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lunes, 14 de marzo de 2011

Siempre primeras veces

El lunes fue la primera vez que me pidió que le abriera la regadera en la mañana, el miércoles planché toda la ropa limpia como nunca lo había hecho en mi vida, y... anoche tuvimos una gran pelea.

Este último mes me ha quedado claro por qué la gente no se casa, por qué es que no se pueden poner de acuerdo, cómo es que se acostumbra que las cosas se hagan en contra de la voluntad de una pareja. Que si lo correcto es, o es incorrecto. Que si se debe tener hijos. Que si se debe firmar un acta. Que si, que no, que ya me vale madres.

Tengo que darle algún mérito a que la ansiedad se ha olvidado de mi, eso me pone feliz. Pero por otro lado, he tenido pesadillas, recurrentes, de esas que hacen que uno se sobresalte antes de las seis de la mañana. Es raro, pero no es ansiedad.

Hubo una gran crisis, fue una gran pelea, y debí saber que vendría una primera vez en la que una llega hecha un mar de lágrimas a un Starbucks, donde un Salvador siempre está con los oídos listos para escucharnos. Manejé, despacio, a poner gasolina y a tomar avenida Universidad. Di vuelta en Eje 5, envié varios mensajes. Hay planes que se cancelan, lágrimas que no dejan de salir, y sentimientos que por primera vez se dejan ver sobre la piel.

Dudé si debía bajarme del coche. No lo hice. Todavía había cosas qué cancelar. El chico de los ojos verdes no me llamó, sé que se inmutó, sé que también se le partió el corazón, pero por un lapso de cuatro horas guardamos silencio.

Siempre hay una primera vez para una gran pelea, y para preparar el baño en la mañana.

El frapuccino de té verde fue gratis, por fin pude dejar de llorar, creo que el hielo machacado me congeló las ideas, y el temor de presentarme al seminario del terror. Estacioné el auto y caminé, entré al seminario con el rímel y las sombras embarradas alrededor de los ojos. No me di cuenta. Y tampoco de que el recuerdo de cómo dejé a los ojos verdes, me estaba arañando por dentro.

Diecinueve y quince. Salí. Conduje. No pensé. Arrivé.

No me acuerdo en qué momento nos dieron las cuatro de la mañana. Día dos. Doble gran pelea. Doble mala noche. Primera pesadilla que me hace despertar, por el calor que siento en el pecho.

Siempre me dijeron que luego de una gran pelea existe una gran reconciliación. En este caso hubo un camino atropellado a Tecamachalco, Interlomas, dos pares de ojos hinchados, y algunos besos de amor, de pura y plena confianza.

¿Qué puedo hacer, si de veras amo? Mi lengua tararea tu voz, cuando me dices que quieres estar conmigo. Mi lengua recorre todas las ideas que pasan por mi cabeza, y luego las saborea. Entonces yo también quiero estar contigo. Me desespero, soy histérica, qué le vamos a hacer... Te amo, me amas, mi lengua lo sabe bien.

La primera vez de una gran pelea. Mi coche y la Ciudad lo supieron bien.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Llegó el correo

Hoy fue día de correo. Salí a toda prisa de casa, y pisé un sobre que llevaba mi nombre escrito, lo recogí, lo eché al bolso y corrí. Corrí a sacar el coche, a encenderlo y a arrancarlo sin calentarlo, mi padre me esperaba, se me hacía tarde, no recordaba si me había puesto la ropa interior o los zapatos en lugar de las sandalias. Iba de prisa, iba a intentar tener un desayuno decente, aunque eso no siempre puede ser posible.

En el café hablamos sobre las radiografías, sobre los diagnósticos adelantados que pueden tener resultados fatales; sobre la presión arterial, sobre las recetas de los médicos que se dan sin escrúpulos, sobre las citas con los especialistas que tendré esta semana, sobre los análisis clínicos. Hablamos también sobre los análisis clínicos que debieron hacerle al chico si es que a cirugía lo querían meter, sobre la falta de ética en los médicos jóvenes, sobre que sin saber, él sabe más que todos los que conozco.

Manejé, otra vez, cerca de 30 minutos. Y llegué, a hacer lo que tenía muchas ganas de hacer, a encontrarme con él a través del teléfono, a través de los correos electrónicos que me hacen enloquecer, con estas tremendas ganas que tengo de pasarle la lengua por detrás del cuello y de morderle la piel que no sé por qué me gusta tanto cómo huele. Llegué a escuchar preguntas que no pensé que me haría tan pronto, ¿qué va a pasar cuando tu gato esté con nosotros? ¿O qué va a pasar cuando yo esté allá contigo, tu gato me va a querer? No lo sé, le dije, supongo que te olerá y que también le caerás bien. Si me gusta como hueles, supongo que a él también. Intentará meterse a tu mochila, luego se echará en nuestros pies. Quizá duerma sobre tu chamarra, y yo intentaré cubrirme con la piel que no es precisamente de mi chamarra.

El día comenzó a transcurrir. La gente comenzó a llegar, a desfilar, a intentar permanecer aún cuando saben que son efímeros.

Abrí el bolso, pasaba ya del mediodía. Había hecho muchas llamadas, tenía la boca seca, me dolía la pierna derecha, seguía un poco mareada, y dilucidé entre tomarme un analgésico o beberme una coca cola light. Saqué del bolso los pendientes, los míos, no los que intento resolver. Saqué el sobre que pisé en la mañana, en la puerta de la casa.

El sobre venía de la Florida, era de Cristina. Abrí el sobre con todo cuidado, como quien desenvuelve un regalo de navidad. Y ahí estaba, mi hermana vuelta papel, vuelta recortes de revistas de moda, con consejos, con atrevimientos sobre mi nuevo look, con una carta de amor hermosa, de las mejores que me han escrito en toda mi vida, y la mejor de los últimos cinco años.

Me acordé de los recados que nos dejábamos sobre el tocador, sobre los alhajeros que compartíamos, que eran de cristal. Me acordé de los recaditos que nos escribíamos en las manteletas de papel, de los restaurantes vegetarianos que tanto nos gustaba frecuentar. Ahí estaba, mi hermana envuelta en un sobre de papel.

Lloré, ¿qué te puedo decir si lloré, si ahora resulta que soy más sensible que antes? Me hormigueó el brazo izquierdo, volví a leer, intenté leer los post-its pegados en los recortes, ver a las chicas estilosas que me envió, pero no pude más. Lloré de felicidad porque hay alguien en este mundo que me ama, que se acuerda de mi, y que intenta hacerme sonreír a larga distancia.

