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martes, 25 de abril de 2017

Doce meses de vida, doce meses de felicidad.


Se dice que la vida cambia radicalmente cuando nos convertimos en padres, y es verdad. Lo que nunca se advierte es de qué forma la vida va a cambiar. En nuestro caso, el nacimiento de nuestro hijo nos colmó de alegría frente a la adversidad de la enfermedad terminal del papá de mi pareja, y nuestro hogar se inundó del sentimiento de haber vivido la experiencia más sobrecogedora de nuestras vidas. Días después experimenté un profundo dolor físico y emocional, que los médicos adjudicaron al descenso hormonal en mi sistema; y al paso de los días a mi pareja a mi nos llegó un fuerte cansancio que se alargó por varios meses. Mientras eso sucedía, vimos a nuestro hijo crecer, mi pareja vio a su padre morir; y cuando creíamos que todo el maremágnum que significa el nacimiento de un primogénito había pasado, al cumplir tres meses de edad nuestro hijo enfermó de gravedad.

Hay cosas que no recuerdo bien, estuvimos atentos a los procesos médicos en los hospitales en los que el bebé estuvo internado, tuvimos que hacer muchos trámites burocráticos porque tuvimos la fortuna de ingresar a una institución de tercer nivel de la Secretaría de Salud, y no recuerdo con certeza cuántos días pasé sin dormir velando por mi bebé en la sala del hospital, mientras mi pareja iba y venía a casa para descansar un poco y poder irse a trabajar. Fueron momentos muy difíciles que desearía que nadie viviera jamás, y sin embargo fueron también momentos de plena felicidad y de reflexión acerca de haberme convertido en madre.

De ese tiempo a esta parte han pasado nueve meses, el bebé se convirtió en niño y lo declararon completamente sano. Durante este tiempo, mi pareja y yo hemos tenido la oportunidad de compartir nuestra experiencia, y sobre todo, hemos comprendido que a pesar de los tiempos tan difíciles que vivimos cuando el bebé nació, hemos sido completamente felices. Durante los procesos hospitalarios conocimos a familias que pasaban por situaciones aun más complejas que la nuestra, y a pesar de ello nos enseñaron que todo estaba bien y que la felicidad se cuenta más allá de las circunstancias que la vida nos pone enfrente.

Mi hijo ha cumplido un año ya. Con todo lo bueno y a pesar de todo lo malo, yo he cumplido doce meses de vivir en plena felicidad.

miércoles, 20 de junio de 2012

Con fecha de caducidad.


Es como estar jugando a brincar la cuerda en la orilla del precipicio.
Tarde o temprano me voy a caer hacia el vacío.

¿Qué es el amor? Nadie está seguro de eso.
Y aquí vengo yo, a enamorarme hombre que tiene un encanto maravilloso, que me ha hecho entenderme a mi misma como nunca imaginé. Y todo está en nuestra contra: los estados civiles, los estados políticos, las fronteras geográficas, las delimitaciones religiosas e ideológicas… y aun así esto sucedió.

Destino, ahora realmente no creo en el destino. Mírame, me senté a tomar una copa de tinto en ese restaurante que se encuentra sobre un puente, y me encontró, literalmente el chico me encontró. Como dice la canción de Fito Páez, él no buscaba a nadie y me vio, buscando margaritas del mantel… Y toda una historia ha venido detrás de nosotros. Hemos dejado maravillosos recuerdos en cada una de las ciudades en las que hemos estado; hemos aprendido más en 25 días que en años de estar viviendo en las grandes capitales del mundo.

Y así, como si nada, se fue a un país del cono sur. Y yo, con todo y mis recuerdos, me quedé en la Ciudad de México, a donde pertenezco.

De pronto me veo envuelta en papeles viejos de 75 años de antigüedad, en periódicos que casi ni siquiera se pueden leer. Me veo metida en textos que tengo que terminar de escribir, pero que no quiero. Me veo metida en unos jeans talla 5, sin saber que bajé 3 tallas. Me veo frente a este espejo, escribiendo en el teclado como si me pagaran por ello… bueno, de hecho me pagan por ello; escribiendo en el teclado con todo el ánimo del mundo, por primera vez sé como acaba la historia, sé cómo debo de escribir, pero esta vez no quiero hacerlo.

Así pasan los días, y me lleno de buenas noticias. Las cosas se han puesto mucho mejor desde que me mudé de casa. Mis amigos se han convertido en mi verdadera familia. Ayer recibí el número del Boletín en el que me publicaron un artículo. Vine de regreso al lugar en donde toda la historia comenzó…

Y la mensajería llegó para dejarme regalos que el chico no puede venir a entregarme. Y su guardarropa se dispersa entre mis manos, dejándome camisetas de rayas azules que huelen a Old Spice, y que envuelven cartas de amor con letras de canciones en un idioma que no puedo comprender... ¿Cuál es el punto? Esto nació con fecha de caducidad. El plazo ya se cumplió, y todavía no llega la verdadera despedida.

Taxis, muchos taxis; Metrobús, Metro, camiones, Terminales de Autobuses, aviones, dos aeropuertos; un Autobús que te abraza mientras viajas, un coche que me sostiene al manejar. En la gran ciudad, todos los medios se han puesto de nuestra parte.
 

viernes, 20 de mayo de 2011

El fin de una era.

No lloré, sorpresivamente no lloré; sólo sentí un nudo en el estómago y mariposas en la panza cerca de doce horas. Luego, una despedida muy breve, palabras que no se dicen, actitudes que se interpretan. Una vida que cabe en 34 cajas, una casa que cabe en un camión, una responsabilidad que cabe en una jaula, y un Starbucks que se pide para llevar.

Luego de la parada técnica, debido a una lavadora que me hará sentir como robotina, la Ciudad de México me dio la bienvenida por el Eje 3 Norte. Entre el volumen que cargábamos, la jaula sobre mis rodillas y la mano de mis ojos verdes que me apretaba muy fuerte, parece que el tiempo nunca pasó, y parece como si hubiera sido un sueño en el que de pronto se despierta para convertirse en lo que se vive.

Del café por la mañana, en el que solíamos hablar de Alfredo Domínguez Muro, sólo quedará escucharlo cada quien es su cada radio. De los aventones en el deportivo azul, sólo quedará el asiento vacío del copiloto, y seguiré manejando a Hans en solitario. La distancia y el congestionamiento, hacen más grande a esta ciudad; ahora sí se nota que yo vivía en el área metropolitana.

