Es como estar jugando a brincar la cuerda en la orilla del
precipicio.
Tarde o temprano me voy a caer hacia el vacío.
¿Qué es el amor? Nadie está seguro de eso.
Y aquí vengo yo, a enamorarme hombre que tiene un encanto maravilloso, que me ha hecho entenderme a mi misma como nunca imaginé. Y todo está en nuestra contra: los estados civiles, los estados políticos, las fronteras
geográficas, las delimitaciones religiosas e ideológicas… y aun así esto
sucedió.
Destino, ahora realmente no creo en el destino. Mírame, me
senté a tomar una copa de tinto en ese restaurante que se encuentra sobre un
puente, y me encontró, literalmente el chico me encontró. Como dice la canción
de Fito Páez, él no buscaba a nadie y me vio, buscando margaritas del mantel… Y
toda una historia ha venido detrás de nosotros. Hemos dejado maravillosos
recuerdos en cada una de las ciudades en las que hemos estado; hemos aprendido más
en 25 días que en años de estar viviendo en las grandes capitales del mundo.
Y así, como si nada, se fue a un país del cono sur. Y yo,
con todo y mis recuerdos, me quedé en la Ciudad de México, a donde pertenezco.
De pronto me veo envuelta en papeles viejos de 75 años de antigüedad,
en periódicos que casi ni siquiera se pueden leer. Me veo metida en textos que
tengo que terminar de escribir, pero que no quiero. Me veo metida en unos jeans
talla 5, sin saber que bajé 3 tallas. Me veo frente a este espejo, escribiendo
en el teclado como si me pagaran por ello… bueno, de hecho me pagan por ello;
escribiendo en el teclado con todo el ánimo del mundo, por primera vez sé como
acaba la historia, sé cómo debo de escribir, pero esta vez no quiero hacerlo.
Así pasan los días, y me lleno de buenas noticias. Las cosas
se han puesto mucho mejor desde que me mudé de casa. Mis amigos se han convertido
en mi verdadera familia. Ayer recibí el número del Boletín en el que me
publicaron un artículo. Vine de regreso al lugar en donde toda la historia
comenzó…
Y la mensajería llegó para dejarme regalos que el chico no puede venir a entregarme. Y su guardarropa se dispersa entre mis manos, dejándome camisetas de rayas azules que huelen a Old Spice, y que envuelven cartas de amor con letras de canciones en un idioma que no puedo comprender... ¿Cuál es el punto? Esto nació con fecha de caducidad. El plazo ya se cumplió, y todavía no llega la verdadera despedida.
Taxis, muchos taxis; Metrobús, Metro, camiones, Terminales de Autobuses, aviones, dos aeropuertos; un Autobús que te abraza mientras viajas, un coche que me sostiene al manejar. En la gran ciudad, todos los medios se han puesto de nuestra parte.
1 comentario:
Ah, mi querida mariposita... qué sonrisa me arrancaste de leerte bien, de buenas, feliz, enamorada.
Ya deberíamos concretar ese café, ¿no te parece?
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