Me puse completamente feliz de recibir una carta suya. Es fantástico cuando tienes con quien escribirte, de timbre pegado con saliva en la esquina superior derecha, con remitentes desconocidos en el reverso de los sobres. Es magnífico saber que hay quien te va a leer, kilómetros más adelante o más atrás, tiempo adelante o tiempo atrasado.

Mi hermana me ama, me manda material para que me distraiga, para que siga haciendo collages de moda que tanto nos gustaba hacer.

La sangre es cabrona. La sangre llama. Hilo de sangre que se enreda, que sigue la madeja hasta hacerse interminable.

Y a pesar de que el chico se volvió a hacer presente a través de mi móvil, mientras fue la hora de la comida, y un poco más tarde, cuando intentaba lavarme los dientes, este incansable deseo de tomarlo a besos no se termina más. Si fuera posible, lo besaría todo el día, estaría con él hasta que por fin el tiempo se detuviera.

Tal parece que Cristina lo sabe, que mi sister morfina siente lo que siento ahora.

¡Cómo la extraño! Demonios.

Ojalá pudiéramos volver a hacer recortes juntas, a leer lo que nos gustaba leer, a ir al cine juntas. Ojalá pudiera conocer al chico que me llama a las dos de la mañana, a las once de la noche, a las nueve al despertar. Ojalá pudiera platicar con él, para que supiera ella decirme por qué me gusta cómo huele, cómo habla, cómo mueve las manos cuando intenta explicarme algo que a veces no entiendo, que no sé cómo es.

Mi hermana me daría un mapa, me haría escribir un guión de lo que sigue, de lo que desea mi corazón. Debería intentarlo yo, en lo que vuelvo a reunirme con ella. Y mientras, a insistir con esta lengua detrás de sus orejas, bajando por el cuello, lamiéndole la espalda y mordiéndole la cintura.

¡Caray! La Ciudad es tan grande, el amor tan pequeño, y el tiempo nunca alcanza.

Las ganas son ganas, y con todo y eso, ya me voy a dormir. Tengo mucho que escribir, pero debo aprovechar que el insomnio comienza a olvidarse de que puede venir a hacerme suya, porque mi mente ahora piensa en quien de verdad desea que esté con él.

Llegó el correo. Fui feliz. Ya no puedo con tantos besos a través del móvil, mañana se lo diré al chico, cuando me llame mientras manejo camino a la oficina.

domingo, 28 de febrero de 2010

All exclusive

Tus ojos son dos gatos por los tejados.
Besos con sal, Joaquín Sabina.

Ciudad de chicos monéandose en el Metro mientras van a la iglesia de San Hipólito, llevando en brazos a San Judas Tadeo. Ciudad que me permite llegar en menos de treinta minutos al Centro Histórico. Ciudad de basura en las banquetas, de barrenderos que no quieren salir a hacer su trabajo en domingo. Ciudad de sol, de chamarra de piel porque me duele un poco el pecho. Ciudad de invierno que quema, que me reseca las manos y los dorsos de mis pies.

Ciudad de historias. Ciudad de Encuentros. Ciudad de escritores que quieren seguir escribiendo. Ciudad de personas que no se quejan, y que pagan el alto precio por vivir acá. Ciudad de escritores que sacan material de las esquinas, de las estaciones, de las paradas de autobús. Ciudad de historias de colonias populares que adoptan nombres propios. Ciudad de personajes que de pronto se convierten en mis mejores amigos.

Ciudad de pseudónimos, de vidas que se quieren vivir. Ciudad de cambio. Ciudad mágica que te permite ser lo que quieras ser. Ciudad de noche, que no importa que te tome la madrugada en medio de un Eje vial que no conoces. Ciudad horrible, de bolseo en los camiones. Ciudad de amor, de intercambio de miradas cuando el semáforo se pone en rojo. Ciudad de coches, de ligues mientras metes el clutch y haces el cambio de velocidad.

Ciudad que me da miedo cruzar en las avenidas. Ciudad de correr, porque no vi que el semáforo del Eje Central ya estaba en rojo. Ciudad que me permite decidir ser otra persona, que me permite vivir en otros lugares, sentirme vistiendo otras ropas.

Ciudad Emperatriz. Ciudad de campanas al vuelo. Ciudad que a veces me da miedo. La Ciudad donde nací, que deseo que siga siendo la Ciudad de los Palacios.

Me encontré con el Presidente de la Nueva República de Babel, en punto de las doce y 30 en la explanada del Palacio de Bellas Artes. Un abarrotado Palacio de Minería nos esperaba, con libros por doquier, y con encuentros que nunca imaginé. El Presidente me puso un distintivo que decía "participante XXXI FILPM", lo que me dio acceso all exclusive a todos los eventos.

Si hay un momento en el que uno tiene que disfrutar las cosas que de pronto han llegado al camino que se transita, es este. Y estoy muy agradecida por las últimas experiencias que he tenido, que me han llenado, y que he vivido a través del ritmo de esta difícil -pero encantadora- Ciudad. A veces la odio, a veces la amo. Me parece que es mi pareja ideal, que somos un par ejemplar, y no sé cómo le voy a hacer -ni cómo vaya a ser- cuando pronto tenga que desplazarme un poco más, para llegar a los lugares que suelo frecuentar.

Una lista interminable de nombres y de títulos, desfilaron frente mis ojos, me dieron la mano, me pidieron opiniones, me firmaron algunos de los libros que hoy me regalaron.

Ahora entiendo por qué me gusta tanto ese ambiente. Es sencillo. Simplemente uno es, por lo que se puede crear a través de un conjunto de frases ordenadas de tal manera, que la vida de quienes nos leen, se vuelve diferente. Y nunca somos los mismos, ni las obras, ni los escritores, ni los lectores. No importa que las hojas hayan pasado por nuestros ojos hace mucho tiempo, siempre tendrán otro significado, uno mejor, otro especial, aquel distinto que esperábamos.

Llena de regalos por parte de mi amigo el Presidente, pasadas las dieciocho horas, nos fuimos a comer a donde el pequeño Barrio Chino que el Centro Histórico le permite existir. Compré la coca-cola light más cara que he pagado en mi vida, pero coincidimos que es mejor eso, a meterse a un callejón desconocido y sin salida, para pagarla unos diez pesos más barata. Con todo, fue fenomenal. La comida valió la pena. Las farolas encendidas nos regalaron dos fotos para la posteridad.