Ciudad de rímel pegado en las pestañas, de plantón sobre Bucareli que me hace pensar cada vez más en ti, en mi, en lo que teníamos. En esas partes de la Ciudad que sabemos que están ahí, pero que nunca las hemos recorrido juntos.

De pronto hoy me di cuenta, al verme reflejada en la puerta de este café entre Patriotismo y Revolución, con mis botas vaqueras, mis jeans anchos y mi camiseta que dice Rock! Fullfill the dream!, que eso con lo que tanto soñé de niña, lo veo tangible sobre mi cuerpo, debajo de mi cabello, detrás de mis ojos, a través de mis manos. Espero que tú te sientas tan feliz y orgulloso por mi, como yo lo estoy de mi y de ti, y de nosotros juntos.

Poco a poco fuimos comprendiendo que esto iba a pasar, que era inminente que nos separáramos. Esta despedida se alargó casi tres años, si no es que más. Y mírame ahora: estudiando en la institución que siempre soñé, valiéndome por mí misma, asumiendo mis responsabilidades y tomando mis decisiones. El tiempo pasa, las cosas tenían que fluir, todo siempre pasa.

Esta es una Ciudad nueva, vieja pero nueva, linda e iluminada para mi. Es el principio de muchas cosas, que de pronto son como bocados dulces sobre mi lengua. Un nuevo proceso, junto con un nuevo corte de cabello.

Es el fin de una era papá, de la era de mis depresiones y ansiedades, de mis tristezas y angustias, de mis pésimas decisiones; el fin de la era de los solteros tóxicos, de las vidas perdidas, de los coches que no sirven, de las familias que no están unidas. El fin de la era de los amantes que no llegan, de las personas que se van, de las pastillas que nunca se acaban, del cuerpo bajo de peso, de los zapatos que no me quedan más.

Es la era de la ciudad conmigo, ella en mi y yo en ella. Es el fin de nuestra era de confidentes y mejores amigos, pero ahora tu puedes vernos, y ser feliz con nosotros.

Es el momento en el que, aún con todo este cambio, me siento absolutamente feliz.

viernes, 8 de abril de 2011

Bridezilla

And i don't know how to slow it down,
my mind is rising for chasing pirates.
Chasing pirates, Norah Jones.

Entre una entrega de proyecto, la instalación de gas, la instalación de luz, una mudanza que comenzará a las siete de la mañana, mi suegra que se está convirtiendo en mi segunda madre, mi mamá que se está convirtiendo en mi segunda suegra, yo me quise convertir en una Bridezilla.

Ha sido una transición fuerte, pero al mismo tiempo amable. La semana pasada le decía a mis ojos verdes que a veces eran demasiados acontecimientos para mi, en tan poco tiempo. Que en lugar de servírmela directa, que por favor me la sirviera con hielos o con un poco de soda.

Creo que ya sé por qué no me gustan las despedidas de soltera ni las fiestas de bienvenida. Ahora sé por qué no me gusta avisarle a la gente mis planes, los ires y venires, y las cosas que están cambiando. Es esta situación de sentirme expuesta lo que me hace estar irritable, susceptible y emotiva. Me molesta que no se pueda expresar un argumento positivo, que todas sean advertencias sobre lo nefasto y absolutamente inaceptable que un matrimonio es hoy en día. Como si no lo supiera... y como si ellos no supieran que alguna vez supe en carne propia lo que era una relación sin sentido.

No en vano se dice que "no se pueden pedir peras al olmo", y debo entender que no puedo pedir mucho optimismo, si las únicas personas en la mesa que no éramos divorciadas o con una relación fallida, eramos el chico y yo, un par de mujeres que eran viudas. El resto de las personas, tienen uno o dos divorcios en su haber. Wow. Creo que de entrada, no deberían presentarse a una fiesta de buenaventura para un par de novios.

Todo eso, y que no nos permiten escribir nuestra propia historia, empañados por las amarguras de un matrimonio que no se perpetuó y empeñados en que ya no tiene sentido formar una familia en estos tiempos tan atropellados, fue lo que comenzó a sacarme de quicio, y comencé a perder la paciencia, y a punto estuve de mandar toda la socialité a la fregada, cuando el chico se me acercó a decirme que tuviera paciencia: era la última noche en casa.

Los tóxicos, no sé si nacen o se hacen, pero son tóxicos. Las bridezillas, ahora estoy segura de que se hacen. Me prometí a mi misma no volver a tener deseos de convertirme en monstruo, y a no empacar a ningún soltero tóxico en mi mudanza, ni uno solo, a pesar de lo difícil que eso puede ser.

Suficiente tengo con el drama que me cargo yo sola, como para traer dramas del pasado a que llenen de polvos mi futuro.

jueves, 7 de abril de 2011

En plena primavera...

Ya sabes, de esas cosas que nunca pasan, o que tienen años sin suceder. Los ojos verdes se van hoy de viaje, raro, además porque es la primera semana que compartimos código postal, domicilio, baño con regadera y hasta cafetera por las mañanas.

Es un poco raro, distinto, es tener motivos para ser feliz todo el día, todos los días, todas las noches.

Hoy dormiré sola. Sola, sola.

Tengo mucho que escribir, ya se me quitó el sueño. Tengo dos entregas pendientes, un seminario que dar el martes que entra, y una entrega que literal, era para hace ocho días.

Entre la mudanza, una boda que se sigue planeando, un gato que no deja de maullar porque no está acostumbrado a los ruidos de un departamento, y un amor que se hace más y más grande cada día, se me olvidó que estamos en plena primavera.

Siempre me propuse una boda en invierno, y ya me alcanzó la primavera.

viernes, 25 de marzo de 2011

Entre los castings y la academia

Hace algunos meses, entre los castings y la academia, entre mi nuevo amor y mi cumpleaños número veintisiete, me dediqué a estudiar la biografía de Johnny Cash, uno de los personajes de la música estadounidense que más me apasiona, y que es también reflejo de la historia norteamericana en los años cincuenta y sesenta.

Y al mismo tiempo de que me dedico a leer mis intereses, también debería dedicarme a olvidarte por completo. Hoy L.A. parece que nos acerca cada vez más, y con ella, las bolsas del mandado impresas con sirenas de la lotería, o perfumes para mi, que venían guardados en tus bolsos color verde. Fotografías, muchas fotografías. L.A., la historia del Darién, Zapopan, Manzanillo, Anenecuilco, Villa de Ayala, mi memoria y mi mudanza, me están tendiendo una enorme trampa.

Y así como me prometí no empacar ningún recuerdo de ningún soltero tóxico -difícil cumplirlo-, también me prometí dejar de hablar mal de ti. Sólo te recordaré como lo mucho que fuiste, una persona que me hizo inmensamente feliz.

