lunes, 27 de octubre de 2008

Saturday night

Una invitación me cayó de sorpresa el viernes en la mañana, sin pensarlo acepté y me llevé una grata sorpresa cuando el sábado en la noche llegué al lugar. La música de los años ochenta me hizo bailar por horas.

La noche me tenía guardada una sorpresa más: ¡sí apareció! El hombre más ocupado de la Ciudad aceptó mi invitación y llegó cerca de la media noche. El destino está cañón. Después de intentarlo muchas veces, la llamada entró. Estaba yo en la planta baja del lugar y no había señal, afortunadamente el móvil se apiadó de nosotros y pude enterarme que estaba afuera esperando que saliera por él.

Yo me veía re linda, traía un mini vestido negro y mis botas altas color piel, por supuesto que usé el pelo alborotado y debo confesar que las piernas se me veían de vértigo... jamás imaginé que este hombre llegaría a encontrarme allí. Yo iba muy bien acompañada, con mi amiga cómplice que también odia los domingos, estuvimos muy contentas porque jugamos a la "dancing queen" por horas. Como les decía, cuando el móvil sonó, también sonó mi corazón; y aunque sólo estuvimos un rato muy corto, me sentí bien.

Sucede pues, que me hizo sentir como que todavía conservo un poco de charme que me caracterizaba años atrás. Yo que creí que ya no tenía suerte, y que no podría lograr que alguien me fuera a encontrar a un lugar.

Ligar ya no es lo que era antes. A veces extraño el coqueteo, la invitación de una copa desde la mesa del susodicho y el teléfono en una tarjetita. Ahora casi siempre es e-mail o mensaje de texto. Creo que a pesar de mi personalidad y mi profesión, hay cosas que me siguen gustando a la antigua.

No debo quejarme del todo: hubo una cosa que se hizo a la antigüita reloaded. Como hoy en día ya casi no te llevan de regreso a tu casa, por lo menos este hombre se preocupó por que llegara bien hasta mi casa. El último de mis mensajes decía: "sana y salva. ya con pijama. hasta mañana. besos". Sólo así pudimos dormir separados por la gran Ciudad.

Al día siguiente, domingo, todo valió mucho la pena. Como hacía mucho tiempo no me sucedía, amanecí sin resaca. (¿Puedes creerlo? By the way, ya entrados en confesiones: no conservé al amante). Comprobé una vez más que el alcohol no hace cosquillas, me sentía de maravilla. Mejor me sentí cuando a media tarde sus mensajes comenzaron a llegar. Creo que es la primera vez que no le saco la lengua al día de ayer. Desde hace mucho tiempo que no dejaba de odiar los domingos.

Dos días después del utópico y efímero hecho histórico, tengo una invitación a comer. Prometo contarles cómo será el hipotético futuro entre los dos.

Me pones bien.

1 comentario:

Una víctima casi perfecta dijo...

1.- Seguro que te veias re linda
2.- Si, el destino esta cañón
3.- Aqui estare esperando por el hipotetico futuro, con los ojos ansiosos de leerte...como siempre!
Abrazos Mariposa...