lunes, 22 de marzo de 2010

Domingo y primavera

Era muy temprano. El frío me despertó. A pesar de haberme quedado dormida vestida -otra vez-, ahora el frío se me metió por las plantas de los pies. Desconocí el lugar, desconocí la cama, a pesar de que había sido la cama de siempre, las sábanas blancas con flores azules, las cobijas amarilla y roja, la lámpara encendida en el buró del fondo.

Muerta de frío, me desperté y fui a buscarte. Y allí estabas, en el sillón que a veces olvido que ahí está. Estabas dormido, aún más de lo que estaba yo. Estabas respirando muy fuerte, con tu menudo cuerpo enroscado como si fueras un gato pequeño. Te miré, empujé tus piernas, me senté en el huequito que se hizo detrás de tus rodillas. Te miré, otra vez.

Intenté despertarte, pero no supe como. Seguí mirándote, comencé a olerte como si la que fuera un gato, ahora sea yo. Voltée hacia la ventana, miré el sol a través de la persiana, caí en la cuenta de que era domingo, y de que por fin había llegado la primavera.

Y te empujé, salió un quejido de tu garganta aún enronquecida, te hiciste a un lado, giraste, hiciste espacio, y me acosté junto a ti.

No importaba nada. Es primavera, era domingo, eras tu y era yo.

Era el sol a través de la persiana. Era de mañana, que por fin un domingo me puso feliz. Comencé a besarte, como debiera hacerlo cada que estoy contigo, como debiera ser todo el momento que pasa sin saberlo. Me sorprendí. Seguías dormido, pero querías estar despierto. Tenías los ojitos todavía cerrados, las pestañas pegadas, las manos giradas hacia el centro de tu pecho.

Desistí. Me fui. Me senté en la mesita de trabajo y prendí esta computadora. Comencé a leer, a escuchar la música que me arrulla, a escribir lo que en ese momento pasaba por mi cabeza. Y el gato que es de a de veras ocupó mi lugar en el sillón, volviste a girarte, volviste a respirar fuerte a través de esa garganta que a veces quiere albergarme.

Y lo volví a intentar. Me levanté y fui a donde la ventana, quité la persiana, me bañé de árboles atravesados por rayos de sol; de luz que a veces no quiero que llegue, de primavera que creo que ahora sí añoraba que viniera. Luego fui a donde tu. Volví a mirarte, y comencé a desabrochar los botones de tu camisa de rayitas negras.

No sé si despertaste. No sé si volví a dormir yo. Todo pasó, como pasa lentamente cuando estoy contigo. Olvidé la noche anterior, lo que habíamos hablado, lo que tu voz susurró junto a mi cuello. Olvidé mis letras, las canciones y mi pasado. Olvidé que estabas allí. Olvidé que quería seguir dormida.

Y algunas horas después, entonces sí desperté por completo. Sólo fue otra mañana de domingo. El invierno -y espero que el infierno también- por fin terminó, la primavera llegó con ese friecito a través de las palmas de mis manos, y otra estación comenzó en mi cuerpo.

Domingo de café por la mañana en un vaso de plástico. Domingo de manejar con el sol en todo su esplendor, con este calor que hace que Hans sea no sólo un auto de valores, sino de agradable sudor que también es insoportable. Domingo de chicas, como todos los del año que acaba de transcurrir. Domingo de mercadillo de Marruecos, de sonrisas con lentes de sol.

Domingo que me hizo feliz, quizá porque soñé contigo.

4 comentarios:

Lilith dijo...

Que mal que fuera solo un sueño querida Mariposa... ojalá pronto se haga realidad y ese principe dormido despierte junto a ti.
Feliz Primavera!!!!
Bizzz

MAM dijo...

Me quito el sombrero, Mariposa. Este textito está primaveral y technicolor, lleno de anelos rebotando igual que rebota la vida.

Creo que mi primavera algo ha traído, y espero que la tuya se vaya llenando.

Un abrazo!!

MAM

Juan de Lobos dijo...

Muere y revive uevamente, Acunate en tu capullo para romperlo e izar las velas que serviran de alas a la mariposa. Te he extrañado.

copo dijo...

Ay tus sueños Mariposa! Me tienen a pura sonrisa y suspiro.
Hay algún conjuro para que yo pueda soñar así? claro, con mis propios protagonistas...