Me acosté frente a la televisión, y miré y miré todo el material que tengo de Johnny Cash. Luego también, me puse a esucharlo, y terminé enamorándome de él.

Los Ojos Verdes tenían trabajo a reventar, como casi siempre los miércoles sucede. Pero aún y cuando los autos nadaban sobre las avenidas encharcadas de esta Ciudad, manejé más de 40 minutos para ir a contarle que me había vuelto a enamorar. En el fondo traje tu recuerdo, tus olores, todos los regalos y los recuerdos que traías de Los Ángeles. Tus maletas, los reencuentros all night long.

Pero la maravilla de tener a alguien que te ame tal y como eres, es que no importa toda esa basurita del pasado y de los recuerdos que tengamos dentro. Somos y estamos, y por eso Ojos Verdes y yo hemos llegado hasta aquí.

Luego, un "i'm Johnny Cash" con rostro desencajado, algunas canas, y una mujer de voz chillona que lo adoraba, me hicieron llorar. El amor triunfa, y ella lo salvó muchas veces de muchas cosas. Yo, en cambio, no pude hacer que tú te quedaras conmigo, y apuesto que Cash fue tan tóxico -o un poco más- como tu, pero tenía diferentes talentos. El amor va tendiendo el camino.

Tarareando el Cash que traía en el corazón, recordando melodías, recorrí los mercadillos de pulgas buscando algo que me acercara a él o alguna cinta perdida, o ya de perdida, un radio antiguo para llevármelo a casa. No lo encontré. En cambio, algunos accesorios setenteros se me pegaron al bolso y tuve que pagarlos, y un par de gafas me dejaron sin aliento.

Después de una labor de regateo que duró más de media hora, el vendedor accedió a venderme los RayBan Wayfarer II vintage originales de 1962, en una módica cantidad que ascendió a poco más de trescientos pesos. La Ciudad me estaba regalando otro tesorito, y yo le dejaba a un tilichero buena parte de mi beca de investigación.

El sábado siguiente, en una mañana dedicada al amor, le enseñé a los Ojos Verdes mi pesquiza vintage y quedó encantado. ¿Los quieres?, le pregunté, y me dijo "corazón, los lentes obscuros no van conmigo". Y a punto del enojo le dije, "¿cómo no van a ir contigo unas gafas idénticas a las que usaba Johnny Cash, James Dean, Bob Dylan y John F. Kennedy?"

Se quedó las gafas. Se le ven divinas. Muchos recuerdos y Johnny Cash, vienen conmigo.

Entre los excesos, el mucho o poco estilo, la fama y la frivolidad, el amor tiró de él para sacarlo adelante. Yo he comenzado a dejar de creer en el amor, a veces flaqueo, a veces me siento atea de sentimientos, y de pronto me azota a la cara la idea de que esto se mueve con amor. Johnny y June lo lograron. Soltero tóxico y yo, no. En este momento tengo un gran reto por delante.

Entre castings y academia, noche de lluvia y recuerdos de tóxicas vacaciones; entre Folsom prison y Jackson, entre I walk the line, me volví a enamorar de Johnny Cash.


martes, 22 de marzo de 2011

Llegó la primavera

El domingo pasado, a las cinco de la tarde, entró la primavera; y con ella, vino otra gran pelea.

Nunca me hubiera imagiando que conseguir un departamento de precio justo en esta Ciudad, fuera tan complicado. Y menos, que aún cuando el departamento ya estuviera listo, fuera tan complicado llevar a cabo una mudanza decente y a tiempo.

Yo, le dije, me obligué a acostumbrarme a no pedir ayuda, a hacer todo por mi misma, bajo mis propios medios. Me obligué a que la única llamada de terror que hiciere, fuera para mi padre, en el caso de que mis cuentas se quedaran otra vez en ceros. Entiéndeme, por favor -continué-, que es mu difícil para mi pedir ayuda, tomar decisiones en conjunto, dejar que otras personas hagan lo que yo tengo que hacer. No estoy ya acostumbrada a que me tiendan la mano, o me ofrezcan ayuda desinteresadamente.

Él, sin mayor aspaviento, dejó sobre la mesa el vaso con hielos, volteó sus ojos verdes hacia mi, y me dijo: "pues ahora ya no estás sola".

El sábado y el domingo me dediqué a hacer cosas en equipo, acompañada del chico que ha venido a romper con mis rutinas; y me acordé cómo es hacer las cosas acompañada. De compras, haciendo limpieza, teniendo paciencia, y metiendo mis miles de papeles en unas cuantas cajas.

No estoy segura si las reconciliaciones vengan a ser tan felices como eran antes. No porque no conciliemos sino porque es un diálogo constante, conciliatorio, un acuerdo, un apoyo.

Viene la primavera con una nueva casa, con la Ciudad para mi sola, con una zona postal que por fin me hace habitante del Distrito Federal.

Viene la primavera con muchas verdades que me azotan en la cara, y se tapa la nariz, y me lloran los ojos, y la puta polinización me hace estornudar. Viene con todo el amor que alguna vez me imaginé.

lunes, 14 de marzo de 2011

Siempre primeras veces

El lunes fue la primera vez que me pidió que le abriera la regadera en la mañana, el miércoles planché toda la ropa limpia como nunca lo había hecho en mi vida, y... anoche tuvimos una gran pelea.

Este último mes me ha quedado claro por qué la gente no se casa, por qué es que no se pueden poner de acuerdo, cómo es que se acostumbra que las cosas se hagan en contra de la voluntad de una pareja. Que si lo correcto es, o es incorrecto. Que si se debe tener hijos. Que si se debe firmar un acta. Que si, que no, que ya me vale madres.

Tengo que darle algún mérito a que la ansiedad se ha olvidado de mi, eso me pone feliz. Pero por otro lado, he tenido pesadillas, recurrentes, de esas que hacen que uno se sobresalte antes de las seis de la mañana. Es raro, pero no es ansiedad.

Hubo una gran crisis, fue una gran pelea, y debí saber que vendría una primera vez en la que una llega hecha un mar de lágrimas a un Starbucks, donde un Salvador siempre está con los oídos listos para escucharnos. Manejé, despacio, a poner gasolina y a tomar avenida Universidad. Di vuelta en Eje 5, envié varios mensajes. Hay planes que se cancelan, lágrimas que no dejan de salir, y sentimientos que por primera vez se dejan ver sobre la piel.

Dudé si debía bajarme del coche. No lo hice. Todavía había cosas qué cancelar. El chico de los ojos verdes no me llamó, sé que se inmutó, sé que también se le partió el corazón, pero por un lapso de cuatro horas guardamos silencio.

Siempre hay una primera vez para una gran pelea, y para preparar el baño en la mañana.

El frapuccino de té verde fue gratis, por fin pude dejar de llorar, creo que el hielo machacado me congeló las ideas, y el temor de presentarme al seminario del terror. Estacioné el auto y caminé, entré al seminario con el rímel y las sombras embarradas alrededor de los ojos. No me di cuenta. Y tampoco de que el recuerdo de cómo dejé a los ojos verdes, me estaba arañando por dentro.

Diecinueve y quince. Salí. Conduje. No pensé. Arrivé.

No me acuerdo en qué momento nos dieron las cuatro de la mañana. Día dos. Doble gran pelea. Doble mala noche. Primera pesadilla que me hace despertar, por el calor que siento en el pecho.

Siempre me dijeron que luego de una gran pelea existe una gran reconciliación. En este caso hubo un camino atropellado a Tecamachalco, Interlomas, dos pares de ojos hinchados, y algunos besos de amor, de pura y plena confianza.

¿Qué puedo hacer, si de veras amo? Mi lengua tararea tu voz, cuando me dices que quieres estar conmigo. Mi lengua recorre todas las ideas que pasan por mi cabeza, y luego las saborea. Entonces yo también quiero estar contigo. Me desespero, soy histérica, qué le vamos a hacer... Te amo, me amas, mi lengua lo sabe bien.

La primera vez de una gran pelea. Mi coche y la Ciudad lo supieron bien.

viernes, 4 de febrero de 2011

Un gran cambio.

Masaje en la espalda, crema para las caderas; día de manicura y de uñas de los pies. De peeling facial, y perfectas cejas delineadas. Es el último día oficial de vacaciones, y también mi última oportunidad para ponerme al día.

La semana que entra comienza la montaña rusa otra vez. De buen humor, de mal humor; sobrellevando el carácter -bueno o muy malo- de los demás. Y aprovechando que hoy cumplo ocho días de estar de buenas ininterrumpidamente, sin importar en qué zona de la Ciudad he visto amanecer, decidí aprovechar la mañana y media tarde para terminar de palomear los pendientes en mi lista del buen look de este año.

Cuando puse sobre la mesa la posibilidad de que mi mechón de canas se fuera para siempre, simplemente me sentí mareada. No me da miedo un cambio radical, quizá una despedida radical sí, pero el cambio no; sin embargo, este mechón de canas significa demasiado.

Y el 2011 seguirá significando demasiado. Lleno de planes, organización, escritos pendientes, amistades para siempre, nuevas personas que han llegado a cambiarlo todo.

Me siento feliz, y espero cumplir más de diez días de buen humor ininterrumpido. Ese sería un gran cambio.

lunes, 24 de enero de 2011

Es lunes... te extraño.

Ya he dicho varias veces que no sé a ciencia cierta lo que el amor es. No estoy segura de cómo surge, no sé tampoco cómo se ve o qué se tiene que hacer cuando llega, o cuando uno cree que está llegando o que va a llegar.

No estoy segura, pero puedo suponer que el amor huele a lo que huelen mis sábanas luego de haber estado contigo todo el fin de semana. Este dulce olor que me revuelve las tripas los lunes en la noche, cuando las distancias en esta ciudad, tu trabajo, mi instituto, tus hermosos edificios y mi casa entre neblina, no nos dejan pasar la cuarta noche que seguimos deseando.

Es entonces cuando las sábanas me envuelven y me hacen recordar. Y aquí vienes, aunque no estés conmigo. Y entonces a esto debe oler el amor, esto que tanto me vuelve loca, tanto que me da vida, que me hace seguir adelante. Es una mezcla de tu loción con mi perfume, el de la coronita rosa que me trajeron de Miami, y la tuya fresca como las mañanas en las que me propongo exprimir naranjas para llenar una jarra completa de jugo para el desayuno. Y todo eso, cítrico, suave, mascabado, cafeína, tabaco, feromona, risas... toda esa maravillosa mezcla vive en nuestras sábanas, y muy seguramente se llama amor.

Te extraño. Y así es. Ahora entiendo eso de que nunca es suficiente.

domingo, 23 de enero de 2011

Un domingo cualquiera.

En el mismo lugar que albergaba una interminable pelea de divorcio y a la chica más pesimista y desconfiada ante el compromiso amoroso, ahí, al fondo del taller, estaba puesto sobre un maniquí de terciopelo rojo, mi vestido de novia.

Cuando me enteré de que la chica en medio de la bronca del divorcio llegó con la mayor parte de sus pertenencias -o lo que creía que era de ella- metidas en un taxi, quise salir corriendo, porque me imagino que debe ser sumamente difícil ver cómo alguien planea una boda y hace ajustes a un maravilloso vestido, justo frente a una situación de separación.

Dicen que los vestidos de novia están listos sólo hasta unas cuantas horas antes de que ésta suceda. En mi caso, a veces me desespero tanto, que me dan ganas de casarme con el minivestido color obispo y mis botas de lápiz color café, o con el mítico vestidito negro y las mismas botas, y la gabardina azul que completa el outfit, para sentirme plenamente cómoda y darle a mis ojos verdes un motivo más para que sonría todo el día.

Un domingo cualquiera. En el taller de mi mejor amiga, la Diseñadora de Modas, con agua embotellada y sandalias de tacón, sobre una silla forrada de tapiz de flores. Tomando fotos. Riendo a carcajadas.

Un domingo cualquiera, que siendo sinceras, pensamos que nunca llegaría o que se tardaría muchos años más.

Un domingo cualquiera, de esos que ahora sí me gustan, y que me hace recordar que hubo una vez que yo también fui una soltera empedernida, con la coraza puesta y un cuerno bajo el corazón. Domingo que también me hace recordar que hubo una vez en que no me gustaban nada.


domingo, 9 de enero de 2011

Y entonces me encontré como ella

A menudo se me olvida cuál fue el motivo fundamental por el cual me hice de esta columna. Tenía el corazón roto, me sentía muy sola, con pocas cosas qué hacer, qué escribir formalmente y qué visitar. Me refugié en mi Ciudad como muchas otras personas lo han hecho. Me refugié en mis ideas y en mi escritura, como muchos escritores lo han hecho. Me refugié en mi misma, como las mujeres más valientes me lo enseñaron a hacer.

Hoy, que mi vida ha cambiado tanto como nunca me lo imaginé, a veces pierdo el sentido de esta columna, de este espacio que me abrí a mi misma.

Conocí a lectores entrañables, hice verdaderas amistades y contactos virtuales que no quiero perder nunca. Entonces comencé a sentirme muy acompañada. A lo largo de mis relatos, de mis nostalgias y tristezas, de los recuerdos de un soltero que intentó hacerme tóxica sin éxito, he nutrido este espacio de mis más profundos deseos, de ficción combinada con toda la realidad que mis ojos han alcanzado a ver.

Algunas noches, como hoy, en que estoy acostada escribiendo en mi cama, con un gato echado en mis piernas, y los Ojos Verdes trabajando en la mesa redonda del fondo; y que escuchamos la misma música, y me interrumpe para preguntarme cuál es nuestra canción, entonces me doy cuenta -y me da miedo- que este espacio quizá ya perdió su objetivo.

He estado tentada a abrir otro espacio para construirme unos relatos que cuenten lo que ahora estoy viviendo. Pero mi Mariposa Tecknicolor es entrañable. No puedo dejarla. La extraño. Soy yo. Me convertí, me transformé, y entonces me encontré como ella, como una Mariposa Tecknicolor.

Tengo razón para buscar otro espacio, pero también tengo razón para quedarme aquí. Finalmente, las cosas que vivo en la Ciudad seguirán esperándome en el mismo sitio. Las personas que me hacen sonreír o que me hacen enojar en estas calles, seguirán en este sitio. Y si todo sale como lo planeamos, pronto compartiremos código postal.

La vida está llena de encrucijadas, y de decisiones que tomar. Hay oportunidades que no se dejan pasar. Hay amores que se deben tener cerca para siempre, y personas que se debe obligar a jamás volver. Hay páginas en blanco, que aunque me cueste trabajo completar, las ganas, mi instinto y mis dedos, siempre las terminan con punto final.

Prometo -lo hago a mi misma- no dejar esta columna en blanco.

sábado, 1 de enero de 2011

Veintidós de septiembre.

22/IX

En torno a un anillo de compromiso puede haber muchas cosas.

Hans estacionado en la esquina de uno de los ejes viales de esta Ciudad, que más han tenido que ver en mi vida.

El maravilloso significado que tiene para mi, el que dicho anillo haya tenido una dueña antes que yo.

Estar con mis Ojos Verdes frente a la mítica construcción de una de las Secretarías de Estado más importantes de la historia política de México del siglo XX. Mirar por el retrovisor de Hans sus paredes, un poco de la fachada, los colores de los muros exteriores. Terminar de crear en mi mente el mural que mis ojos no alcanzan a ver.

Lágrimas de felicidad.

Fiestas interminables con los amigos que son nuestra familia. Cerveza. Fotos. Calles de la colonia Condesa. Alcoholímetros que se burlan sólo una vez en la vida. Vueltas prohibidas que no pasan por la cabeza.

La libertad de responderle tus verdaderos anhelos, y tus sueños más profundos. La libertad de decirle que no importa que no hayas sido la primera, sino que importa que seas la última mujer en su vida.

El día en que entró el primer otoño que nos pertenece, que no me di cuenta, que estaba más preocupada resolviendo los cambios y las decisiones que vienen en nuestras vidas.

Maravillosas reconciliaciones.

Decir te amo a cualquier hora del día.

Pero lo más bonito, y lo que me llena de felicidad, es mirar todas las noches estas manos que escriben frenéticamente sobre el teclado del ordenador, y volver a mirar que ese anillo de compromiso se ha quedado desde ahora, eternamente sobre la piel de uno de mis dedos izquierdos. No importa cuánto trabajo tenga, cuántas palabras me falten por escribir, cuántos guantes de látex pasen por encima de mi piel; hay un hombre que me ama (y como rezaba todos los días y las noches un post-it sobre el espejo de mi habitación), tanto que quiere pasar el resto de su vida a mi lado.

Mi dedo, su tamaño, la cantidad de veces que se mueve sobre estas teclas a lo largo del día. Eso también está en torno a un anillo de compromiso. Dos días se tuvo que quedar en el taller para que lo ajustaran a la cintura exacta de mi dedo anular; dos días que sentí que algo me hacía falta.

En torno a mi anillo de compromiso, hay puro y simple amor. El símbolo de que no voy a dejar de luchar cada día para ser excelente, en todos los aspectos de mi vida.

Luego de mucho tiempo, esta es la primera vez que desde mi corazón siento que de verdad estoy tomando la decisión correcta. Soy muy feliz, tan feliz, como nunca me lo imaginé.

jueves, 23 de diciembre de 2010

En torno a un vestido de novia.

Lo mejor de elegir vestidos de novia, es que uno puede sorprenderse hasta de lo que nunca se imaginó: juro que eso que vi en el maniquí, era un vestido de tin-tán.

Lo mejor de elegir vestidos de novia, es que no lo estoy haciendo sola como pensé que sería, sino que los ojos verdes están junto a mi. Hay muchas cosas con las que quiero sorprenderlo, pero no con un vestido que me haga ver como piñata, o como barril, y que la sorpresa no sea agradable. En fin, son muchas cosas, y algunas pueden parecer vanales.

No es fácil. De todos los vestidos que una se puede probar, nunca uno será suficiente, ni será el indicado, ni es el que imaginamos. Falta que termine poniéndome uno como el de mi madre, enorme, largo, con un ensamble encima que despierte muchas tentaciones. O terminaría por comprar aquel antiguo, de quién sabe qué marca, o quién sabe qué estilo, de muchos años atrás.

Planear una boda y elegir un vestido blanco, no ha sido como lo imaginé. No tiene ningún parecido a mi realidad, ni a los planes que tenía en mente.

Me he llenado de sorpresas, y también me he llenado de amor. Ni siquiera el hecho de hacerlo oficial ha sido como me lo esperaba; la reacción de la gente, las lágrimas de algunos, las risas de otros, el nerviosismo de todos. Todo está de cabeza, uno nunca está listo para comprometerse, ni para comenzar una nueva vida, o siquiera estamos listos para terminar todos los pendientes.

No estoy segura de que en otras circunstancias esto hubiera sido distinto.

Estas mierdas de "qué hubiera pasado si" ahora resulta que están de moda. Resulta que es válido inferir qué hubiera pasado con algún hecho histórico, si las circunstancias hubieran sido distintas.

Lo mejor de elegir un vestido de novia, son las opciones que existen de tener varios vestidos para un sólo día, el que será mi día.

En torno a un vestido de novia, está lo maravilloso de haber visto la cara de las chicas cuando me lo vieron puesto. Un ejemplar que no me esperaba. La cara de la vendedora, la emoción de la chica que sostenía el espejo para que me lo viera por detrás.

Cuando lo recibí, envuelto en una bolsa de plástico, me hice como si nada, no, ya sabes... uno que es una piedra, que no importa que sólo en ese local se crea todavía en el amor. Salí, di la vuelta, caminé hacia Hans. En torno a un vestido de novia, están también las lágrimas que no pude contener más.

Yo te prometo que no sabía como era, pero para mi así fue.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Monterrey, Marina Nacional y el coche color plata.

Bien hubiera podido aceptar una cita con el chico del coche de al lado.

Acababa yo de tomar Monterrey, de regreso a casa, y sonaba en mi oído izquierdo la canción No se puede vivir del amor, cuando coincidimos un coche plateado y yo, casi todo el camino. Y ya sabes, ¿no? Sonrisas, radio encendido, ventanillas abajo. El chico -que no era tan chico-, tenía unas canitas que le iluminaban la frente, el dedo anular izquierdo desnudo, y bebía coca-cola light, ¿qué más se podía pedir en ese momento? Me muero de risa. De entrada, y acordándome de las técnicas de ligue que usábamos mis amigas y yo hace algún tiempo, el escaneo del chico del coche de al lado, fue suficiente para darme cuenta que quizá pude haber aceptado una cita para salir con él.

Luego, más adelante, cuando en mi oído sonaba una Lila Downs que me puso de buenas, con su canción Arenita azul y cantando a todo pulmón "soy maripoooooosa", el chico bajó la ventanilla para querer decirme algo, pero yo avancé. Se emparejó conmigo, e hizo ademán de querer decirme algo, y yo miré de frente. El siguiente semáforo me jugó una trampa, no me permitió avanzar, y el coche plata volvió a quedar parejo conmigo, "¿hacia donde vas?" Me preguntó, le respondí que a casa, sonreí, le dije también que estaba cansada. Todo en un segundo. Rápido. Muchas palabras para un sólo instante.

La luz roja todavía, apenas el ámbar del otro lado, ganándole al semáforo metí el clutch para meter la velocidad, le sonreí otra vez y seguí la marcha.

Por ahí por donde se decide ir hacia Tacuba o hacia donde hay más Invierno, me desvié a la derecha, con la direccional tintinéandome en la cara. El tablero también palpita como lo hace mi corazón. Seguí mi camino, pensando cómo le iba a hacer para terminar todos los pendientes, saldar las deudas y entablar una conversación con mi madre. Antes de la Glorieta de las Américas me detuve a comprar coca-cola light, encendí un cigarro, encendí el coche otra vez.

Cuando iba llegando a casa me dije, ¿pero qué te pasa? Porque digo, en otras circunstancias quizá hubiera terminado cenando o tomando un café con el chico del coche color plata, o compartiendo la coca-cola light en lugar de estarla bebiendo yo sola.

Y demonios, ¿qué me pasa? ¿Que qué me pasa? Pasa que me enamoré, que ahora las mariposas ya no las traigo en la panza, sino en la cabeza, a través de mi cabello, y también salen de mis dedos mientras hablo, mientras conduzco a Hans, y se la viven iluminando el camino que transito, que ya no necesita que nadie me venga a coquetear.

martes, 7 de diciembre de 2010

De regreso al punto de partida

Cuando el soltero tóxico se fue para nunca más volver, escribí en un post-it que pegué en mi espejo del tocador, la frase: "El hombre que se quiera casar conmigo sí existe".

Y heme aquí, justo en el lugar donde empecé, en mi habitación frente al sillón blanco, con el gato que se lame las patas y ronronea rozando suavemente mis pantorrillas. Mi pelo hecho un desastre, cada vez más blanco, cuando plata quisiera que se pusiera. Fumando otra vez mentolados lights, con un cenicero menos, unos kilos de más, mucho trabajo por delante, la ansiedad que regresó para pasar las fiestas de fin de año con nosotros, y esa gran diferencia: "nosotros".

Ahora ya no estoy sola, pero de veras que uno como está acostumbrado a vivir de cierta manera, y qué dificil es acostumbrarse a una vida en común, sin importar el domicilio que exista, los domicilios pendientes, los que compartimos todavía, después de muchos meses.

De regreso a pegar post-its por todos lados, porque todo se me olvida, porque los ojos verdes se desesperan -pero creen que yo no me doy cuenta- de que todo se me olvide, de que confunda las palabras; porque afortunadamente para mi, él ha sabido tenerme toda la paciencia del mundo. Y entonces sí, debería ponerme a escribir un libro sobre el estrés y su manejo en la vida moderna, contemporánea y real de mi generación; porque para escribir sobre eso, no necesito ningún posgrado que me avale.

Y regreso entonces. A correr como loca en esta podrida y sucia ciudad, que huele a alcantarilla, que llena de pelusa los cabellos y todo el cuerpo, que ensucia los autos más de lo que los autos la ensucian a ella. Regreso a correr con mis tacones de nueve centímetros, aunque Ro se ría de mi cuando le digo que no puedo seguir de pie, sólo caminando. Sólo caminando en las banquetas de la Ciudad.

Regreso a contar y anotar las comidas que hago al día, a intentar llevar la cuenta de las calorías por cada 24 horas, a no comer trigo, embutidos, hormonas, y a hacer mi mayor esfuerzo para volverme vegetariana. No sé cómo le voy a hacer, pero en ese vestidito corto de flores yo vuelvo a entrar a como dé lugar.

Regreso a manejar horas y horas en el congestionamiento, buscando un Starbucks para tomarme un puto Cherry Mocha antes de que se acabe la odiosa temporada navideña. Regreso a sentirme más sola que nunca, en medio de las filas de esta Ciudad, en el banco, en el supermercado, todo producto de las navidades que me hacen mal, que me ahuecan el corazón, que me hacen sentir que todo está mal cuando sorprendentemente todo marcha sobre ruedas.

Porque encima, la pinche temporada decembrina trajo consigo una carga inmensurable de trabajos, investigaciones cortas y disertaciones. Ahora sí, no sé ni por donde empezar.

¿Por qué nunca nadie confiesa que comenzar una relación o terminarla es difícil tanto cuanto sucede?

El hombre que se quiere casar conmigo sí existe. Duerme más de cuatro noches a la semana conmigo, quiere al gato tanto como lo quiero yo, el gato lo adoptó como parte de la manada, y se quiere quedar con nosotros para siempre.

Y Hans... bueno, se porta bien cuando alguien intercede, porque a veces se cansa de que yo -como siempre- le exija tanto como suelo exigirles a los demás.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

JURAMENTO DE AUTOESTIMA

Hey, psst, cht chtt, Mariposa, ¿por qué te deprimes? ¡Si por primera vez en muchos años, esta navidad vendrá con las mejores cosas del mundo, un hombre que te ama y un proyecto para el futuro!
Sí, tu familia es sumamente difícil, pero... ¿qué familia no lo es? Tus amigos, por el contrario, cada que lo necesitas te sacan a flote, y a ellos les debes mucho, por eso no te debes dejar caer.
Y bueno, es verdad que a veces no quieres levantarte de la cama, no te bañas en varios días, y comes como troglodita... pero aún con eso, los lazos que creas siempre son de amor, con tus amigas te une el amor, y el chico al que amas está dispuesto a recibirlo todo.
Eres muy inteligente, prueba de ello es la plaza de posgrado que estás ocupando ahora, y no debes dudar ni titubear al dar a conocer tu opinión, y al defender tu punto de vista.
Nadie dijo que sería fácil, pero por eso no estás sola. Quieres, te quieres, y te quieren.
¡A vivir la vida! Que es una sola, y aún con eso, todo empieza siempre una vez más...

Sacúdete la ansiedad, y grita ¡Feliz Navidad y próspero año nuevo!

martes, 9 de noviembre de 2010

Viniste a mi vida a hacerme feliz

Eran las diecisiete con quince cuando tomé Periférico Norte a la altura de San Antonio. Sorprendentemente estaba muy fluido, me metí a carriles centrales en la primera oportunidad, y seguí manejando mientras escuchaba a Alizée a través del audífono izquierdo.

No sé qué es lo que tienen estos días, estos fríos, este calor que no se me quita de adentro. Todo me parece tan nostálgico, a veces todo me conmeve tanto... La música fue la gota que derramó el vaso, y haber visto el inicio de la puesta de sol sobre Periférico, terminó por darle el toque final.

Lloré sin darme cuenta, hasta que las lágrimas me empañaron los lentes de sol. Pensé que de todas formas, como sea, era un día muy bonito como para llegar a guardarme a la casa cuando todavía quedaba tiempo para disfrutarse. El congestionamiento de la lateral de Periférico a la altura de Echegaray me pudo volver loca. Luego, al estar llegando a la Facultad supe que debía entrar a llenarme otra vez de lo que me llenó la Universidad.

Le llamé a mi amigo Presidente de la Nueva República de Babel. Le dije que estaba buscándole un lugar a Hans en el estacionamiento, y que iba para su Colegio, a platicar. Se puso muy contento, me dio muchísimo gusto escucharlo y saber que lo iba a ver.

Entonces recordé que en estos momentos, justo hace un año, jamás me hubiera imaginado que mi vida fuera a cambiar como lo hizo. Yo era una chica triste, lo acepto. Sí, siempre he sido optimista ante el amor y ante la familia que he elegido, pero me sentía muy sola; date cuenta pues, que ahora podemos platicar, que de verdad estaba muy sola.

Pero el 9 de noviembre conocí a personas maravillosas. El último regalo que recibí de esas manos largas, fue un empleo que otra vez me mandó a las nubes, que me hizo dejarme llevar, que hizo que dejara de pensar en todo lo que me afligía, y que en el fondo me hizo olvidarme de tanta soledad.

El cenit de mis malas decisiones y de mi ansiedad por buscar una compañía que por lo menos me hiciera reír dos veces por semana, tuvo lugar a finales del 2009. Eso, como puedes ver, ya lo olvidé y ni siquiera me di cuenta. No recuerdo fechas exactas, ni historias encontradas en las calles de esta ciudad. Sólo me acuerdo de mi, de las pésimas fiestas decembrinas, y de que para mí el año nuevo sí trajo una vida nueva.

Personas maravillosas llegaron a mi vida el 9 de noviembre. Llegaron a mi vida amigos maravillosos, una nueva familia que se ha gestado desde esos días. Noches locas en la ciudad, días de cine, de escritos interminables que se logran sobre una mesa de cryztal. Sabios consejos, cafeteras rebosantes que no siempre saben bien, mamuts a las cinco de la tarde para el monchi vespertino, una copa de whisky con soda los jueves por la tarde, estrés inmesurable completamente controlable, noches de grúa porque Hans ya no quería andar.

Historias de noches estrelladas que se cuentan desde el piso de parquet. Frío, mucho frío. Calor que proviene de los calefones de gas. Un sillón azul, que pronto estará en nuestra casa.

Obtuve mi grado profesional. Concursé para una plaza de posgrado, la obtuve justo cuando pensé que no podría más.

Luego, dejé de recordar, y vi de lejos a mi amigo el Presidente. Caminé hacia él y nos dimos un abrazo fuerte y lleno de risas. Comenzamos a caminar. Fuimos por café, a platicar para ponernos al corriente.

La ansiedad de venir manejando con todo este cansancio encima, de pronto comenzó a disiparse. El Presidente me llenó de regalos, muchos que me hicieron sonreír. Y entonces me di cuenta, tanto que deseé, tanto que busqué, tanto que soñé con que nada más haría falta, y todo sucede, todo vuelve a empezar. Me siento muy bien. Es real.

Y tu, ojitos verdes, viniste a mi vida a hacerme feliz.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Cada noche a la misma casa.

Hoy manejé sobre Pilares desde Insurgentes hasta Gabriel Mancera. Hacía mucho que no tomaba esa ruta para llegar, o para irme, o para ir a donde sea. Creo que fue más o menos hace un año, cuando iba a por mi a González de Cossío a la hora de mi salida, que era a las 20. Era divertido. Su cochesote estacionado en la banqueta de enfrente, las papitas fritas escondidas detrás de su chamarra gris, sólo para hacerme reír. Quiero muchos chocolates, le decía en días como hoy... en días en los que hacía mucho frío.

Hoy fue la primera vez que me metí a una boutique a buscar un vestido de novia, y no tuve éxito. Las mujeres, chicas o grandes, medianas o pequeñas, jóvenes o mayores, que nieguen sentir emoción ante los planes de una boda, que tiren la primera piedra.

Mi hermana Cristina regresó. Tal parece que la vida nos está llenado de regalos a todos. Tal parece que se sabía que no debía vivir yo esto sola, que necesitaba a alguien con quien compartirlo para sentir que todo es de verdad.

Estoy muy contenta. Hace mucho frío.

