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jueves, 6 de enero de 2011

Para que se queden en su jaula.

Cómo me acuerdo de ti cuando escribo sobre el materialismo histórico. No me acuerdo cuándo fue la última vez que escribí leyendo a Carlos Marx. Quizá fue en tu departamento, usando el ordenador color azul, viéndote de lejos en el estudio, mientras yo estiraba los pies sobre la silla de la mesa de cristal. Te extraño, maldita sea.

Me prometí a mi misma que no te dejaría de ver nunca, me prometí seguir prometiéndome que siempre estaríamos juntos. Tu me prometiste que no me dejarías sola, que no me dejarías de querer; que siempre estarías allí sosteniendo mi bate para pegarle a las peores curvas que me enviara la vida. Y todo cambió.

Ahora, cuando llega la mejor curva que me ha enviado la vida, la ansiedad hace su aparición, me esconde el bate, me confunde, me hace sentir mal.

El amor... carajo, aún cuando con certeza todavía no sé lo que es, llega y no se detiene. Me siento feliz, de eso estoy segura. Pero de pronto, hay cosas que me hacen falta...

Es muy común, que dentro de una vida llena de inestabilidad, uno se acostumbre a autosabotearse, a meterse el pie, a hacer de cuenta que nada está valiendo la pena. Y es entonces, estoy segura, cuando me acuerdo de ti, cuando me acuerdo de lo que teníamos y de cómo eras cuando estabas conmigo. Nada parecido a lo que eres hoy, cuando de lejos te vuelvo a ver. Entonces viene otra vez la ansiedad a estacionarse en mis muñecas, a ocasionar que mis puños se cierren, y que no pueda ponerme a escribir.

Son muchas cosas, tantas... que es un huracán.

Me da miedo comenzar a extrañarte tanto. Debo conformarme con verte descender del coche todas las tardes, por algunos cuantos días más. Y aunque suene a cliché, todo esto que siento no eres tú, es mi circunstancia.

Esta tristeza no soy yo, no es para mi, es la circunstancia. Esta nostalgia que quiere convertirse en sentimiento de soledad dentro de mi, no soy yo, no es para mi, es la etapa de inicio de año que toda la vida me ha costado tanto trabajo.

Mis demonios son felices en su jaula, viviendo todo el año unos con otros, a puerta cerrada. El problema es cuando me siento tan triste, tan mal, tan que nada vale la pena... que entonces debo cuidar que los demonios no se vayan lejos, se vuelvan a meter, para echarles llave otra vez.

Debo terminar todo de una vez, para entonces sí echarme a dormir días enteros.
Todo está bien. No debo sentir por eso, que algo anda mal.

martes, 17 de agosto de 2010

¿Qué es una mentira?

No sé en qué momento pasaron siete meses. Mañana justo los cumplo de tener un poco de estabilidad. He conocido a personas maravillosas, de esas que nos hacen olvidar que hubo experiencias desafortunadas en la vida. He hecho nuevos amigos, he comenzado a confiar en la gente, y me di cuenta de que hay personas que no valen la pena.

Mi mejor amigo ya no fue más mi mejor amigo.
Tengo más deudas de las que tenía, y a veces me siento más sola de como estaba. Creo que me venía mejor la soledad, que sentirla estando acompañada.

Iba a escribir una carta de amor, pero la verdad es que ya se me olvidó cómo son esas.

Todavía no puedo entender que las personas mientan así como si se hablara de cualquier cosa. Digo todavía, porque quizá en algún momento pueda llegar a entenderlo. También me refiero no sólo a las mentiras, sino a las palabras, ¿qué pasa cuando una persona nos da su palabra y vuelve a faltar en ella? ¿Qué pasa cuando oculta las cosas porque teme que nos enojemos, cuando ni siquiera sabemos de qué se trata?

Me siento muy triste. El día comenzó gris, no pude dormir, tengo unas ojeras tamaño infierno y un nudo en la garganta que no se me quita para nada. Mi desempeño no es el mismo, mi concentración tampoco, hasta se me ha quitado el apetito.

Me da mucha tristeza que se me oculten las cosas. Lo hace mi madre, lo hacen las personas que no están interesadas en mi, y me da muchísmo miedo que lo haga el chico que me ha robado el aliento. No sé qué hacer, demonios. Ya estoy en el mismo punto en el que empecé, con las mismas lágrimas atoradas porque no sé siquiera si debería sacarlas. No sé qué hacer.

Una vez le pregunté al Rey Sol que cuál era el motivo para que un hombre siguiera siendo infiel, a lo que me respondió sin reparos: "¿que sea hombre?" No pues bonita la cosa me salió, digo, por ser mujer.

Entonces, ¿todos los hombres, de alguna u otra forma, hacen lo mismo?

martes, 29 de junio de 2010

No es normal.

¿Sabes como es esta sensación de querer dormir por horas o días enteros? Hace mucho que no me acordaba de ella, y creí que no volvería a acordarme nunca.

Tengo ganas de morirme, sí, ya sabes, de entrar en este estado de conciencia inconciente en el que no sabes que pasa alrededor tuyo; en el que ya no sabes si es día o noche, en el que no sabes si fue ayer u hoy cuando te dieron todas estas desilusiones y te escribieron todas estas estupideces.

Todo pasa, todo siempre se acaba, y esto también pasará.

Que alguien me diga por favor, que dentro de toda mi locura, esto no es normal.

sábado, 19 de junio de 2010

Descanse en paz Carlos Monsiváis.

Hoy termina una era de la intelectualidad de México. Hoy falleció Carlos Monsiváis.

