a un taxi porque me siento mal. Ciudad de pantalones que no se planean, que no se deslizan, que no se encuentran más; que se usan con botas de agujetas.
Ciudad de papel. Mi Ciudad, que me permite escribir en ella.
lunes, 8 de marzo de 2010
El día de la mujer mundial.
que todo lo que me pasa no me lo puedo creer.
Tanto tu y la mentira y los cholos me ven,
si lo quiero o no quiero, es mi gusto querer.
De tu carne a mi carne, dame taco de res,
los prefiero y los quiero, al que me dé de comer.
Ya probé al que es ajeno, a ese pa' que lo quiero
que la voluntad del cielo me mande al primero
que me quiera como soy, a ese sí que lo quiero.
Dignificada (La balada de Digna Ochoa), Lila Downs.
Hoy es el Día Internacional de la Mujer. No sé si haya o no qué celebrar. No sé siquiera si tenga mucho sentido tener un día al año, que se dedique a la mujer. ¿Como para qué, si no se le respeta los 364 días restantes? No lo sé. Cosas que suceden, cosas que hacen las naciones, los Estados, los gobiernos, las ONG's. No lo sé.
Hace unas semanas, esperé a San Román en un Liverpool mientras él fue a hacer unas cosas. Como estábamos en Cuernavaca, y eso de cambiar de altura de la Ciudad hace estragos en mi organismo, me dispuse a tomar un café en el bistrot cuando vi al lado la librería. Preferí pajarear hojeando libros y revistas, y me encontré uno que se llamaba algo así como "la vida después de ese imbécil", o "cuando le dije adiós a ese imbécil", algo por el estilo, refiriéndose al maltrato físico y psicológico que viven muchas mujeres al lado de una pareja.
Lo tomé del estante, luego de hojear varios sobre superación personal, cómo conseguir marido, cómo ser una exitosa empresaria y otro sobre cómo hacerse millonario de la noche a la mañana. Debo admitir que lo tomé por un poco de morbo gracias al título que se carga, y comencé a hojearlo y a darme cuenta de que se trata de un libro nutrido de las experiencias de rehabilitación emocional -y físico- de algunas mujeres, luego de separarse de su violentas parejas.
Me quedé de a seis. No porque no sepa cómo es vivir con violencia, o porque no sepa que eso existe, que es real que las mujeres viven así; y digo las mujeres, las familias, los niños, y en general las personas en diversas situaciones sociales o con distintas ideologías. El libro tiene relatos explícitos sobre las vivencias de estas mujeres, uno en especial me hizo un nudo en la garganta. El marido alcohólico abusaba de ella constantemente, hasta que ella comenzó a bloquear todo lo que viniera de parte suya; un día volvió completamente alcoholizado, comenzó a agredirla como era costumbre y ella lo ignoró, lo que causó que él perdiera los cabales -si es que todavía le quedaban algunos-, la arrastrara hasta la habitación, le rasgara la ropa y comenzara a golpearla hasta dejarla inconsciente.
Ella despertó algunas horas después, cuando sus hijos llamaron a una ambulancia y se la llevaron, con las costillas rotas, el maxilar roto, y severos daños debido a que el tipo abusó de ella con una violencia superior a las veces anteriores.
Me quedé con el ojo cuadrado. Me dio mucha tristeza. Todas somos vulnerables a vivir una experiencia así, con un delincuente, con cualquier hombre conocido o desconocido, pero el hecho de que la propia pareja sea el maltratador, me parte el corazón. ¿Qué tienen las mujeres que viven con ellos y no los pueden dejar? ¿Por qué se crea un lazo de codependencia absoluta, que te impide comenzar una nueva vida por tu cuenta?
Por eso hoy, que se supone que es un día que se celebra a la mujer como tal, yo quisiera expresar mi indignación por esta situación, por la pésima vida que tiene una mujer en el trabajo cuando se le paga menos que a un varón, cuando se le acosa porque tiene mayor preparación que el jefe o el superior inmediato, cuando se le critica por tener una ideología de vanguardia, cuando se le critica por vestir la ropa que viste, usar el coche que usa, pensar como piensa, elegir a la pareja que ella deseó.