No importa qué divertido era ver un auto esperándome en la banqueta de enfrente, ahora el carro que se estaciona es el mío, como será siempre, como me hace feliz, como ahora que conduzco cada noche a la misma casa.

viernes, 22 de octubre de 2010

Definiendo, descubriendo, comprobando.

Hans no anda bien. Estoy preocupada. No se está sintiendo igual subirse a él, y dejarse llevar por las venas de asfalto de esta Ciudad.

Desperté lo más temprano que pude, fui a tomar un café que no estuvo nada bueno, y luego fui a la gasolinera. Tira aceite. Gasta mucha gasolina. Se le atora el chicote del acelerador. Le suena el clutch. Tiene bajísimos los frenos. En fin. A un año de estar viviendo con él, Hans comienza a ser una calamidad. Y creo que no es su culpa, mejor dicho: tengo que tenerle paciencia, tengo que comprender que no todo va a andar tan acelerado como ando yo.

La crisis vino a estarcionarse en mi, y a estacionar mi vida. No he podido reponerme todavía, pero pronto lo haré. Y entonces el carburador de Hans volverá a rugir como auto de carreras. No es divertido que me deje tirada pasadas las 21 horas sobre Conscripto, sola, cuando todavía no llego a mi destino. Esta vez no fue sólo una, no hubo grúa que viniera a rescatarme, ni maxi bolso de charol donde él estuviera escondido hasta el fondo. No fue una sola noche, fueron dos; pero la siguiente, los ojos verdes ya estaban conmigo.

Luego de la factura de la gasolinera, tomé Periférico sur y me subí al segundo piso. Me puse contenta. De hecho, hasta me dio frío todo el aire que se metió por la ventanilla. Traía puesto mi vestido de gráficos rojos y naranjas, y mis botas color café.

Cuando llegué al entronque con Eje 10, me puse más contenta de ver que los circuitos de Ciudad Universitaria ya no tienen los hoyos que tenían hace dos años, cuando la manejaba con Andrés. El Centro Cultural Universitario ha cambiado tanto... que me sentí como si fuera mi primera vez allí.

El nuevo desarrollo arquitectónico hace que la Sala Nezahualcóyotl se vea pequeña; pero basta recordar la acústica en su interior, y la distribución que tiene por dentro, para saber que sigue siendo enorme, y que lo será por mucho tiempo.

Ya no hay lugar de estacionamiento en la Hemeroteca Nacional, ni siquiera en la banqueta, ni para meterse furtivamente como lo hacía casi siempre. Ahora me mandaron al Estacionamiento 3 que cuesta quince pesos. Estaba abarrotado, cómo no, si eran horas de trabajo. Lo bonito de todo eso, aún cuando uno se estaciona muy lejos, es que nos obligan a atravesar el Centro Cultural Universitario, con sus fuentes, sus explanadas y sus foros, la Neza, los cines, el nuevo museo de Arte Contemporáneo.

La gente camina. Ya no me siento familiarizada con la gente de por allí. La terraza del restaurante Azul y Oro se veía bellísima, con sus sombrillitas blancas y la fuente que salpica. Me dio tanto gusto y ternura saberme de regreso en Ciudad Universitaria, que me llené de ganas porque los ojos verdes me acompañen la próxima vez. Quisiera que pudiera ver, todo lo que mis ojos pueden ver.

Así es cuando uno se pone a investigar, o llega a los archivos o a la Hemeroteca, para comenzar a empaparse de la Historia del pasado. Porque sí, bienvenidos ahora que sabemos que puede haber historia también del presente y del futuro.

La Hemeroteca Nacional, con sus personas que todavía se acuerdan de mi y de mi computadora portátil, es majestuosa e imponente. Se me había olvidado el olor de los periódicos viejos, la base de datos Nautilo, y las conexiones de luz que están pegadas en el techo.

Me acomodé en una mesa de enmedio, ¿por qué no? Para que todo mundo me viera. Me instalé. Abrí mis archivos. Preparé mi mesa. Acomodé mis cosas. Caminé hacia el Nautilo para registrarme y solicitar el primero de varios ejemplares: diciembre de 1936.

Ya se me había olvidado lo que pesan esos ejemplares, y que los atriles nunca los soportan. Lo cargué, como pude, y me instalé para comenzar a revisarlo. Me dijo muchas cosas, primero me habló al oído, pero en enero de 1937 me habló de frente.

Yo no sé si siempre se tiene esta suerte de investigador, pero me dijo lo que quería escuchar, lo que necesitaba en ese momento, y lo que me hacía falta. El tiempo pasó muy rápido. Mi regreso a la fuente primaria fue en ese orden: definir, descubrir, comprobar. Me hizo sentir bien, los ojos verdes supieron de eso.

Ciudad Universitaria, con sus jardines imponentes, siempre tan verde, siempre tan llena de gente, siempre tan acogedora... tan que nunca me siento sola.

De regreso en la mesa, de golpe me acordé de muchas cosas. Ese olor a periódicos viejos me hace mucho bien, pero también me da tristeza. No cabe duda que uno guarda en la memoria las primeras impresiones, y los amores están hechos de primeras veces, de primeras sensaciones, tal vez por eso ahora esté más enamorada que nunca.

El frío de estar sentada allí leyéndo los periódicos viejos, me hizo acordarme cuando yo me sentía tan polvorienta como esos papeles. Me hizo recordar aquella soledad tan penetrante, tan aguda, como el frío que sentía en el pecho. Es inevitable no sentir nostalgia al estar allí. Y ahora pienso que no siempre es nostalgia por buenos tiempos, sino por tiempos tristes y amargos, obscuros y grises, que nunca fueron amarillos.

De pronto el móvil suena, me llena de risas y de alegría. La voz del otro lado comparte conmigo esta experiencia y me sabe feliz, me sabe contenta por estar en ese lugar otra vez.

Hay tantas cosas que quisiera que hiciera conmigo... pero la búsqueda hemerográfica creo que siempre será mejor en solitario.

De regreso a Mixcoac por Insurgentes, vuelta en Eje 10 para tomar Revolución. Toreando coches que vienen rapidísimo, hoyos en el pavimento, carriles sin definir, sin rayas, sin semáforos. Con microbuses espantosos que se te echan encima. Con señoras feas en camionetas enormes que no te dan el paso. Con mi Hans que se defiende, que me protege... que poco a poco me define, mientras yo descubro a mis ojos verdes, y ellos vienen a comprobarme.

Esta es la novedad, que el amor impera, que ahora no se quiere ir, y que en ese caso me quiere llevar. No es nueva la rutina, no es nueva la actividad, es mi circunstancia que me hace creer que todo esto es de verdad.