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sábado, 3 de octubre de 2009

Caducidad: 30 días.

Un domingo como pocos.
Desperté después de haber dormido casi doce horas. Todavía parecía ayer. Hacía frío y estaba muy nublado. Yo quería seguir durmiendo, pero me levanté a revisar escritos, escoger atuendos y a tomar café. Nunca es suficiente el tiempo antes de la hora de la cita, pero me esforcé y lo logré. Cambié de outfit tres veces, y cuando la bocina del taxi tocó en mi puerta me saqué las medias en un instante, y me puse los botines altos.

Nos encontramos a las 15 en el centro comercial. Me invitó a comer a un restaurante vegetariano, caminamos y después de postre comimos chocolates. Una tormenta nos sorprendió, pero aún así nos perfilamos al Lunario para vivir una Noche Sabinera. El concierto de Pancho Varona y Antonio García de Diego empezó unos minutos antes de las 20 horas. En el lapso de las siguientes dos horas y media, no hubo mujer más feliz en todo el mundo, que yo. Tocaron canciones que nunca en mi vida imaginé escuchar en vivo. Como Mateo no era fan, me pidió que le cantara al oído mis canciones favoritas.

¿En qué momento se desborda el amor? ¿En qué momento en la convivencia con un chico, ya no hay punto de regreso?

Las dos horas y media que duró el concierto estuvo abrazado a mi cintura, mirando de reojo mis piernas torneadas bajo el minivestido color azul. Creo que el cariño se desbordó cuando comenzó a acariciar mi pelo, o dos días después, cuando por primera vez le nació decirme que me quiere, la misma noche en que editó el programa para que yo vaciara toda mi investigación; la noche que no me pidió que le hiciera caso por el mismo motivo por el cual yo no pedía ayuda. La tarde que le hizo de salvavidas conmigo, en su departamento de paredes blancas, bajo mi cobija color chocolate. Dos días tenía de haberse hecho fan de Joaquín Sabina, yo uno de haberme hecho fan de su departamento, tres semanas de habernos hecho fan de nosotros juntos.

Luego, el martes.
Me gusta que en su casa no haya libros, así cuando se quiere leer lo tenemos que hacer por mis propios medios. El chico me sigue llenando de primeras veces, también él es la primera persona que conozco que sabe a qué me refiero cuando digo que una estación de radio termina programación nocturna tocando la Marcha Dragona.

Otra vez llegué a casa de madrugada, manejando mi coche, seguida por el suyo. Esto de regresar a casa en dos coches me da más alegría de la que imaginé. Dormí poco y desperté como pude para ir a trabajar. La sonrisa me delataba. Ese día no tuve más noticias suyas, pero no me hacían falta. Mi pelo cada día está más seco, como zacate. Mis manos siguen escribiendo con las uñas llenas de pellejos, otra vez tengo heriditas con sangre, y extraño el micropore del Rey Sol, que me ponía en el dedo medio de la mano derecha para que no me lastimara la fricción de la pluma, en mis años de Universidad.

El día que le siguió fue particularmente complicado con un jefe Genghis Khan y cediendo una hora más en mi salida; dos transbordos para la calle Palenque, uno en Chabacano para la Línea 9 y otro en Centro Médico para la 3; y un regreso a Cuatro Caminos casi a las 21 horas. Llegando a la Narvarte, por ahí de las 19:30, Mateo me buscó para saber cómo me había ido y para decirme que necesitaba darme un beso; el día no había sido tan complicado para él como para mi, pero estaba cansado. Mañana que nos veamos te platicaré, me dijo para despedirse y me confirmó que tendríamos otra cita.

Caducidad: 30 días.
"Ve a tu casa a dejar el coche y paso por ti a la una y cuarto". Justo a esa hora llegué a guardarlo al garage, entré por mi bolso y Mateo pasó por mi. En el camino rumbo al cine hablamos sobre plática de chicas, de lo que los chicos se cuentan entre ellos, y me preguntó qué es un soltero tóxico. No fue exactamente la conversación que planeo tener con un pretendiente, pero la verdad fue que entendió un poquito más mi forma de ser, mi forma de pensar y lo que no hago cuando quiero salir con un chico.

Durante la película pinté mi raya, hablé por teléfono, me tiré las palomitas encima. Él tiró de mi, para que me tirara sobre él. Tiré de mi chal, para taparme completa. Tiramos los chocolates, no sabían bien.

Fuimos al supermercado a hacer las compras, me quedé dormida en el coche de camino a comprame un latte, estuvimos de regreso para cenar. Y entonces todo empezó, y todo terminó. Habló de mi y hablamos sobre nosotros. Me pidió que le hablara de él. Me explicó por qué cuenta los días que llevamos saliendo juntos, cómo recuerda la noche que me conoció, y por qué le gusta bailar conmigo. Me quedé dormida, no estuvo bien porque eso ocasionó que regresáramos a mi casa justo antes del amanecer.

Y nada, que nació torcido y tenía caducidad. Insiste en que no debe ser así, que por más contento que esté conmigo y por más contenta que yo esté con él, las cosas no deben cambiar. Yo insistí en que eso no se puede saber ni modificar, el amor fluye y encuentra el camino, le dije que el tren ya estaba echado a andar, y que quería ver si él será capaz de detenerlo, de detenerse a sí mismo. Fue un día lleno de primeras veces, también nos besamos por primera vez y Mateo reconoció que tengo razón y que no puede estar sabiendo que ahorita no puede estar conmigo.