El chico me lo avisó por teléfono hace unos minutos, y de inmediato encendí la radio y abrí El Universal, mi diario predilecto. Efectivamente, todas las noticias apuntan a que el escritor murió alrededor del mediodía, víctima de una fibrosis pulmonar que le aquejaba desde hacía muco tiempo.

Lo segundo que hice fue llamarle a mi padre. Lloré, ahora sí no lo pude evitar. Mi papá lo lamenta muchísimo, él lo leía con frecuencia, y me dijo que la fibrosis pulmonar es muy fea porque poco a poco el individuo va perdiendo sus facultades.

De lejos, varias veces, vi a Monsiváis en la Facultad de Filosofía y Letras de mi Universidad. Dos veces fui a escucharlo en algunos foros, en una de esas ocasiones me campechanée la asistencia, porque estaba también el coloquio del proyecto en el que yo participaba. En fin. Muchas otras cosas me acercaron a Monsiváis como persona, e infinitas como escritor y como intelectual.

Mi padre tiene razón, que uno de los mejores intelectuales de la segunda mitad del siglo pasado acaba de fallecer, y se lleva con él un rico y prolífico conocimiento intelectual. Creo que no ha habido mexicano más culto que él, más autodidacta, más coleccionista, amante de la cultura mexicana y del folclor como tal.

Estoy triste, caray. Si la muerte de Carlos Montemayor me agarró por sorpresa, este fallecimiento verdaderamente que me deja muda y con un nudo en la garganta.

Descansa en paz y gracias, Carlitos, por llevar muy lejos la cultura mexicana y el nombre de nuestro país, y por siempre traer de bandera el escudo de nuestra universidad, la mejor de Iberoamérica, la Universidad Nacional.

lunes, 7 de junio de 2010

¿Es que pido demasiado?

Nunca nada es suficiente, ya lo había escrito en algún momento. No se es suficientemente mujer, suficientemente lista, guapa, delgada; suficientemente suficiente, eficiente, ágil, acomedida; suficientemente sexy, sensual, amorosa; nunca se es suficientemente perfecta, inteligente, trabajadora, profesionista, profesional. Siempre algo falta, siempre en algo se queda mal, siempre se espera más de uno, siempre algo faltó que se hiciera o que se dijera. Nunca se es suficientemente comprensiva, echadora, luchona, soltera, comprometida, nunca es suficiente.

¿Acaso es que pido demasiado? Por Dios, la gente se da cuenta de que no soy exigente, ¿entonces por qué demonios me exigen tanto a mi? ¿Por qué esperan que haga cosas o que reaccione de manera que no voy a reaccionar?

Estoy muy cansada, tengo la cabeza agotada, me duele la pierna derecha, creo que debería dejar de usar tacones para siempre, dejar de ponerme esos vestiditos que ahora pienso no valen la pena. Me siento mal. No es ansiedad -cosa que agradezco-, no es dolor físico, simplemente estoy agotada.

Me siento -una vez más-, como si estuviera con las alas pegadas, como si algo me impidiera volar.

¿Qué es lo que te ata? La pregunta me da mil vueltas en la cabeza y no la sé responder. Según yo no me ata nada, o no me ataba nada, o nada me quiere atar. No lo sé. Ahora ni siquiera sé si quiero quedarme quieta, si quiero dejar de hacer las cosas que hacía antes, si quiero seguir haciendo lo que hago ahora.

Ya no hay aire. Maldita Ciudad, no se puede respirar aquí. Somos muchas personas en tan poco espacio... ya no se puede más. Me falta el aire, me falta el aire, necesito que venga a llenar este huequito que tengo en la garganta y en el pecho.

Necesito aire en mi rostro, que me agite el pelo, que me entuma las manos. Necesito sentir que el aire viene a levantarme un poquito del suelo. Necesito la necesidad de entrecerrar los ojos debido al aire que me roce la cara.

Necesito salirme un poco de aquí. Maldita primavera que hace puta a esta Ciudad. Por Dios, ahora sí necesito respirar.

lunes, 8 de marzo de 2010

El día de la mujer mundial.

Que me doy mi lugar porque yo soy mujer,
que todo lo que me pasa no me lo puedo creer.
Tanto tu y la mentira y los cholos me ven,
si lo quiero o no quiero, es mi gusto querer.

De tu carne a mi carne, dame taco de res,
los prefiero y los quiero, al que me dé de comer.

Ya probé al que es ajeno, a ese pa' que lo quiero
que la voluntad del cielo me mande al primero
que me quiera como soy, a ese sí que lo quiero.
Dignificada (La balada de Digna Ochoa), Lila Downs.

Hoy es el Día Internacional de la Mujer. No sé si haya o no qué celebrar. No sé siquiera si tenga mucho sentido tener un día al año, que se dedique a la mujer. ¿Como para qué, si no se le respeta los 364 días restantes? No lo sé. Cosas que suceden, cosas que hacen las naciones, los Estados, los gobiernos, las ONG's. No lo sé.

Hace unas semanas, esperé a San Román en un Liverpool mientras él fue a hacer unas cosas. Como estábamos en Cuernavaca, y eso de cambiar de altura de la Ciudad hace estragos en mi organismo, me dispuse a tomar un café en el bistrot cuando vi al lado la librería. Preferí pajarear hojeando libros y revistas, y me encontré uno que se llamaba algo así como "la vida después de ese imbécil", o "cuando le dije adiós a ese imbécil", algo por el estilo, refiriéndose al maltrato físico y psicológico que viven muchas mujeres al lado de una pareja.

