domingo, 13 de septiembre de 2009

Un perfume diferente

No me gusta utilizar la palabra supongo tan a menudo.

Su aroma me ha seguido no sólo las últimas horas, sino los últimos días, la última semana. En mis manos, el olor de sus manos ha encontrado un nuevo motivo, una nueva luz, un nuevo soporte.

Me gusta mucho que lo que diga lo cumpla, que viva conforme habla, que no haya medias tintas. Frente a él tuve que cancelarle a San Román, quien me llamó tres horas después de cuando se suponía que tendríamos una cita.

De unas semanas para acá, las citas con San Román ya no son citas, ya no son encuentros, ya no son amistades. Me da miedo esta sensación de que perdemos la chispa, fue lo que le respondí cuando dijo que me extrañaba, que no podía dejar de pensar en mi. La perdemos... ¡pum! La perdí.

Me gusta que los lugares que suelo frecuentar, junto a Mateo tomen otra perspectiva, otro aire, un perfume diferente. Nunca me había sentado en la mesita del fondo, en el café de todos los días. No había pedido ese sandwich gratinado, y hacía más de un año que no compartía un pan de chocolate. No sabía tampoco cómo era el frapuchino de grosella, ni cómo era ser los últimos en salir del lugar y mucho menos del brazo de un chico, que me cubre para que la lluvia no humedezca mi pelo, y que va despacio para que mis botas no se mojen con los charcos.

No sabía que podía haber un perfume diferente, y que éste se queda en mis manos, en mi gabardina color azul rey, en mis ojos y nariz, hasta al ratito en la noche cuando concilie el sueño, cuando entre mis cobijas mi cuerpo se enrosque en medio de la cama, y dicho perfume me acaricie la cara como Mateo lo hace, cuando le digo que es mi talismán.

1 comentario:

SonrisaMiel (: dijo...

Es increíble como algo tan simple con el perfume de una persona te haga sentir protegida, así me imagino que te sientes por las noches.

Que bonito que te sientas así Mariposa. Mereces esa clase de felicidades y muchas más.

Mando saludos, besos y abrazos.