Expreso también mi indignación, por las mujeres que han sido asesinadas en el trabajo de la defensa de los Derechos Humanos, en el ejercicio del periodismo; que han perdido la vida por una causa política, por la defensa de algún testigo o intermediario entre la mafia y el gobierno, por las mujeres que han sido silenciadas a fuerza, por conveniencia de alguna facción política o ideológica.
Expreso mi tristeza e indignación, por las chicas que han muerto en manos de sus parejas sentimentales, de sus padres o de sus hermanos. Por las mujeres que han sido mutiladas por creencias religiosas o que han sido vendidas o intercambiadas para beneficio de las familias o de una comunidad.
Les externo mis condolencias y mi solidaridad, a las familias y amistades de las mujeres que han muerto de forma violenta, que han sido raptadas, amenazadas de muerte o agredidas.
De muy chica, viví de cerca la experiencia del homicidio de la mamá una de mis compañeras de la secundaria, el esposo la amenazó de muerte porque ella ya no quería estar con él, ella hizo caso omiso de esa amenaza, hasta que un par de semanas después el señor fue y la mató. Él fue juzgado, procesado, y hasta donde me quedé seguía en la cárcel. A mi compañera no la vi más, alguna vez me la encontré en el centro comercial o algo por el estilo. Ella había perdonado a su padre, y quería comenzar una nueva vida cuando él saliera de la cárcel. Con todo, yo no lo veía mal. Como fuere, era su padre, y de ella dependía ese rencor o ese perdón. A ella también, donde quiera que esté, le envío mis más profundas condolencias y toda mi solidaridad.
Deseo que este día sea el motor para recordar todos los días del año, lo maravillosa que es la vida de una mujer, lo maravilloso que es ser mujer; lo lindo, mágico y fabuloso que es ser mujer por el simple hecho de haber nacido.
Alcen la voz, mujeres. No se queden calladas. Cualquier burla, mala palabra, mal apodo o crítica para tu persona o tu forma de pensar, no la debes dejar pasar por alto. El amor no es sufrir. El amor no es dolor. El amor es vivir, es sentir, es empujar para el mismo lado con la persona que amas y que te ama. Es formar un hogar, formar un equipo para competir por las mismas cosas.
Amar es tenerte a ti misma, sobre todas las cosas. Amar es que te quieran tal como eres, gordita, alta, chaparrita, flaca, histérica, querendona, cursi, apapachadora, trabajadora, idealista, creadora de sueños, intérprete de pasiones, conquistadora de tu propia vida.
No te abandones. Di no al machismo. Di no al chico que no te quiera tal y como eres. Di sí a tus propios proyectos, y siempre apuéstale a lo que dicte tu corazón.
Mis mejores deseos, a ti, compañera mía, guerrera de la vida.
Las ballerinas de JULIO
Me sentí mal todo el día. De hecho, desde la cena de anoche me sentí muy mal. Tengo el estómago revuelto, tengo náuseas, me hormiguean las manos y estoy hinchada, los anillos no me entran más en los dedos de las manos. Todo me aprieta. Todo me sienta mal. Tengo esta sensación de que en cualquier momento me voy a vomitar. Donde me siento me quedo dormida, no sé qué me pasa. Hoy me he sentido muy mal.
Me encontré para tomar un café con la Diseñadora de Modas. Traía un bolso enorme, lleno de cosas, y unas sandalias de plataformas de tiras color negro, increíbles. Celebré, por supuesto, su buen gusto y le platiqué que me sentía muy mal físicamente, y que probablemente no fuera sólo eso, sino que me sintiera mal por dentro.