Fui muy feliz, aunque sólo hayan sido 28 días exactos. Creo que valió la pena. Se supone que mañana iremos a comprar los boletos para el concierto del próximo jueves, pero no sé si eso tendrá lugar. Jugué mis cartas y pagué la apuesta, cometí el pecado y cumplí la penitencia, cometí el crimen y pagaré la condena. Valió la pena.

¿Cómo no enamorarse de un chico así? ¿Por qué insiste en reprimir el cariño que siente por mi? Porque quizá sea un soltero tóxico y yo no me había dado cuenta.

Confieso que se me salieron las lágrimas cuando se lo conté a Mafka, hace ratito por el auricular. Ella está apurada de que se me parta el corazón. Estoy acostumbrada, le dije, a que los chicos salgan corriendo cuando sienten que se enamoran de mi y se deleitan con mi compañía. Afortunadamente para mi, seguí explicándole, tengo muy ensayada la soledad en todas las cosas que hago a diario, abriendo el garage del coche, yendo al cine, comiendo sola los domingos, abrazándome a mi misma de noche, tallándome la espalda en la ducha, vistiéndome de más para verme en el espejo.

No sé qué va a pasar conmigo y con Mateo, hicimos una promesa de meñique que quizá no podamos cumplir. Que quizá no debamos cumplir. Voy a reprimir mi amor, qué más dá, no es la primera vez que me dicen que el amor me brota por los poros de la piel, por los ojos, por los oídos, por la boca, por mis letras, por mis manos y mientras acarician mis pies. Eres un ser de amor, fue lo último que Mateo me dijo antes de salir rumbo a mi casa. Y no querer recibirlo te convierte en un soltero tóxico, debí responder.

lunes, 9 de marzo de 2009

Quiero inundarme de amor

Me siento como si la gente a mi alrededor creyera que no sé lo que significa pecado. Ahora resulta que todos son moralistas, y encima se creen con el derecho de decirte lo que debes hacer.
El otro día escribí que cuando las palabras me salen directas de la cabeza, tal como las pienso, me da una especie de cruda moral y el Rey Sol dice que de alguna manera tengo que comprender que mi carácter y las preguntas -así como las respuestas que hago- han cambiado. Me tengo que tener paciencia para no sentirme mal, al fin y al cabo no suelo ofender a la gente.
Pero cómo me hacen enojar cuando desacreditan mi profesión o los estudios de humanidades. Primero me quedo muda (lo que es muy raro) y luego me da mucho coraje. El problema -o la ventaja- entre mi padre y yo es que no somos padre e hija, más bien somos amigos y entonces nos portamos re bien como grandes amigos y después se acuerda de que soy su hija y me dice que hay cosas que "no debieron haber sido". Ahí ya no me cuadró, porque si yo respeto que me trate por abajo del agua, de a escondidas, de a "te estoy llamando de carrera" cuando escucho el eco de que me llama desde el baño... ¿me lo merezco?
Yo sólo quiero llenarme de amor y he comenzado por mí misma, lo otro vendrá después. ¿Porqué no puedo tener su amor a pesar de que seamos más amigos que padre e hija?
¿Porqué no vino él a inundarme de amor?

lunes, 13 de octubre de 2008

Accidentado domingo

Por eso, seguiré sacándole la lengua al domingo, ahora con más razón.
Resulta pues que me caí de la troca, maldición, me siento mal y me di en mi carita de tigre toño. Mucho hielo, ibuprofén, dolac y té de árnica... ese fue mi remedio.

Total que no todo fue tan malo. La peli de terror se terminó, llegando a México me recibieron con la noticia de que ya tengo coche. Me puse feliz y el dolor se me terminó por un momento. Lo manejé por primera vez para llevarlo a ponerle gasolina. Me sentí feliz.

Bendito coche vino a limpiarme la memoria. Yo después fui a platicar con el señor para confesarle mis pecados... ja ja ja Una responsabilidad más a mi lista.

Me siento bien -en lo que cabe- y feliz de estar de regreso en mi Ciudad. Por eso las chicas citadinas como yo, no debemos salir al campo: los accidentes pasan donde no conocemos el lugar.

Hoy voy a ver a Andrés Calamaro. No hubiera querido recibirlo en este estado, pero ya ni modo. Me iré en mi coche. Me siento re bien.

Ah, por cierto, mi coche se llama Andrés, en su honor.

lunes, 18 de agosto de 2008

Letanía de mis defectos

Soy vanidosa, déspota, blasfema;
soberbia, altiva, ingrata, desdeñosa;
pero conservo aún la tez de una cosa.
La lumbre del infierno a mi me quema.

Es de cristal cortado mi sistema.
Soy ególatra, fría, tumultuosa.
Me quiebro como frágil mariposa
yo misma he construido mi anatema.

Soy perversa, malvada, vengativa.
Es prestada mi sangre y fugitiva.
Mis pensamientos son muy taciturnos.

Mis sueños de pecado son nocturnos.
Soy histérica, loca, desquiciada;
pero a la eternidad ya sentenciada.

Pita Amor