Lo tomé del estante, luego de hojear varios sobre superación personal, cómo conseguir marido, cómo ser una exitosa empresaria y otro sobre cómo hacerse millonario de la noche a la mañana. Debo admitir que lo tomé por un poco de morbo gracias al título que se carga, y comencé a hojearlo y a darme cuenta de que se trata de un libro nutrido de las experiencias de rehabilitación emocional -y físico- de algunas mujeres, luego de separarse de su violentas parejas.

Me quedé de a seis. No porque no sepa cómo es vivir con violencia, o porque no sepa que eso existe, que es real que las mujeres viven así; y digo las mujeres, las familias, los niños, y en general las personas en diversas situaciones sociales o con distintas ideologías. El libro tiene relatos explícitos sobre las vivencias de estas mujeres, uno en especial me hizo un nudo en la garganta. El marido alcohólico abusaba de ella constantemente, hasta que ella comenzó a bloquear todo lo que viniera de parte suya; un día volvió completamente alcoholizado, comenzó a agredirla como era costumbre y ella lo ignoró, lo que causó que él perdiera los cabales -si es que todavía le quedaban algunos-, la arrastrara hasta la habitación, le rasgara la ropa y comenzara a golpearla hasta dejarla inconsciente.

Ella despertó algunas horas después, cuando sus hijos llamaron a una ambulancia y se la llevaron, con las costillas rotas, el maxilar roto, y severos daños debido a que el tipo abusó de ella con una violencia superior a las veces anteriores.

Me quedé con el ojo cuadrado. Me dio mucha tristeza. Todas somos vulnerables a vivir una experiencia así, con un delincuente, con cualquier hombre conocido o desconocido, pero el hecho de que la propia pareja sea el maltratador, me parte el corazón. ¿Qué tienen las mujeres que viven con ellos y no los pueden dejar? ¿Por qué se crea un lazo de codependencia absoluta, que te impide comenzar una nueva vida por tu cuenta?

Por eso hoy, que se supone que es un día que se celebra a la mujer como tal, yo quisiera expresar mi indignación por esta situación, por la pésima vida que tiene una mujer en el trabajo cuando se le paga menos que a un varón, cuando se le acosa porque tiene mayor preparación que el jefe o el superior inmediato, cuando se le critica por tener una ideología de vanguardia, cuando se le critica por vestir la ropa que viste, usar el coche que usa, pensar como piensa, elegir a la pareja que ella deseó.

Expreso también mi indignación, por las mujeres que han sido asesinadas en el trabajo de la defensa de los Derechos Humanos, en el ejercicio del periodismo; que han perdido la vida por una causa política, por la defensa de algún testigo o intermediario entre la mafia y el gobierno, por las mujeres que han sido silenciadas a fuerza, por conveniencia de alguna facción política o ideológica.

Expreso mi tristeza e indignación, por las chicas que han muerto en manos de sus parejas sentimentales, de sus padres o de sus hermanos. Por las mujeres que han sido mutiladas por creencias religiosas o que han sido vendidas o intercambiadas para beneficio de las familias o de una comunidad.

Les externo mis condolencias y mi solidaridad, a las familias y amistades de las mujeres que han muerto de forma violenta, que han sido raptadas, amenazadas de muerte o agredidas.

De muy chica, viví de cerca la experiencia del homicidio de la mamá una de mis compañeras de la secundaria, el esposo la amenazó de muerte porque ella ya no quería estar con él, ella hizo caso omiso de esa amenaza, hasta que un par de semanas después el señor fue y la mató. Él fue juzgado, procesado, y hasta donde me quedé seguía en la cárcel. A mi compañera no la vi más, alguna vez me la encontré en el centro comercial o algo por el estilo. Ella había perdonado a su padre, y quería comenzar una nueva vida cuando él saliera de la cárcel. Con todo, yo no lo veía mal. Como fuere, era su padre, y de ella dependía ese rencor o ese perdón. A ella también, donde quiera que esté, le envío mis más profundas condolencias y toda mi solidaridad.

Deseo que este día sea el motor para recordar todos los días del año, lo maravillosa que es la vida de una mujer, lo maravilloso que es ser mujer; lo lindo, mágico y fabuloso que es ser mujer por el simple hecho de haber nacido.

Alcen la voz, mujeres. No se queden calladas. Cualquier burla, mala palabra, mal apodo o crítica para tu persona o tu forma de pensar, no la debes dejar pasar por alto. El amor no es sufrir. El amor no es dolor. El amor es vivir, es sentir, es empujar para el mismo lado con la persona que amas y que te ama. Es formar un hogar, formar un equipo para competir por las mismas cosas.

Amar es tenerte a ti misma, sobre todas las cosas. Amar es que te quieran tal como eres, gordita, alta, chaparrita, flaca, histérica, querendona, cursi, apapachadora, trabajadora, idealista, creadora de sueños, intérprete de pasiones, conquistadora de tu propia vida.

No te abandones. Di no al machismo. Di no al chico que no te quiera tal y como eres. Di sí a tus propios proyectos, y siempre apuéstale a lo que dicte tu corazón.

Mis mejores deseos, a ti, compañera mía, guerrera de la vida.


viernes, 15 de enero de 2010

Cielo de invierno

Como era de esperarse en viernes de quincena, el periférico y Río San Joaquín venían a reventar. Casi no se avanzaba. Y hoy, el café que me tomé con mi papá duró más de lo que esperábamos, así que se me hizo un poco tarde.

Cuando tomé Río San Joaquín, le llamé a San Román para contarle como va el asunto del presupuesto. Mal, mal. Pero él siempre me alienta, me da ánimos, me hace reír con que va a venir a salvarnos una "ballena mística" de esta crisis mundial y crisis de valores. En fin. Reímos como niños, y comenzó a quitárseme el estrés.

Con un grande light latte entre las piernas -como siempre-, mis guantes de piel, un cigarro en la mano derecha que me hace hacer malabares para meter las velocidades del coche, y mi manos libres en la oreja para hablar con San Román, de pronto miré de frente pero hacia arriba, arriba de los coches y arriba de los edificios. Un cielo de invierno, color azul celeste brillante, comenzaba a asomarse entre las nubes redondas que se empezaban a deshacer.

Le dije, "me acabo de dar cuenta, que enfrente tengo un bellísimo cielo azul que se está asomando, ¿ya lo viste?". No, me respondió, no me he asomado a la ventana, pero ahorita lo hago para verlo también. Seguimos hablando. Nos despedimos.

Me quedé mirando el cielo mientras mis pies hacían danza, al alternar clutch, freno y acelerador. Tomé Thiers por donde no debía, le marqué a la Diseñadora de Modas pero no me respondió. Seguí mi camino a la oficina.

Llegué diez minutos tarde, pero no me importó. Hace mucho frío todavía, pero hoy hay sol. Hace mucho viento, que es lo que hace que el cielo brille detrás de las nubes gordas, y eso me hizo sonreír.

Un atisbo de luz detrás de la neblina. Y un correo electrónico en mi bandeja de entrada, atisbo de que el problema del presupuesto está por resolverse.

Me gusta el cielo de invierno.

miércoles, 13 de enero de 2010

Sin respuestas.

¿Cuándo fue que aprendí a no hacer el amor? Porque sé perfectamente cuando aprendí a hacerlo, a entregarme, a amar con los ojos cerrados, a respirar a través del otro, a leer mentes que no sabía qué decían, a detener el tiempo a través de otros corazones.

¿Pero cuándo aprendí a querer sin querer? ¿Cuándo aprendí que no siempre se debe amar? ¿Cuándo fue que aprendí que hay veces en que no se debe dejar el corazón latir? ¿Cuándo me acostumbré a no querer más? ¿En qué momento me creí que esto es normal?

¿Cuándo me creí que el milagro del amor no es milagro, sino pesar?

¿Por qué creí que amar era también recibir? ¿Por qué no me quedé sólo con que yo podía dar y dar y dar y dar amor hasta que me doliera, sin importar que mi pareja no amara igual?

¿Por qué escogí entrar a la Universidad en lugar de irme a comenzar una familia en las faldas del volcán Tacaná? ¿Por qué no le creí que con eso bastaba? ¿Por qué no me quedé con que no era necesario estudiar, y que el sueño de ser escritora desaparecería conforme viniera la nueva madera de compañera sentimental?

¿Por qué mi intelecto siempre ha tenido libertad? ¿Por qué mi corazón ha querido ser atado, y no ha logrado serlo?

¿Por qué ahora me doy cuenta, de que me ofende que me hagas aclaraciones que no vienen al caso? ¿Por qué carajos piensas que me estoy enamorando de ti, cuando sabes que no es así contigo? ¿Por qué no te das cuenta de que me ofendes, cuando me dices que tengo que buscar mi propio camino e ir resolviendo mis problemas de la mejor manera y pedir ayuda hasta que yo agote las opciones? ¿Por qué no te das cuenta que me esfuerzo hasta que me duele?

¿Por qué no puedes entender que mi bandera siempre es el amor, y que amo de manera que no comprendes?

¿Por qué la puta Ciudad se empeña en hacerme sentir que nada de lo que hago vale la pena?

lunes, 11 de enero de 2010

Aquí vamos otra vez.

Aquí vamos, con que nos quedamos mirando sin decir nada, con que te molestan las reacciones que tengo algunas veces, con que no sé qué hacer cuando no puedo resolver mis propios problemas.

Aquí vamos otra vez, con que me dices lo que ya sé que me vas a decir. Con que me dices que no siempre se tienen las soluciones para todas las situaciones, con que si no las puedo resolver, para eso estás tú, para ayudarme a pasarlas de largo si no es que a resolverlas por completo.

Aquí vamos otra vez, con que comienzo a pedirte perdón compulsivamente, como si en verdad hubiera hecho algo muy malo, como hace unos siete años cuando nos conocimos, que me esforzaba de sobremanera en entender lo que tu cabeza pensaba. Aquí vamos, con que ahora no me interesa lo que piensas, sólo lo que pienses cuando estás conmigo.

Y todo es como siempre, como tal vez debimos evitar que fuera. Siempre seré mucho menor que tu, siempre serás mucho mayor, siempre habrá esta brecha generacional que nos hace ser lo que somos, que nos hace tener la amistad que tenemos, que nos hace que el tiempo nos pase como nos pasa. Siempre me verás pequeña, siempre querrás sobre protegerme, siempre me verás linda y joven y querrás ayudarme en lo que puedas. Siempre te veré grande, siempre te veré un poco viejo, siempre correré a pedirte una opinión o a pedirte que me ayudes a buscar una solución. Siempre te veré como un apoyo, siempre te veré como escultura, siempre te veré como si los años no nos pasaran encima.

Pero repito, el destino nos ha llevado hasta aquí, y lo dije bien clarito hoy en la mañana: no sabíamos que la vida iba a dar este giro y que ibamos a terminar como estamos ahorita. No está mal, supongo. Si estuviera, ya nos habríamos separado (otra vez, como sucede cuando algo no nos parece) para intentar volvernos a juntar unos meses -o algún tiempo- después.

Y ahora no sé qué es lo que va a pasar. No sé qué sucederá en la entrevista que tengo mañana. No sé cuándo estarán listos los ejemplares. No sé cuando tendré listas escritas, las últimas opiniones recibidas. No sé si el frío me dejará dormir. No sé si podré verte otra vez, o verte, por lo menos, como te vi hoy por la mañana. No sé qué voy a hacer en la casa, que ya no quiero que sea mía. No sé cuando va a dejar de matarme esta incertidumbre.

Y Mauricio tenía razón: no estoy deprimida porque tengo la cabeza lo suficientemente clara para comprender la situación; lo que sucede es que me angustia no saber cómo hacer lo que tengo que hacer. No quiero llegar al punto de la desesperación, que se quede en ansiedad o angustia, pero que no llegue la desesperación que siempre trae de la mano a la depresión.

lunes, 4 de enero de 2010

"Amo mi trabajo, amo mi trabajo, amo mi trabajo".

"Amo mi trabajo", no importa cuántas veces tenga que repetírmelo a mi misma para creérmelo. Algunas veces ocasiona que sea más histérica que de costumbre; y aunque gano muy poco, estoy muy lejos de casa, pero no me importa, me mantiene ocupada, con la mente en otras cosas, y fuera de casa. Y aquí hace muchísimo frío, parece que el otoño se instaló para siempre, aún cuando este invierno amenaza con que hará llover. Y muero de frío, pero amo mi trabajo.

Cuando llego aquí, todo se me olvida, todo lo que no quiero saber o lo que no quiero pensar. Todo es como si no existiera, como si Hans me transportara a un lugar de silencio -a pesar que la gente no deja de hablar y a veces gritan mucho-, a un lugar donde nada importa más que responder el teléfono, recitar pendientes, servir café, resolver problemas que no son míos -yuuuuupi-, platicar de cosas que a veces no me incumben pero que me hacen reír.

A veces no me gusta, pero "amo mi trabajo" por eso. Es lo que hay, ni modo. No me voy a quedar de brazos cruzados, no me voy a quedar en casa pensando en las cosas que no me competen y que no puedo resolver. No me voy a quedar en casa sumida en esta ansiedad -que llegando aquí también se me olvida-, que me hace tirarme en la cama por muchas horas, hasta que me duela la espalda, aunque duerma cuando dejo de soñar.

"Si la vida te da limones, haz limonada". Y "si la vida te da la espalda, agárrale el trasero", aunque no tenga ganas de hacerlo. Es lo que hay, ni modo.

Me resisto a sonar conformista, a hacer cosas que no quiero hacer, pero es lo que hay. Y me mantiene ocupada, aunque lo que más quiera en el mundo sea investigar y escribir, e irme lejos por supuesto.

Mientras eso sucede hay esta otra cosa, y tengo trabajo que ahora resulta muy difícil por la situación de mi país, y amo mi trabajo, así debe ser. ¿Si no, qué?

lunes, 21 de diciembre de 2009

Experiencia AA

El otro día, a petición de una vieja conocida, acudí de oyente a una sesión de Alcóholicos Anónimos. La experiencia no fue desagradable, debo admitir que llegué temerosa porque no sabía qué era lo que iba a ver y a escuchar. De todos los testimonios, el de un chico fue el que me conmovió. Tendrá unos 34 años y lleva un año y nueve meses sobrio. Platicó, entre muchas cosas, las razones que lo llevaron a dejar el alcohol; porque más que decisión, también se debe haber tocado fondo para no querer volver a vivir el alcoholismo.

Evité, sin éxito, acordarme de por qué le llamaba tóxico a quien fue mi última pareja. No es mentira cuando digo que le hubiera dado mis pulmones para que volviera a respirar. Y también estuve dispuesta a ayudarlo de cualquier forma que necesitara, pero eso no fue suficiente, no quiso aceptar mi ayuda.

Y con el paso del tiempo, tuve que aprender a entender que la ruptura no fue mi culpa, que no fue que no hubiera amor entre los dos, que no porque no hubiera funcionado con el chico significaba que no funcionará con nadie más. Aprendí que las adicciones son una enfermedad, que las personas enfermas deben poner de su parte, aceptando desde el principio, que existe un problema en sus vidas. Mi ex nunca lo aceptó.

En contra parte, yo sí podía hablar abiertamente de la depresión, de la rehabilitación emocional que vive el enfermo y la familia luego de una crisis depresiva; podía hablar del TOC, de las crisis de ansiedad, de dejar de dormir por semanas, de sentir que los dolores caminan por el cuerpo sin saber dónde van a parar. No fue cosa fácil. Hay algunas personas que piensan que, de entrada, haberme preocupado por mi salud ha sido el más importante de los logros, y uno de los más difíciles.

Y ahora, en retrospectiva, me doy cuenta que la adicción la viví con él, y que también tenía que rehabilitarme a través del sabio consejo del tiempo.

Y hoy, que dormí por mucho tres horas y medias, que me puse a escribir aquí antes de las tres de la mañana, que ya no sé qué hacer con este insomnio y con este frío que me camina por dentro, decidí volver donde siempre encuentro alivio. El venti light latte para mi, el grande para él, sin azúcar para ambos, una hora después me pasó al consultorio.

Y hablamos como si nos viéramos cada semana. Como si nada. Como si todo. Como que tengo que dar el gran paso, y como que ya me sé de memoria lo que me dirá, que me viene diciendo desde hace cinco años, desde hace muchos ciclos, muchas recuperaciones, muchos síndromes de abstinencia.

Y esto no fue como una reunión de AA, pero siempre es una rehabilitación. Es una constante recuperación que a veces olvido cómo es y cómo se siente. Que la mayor parte de las veces se acostumbra tanto a mi, que se me olvida luchar todos los días.

Y para no olvidar, mi padre me lo ha escrito:

Amadísima hija Mariposa Tecknicolor:
Ojalá estas palabras penetren tu corazón, las tomes en cuenta y sean una referencia en tu vida:
Nunca te quejes del ambiente o de los que te rodean, hay quienes en tu mismo ambiente supieron vencer. Las circunstancias son buenas o malas según la voluntad o fortaleza de tu corazón.
Pablo Neruda.
Con todo el inmenso amor de tu papá.


Y yo lo amo a él. Y así es volver a rehabilitar el corazón, con mucho orgullo y sin causar vergüenzas. Así es un día a la vez, el día a día. Ayer estaba por los suelos, hoy ahí la llevo, mañana no sé.

21 de diciembre

Creo que esta es la fecha a la que más le temía en el calendario. Y ahí estuvo, bum, bum, bum, todo el año latiendo y acercándose a mi.

Es oficial, el invierno ha llegado, yo tengo muchísimo frío y me duele el pecho de tan vacío.

No sé más qué hacer para sentirme bien. No sé dónde más esconder este frío que tengo por dentro, que me duele en los huesos, que me duele en los pies. Es oficial, te extraño. Qué más da si eres tóxico, qué más dá si no me quisiste, qué más dá si tu madre no quería lo nuestro. Te extraño, y nadie tiene que enterarse, Mauricio no lo tiene que saber, tu madre no lo debería imaginar, mi padre debería quererme con que te extraño.

Ya no me acuerdo cuántos años cumples hoy. No me acuerdo cuántos años cumple el invierno aquí, dentro de mi, apareciendo cada doce meses pero viviendo hablándome a la cara en el espejo.

Hace un año estaba contigo, en alma si no es que en cuerpo. Allí estuve, dejándome abrazar por las noches, acompañándote con todo y tus brebajes y hierbas e ideas irracionales. Te amaba, ¿sabes que te amaba? Y hoy te extraño. Te extraño en mi casa, sentado en mi coche, acostado en mi sillón viendo películas, sentado a mi lado los sábados por la mañana para el desayuno, parado afuera de la estación Barranca del Muerto esperando a que llegara.

Y diste conmigo. Muchos meses después de no verte más, diste con mi columna, con mi perfil, con mis letras y mis historias. Y te atreviste a presentarte otra vez, a reclamarme que salí con un chico de una camioneta azul cuando sabes que eso es ficción, que es la mezcla de vida y mito que me gusta escribir.

Y quisiera dar contigo, pero no me acuerdo de tu número de teléfono. Es increíble como la memoria bloquea cosas para que uno no cometa actos de pánico. Nunca me hubiera imaginado que mi memoria te borrara de mi vida, o que la vida que ahora tengo te borrara de mi memoria. El tiempo finalmente fue el mejor de los consejeros.

Qué poca madre de 21 de diciembre, entra el invierno, no siento los pies de tanto frío, es lunes y no puedo andar en Hans, y es tu cumpleaños y no te puedo ver. Y no sé si te quiero oler o escuchar, sentir o mirar, hablar o abrazar. Y no sé si podría besarte otra vez, compartir días enteros, compartirte lo que me hace feliz ahora, platicarte los éxitos que tuve este año, estos meses, este tiempo que no he sabido de ti, pero que tú sí supiste cuando leíste este espacio y te autodenominaste "soltero tóxico". Y qué fuerte, qué grave, haberlo hecho sin saber si hablaba de ti, porque solteros hay muchos, y tóxicos aún más.

Y hoy que estoy tan triste, tan deprimida, que nadie responde el móvil, que nadie me quiere mirar, que no quiero que ella se me acerque, que me siento vacía; hoy no me acuerdo de cómo eres, no me acuerdo de tu pelo, de tu estatura, no me acuerdo si eres guapo o más o menos; no me acuerdo de tu aroma, no me acuerdo de tu sonrisa, no me acuerdo de tu voz. ¿Cómo traes ahora la barba, corta? ¿Subiste de peso? ¿Sigues comiendo en el mercado de Tizapán? ¿Sigues yendo al cine al Centro Cultural? ¿Sigues teniendo el coche blanco?

Me hace llorar mucho saber que fui muy feliz, y que ahora ya no me acuerdo de como era. Me pone muy triste no acordarme de ti. Me siento mal de no haber tatuado en mi piel una de esas sonrisas que me dabas al despertar, una de tus firmas en los recados que me dejabas en la almohada, esas puestas de sol en la playa, la forma en la que me abrazabas cuando tomábamos el sol en la terraza.

Te quise tanto, que creo que ahora ya no podré querer más. Te amé, y si tu me amaste a mi, nunca me lo dijiste así, nunca escuché de tu boca decir "te amo". Y no me importaba, no me importaba nada, sólo me importabas tu. Hubiera renunciado a todo lo demás, si tu hubieras respondido como lo habíamos acordado.

Seguramente eres feliz con la chica que ahora tienes, seguramente te quiere y le dices que la amas. Seguramente yo no voy a cambiar, ni volveré a querer igual, y pasará mucho tiempo más para que un chico llegue acá. Todos tenemos lo que merecemos, y comienzo a pensar que merezco esto que ahora tengo. Ya no quiero nada. Quisiera, sólo un momento, acordarme de cómo eras.

domingo, 20 de diciembre de 2009

Me pesa la memoria, me pesan los recuerdos.

Me siento como si supiera donde debo nadar, y no pueda hacerlo. En un mar de información y de recuerdos, no sé por donde comenzar.

No puedo recordar dónde tengo guardadas las fotos de mis años de Universidad, de mi graduación, de mis años de preparatoria, de mi primer novio, de mis amigas entrañables. No puedo recordar dónde dejé mis libros de radio y eso me preocupa mucho; la mayoría de ellos no son míos, son prestados, y me preocupa no saber dónde están por no poder devolverlos cuando todo esto termine.

No recuerdo mis navidades felices.

No recuerdo mis noches de copas.

No recuerdo mis años nuevos de antes.

Estoy a punto de olvidar a mi hermana que me deja vivir a través de ella, y eso me pone mal.

No recuerdo que los inviernos hayan sido así.

Pienso que la razón es porque todo es nuevo, los inviernos diferentes, la gente que llega y se va, la que no viene más, las fotos que no debo mirar.

No puedo dejar de angustiarme porque no puedo recordar. Mi memoria ya no es la de antes.

sábado, 19 de diciembre de 2009

El movimiento se demuestra andando

Y el amor se demuestra con actos.

Desperté, contenta de haber dormido bien y profundamente. Desperté con mucho frío, confusa por la situación, y comencé a llorar. No he podido parar.

Me entristece la actitud de las personas, la actitud vendida ante el placer, el blof de hacer o tener algo, o de pertenecer a algún grupo. Me ofende que se actúe como si no pasara nada, como si yo fuera la equivocada, como que estoy peleada con la vida cuando saben que no es así, que me he esforzado para estar donde estoy y ser lo que soy, y que he luchado mucho por mi paz espiritual y emocional.

Me entristece, me ofende, me hace llorar. Justo cuando siento que ya no puedo más, justo las bolas comienzan a llegar de donde no me lo espero, y aún cuando he tenido el bate listo para pegarles, ahora pasa que un bate no es suficiente.

Y ayer recibí la llamada de mi lector, que dice que mi Historia es maravillosa, que lo hice muy bien, que crecí muchísimo y que con mucha honra ahora debo llamarme historiadora. Me emocioné tanto que se me hizo un nudo en la garganta. A pesar del pesado tránsito que hubo en la Ciudad, ya no me importó pisar el freno y el clutch por tanto tiempo; sólo pensé en las palabras de mi jurado y en sus recomendaciones, y en sus buenos augurios, y en que por lo menos a una persona la Historia sí merece la pena.

El cine me llamó, y pasé a ver Avatar, no sabía de qué se trataba pero me sobrepasó, me inundó de colores y sensaciones, y me hizo reflexionar una vez más, qué es lo que sucede en una sociedad que está siendo conquistada. Qué es lo que está pasando por la mente de las personas que invaden, que intentan acordar, y que no entienden. Me gustó mucho. Salí del cine muerta de frío, pasada la media noche. Llegué a guardar a Hans que ya está de regreso conmigo, con un carburador que lo hace acelerar como si fuera joven, y entré a la casa a descansar.

Dormí muy bien, luego de tantos días de insomnio que quiere ser y no ser, dormí como bendita. Y en la mañana todo esto. ¿Qué pasa con el mundo? ¿Por qué ahora no puedo dejar de llorar?

Mi padre llamó para recordarme que me quiere, que está conmigo, que a pesar de la distancia siempre estamos juntos. Tiene razón. Me recordó que en los últimos años, lo que más le ha valido la pena son las mañanas que pasa conmigo, los cafés que compartimos, los periódicos que leemos al mismo tiempo, los libros que nos prestamos, las sonrisas que nos arrancamos y las carcajadas que nos hacen llorar. Mi papá es mi amigo. De ese hilo que me conecta con mi papá, ahora pende mi relación familiar. Y qué curioso, porque no recuerdo haber vivido con él, ni cuando era chiquita. Pero aquí está, ahora está conmigo, y tengo que tener claro que no necesito nada más.

El amor se demuestra con actos, con cariños, con buena actitud, con comprensión. Mi papá me ama, y yo lo amo a él.

Y en algún momento de la mañana, tengo que dejar de llorar, eso es un hecho.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Hubo una epidemia de tristeza en la ciudad.

Así como un adicto se rehabilita, ¿cómo le hace una persona que quiere rehabilitarse de la tristeza? Obviamente que con alguna terapia, un psicoanalista, medicamentos contra la depresión, algún ansiolítico quizá para poder dormir, y mucha disposición del paciente para salir adelante. También una persona triste necesita seguir los pasos de reinserción a la sociedad.
No sé por qué me siento tan mal, simplemente es una sensación que no puedo controlar. Quizá sea esta epidemia, que se está apoderando de mi Ciudad.

jueves, 26 de noviembre de 2009

Día de acción de gracias

Hace unos años tu y yo popularizamos celebrar este día, a pesar de que en nuestra cultura no se acostumbra. Un menú tradicional en uno de nuestros restaurantes favoritos, nos hizo animarnos a esta aventura. Hoy, que no estás más conmigo, que ahora ya lo celebras de a de veras porque vives en los states, celebrarlo para mi ha perdido su chiste.

Te extraño muchísimo. Más de lo que imaginé que podía soportar.

