Will you still love me when I'm no longer young and beautiful? I think you will.
viernes, 21 de noviembre de 2014
Doce de madera mojada, a la que le ha nacido musgo color gris.
jueves, 28 de enero de 2010
Contigo como siempre
No importa de lo que hablemos, si son noticias, si son tus problemas, si son los míos, si es sobre la laringoscopía que te harán mañana, si es de mi trabajo, si es de mis planes a futuro. Siempre, a la hora de despedirnos, la mejor parte de la mañana, es cuando me subo al coche con tu aroma pegado a mi abrigo o a mi chamarra. Abro la portezuela del coche, lo enciendo, giro mi brazo izquierdo hacia atrás para alcanzar el cinturón de seguridad, y entonces lo siento. Y vas allí, conmigo, sentado a mi lado en el coche, aún cuando nos despedimos con la mano mientras manejamos en direcciones contrarias.
Tu deportivo azul siempre se ve más lindo estacionado junto a mi Volkswagen negro. Tu aroma huele mejor, cuando lo traigo impregnado por el abrazo que te acabo de dar. Hablamos mucho, nunca nos falta conversación. A veces estás cansado, a veces yo estoy harta y enojada, pero hablamos. Me haces bien.
Y ahora, con todo esto que viene, no sé cómo le voy a hacer para platicarte los planes que tengo. Confieso que temo romperte el corazón. Confieso que me da mucho miedo hacerte daño, aún cuando sé perfectamente lo que tengo que hacer; y aún cuando quizá no te haga daño, y termines entendiéndome como siempre lo haces.
Nunca imaginé, que me acostumbraría tanto a compartir las mañanas contigo.
Nunca imaginé, que al paso de los años nos hiciéramos amigos.
Nunca imaginé que me quisieras como me quieres.
Tienes la maravillosa capacidad de sorprenderme, de decirme lo que quiero oír pero que nadie me dice, que no espero que me digan, que algunas veces tampoco espero escuchar. Tienes la magia de hacerme reír con un sarcasmo, una mala cara o uno de esos chistes que se decían en los años sesenta. Tienes el corazón más grande de lo que imaginé.
Tienes las manos tan suavecitas, que cuando nos las tomamos, te es posible hacerme sentir que mi soledad se disuelve.
Cuando estoy contigo, no importa lo sola que me haya sentido la noche anterior, o todo el día. Cuando no me ves, dices que tu día no vale la pena, que el café no sabe igual, que las noticias no significan lo mismo. Cuando hablamos por teléfono, puedo olvidar lo que te iba a decir, puedo olvidar que afuera hay tristeza, o que burlamos muchos obstáculos para estar juntos casi media hora, todas las mañanas.
Lo que sigue es el día nueve. Luego, entonces, una cosa a la vez, y podré platicar contigo como siempre.
lunes, 14 de septiembre de 2009
La lluvia, otra vez (y tengo frío).
¿Qué va a pasar cuando no se tengan historias que escribir? ¿Cuando mi teclado no sea suficiente? ¿Cuando mi pluma fuente no quiera recargarse más en mi dedo medio, mientras el resto de mi mano le abraza todo el cuerpo?
¿Qué va a pasar si se me olvida el oficio completo? ¿Si dejan de venirme las ganas de crecer y de cambiar? ¿Qué va a pasar si me acostumbro a las cosas malas? ¿Si creo que todo está bien, si dejo de esforzarme por que las cosas pueden ser diferentes?
¿Qué va a pasar si las cosas no salen como es debido? ¿Si al revés, tengo que escribir por encargo todos estos años, no llega el chico que me quite el aliento y el perfume sigue siendo el mismo?
domingo, 13 de septiembre de 2009
Un perfume diferente
Su aroma me ha seguido no sólo las últimas horas, sino los últimos días, la última semana. En mis manos, el olor de sus manos ha encontrado un nuevo motivo, una nueva luz, un nuevo soporte.
Me gusta mucho que lo que diga lo cumpla, que viva conforme habla, que no haya medias tintas. Frente a él tuve que cancelarle a San Román, quien me llamó tres horas después de cuando se suponía que tendríamos una cita.
De unas semanas para acá, las citas con San Román ya no son citas, ya no son encuentros, ya no son amistades. Me da miedo esta sensación de que perdemos la chispa, fue lo que le respondí cuando dijo que me extrañaba, que no podía dejar de pensar en mi. La perdemos... ¡pum! La perdí.
Me gusta que los lugares que suelo frecuentar, junto a Mateo tomen otra perspectiva, otro aire, un perfume diferente. Nunca me había sentado en la mesita del fondo, en el café de todos los días. No había pedido ese sandwich gratinado, y hacía más de un año que no compartía un pan de chocolate. No sabía tampoco cómo era el frapuchino de grosella, ni cómo era ser los últimos en salir del lugar y mucho menos del brazo de un chico, que me cubre para que la lluvia no humedezca mi pelo, y que va despacio para que mis botas no se mojen con los charcos.
