miércoles, 6 de agosto de 2008

Quiero vivir una peli de terror

...así tal vez sería normal tener insomnio para siempre.
Ya comencé a fumar como antes, ayer me dijeron que traía ojeras muy marcadas. Hoy desperté temprano, después de tomarme un té con leche caliente me volví a acostar y comencé a soñar despierta. Sin darme cuenta me quedé dormida y me dieron las tres de la tarde. Otra vez me dieron las tres. Ahora ya es otro día y sigo soñando despierta.
Las sensaciones son increíbles. Las siento subir por los dedos de las manos. Mis manos. Benditas manos. Escriben, enamoran, aman. Transmiten y también llaman por teléfono. A veces se sienten mal. Duelen y hormiguean. Se quejan ellas también.
No he podido llorar, pero ahora sí me empiezo a acordar de él y pienso qué estará haciendo. Qué será de él. Eso me da miedo. No tengo por qué hacerlo. No debo, más bien.
Tampoco tengo por qué estar ilusionada por un tipo al que sólo conozco a través de una fotografía, un vídeo de youtube y una llamada telefónica. Es verdad que es encantador, y más encantador resulta cuando yo le parezco encantadora. Es en estos casos cuando la tecnología viene a ser un minus o un plus en las relaciones humanas. No todo es teléfono y ordenador. La maldita (o bendita) tecnología lo viene a hacer todo circunstancial o frío. Yo que tanto me quejé de que tenías el corazón en la hielera y mírame ahora, esperando un e-mail o un mensaje de celular. Ah y también me estoy convirtiendo en una experta en los malditos buzones de voz. Esas maquinitas en las que hablo y verdaderamente no sé qué decir porque no sé siquiera si me va a escuchar él o cualquier otra persona. Al final, pierdo el miedo y me tiembla la voz, hablo como si él estuviera ahí pero no quisiera responder. No estoy segura de que no pueda responder, así que todo se tuerce. No hay conversación sin interlocutor. (Espero que ahora alguien me lea, porque si no estaría frita).
Antier me preguntaste a quien buscaba. No quise contestarte que te busqué a ti. Te dije que buscaba a cualquiera, a cualquiera para estar. Pero fue mentira. La verdad es que a ti te busqué por mucho tiempo pero cansada de no encontrarte, desistí. Hoy busco al chico de la cámara. Un chico que parece que es muy importante. Yo no sé si es importante pero sí me consta que es interesante. No se me hará verlo frente a frente ni una vez. El viernes creí verlo en la televisión. Su nombre ha aparecido en varios periódicos. En el vídeo se muestra muy desenvuelto y seguro. Con todo eso, las cosas que me dijo fueron muy sinceras y muy personales. Es otro hombre que no aparecerá por aquí.
Según el noticiario, lo que pasó fue muy importante y el difuntito no era cualquier hijo de vecino. Según mis inferencias, él debió asistir a los homenajes, por eso creí verlo en la televisión. (Por cierto que se veía bien). Y ahora resulta que a ese tipo de personas sólo se les ve a través de los medios de comunicación. Que desconsuelo.
¿Qué pasa cuando se quiere que las cosas tengan un motivo y entonces no funcionan? ¿Qué pasa cuando quiero un vestido pero también quiero tener un motivo para comprarlo? ¡Quiero que me sobren los motivos!
Ahora pasa que no puedo dormir. Ahora pasa que tengo las entregas encima y que el red bull nunca es suficiente. Las horas no alcanzan y todavía me faltan tres. Pasa que me veo más flaca. Pasa que me despierto a las tres o que de plano no consigo dormir. También sucede que pienso en tres al mismo tiempo: en el que me dejó, en el que se va pero sigue presente y en el que quiero que esté conmigo. La construcción del conocimiento me está volviendo loca. Tres versiones, tres escritos, tres interpretaciones. Menos mal que no son seis.
Tal vez sea que la peli ya comenzó, y yo todavía no me doy cuenta.

No hay comentarios: