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lunes, 6 de diciembre de 2010

Circuito Interior, Flores Magón y el coche azul.

En esta deslumbrante y soleada ciudad, llena de gente, llena de coches, llena de obras viales que no nos consta que vayan a funcionar, pocas veces se encuentran gestos de gentileza; o peor aún, pocas veces se encuentran cuando en medio de un congestionamiento terrible, los cláxons suenan al mismo tiempo, peleando por ganar cinco centímetros más de espacio.

Salí de casa de los ojos verdes en la mañana, era jueves, y como siempre, se me estaba haciendo tarde para llegar al primer seminario del día. Tomé Flores Magón rumbo a Eje 2 Norte Eulalia Guzmán, y por fin di vuelta a la izquierda en el Circuito Interior.

Ahí uno hace malabares, y un poco de magia, para poder incorporarse a carriles centrales, pero esta mañana, de marchas de protesta, de ipod cantando en mi oído izquierdo, de llamadas por el móvil que a veces ya no puedo responder, todo comenzó a complicarse un poquito más. De hecho es una vueltota la que se tiene que dar, para entroncar nuevamente en Flores Magón, la misma avenida de la que salí en la mañana, pero donde inicia, en sentido opuesto.

Así que justo cuando en la lateral del Circuito me estaba peleando mis cinco centímetros para no obstruir un paso de autos, cuando el semáforo se puso en rojo en el entronque (¡por fin!) con Flores Magón, los autos comenzaron a esquivarme con todo y refrescadas de madre y lo que ustedes se puedan imaginar, una mujer que manejaba un Jetta color azul marino, con placas del Distrito Federal 369MJS, se hizo para atrás, y con sus luces altas me hizo señas para que la siguiera en reversa, todo por ganar unos cuantos centímetros.

La mujer, insistentemente avanzó en reversa lo más que pudo, para que yo en mi Hans protector la siguiera, hasta dejar libre el paso. Me hizo la seña de pulgar hacia arriba. Dejé libre el paso el resto del tiempo en que el semáforo estuvo en rojo. Después, cuando fue nuestro turno de avanzar, ella, más hábil que yo, se adelantó entre los autos y la perdí de vista.

En la siguiente entrada a carriles centrales, como pude me metí. Les sonreí, chiflé y les aplaudí a las sobrecargos de Mexicana de Aviación que hacían protesta en los puentes peatonales. Los ojos verdes me llamaron por teléfono un par de veces más. Seguí el camino por Circuito Interior.

Luego de Calle 10 todo se mejora. La circulación va como siempre debe ir, fluida y constante. Metí cuarta como si Hans fuera un auto de carreras. Me quité el ipod. Sonreí. Llegué al seminario en punto, justo cuando el ponente comenzaba a charlar.

Más tarde, cuando todo el morning rush había pasado, me acordé de la mujer del coche azul. Y yo, siempre tan solidaria con mi género, pero pocas veces correspondida por mi mismo género, me puse feliz de acordarme que una chica en un coche azul, me ayudó en medio del pinche tránsito de esta histérica ciudad.

lunes, 1 de febrero de 2010

Tan inalcanzable.

Y empieza la lucha por encontrarlo, por dar con él. Ahora no es tan sencillo como fue la primera vez. No siempre se corre con la misma suerte, pero ahora tengo herramientas que hace dos años no tuve. De entrada, San Antonio está otra vez de cabeza, ya prendí el cirio pascual, y a las trece horas de mañana ya me verás rezando el angelus o algo por el estilo. Y ni sé por qué digo que a las trece, me cae que desde tempranito voy a empezar a hacer labor de fe.

Ahora, de ese tiempo a esta parte, he aprendido que hay que valerse por todos los medios posibles para dar con una persona que representa a una institución, frente a la tribuna del pueblo. Y de verdad que a veces no sé ni cómo le hice, para dar con él la primera vez. Una cosa es que me hayan recomendado, que haya hecho la lucha por tener una cita con él, pero otra muy diferente, es que haya aceptado recibirme y que yo trabajara con él. Hice muy bien el trabajo de que se enamorara de mi investigación, ojalá pudiera ser tan fácil -o bajo una circunstancia similar-, hacer que un chico se enamorara de mi.