Intenté platicarle como había sido la mañana, cómo había sido el mal humor de mi padre por el móvil, la histeria colectiva que tanto me hace mal. Intenté explicarle que me sentía mal, fuera de lugar en ciertos aspectos, desesperada en otros, y triste sobre todo lo anterior. ¿Qué te digo?, comencé, que de entrada me desgastan los problemas de otros. Sí. Eso es. Me desgastan los problemas que no son míos, y que se empeñan en hacerlos ver así.
De pronto, mientras mirábamos la carta de los postres, escogíamos un café, hablábamos de mis malestares, de sus plataformas nuevas, y pedíamos un par de vasos con agua a la mesera, sacó de su enorme bolso un regalo para mi: un par de ballerinas color café. Las escogió justo de mi estilo, de mi talla, y me dijo que era un regalo pensado en que quizá deba dejar de usar tacones un tiempo, pensando siempre en que el estilo justifica todos los medios. Tiene razón, no tenía ningún par de zapatos sin tacón, y estos me cayeron de perlas.
Con mi cara de niña frente a un arbolito de navidad, las tomé, les saqué el empaque y comencé a llorar. Encima, además de sentirme mal, hoy fui la mujer más sensible del mundo. Mi amiga me abrazó, me dijo que me quería hacer sentir bien, y que por eso me regalaba justo lo que sabía que me iba a hacer feliz. Y lo logró.
Su regalo tiene muchos más significados en este momento, en este contexto, y en estas historias que recién comienzan que no se quiere que tengan punto final. El regalo es para mi, y también para el que está conmigo, que toma mi mano.
Luego, el resto llegó para cenar, otros para tomar café, pero todos para ponernos al corriente de la semana. Me sentí bien. Compartimos taxi de regreso a casa. Logré olvidarme un poco del malestar. Intento conciliar el sueño, espero poder dormir bien, y tener uno de esos sueños al aire libre para después verme en una habitación de paredes blancas.
Logré sentirme mejor, aún cuando ahorita todavía me duelen la cintura y el cuello. Supongo que todo pasará, como siempre digo, todo también pasará. Ellos pasarán, el chico pasará, y yo también pasaré. Si sigo pensando me voy a volver loca, así que ya me voy a dormir. Nada más por hoy, antes de que se me acaben las palabras. Ya mañana sabré qué es lo que sigue, y qué frases debo terminar de escribir.
martes, 2 de marzo de 2010
La mirada desde la República de Babel
Mucho he querido escribir sobre él, pero siempre se me olvida, y termino vomitándoselo todo en un corriente correo electrónico, en el que siempre termino con la misma frase: "tus palabras son como un oasis en el desierto de mis angustias y preocupaciones".
En diversas ocasiones se ha inspirado en mi para algunos de sus escritos. La mayor parte de las ocasiones, me dedica en manuscrita, casi todos sus poemas publicados.
¿Qué más le puedo pedir a la vida? Que me siga dando muchos buenos momentos de su compañía, de sus consejos, de la magnífica convivencia que tuvimos en el Programa de Investigación de la Facultad. A veces lo extraño tanto... que siento que va a venir a hacerme reír con sus pseudónimos de los lugares, de las oficinas, de las personas que nos rodean que no saben que están allí.
Lean pues, la magnífica relatoría que hizo del día que recién compartimos. Hace un par de semanas un chico me dijo que la noche en la que fuimos cómplices -que nos esforzamos para que siguiera siendo "ayer noche" al día siguiente por la mañana- era por mucho la mejor del año, y tuvo razón, y concordé con él. Sin embargo, son contextos diferentes, como los que me gusta manejar, y los que disfruto sobremanera vivir. El domingo anterior fue por mucho, el mejor de los últimos años. Las noches, se cuentan aparte. Gracias a ambos, por los elogios que hicieron de mi compañía.
Minería era una fiesta, dice el Presidente. Para mí fue una verbena, una bellísima romería. Hacía mucho que no se referían a mi, como "mi bellísima acompañante". Es un honor, y un gran piropo. Muchísimas gracias.
En Cuernavaca.
"Ok, pero son casi la una de la mañana, ya estaba dormida, no fui al bar con los chicos de mi trabajo porque moría de sueño", le respondí, así que luego de una corta negociación, quedó de pasar por mi al día siguiente, en punto de las ocho de la mañana.
Todo fue una calamidad, como suele suceder cuando se sale conmigo, o cuando se sale con un par de distraídos como San Román y Yo. Que si el tanque de la gasolina, que si las casetas, que si nos faltó la factura, que si me iba a quedar dormida y lo iba a dejar hablando solo mientras manejaba, que si la calcomanía de la tarjeta IAVE no estaba bien pegada; que si estábamos seguros siquiera, de tener la maldita tarjeta contratada.
En fin, ¿qué te digo? Que fue una salida fabulosa, una carretera despejada luego de las arterias atascadas de esta contaminada Ciudad. Que Temixco nos recibió soleado, con un airecillo frío que me hizo usar un suéter, con un mercado de antojitos que nos hizo comer de más. Con una tiendita en la esquina de la casa, que nos permitió abastecernos para beber casi toda la noche.
Y hablamos mucho, de muchas cosas. Una de las cosas que más me gusta de la compañía de San Román, es que no se nos termina el tema de conversación. Podemos hablar de actitudes subversivas, de política, de las profesiones, de los tiempos pasados, de nuestras amistades, de las experiencias horribles, de los buenos momentos.
Me complació haciendo sonar los tres discos que llevé para ambientarnos, ¿qué mas podía ser si no El amor después del amor, La lengua popular y Vinagre y rosas? Y aún cuando las opciones eran infinitas, opté por los tres álbumes que mejor me han puesto los últimos meses, de mis autores predilectos.
Cociné, el arroz blanco que durante tantos meses se saboreó, las enchiladas verdes que no podía creer. Me ayudó con lo que pudo. Comimos helado de nuez y de café. Bebimos, reímos. Lo pasamos muy bien. Hablábamos sobre el ritmo de vida de intelectuales, de que si es posible que una pareja lo soporte. Y de pronto me vi allí, sola, pero muy bien acompañada. ¿Qué pasaría cuando el viaje terminara? A sacarle la lengua al domingo, como es ya costumbre, porque la maldita resaca que nos dio, también nos regaló material para no querer que fuera más domingo, ni bajo el sol, ni a un lado de la alberca, ni de noche de regreso.
Y nunca, a pesar de llevar mucho tiempo dedicándome a transmitir a través de palabras y frases, me había puesto a pensar tan concienzudamente cómo un par de pastillas pueden mejorar cualquiera de los estados. Que si es depresión, que si es una pérdida de las cuentas, que si es un dolor de cabeza, que si es una resaca marca diablo, que si es un dolor de rodillas, que si es que se quiere dormir más de dos días. No sólo me refería a las pastillas para ser feliz o para no llorar, también hablamos sobre las Pastillas para no soñar. Unas pastillas que te sacasen de una preocupación, que evitasen que llegaras al Hospital del amor.
Algunas pastillas sin orden farmacológica, que te regale una amiga cercana, o una chica que no sabe en qué contexto de la Historia las usarás.
Gran pregunta la que me hizo la Diseñadora de Modas, de que qué tanto tengo de música o de escritora. Pregunta que no supe responder. Quizá con conocernos baste, para saber el camino que se pudo escoger.
Y tampoco, a pesar de mis costumbres de años, había bebido escuchando a Los Beatles. Y bajo ese maravilloso contexto, también hablamos sobre los animales, sobre las plantas, sobre qué va a pasar cuando ya no estemos más. Si mi gato fuera planta, les decía, sería un bonsai, y cuando la luna cambia de fase, como todo lo que tiene vida, mi gato también se pone a maullar sin parar. Poco me falta, les decía una vez más, para que yo me suba también a los tejados, a buscar a ese par de ojos que ahora me está haciendo escribir de más.