Hacía mucho tiempo que no me tocaba un evento con una trato all exclusive. A disfrutarlo, porque como dice Madame Copo de Nieve, nos lo merecemos.

Y ahora, que el destino me pone estas trampas para de pronto enamorarme de los domingos, creo que me siento mejor, a dedicarme sólo a sacarles la lengua cuando despierto. Y eso es, unas pequeñas trampas que me hacen sonreír, que hacen que mi pelo brille, porque además se cierra con broche de oro -y se abre semana por la noche del domingo- con una fabulosa charla con San Román.

Insisto, estas trampas, y esta familia intelectual, me dan tranquilidad. Espero que por algún tiempo no cambie, y que las trampas se hagan costumbres, y que el Presidente de la Nueva República de Babel y yo coincidamos en la segunda semana de marzo para comer; que terminemos los pendientes del registro de obra y autor, que comencemos a escribir lo que se supone se publicará en septiembre. Espero que la costumbre de cenar con San Román dos veces por semana no termine, que la reanudemos luego de sus exámenes, luego de mis histerias, luego de los obstáculos para llegar a tiempo al restaurante. Tengo fe. Y todo de pronto comienza a salir bien.

Y esos ojos que caminan por los tejados, vendrán otra vez a verme de frente, como lo hicieron la primera vez.

lunes, 22 de febrero de 2010

Quiero regarte las plantas de los pies

Quiero llenar las paredes con tu nombre, quiero que sepan que voy a escribir de ti y que voy a escribirte a ti. Voy a llenarte la piel de mis frases, voy a iluminarte como una vez llegaron a iluminarme a mi.

Voy a escribirte que a veces no me dejas dormir, voy a llamarte cuando logre despertarme. Voy a intentar tirarme en el sillón para soñar de ti, voy a creer que estás a un lado para poder besarte.

Y con cada una de las lenguas, escribiré tu nombre. Y usaré la mía, para que lo sepas de una vez. Voy a llenar las paredes con tu nombre, y quiero por fin regarte las plantas de los pies.

Cuando eso suceda, espero poder llegar para cosecharte, para abrazarte cuando no puedas dormir. Voy a llenar las paredes con tu nombre, y vas a saber por fin, por qué te llamo así.

Siento unas ganas bárbaras de regarte las plantas de los pies, y de paso pasaré mi lengua por tu cuello y por detrás de tus orejas. Y con ese finísimo oído que tienes -que se parece a mis felinas miradas-, por fin entonces sabrás, que los sonidos de mi garganta ahora son para ti.

domingo, 21 de febrero de 2010

Abre los brazos al mundo.

Domingo de dormir hasta las once de la mañana. Domingo de almuerzo con la Diseñadora de Modas, de frapuccinos con San Román. Domingo de hacer las compras, de hacer cuentas, de tirarme del pelo porque no me alcanza el dinero.

Domingo de reinventar planes, de inventar proyectos, de deshacer recuerdos. Domingos de darme cuenta que estoy bien acompañada. Domingo que me enseña a dejar de sacarle la lengua a los domingos.

Día de intentar dormir sin tener éxito. De cumplir promesas, de seguir costumbres, de alimentar a mi corazón a través de mi otra familia, de mis amistades, de buena comida, de reírme manejando el coche que ahora ya quiso andar.

Estoy contenta de que el domingo me haya recordado a la cara que una vez soñé con comerme el mundo a mordidas. Que cuando decidí la línea que quería vivir, para luego poder sobrevivir, tuve un sueño, o muchos, que pensaba en inundar las almas con optimismo, con amor, con buenas costumbres. Pensaba que sí era posible cambiar el curso de la Historia, dejar de permitir que los ciclos se repitieran, que los mismos errores se cometieran, que un acuerdo entre algunas partes era suficiente para darle felicidad a una población.

Soñaba con comerme el mundo a mordidas. Eso, con el tiempo y junto con otras experiencias, se me fue quitando. Me olvidé por un tiempo de Clío, me olvidé de hacerme reír, me olvidé de procurarme un corazón, de procurar al que latía bombeándome de sangre todo el cuerpo; me olvidé de comer bien, me olvidé de dejar de beber, me olvidé de las cosas buenas que me merecía.

Un día me olvidé que era posible que alguien pudiera llegar a quererme, pudiera llegar a amarme tal como soy, me olvidé de quererme a mi misma. Pero las cosas pasan, el tiempo se termina, los plazos se cumplen, la evolución sigue, los caminos se vuelven a abrir. Y entonces comencé a urgar entre mis recuerdos, comencé a lamerme la memoria, y comencé a recordar todo aquello que había bloqueado.

Sólo así me olvidé las pastillas en el buró, me olvidé de las malas compañías, me olvidé de los corazones rotos, me olvidé de los solteros tóxicos, me olvidé de las malas decisiones, me olvidé de engancharme como imbécil a lo primero que me pasara por enfrente, fuera lo que fuera. Me olvidé de comer mal, me olvidé de lo que opinan y hablan los demás.

Comencé a formarme una familia, comencé a tomar buenas decisiones, y hoy, que es como sucedió con el Homo Sapiens Sapiens -el que sabe que sabe-, me hice un pensadero y estoy intentando sacar con mis letras todas esas frases que son y que siempre han sido sordas, esas experiencias que no sirven más, esas personas que nunca fueron, y esas decisiones que alguna vez me resintió tener que tomar.

Hoy me dispuse a volver a creer que me puedo comer el mundo a mordidas. Hoy le tomé sentido a la frase que Cristina me dijo por teléfono, esa de que abra los brazos al mundo, de que está ahí, esperando a que lo tome; esperando como esperé yo misma, para poder conquistarme.

Love, i can believe in. Change, i can believe in. Yo creo y con eso basta. Y es oficial, vuelvo a tener confianza, y lo voy a volver a decir a menudo: quiero comerme el mundo a mordidas.

domingo, 7 de febrero de 2010

Puras pesadillas.

Dormí poco y mal. De hecho, seriamente me he dado cuenta de que estoy abusando de las pastillas para el dolor, de las aciditas de colores, de las que son para la nariz, para la alergia, para dormir, para la garganta, para despertar, para mantenerme de buenas, de las de menta y de las que todavía no se me ocurre que me puedo tomar.