Como sea, lo perdí de vista. Perdí el contacto. La investigación ya terminó. Ahora él está en una dependencia que es inalcanzable, que no es para los mortales como yo, para los apolíticos, para los "sin tendencia". Y aún así -lo escribo bien clarito-, estoy segura de que voy a dar con él. Verás que si.

Tengo fe, y el 2010 se está llenando de sorpresas.

domingo, 13 de septiembre de 2009

Un perfume diferente

No me gusta utilizar la palabra supongo tan a menudo.

Su aroma me ha seguido no sólo las últimas horas, sino los últimos días, la última semana. En mis manos, el olor de sus manos ha encontrado un nuevo motivo, una nueva luz, un nuevo soporte.

Me gusta mucho que lo que diga lo cumpla, que viva conforme habla, que no haya medias tintas. Frente a él tuve que cancelarle a San Román, quien me llamó tres horas después de cuando se suponía que tendríamos una cita.

De unas semanas para acá, las citas con San Román ya no son citas, ya no son encuentros, ya no son amistades. Me da miedo esta sensación de que perdemos la chispa, fue lo que le respondí cuando dijo que me extrañaba, que no podía dejar de pensar en mi. La perdemos... ¡pum! La perdí.

Me gusta que los lugares que suelo frecuentar, junto a Mateo tomen otra perspectiva, otro aire, un perfume diferente. Nunca me había sentado en la mesita del fondo, en el café de todos los días. No había pedido ese sandwich gratinado, y hacía más de un año que no compartía un pan de chocolate. No sabía tampoco cómo era el frapuchino de grosella, ni cómo era ser los últimos en salir del lugar y mucho menos del brazo de un chico, que me cubre para que la lluvia no humedezca mi pelo, y que va despacio para que mis botas no se mojen con los charcos.

No sabía que podía haber un perfume diferente, y que éste se queda en mis manos, en mi gabardina color azul rey, en mis ojos y nariz, hasta al ratito en la noche cuando concilie el sueño, cuando entre mis cobijas mi cuerpo se enrosque en medio de la cama, y dicho perfume me acaricie la cara como Mateo lo hace, cuando le digo que es mi talismán.

lunes, 8 de diciembre de 2008

Tercer encuentro (y despedida)

Y nada. Y todo. Que yo estaba comiendo comida china cuando el último mensaje llegó al móvil: "quiero verte". Ok, ok, yo también quiero ver a muchas personas, pero no por eso mando mensajes pidiendo compañía de la nada... En fin. Desde la madrugada del domingo que comenzó a buscarme, pero como yo estoy en una etapa de escepticismo, omití todo mensaje que trajera su remitente.

Dos días después, cuando éstos no cesaron, le respondí: "seguramente necesitas quien te lave las zapatillas. Avísame cuando puedes invitarme a comer." Tan tan. Al tercer día, el último mensaje llegó y, luego de pensarlo un rato, le devolví la llamada. Total que nos vimos a las seis en el Sheraton Ma. Isabel de Paseo de la Reforma. No sé por qué ya no tiene departamento y por qué vive en un hotel; y francamente no me interesó preguntar.

Se portó diferente, distinto a los dos encuentros anteriores. Lo esperé un rato en el lobby y luego me fui al Sanborn's de la esquina. Ahí me probé todos los relojes de pulso DKNY y lloré por no poderlos comprar de un jalón, en fin, no todo se puede en esta vida. Luego, llegó. Wow: altísimo con los ojos más verdes que nunca. Usa el pelo lacio, ya no como antes, y trae diferente la barba. Guapo de a deveras y hueco de a deveras también. No sabía a donde llevarme (mejor que no fue a su habitación), así que yo lo llevé al Starcoffee que mucho tiempo frecuenté años atrás. Comimos y platicamos mucho mucho. Por vez primera me contó de su familia y de su trabajo, y me hizo muchas preguntas. Quiso saberlo todo y también, me quiso contar todo. Tiene un hijo y no soporta más estar fuera de su país, sin verlo y sin su familia... Me quería ver antes de irse porque me extrañó. Me dijo que sólo en mi pudo confiar mientras estuvo en la Ciudad.
Y yo que creí que había perdido el garbo, ahora resulta que soy irresistible e inolvidable.