No sabía que podía haber un perfume diferente, y que éste se queda en mis manos, en mi gabardina color azul rey, en mis ojos y nariz, hasta al ratito en la noche cuando concilie el sueño, cuando entre mis cobijas mi cuerpo se enrosque en medio de la cama, y dicho perfume me acaricie la cara como Mateo lo hace, cuando le digo que es mi talismán.
miércoles, 9 de septiembre de 2009
Bajo el mando de Mercurio
Tengo la sensación de que su aroma me ha seguido todo el día, desde la noche de ayer. Y no me gusta no saber, si efectivamente es su aroma o algún perfume que está confundiendo mi nariz.
Muchos cumpleaños se festejaron en quince días, el último terminó el domingo pasado a las cuatro de la mañana. Desfilamos por el Mama Rumba en la colonia Roma, mi casa, el departamento de la chica, Zydeco de la Condesa, el insoportablemente kitsch barecito de la colonia Juárez, y cerramos con broche de oro en My Coffee Cup en Satélite. Esta vez sí tuvimos necesidad de circular del sur de la Ciudad, hasta Satélite.
En Mama Rumba las cosas sucedieron sin mayor novedad, salvo que un pisotón en la pista de baile me ocasionó un grave moretón en el pie izquierdo, lo que causará que se me caiga la uña del dedo gordo, sans commentaires. Llegamos re bien por Thiers hasta que se hizo Sevilla, y atravesando Insurgentes dimos vuelta a la derecha. Yo bailé toda la noche con un antropólogo con cara de oficinista, de pelo chino como el mío, y largo como el de la otra chica. Bailaba bien, no me puedo quejar, y la lluvia de las tres de la mañana nos intentó hacer pesado el resto de la noche.
Mis salones color piel quedaron color cemento. Cómo es divino que un par de zapatos me de tanta magia.
Las chicas se quedaron a dormir conmigo. Al día siguiente fuimos por barbacoa, y el día y la noche trascurrieron sin novedad pero con mucho ambiente, alrededor de la mesa de mi comedor. Bastaron unos tequilas derechos, como se deben tomar, y dos sixes de cerveza para convertir la comida en toda una fiesta. Y aprovechando que cumplí años, que la chica cumplía dos días después, que la otra cumplía el día 3 y así, seguimos brindando, y seguimos bailando.
Esa noche las sandalias altas de piel de pitón me sacaron una ampolla en diagonal, larga como de cuatro centímetros, justo en donde una tira de piel rozaba con el empeine de mi pie derecho. Sólo eso faltaba, porque ya el otro pie traía un enorme cardenal.
No he sido muy asidua a creer lo que los pronósticos del zodiaco nos deparan a cada uno de nosotros, sin embargo, de un tiempo a esta parte he comenzado a creer que los que nacimos bajo el mando de Mercurio tenemos un aire peculiar y también tenemos una manera particular de relacionarnos. Como un regalo del destino, desde hace un año he conocido a muchas personas que cumplen años en fechas muy cercanas a la mía, y he podido hacer una observación de la personalidad de quienes nacimos bajo este signo zodiacal.
El sábado en la noche, en el bar de la Condesa, conocí a Mateo. Tengo la sensación de que su aroma me ha acompañado todos estos días, todas estas horas. Ha sido una situación peculiar, porque a pesar de que tuvimos una química formidable desde que nos sentamos juntos en el mismo sofá, las famosas mariposas no han aparecido por mi panza, las chapitas no han iluminado mi cara, y los piropos no me hormiguean las manos. Ha sido distinto. Me he sentido bien, sin el arrebato pasional que hace que necesitemos estar con alguien.
Cada pareja de hermanos en su respectivo auto, volvimos por la ruta que escogió su hermano mientras llovía como llovió el sábado anterior; dimos un par de vueltas que mi hermana y yo hubiéramos evitado, pero resultó bien. De coche a coche persiguiéndonos y cantando a viva voz, ellos con canciones de amor y nosotras con Elvis Presley.
Al llegar al siguiente bar, donde acabaríamos la noche, nos cedieron el lugar de estacionamiento y ellos se fueron a buscar uno que quedó un tanto retirado. Nosotras nos alistamos y al bajarnos del coche, Mateo ya estaba esperándome junto a la portezuela de mi lado. Tan alto, con esa chamarra de cuero que me hizo sonreír, me ofreció el brazo y lo tomé, enfundado en mi abrigo de doble botonadura, y mi mano con mis guantes de piel bicolor. Caminamos hacia el lugar, y una vez más los tacones de 12 centímetros de mis botines negros me hicieron una buena jugada, me hicieron llegarle, por lo menos, unos centímetros arriba del hombro.