Hay distintos tipos de analgésicos, unos comunes, otros muy específicos. Con ninguno, y también con cada uno de ellos, tengo una relación estrecha, y cierta disposición a traerlos en el bolso o a guardarlos en el cajón del otro buró que casi no uso. A veces me da miedo. Se supone que ya confían en mi, que ya puedo guardar todo tipo de substancias en mis pertenencias, que ya puedo cargar con ellas, que ya no es necesario que algún pariente o persona de confianza sepa que las compro o que estoy en manejo con ellas.

Algunas veces, me doy miedo a mi misma.

Desperté, exaltada por no poder respirar, con un gato que pesa cerca de siete kilos encima de mi, y con el pelo echado todo en la cara. Soñé horrible. Soñé que la cita que tengo el martes no llegaba, que yo estaba confundida, que no sabía donde había pasado la noche y que todo en mi memoria era mi Universidad con cuartos de baño y lujosas zonas de comida, y que en un cóctel de pastillas me había perdido hasta el mediodía, justo cuando mi jefa me dejaba un mensaje en el móvil que decía "te esperamos a las diez, y tu nunca llegaste".

Ni lloré, ni me desmayé, y ni pensé en vomitarme. Comencé a quejarme como si me estuvieran dando un golpe en el pecho, y a lo lejos escuché un ronroneo, luego abrí el ojo y vi la luz del mediodía metida en mi habitación. Intenté liberarme de las pesadas cobijas, luché en contra de los brazos de Morfeo, y me senté de un brinco en la cama. Le saqué la lengua al puto domingo que empezaba para mi.

Todavía un coqueto gato ronroneaba en mi panza, mi nariz estaba completamente tapada, por eso no podía respirar, por eso sentía esa pesadez en el pecho de que me faltaba el aire. Sólo fue un mal sueño. Sólo fue la pesadilla de terror más terrible que he tenido en los últimos meses, y que justo mi subconsciente pudo elucubrar para mostrarme de frente el mayor de mis temores: no estar presente en la reunión por la que tanto he esperado.

Dieron las trece horas y yo seguía en la cama. Ahorita sigo cansada. He tenido dolor de cabeza todo el día. Tengo muchas cosas para quejarme, pero no lo voy a hacer. Tengo muchos dolores que mitigar, y tendría muchas razones para tomar todas las pastillas del mundo, pero no lo voy a hacer. Todavía me duele el cuello y el brazo izquierdo, no aguanto la espalda, y la cabeza siento que me va a estallar.

Debe ser ansiedad. Debe ser cansancio. Me voy a dar un baño, y no voy a tomar nada más.

Nada más, aún cuando ese frasquito me está haciendo ojitos desde el tocador. Aún cuando ahora recuerdo que tengo unas deliciosas pastillitas en forma de diamante que la Diseñadora de Modas me regaló, y que de hecho no estoy segura de que sepa qué fue lo que en realidad me dio.

Dos veces en mi vida he sido infiel, pero hoy no me voy a ser infiel a mi misma, ni por unas aspirinas para el desamor lo haría. Lo prometo.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Simples bagatelas

Me ha dado por andar más en los rumbos de ciudad Satélite. No está tan mal, a veces no me acuerdo por qué dejé de andar de sateluca, y entonces me acuerdo que María vive allí y que tanto blof al que le da importancia, me hace estornudar. Y María así es, y así la quiero, no la podré cambiar. Pero no puedo comprender todavía que una chica de su edad, siga viviendo en una pompa de jabón. ¿Qué va a pasar cuando la burbuja se reviente? ¿Por qué no aceptar que la gente que es diferente también es feliz?

¿Por qué no ser feliz con lo que se tiene en la vida? ¿Por qué escupir palabras estúpidamente, sin soportar la repercusión que puedan tener? ¿Por qué hacer que no pasa nada?

Conocí un chico con mesura, y él agradeció que yo fuera igual. Las palabras salen como toboganes de las bocas de la gente que no piensa, por eso yo no desperdicio las palabras más.

Y resulta que el chico es sateluco, como fui yo hace algunos años. Y que vamos los lugares que estaban de moda y que ahora caen de novedad. Y resulta que no me importa, sólo me enoja que quienes no tienen que hacer se fijen en la vida de los demás. ¿Y qué si no me parece, o si a mi me funciona diferente? ¿Y qué si el chico vale la pena, y por tu prejuicio no te detuviste a averiguar?

¿Y por qué te enojas de que el chico me haya llamado al día siguiente, si para ti esas son simples bagatelas?

No se puede ir por la vida rompiendo corazones, burlándose de los demás, haciendo que no pasa nada. No señor. Por eso me abstengo, y me dan flojera las bagatelas de las que te crees alimentar.

domingo, 30 de agosto de 2009

El amor se debe celebrar

Eran como las ocho de la mañana del domingo, un mensaje de texto me despertó "ya somos novios" decía. Ya son novios, y tienen de salir lo que yo tengo de conocer a los Ojos redondos. Lo leí, respondí entre sueños y me volví a dormir profundamente. Sola, con un gato en los pies y sin ver más ojos, ni redondos ni de otros.

Soñé que estaba embarazada y que daba a luz a un bebecito muy bonito, con poquito pelo, María estaba conmigo, envolviéndolo en cobijitas y haciéndome compañía. Yo lo abrazaba mucho, le daba besos, lo cargaba para darle de comer, lo arrullaba, lo cuidaba. De momento, lo ponía sobre la cama y el bebecito comenzaba a mover sus manitas, se zafaba de la sabanita y salía en cuatro patas un bonito y peludo gatito color gris obscuro. ¡Qué monada! Yo me sentía muy contenta, me preguntaba qué había pasado con el bebé, pero no me daba angustia. Cogía al gatito con las dos manos, le daba besos y pensaba "supongo que es más fácil poner una caja de arena, que cambiar pañales". Me desperté. Me dio risa el sueño, porque no había sido nada monstruoso, ni había habido una fea transformación, simplemente mi bebé se hacía gato, y me daba mucho gusto tener un gatito chiquito.

De la noticia de un nuevo amor, a mi sueño profundo con dar a luz, bebés y mis adorados gatos. De relacionar el amor de alguien con la vocación mía, con bebés y libros escritos, proyectos terminados y papeles recibidos. Del amor que comienza para una gran amiga, al amor que tengo yo con mi Ciudad, con mis hermanas y con mis amigos. Del amor de una pareja que nace, al enamoramiento que tengo de confianza en mi misma.

Enhorabuena querida, el amor se debe celebrar. Una razón para no sacarle la lengua al domingo.