Debí saberlo.
Al día siguiente abandonó la Ciudad. Me dejó el segundo minúsculo pastel de mi vida junto a mi bolso de mano y la plata para regresar a mi casa. Odio las despedidas y ahora me arrepiendo de no haber tenido una despedida común y corriente: de esas en las que los amantes se besan apasionadamente porque no saben cuándo se volverán a ver. Hubiera querido abrazarlo mucho mucho y tocarle el pelo lacio, sentir su rostro lampiño junto al mío y olerlo por horas hasta que se hiciera de noche.
Ojalá pudiera deshacerme de esta apatía que tengo para las relaciones amorosas. Es irónico: soy una persona muy optimista para asuntos del corazón, todavía creo en el amor, lo creo... pero me da mucho miedo.

Adiós.
Hoy extraño a mi argentino que sólo sabe hablar de depilación láser. Me vale. Extraño su vocecita y sus palabras mal escritas.
Hoy quiero volver a creer y volver a sentir. Quiero que se me quite el miedo.

jueves, 4 de diciembre de 2008

Galletita de la Fortuna

Tu corazón siempre se va a conocer a través de tus palabras.

Así lo leí del papelito que venía dentro de mi galletita de la suerte. Me dio mucha emoción. No hubiera podido leer palabras más atinadas en ese momento. Por cierto, mis números de la suerte son: 4, 7, 20, 45, 52, 54.

Risas.

martes, 30 de septiembre de 2008

Estos días me siento fuerte

Tanto, que he decidido ponerme a pensar en cosas difíciles sin sentir el riesgo de sentirme un hoyo en el pecho.

Casi estoy segura de que el domingo pasado fue la primera vez que no vino a recordarme que me partieron el corazón. Tuvo mucho que ver el día anterior. Lo pasé muy bien, y aunque no hubo nuevos conocidos, tal pareció que la que hizo que la gente se viera diferente fui yo.
He venido buscando los reencuentros sean como sean. Se me han comenzado a conceder y me he sentido bien.

Hoy no tengo ganas de leer las "noticias de la semana". La academia puede esperar. Total, casi siempre son noticias sobre hallazgos antropológicos de nuestro pasado mesoamericano.
Mejor noticia fue la del hallazgo que hice yo. Los solteros comienzan a no ser tan tóxicos.

¡Pero si ya lo conocía desde hace dos años y medio!
Todo empezó -una vez más- en Ciudad Universitaria: hermoso lugar para una chica del norte, como yo. Y si, debió ser la edad o la formalidad... pero me llamó la atención. Vale recordar que el soltero tóxico #1 era mi pareja, y como dice Calamaro: "Cuando te conocí me dijiste que no ibas a cambiar, ibas a seguir siendo igual, ibas a seguir siendo igual". El pasado se pisó. Y de qué manera. Sin embargo, esa pequeña línea entre amigo amigo y amigo-pretendiente nunca la crucé. Quizá hasta ahora esté dando frutos.

Una vez más, el tránsito de la Ciudad hizo de las suyas. Nos encontramos en el Auditorio Nacional pasadas las quince horas. Te veías bien a pesar de que ahora usas la barba. Regresamos, una vez más, a Ciudad Universitaria y nada más fuimos a hablar de lo que hacía mucho no hablábamos: de ti, de mi, del amor, la compañía, la soledad y la vida en común. Luego fuimos a tu departamento. Todo se veía diferente. A pesar de que ya lo había visitado en algunas otras ocasiones, esta vez me pareció que estaba en otro espacio. Escuchamos música, tomamos jugos de frutas y todo olía diferente. Eso me pareció particularmente especial. Quizá fue el hecho de que tu hija estaba con su abuela (o eso creímos) lo que me hizo percibir un aroma distinto. Quizá fue la atracción.
Hubo una cosa que no cambió pero que hubiera dado cualquier cosa porque así fuera: la fotografía de Borges todavía está sobre tu cama, en el lugar donde debería haber una cabecera. Y lo peor del caso es que ahora la acompaña un póster del sagrado corazón de jesús. Vaya combinación. Qué manera de volverse católico de un día para otro. Qué ganas de quitarme las ganas. Esta vez sí lo confesé, y espero que hayas entendido lo mucho que puede intimidar a una mujer que diferentes personajes la miren mientras se quita la ropa.