Ayer, que lo volví a ver y oficialmente tuvimos una cita, mis botas largas estilo cordobés delataron mi verdadera estatura. No está tan mal medir 1.60, me dijo. Te sienta bien porque tú mides casi 1.90, le contesté. Cuando me abraza el aroma se mezcla, las ramas de los árboles con todo y hojas dejan de moverse, mis 59 kilos y mi melena de leoncita entonan alegres, en la misma estampa que él.
El chico nació el 24 de agosto, algunos años antes que yo. No había conocido a un chico virgo tan agradable, tan elocuente como él. La cita de casi siete horas, pareció que duró sólo dos. El verano me regaló una de las mejores lluvias que han caído sobre mi pelo, del brazo suyo, enfundado en su chamarra de cuero y el mío en el abrigo de doble botonadura color negro.
Viene el fútbol, la Cineteca, el partido de rugby, la peli que queremos ver en el cine, la cita de la mañana del próximo sábado, los trámites que tengo que hacer yo. Las clases de francés, el entranamiento para la maratón, los viajes al Caribe, los cafés de prensa francesa. Vienen todas estas cosas que tenemos en común, que todavía no sé si tendrán parte, pero planearlas resulta divertido y prometedor y buena vibra.
Buena vibra que me tranquiliza, que me pone muy bien.
¿El destino se estará acordando de mi? ¿Habrá sabido que iríamos al mismo bar, acompañados de nuestros hermanos, a la misma hora, a ver el mismo partido de fútbol, que nosotros no queríamos ver pero nuestros hermanos sí? ¿Es aquí cuando se empieza a creer?
(Just remember please: fuck what others think, and do your own thing).
miércoles, 4 de marzo de 2009
Nunca más el néctar de la flor
Y así como cuando ví la foto del minúsculo pastel en mi mano hace algunos meses, así otra vez de golpe me vino el flash back completito y sin errores: me acordé de su coche gris, de su calle entre los ejes viales, de su pelo lacio, de mi pelo larguísimo casi a la cintura, de mis sandalias con tiras y plataforma color café, del Instituto de Investigaciones Sociales, de su viaje a Panamá, del Aeropuerto, del pésimo café, del reencuentro all night long, de la reconciliación, del perfume Armand Basi, de la navidad con mi hermana Maricarmen, de mis panties rosas con cristales en el trasero... Me acordé de él y de cuánto lo quise.
En otra circunstancia hubiera cogido el teléfono y hubiera marcado el 11076964 hecha una loca para escuchar su voz, pero haciendo caso a eso de no cometer dos veces el mismo error me contuve (no en vano su nombre es soltero tóxico). Al contrario, me volví a sentar frente al ordenador a terminar la buena charla sobre barritos en la espalda con mi lejano compañero, luego bajé a hacerme un café decaf y me puse a ver las noticias.
Desperté hace rato, pensando en los perfumes del pasado, en mi pareja de hace años y en las decisiones que tomamos que nos dan resultados años después. Algunas de esas decisiones han comenzado a dar frutos.
No se llama ni Armand Basi, ni Glow, ni Prada, ni Endless Love... se llamaba amor y no pudo traerlo de vuela, sólo el perfume y no más la esencia.
Mi memoria de Histérica histórica quiso olvidar, y Victoria's Secret me pasó factura.
martes, 30 de septiembre de 2008
Estos días me siento fuerte
Casi estoy segura de que el domingo pasado fue la primera vez que no vino a recordarme que me partieron el corazón. Tuvo mucho que ver el día anterior. Lo pasé muy bien, y aunque no hubo nuevos conocidos, tal pareció que la que hizo que la gente se viera diferente fui yo.
Hoy no tengo ganas de leer las "noticias de la semana". La academia puede esperar. Total, casi siempre son noticias sobre hallazgos antropológicos de nuestro pasado mesoamericano.
Mejor noticia fue la del hallazgo que hice yo. Los solteros comienzan a no ser tan tóxicos.
¡Pero si ya lo conocía desde hace dos años y medio!
Todo empezó -una vez más- en Ciudad Universitaria: hermoso lugar para una chica del norte, como yo. Y si, debió ser la edad o la formalidad... pero me llamó la atención. Vale recordar que el soltero tóxico #1 era mi pareja, y como dice Calamaro: "Cuando te conocí me dijiste que no ibas a cambiar, ibas a seguir siendo igual, ibas a seguir siendo igual". El pasado se pisó. Y de qué manera. Sin embargo, esa pequeña línea entre amigo amigo y amigo-pretendiente nunca la crucé. Quizá hasta ahora esté dando frutos.