Y como siempre me dijo el presidente de la Nueva República de Babel, "¿cómo va el bebé?" Las que me han visto desde que el "bebé" era apenas un cigoto, saben que la gestación ha sido muy dura. Ya es momento de dar a luz, de hace tres años y ocho meses, a tres meses y ya sólo faltan dos.

domingo, 17 de mayo de 2009

Cotidiana 5

Y si, le volví a sacar la lengua a los domingos.

No te lleves otra imagen mía. La gente tiende a pre juzgarme por el simple hecho de ser historiadora. La mayoría de las veces, prefiero que hablemos de otra cosa; del diario, de la radio, de los viajes y las anécdotas. No me gusta mucho hablar de Historia cuando recién conozco a alguien.

Hubiera querido saber más de ti, pero no me atreví a preguntar. Hubiera querido no haber hecho sentir mal a la chica, pero no puse suficiente atención. Hubiera querido que tu mano no soltara la mía nunca, aún cuando ambas tenían que tomar la palanca de velocidades de tu coche. Hubiera querido que la noche durara hasta el día siguiente.

Hoy envié por primera vez un oportuno que llegó de las agencias de noticias. Estoy aprendiendo el oficio completo. El oportuno fue muy importante, pero no pude evitar sentir un hueco en el pecho y comenzar a llorar; el oportuno era de que había muerto Mario Benedetti.

De todo lo que he leído de él, sus Cotidianas siempre me pusieron bien. La Cotidiana 5 me la sabía de memoria. En esos años, cuando más lo leí, me hacía muchísima falta hablar con Mauricio y seguí refugiándome con el Rey Sol. Cargaba los libros cotidianos en el bolso, dormía casi todo el día y mi pelo era una maraña enorme. Debuté como paciente de TOC con un toquesito de TA. Mis padres no lo supieron, pero Mauricio me exigió que se lo contara a alguien de mucha confianza, ése fue el Rey Sol y unos meses más tarde, se lo conté a mi hermano.

Entre Mauricio, el Rey Sol y Benedetti me regresaron las ganas de comer, de escribir y dejé de dormir.

Hoy el mundo perdió un poco de brillo. Hoy saqué el maxi abrigo y me envolví el cuello en una pañoleta con todo el final de mi pelo. Hoy tuve frío. El camino de regreso en Metrobús no estuvo tan mal. Tomé café, fumé, caminé la Ribera de San Cosme. Tenté un poquito al destino, pero no te volví a ver.

El domingo y yo no tenemos remedio. Aún cuando se ha vuelto uno de los días más productivos de la semana, me sigue constando trabajo caminar bajo el cielo de la Ciudad si es domingo. Algunas veces no sé por donde empezar de todas las cosas que han pasado en mi Ciudad y en la vidita paralela que tengo con ella.

Los domingos me siguen poniendo nostálgica y algunas veces -como hoy- me hacen sentir la mujer más sola del planeta.

Hubiera pedido tu número de teléfono. Te hubiera dado el mío. Por lo menos sabemos dónde vivimos cada quién.

Sigo pensando en ti y no sé cómo llamarte; no sé cómo referirme a ti y no puedo dejar de pensar en los vellitos de tu brazo derecho. Maldita sea. Bendita la Ciudad. No puedo recordar cuándo fue la última noche que fui tan feliz, no lo tengo registrado en la memoria. Las seis horas que conversamos me parecieron veinte minutos. No sé cuando te volveré a ver, y tampoco me consta que será pronto.

Te hubiera preguntado tu apellido. Ayer que me tomé un café con la chica, ella me lo dijo. Y me dijo otras cosas. Y yo le dije que el corazón me late fuertísimo cuando pienso en ti, y se me va el aire, y comienzo a sudar, y las mariposas me brincan en la panza y se me suben al pelo. Y comienzo a cantar y me pongo feliz y entonces es cuando la inspiración me brota por los poros de la piel y comienzo a escribir las cuartillas que faltan de mi capítulo pendiente.

Ella me dijo que nuestra química salía a borbotones. Y yo le confesé que justo cuando al día siguiente, vi la barra de chocolate dentro de mi bolso, la inspiración comenzó a brotarme por los poros de la piel.

Y sería maravilloso. Y también lo llevaré bien. Me doy por bien servida, pero también voy a tener fe. Y estoy segura de que te volveré a ver.

De todas las cosas que quisiera platicar contigo, te comparto de primera vez mi Cotidiana 5.

COTIDIANA 5
Mario Benedetti

Hay un día en que se nace
a la gloria y a la suerte
a la suerte y a la muerte
hay un día en que se nace

y en penumbra tan temprana
que no duele ni se nombra
la luz muere con la sombra
de la vida cotidiana

hay un sol que da sentido
a la gloria y a la suerte
a la suerte y a al muerte
hay un sol que da sentido

y en mitad de la mañana
abre rumbos y salidas
en las idas y venidas
de la vida cotidiana

hay un cielo que responde
a la gloria y a la suerte
a la suerte y a la muerte
hay un cielo que responde

y en la calma soberana
de un solemne mediodía
junta penas y alegría
de la vida cotidiana

hay un sueño que se acerca
a la gloria y a la suerte
a la suerte y a la muerte
hay un sueño que se acerca

y en la siesta y resolana
ponen lágrimas y besos
los convictos y confesos
de la vida cotidiana

hay crepúsculos que invocan
a la gloria y a la suerte
a la suerte y a la muerte
hay crepúsculos que invocan

y en la cumbre más lejana
el sol muere como un toro
con la sangre y con el oro
de la vida cotidiana

siempre hay una causa digna
de la gloria y de la suerte
de la suerte y de la muerte
siempre hay una causa digna

pero no es la lucha vana
de quien busca satanases
en las guerras y en las paces
de la vida cotidiana

hay por último un letargo
de la gloria y de la suerte
de la suerte y de la muerte
hay todo eso y sin embargo

en la noche veterana
del amor que es buena gente
va dejando la simiente
de otra vida cotidiana.

domingo, 8 de marzo de 2009

Hace diez años

Mis quince años fueron hace diez y casi ya no me acuerdo. No tuve fiesta, tenía pocas amigas, mi cabeza sólo pensaba cómo devorar libros...