No pasó lo que tenía que pasar -o lo que yo misma estaba temiendo que pasara-. Tuve miedo. Últimamente mucha gente me ha dicho que tengo una actitud muy fuerte y poco ordinaria; bueno pues esa gente debe saber que todavía hay cosas que me dan miedo. Todavía me causan ansiedad los besos de primera vez y los abrazos que abarcan más partes de mi cuerpo. Después de tantos años, creo que he perdido la costumbre de estar con un hombre que me lleva más años que el promedio. Ahora pienso que tal vez fue todo junto: el reencuentro, tu barba, mi cuerpo, otro aroma, el departamento...

Te vi los pies y tu me examinaste las manos. Estas manos que escriben, aman y también llaman por teléfono. Las mismas manos que ya no se acordaban que podían sentir vibraciones al tocar a otra persona. Mis manos que no tienen memoria.

El móvil no dejaba de sonar. El tuyo, el mío... es igual. También me sonaba el corazón, pero en lugar de sonar en pedazos, comenzó a sonar diferente. Entonces pude respirar al fin. Los ciclos se cierran, la ropa se tira, los zapatos se regalan (o se mandan a reparar para que parezcan nuevos) y las medias se ponen a secar.

De noche piel de hada, a plena luz del día Cruella De Vil.
Tu madre iba a llegar. A punto estuviste de que te encontrara como no debía. Tu departamento dejó de ser tuyo (no volverá a ser nuestro).
La Ciudad todavía tenía sorpresas preparadas. Recorrimos grandes distancias en coche, de noche, de la mano. Nuestros amigos ya nos estaban esperando. Olíamos diferente, quizá a niños que no quieren hacerse adolescentes. Bailamos y me sentí princesa. Hacía mucho tiempo que no podía ser Mariposa de noche, ahora lo logré, esa noche lo lograste. Mi sonrisa te iluminó, tus abrazos me dieron alas; y a pesar de haber dejado la gabardina en la silla y de traer minifalda, no tuve frío. Te preocupaste, me abrazaste otra vez.

Mis manos a veces pierden la memoria, pero la historia no me olvida. Esta vez sí tomé el papel de historiadora y ya sabía, que el lejano futuro entre nosotros dos, terminaría en una noche de Ciudad callada. El pasado tan real que vivimos me dio muchas pistas. Yo no iba a cambiar, tu tampoco. A ti te gustan las chicas de mi edad y a mi me gustas tu. Lo que no puedo recordar es el breve presente que hoy lo registro como pasado. Aunque no haya querido, el pasado se pisó una vez más.

Llegué a mi casa muchas horas después. Hoy sé que me dio terror el beso de despedida. Mañana querré saber si eso te importó y si viajaremos el año que entra.

Fuimos dos en la ciudad. Gracias por llevarme de noche.

domingo, 21 de septiembre de 2008

Un domingo más, un domingo menos

...en el que he decidido dejar de tirarme para que me levanten. Hoy me enteré de muchas cosas que siguieron en las sombras por algunos meses. Por su boca muere y mata el pez. El que busca, encuentra. Y yo encontré, ahora debo aceptar que estoy muriendo por la boca de otro.