Y de todas las familias que uno puede tener, o que se pueden crear, ésta familia me gusta tal como es. Aún cuando me falta leer el libro que se llama Mi familia y otros animales, ésta es la familia que no cambiaría por nada.
Y así terminaba la noche, y así nos llegó a cubrir la luz del sol. Pudiera ser que algunas palabras hubiesen estado de sobra, que algunas hubiesen faltado, pero ese par de días nos dieron suficiente combustible para volver a la realidad de la trincadez de la vida de la Ciudad.
San Román se cabeceó un par de veces manejando en la carretera. Yo venía completamente rendida en el asiento de adelante. El congestionamiento que provoca que los autos vayan a menos de 60 kilómetros por hora, definitivamente nos hace hacer cosas que no imaginamos.
Y se quedó con eso, con la respuesta que no le pude dar, cuando él me preguntó si alguna vez algún chico había tolerado que me sentara a escribir por horas y horas, concentrada en mi trabajo, en mi lectura, en mis periódicos de años, sin hacer más caso a lo que pasara a mi alrededor. Repito, no supe responder. En el fondo quisiera saber que sí, que han sabido comprenderlo. Pero vuelvo a lo mismo: cuando una investigación se termina, debería seguir los pasos que sigue un preso al salir de la cárcel para reinsertarse a la sociedad.
Quizá así no tendría estas reacciones un tanto sorpresivas, cuando alguien intenta curiosear frente al borrador eterno que siempre traigo en el bolso. Todo se puede leer, le argumentaba, el chiste es que no me acostumbro a que de pronto alguien sienta interés por lo que mi mente traza a través de mis dedos, y se queda fijado con tinta azul.
Días de cocinar, de volver a lo que aprendí desde niña. Domingo de resaca, que en el fondo no quise odiar, que intenté disfrutar mientras me asoleaba. Noches de juerga, de barajas hasta el amanecer, de canciones que me recuerdan a mi hermana, de confesiones que no nos atrevíamos a hacer. Mañanas de comer guisados que no son nuestros, de trabajo de San Román mientras lo espero en el centro comercial. Ciudad que me presta ciudades más pequeñas, que al regresar nos deja atravesarla por las vías libres, y de paso, darnos una escapada para cenar. Días de festejos, de que no se nos terminan los éxitos para celebrar.
lunes, 22 de febrero de 2010
Quiero regarte las plantas de los pies
Voy a escribirte que a veces no me dejas dormir, voy a llamarte cuando logre despertarme. Voy a intentar tirarme en el sillón para soñar de ti, voy a creer que estás a un lado para poder besarte.
Y con cada una de las lenguas, escribiré tu nombre. Y usaré la mía, para que lo sepas de una vez. Voy a llenar las paredes con tu nombre, y quiero por fin regarte las plantas de los pies.
Cuando eso suceda, espero poder llegar para cosecharte, para abrazarte cuando no puedas dormir. Voy a llenar las paredes con tu nombre, y vas a saber por fin, por qué te llamo así.
Siento unas ganas bárbaras de regarte las plantas de los pies, y de paso pasaré mi lengua por tu cuello y por detrás de tus orejas. Y con ese finísimo oído que tienes -que se parece a mis felinas miradas-, por fin entonces sabrás, que los sonidos de mi garganta ahora son para ti.
Con todo y mi inocencia.
Cuando clama la inocencia, llaman a la policía.
Violetas para Violeta, Joaquín Sabina.
¿Pensaste alguna vez que tendría audiencia la película que hiciste? ¿Pensaste alguna vez, que a alguien le valiera la pena tu Historia? ¿Alguna vez te imaginaste, que la gente pudiera vestir la ropa que inventaste?
¿Pensaste alguna vez que una persona no analfabeta, se diera cuenta a través de tus palabras que no sabe leer?