Hoy hice una radical remodelación de mi cuarto. Donde antes cabía solo una habitación, hoy caben tres áreas: recámara, lounge y estudio. Quedó linda aunque todavía no sé dónde cabrán tantas cosas que ya no necesito. Muchos zapatos tienen que circular, un abrigo, dos sacos, otros tantos pantalones de mezclilla... la sorpresa fue por las cosas que aparecieron: muchas fotos que no quería ver, cartas que no creí que existieran, perfumes, joyería, muchísimos escritos y dos cajas de recuerdos que no reconocí porque antes no solía ser una histérica histórica.

En la época en la que las chicas sueñan en enamorarse, en estudiar una carrera, en vivir la fiesta del siglo con un vestido de falda de tul enorme acompañadas de damitas de honor, yo estaba viviendo la primera y una de las más severas depresiones de mi vida. Casi no me acuerdo de cómo era, después de la mayor crisis, comencé a tener algunas lagunas en la memoria. Fumaba mucho, leía mucha filosofía y tenía la profunda intención de convertirme en escritora aunque no supiera qué tenía que hacer para lograrlo. Pasaba mucho tiempo sola y si, también hablaba con las estrellas y la luna.
Dejé de creer en dios y comencé a creer sólo en mi misma. Dejé de comer y dejé de dormir. También dejé de reir.

No me acuerdo en qué momento -o cuántos años después- me comencé a sentir repuesta, sólo sé que no todo el mérito ha sido mío.
Con mucho esfuerzo comencé a subir de peso, comencé a leer, a escribir y a cumplir mis metas. Poco a poco comencé a palomear una larga lista de cosas por hacer, metas por cumplir y sueños por realizar. Comencé a convertirme en lo que soy, con fracasos, amores, desamores y dolores. Con nuevos sabores, nuevos quehaceres, nuevas cosas por aprender, nuevas personas que conocer y diferentes hombres que amar.
La Universidad vino a hacerme y vino a cambiarme la vida. Cuatro años después la Universidad se acabó y comenzó otra etapa; luego cuando todo se ha acabado se me han acabado también las opciones para palomear.

Bloody sunday, again.
Ayer fui a un fiestón de quince años. No conocía a la chica, ni a nadie, sólo a mi hermana que fue quien me invitó. No tenía muchas ganas de ir, no he dormido bien todavía, sin embargo fui optimista y escogí un vestidito corto color cobrizo, mis tacones negros de trabita y lo mejor de todo fue que encontré unas medias buenísimas: las clásicas negras con una costura vertical por detrás. Bailé mucho aún cuando el broche sujetador de la media derecha me hizo una mala jugada. Disfruté la fiesta aún cuando no me gustan las fiestas de salón. Intenté conectar aún cuando no tengo ganas.

Hoy me encontré cosas que no quería. El domingo me intentó escupir que debí tener fiesta de quince y baile de salón y damitas de honor y viaje de término y proyecto de carrera comercial y trabajo en una cafetería rápida... y quizá una vida normal.
Luego, no me dejé y me limpié en el domingo. Y en los comentarios de mi padre, y en la actitud de Pancho y en los comentarios familiares y en la ropa que no me queda y en el peinado que nunca me gustó.

El domingo está terminando. Hice muchas cosas, cargué muchos muebles, aspiré necesariamente... y me puse a hacer lo que mejor sé hacer: prendí un cigarro y me puse a escribir. Y a veces vuelvo a sentir que mi corazón se hace una esponja seca, que mi pecho alberga un hueco más grande que el de mi cama y que el espejo no me reconoce.

Arriba la redecoración, abajo los domingos.
Arriba los besos en los labios, abajo los domingos.
Arriba yo, abajo tu (hoy le prendí una vela al amor... y si, también le saqué la lengua a los domingos).

domingo, 7 de diciembre de 2008

Tenía que ser en domingo (the very last cup of tea)

Y de madrugada. Son las cinco de la mañana del domingo 7 de diciembre del 2008. Vengo llegando de una fabulosa noche de música, plática, compañía y cervezas en "La Nueva Excelencia" del Centro Histórico. Lo pasé, como casi siempre sucede, incréible.

Tengo la sensación de que las cosas deben cambiar. Debería comenzar con mi peinado, y tal vez seguir con la manera de ver las situaciones más complejas de mi vida. No todo lo que brilla es oro y, finalmente, he salido airosa de la ansiedad de los últimos años. I've been clean for the last hole year and i'm happy for it. Y la última taza de té debo tomarla mañana al despertar; sé que no haré caso del masaje con hielo ni de los analgésicos, tampoco he podido dejar de fumar. Pero, si sigo haciendo un esfuerzo y si en lugar de tomar el tamaño venti tomo el alto de latte por las mañanas, significará un gran avance para mi tratamiento. Odio no poder tomar té de hierbabuena ni fumarme un Marlboro light mientras termino de escribir algún párrafo o una idea inconclusa. Eso es, quizá debería escribirlo todo de un jalón -y a dos manos- para darme por vencida.

También el título del blog ha cambiado porque esta noche fue especial. Tengo una fan de planta. Bailé en la pista como mucho hace no lo hacia. La Ciudad necesita belleza y estoy segura de que yo se la puedo dar.

No me sentí sola porque esta vez mi hermano -quien por algunos años estuvo ausente- se volvió a hacer presente tomándome fotos, cantando y diciendo "salud". Me puso bien. Ojalá pudiéramos retomar esas noches de fiesta que solíamos tener antes de que se fuera a vivir Playa del Carmen; lo pasábamos muy bien y siempre hacíamos mancuerna. A pesar de tener pareja estable, me sigue tomando en cuenta cuando se trata de bailar en la pista. Ahora me doy cuenta de que lo extrañé. También extrañé a Madame Copo. Me encantó verla bien, guapa, sana y feliz. Con un chorro de proyectos inconclusos que pronto llevará a cabo; con sus ganas de bailar siempre y cuando la música toque.

La Ciudad me deslumbró una vez más.
Necesita belleza, como ya lo he dicho, y sin embargo se ve más linda que nunca. Y eso que no llegué a la inmensa pista de hielo de la plaza central. Me encanta vivir aquí. No me importa lo grande que sea y lo que eso implique. Yo soy una histérica también: tengo obras, y baches y camiones que pasan sobre mí entre las cero y las cinco horas... Una que otra vez he sido atropellada y me he caído de una azotea de primer piso; también he sido protagonista del drama de los servicios de emergencia. Por otro lado, sigo siendo mortal porque no he sido víctima de extorsión ni de secuestro. De este enorme Big Brother, sigo siendo anónima y soy feliz.

