martes, 14 de octubre de 2008

Para Andrés Calamaro

Tengo cada insensatez, y me puedo equivocar
pero no me equivoqué contigo.
Tengo abierto el minibar y cerrado el corazón,
y sólo late, sólo late por los dos.

Gracias maestro. Traigo puesta una camiseta con tu imagen, y que por detrás, dice La lengua popular.

Me has hecho muy feliz y me sorprendió el repertorio. Como tu lo dijiste, debes venir a tocar una vez por semana. Como lo dijo mi hermana Cristina, yo también hubiera querido que comenzara el concierto y no se terminara nunca.

¿Sabes, Andrés? Quiero decirte algo para hacerte feliz: yo seré quien escribirá la historia de lo que pudo haber sido; puedes seguir tranquilo soñando despierto y soñando dormido.

Quiero decirte también, que mi coche lleva tu nombre en tu honor. Soy tu admiradora número 1.
Hace ya varias semanas que la ansiedad no me visita. Me encanta. Sin embargo, ayer por la noche, la ansiedad por verte llegó. Me sentí una mariposa en vuelo. Se me salieron las lágrimas y la música la sentí de los dedos de las manos hasta los pies. Mis manos esta vez cantaron. Mis pies no dejaron de bailar. Te sentí hasta en mi pelo.

¿Sabes? Mi corazón sigue cerrado, pero también mi minibar. El otro día latió completo, ya no en pedazos. Cuando lata una vez más como era costumbre, te lo diré. Gracias por hacerme ver ayer que sigue completo.

Viniste a cambiar mi vida. Viniste a cambiarme a mi. Gracias Andrés.

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