Hubo una época en la que nada, pero nada se me olvidaba. Tenía una memoria increíble. Guardaba fechas, recuerdos, imágenes, acontecimientos completos, detalles sin importancia y otros muy importantes, personas, y datos, muchísimos datos. Ese tiempo ya no es el de hoy. De unos meses para acá, todo ha cambiado mucho.
A pesar de la pérdida de memoria de corto plazo –y de largo plazo también- que he padecido, recordarte o ver alguna fotografía de cuando estuvimos juntos me hace de inmediato recrear un sinfín de fechas y de días como lo hacía antes.
Acordarme de ti o de las cosas que hacías me permite crear un puente que me lleva a la otra orilla de mi laguna mental. Sin afán de convertirme un una sicópata que no se desprende de su pasado (una amiga muy querida les llama a esas personas psyco killers) , tengo que agradecerte que todavía te hagas presente. La última vez que lo intenté no podía regresar en los recuerdos. De pronto, me encontré, por casualidad, la foto en la que sostengo un minúsculo pastel en mi mano y ¡pum! todo el flashback lo tuve completito y sin errores. Recordé qué traías puesto. Recordé tu coche, las palabras, el lugar, la arrachera marinada término medio, mi subway de carnes frías, tus regalos, el disco de Andrés Calamaro, mi regreso de Tehuantepec. Tu coche otra vez, mi casa, tus ojos, la herida de la ceja izquierda, mi remordimiento por no acompañarte, mi madre, la conversación y tu despedida. Siempre te ibas. Siempre te despedías. Una vez, ya no regresaste.
En mi cabeza, afortunadamente haces tus apariciones. Me gusta y me caes bien. A pesar de no poder verte y de no saber cómo estás, sé que todo marcha sobre ruedas. Yo, como tu, ya soy una niña grande. Ya no necesito tenerte de profesor. Después me di cuenta de que fuiste tu quien me puso en onda, en órbita, y fuiste tu quien me tiró un cable a tierra. También fuiste tu quien por mi memoria casi enfermiza, me llamó Histérica histórica.
Hoy estoy decidida a volver a ser esa Histérica histórica que alguna vez fui. Estoy dispuesta a guardar en mi memoria un sinfín de cosas que en un futuro me puedan servir.
Mi trabajo requiere de mi memoria excepcional. Mi trabajo me ha llegado a exprimir la cabeza (y la conciencia) en varias ocasiones. A veces también he pensado que es por eso que me he cansado y la he sobrecalentado, la he hecho trabajar demás y a marchas forzadas. Creo que está cansada. Creo que tantas cosas pesaron mucho. No me importa. Volveré a ser esa Histérica histórica aunque por eso llegue a parecer una psyco killer.
Estoy dispuesta a correr el riesgo.
A pesar de la pérdida de memoria de corto plazo –y de largo plazo también- que he padecido, recordarte o ver alguna fotografía de cuando estuvimos juntos me hace de inmediato recrear un sinfín de fechas y de días como lo hacía antes.
Acordarme de ti o de las cosas que hacías me permite crear un puente que me lleva a la otra orilla de mi laguna mental. Sin afán de convertirme un una sicópata que no se desprende de su pasado (una amiga muy querida les llama a esas personas psyco killers) , tengo que agradecerte que todavía te hagas presente. La última vez que lo intenté no podía regresar en los recuerdos. De pronto, me encontré, por casualidad, la foto en la que sostengo un minúsculo pastel en mi mano y ¡pum! todo el flashback lo tuve completito y sin errores. Recordé qué traías puesto. Recordé tu coche, las palabras, el lugar, la arrachera marinada término medio, mi subway de carnes frías, tus regalos, el disco de Andrés Calamaro, mi regreso de Tehuantepec. Tu coche otra vez, mi casa, tus ojos, la herida de la ceja izquierda, mi remordimiento por no acompañarte, mi madre, la conversación y tu despedida. Siempre te ibas. Siempre te despedías. Una vez, ya no regresaste.
En mi cabeza, afortunadamente haces tus apariciones. Me gusta y me caes bien. A pesar de no poder verte y de no saber cómo estás, sé que todo marcha sobre ruedas. Yo, como tu, ya soy una niña grande. Ya no necesito tenerte de profesor. Después me di cuenta de que fuiste tu quien me puso en onda, en órbita, y fuiste tu quien me tiró un cable a tierra. También fuiste tu quien por mi memoria casi enfermiza, me llamó Histérica histórica.
Hoy estoy decidida a volver a ser esa Histérica histórica que alguna vez fui. Estoy dispuesta a guardar en mi memoria un sinfín de cosas que en un futuro me puedan servir.
Mi trabajo requiere de mi memoria excepcional. Mi trabajo me ha llegado a exprimir la cabeza (y la conciencia) en varias ocasiones. A veces también he pensado que es por eso que me he cansado y la he sobrecalentado, la he hecho trabajar demás y a marchas forzadas. Creo que está cansada. Creo que tantas cosas pesaron mucho. No me importa. Volveré a ser esa Histérica histórica aunque por eso llegue a parecer una psyco killer.
Estoy dispuesta a correr el riesgo.
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