lunes, 22 de marzo de 2010

Sin ti, mientras me sostengo las muñecas.

No sé qué voy a hacer cuando te mueras. Y no quiero ser fatalista, ni pesimista, pero no sé qué voy a hacer cuando no estés conmigo. Y no digo cerca, o lejos, digo de acá, de este mundo, porque de otra manera, siempre un avión, un tren o un camión nos podrá acercar.

Hace algunos años, llegué a ver a Mauricio para pedirle que por favor me ayudara a sobrellevar que mis padres se hacían viejos. La mera verdad es que no sé qué fue lo que me respondió, pero seguramente me ayudó, porque ya pasó mucho tiempo de eso, y hasta ahorita me está volviendo a brincar esa idea en la cabeza.

El sábado, momentos antes de la crisis, lo único que pensé fue en llamarte. De pronto, en mi lista de contactos para llamar, sólo figura tu teléfono. Sé, en el fondo, que no debo hacerlo, que tu mujer se enoja, que dice que tus hijos "grandes" dan sólo problemas, que te va a dar un infarto cardíaco. Y tu, haciendo tus bromas ácidas que me hacen torcer la boca en forma de sonrisa, respondes que todo indica que tienes coronarias de acero, porque de otra forma, ya te hubiera dado un infarto hace mucho tiempo.

Y te llamé, justo cuando la crisis comenzaba a transitar por mis muñecas. Así es. Mientras, intenté sostener el móvil, sostener mis tobillos, acariciar mi rodilla pelada por la noche anterior, sobar mis piernas que a veces se cansan de tanto tacón. Y me respondiste, y no supe qué hacer.

Porque así me pasa. No sé qué es lo que voy a decir, justo cuando la persona a la que quiero localizar me responde del otro lado de la línea. Te dije que quería que me escucharas, quería sentir que alguien me ponía atención. Y lo hiciste. Lo lograste. Me sentí bien. No detuviste la crisis -eso ni yo lo puedo hacer-, pero me hiciste sentir bien.

Y yo, con mis remordimientos por llamarte en ese estado, terminé de desvestirme, no supe si lloré o no porque todo se confunde con esta conjuntivitis del demonio que traigo en los ojos desde hace unas tres semanas; y me quedé dormida.

Recibí muchas llamadas, más de las que puedo recordar. Me llamaste más de un par de veces, el chico también lo hizo, luego pasaron las horas. Finalmente San Román me despertó casi a las veinte horas. Ya tenía que despertarme. Tenía que salir a hacer unas compras, a seguir haciendo anotaciones, a seguir haciendo cuentas mientras intento sostenerme las muñecas.

Sabía que debía ir a algún otro lugar, cargué todo, la máquina, la otra máquina, mis libros, mi tratamiento completo. Y me fui, a donde sabes que voy cuando me siento mal. Cuando quiero sentirme acompañada, a pesar de mi soledad.

Y no sé qué va a pasar con mis muñecas cuando no puedas responderme más el teléfono, cuando no podamos vernos para que me hagas tener sonrisas torcidas. No sé qué voy a hacer con el revés de mis manos cuando ella vuelva a estar conmigo, cuando tu ya no estés con nosotras, cuando yo me vaya para siempre, cuando ella no quiera volver más.

Dices que debo poner la mente en blanco, dejar de hacer planes, dejar de pensar "qué es lo que sucederá cuando..." porque eso me agobia, me esfuerzo en tener el control de las cosas, aún cuando no sé cuál será el cauce que tome mi barco.

Sé que en algún momento no estarás más acá, ni yo, ni ella, ni el chico que ahora me hace sonreír con ganas. Sé que somos efímeros, que somos eternos, que no nos sabemos más. Pero hoy de pronto me invadió esta sensación, esta que llega cuando creemos que no podemos más, que nos vamos a morir, que todo terminará en un instante. Por eso ya no me voy sin decirte que te quiero. Por eso ya no me despido de ella sin decirle que la amo, que me hace falta. Por eso me agobia no encontrar la manera de decirle al chico que me hace feliz, que lo quiero mucho, que los instantes que paso con él parecieran horas cuando son simples minutos.

Antes de salir de casa, con la cabeza en los pies porque me dolía mucho, regresé, para ponerme los santos en las muñecas. De algo servirán. De algo sirve traerlo de cabeza junto a mi cartera.

Hoy escribo que no sé qué voy a hacer cuando no estés más conmigo. Mañana quizá debería escribir qué es lo que voy a hacer si es que yo decido no estar más acá, ni contigo ni con nadie.

2 comentarios:

Karla Delgado dijo...

Mejor escribí sobre todo lo que vas a hacer con ellos mientras los tengas... De pronto el futuro puede ser genial si disfrutás el presente como se debe... Porque le futuro es incierto y nunca sabemos quién faltará primero... Mejor antes de irte o antes de que ellos se vayan, dibujá muchas sonrisas, muchas risas y carcajadas y no las dejés morir nunca, porque eso contagia a quienes tenés a tu alrededor! =D

copo dijo...

:(
Te quiero