Una vez más, el tránsito de la Ciudad hizo de las suyas. Nos encontramos en el Auditorio Nacional pasadas las quince horas. Te veías bien a pesar de que ahora usas la barba. Regresamos, una vez más, a Ciudad Universitaria y nada más fuimos a hablar de lo que hacía mucho no hablábamos: de ti, de mi, del amor, la compañía, la soledad y la vida en común. Luego fuimos a tu departamento. Todo se veía diferente. A pesar de que ya lo había visitado en algunas otras ocasiones, esta vez me pareció que estaba en otro espacio. Escuchamos música, tomamos jugos de frutas y todo olía diferente. Eso me pareció particularmente especial. Quizá fue el hecho de que tu hija estaba con su abuela (o eso creímos) lo que me hizo percibir un aroma distinto. Quizá fue la atracción.
Hubo una cosa que no cambió pero que hubiera dado cualquier cosa porque así fuera: la fotografía de Borges todavía está sobre tu cama, en el lugar donde debería haber una cabecera. Y lo peor del caso es que ahora la acompaña un póster del sagrado corazón de jesús. Vaya combinación. Qué manera de volverse católico de un día para otro. Qué ganas de quitarme las ganas. Esta vez sí lo confesé, y espero que hayas entendido lo mucho que puede intimidar a una mujer que diferentes personajes la miren mientras se quita la ropa.
No pasó lo que tenía que pasar -o lo que yo misma estaba temiendo que pasara-. Tuve miedo. Últimamente mucha gente me ha dicho que tengo una actitud muy fuerte y poco ordinaria; bueno pues esa gente debe saber que todavía hay cosas que me dan miedo. Todavía me causan ansiedad los besos de primera vez y los abrazos que abarcan más partes de mi cuerpo. Después de tantos años, creo que he perdido la costumbre de estar con un hombre que me lleva más años que el promedio. Ahora pienso que tal vez fue todo junto: el reencuentro, tu barba, mi cuerpo, otro aroma, el departamento...
Te vi los pies y tu me examinaste las manos. Estas manos que escriben, aman y también llaman por teléfono. Las mismas manos que ya no se acordaban que podían sentir vibraciones al tocar a otra persona. Mis manos que no tienen memoria.
El móvil no dejaba de sonar. El tuyo, el mío... es igual. También me sonaba el corazón, pero en lugar de sonar en pedazos, comenzó a sonar diferente. Entonces pude respirar al fin. Los ciclos se cierran, la ropa se tira, los zapatos se regalan (o se mandan a reparar para que parezcan nuevos) y las medias se ponen a secar.
De noche piel de hada, a plena luz del día Cruella De Vil.
Tu madre iba a llegar. A punto estuviste de que te encontrara como no debía. Tu departamento dejó de ser tuyo (no volverá a ser nuestro).
La Ciudad todavía tenía sorpresas preparadas. Recorrimos grandes distancias en coche, de noche, de la mano. Nuestros amigos ya nos estaban esperando. Olíamos diferente, quizá a niños que no quieren hacerse adolescentes. Bailamos y me sentí princesa. Hacía mucho tiempo que no podía ser Mariposa de noche, ahora lo logré, esa noche lo lograste. Mi sonrisa te iluminó, tus abrazos me dieron alas; y a pesar de haber dejado la gabardina en la silla y de traer minifalda, no tuve frío. Te preocupaste, me abrazaste otra vez.
Mis manos a veces pierden la memoria, pero la historia no me olvida. Esta vez sí tomé el papel de historiadora y ya sabía, que el lejano futuro entre nosotros dos, terminaría en una noche de Ciudad callada. El pasado tan real que vivimos me dio muchas pistas. Yo no iba a cambiar, tu tampoco. A ti te gustan las chicas de mi edad y a mi me gustas tu. Lo que no puedo recordar es el breve presente que hoy lo registro como pasado. Aunque no haya querido, el pasado se pisó una vez más.
Llegué a mi casa muchas horas después. Hoy sé que me dio terror el beso de despedida. Mañana querré saber si eso te importó y si viajaremos el año que entra.
viernes, 29 de agosto de 2008
Cumpleaños feliz
Feliz cumpleaños Mariposa Tecknicolor.
Histérica histórica habla con su pie.
Finalmente decidió organizar una fiesta y mandar a hacer un pastel de barquillos de merengue.
Histérica histórica cocinará como si nada hubiera ocurrido. Compartirá como lo hizo años después.
Tengo un vestido muy lindo. (Me falta un amor pero no me importa porque ahora sí tengo motivos para estrenarlo).
Bienvenido cuarto de siglo.