Cuando todo terminó, el sabor que me quedó en la boca fue de decepción y de que había perdido. Hoy, retomé el tema en mi cabeza y otra vez me llegó la decepción, la incertidumbre y la nostalgia. Nada es lo que parece. Quizá debí comenzar el ranking de solteros tóxicos con su nombre. Ah, pero ahora se me ocurre que tal vez su ranking debiera ser "caballero-soytóxico y no lo puedo disimular". Risas. No hay nada más que hacer.
En vez de que me dé mucho coraje mi pasado, le he comenzado a sacar provecho a la situación y a lo -poco o mucho- que gané. Y puedo comenzar: mi biblioteca personal se hizo enorme, gané una amiga (y un arma contra él) para toda la vida, viajé mucho, comí delicioso, me bebí todo el tinto del mundo, comí todas las fiambres del continente, fui al cine hasta dos veces al día, escuché las temporadas completas de la OFUNAM en la Sala Nezahualcóyotl, conocí los lugares más lindos de mi Ciudad, estuve repleta flores, de joyas, de perfumes, de detalles. Fui Maja por tres años, la Luna también y la mujer más feliz de México. Aún así, el maltrato siempre imperaba en la conversación. Aprendí a ser feliz a medias, me daba mucho miedo volverme conformista. Espero que no haya sido así.
No siempre el oro brilló. Yo también tuve mi dark side. Paralelo a mi efímera felicidad, no me privé de las compañías que me hicieron sonreír dos veces. La entrañable amistad que tuve con el Rey Sol nunca la pude terminar, y por muchos meses me fui a refugiar a su departamento y a su cabeza, con su gato, en sus brazos. Otro tipo de flores adornaban mi mesa de trabajo y, sobre todo, el excesivo respeto, cariño y cuidado que me tuvo este hombre, me hacían ver radiante. Tiene unos modales tan exquisitos, que hasta los días después de las discusiones me llamaba por teléfono para saber cómo había dormido (ahora imagínense los días después del amor). No hacían falta las joyas, los perfumes y los detalles. Cuando esto sucedía, el cielo se abría e irradiabamos felicidad y complicidad. Luego podía venir el eclipse. (Sigo sonriendo cuando lo recuerdo).
San Román vino a salvarme de que me rapara la cabeza. El estrés que me producía mi trabajo en esos meses, hacían de mi un monstruo. Con él me refugié de la mentira que vivía con el primero. Rey Sol se fue. San Román se convirtió en mi confidente. Entonces bebí litros de café y me metí a hurtadillas al cine. He pasado días enteros en carcajadas.
Y bueno, que creo que no debo hablar ya de las furtivas salidas a comer, a cenar o a tomar una copa cuando se iba de viaje. De las breves compañías que tuve cuando me sentía muy sola. Las escapadas, las mentiras y las carcajadas. Benditas fotografías, me hacen recordar que yo también me esforzaba por ser feliz.

No estuvo tan mal. Después de tener el corazón roto por mucho tiempo, he podido hacer un balance. Confieso que me ha costado mucho trabajo confesar. Yo también jugué mis cartas y cambié de partenaire varias veces.
Ahora como ustedes saben, la vida y la Ciudad me han regalado bellísimas historias de casualidad. Los encuentros se han hecho presentes y me han hecho muy feliz. He entendido que las cosas suceden por una razón y que no todo es para siempre.
La velocidad con la que vivo ahora, me hace vivir varios géneros al día: el drama y el terror son los que generalmente imperan. Hoy, el domingo, me sirvió para aprender que los balances son buenos. No siempre tendré la compañía que solía tener, pero muchas nuevas personas y muy agradables han llegado a mi lado.

Creo que no estuvo tan mal -insisto-. Finalmente yo no perdí el estilo (he perdido muchas cosas, pero el estilo jamás), el que lo perdió fue él. Del millón y medio de maneras que existen para decir las cosas, él sólo se sabe las peores. Eso sí es una peli de terror.


Feliz -y optimista- inicio de semana.

martes, 2 de septiembre de 2008

Buena suerte y hasta luego

Ella dijo que tuvo problemas y le dije que esté preparada para mucho menos
ella quiso saberlo todo de mi, pero no hubo palabras...
Dijo que era mala, que no arriesgue ese momento junto a ella
que era lo mejor olvidar todo, por un tiempo.

Ese manicomio estaba lleno de problemas de frontera
se hizo de día y los varones lentamente caminan.
Dicen que todo se sabe pero tal vez no quieras saberlo
Era lo mejor olvidar todo, por un tiempo.

Ella dijo "que te vaya bien", y le dije "buena suerte y hasta luego"
y nunca mas la volveré a ver, o tal vez sea en algún tiempo.
Yo pensaba que estaba todo bien, que seria sin problemas como un juego
y nunca más la volveré a ver, o tal vez sea en algún tiempo.

Dicen que todo se sabe, pero tal vez no quieras saberlo
que era lo mejor olvidar todo, como si no hubiera sido.
Y ella dijo "que te vaya bien", y le dije "buena suerte y hasta luego"
y nunca mas la volveré a ver, o tal vez sea en algún tiempo.

Yo pensaba que estaba todo bien, que seria sin problemas como un juego
y nunca más la volveré a ver, o tal vez sea en algún tiempo.

Andrés Calamaro






Que linda canción. Que cierta. Gracias Andrés.