Ahorita tengo frío, ya me iré a dormir y comprendo, que a pesar de que algunas personas insisten en hacerse presentes, se necesita mucho más que un mensaje a celular para figurar en la farándula de mi megalópolis. Querétaro no me llega ni a los talones. Sus mensajes no tuvieron nada que decir, a pesar de que decían muchas cosas.

En ocho días recogeré los resultados de la biopsia, fijaremos fecha y me despediré de mi escote de vértigo. Tengo miedo pero así debe de ser. Espero que no sea pronto y también, espero poder tomar muchas fotos más. Ojalá pudiera beberme todo el té de hierbabuena del mundo y todas las coca-colas light y los té verde helados también. Me duele, el pecho y el alma.

Gracias Ciudad y gracias domingo. Ahora comenzarás a figurar positivamente.
No le sacaré la lengua al día de hoy.

lunes, 3 de noviembre de 2008

Otro domingo que me cae bien

Y comienzo a pensar que me caen bien porque tú los haces especiales, diferentes. Dormí excelentemente bien, desayuné tostadas con queso, té negro y una salchicha, me volví a quedar dormida. Técnicamente el día nos inició a las 13:30. Lo pasé bien y falté a mi palabra de que me quedaría en casa "como psyco killer a acariciar a mi gato"; en vez de eso, cogí mi coche y me salí a tomar café latte bien gratis.

A las 14 aproximadamente, te envié un mensaje. Medio bobo pero sincero. El día pasó, comí spaghetti al pesto con coca cola light. Me puse linda.

Tuve una reunión de esas que hacía mucho no teníamos. Me vi con mis hermanas y platicamos re bien. Hablamos de muchas cosas, me hicieron reir y quedamos bien. Me sentí grande. Ellas se sintieron chicas. Los años se van desapareciendo entre nosotras. Sentí que comienzan a respetar mis decisiones.

Al llegar a casa me puse a ver mi peli de última adquisición. Entonces sonó mi móvil. Eras tu, desde otro número que no conozco. Me encantó. Así me lo dijiste: "gracias por acordarte de mi en la tarde". Wow. Yo encantada. Nuestra conversación fue de tu trabajo, mi fiesta de un día antes y la semana que se supone, albergará nuestro encuentro. Mientras eso sucede yo soy feliz con llamadas y mensajitos coquetos. Me mandaste besos (lo que casi no haces al teléfono). Te dije que hoy por la noche me volvería a acordar de ti... Ojalá me llames cuando eso suceda.

Que fácil es tener una nueva ilusión. Sonreí. No le saqué la lengua al día de ayer.

lunes, 27 de octubre de 2008

Saturday night

Una invitación me cayó de sorpresa el viernes en la mañana, sin pensarlo acepté y me llevé una grata sorpresa cuando el sábado en la noche llegué al lugar. La música de los años ochenta me hizo bailar por horas.

La noche me tenía guardada una sorpresa más: ¡sí apareció! El hombre más ocupado de la Ciudad aceptó mi invitación y llegó cerca de la media noche. El destino está cañón. Después de intentarlo muchas veces, la llamada entró. Estaba yo en la planta baja del lugar y no había señal, afortunadamente el móvil se apiadó de nosotros y pude enterarme que estaba afuera esperando que saliera por él.

Yo me veía re linda, traía un mini vestido negro y mis botas altas color piel, por supuesto que usé el pelo alborotado y debo confesar que las piernas se me veían de vértigo... jamás imaginé que este hombre llegaría a encontrarme allí. Yo iba muy bien acompañada, con mi amiga cómplice que también odia los domingos, estuvimos muy contentas porque jugamos a la "dancing queen" por horas. Como les decía, cuando el móvil sonó, también sonó mi corazón; y aunque sólo estuvimos un rato muy corto, me sentí bien.

Sucede pues, que me hizo sentir como que todavía conservo un poco de charme que me caracterizaba años atrás. Yo que creí que ya no tenía suerte, y que no podría lograr que alguien me fuera a encontrar a un lugar.

Ligar ya no es lo que era antes. A veces extraño el coqueteo, la invitación de una copa desde la mesa del susodicho y el teléfono en una tarjetita. Ahora casi siempre es e-mail o mensaje de texto. Creo que a pesar de mi personalidad y mi profesión, hay cosas que me siguen gustando a la antigua.

No debo quejarme del todo: hubo una cosa que se hizo a la antigüita reloaded. Como hoy en día ya casi no te llevan de regreso a tu casa, por lo menos este hombre se preocupó por que llegara bien hasta mi casa. El último de mis mensajes decía: "sana y salva. ya con pijama. hasta mañana. besos". Sólo así pudimos dormir separados por la gran Ciudad.

Al día siguiente, domingo, todo valió mucho la pena. Como hacía mucho tiempo no me sucedía, amanecí sin resaca. (¿Puedes creerlo? By the way, ya entrados en confesiones: no conservé al amante). Comprobé una vez más que el alcohol no hace cosquillas, me sentía de maravilla. Mejor me sentí cuando a media tarde sus mensajes comenzaron a llegar. Creo que es la primera vez que no le saco la lengua al día de ayer. Desde hace mucho tiempo que no dejaba de odiar los domingos.

Dos días después del utópico y efímero hecho histórico, tengo una invitación a comer. Prometo contarles cómo será el hipotético futuro entre los dos.

Me pones bien.

lunes, 13 de octubre de 2008

Accidentado domingo

Por eso, seguiré sacándole la lengua al domingo, ahora con más razón.
Resulta pues que me caí de la troca, maldición, me siento mal y me di en mi carita de tigre toño. Mucho hielo, ibuprofén, dolac y té de árnica... ese fue mi remedio.

Total que no todo fue tan malo. La peli de terror se terminó, llegando a México me recibieron con la noticia de que ya tengo coche. Me puse feliz y el dolor se me terminó por un momento. Lo manejé por primera vez para llevarlo a ponerle gasolina. Me sentí feliz.

Bendito coche vino a limpiarme la memoria. Yo después fui a platicar con el señor para confesarle mis pecados... ja ja ja Una responsabilidad más a mi lista.

Me siento bien -en lo que cabe- y feliz de estar de regreso en mi Ciudad. Por eso las chicas citadinas como yo, no debemos salir al campo: los accidentes pasan donde no conocemos el lugar.

Hoy voy a ver a Andrés Calamaro. No hubiera querido recibirlo en este estado, pero ya ni modo. Me iré en mi coche. Me siento re bien.