Quienes me conocen bien, que ahora se reduce a un pequeño grupo de personas, saben que comencé a creer en ciertas cosas cuando comencé a estudiar Historia; una de ellas fue creer en las cosas buenas que nos deja la cultura estadounidense. No es cosa fácil, pero me aventé a comprender y a empaparme del significado de celebrar el día de gracias.

Esta noche intenté sentarme a cenar para recordar y para sentir que estás conmigo. Allá, en la Florida, tú cocinaste un pavo con la receta de nuestra abuela, y preparaste cranberry gravy y puré de camote dulce con malvaviscos. Aún cuando es difícil, tu vida ahora debe estar llena de sorpresas fascinantes.

No sé como le haces tú para estar sin mi, porque yo confieso no puedo más si no estás conmigo.

Sabes que la navidad no me gusta, que me parece que todo lo complica, cuando obliga a las familias a sentarse en una mesa a fingir que no pasa nada. No puedo con los arbolitos y los foquitos y los regalos alrededor que no son más que hipocresía.

Y como mis dictámenes todavía no salen, tal parece que aún menos habrá "feliz navidad" para mi. Ni modo. No sé donde lo pasaré. Espero que no como esta noche, sola, con una cenita que antes me gustaba mucho, pero que ahora no me sabe bien. Me urge que el 2009 se acabe, fue muy duro conmigo, y aún cuando pensé que las pérdidas habían terminado, el 11 de octubre me mataron al perro. Eso estuvo muy canijo. Todo se iba acomodando, compré otro coche, los dictámenes comenzaron a llegar, me estabilicé en mis deudas, sólo me faltaba conseguir algún empleo, y ¡chin! que me matan al Fidel.

Pero todo sigue su curso, las cosas malas tardan en irse pero se van -me lo han dicho acá varias veces-, y creo en ello. Y las cosas buenas llegan para quien sabe esperar, lo bueno tarda.

Así que supongo que tardará en llegar una feliz navidad, pero aunque así sea, esperaré a que llegue.

lunes, 23 de noviembre de 2009

De como el amor duele (de como el amor a veces mata)

El viernes fui al cine a ver la película Luna Nueva. No soy fan de la saga ni de las historias de vampiros, pero la anterior, Crepúsculo, me gustó mucho así que esperé ansiosa la siguiente entrega. Me gustó, qué puedo decir si me gustan las historias de amor aunque no sean siempre lo que esperamos. Pero esta, en particular, me dejó un poco fría porque retrata justamente lo que pasa en los corazones cuando el amor se acaba.

Al día siguiente, platicaba que me pareció un tanto exagerado que Bella intentara volverse suicida por el simple motivo de ver a Edward algunas veces más, ya que cada que pone en peligro su vida, Edward se le aparece con la advertencia de que se detenga para que no corra peligro. Su razón de morir fue más allá de terminar con un sufrimiento, más bien quería sufrir para poder verlo. Me pareció demasiado, y que dejaba como boba a Tita la de Como agua para chocolate. Contrario a todos los pronósticos, el amor ya no me parece sufrimiento aún cuando a veces lloro por mi corazón roto.

Después recordé como era tener dieciocho y diecinueve años, como era enamorarse así, como era llorar cuando un chico se alejaba. Y de todas esas buenas y malas experiencias, aprendí a ponerle una coracita a mi corazón y párpados a mis oídos, y entendí entonces lo que es sentir indiferencia.

Ahora, esa famosa indiferencia no se quiere ir, y en lugar de despertarme sintiéndome como si estuviera enamorada -que es lo que deseo la mayoría de las veces-, me he despertado sintiéndome con el corazón roto. Qué de la chingada está mi situación.

Yo pensé que cuando terminara la investigación, el sufrimiento y la angustia también terminarían, pero sorprendentemente se han alargado. Ahora, esta aletargada espera en lo que terminan los trámites burocráticos y en lo que los lectores dan su opinión, me están volviendo verdaderamente loca, ciertamente indiferente. Me está trayendo unos días de ociocidad mental que me está poniendo de cabeza.

Y es entonces cuando pienso que debería enamorarme, aún cuando no valiera la pena.

¿Por qué al paso de los años, cuando uno aprende más cosas, se pierde el sentido del amor? ¿Por qué no puedo enamorarme otra vez hasta que me duela? Pues porque "la burra no era arisca, los palos así la hicieron", y en mi mente todavía queda una pizca de supervivencia.

Como ya lo he escrito aquí, soy resultado de las experiencias buenas y malas que he vivido, de lo que he aprendido, de lo que ahora compruebo que sí funciona, que me hace sentir bien y que me hace sentir mal. El amor, así como así, me ha hecho mal, me dolió mucho, me sentí muy desdichada. Pero aún así, le he seguido apostando, si no, ¿qué sería de mi?

Yo pensé que estar más cerca de mi sostén emocional me haría bien, pero por el contrario, pensar en lo que todo esto conlleva, hace que me hormigueen las manos. Y es una maldita ironía, porque aún con eso, estar con él me hace sentir muy bien, me pone contenta, me hace sentir que existe alguien que me hace casito.

¿En qué radica que uno decida estar con alguien? ¿En el bienestar que brinda la otra persona? O, por el contrario, ¿en lo que puede recibir de nosotros?

Antes pensaba que era importante que recibieran mi amor, que tomaran en cuenta lo que podía dar. Ahora pienso que lo que llega es ganancia, que los 60 minutos o los 60 días que dure, si te hicieron feliz, valieron la pena.

¿Y qué más da si no es para siempre? De cualquier forma el amor me va a doler, y quizá me vaya a matar.

Qué más da si no dura para siempre.