miércoles, 17 de marzo de 2010

Llegó el correo

Hoy fue día de correo. Salí a toda prisa de casa, y pisé un sobre que llevaba mi nombre escrito, lo recogí, lo eché al bolso y corrí. Corrí a sacar el coche, a encenderlo y a arrancarlo sin calentarlo, mi padre me esperaba, se me hacía tarde, no recordaba si me había puesto la ropa interior o los zapatos en lugar de las sandalias. Iba de prisa, iba a intentar tener un desayuno decente, aunque eso no siempre puede ser posible.

En el café hablamos sobre las radiografías, sobre los diagnósticos adelantados que pueden tener resultados fatales; sobre la presión arterial, sobre las recetas de los médicos que se dan sin escrúpulos, sobre las citas con los especialistas que tendré esta semana, sobre los análisis clínicos. Hablamos también sobre los análisis clínicos que debieron hacerle al chico si es que a cirugía lo querían meter, sobre la falta de ética en los médicos jóvenes, sobre que sin saber, él sabe más que todos los que conozco.

Manejé, otra vez, cerca de 30 minutos. Y llegué, a hacer lo que tenía muchas ganas de hacer, a encontrarme con él a través del teléfono, a través de los correos electrónicos que me hacen enloquecer, con estas tremendas ganas que tengo de pasarle la lengua por detrás del cuello y de morderle la piel que no sé por qué me gusta tanto cómo huele. Llegué a escuchar preguntas que no pensé que me haría tan pronto, ¿qué va a pasar cuando tu gato esté con nosotros? ¿O qué va a pasar cuando yo esté allá contigo, tu gato me va a querer? No lo sé, le dije, supongo que te olerá y que también le caerás bien. Si me gusta como hueles, supongo que a él también. Intentará meterse a tu mochila, luego se echará en nuestros pies. Quizá duerma sobre tu chamarra, y yo intentaré cubrirme con la piel que no es precisamente de mi chamarra.

El día comenzó a transcurrir. La gente comenzó a llegar, a desfilar, a intentar permanecer aún cuando saben que son efímeros.

Abrí el bolso, pasaba ya del mediodía. Había hecho muchas llamadas, tenía la boca seca, me dolía la pierna derecha, seguía un poco mareada, y dilucidé entre tomarme un analgésico o beberme una coca cola light. Saqué del bolso los pendientes, los míos, no los que intento resolver. Saqué el sobre que pisé en la mañana, en la puerta de la casa.

El sobre venía de la Florida, era de Cristina. Abrí el sobre con todo cuidado, como quien desenvuelve un regalo de navidad. Y ahí estaba, mi hermana vuelta papel, vuelta recortes de revistas de moda, con consejos, con atrevimientos sobre mi nuevo look, con una carta de amor hermosa, de las mejores que me han escrito en toda mi vida, y la mejor de los últimos cinco años.

Me acordé de los recados que nos dejábamos sobre el tocador, sobre los alhajeros que compartíamos, que eran de cristal. Me acordé de los recaditos que nos escribíamos en las manteletas de papel, de los restaurantes vegetarianos que tanto nos gustaba frecuentar. Ahí estaba, mi hermana envuelta en un sobre de papel.

Lloré, ¿qué te puedo decir si lloré, si ahora resulta que soy más sensible que antes? Me hormigueó el brazo izquierdo, volví a leer, intenté leer los post-its pegados en los recortes, ver a las chicas estilosas que me envió, pero no pude más. Lloré de felicidad porque hay alguien en este mundo que me ama, que se acuerda de mi, y que intenta hacerme sonreír a larga distancia.

Me puse completamente feliz de recibir una carta suya. Es fantástico cuando tienes con quien escribirte, de timbre pegado con saliva en la esquina superior derecha, con remitentes desconocidos en el reverso de los sobres. Es magnífico saber que hay quien te va a leer, kilómetros más adelante o más atrás, tiempo adelante o tiempo atrasado.

Mi hermana me ama, me manda material para que me distraiga, para que siga haciendo collages de moda que tanto nos gustaba hacer.

La sangre es cabrona. La sangre llama. Hilo de sangre que se enreda, que sigue la madeja hasta hacerse interminable.

Y a pesar de que el chico se volvió a hacer presente a través de mi móvil, mientras fue la hora de la comida, y un poco más tarde, cuando intentaba lavarme los dientes, este incansable deseo de tomarlo a besos no se termina más. Si fuera posible, lo besaría todo el día, estaría con él hasta que por fin el tiempo se detuviera.

Tal parece que Cristina lo sabe, que mi sister morfina siente lo que siento ahora.

¡Cómo la extraño! Demonios.

Ojalá pudiéramos volver a hacer recortes juntas, a leer lo que nos gustaba leer, a ir al cine juntas. Ojalá pudiera conocer al chico que me llama a las dos de la mañana, a las once de la noche, a las nueve al despertar. Ojalá pudiera platicar con él, para que supiera ella decirme por qué me gusta cómo huele, cómo habla, cómo mueve las manos cuando intenta explicarme algo que a veces no entiendo, que no sé cómo es.

Mi hermana me daría un mapa, me haría escribir un guión de lo que sigue, de lo que desea mi corazón. Debería intentarlo yo, en lo que vuelvo a reunirme con ella. Y mientras, a insistir con esta lengua detrás de sus orejas, bajando por el cuello, lamiéndole la espalda y mordiéndole la cintura.

¡Caray! La Ciudad es tan grande, el amor tan pequeño, y el tiempo nunca alcanza.

Las ganas son ganas, y con todo y eso, ya me voy a dormir. Tengo mucho que escribir, pero debo aprovechar que el insomnio comienza a olvidarse de que puede venir a hacerme suya, porque mi mente ahora piensa en quien de verdad desea que esté con él.

Llegó el correo. Fui feliz. Ya no puedo con tantos besos a través del móvil, mañana se lo diré al chico, cuando me llame mientras manejo camino a la oficina.

4 comentarios:

Lilith dijo...

Woww que lindo recibir una carta escrita en puño y letra de un ser querido y además con tantos detalles llenos de complicidad. Me encanta.
¿Como esta eso de las radiografias y los Dres? espero te encuentres bien de salud.
Un beso.

MAM dijo...

Oye, Mariposa!!! Me encanta eso dke que quieras pasarle la lengua por detrás del cuello todo el día... qué imagen tan más chingona para un día tan gris como éste!!

Lástima que no tengo a quién pasearle la lengua... jejeje...

Un abrazo!

MAM

Karla Delgado dijo...

Es increíble cómo escribes,me mantuviste entretenida e interesada todo el tiempo... Tienes una vida muy interesante, sabes? ya quisiera yo tener la mitad del picante con el que vives todos los días! Qué lindo que tengas a alguien con quien escribirte... y qué bueno eso de las ganas de pasarle la lengua detrás del cuello... A mí me pasa igual con alguien... ese hombre huele a gloria, a veces me dan ganas de comérmelo...
Sigue escribiendo que desde todas partes del mundo habrá alguien interesado en leerte, como yo!
Saludos

Karla

copo dijo...

Cada vez me gusta más como mezclas diferentes acontecimientos en una sola narración. Ya sabías que te admiro, no? Gracias, como siempre, por emocionarme con tu vida. Eres fantástica.
Querida, ya me puse al corriente...nomás te leía pero no me tomaba el tiempo de escribirte. Pero acá están mis ojos siempre.
Beso,
Copo