Ah, por cierto, mi coche se llama Andrés, en su honor.

domingo, 7 de septiembre de 2008

Hoy le sonreí al día de ayer

(pero le seguiré sacando la lengua al domingo)

El día fue lindo. Ayer fue mejor.

La resaca que me recordó que el viernes fue uno de los días más divertidos de los últimos meses, por fin desapareció casi a las 19 horas del sábado. Gracias pues que existen las aspirinas.
En mi cabeza, sólo rondaba la idea de ponerme a escribir como enajenada para poder tener la entrega lista el día 17. De cualquier forma, no había mucho que pensar. Tenía resaca y esas personas son medio raras. Pareciera que viven una pésima película mexicana. Más me valía quedarme sentadita en el sillón hasta que la reunión terminara.
Mi móvil sonó y corrí a responder creyendo que me llamaba otra persona. El chico de los ojos verdes me buscó porque tenía varios problemas: me extrañaba, se iba de viaje y quería despedirse de mi y no sabía usar el lava ropa. Estallé en carcajadas. Le dije que por eso me encanta, por simple y por directo. Él me pidió que no fuera mala con él y que le ayudara a lavar su ropa. Quedamos pues para las 20 horas. El segundo encuentro se llevó de calle al primero.
Comenzó a llover como si la Ciudad no quisiera que nos encontráramos. Afortunadamente tomé un taxi cuyo chofer me hizo una plática muy amena. Los que se pusieron difíciles fueron los policías del lugar. Cuando por fin pude llegar a la torre Milán, el destino me regaló una buena jugada: los ojos verdes me esperaban al abrirse las puertas del elevador. Me dijo entonces que había un problema más: se sentía mal y necesitaba que alguien le pusiera un poco de atención. Así que, además de acudir a poner una carga en la lavadora, le hice de doctora a domicilio y le curé el brazo derecho. Él se puso feliz y se esmeró sobremanera cuando me dio las gracias. La noche transcurrió como siempre: con fútbol y galletitas ritz, esta vez también hubo avena con leche y pomada para dolor muscular. También hubo conversación, cariño y lo más importante: hubo sinceridad.

El destino se ha puesto de mi lado y la vida me ha dado muchos regalos. Conocer a una persona de esta manera es algo que ya me merecía desde hace tiempo, bastaba con que tuviera paciencia; pero como se dice, sólo el historiador sabe el futuro del pasado. Y en este caso yo no fungí como historiadora, sino como personaje. Yo no sabía qué era lo que iba a suceder.
Si hace dos meses yo hubiera sabido que iba a vivir esta historia, no me hubiera preocupado tanto y le hubiera sido indiferente a la ansiedad. La vida ha sido buena conmigo.
Existen muchos factores que hacen que esta historia se escriba. Ser un extranjero en una Ciudad desconocida no debe ser cosa fácil. Nuestros encuentros han ido de acuerdo a la circunstancia personal de cada uno de nosotros. Me he portado bien y él ha estado dispuesto a entregarse.
Lo pasé muy bien, me reí muchísimo y, aunque fuera por unas horas, me sentí feliz.
Puede que el chico regrese a la Ciudad o puede ser que se quede en la playa. Tal vez no nos volvamos a ver. Tal vez vivamos juntos para siempre. El futuro de este presente y de nuestro pasado, todavía no lo sé.
Él asegura que no se irá del país. Dice que acá está feliz, tiene trabajo y está encantado de haberme conocido. El futuro en mi país, del pasado en el suyo, ya lo conozco. Ahora quisiera poder investigar el futuro que tenemos en común.

Histérica histórica vs los domingos.
El futuro del día de Mariposa Tecknicolor con el chico de los ojos verdes ya lo vivimos. Lo pasó caminando por la Ciudad y organizando las ideas que trajo en su cabeza.
Mariposa Tecknicolor tiene una cómplice. Esta compañera también está en contra de los domingos y ahora le ayuda a llevar una campaña contra ellos. Esta chica también sabe trabajar con las manos: Mariposa le enseñara que con ellas también se escribe y juntas trabajarán para un fin común.
Ahora saben que los domingos pueden engañarse. Están dispuestas a vivirlos como si fueran cualquier día de la semana para confundirlos. Ellas le harán la vida pesada al domingo y se burlarán de él.
Al fin y al cabo, son sólo veinticuatro horas que se pasan en un respiro. Mariposa Tecknicolor está contenta porque ya tiene una compañera.

Abajo los domingos, arriba las amistades duraderas.
Abajo los domingos, arriba los besos en los labios.
Abajo los domingos, arriba los encuentros citadinos.

(Abajo tu, arriba yo. Si quieres podemos compartirlo).

lunes, 1 de septiembre de 2008

No pierdo la fe

El domingo fue como casi todos los anteriores.
Desilusionada porque no pude ver a mi última conquista y triste debido a que mi mejor amiga tuvo que empacar una casa, me disponía a quedarme dormida cuando la canción "El amor después del amor" sonó. De pronto en la boca del estómago sentí el impulso de levantarme de la cama y sacarle la lengua al domingo; dije muy fuerte "no me harás pasar el mal rato" y me puse linda, me alboroté el pelo y me salí a la Ciudad.

Después de caminar un rato, decidí que por más feos que sean los domingos y por más sola que yo me sienta, no me dejaré vencer y no me permitiré sentirme derrotada otra vez.

Siempre hay algo que hacer. Siempre hay un lugar que visitar.

Seguiré sacándole la lengua la domingo porque él me la saca a mi, pero no dejaré que me intimide una vez más.
Siento que pronto también habrán otras bocas que besar y otros idiomas para platicar.

Insisto también en que los besos no deben estar vetados. Deberíamos besarnos cada que ganas nos dieran o que nos sintiéramos atraidos por alguien. Besar, tocar y demostrar cariño es darnos cuenta de que estamos vivos.
Abajo el domingo. Arriba los besos en los labios.

lunes, 18 de agosto de 2008

Ya le saqué la lengua al día de ayer

Ayer dormí tan bien que soñé por muchísimas horas. En la historia de mi sueño, fui y vine varias veces y lo pasé bien. Fue un domingo más, en que Morfeo me abrazó hasta las cinco de la tarde. Me estoy enamorando de él.
A veces quisiera que el tiempo se pasara como cuando estoy dormida. Ojalá yo escribiera por horas y horas como cuando me quedo soñando. Ojalá por un tiempo dejara de soñar contigo y dejara de leer los cuentos que escribimos.

Ojalá dejara de ser domingo.