En algún momento de mi existencia tengo que barrer la alfombra, tengo que terminar lo que empecé a escribir, tengo que enviar la correspondencia que hace falta, tengo que terminar de lavar la ropa, tengo que ir a hacerme las uñas, tengo que dormir bien.
Las dos entradas que me gané para la premiere de la película Precious, se perdieron. No tuve tiempo de ir a recogerlas a la estación de radio. Ni modo.
Y me da un poco de pendiente, que así como esas entradas, se me vayan algunas otras cosas por no tener tiempo de hacerlas o de terminarlas. Digo, como sea, el gato seguirá viviendo si se me olvida limpiarle la caja de arena una vez, ¿no? No está en peligro de muerte. Pero una buena oportunidad, un buen latido de mi corazón, un levantón de autoestima y de optimismo, me preocupa que se me vayan si no estoy atenta a que puedo tomarlos.
La vida en esta Ciudad sucede muy aprisa. Todo es para ayer, todo tiene que salir pronto, todo tiene que estar escrito, se deben tener conclusiones, no deben existir los puntos suspensivos. Cuando menos me doy cuenta, son las 21 horas, ya no me alcanza el tiempo, estoy cansada aún cuando quiero salir, me siento feliz aún cuando sigo sola, quiero escribir aún cuando a veces se me olvida el tema del que debo hablar.
Y entonces ya es viernes, luego el fin de semana no sirve para nada. El lunes me recuerda que hay que caminar, que la semana se tiene que aprovechar, que los siete días me tienen que dar abasto para las cosas que se tienen que hacer.
Al mismo tiempo, todo lo que se tiene que decidir. Quedarse en la oficina o irse a otro lugar. Quedarse en ese café, o terminar de beberlo en el coche. Manejar o andar en Metro. Dejarme llevar, o reprimir este sentimiento. Subirme a este tren, o hacer como que nunca llegará a mi estación.
Todo sigue siendo maravilloso. A veces siento que voy a explotar, que mi cabeza no puede pensar más, que mis piernas no dejarán de temblar, que el tiempo por fin me va a alcanzar, que las cosas no se me van a olvidar, que el chico ya no se va a ir, que la mudanza pronto llegará, que el siguiente ciclo está por arrancar. La maravilla radica en decidirlo o no. En tomar la decisión de llevar las cosas a cabo, en tener la confianza de que por fin sucederán.
Y en esta ocasión, como el año pasado, también he decidido tener fe.
Me voy a subir a este tren.
Las dos entradas que me gané para la premiere de la película Precious, se perdieron. No tuve tiempo de ir a recogerlas a la estación de radio. Ni modo.
Y me da un poco de pendiente, que así como esas entradas, se me vayan algunas otras cosas por no tener tiempo de hacerlas o de terminarlas. Digo, como sea, el gato seguirá viviendo si se me olvida limpiarle la caja de arena una vez, ¿no? No está en peligro de muerte. Pero una buena oportunidad, un buen latido de mi corazón, un levantón de autoestima y de optimismo, me preocupa que se me vayan si no estoy atenta a que puedo tomarlos.
La vida en esta Ciudad sucede muy aprisa. Todo es para ayer, todo tiene que salir pronto, todo tiene que estar escrito, se deben tener conclusiones, no deben existir los puntos suspensivos. Cuando menos me doy cuenta, son las 21 horas, ya no me alcanza el tiempo, estoy cansada aún cuando quiero salir, me siento feliz aún cuando sigo sola, quiero escribir aún cuando a veces se me olvida el tema del que debo hablar.
Y entonces ya es viernes, luego el fin de semana no sirve para nada. El lunes me recuerda que hay que caminar, que la semana se tiene que aprovechar, que los siete días me tienen que dar abasto para las cosas que se tienen que hacer.
Al mismo tiempo, todo lo que se tiene que decidir. Quedarse en la oficina o irse a otro lugar. Quedarse en ese café, o terminar de beberlo en el coche. Manejar o andar en Metro. Dejarme llevar, o reprimir este sentimiento. Subirme a este tren, o hacer como que nunca llegará a mi estación.
Todo sigue siendo maravilloso. A veces siento que voy a explotar, que mi cabeza no puede pensar más, que mis piernas no dejarán de temblar, que el tiempo por fin me va a alcanzar, que las cosas no se me van a olvidar, que el chico ya no se va a ir, que la mudanza pronto llegará, que el siguiente ciclo está por arrancar. La maravilla radica en decidirlo o no. En tomar la decisión de llevar las cosas a cabo, en tener la confianza de que por fin sucederán.
Y en esta ocasión, como el año pasado, también he decidido tener fe.
Me voy a subir a este tren.
3 comentarios:
Mariposa! Me alegra que te hayas decidido por subir a ese tren. Sabes? Me siento identificada con lo que dices, tengo miedo de que el tiempo me alcance y no poder hacer todo lo que quiero. Tengo miedo de la vida y del futuro. También tengo ganas de subirme a un tren.
Mil besos y abrazos!
No pierdas el tren, no pierdas la paciencia, no pierdas la fe.
Siempre hay algo que se gana en lo que se pierde, me parece.
Un beso
Es lo malo de vivir en una gran ciudad, nos envuelve la inercia. No hay que dejar de avanzar, pero de vez en cuando esta bien que te tomen un respiro para observar a donde diriges tus pasos, una vez fijado el objetivo entonces si no dejes de moverte, no dejes de avanzar, pero no te abrumes todo es paso a paso. Felicidades por subirte al tren!!
Besos!!!
Publicar un comentario