¿Pensaste alguna vez, que a través de tus frases, una persona fuera capaz de comprender que aunque lo intente nunca sabrá escuchar?
Estoy segura de que nunca has planteado la posibilidad de dejar de hacer lo que haces, con todo y que los debates que provocabas en el instituto eran maravillosos y algunas veces nos hacían enojar. No creo que el hecho de que la gente pensara diferente a ti, o se imaginara historias que no existían, te hiciera cambiar de opinión.
¿Pensaste alguna vez, que bailarían la música que ponías en los altavoces? ¿Pensaste alguna vez, que podrías salvarle la vida a una persona? ¿Pensaste alguna vez, que tu diagnóstico trascendería las generaciones, que cambiaría hábitos, que haría que las personas fueran diferentes?
¿Pensaste alguna vez, que tu palabra sería escuchada?
domingo, 21 de febrero de 2010
Abre los brazos al mundo.
Domingo de reinventar planes, de inventar proyectos, de deshacer recuerdos. Domingos de darme cuenta que estoy bien acompañada. Domingo que me enseña a dejar de sacarle la lengua a los domingos.
Día de intentar dormir sin tener éxito. De cumplir promesas, de seguir costumbres, de alimentar a mi corazón a través de mi otra familia, de mis amistades, de buena comida, de reírme manejando el coche que ahora ya quiso andar.
Estoy contenta de que el domingo me haya recordado a la cara que una vez soñé con comerme el mundo a mordidas. Que cuando decidí la línea que quería vivir, para luego poder sobrevivir, tuve un sueño, o muchos, que pensaba en inundar las almas con optimismo, con amor, con buenas costumbres. Pensaba que sí era posible cambiar el curso de la Historia, dejar de permitir que los ciclos se repitieran, que los mismos errores se cometieran, que un acuerdo entre algunas partes era suficiente para darle felicidad a una población.
Soñaba con comerme el mundo a mordidas. Eso, con el tiempo y junto con otras experiencias, se me fue quitando. Me olvidé por un tiempo de Clío, me olvidé de hacerme reír, me olvidé de procurarme un corazón, de procurar al que latía bombeándome de sangre todo el cuerpo; me olvidé de comer bien, me olvidé de dejar de beber, me olvidé de las cosas buenas que me merecía.
Un día me olvidé que era posible que alguien pudiera llegar a quererme, pudiera llegar a amarme tal como soy, me olvidé de quererme a mi misma. Pero las cosas pasan, el tiempo se termina, los plazos se cumplen, la evolución sigue, los caminos se vuelven a abrir. Y entonces comencé a urgar entre mis recuerdos, comencé a lamerme la memoria, y comencé a recordar todo aquello que había bloqueado.
Sólo así me olvidé las pastillas en el buró, me olvidé de las malas compañías, me olvidé de los corazones rotos, me olvidé de los solteros tóxicos, me olvidé de las malas decisiones, me olvidé de engancharme como imbécil a lo primero que me pasara por enfrente, fuera lo que fuera. Me olvidé de comer mal, me olvidé de lo que opinan y hablan los demás.
Comencé a formarme una familia, comencé a tomar buenas decisiones, y hoy, que es como sucedió con el Homo Sapiens Sapiens -el que sabe que sabe-, me hice un pensadero y estoy intentando sacar con mis letras todas esas frases que son y que siempre han sido sordas, esas experiencias que no sirven más, esas personas que nunca fueron, y esas decisiones que alguna vez me resintió tener que tomar.
Hoy me dispuse a volver a creer que me puedo comer el mundo a mordidas. Hoy le tomé sentido a la frase que Cristina me dijo por teléfono, esa de que abra los brazos al mundo, de que está ahí, esperando a que lo tome; esperando como esperé yo misma, para poder conquistarme.
Love, i can believe in. Change, i can believe in. Yo creo y con eso basta. Y es oficial, vuelvo a tener confianza, y lo voy a volver a decir a menudo: quiero comerme el mundo a mordidas.
